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Mi vida sin mí
Mi vida sin mí

España / Canadá (2002) *

Duración: 106 min.

Música: Alfonso Vilallonga

Fotografía: Jean Claude Larrieu

Guion: Isabel Coixet (Cuento: Nanci Kincaid)

Dirección: Isabel Coixet

Intérpretes: Sarah Polley (Ann), Scott Speedman (Don), Mark Ruffalo (Lee), Deborah Harry (Madre), Leonor Watling (Ann), Amanda Plummer (Laurie), María de Medeiros (Peluquera), Alfred Molina (Padre).

Ann reflexiona mientras la lluvia cae sobre ella. Indica que nunca pensó que ella iba a ser una de esas personas que se quedan mirando la luna o se quedan horas mirando el mar o una puesta de sol y piensa en que le gusta estar así, notando cómo el agua le empapa y le moja la piel, o notar la tierra mullida bajo sus pies y el olor y el sonido de la lluvia. Todas esas cosas que dicen los libros que no ha leído.

Ann trabaja como limpiadora por la noche en la universidad, aprovechando para escuchar entretanto con sus cascos lecciones de chino.

Luego, a la salida va hasta un horno para recoger a su madre, que también trabaja de noche, y van juntos, viviendo Ann con su marido y sus hijas en una caravana al lado de la casa de su madre.

Cuando se acuesta despierta a Don con sus pies helados y hacen el amor.

Al día siguiente le cuenta que abrieron una nueva constructora de piscinas y espera conseguir trabajo allí.

Pero cuando se marcha Don con las niñas, se cae de pronto al sentir un fuerte dolor, descubriéndola así su madre que iba a a preguntarle si quería que le tendiera algo.

Lleva a su hija al hospital, tardando tanto que empieza a preocuparse, pues no puede ir a recoger a sus hijas, pidiéndole a una enfermera que avise a su madre para que vaya a recogerlas.

Ann se preocupa al ver que le repiten la ecografía, y más cuando avisa a otros dos doctores, al que le explica que trabaja como limpiadora en la universidad y tiene 23 años, preguntándole el doctor si no prefiere llamar a su marido, diciendo ella que no, informándole el doctor que diciéndole el doctor que tras repetir tres veces la ecografía han comprobado que tiene un tumor en ambos ovarios y que alcanzó el estómago y empieza a extenderse al hígado, indicándole que como sus células son muy jóvenes, el proceso va demasiado rápido y no pueden hacer nada.

Ella le pregunta cuánto tiempo le queda, indicándole el doctor que dos meses o tal vez tres, diciendo ella que pensaba que estaba embarazada.

El doctor reconoce que nunca ha tenido fuerzas para hablar a los pacientes y decirles que van a morir, pero sus compañeros se lo exigen y le prepara unos folletos y recetas para evitar las náuseas.

Le da una nueva cita y su número personal por si tiene problemas, lamentando ella lo que le está pasando pese a que nunca se ha drogado ni tomado más de una cerveza.

Le cuenta a su madre que se desmayó por una anemia.

Piensa que tiene la impresión de que su vida ha sido solo un sueño y que está empezando a despertar.

Cuando llega a casa ve que Don acostó ya a las niñas y les está leyendo un libro.

Le cuenta luego que empieza el lunes en la empresa de construcción de piscinas y que hay trabajo al menos para un año.

A su marido le cuenta también que tiene solo una anemia, diciéndole él que creía que estaba embarazada.

Debe ir, pese a todo, a trabajar.

Ann tuvo una hija a los 17 años y otra a los 19, con el mismo hombre con el que ha estado toda su vida, Don, y su padre lleva 10 años en la cárcel, y por eso no tiene tiempo de pensar o quizá se le olvidó por falta de práctica

Para en una cafetería, donde solo están otro hombre y ella y empieza a escribir en un cuaderno "cosas que hacer antes de morir":

  • 1. Decir a mis hijas que las quiero varias veces al día.
  • 2. Buscar a Don una buena chica que les guste a las niñas.
  • 3. Grabar a mis hijas mensajes de cumpleaños hasta que cumplan los 18.
  • 4. Ir todos juntos - como le dijo antes Don que harían con su primer sueldo - a Whalebay Beach y hacer un gran picnic.
  • 5. Fumar y beber todo lo que quiera.
  • 6. Decir lo que pienso.
  • 7. Hacer el amor con otros hombres para ver cómo es.
  • 8. Hacer que alguien se enamore de mí.
  • 9. Ir a ver a papá a la cárcel
  • 10. Ponerme uñas postizas y hacer algo con mi pelo.

Prepara a Penny y Patsy sus hijas, tortitas para desayunar, preguntando la primera extrañada si es domingo o su cumpleaños. Las lleva luego al colegio y pasa por la peluquería, aunque no se hace nada porque quiere cambiarse las uñas y no está ese día la manicura.

De vuelta del trabajo, su madre se queja por todos los dolores que tiene, sintiéndose sola, pensando que las mentiras son su única compañía.

Dispuesta a vivir cosas diferentes va a un pub y pide bebida, encontrándose allí con la peluquera, que le pregunta qué música le gusta, diciendo ella que hace mucho que no escucha música, pero que le gustaba Nirvana y que de hecho fue a su último concierto, que es donde conoció a Don.

Cuando va a la lavandería coincide con el tipo que estaba en el bar el día anterior, y, aunque ella no lo recuerda, él no le quita ojo, y, de hecho se ofrece a llevarle un café, aunque cuando regresa con él la encuentra dormida y la tapa con su chaqueta.

Cuando despierta lo ve frente a ella y le dice que sacó y dobló su colada, aunque no había puesto detergente.

Reconoce que la estuvo mirando mientras dormía y le dice que se le caía la baba y le dice que la reconoció porque la vio en la cafetería el día anterior escribiendo.

Se presenta como Lee, y le dice que le regala la chaqueta, pues hace mucho frío, diciendo ella que se la devolverá, aunque él le dice que puede quedársela.

Cuando saca la ropa en la caravana encuentra un libro, y, anotado en él un teléfono.

De regreso de las compras encuentra a su madre contándoles a sus hijas una película de Joan Crawford que les parece muy triste y acaba discutiendo con su madre por ello.

Don llega alegre. Borracho tras tomar varias cervezas y le cuenta que han empezado a hacer una piscina, preguntándole ella si es feliz, diciendo él que está contento por el trabajo aunque no sea como el de la fábrica.

Antes de irse a trabajar, y en el coche comienza a grabar cintas.

La primera es para el cumpleaños de Penny, y le dice que el día que nació, al cogerla en sus brazos fue el día más feliz de su vida y le pide que cuide de Patsy aunque a veces se ponga pesada.

Graba a continuación otro para Patsy y le dice que no quiere que esté triste porque no esté con ella y recuerda que en su primer cumpleaños gritaba cada vez que le cantaban el cumpleaños feliz porque no le gustaba.

Va grabando varias cintas, cada una para un año y según lo que cree que sentirán en cada momento, indicándoles que quieran a la abuela, porque es buena aunque a veces no lo parezca, pero es porque no logró ninguno de sus proyectos, y les dice que, si tienen una nueva mamá no le hagan la vida imposible solo por lealtad hacia ella.

Les dice también que debe acabar los estudios aunque estén hartas y que le gustaría hablar con ellas de los chicos y de los novios, aunque cree que no les ayudaría mucho, ya que ella empezó muy pronto a salir con su padre, pero debe tener fe en sí misma.

En el trabajo comienza a sentirse mal y debe ir a vomitar.

Laurie, su compañera le pregunta qué le pasa y por qué vomita. Ella le dice que porque cuando tenía 8 años su mejor amiga la llamó zorra. Y porque cuando tenía 15 no la invitaron a la única fiesta a la que ella quería ir, o porque a los 17 tuvo su primera hija y creció a la fuerza y ya no le quedan sueños y sin sueños no se puede vivir.

Y porque no ha vuelto a ver a su padre desde que entró en la cárcel y no tiene nada de él y porque los anuncios le venden una felicidad que no existe.

Llama desde una cabina a Lee para ir a devolverle el libro, dándole él su dirección.

Pero cuando entra en su casa se sorprende al ver que carece de muebles, diciéndole que pensaba en ir a comprar muebles, pero no ha tenido tiempo y no puede ofrecerle nada porque no tiene nada, ni siquiera vasos.

Le pregunta quién se llevó sus muebles, diciendo que alguien, concluyendo ella que no compra otros porque cree que ella puede volver.

Debe sentarse en una pila de libros.

Le pregunta qué hacía en Alaska, contándole que es perito agrimensor y perita terrenos, y que antes estuvo en Chile, en Carolina del Norte o en Halifax.

Ella le muestra una foto de sus hijas, diciendo él que parecen felices, como ella, preguntando ella si le parece feliz, diciendo él que feliz no, sino preciosa, como sus hijas.

Ann le pregunta si ha pensado en ella, diciéndole él que ha pensado en ella, demasiado.

Le cuenta que tiene una hermana que trabaja en una emisora de radio en el norte y le graba cintas con canciones que le gustan a ella y se las envía, y le propone ir al coche a escuchar la última que tiene.

En el coche, bajo la lluvia, escuchan una canción italiana romántica.

Él acaricia su cara y ella le dice que si no la besa se pondrá a gritar, y como él no lo hace, grita, haciendo que él la bese.

Vuelve a ver al doctor, que esta vez se sienta enfrente y le recrimina que no fuera la semana anterior, diciéndole que deben hacerle una ecografía y una biopsia, aunque ella le dice que no quiere que le hagan nada más, pues quiere sentir que tiene cierto control y no quiere que sus hijas la recuerden como una moribunda en un hospital.

Le pregunta para qué fue, mostrándole una caja de la que desea que se haga cargo, explicándole que son mensajes de cumpleaños para sus dos hijas hasta que cumplan los 18 años.

Él le sugiere que se lo diga a su marido, diciendo que Don es un desastre y se olvidaría, o los mezclaría o se los daría todos a la vez.

El doctor le dice que solo lo hará si le promete que irá cada semana a buscar su medicación, pues morir no es tan fácil como parece y no tiene por qué sentirse mal y sufrir todo el tiempo, aunque ella dice que le da miedo ir un día y que no la dejen marcharse ya y tiene muchas cosas que hacer, prometiéndole el doctor que solo le dará calmantes para mitigar el dolor.

Su compañera Laurie se queja constantemente por la dieta y que no dé resultado.

Mientras compra en el supermercado reflexiona que allí nadie piensa en la muerte, y, aunque miren los ingredientes de los alimentos acaban comprándolos porque les gustan aunque no sean del todo sanos.

Invita a comer a Laurie, a la que le cuenta lo que le dijo a la peluquera, que Don y ella se conocieron en el último concierto de Nirvana antes de la muerte de Kurt Cobain.

Don recuerda que Ann se pasó el concierto llorando. A él no le gustaba Nirvana, pero se fijó en ella y le ofreció un pañuelo, aunque, como no tenía, se quitó la camiseta y se la dio.

Cuando se va su amiga, le dice a Don que Laurie es muy buena persona aunque la comida es una obsesión para ella.

Él le dice que ha pensado en la suerte que tuvieron al conocerse y que ella jamás le reprochara nada a pesar de la vida que llevan y le dice que le gustaría ser mejor para ella.

Un día conoce a otra Ann, su nueva vecina, que se mudó pocos días antes y a la que ve hablando con Penny y le pide, pese a que se acaban de conocer, que cuide a sus hijas durante media hora.

Entretanto ella va a encontrarse con Lee, en el campo. Pone una cinta de su hermana, esta vez en español y le propone bailar, lo que hacen, mientras se besan.

Su vecina, entretanto, les cuenta historias a las niñas, hasta que llega su madre.

Tomando café, otro día, le cuenta que es enfermera y le dice que no cree que tenga hijos, pues, aunque siempre le gustaron los niños, en el último curso de enfermería, y mientras hacía prácticas en un colegio infantil, una noche en que estaba de guardia la avisaron para un parto de una mujer con gemelos y le hicieron una cesárea, para lo que le pusieron la anestesia general.

Cuando nacieron vieron que eran siameses y era imposible que sobrevivieran, por lo que los metieron en una incubadora mientras los médicos y el padre decidían qué hacer.

El padre no quiso verlos, así que decidieron sacarlos de la incubadora y esperar a que murieran, ofreciéndose ella para estar con ellos para que no murieran solos.

Recuerda que vivieron 30 horas en los que los tuvo en sus brazos y le cantó.

Desde entonces se especializó en enfermería geriátrica.

Se pone a llorar tras escuchar su historia y la invita a cenar la semana siguiente.

Vuelve a casa de Lee, y le dice que le gusta que no le pregunte nada sobre su vida, diciendo él que viendo a una persona se sabe el 50% de su vida, y pretender conocer el 50% restante es lo que lo destruye todo.

Ella le pide que le lea algo, aunque al poco de empezar a hacerlo le quita el libro, porque hablaba de la muerte, diciendo él que en su caso no conoce el 50% al verla, solo el 10%.

Esa noche, cuando recoge a su madre esta le recuerda que es su cumpleaños y puede felicitarla.

Ella le pregunta dónde está su padre, preguntándole si va a ir a verle, preguntando ella si le molestaría, diciendo su madre que no.

Su madre le cuenta que justo un año antes, el día de su cumpleaños, decidió que debía hacer algo y salió a un bar tras arreglarse y vestirse con su mejor vestido y se puso a hablar con el camarero y le contó que era su cumpleaños. Él se presentó con una vela en un plato de cacahuetes y ella se puso a llora tanto que el chico apagó la vela y escondió el plato. Y lleva un año pensando en cómo le hizo sentirse aquel plato de cacahuetes, así que ese año se preparó una tarta, que lleva encima.

Vuelve a la peluquería y se arregla las uñas, con una española de Segovia.

La peluquera la despide hasta la próxima, diciendo ella que no habrá próxima, aunque no por ella, y le dice que sus trencitas le favorecen mucho.

Va tras ello a la cárcel a ver a su padre, al que le enseña la foto de sus hijas y le cuenta que Don ahora construye piscinas.

Su padre, por su parte, le cuenta que él hace allí zapatillas de deporte allí.

Le pregunta si su madre continúa odiándole, diciéndole ella que su madre odia a todo el mundo.

Él le dice que hay gente que no pueden llevar la vida que los demás esperan que lleven por más que lo intenten y que es duro amar a alguien y saber que no puedes hacerles feliz y que no puedes quererlas como ellas quieren ser queridas.

Ella recuerda que antes de salir de casa él siempre ponía un disco de cascabeles, la "Serenata de las musas".

Antes de marcharse le dice que hará unas zapatillas para sus hijas.

Un día en que no puede levantarse, al sentirse mal, Don le propone consultar con otro médico, para ver si es anemia, pero ella dice que le hicieron muchas pruebas y es eso y que solo debe descansar.

Ya sola, graba un mensaje para Don pidiéndole que entienda por qué no le dijo que iba a morir, pues el único regalo que podía hacerles era ahorrarles ir al hospital constantemente y le pide que sea feliz y haga feliz a las niñas.

Que invente un cielo para ella para que no se pongan tristes y que le cuente las cosas que hicieron juntos, y que siempre será el chico que secó sus lágrimas con su camiseta, cantando una canción para él.

Graba luego otro mensaje, este para su madre, sabiendo que no le perdonará que no le contara que iba a morir. Le dice que sabe que la quiere y adora a las niñas y le pide que se lo diga y que intente demostrarle que las quiere y que intente disfrutar de la vida, pues es muy guapa y puede ligar y le pide que ayude a Don y que cuente a las niñas las historias que quiera, aunque sean tristes.

Va con Lee a comer a un restaurante que le gusta y este le dice que le encantaría llevarla a muchos sitios, pidiéndole ella que se los cuente.

Él recuerda un desierto al sur de Chile, que es blanco y que solo rompe la línea del horizonte son una diminutas casitas azules y donde el sol por la mañana vuelve el cielo verde, o un glaciar espectacular en Argentina que en primavera, con el deshielo forma enormes bloques de hielo que sobrecogen, o México y Alaska.

Ella le dice que no verá esos lugares, preguntándole él qué le ocurre.

Ella solo le dice que siempre quiso ir ese restaurante y pide que le metan todo en una bolsa para llevar, pues se encuentra mal, decidiendo llamar a Don para que vaya a recogerla porque no se encuentra bien, debiendo marcharse Lee antes de que llegue, aunque antes de hacerlo le dice antes que se ha enamorado de ella y el mundo es menos malo porque ella existe, y le dice que quiere compartir el resto de su vida con ella y cuidar de ella y de sus hijas, e incluso buscarle un buen trabajo a su marido y comprarle una casa digna.

Ella le dice que eso suena al clásico enamoramiento, diciendo él que así es.

Él se va, pero le dice que estará vigilando, pues no le gustaría ver que se va con otro hombre que no sea su marido.

Ella le besa amorosamente como despedida y llora, volviendo él a besarla apasionadamente antes de volver a marcharse, mientras ella sigue llorando.

Lee se queda en el coche viendo cómo en efecto llega Don y la abraza, siendo él ahora el que llora.

Por la noche, y en la cama, le dice a Ann que le da mucha vergüenza haberla invitado y hacer que se encargue de todo para la cena, diciéndole su vecina que no le importa, e indicándole que una anemia tan fuerte hay que tomársela en serio.

Reza para que esa sea su vida sin ella y para que sus hijas quieran a esa mujer que se llama como ella y que su marido acabe por quererla para que vivan en la casa de al lado y usen el remolque para jugar a las muñecas y apenas recuerden a su madre y para que tengan momentos de felicidad tan intensos que cualquier pena parezca pequeña a su lado.

No siente nostalgia por la vida que no tendrá, porque para entonces habrá muerto y los muertos no sienten nada. Ni siquiera nostalgia.

Lee va al lugar donde solían encontrarse y escucha su cinta en el coche.

En ella, Ann le dice que imagina que cuando le llegue la cinta ya sabrá que ha muerto y quizá estará dolido, o enfadado o triste o molesto o todo a la vez y le dice que solo quiere que sepa que se enamoró de él, aunque no se atrevió a decírselo porque pensó que, en cierto modo lo sabía y no se dio cuenta de cómo se iba el tiempo, que es lo único que no le ha sobrado últimamente y que la vida vale más de lo que cree y lo sabe porque él se enamoró pese a conocer solo un 10% de ella y quizá si lo hubiera visto todo no le habría gustado.

Le pide que pinte las paredes y compre algunos muebles, pues no quiere que la próxima mujer que lleve a su casa se haga una idea equivocada de él y escape antes de conocerle, pues no todas están tan locas como ella, y que le encantó bailar con él.

El doctor coloca las cintas en su armario por orden.

Su madre también le hace caso y sale, en efecto a un bar y charla y ríe con un hombre.

Don por su parte sale con Ann y con sus hijas y todos parecen felices.

No lo es Laurie, triste con su obsesión por la comida.

Calificación: 3
Te cuento la película