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Mi querida cofradía
Mi querida cofradía

España (2018) *

Duración: 90 min.

Música: Javier Rodero

Fotografía: Vanesa Sola

Guion: Marta Díaz, Zebina Guerra

Dirección: Marta Díaz de Lope Díaz

Intérpretes: Gloria Muñoz (Carmen Ruano), Pepa Aniorte (Beatriz), Carmen Flores (Juana), Juan Gea (Ignacio Herrera), Rocío Molina (María), Joaquín Núñez (Julián), Alejandro Albarracín (Pablo), Manuel Morón (Adolfo), Rosario Pardo (Isi)

Carmen avanza con paso decidido por Ronda, señalando todas las conocidas con las que se cruza, que siempre va muy arreglada, y que incluso se comenta que puede llegar a ser la presidenta de la hermandad, aunque lo creen imposible por ser una mujer.

Ese día son las elecciones, por lo que se acerca a la televisión donde es recibida por Adolfo, otro de los cofrades, que la apoya para presidenta.

Cuando llega, ya todos la están esperando, estando su rival, Ignacio, hablando con el párroco, ante el que se muestra preocupado por el posible resultado de la elección, aunque el cura trata de tranquilizarlo diciéndole que está todo bien atado.

Y sin más ceremonial, da comienzo la votación para la elección del Hermano Mayor de la Hermandad de Nuestra Señora de la Santa Cruz, la Caridad y la Esperanza tras la renuncia a presentarse del anterior Hermano Mayor por motivos de salud, anunciando el párroco que el elegido es Ignacio Herrera, quedándose Carmen en shock, ya que daba por sentado que la elegida sería ella, pese a lo cual disimula y le felicita.

Su mayor apoyo y amigo, Adolfo, trata de consolarla diciéndole que la próxima vez será, asegurando ella que no habrá una próxima vez.

Fuera, Isi, otra de las cofrades y amiga de Carmen, le comenta a Adolfo que no entiende que hayan elegido a un recién llegado, cuando Carmen se ha desvivido toda la vida por la cofradía y dice que no le salen las cuentas, pues todas las mantillas la votaron.

Fuera, ve a Ignacio en la terraza con algunos de los cofrades e invita a Carmen a tomar una cerveza, y aunque sus amigos le dicen que se vaya, ella dice que no tiene de qué esconderse.

Llega entonces una mujer que habla con Carmen, preocupada porque le dijo su madre que la procesión no pasaría por su calle y no podría cantar su saeta como cada año, diciéndole Carmen que no debe preocuparse, pues pasará, rectificándola Ignacio, que señala que se decidió recortar el recorrido, a lo que Carmen alega que en la última reunión, a la que él no fue, decidieron que se mantendría el recorrido habitual, y acaban discutiendo, echándole ella en cara que no acude a las reuniones y ni siquiera a misa, diciéndole él que ahora ella ya no pinta nada en la cofradía y que se dedique a organizar las cenas de Navidad que es lo que mejor se le da, volviéndose ella loca y estando a punto de abofetearlo.

Cuando luego ve el video de la discusión, que le envía Adolfo, y al ver cómo le amenaza, se siente abochornada y le dice que sabe que tiene que disculparse, pero no en ese momento, pues en cuanto piensa en la cara de Ignacio se vuelve loca.

Y mientras habla, suena el timbre, viendo al abrir, que se trata del propio Ignacio, que le dice que no se puede quitar de la cabeza lo del día anterior.

Ella aprovecha para disculparse, y él le dice que sabe que no se merece ese puesto y que es injusto, estando convencido de que ella sería una gran Hermana Mayor, pero que por mucho que se esfuerce, es una mujer, y mientras haya un hombre en ese pueblo dispuesto a llevar el bastón, ella jamás presidirá la cofradía, pidiéndole tras ello que le sirva un coñac.

Ella, muy ofendida, le sirve un coñac del malo y luego va a tomarse un diazepam para tratar de relajarse, viendo entonces en el mismo cajón una caja de laxantes.

Cuando regresa con el coñac con laxantes, Ignacio le sugiere que se tome un descanso, pues necesita un vicepresidente con el que se lleve bien, lo que la indigna aún más.

Él pregunta entonces dónde está el baño.

Pasado un rato, y como ve que no sale, acude al baño y llama a la puerta sin recibir respuesta, por lo que, preocupada decide entrar, encontrándolo en el suelo y sin sentido, por lo que trata de reanimarlo, aunque sin éxito, dándose cuenta entonces de que, por error, en la caja de laxantes había pastillas de diazepam.

No sabiendo que hacer, decide llamar a Adolfo, pero entonces suena de nuevo el timbre de la puerta, viendo al abrir que se trata de su hija Beatriz, que llega con una maleta, y a la que le cierra la puerta, diciéndole que acaba de fregar el suelo y no la deja entrar, haciendo que su hija se enfade por su falta de sensibilidad, y más al ver que no es cierto.

Beatriz le dice que se ha acabado su matrimonio con Julián para siempre porque ha visto que ya no la quiere y que solo le importa el trabajo.

Además, tiene que aguantar todo el día a un escolta y ella se siente muy sola.

Carmen le dice que ella tiene un gran problema, Ignacio, mostrándole su hija el video que corre por las redes y en que le amenazaba de muerte delante de todo el mundo.

Asustada va al baño, viendo que sigue inconsciente, cuando llama una vecina, Juana, que llega con un plato de torrijas, quejándose de que no le salen bien, y tiene una cena esa noche con su hermano y su cuñada y la criticarán por las torrijas, invitándola Beatriz a pasar para enseñarle a prepararlas, no sabiendo Carmen qué hacer ante una situación tan comprometida.

Llama a Adolfo, para contarle lo que le ocurre, mientras que Adolfo la llamaba a ella por tener un grave problema con las flores, pues las dejaron al sol y las tienen estropeadas.

En la cocina ve que Juana tiene también el video, pero desde otro ángulo.

Suena entonces un móvil, que ninguna reconoce, dándose cuenta entonces de que se trata del de Ignacio, por lo que debe ir al servicio, observando que quien lo llamaba era Don Fermín, el cura que se queja de lo mal que está todo y le conmina a que aparezca para solucionar el problema y que la procesión pueda salir, esperando que lo arregle él, pues no quiere que aparezca la "urraca" de Carmen.

Decide ir a poner orden en la iglesia, aunque les pide a Beatriz y a Juana que no entren al baño, pues está roto y huele muy mal, aunque no llega a marcharse, pues nada más salir de casa ve cómo se acercan Julián, su yerno, y el guardaespaldas para buscarla, quejándose y diciendo que como le haga quedar con el Delegado Provincial la tendrán.

Regresa para advertir a su hija, aunque luego les abre pese a las protestas de Beatriz.

Esta situación hace que se despisten de lo que ocurre en la cocina y se les quemen las torrijas, decidiendo Juana lanzar la sartén, que arde al patio.

Carmen trata de mediar entre su hija y Julián y consigue que este le proponga tener una cena romántica esa noche en un buen restaurante, tras la procesión, consiguiendo de ese modo ablandarla, aunque, antes de marcharse Julián decide ir al servicio, debiendo decir Carmen que lo tiene estropeado, aunque en vez de evitar que entre su yerno, lo que consigue es que Beatriz le pida que se lo arregle, debiendo entrar Carmen y arrastrar a Ignacio hasta su habitación, donde lo amordaza al escucharle farfullar.

Regresa tras ello al servicio y quita una de las piezas de la cisterna que esconde.

Regresa tras ello a la iglesia para hacerse cargo de todo, pues están todos discutiendo y todo muy revuelto, ante lo que Carmen sube al trono de la Virgen para hacerse escuchar y comienza a organizarlos a todos, sabiendo a quién recurrir para reponer las flores, y quién puede limpiar el manto de la Virgen, que se ensució.

Propone entonces uno de los presentes que sea Carmen la hermana mayor, ante la ausencia de Ignacio, lo que apoyan la mayoría, en contra de la posición del párroco, que señala que hicieron un acto oficial y deben respetarse las normas, pese a lo cual el fiscal de la hermandad decide nombrarla hermana mayor por dejadez y abandono de sus funciones de Ignacio, con el apoyo de la mayoría y pese a la oposición del párroco.

Carmen se siente feliz tras una vida esperando el cargo y lo organiza todo.

Entretanto, Julián y su guardaespaldas terminan de arreglar la cisterna, aunque les sobra una pieza que esconden también en el armarito, por lo que, sin sus dos piezas, la cisterna comienza a perder agua.

Tras poner orden en todo, y orgullosa, regresa a su casa, donde Julián le pide a Beatriz que se dé prisa, y se olvide de las torrijas de Juana, pues va a llegar tarde a buscar al Delegado Provincial del que despende su futuro en la Subdelegación.

Beatriz vuelve a enfadarse. Le dice que creía que había ido a buscarla porque la quería y ha descubierto que es por otro de sus chanchullos políticos, por lo que finalmente Julián debe marcharse sin ella, dejando su discusión para otro momento.

Ya solas, Carmen les pide a Beatriz y a Juana que se sienten y les cuenta que tiene a Ignacio, inconsciente, debajo de su cama.

Descubren, a la vez que a Ignacio inconsciente, la chapuza de Julián.

Les confiesa que le puso por error 3 diazepam porque se ofuscó cuando amenazó con echarla de la cofradía, recordando Juana que en el video lo amenazó de muerte.

Carmen se plantea qué ocurrirá si se despierta en su casa, ya que todos los vieron discutir y teme que la echen de la cofradía ahora que ha conseguido ser la Hermana Mayor y es su única posibilidad de salir en la procesión como tal.

Pero Juana está asustada y no quiere seguir adelante, diciéndole Carmen que puede irse, pues no es más que una vecina, aunque al escuchar esto se enfada de que la considere solo eso y se queda para ayudarles a ocultar el cuerpo, que deciden llevar hasta su casa para que no se despierte en el suyo.

Vuelve a sonar entonces al telefonillo, viendo que se trata de María, la hija de Beatriz y de Julián por lo que se ponen muy nerviosas y vuelven a meter a Ignacio.

María le dice a su madre que necesita hablar con ella, de algo que Carmen se da cuenta que quieren ocultarle, debiendo confesar finalmente la chica que Pablo, el hijo de Ignacio, y ella, están juntos, confesándoles, además, que está embarazada.

Vuelve a recibir otra llamada de Adolfo para pedirle que vaya, pues las cosas siguen mal en la iglesia, contándole además que Pablo, que está muy preocupado tratando de encontrar a su padre, le ha contado lo de María.

Carmen se pone el traje para la procesión, incluyendo la peineta, mantilla y guantes a juego y sale hacia la parroquia dejando a Beatriz a cargo de todo.

Julián, recibe entre tanto al Delegado Provincial, que no llega en ningún coche oficial, como esperaba, sino en una motocicleta, observando que se trata de un joven con melena que se presenta como Javi y que, al contrario de él, que va muy trajeado, viste muy informal

Beatriz y Juana se ven obligadas a explicarle todo a María.

Carmen encuentra a las damas de las mantillas discutiendo con los cofrades que les piden decoro y que las faldas vayan por debajo de las rodillas, protestando ellas porque fueron ellos los que pusieron las reglas, pidiéndole a la Hermana Mayor su apoyo, aunque, para su decepción ve cómo Carmen les dice que deben cumplir la tradición y deben quitarse la pintura de los labios, el escote y los vestidos por debajo de las rodillas.

Las mujeres se sienten traicionadas por Carmen y lamentan haberla apoyado.

En su casa, las mujeres empiezan a arrastrar a Ignacio, pese a las objeciones de María ya que se trata de su futuro suegro, llevándolo a casa de Juana.

Bajan tras ello a buscar las torrijas y los bolsos, despertando Ignacio en ese momento al sonarle el móvil, no entendiendo dónde está hasta que recuerda que fue a casa de Carmen y parece entenderlo todo.

Cuando regresan a casa de Juana, las mujeres ven que Ignacio no está allí ya, por lo que deciden ir hasta la iglesia para avisar a Carmen, pues no coge el teléfono, estando la puerta de la iglesia abarrotada cuando llegan, por lo que no pueden pasar, decidiendo Beatriz recurrir a Miguel Ángel, el guardaespaldas de Julián para que les abra paso.

Dentro, Carmen empieza a sentirse mal al ver cómo sus mejores apoyos, las damas de las mantillas, la miran con desprecio, por lo que se dirige a Adolfo, que tampoco aprueba su forma de actuar, preguntándole ella si no era eso lo que querían, a lo que este le responde que no la reconoce.

Ella le dice que no puede llegar y ponerlo todo patas arriba, diciéndole Adolfo que puede hacer lo que quiera y que ha traicionado a todos los que la apoyaban, pues ha empezado por un dobladillo, y no sabe qué hará luego, asegurando que para que las cosas sigan igual, prefiere que las hagan otros, concluyendo ella que debe arreglarlo.

Llega entretanto a Ignacio, que le dice al sacerdote que tiene mucho que contarle.

También Beatriz, Juana y María consiguen entrar, presentándoles Julián al joven y moderno Delegado Provincial, al que Beatriz le dice que no pudo recibirlo porque estaba haciendo torrijas, diciéndole el Delegado que le encantan las torrijas pero siempre le quedan muy secas, interesándose por la receta de Beatriz.

Carmen va a ver a las damas y le dice a Isi, hasta ese momento su amiga, que se siente avergonzada y que no quiere ocupar el cargo si no es con ella a su lado y que, además, lo importante no es el largo de las faldas, sino que siguen unas reglas impuestas por los hombres pese a que son ellas las que llevan las faldas.

Se ponen por ello manos a la obra con sus faldas y con el maquillaje.

Beatriz, su hija y la vecina corren a ver a Carmen y le cuentan que Ignacio escapó y está allí, aunque Carmen no parece afectada y les dice que mejor.

Isi le dice, mientras se sube el dobladillo, que se está jugando el puesto, diciéndole ella que si lo pierde no será por eso, pidiéndole a todas que la acompañen.

Muy pronto se verán el grupo de los hombres, con Ignacio, flanqueado por su hijo al frente, por un lado y las mujeres al otro.

Carmen rompe el silencio, diciéndole que Ignacio quiere contarles que le envenenó porque esa mañana Ignacio fue a su casa para echarla de la cofradía y ella, en un momento de arrebato le puso unos laxantes en una copa de coñac, aunque se equivocó y en vez de laxantes le puso diazepam, por lo que le pide perdón a él y a todos los demás por haberlo ocultado.

Dice, además, que le da vergüenza haber traicionado a la gente que confiaba en ella y haber aceptado el cargo de Hermana Mayor para poder ostentar el puesto con el que siempre había soñado, pero para el que no confiaron en ella, y por ello debe irse,

Pero antes de que salgo Adolfo le dice que él si confía en ella, siguiéndole todas las damas, que le dicen que ellas le votaron, confesando otros muchos cofrades haber votado por ella, diciendo uno de ellos que han escuchado a una mujer valiente que ha confesado sus pecados ante todos y que merece ser perdonada, diciendo la mayoría de ellos que la perdonan.

Pregunta entonces uno de ellos quién se opone a que Carmen siga siendo su Hermana Mayor, votando solo Ignacio, pues ni siquiera lo hace Pablo, su hijo que le dice que no quiere votar, porque está allí solo por él, porque de hecho ni siquiera le gusta la Semana Santa.

El párroco dice que es una vergüenza, diciéndole el secretario que lo que es una vergüenza es que habiendo votado todos a Carmen saliera elegido Ignacio.

Julián, ya nervioso por la tardanza de la procesión en salir, le pregunta a Carmen si van a salir, diciendo ella que se sale, entregándolo Adolfo el bastón de mando, con el que saldrá al frente de la cofradía, llena de orgullo.

Calificación: 2
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