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Muertos de risa
Muertos de risa

España (1999) *

Duración: 109 Min.

Música: Roque Baños

Fotografía: Flavio Martínez Laviano

Guión: Jorge Guerricaechevarría y Álex de la Iglesia

Dirección: Álex de la Iglesia

Intérpretes: Santiago Segura (Nino), El Gran Wyoming (Bruno), Álex Angulo (Julián), Carla Hidalgo (Laura), Eduardo Gómez (Tino), Manuel Tallafé (Mago Silber), Jesús Bonilla (Sargento golpista), María Asquerino (Madre de Nino), Alfonso Lussón (Berasategui).

Dos coches casi destrozados avanzan por un túnel hasta llegar a las plazas de aparcamiento de una cadena televisiva donde están escritos los nombres de sus dueños: Nino y Bruno, que llegan perseguidos por decenas de coches de policía.

En la cadena son recibidos por Julián, que les asegura estar emocionado de volver a verlos juntos, pese a que ellos no muestran ninguna felicidad.

Con ellos allí se dispone todo para emitir en directo el programa de entretenimiento de Noche Vieja, no estando dispuesto ni Berasategui, jefe de la cadena, ni Julián, representante de los artistas a permitir que la llegada de la policía pueda detener la grabación, por lo que les impiden la entrada al plató hasta que escuchan disparos.

Cuando entran observan cómo los dos cómicos se disparan el uno al otro mientras el público ríe enfervorecido hasta que se dan cuenta de que los disparos eran de verdad.

Julián afirma entonces que él sabía que eso acabaría pasando, ya que era quien mejor los conocía, y el que se inventó su nombre artístico.

Todo empezó en 1972, en una discoteca de un pueblo en que José Luis, trabajaba como camarero y en la que Joaquín, pese a sus escasas dotes como cantante interpretaba canciones de Nino Bravo para un variopinto público entre los que destacaba un grupo de legionarios muy borrachos que se burlaban de él, riendo con ganas cuando su mascota, la cabra comenzó a envestir al cantante, que, tratando de defenderse la golpeó con el micrófono, acabando con ella.

Y aunque José Luis trató de calmar los ánimos invitando a los legionarios a una copa, no lo consiguió, ardiendo poco después el local.

Joaquín invita entonces a José Luis a dormir en su casa, donde vive con su madre, con la que no se habla, y a la que llegan tras andar 7 kilómetros.

A José Luis le parece todo tan deprimente que anima a Joaquín a que lo acompañe hasta Madrid para tratar de triunfar allí, acudiendo a castings, y, aunque este parece resistirse a dejar a su madre sola, acepta la invitación, aunque no hará caso a José Luis en cuanto a su petición de que se quite sus calcetines de la suerte, que no se ha quitado en 2 años y 9 meses para evitar que pierdan sus poderes esotéricos.

Una vez en Madrid acuden al casting del "1, 2, 3.. responda otra vez", donde tratan de hacerse pasar por cómicos, ya que es lo que buscan, si bien Joaquín se queda paralizado y los chistes que cuentan carecen de gracia, pese a lo cual, y al ver la ternura que despiertan entre las azafatas, Julián se fija en ellos.

Julián, representante de "artistas", que trata de colocar en televisión a gente ambiciosa, aunque sin preparación a los que les saca el dinero sin conseguirles nada, se dirige a ellos ofreciéndose para ser su representante, consiguiendo convencerlos pese a que Joaquín es consciente de su falta de gracia.

Tras prepararlos para actuar contando chistes, logra que debuten en un circo con los nombres de Bruno y Nino, si bien al salir al escenario Nino se queda paralizado ante el exigente público del pueblo a los que vio que lanzar todo tipo de hortalizas a todos los que actúan, si no son mujeres ligeras de ropa.

Con Nino en blanco y sin capacidad de reacción, Bruno hace caso a un lugareño cuando le dice que le de "una hostia", dándole una bofetada a Nino, lo cual hace que la gente se ría, ante lo que el propio Nino le pide que vuelva a pegarle.

Descubierto el secreto de la gracia de las bofetadas, que hacen reír al público de todos los lugares, conseguirán hacer muchas más actuaciones, si bien eso hace que Nino empiece a quejarse de su rol, planteándose cambiarlo.

En un bar conoce a Laura, que lo recuerda de su prueba en el "1, 2, 3", donde trabajaba como azafata, y que le dice que le parece muy tierno.

Laura le cuenta que se ha puesto a hacer Derecho porque es de la CNT y le gusta hacer huelgas, llegando a besarlo, aunque en un momento de descuido observa cómo la muchacha desaparece viendo que sale del local con Bruno chafando sus ilusiones.

Cuando Nino se despierta a la mañana siguiente observa que Laura está duchándose tras haber pasado la noche con Bruno, con el que se enfada por habérsela robado pese a que a él le importaba la muchacha, y Bruno ni siquiera recuerda su nombre, estando seguro Nino de que la dejará enseguida y si no lo dejará ella, porque en realidad no le aguanta nadie, excepto él.

Ofendido por lo dicho hacen una apuesta: si aguanta con Laura una semana, Nino quemará sus calcetines de la suerte, y si no aguanta, cambiarán el orden de sus nombres y pasarán a ser "Nino y Bruno".

Bruno acude con Laura a una manifestación, acabando herido por las porras de los grises, lamentando haberla creído cuando ella le dijo que la manifestación era pacífica. Y mientras ella le ayuda a curarse llaman a la puerta, encontrándose al abrir con que hay una pareja de grises que encuentran una multicopista bajo su cama de la que Bruno, que desconocía su existencia se asusta y les asegura a los policías que todo es culpa de Laura y que él nada tiene que ver con eso, y cuando está más asustado de pronto descubre que se trata de dos compañeros del circo disfrazados que le han gastado una broma porque es el día de los inocentes, sintiéndose Laura muy enfadada con él por haber sido acusada, por lo que acaba dejándolo, ganando de ese modo Nino la apuesta, pasando a ser desde ese momento "Nino y Bruno".

Cansados de actuar en circos de segunda y en discotecas de familiares de Julián, le piden un cambio, que llega justo en ese momento, con el anuncio de que han sido invitados a una entrevista en "Directísimo".

Pero una vez en el programa, Nino vuelve a quedarse bloqueado y sin poder reaccionar, explicando Bruno que cuando lo abofetean no siente dolor alguno, gracias a que no piensa en nada, invitando a todos los del público que lo deseen a que bajen y lo comprueben, habiendo una gran cola de gente que lo abofetea.

Terminado el programa Nino le echa en cara lo que ha hecho, comprendiendo que se trataba de una venganza por su broma.

Pero mientras discuten, Julián recibe una llamada de Chicho Ibáñez Serrador que lo cambia todo, ofreciéndoles un sustancioso contrato por salir cada semana en su programa.

A raíz de eso alcanzaron la cima, y además del "!, 2, 3" realizaron numerosos anuncios, incluido el de Freixenet, hicieron especiales de Noche Vieja, creándose incluso unos pastelitos con sus nombres.

Con el dinero ganado se compraron dos chalets, uno junto al otro para poder vigilarse día y noche.

Julián acude al chalet de Bruno, que encuentra totalmente abandonado, descubriendo a este escondido en un armario, en el que, le asegura lleva 3 días para no escuchar la música de la fiesta de Nino.

Bruno se siente destrozado pues piensa que a Nino le adora el público y recibe docenas de cartas, que ha retirado de la basura de este, adonde las tira sin siquiera leerlas, mientras que a él no le escribe nadie.

Piensa además que está planeando algo contra él, pues de cuando en cuando lo llama, aunque cuando coge el teléfono no le contesta.

Llega a pensar incluso que el propio Nino ha enviado a Julián para espiarlo.

Este acude tras ello a casa de Nino, siendo recibido por la madre de este, y descubriendo al entrar al grupo de muchachas que se ven bailando desde fuera, aunque Nino no está con ellas.

Observa que el chalet está lleno de fotos del dúo, figurando Bruno borrado de todas ellas, descubriendo al entrar en la habitación de Bruno que los jadeos de este y de una chica haciendo el amor están grabados en un magnetófono que los repite de forma permanente.

Acude entonces una de las chicas que bailan en el piso de abajo a quejarse, pues están muy cansadas, diciéndoles Nino que no pueden irse hasta que llegue el siguiente turno, pidiéndoles que de vez en cuando salga alguna y se lance a la piscina.

Nino piensa que Bruno trata de hundirlo psicológicamente, pues lo trata con indiferencia y no le mira a la cara cuando lo abofetea.

Mientras hablan, Bruno, subido a una escalera trata de acabar con Nino, aunque es él quien se cae, tratando de colarse entonces en su casa por la gatera, aunque es atacado por el gato de este, del que se libra metiéndolo en el congelador.

Nino empieza también a sospechar de Julián, ya que, dice, trata a Bruno con favoritismo, ya que lo defiende, pensando también que quizá fue a espiarlo.

Dentro de la casa, Bruno descubre una cinta en la que Bruno ha grabado las pruebas de casting que está realizando para poder sustituirle a él por otro compañero.

Y descubre también que Nino acumula en su cocina montones de cartas dirigidas a él y que nunca le llegaron porque las interceptó él.

Se cuela tras ello en el cuarto de Nino mientras este duerme, y como lleva tapones para no escuchar la música de las chicas que bailan, ni los jadeos grabados, no lo oye, consiguiendo Bruno quitarle uno de sus calcetines de la suerte, no pudiendo quitarle el otro al impedírselo un terrible grito emitido por la madre de Nino al descubrir a su gato en el congelador, cayendo tras ello fulminada por la impresión.

Decenas de famosos acuden al entierro de la madre de Nino, como Chicho Ibáñez Serrador, Moncho Borrajo, Josema Yuste, Íñigo, Víctor Manuel o Bigote Arrocet, observando el acto Bruno desde detrás de una tumba con una corona en la que ha escrito: "fue sin querer".

A pesar de sus hostilidades continúan con la grabación de programas, llegando durante la grabación de uno de estos, que se realiza el 23 de febrero un grupo de militares que toman las instalaciones de la televisión, aunque tampoco tienen demasiadas ganas de problemas, y se quedan embobados mirando la grabación del programa, en el que, por una vez se han vuelto las tornas y es Nino, disfrazado de conejo quien persigue a Bruno, y, tras ponerle unas esposas, lo golpea sin compasión.

Fracasado el golpe, sin embargo el nuevo número fue un éxito, que se prolongó durante 10 años, ganando incluso concursos internacionales.

De hecho Nino salió durante los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 junto al príncipe en el desfile inaugural, siendo él el encargado de lanzar la flecha al pebetero.

Julián vuelve a reunirlos tras su separación, mostrándole a Nino una propuesta económica por volver a trabajar con Bruno, difícil de rechazar.

Llega entonces Bruno, que viste como un pordiosero y cojea, pareciendo haber envejecido muchísimo de golpe, explicándole Julián que es debido a que se droga.

Pero pese a todo, orgulloso, cuando le recuerdan que si salió en la Olimpiada fue porque pagó por ello, rechaza hacer el programa, aun perdiendo el dineral que les pagarían.

Pero Bruno aparece entonces como un hombre humilde que parece dispuesto a hacer de una vez por todas las paces, para lo que le ofrece a Nino un 70% del porcentaje de sus actuaciones, reconociendo así que Nino es más importante que él en el espectáculo y que es el alma de la pareja, devolviéndole, como gesto de buena voluntad el calcetín de la suerte que le robó, aceptando Nino grabar con él.

Con su ego más inflado que nunca, ya que unas fans se dirigen a pedirle un autógrafo, sin reconocer a Bruno, se disponen a coger el avión, cuando, al pasar las maletas por el escáner, se aprecia la existencia de un arma en la de Nino, por lo que el encargado de la revisión decide abrir su bolsa dándose cuenta de que el arma es de juguete, pero que en la misma se oculta un kilo de cocaína.

Nino es detenido a la vez que Bruno disfruta de su venganza, mostrando que no está impedido como parecía y que las fans las había contratado él.

Toda la prensa se hace eco de la detención de Nino, el cual, leyendo el periódico en la cárcel observa que en el mismo se sigue anunciando el especial de Noche Vieja, aunque, indicando que lo harán Bruno y Tino, ante lo que Nino sufre un ataque debiendo ser llevado a la enfermería.

En la misma recibe la visita de dos de sus viejos colegas del circo, uno de ellos el Mago Silber, que han acudido a la cárcel porque trabajan preparando el escenario para un grupo de Heavy Metal que actuará para los reclusos en Carabanchel.

Poco después las cadenas informan de un motín en dicha prisión, aprovechando el cual hubo un recluso que consiguió escapar escondido en uno de los bafles del grupo.

Entretanto, y tras un casting interminable, Bruno se decide por uno de los candidatos para que haga el papel de Tino, aunque por más que ensayan no consigue que Tino deje los ojos abiertos mientras lo abofetea.

Durante los ensayos suena el teléfono, que le cuelgan cuando contesta, adivinando que se trata de Nino, por lo que prepara su defensa con armas de todo tipo, observándose que su casa, totalmente destrozada tiene cada pared y cada techo lleno de pintadas contra Nino.

Y, pese a tener toda su casa cerrada, Nino consigue colarse por la chimenea, metiendo a Nino en una maleta, consiguiendo tras ello sorprender a Bruno, clavándole un taladro en uno de sus pies, tras lo que rocía a su antiguo compañero con alcoholo y le prende fuego.

Bruno se defiende disparándolo, pese a lo cual Nino consigue llegar al coche llevándose la maleta con Tino.

Bruno los alcanza y amenaza a Tino con un arma mientras sus chalets comienzan a arder, pero hay demasiada gente observándolos y no quiere compartir la cárcel con él, aunque sí consigue sacarlo del coche, subiéndose él y dirigiéndose hacia la televisión para hacer el programa con Tino.

Pero Nino no está dispuesto a consentirlo, y, aunque su coche va ardiendo, sale tras ellos, embistiendo el coche de Bruno, que debido a ello acaba chocando, saliendo la maleta en que estaba Tino, volando hacia un barranco, al fondo del cual hay una carretera, a la que cae la maleta antes de ser arrollada por un camión.

Llegados a ese punto, y sin querer ceder ninguno de los dos, apunta cada uno a la cabeza del otro, reconociendo en ese instante Bruno que siempre quiso putearlo, y que lo hizo incluso con Laura, pese a que a él no le importaba, no entendiendo Nino que pese a ser más gracioso y más guapo, Bruno tuviese envidia de él, a lo que este alega que a él le gustaría que lo respetasen por él mismo, como a Nino, pero que solo lo ven como un payaso, que además maltrata al más tierno.

Dispuestos a morir por no dar su brazo a torcer, deciden hacerlo a lo grande, y delante del público, que es lo que mejor se les da y donde más disfrutan, y ante el que harán su última actuación.

20 años después, Nino y Bruno siguen en estado vegetativo, y pese a su situación crítica continúan viviendo, asegurando los médicos que los mantiene vivos una fuerza misteriosa.

Nino y Bruno están entubados y monitorizados uno junto al otro, cuando, de pronto el monitor de Nino indica que su corazón se ha parado.

En ese momento Bruno se levanta de su cama y le da una bofetada a Nino, cuyo corazón vuelve a latir mientras Bruno regresa a su cama.

Calificación: 3