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Molly's game
Molly's game

Molly's game (2017) * USA / Canadá / China

          También conocida como:
                    - "Apuesta maestra" (Hispanomérica)

Duración: 141 min.

Música: Daniel Pemberton

Fotografía: Charlotte Bruus Christensen

Guion: Aaron Sorkin (Libro: Molly Bloom)

Dirección: Aaron Sorkin

Intérpretes: Jessica Chastain (Molly Bloom), Idris Elba (Charlie Jaffey), Kevin Costner (Larry Bloom), Michael Cera (Jugador X), Jeremy Strong (Dean Keith), Chris O'Dowd (Douglas Downey), Bill Camp (Harlan Eustice), Brian d'Arcy James (Brad Marion), Justin Kirk (Jay), J. C. MacKenzie (Harrison Wellstone), Angela Gots (B).

Molly Bloom cuenta su historia, cambiando todos los nombres, excepto el suyo.

Molly se crió en Loveland, Colorado, y se graduó en Ciencias Políticas.

Desde niña entrenaba los domingos con su padre como esquiadora, aunque a los 12 años le quebró la espalda por una fuerte escoliosis. La columna se le torció 63 grados y tuvieron que operarla para enderezársela, sacándole hueso de la cadera y soldándole 11 vertebras con una varas de acero.

Le dijeron que no debía volver a esquiar y, mucho menos, competir, pero después de 18 meses ya estaba compitiendo y con 20 años entró en el equipo nacional, participando en la clasificación para las Olimpiadas de Salt Lake City, pues era la tercera en el campeonato de baches femenino de Norteamérica.

Sus dos competidoras más directas habían perdido muchos puntos, por lo que, si realizaba el mejor recorrido de su vida entraría en el equipo olímpico.

Pero mientras bajaba perdió uno de sus esquíes al toparse con una rama de pino congelada, cayendo sobre su columna vertebral.

12 años después. Hollywood Oeste

La casa de Molly está llena de cajas con un libro escrito por ella.

La despierta la llamada de un agente del FBI que le dice que tienen una orden para su detención y le piden que salga con las manos a la vista, advirtiéndole que si no abre su puerta en 30 segundos, la echarán abajo.

La detienen por dirigir una organización de juego ilegal, pese a que, ella asegura que lleva dos años sin organizar ninguna partida.

En sus cumpleaños su padre les hacía una encuesta, recordando que cuando era una adolescente le preguntó por su héroe, afirmando ella que si conseguía alcanzar las metas que se había propuesto, la persona en la que se convertiría sería su heroína.

Recuerda que por entonces parecía estar siempre enfadada con el mundo sin razón aparente, y no descubriría el por qué hasta 22 años después.

Tras su accidente se tomó un año sabático antes de empezar Derecho y se fue a casa de una amiga en Los Angeles que le prestó su sofá para dormir.

Su padre no estaba de acuerdo y no la ayudó, pero tenía 1.700 dólares que ganó como canguro y con los que podía sobrevivir hasta encontrar un trabajo como camarera.

Lo consiguió en una discoteca de Hollywood de ambiente cubano.

El dueño les decía dónde se sentaban los empresarios de las discográficas, los diseñadores o los jugadores de los Lakers y su misión era conseguir que gastaran más dinero, habiendo otras compañeras cuya misión era que las invitaran a chupitos.

Trabajaba solo un día a la semana para evitar que sus padres se enterasen, lo que le permitió conseguir también un segundo trabajo de secretaria para Dean Keith, que la conoció en el bar y, tras ver que caía bien, la contrató.

Le dijo que él era su trabajo, y debía coger sus llamadas, concertar citas, llevarle el café o hacer hojas de cálculo.

Ganaba 450 dólares a la semana y 300 en el bar, y pudo dejar el sofá de su amiga.

Un día la despertó pidiéndole que llevara bagels que despreció por ser de una tienda de negros. Estaba endeudado y arruinado, pero trataba de aparentar que no era así.

Le dice tras ello que su partida semanal de póquer se traslada al Cobra Lounge, y que desde ese día será su ayudante los martes por la noche, dándole un listado de personas a las que debía enviar un mensaje pidiéndoles que llevaran 10.000 dólares en efectivo.

Le sorprendió ver que en el listado figuraban nueve nombres de las personas más ricas y famosas del mundo, y al enviar el mensaje los 9 confirmaron su asistencia.

Llevó comida para picar, montó el bar y buscó música adecuada para el juego, viéndose rodeada de actores, boxeadores, magnates, raperos o directores, y ella debía llevar cuenta de las fichas, pero también estudiaba la jerga del juego para entenderlo.

Cuando la partida terminó a las 3'30, Dean les dijo a todos que le dieran una propina a Molly para poder volver a la semana siguiente, consiguiendo 3.000 dólares en propinas.

Acude al despacho del prestigioso abogado neoyorquino Charley Jaffey, coincidiendo en recepción con Stella, la hija de este, que la conoce por la prensa, donde la llaman la princesa del póquer.

Está en libertad condicional tras pagar una fianza de 100.000 dólares, debiendo poner su madre su casa como aval, y visitó a 5 abogados antes de llegar a él, pues, dice, buscaba a alguien que hubiera trabajado en la fiscalía, pero que fuera íntegro.

Él le dice que la conoce porque su hija le habló de ella, habiendo comenzado a leer su libro, contando ella que lleva dos años sin organizar partidas y que le confiscaron todo su dinero pese a que no era ilegal, pues, dice, escribió el libro para saldar deudas.

Le cuenta que organizó partidas en Los Angeles durante 8 años sin llevarse comisiones y luego estuvo haciéndolo durante dos años en Nueva York, donde sí cobró comisiones, aunque solo durante 6 meses.

Jaffey le dice que cobra 250.000 dólares por adelantado, reconociendo ella no tener nada, aunque le asegura que conseguirá la forma de pagarle.

Él está enterado de que en la lista de los 31 detenidos hay varios mafiosos rusos, preguntándole si ella está involucrada, negando ella saber quiénes era los rusos.

Jaffey le dice que no es un caso para él, aunque como la vista para leerle los cargos es esa mañana, la acompañará para que no vaya sola, pero que no será su abogado.

Como le iba bien con el póker decidió posponer el estudio de Derecho otro año.

Para asegurar su puesto se alió con el Jugador X, el famoso actor que dominaba la partida y que atraía a los demás, pidiéndole este que le llevara más "peces", jugadores con dinero que apuestan siempre y a los que desplumar, teniendo para ello una red de contactos, primero en la discoteca donde trabajaba, ofreciéndoles a las chicas 1.000 dólares por cada famoso que les proporcionara, y 500 más si repetían, dándoles el nombre de los jugadores habituales para atraerlos, haciendo lo mismo con el jefe de sala de un casino.

Allí escuchaba hablar de arte, finanzas, tecnología, y aprendía de todo.

Tenía casa propia y coche nuevo y 17.000 dólares en una caja de zapatos, así que aplazó la carrera un años más.

Durante la vista, de pronto Jaffey se lo piensa mejor. Le pregunta por qué, si le deben más de 2 millones y medio, no vendió su deuda, respondiendo ella que no lo hizo porque no sabía cómo la cobrarían, decidiendo el representarla como abogado.

Molly recuerda que fuera de casa era una estudiante y deportista brillante, pero en su casa sus hermanos eran más brillante que ella y le dio por discutir con su padre y picarlo.

Después de 3 años llevando la partida, tenía 58.000 dólares ahorrados, aunque entonces, y tras varias semanas perdiendo, Dean le dijo que iba a dejar de pagarle por su trabajo como secretaria, recordándole ella que trabaja 24 horas para él, diciéndole Dean que sin ese trabajo perdería también el de las partidas.

Le dice que el negocio va fatal, recordándole ella que es por su forma de trabajar y por la crisis del negocio inmobiliario, no por sus 450 dólares de sueldo, ante lo que Dean le ofrece seguir pagándole, pero perdiendo en ese caso la partida.

Como no estaba dispuesta a que la dejara sin partida, puso en marcha su plan.

Fue al Four Seasons, donde la suite costaba 5.200 dólares por noche., tras lo que compró por 17.000 una máquina de barajar y encargó comida en Mr. Chow, llevando bebidas de calidad, con una camarera que sabía lo que bebía cada persona y compró Cohíbas y Montecristos que puso en el humidificador.

Se lo gastó casi todo esperando la llamada de Dean que llegó el día de la partida, y en la que le dijo que estaba despedida del trabajo y de la partida, acusándola de acostarse con sus amigos, por lo que le pide que vaya a por sus cosas antes de que él llegue.

Encontró en la oficina a la nueva secretaria esperándola. Le pidió los teléfonos de los jugadores de esa noche, mandándole ella un listado de números al azar, tras lo que envió un mensaje a los verdaderos jugadores sobre el lugar al que debían acudir.

Cuando estaban los jugadores reunidos y le preguntan por Dean, ella les indica que va a organizar ella una partida todos los martes allí, garantizándoles su presencia durante un año si deciden quedarse, diciendo el Jugador X que van a jugar.

Creó la agencia de planificación de eventos Molly Bloom. Declaraba todos los impuestos sin mantener relaciones con ningún jugador y fue a un abogado para asegurarse que todo era legal, diciéndole este que así era si no cobraba un porcentaje del bote.

Un día el Jugador X le dijo que debían subir las apuestas de entrada a 50.000 dólares, aunque para ello debía buscar peces nuevos, por lo que volvió a seleccionar "peces", como el ganador del torneo mundial del año anterior que jugaba a lo loco, o Brad Marion, al que todos llamaban Brad el Manta, porque siempre perdía.

Brad había ganado 700 millones con un fondo y cada semana perdía 100.000 dólares en la partida y le daba 5.000 dólares de propina para poder jugar la siguiente semana.

A ella le extrañaba que nunca ganara, lo cual era una anomalía estadística, diciendo él que no tenía muchos amigos y allí lo pasaba bien, señalando ella que perdía 100.000 dólares, pero conseguía captar clientes y recaudaba cuatro millones para su fondo.

Comenzó a ir también Harlan Eustice, al que captó el Jugador X, aunque a ella le extrañaba, pues no era como los demás. Era prudente y jugaba bien, aunque no entendía de dónde sacaba el dinero, pues producía videos de muy baja calidad.

A Jaffey le extraña que no venda los derechos de su libro para una película, diciendo ella que es por diferencias creativas.

Le habla de los mafiosos rusos, pues iban a sus partidas y les pincharon los teléfonos y la grabaron confirmando que se llevaba comisión en partidas en el Plaza y otros lugares.

Le pide que le entregue sus discos duros, donde, además de sus partidas, le dice, hay copias de sus correos, que se copiaban automáticamente cada vez que cargaba el móvil en el ordenador, diciéndole ella que entonces destruirá los discos duros, algo que, le dice, no puede hacer, pues son pruebas cuya existencia él conoce y su destrucción le llevará a la cárcel, diciendo ella que esos mensajes pueden destruir otras vidas, aunque el abogado le asegura que no saldrán a la luz.

Ella dice que ya se filtraron sus anteriores declaraciones y fue una catástrofe.

Él dice que ya sabe por qué dio unos nombres y no otros, comprendiendo que dio los que ya figuraban en la declaración de Brad Marion y que alguien vendió a la prensa.

Él le entrega su teléfono para que se fíe de él, señalando que si se filtra algo, ella podrá filtrar sus mensajes y correos del último año y lo expulsarán del colegio de abogados.

Recuerda una noche en que Harlan Eustice comentaba la fiesta que iba a organizar para su mujer en su 40 cumpleaños.

Pero aunque Harlan siempre era prudente y controlaba las apuestas, y había triplicado sus 50.000 dólares iniciales, aquella noche sucumbió ante un farol de Brad el Manta.

Había perdido solo 40.000 dólares, pero algo cambió en su cabeza y a las 5 había perdido medio millón. Dejó de jugar como sabía y se dejó llevar y jugaba sin sentido, corriendo los mensajes de su estado, lo que hizo que acudieran algunas personas que llevaban meses perdiendo con él para jugar antes de ir a trabajar.

No llegó a la fiesta de su mujer, que le pidió el divorcio dos días después.

El golpe de gracia se lo dio un miembro de la realiza austriaca que, aunque no llevaba nada, fue con todo y acabó con un full de reyes.

Se enfadó mucho al perder ese dinero, confesándole a Molly que no tiene el millón 200.000 que pidió, diciéndole ella que se reunirán al día siguiente y hablarán y pidiéndole que le cuente a su mujer lo que le ha ocurrido.

No se reunieron al día siguiente, pero una semana más tarde apareció con un cheque por 1.200.000, confesándole el Jugador X que se lo había prestado él, y a cambio le dará el 50% de lo que gane hasta saldar la deuda, más el 50% los dos años siguientes.

Ella le dice que ese interés es usura y extorsión y que nunca se recuperará y no puede financiar a un jugador de su partida, confesando él que lleva dos años haciéndolo.

Ella cree que eso puede favorecer las trampas y le dice que no puede volver a hacerlo.

Él se queja, pues, le dice, tontea con todos excepto con él y se esfuerza en demostrar que no le interesa pese a que todos van porque quieren jugar con él, no con ella, que se lleva cada noche 10.000 dólares, indicando que deben poner un tope a sus propinas.

El martes siguiente, cuando iba camino del hotel recibió un SMS de él diciéndole que esa noche jugaban donde Dave y que no hacía falta que fuera.

Jaffey se extraña de que en su libro no se hable de drogas.

Recuerda que un amigo le dijo que podría conseguirle 1,5 millones por su historia, para lo cual debía dar nombres de famosos. Ella propuso dar los nombres que ya figuraban en la declaración de Brad. Consiguió solo 35.000 dólares al negarse a dar nombres.

El abogado le dice que tratará de reducir su condena alegando que era una empleada contratada y despedida por los jugadores, aunque ella no se lo permite, decidiendo asumir ella toda la responsabilidad, pues la partida de Nueva York la montó ella de cero.

Cuando perdió la partida de Los Angeles tenía ahorrados más de 200.000 dólares, y tenía una identidad, respeto y de la noche a la mañana se olvidaron de ella.

Dos semanas después cogió un avión a Nueva York tras pasar de la humillación y la depresión a la rabia. No podía dejarse ganar por el Jugador X ni quería ir al psicólogo.

No tenía estrellas de cine, pero sí a chicas Playboy como Jesse, una puertorriqueña que jugaba muy bien a las cartas, y a la que podía infiltrar en partidas para pescar a los mejores jugadores, o Shelby, que sabía programar y cotejar datos o Winston, hija de un diplomático que había vivido en 9 países y tenía contactos con media familia real saudí.

Se informó de las mayores partidas de Manhattan, aunque la mayor se jugaba en Brooklyn por rusos judíos donde juegan con 100.000 de entrada y nadie controlaba.

Tenían también a los Yankees, y cualquiera pagaría por perder con alguno de ellos, por lo que les pidió a las chicas que escribieran sus nombres en una servilleta arrugada, la mostraran y la metieran en un vaso de agua para ver cómo la tinta se disolvía y decir que la partida se lleva jugando seis meses y que tienen una larga lista de espera, pero que ellas les pueden poner en contacto con Molly.

La entrada sería de 250.000 dólares. Y en siete semanas tenían diez jugadores y 7 en lista de espera y cuando tuvo lugar, al día siguiente corrían ya historias sobre esa partida en todo el mundo y al acabar el año, declaró 4.773.000 dólares de ingresos.

Su partida era la más grande del mundo, sin comisiones y sin mafiosos rusos.

Recuerda que se drogaba para estar despierta. Tomaba anfetaminas, coca, Valium, hidrocodona, oxicodona…

Alquiló un ático y puso pantallas para vigilar las apuestas.

Las partidas más baratas eran los miércoles, jueves, domingos en su casa y la grande los martes en el Plaza, y, sabiendo que hay aromas que incitan al juego, encargó velas.

Tenía una nueva crupier, "B", de la que se hizo amiga y que fue la que le dijo que tenía que empezar a cobrar comisiones, ya que la dejaron sin propina varias veces y le deben cientos de miles.

Tuvo además un problema con uno de los jugadores, Jay, tras ver, gracias a sus cámaras cómo, pese a no pedir más dinero, aumentaron sus fichas, viendo que sacó fichas falsas, por lo que no pudo cuadrar 57.000 dólares.

Jay le dice que debe dinero y no puede sacarlo de su fondo fiduciario sin permiso de sus padres, diciéndole ella que no le dará el video hasta que le pague ese dinero.

B le insistió en cobrar comisión, pues si sigue perdiendo fondos, dejará de existir.

A las dos semanas había un bote de 1,3 millones que subió a 3 millones. No podía seguir dando crédito a unas cifras tan altas, y le hizo una seña a B, que retiró un 2% del bote.

Entre los asistentes estaba Douglas Downey, un borracho que se quedaba siempre mientras hacía la caja y que le habló de otra partida en Brighton Beach, en Brooklyn, donde se jugaba todo el día y toda la noche, llena de rusos, siendo él el único irlandés al que dejaban jugar.

Una noche Douglas perdió 80.000 dólares que no tenía.

Ella le preguntó si era cierto lo que contaban de los rusos, que tenían mucho dinero, jugaban mal y pagaban al instante, proponiéndole que le llevara jugadores a cambio de una parte hasta que pagara los 80.000.

Y así, a la semana siguiente tenía jugadores nuevos que llevaban el dinero en efectivo, o incluso un día llegó uno con un Monet de 7 millones.

Jugaban a lo loco, perdían contra los habituales y pagaban en efectivo.

Un día Jaffey le dice que el gobierno quiere que coopere como testigo, aunque ella dice que no tiene nada que les pueda ayudar.

Le dice que ir a juicio le costará unos 3,5 millones y no los tiene porque se los embargaron y además le quieren cobrar impuestos por el dinero embargado y piensa que está en ese proceso porque dará relevancia al juicio con su presencia.

Recuerda que de joven provocaba discusiones con su padre, y un día sorprendió a su madre discutiendo por teléfono con su él, y recordándole que ella le pagó los estudios y crió a los niños, pagándole él con engaños y mintiéndoles a ella y a sus hijos.

Brad el "Manta" fue detenido porque su fondo no era real. Era una estafa piramidal y los ingresos declarados eran falsos y no estaba inscrito en la Comisión de Valores.

Con el dinero que obtenía compró 7 casas en Malibú y un hangar lleno de coches y otro con un avión, teniendo tan solo 740 dólares en el banco cuando lo detuvieron.

Cooperó con el FBI testificando sobre algunas personas, contando cómo perdió 5,2 millones de dólares jugando al póquer, contando que Molly lo sedujo para jugar y que por su culpa se convirtió en ludópata, teniendo que ir ella a Los Angeles a testificar y le pidieron que confirmara si las personas cuyos nombres dio Brad habían jugado, en efecto al póquer, pidiendo ella a cambio de confirmarlo que constara que no era ella quien había dado la lista.

A los jugadores cuyos nombres dio Brad y a ella les ofrecieron testificar unos contra otros o ayudar a las víctimas de la estafa de Brad, pagando ella 500.000 dólares.

Por entonces llevaba seis partidas a la semana y a veces en dos sitios distintos la misma noche y se hizo adicta a las droga para estar despierta varios días y poder dormir durante unas horas y ya no podía soportar su vida.

Una noche Douglas Downey la sorprendió diciéndole que estaba enamorado de ella.

Pat era su chófer y guardaespaldas. Apenas hablaban, pero mantenían cierta amistad.

Pero un día le pidió un favor. Dos inversores de Nueva Jersey que conocía querían jugar y ella quedó con ellas en un bar, observando enseguida que no eran inversores y que lo que realmente deseaban era ofrecerle sus servicios para recaudar sus deudas, y aunque ella les dijo que no le debían mucho y que se sentía segura, ellos sabían que le debían casi 3 millones, pese a lo cual rechazó su oferta.

Estaban a punto de comenzar las vacaciones de Navidad y un día le dijo el portero que tenía unos paquetes para ella y que se lo subiría.

Se disponía a darse un baño cuando llamaron a la puerta y abrió pensando que sería el portero, para encontrarse a un matón que, sin mediar palabra comenzó a golpearla con saña, tratando ella de evitar que siguiera ofreciéndole dinero.

Abrió su caja fuerte y le dio todo el dinero, las joyas y los lingotes que tenía, pese a lo cual la amenazó con una pistola, diciéndole que era el último aviso y que sabían que su madre vivía sola en Telluride, golpeándola duramente antes de marcharse.

No se atrevió a denunciarlo y se pasó las vacaciones encerrada sin salir para que no vieran sus heridas, no yendo tampoco a ver a ningún médico.

Pasado ese periodo pudo empezar a salir, cubriéndose los restos de sus magulladuras con maquillaje.

Esperaba una llamada que nunca llegó.

Leyó entonces en un periódico de 8 días antes la noticia de que habían detenido a casi 125 personas en una redada contra la mafia, concluyendo que los que la amenazaron estaban detenidos o escondidos.

Organizó una semana de partidas pensando en recuperar los 2,8 millones que le debían y dejarlo, aprovechando que había jugadores de Londres y amigos de los rusos.

Se preparaba para ir a jugar cuando recibió una llamada de Douglas diciéndole que estaba escondido en el baño del Suite Plaza y que le habían citado por fraude bursátil, aunque le aseguraba que no les hablará de ella, pues está enamorado.

Limpiaron el expediente de Douglas por darles información. Llegándole un mensaje de Shelby pidiéndole que no fuera, pues había una redada del FBI.

Tras tirar todas sus pastillas en el servicio salió con miedo de encontrar el vestíbulo lleno de agentes, pero no era así. Cogió un taxi al aeropuerto y fue a casa de su madre en Telluride, consultando su cuenta camino al aeropuerto, viendo que pese a que debía tener más de cuatro millones, estaba a cero y le pedían que contactara en el Departamento de Justicia.

Declara ante el fiscal, al que Jaffey indica que Molly ingresó voluntariamente en una clínica de desintoxicación y lleva dos años sin beber ni drogarse, no habiendo practicado ni ella ni sus chicas sexo por dinero y que, aunque hubo rusos en su partida, no se presentaron a ella como mafiosos, recordando que también se le coló un soplón del FBI.

Le dicen que uno de los mafiosos la nombraba hasta 19 veces, diciendo compra Molly, trae Molly, necesitamos Molly, diciendo ella que cuando hablaban así se referían a la droga, no a ella, pues es una forma de llamar al éxtasis.

Jaffey le dice al fiscal que no pueden procesarla por ser de la mafia, pues solo se llevó comisión durante 7 meses y dos años atrás y porque le debían dinero y no quiso contratar a matones para recaudarlo y ni siquiera se ha beneficiado contando las historias que conoce y le embargaron ellos su dinero de forma anticonstitucional y le van a hacer pagar impuestos sobre lo embargado.

Y pese a todo ello y a poder librarse dando detalles, se niega a hacerlo, asegurándoles que no pueden procesarla por formar parte de la mafia, pues ella misma fue su víctima, por lo que les pide la condena a servicios comunitarios, o retirar los cargos.

Tras salir de ver al fiscal va a una pista de patinaje para relajarse, llamándole la atención los encargados por ir demasiado deprisa, acabando en el suelo cuando de pronto escucha la voz de su padre pidiéndole que doble las rodillas.

Le cuenta que ha ido a verla por su situación, y que, aunque sabe que no es bien recibido como padre, ha ido en calidad de psicólogo. y que van a hacer tres años de servicio de terapia en tres minutos.

Le dice que podría haber triunfado en lo que quisiera y que si hubiera estudiado Derecho sería la dueña del bufete, pero que quiso dominar a hombres poderosos.

Frente a sus críticas por no haber sido un buen marido para su madre, él le dice que crió a tres hijos con un sueldo de profesor y uno de ellos participó en dos olimpiadas, fichó por los Philadelphia Eagles y es un reputado filántropo, la otra es cirujana en el Hospital General de Massachusetts y ella montó un negocio multimillonario usando solo su cerebro.

Le dice que le responderá a su gran pregunta si la hace, preguntándole ella por qué no la quería tanto como a sus hermanos, a lo que le responde que sí la quería, y si parecía que no se debía a que él sabía que ella sabía que le era infiel a su madre.

Ella dice que no se enteró de eso hasta los 20 años, diciéndole su padre que lo sabía desde los 5, porque lo vio en el coche, y, aunque no sabía muy bien qué vio, lo hizo y por eso reaccionó con rabia hacia él.

Le asegura que su amor hacia ella no se puede medir y que va a contratar a alguien para que acabe con el tipo que la golpeó.

Vuelve tras la charla, al bufete de su abogado, que le dice que fue su hija Stella la que le pidió que fuera su abogado tras leer su libro. Él le dijo que leía basura, pero Stella lo defendió de forma impresionante y también a ella como modelo de conducta.

Le dice que el fiscal le hizo una nueva propuesta. Entregar los discos duros a cambio de su inmunidad total y de todo su dinero con intereses. De lo contrario le pedirán 42 meses de prisión.

Pero ella se niega, pues eso supondría destruir carreras, familias y vidas, recordándole Jaffey que ninguno de esos a los que defiende ha ido a verla y está sola.

Ella dice que no defiende sus nombres, sino el suyo y lamenta haber arruinado cuatro vidas por 35.000 dólares, pese a que él le recuerda que esos nombres los dio Brad.

Ella dice que hubo un hombre que perdió 6 millones en su mesa, acabó de profesor sustituto y se ahorcó en la ducha y Harlan Eustice está en prisión deseando estar muerto.

Charley le dice que a nadie le importa su buen nombre, diciéndole que a ella sí, porque es lo único que le queda y por ello prefiere declararse culpable y sin tratos.

Llegó el juicio, sin acuerdos como decidió

Le hicieron 87 preguntas. La acusaron de organizar un negocio de apuestas ilegales, declarándose culpable.

Pero antes de dictar sentencia, el juez habló con el fiscal, señalando tras ello que discrepaba de la condena recomendada por el gobierno, pues están al lado de Wall Street y cree que todos los que trabajan allí cometerán delitos mayores solo en ese día que los de ella y que no entendía qué servicio haría al pueblo o a la justicia su encarcelamiento, condenándola a 200 horas de servicios comunitarios y un año de libertad condicional supervisada, pruebas de drogas y una multa de 200.000 dólares.

Hubo llantos y abrazos con sus padres y sus hermanos invitando su padre a comer a todos para celebrarlo.

Entonces tuvo que parar y pensar qué haría en el futuro. Era una delincuente de 35 años en paro y que debía al gobierno casi dos millones en impuestos del dinero que le embargaron, más la multa de 200.000 dólares y los 250.000 de costas legales.

Recuerda mientras piensa en esto su accidente y su retransmisión, señalando los locutores que es la hermana de Jeremy Bloom y recordando que tuvo una lesión con solo 13 años, pensando que debe ser duro haberse quedado tan cerca y perderlo.

Pero de todo aquello aprendió que era difícil de matar y podía volver a levantarse.

Decían los comentaristas que había personas que nunca superaban algo así, aunque señalaba otro que no volverían a verla competir, pero que sí la volverían a ver.

Recuerda que Churchill definió el éxito como la capacidad de ir de fallo en fallo sin perder el entusiasmo.

Calificación: 3
Te cuento la película