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Mula

The mule (2018) * USA

          También conocida como:
                    - "La mula" (Hispanoamérica)

Duración: 116 min.

Música: Arturo Sandoval

Fotografía: Yves Bélanger

Guion: Nick Schenk (Artículo: Sam Dolnick)

Dirección: Clint Eastwood

Intérpretes: Clint Eastwood (Earl Stone), Bradley Cooper (Agente Colin Bates), Laurence Fishburne (Warren Lewis), Michael Peña (Agente Treviño), Dianne Wiest (Mary), Andy García (Laton), Alison Eastwood (Iris), Taissa Farmiga (Ginny), Ignacio Serricchio (Julio), Eugene Cordero (Luis Rocha).

Earl Stone es un horticultor, que cultiva, en su invernadero flores, participando con ellas en un congreso de plantas, donde ve cómo algunos comienzan a patrocinar sus productos por Internet, algo que él asegura no hará nunca, ganando de hecho la medalla de oro de la convención

Entretanto, su hija Iris se prepara para su boda, asegurando su hija Ginny que el abuelo irá, algo que Mary, su exmujer pone en duda, pues recuerda que se perdió su bautizo, la graduación, muchos cumpleaños y la mayoría de sus aniversarios.

12 años más tarde. 2017

Stone ve cómo embargan su propiedad debido a que Internet acabó con todo, por lo que paga a sus trabajadores y se marcha.

Va por ello a casa de Mary, donde eses momento se celebra el brunch preboda de Ginny, que se pone muy contenta al verlo, pero no Iris, que dice que, si él se queda, ella se marcha, haciendo lo mismo Mary, que se da cuenta de que Earl no ha ido por la celebración, sino porque no tiene ningún lugar donde estar, asumiendo que tampoco podrá ayudar a Ginny a pagar la boda pese a que se lo había prometido.

Él decide marcharse para no amargar más la fiesta a su nieta, aunque antes de irse se acerca uno de los jóvenes que estaban en la fiesta, Richard, que le dice que es amigo de una de las damas de honor y que se interesa por la vieja furgoneta del anciano, cargada con las pocas cosas que le quedan, asegurando que nunca le multaron en toda su vida pese a haber recorrido la mayoría de los estados.

Richard le dice que tiene amigos que le pagarían por conducir, pues buscan conductores prudentes como él y que, con lo que gane, podría ayudar a su nieta.

El Paso, Texas

Tras ponerse en contacto con la persona que le dijo Richard, acude a un taller de neumáticos de El Paso, donde es recibido por tipos armados, que se disponen a desmontar fu furgoneta y hacerle un agujero donde ocultar algo, aunque él se niega a que le hagan nada a su vehículo y dice que se lo coloquen en la parte de atrás, como cualquier otra equipaje.

Le entregan un teléfono móvil, que él apenas sabe utilizar, para que conteste si le llaman, aunque no debe él llamar a nadie.

Le explican que debe llevar una bolsa, cuyo contenido no debe mirar, a un motel, dejando al llegar a este las llaves de la furgoneta en la guantera durante una hora.

Cuando regrese, le dicen, alguien se habrá llevado la bolsa y le habrá dejado el dinero en la guantera junto con las llaves.

Entretanto llega a Chicago el agente Colin Bates para luchar contra el narcotráfico, siendo recibido por su nuevo jefe, Warren Lewis, que le asigna como compañero al agente Treviño

Su primera misión será acudir a la zona de la ciudad donde se reúnen los drogadictos y se fijan en uno de sus camellos, que aseguran será su hombre.

Primer porte

Con su vieja furgoneta, Earl conduce sin incidentes hasta Illinois, dejando la furgoneta, tal como le indicaron, en un motel, encontrándose una gran cantidad de dinero en un sobre en la guantera, dándole un tipo un número de teléfono por si quiere volver a trabajar, aunque él asegura que lo ha hecho solo por esa vez.

Esta vez sí acude a la boda de su nieta, que durante la celebración da las gracias a su madre y a su abuela, y también a su abuelo, que puso las flores y pagó su barra libre.

Durante la celebración habla con Mary e incluso le propone bailar, lo que ella rechaza, reprochándole que dedique tanto tiempo a las flores y tan poco a su familia.

Poco tiempo después acude, esta vez con una nueva y flamante furgoneta, en cuya matrícula figura que es un veterano de Corea, al Paso.

Le dan un nuevo teléfono y le piden que lo tire tras completar la entrega.

Segundo porte

Debe entregar la mercancía en el mismo motel de la vez anterior, donde aconseja a dos moteras lesbianas sobre un fallo en su moto, que es igual a una que tuvo en su pasado.

Stone y Treviño detienen a Luis Rocha, un camello filipino al que piden que trabaje como infiltrado para ellos a cambio de no decir que encontraron droga, 425.000 dólares y tres armas de fuego sin licencia, además de fraude, evasión de impuestos y violación de las leyes antidroga, lo que haría que enlazara varias perpetuas, además de tener que lidiar con los del cártel.

Por su parte, Earl, paga la cancelación de la hipoteca y recupera su casa gracias al dinero ganado como mula.

Acude a una sala de fiesta donde se reúnen los veteranos, y que ve que ha sufrido un incendio y deberán cerrarlo si no consiguen 25.000 dólares, pues el seguro les da largas.

Tercer porte

Vuelve al Paso, y, en esta ocasión para para mirar lo que hay en la bolsa, viendo que son paquetes de droga, aunque la cierra de inmediato.

Aparece entonces un policía de la brigada antidrogas que lleva un perro.

Al policía le muestra que lleva nueces, y para evitar que el perro pueda oler la droga lo acaricia y le pasa por la nariz sus manos, que antes se impregnó con una crema que lleva para los dolores de artritis, consiguiendo que le dejen marchar sin problemas.

Luis les explica el mecanismo de actuación del cártel a Bates y Treviño, contándoles que hay varios moteles a los que llegan decenas de mulas con la droga que luego, desde allí, se redistribuyen.

Gracias al dinero de Earl reabren la sala de fiestas, donde este va a bailar, junto con un grupo de veteranos, dándole el dueño las gracias por ello, diciéndole otro de los veteranos que ayude también a arreglar la pista de hielo del centro recreativo.

Quinto porte

Ve que cada vez es más abultado el sobre porque cada vez lleva más cantidad.

México

Latón, jefe del cártel prepara un porte de 110 kilos, 2.700.000 dólares, que quiere que lleve Earl, al que apodan el Tata, pues es su mejor mula, aunque como es mucho lo que se juegan, le pide a Julio, un joven que le acompañe y le vigile.

A Earl le extraña que no le atienden los de siempre, sino Julio, que lo trata con dureza, diciéndole que ahora debe cumplir con su itinerario y su horario, amenazándole además con su pistola, aunque Earl le asegura que no le intimida, colocándole en la cabina un micrófono desde el que le escuchan, oyendo su música y sus canturreos, acompañándolo en alguna ocasión.

Octavo porte

Pero Earl es indomable, y al ver a una familia negra cuyo coche había pinchado y para a les ayuda a cambiar la rueda, pues no hay cobertura allí.

Por la noche paran en un motel, viendo los mexicanos cómo el viejo contrata a varias prostitutas con las que baila, y a las que ven salir por la mañana.

Una vez en Illinois les despista, pues hay unas obras y gira por un lugar no previsto pese a que tenía el motel al lado, yendo al lugar final de entrega, no sabiendo nadie cómo llegó allí, preguntándole Julio quién le dio esa dirección, pues él debía haber dejado el coche en el motel, enfadándose enormemente al ver que no sigue las instrucciones, por lo que le dice a Latón que va a cargárselo, diciéndole Latón que es mejor que dejarlo que no siga sus instrucciones, pues es menos predecible y es mejor para ellos.

Luis les da una información importante. Lleva un cuaderno con símbolos para cada carga y para cada mula y cada itinerario, hablándoles de Tata, la nueva mula, que entregó 121 kilos en abril, 172 en mayo 232 el último mes.

Noveno porte

Paran en un restaurante en Missouri, donde todos miran a los mexicanos como bichos raros y donde dice que hacen el mejor sándwich de cerdo mechado, siendo abordados Julio y su acompañante por el sheriff, que les pregunta qué hacen en su ciudad.

Debe hablar Earl con el sheriff para decirle que van con él y le están ayudando a mudarse, y acaba regalándole al sheriff dos botes de maíz caramelizado, sin que el sheriff, pese al susto de los mexicanos repare en el resto de la mercancía.

Bates habla con Lewis, su jefe, al que sus superiores le exigen resultados, hablándole Bates de Tata, la nueva mula, que introduce en Chicago más de 100 kilos al mes, cuando la policía confisca solo 5 al mes, y saben que debe hacer una entrega y que lleva una furgoneta negra, por lo que propone hacer controles de carretera y parar a los vehículos que se ajusten a esa descripción en un control rutinario de carretera para no alertar al cártel.

Los mexicanos ven que hay muchos controles en la carretera y que van parando furgonetas negras, pese a lo cual consigue completar su entrega y batir su propio récord, llevando 282 kilos en un solo porte, estando Latón interesado en conocerlo.

Coge por ello un vuelo con Julio, y le llevan a la mansión de Latón, asistiendo en ella a una gran fiesta, donde Earl puede bailar con jovencitas, pidiéndole Latón a una de ellas que se acueste con él y lo trate bien, viendo una vez en su habitación, cómo aparece otra chica más.

Sale tras la juerga para hablar con Julio, al que le dice que debería dejar eso, pues a esa gente no le importa nada, aunque Julio le cuenta que Latón lo sacó de la calle y le dio todo y allí es alguien.

Bates y su compañero se reúnen con sus jefes superiores, que están de acuerdo en que no quieren alertar al cártel, pero necesitan progresos y detenciones.

Bates les dice que trabajarán con policías locales en una incautación que podrán hacer en un par de días para mostrar resultados, sin que sepan que está detrás la DEA.

Consiguen en efecto hacer las detenciones y las incautaciones prometidas.

Earl acuden a la graduación de Ginny, alejándose su hija de él al verlo llegar, observando Mary, que está a su lado que lleva una pulsera de oro, además de haber podido reunir el dinero para que Ginny acabara sus estudios, fijándose Earl en que Mary tiene una tos que no le gusta, aunque ella le dice que está bien.

Un día, mientras Latón realiza sus habituales ejercicios de tiro al plato uno de sus hombres acaba con él, diciéndole

El nuevo jefe del cártel, Gustavo, recibe a Julio, al que le dice que se libró de Latón por su incompetencia, pues se volvió indulgente y la DEA está tras ellos.

Por ello, señala, no habrá cambios en los planes, que deberán cumplir a rajatabla, incluido Tata.

De hecho, este es abordado por Julio y otros dos hombres que no son tan amables como lo fue aquel y le dicen que ahora no podrán relajarse, subiendo uno de ellos a su coche con una pistola amenazante, mientras detrás le siguen Julio y el otro hombre.

Le llevan hasta un bosque y una vez allí le piden que se baje, diciéndole uno de los sicarios que hay nuevas reglas y que desde ese momento debe llegar y salir puntual y seguir las órdenes al pie de la letra, sin paradas imprevistas, mostrándole su maletero, donde está muerto uno de sus hombres, que, le dicen, no cumplió las órdenes, indicándole que no aceptarán ni un retraso más, mostrándose el propio Julio, implacable con él.

Vuelve a recoger droga en el taller de El Paso.

Esta vez se preparan Bates y sus hombres para acabar su misión, sabiendo ya las rutas, y contando con el apoyo de un helicóptero, ya como DEA.

Bates y Treviño recorren la carretera en una ambulancia, fijándose en las pick-up negras, aunque la única detención realizada, la de un hispano es un fracaso.

Decimosegundo porte

No logran localizar a la mula, por lo que llaman a Luis, que les da la dirección del motel donde se alojará esa noche, el Honest Abe.

Earl, ya en este, le indica a un cliente con pinta de matón que debe dejar de golpear la máquina de refrescos, y que dejando el móvil podrá sacar mejor las cosas, siendo amenazado por el gigantón.

Los policías examinan a los clientes que pueden considerar como narcos, concluyendo que el que más encaja en el perfil buscado, ya que incluyo lleva un arma, es el gigantón que amenazó a Earl, por lo que se dirigen hacia él, siendo Bates abordado por el propio Earl que se queja de los golpes que está dando el tipo al que buscan.

Bates simula equivocarse de habitación, consiguiendo reducir al forzudo, al que solo le encuentra 10 gramos de meta solo, considerando que su información no es correcta.

Por la mañana coinciden desayunando en la misma cafetería Stone y Bates, al que le ve el primero darse cuenta de que se le ha olvidado algo, adivinando Earl que fue su aniversario.

Le dice que vio cómo derribaba al forzudo en el motel para aconsejarle a continuación que no haga lo que él, que antepuso el trabajo a la familia y por ello su hija lleva 12 años sin hablarle.

Ya en carretera, recibe una llamada de Ginny, que le cuenta que su abuela está en el hospital y que está muy mal porque fue demasiado tarde, pidiéndole que vaya ya, pues temen que le ocurra algo de un día para otro.

Él se excusa y le dice que no puede dejarlo todo e ir, pues debe cumplir unos horarios, diciéndole Ginny que le ha defendido durante años, pero que estaba equivocada.

Pero esta vez sí acude pese a todo va a ver a Mary, que está en la cama muy mal, diciéndole que siente todo lo que le ha hecho.

Mary le dice que las convenciones se llevaron el Earl divertido y dejaron en casa al que siempre estaba queriendo marcharse.

Dice que creía que era mejor ser importante fuera que un fracasado en su propia casa, diciéndole Mary que se alegra de que esté allí.

Los sicarios le llaman y no lo coge, por lo que, enfadados, deciden que deben acabar con él.

Los policías, al tanto de todos los movimientos previstos, observan que no están cumpliendo las previsiones, pues debía haber hecho la entrega un día antes, aunque detectan una llamada entre los propios narco, que tampoco saben dónde está su mula.

Este, Earl, le da de comer a Mary, que le pregunta de dónde ha sacado tanto dinero.

Le cuenta que lleva 305 kilos de cocaína en su camioneta, tomándoselo ella a broma, y diciéndole que no tenía que hacerse rico para que quisieran tenerlo cerca.

Por vez primera en muchos años su hija vuelve a hablarle y le dice que ve que su madre nunca llegó a sacarlo de su vida.

Él dice que fue un padre y un marido horrible, que no supo valorar todo lo que tenía, diciéndole ella que es de floración tardía.

Todos los narcos le buscan nerviosos, pues lleva una semana desaparecido.

Los jefes piden que cierren el caso, pues le dieron más dinero y recursos que a nadie, aunque Lewis le dice que sigan mientras él simula hacer papeleos, señalando que ellos seguirán a los que siguen y buscan a la mula.

Earl tiene centenares de llamadas perdidas, pero él está al lado de la cama de Mary, que le dice que fue el amor y el tormento de su vida y que significa mucho para ella que este allí, diciéndole él que la quiere.

Tras la celebración del funeral de Mary, Iris le dice que le gustaría que pasara con ellas Acción de Gracias, asegurando él que no se lo perdería por nada.

Earl reanuda su marcha, siendo retenido por los dos matones, a los que les dice que entiende que hagan su trabajo, contándoles que no pudo cumplir con su trabajo a tiempo porque murió su esposa.

Conmovidos por lo que les cuenta, los sicarios llaman a Gustavo, pidiendo clemencia, y, aunque en principio les pide que acaben con él, aunque, cuando le recuerdan que es su mejor mula, les dice que le dejen acabar con su trabajo.

Pero no solo se ponen ellos en marcha, también lo hace el helicóptero de la DEA y todos los agentes, dispuestos a cortarle el paso.

Earl los ve sobre su cabeza, y cómo poco después le paran, habiendo cortado la carretera para evitar cualquier fallo.

Le piden que salga del coche con las manos en alto, viendo Bates cuando se gira, que se trata del anciano con el que habló en el restaurante.

Le cuenta a Bates que su exmujer le dejó estar a su lado, e incluso la hija que no le hablaba, volviendo a recordarle que la familia es lo primero y que lo demás no tiene importancia.

Algún tiempo después se celebra el juicio, donde su abogada le presenta como un hombre que luchó por su país y que tuvo la desgracia de que unos matones se aprovecharan de él y de su quiebra económica y su ansia de mantener a su familia, aunque él la corta y se declara culpable de todos los cargos.

Iris le dice que le visitarán siempre que puedan, y bromea diciendo que al menos ahora sabrán dónde encontrarlo, diciéndole Ginny que ella y su marido cuidarán de la granja.

Él dice que se dio cuenta de que podía comprarlo todo menos el tiempo.

En prisión Earl podrá seguir ocupándose, como toda su vida, del cultivo de azucenas.

Calificación: 3