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Mediterráneo

Mediterraneo (1991) Italia

Duración: 90 min.

Música: Giancarlo Bigazzi, Marco Falagiani

Fotografía: Italo Petriccione

Guión: Enzo Monteleone

Dirección: Gabrielle Salvatores

Intérpretes: Diego Abatantuono (Sargento Nicola Lo Russo), Claudio Bigagli (Teniente Raffaele Montini), Giuseppe Cederna (Antonio Farina), Claudio Bisio (Corrado Noventa), Luigi Alberti (Eliseo Strazzabosco), Ugo Conti (Luciano Colasanti), Memo Dini (Libero Munaron), Vasco Mirandola (Felice Munaron), Vanna Barba (Vassilissa).

Un grupo de ocho soldados italianos desembarca durante la Segunda Guerra Mundial en Syrna, una pequeña isla del mar Egeo con el objetivo de ocuparla tras el abandono de los alemanes con fines estratégicos.

El pueblo parece abandonado y no hay rastro de enemigos, por lo que los soldados, tras unos primeros instantes de temor al ataque de los ingleses, sobre todo cuando su barco es destruido, empiezan a relajarse, pese a que, por el miedo a los invasores maten por error a la burra provocando la indignación de Strazzabosco, su cuidador, que, enfadado rompe la radio, dejándolos incomunicados.

Pocos días después aparecen, tras salir de sus escondites de la montaña los habitantes de la isla, mujeres, ancianos y niños, tras comprobar que los invasores no son peligrosos.

Aunque el entendimiento es complicado, encuentran la ayuda del Pope, que les explica que, aunque no les gusta que les invadan, prefieren el mal menor de los italianos a los alemanes.

Y en efecto, los vínculos comunes harán que los soldados se integren en la vida de la isla hasta tal punto que muy pronto se olvidan de que son soldados, jugando al fútbol con sus habitantes, aprendiendo sus bailes y acostándose con Vassilissa, la prostituta local.

Mientras los soldados en el pueblo se integran entre sus habitantes, dos de ellos, los hermanos Libero y Felice tienen encomendada la tarea de vigilar el mar desde la montaña, donde permanecen aislados hasta que aparece una bella pastora con la que también ellos satisfarán sus deseos sexuales.

Su único contacto con el mundo es un vendedor turco que llega en su barca a la isla y que les introduce en los placeres del hachís, y que, aprovechando el estado posterior de los soldados les roba las armas y los objetos de valor.

Los griegos les muestran las armas que tenían escondidas, y con ellas podrán volver a parecer soldados, aunque realmente no las necesitan y llegarán a olvidar sus uniformes.

El teniente Montini, al mando del grupo es profesor de latín y griego y es feliz de estar en la cuna de la civilización, y como se le da bien el dibujo y la pintura es convencido por el Pope para que repinte los frescos de la iglesia, labor que le absorbe todo el tiempo.

Y este pasa tan deprisa que sus cuatro meses, se convierte en tres años, hasta que, por problemas técnicos llega un avión a la isla y su piloto les informa de que todo ha cambiado en ese tiempo. Mussolini ya cayó e Italia está dividida en dos, siendo sus enemigos, los ingleses, ahora sus aliados en el sur, combatiendo junto a ellos a los alemanes del norte.

Antonio Farina, que durante todo ese tiempo fue, junto con el teniente, el único que no llegó a acostarse con Vassilissa al estar enamorado de ella, acaba haciéndolo y prohibiéndoles a los demás que lo hagan, pues desea casarse con ella.

Llegan entonces, terminada su participación en la guerra, los hombres del pueblo en un barco inglés que será el encargado de devolverlos a ellos a su país con gran consternación de la mayoría de ellos, llegando Farina a desertar para no separarse de Vassilissa.

Muchos años después el teniente Montini regresa a la isla, ahora lugar turístico, visitando el restaurante de Farina y Vassilissa, ya muerta, recordando aquellos felices años y encontrándose también a Lorusso, el sargento, el más patriota de todos los italianos, que, desencantado tras su vuelta a su añorado país, se retiró a vivir a la isla.

Calificación: 3