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Nadie quiere la noche
Nadie quiere la noche

Nobody wants the night (2014) * España / Francia / Bulgaria

Duración: 103 min.

Música: Lucas vidal

Fotografía: Jean Claude Larrieu

Guión: Miguel Barros

Dirección: Isabel Coixet

Intérpretes: Juliette Binoche (Josephine Peary), Rinko Kikuchi (Allaka), Gabriel Byrne (Bram Trevor), Orto Ignatiussen (Ninq), Matt Salinger (Capitán Spalding), Ben Temple (Frand Nashtell), Reed Brody (Lucius), Alberto Jo Lee (Odaq), Clarence Smith (Henson), Velizar Vinev (Fyodor), Ciro Miró (Njal).

Josephine Peary recuerda que todo pasó hace tanto tiempo que hay noches que no está segura de si aquello ocurrió de verdad, señalando que justo antes de despertarse le traspasa el frío inmenso de la noche polar y la luz del sol no consigue calentarla.

Todo ocurrió en la Isla de Ellesmere, en Canadá en 1908.

Allí, antes de partir hacia el Polo Norte para reunirse con su marido, el explorador Robert Peary acaba con un oso polar.

Josephine habla con el que debe ser su guía, Bram Trevor, el cual trata de convencerla de esperar 6 meses hasta que acabe el invierno, aunque ella se muestra decidida a salir hacia el norte en 3 días, pidiendo que lo prepare todo para entonces, recordándole que estuvo varios años atrás en una expedición anterior en que llegaron más lejos, y donde además tuvo a su hija.

Le advierten que el frío será más intenso que los años antes y que si lo hacen su marido los matará, aunque él insiste en que esa es la última oportunidad de su marido y quiere vivirla junto a él, recordando que desde que se casaron ha pasado solo 14 meses con ellas en Washington.

Ella recuerda que todos se preguntaban por qué decidió ir a buscarlo, señalando que ella iba a ser parte de su historia, pese a que aquel no era su mundo, yendo hasta aquel rincón cargada de lujosos vestidos, sintiéndose molesta al ver cómo trabajan las esquimales las pieles, totalmente desnudas.

Su marido arriesgó su vida en multitud de ocasiones y ella hizo suyo su sueño olvidando los suyos, aunque ella misma piensa que quizá no los tuvo nunca.

La noche anterior a la partida celebran una cena de despedida, brindando por el Polo Norte y por la hazaña de su marido.

Entre ellos está el médico, que volvió desde el segundo campo base de su marido, que le indica que en ese momento, estando tan cerca de conseguir su meta no quiere que arriesgue su vida, ya que, asegura, en ninguna de las expediciones de su marido murió nadie, recordando Trevor que sí murieron varios esquimales, y que también son personas, recordando uno de los comensales, que es mercader, que todo el que viaja allí es consciente del peligro, y reconoce que en varias de sus expediciones sí hubo marineros que murieron y desea recordarlos.

Al día siguiente la expedición parte, en efecto, a través del paisaje helado en trineo, siendo el primer peligro al que se enfrentan una avalancha que acaba con parte de los perros, debiendo rematar a los que quedaron heridos, pese a lo cual ella insiste en continuar el viaje tras pasar la noche en un refugio, quejándose al día siguiente de la poca disciplina de los esquimales.

Llegan así a 50 Km. de Groenlandia, al segundo campamento base en que se detuvo su marido, y donde Trevor piensa que lo esperarán durante 10 días, aunque ella insiste en continuar hasta el siguiente campamento base, pese a la advertencia del guía de que hay placas de hielo muy peligrosas que se mueven, diciendo ella que su marido ha pasado por allí al menos en tres ocasiones, diciéndole a Trevor que él mismo ha hecho ya ese camino en otras ocasiones, diciendo este que en efecto, pero que nunca tan cerca del invierno y que además su marido cruzó en canoa y ellos no tienen canoa.

Odaq, uno de los esquimales se niegan a cruzar y prefiere regresar con su familia, proponiéndole ella a Trevor ir solos ellos dos, señalando este que la naturaleza es la que les guía y les dice que no deben seguir, diciendo ella que si vuelve atrás nada habrá tenido sentido, y que debe acabarse lo que se empieza, estando dispuesta a continuar sola si no quiere acompañarla, consiguiendo así convencerlo, y partir, acompañados por varios esquimales.

Josephine estaba convencida de que Dios estaba a su lado.

Continúan el duro camino con un frío cada vez más fuerte, cuando, a punto de ser engullidos por la niebla Trevor señala que deben parar, estando ella tan cansada que asegura que no puede seguir.

Entonces Trevor ve cómo la placa sobre la que está cede y cae al agua helada, por lo que deben acudir a rescatarlo cubriéndolo con pieles para evitar que muera congelado antes de continuar su camino cruzando entre placas de hielo que se mueven, pese a lo cual consiguen llegar finalmente al campamento base.

Josephine se siente feliz, pero Trevor, convencido de que va a morir le pide que caven una tumba para que no lo devoren los animales salvajes, aunque le pide que no coloque ninguna cruz en su tumba como hizo en el anterior accidente con un esquimal.

En efecto Bram Trevor muere y lo entierran dejando en lugar de una cruz, una placa de madera con su nombre señalando en la misma que allí descansa un marinero irlandés que murió en la tierra que amaba.

Continúa tras ello su camino con Ninq, consiguiendo llegar a su destino, el lugar donde espera encontrar a su marido, corriendo hacia el campamento base aunque quien está en el mismo no es Robert Peary, sino Frand Nashtell, uno de los hombres de su expedición, al que encuentra muy enfermo, delirando y confundiéndola de hecho con su esposa, dándose cuenta Josephine de que si no lo ve un médico morirá.

Frand lamente continuamente no estar con Peary en el norte, señalando que Robert lo abandonó tras haberlo servido durante años como si fuera un perro cuando vio que ya no le servía de nada debido a que se le congelaron las manos.

Josephine decide que regrese a Ellesmere al día siguiente con Ninq, al que le pide que cuente a la gente lo que ha visto y hecho, decidiendo ella quedarse allí diciéndole al esquimal que ella volverá con su marido, sin hacerle caso a este cuando le asegura que morirá si se queda cuando el sol se oculte.

Pero al día siguiente ve cómo no solo se marchan Ninq y Frand, sino el resto de esquimales que estaban allí, que no quieren quedarse por más tiempo a esperar a Peary, del que Frand asegura que se ha vuelto loco.

A pesar de todo ella decide quedarse, durmiendo esa noche muy tranquila al sentirse muy cerca de Robert.

Pero al día siguiente al salir encuentra en la puerta un cuenco con vísceras de animales aunque no encuentra a nadie, yendo a cazar aves para alimentarse.

Al día siguiente al salir encuentra a Allaka, una joven inuit que chapurrea el inglés y que le dice que ha preferido quedarse también, y a la que, pese a ser la única persona que está allí con ella no permite que la acompañe, poniéndola nerviosa todo de esa mujer, no pudiendo soportar que sonría siempre, como el resto de los esquimales, y le pide que se marche del refugio, señalando Allaka que pronto llegará la noche y morirán de frío, preguntándole Josephine por qué se ha quedado entonces, respondiéndole la esquimal que se ha quedado allí para esperar a un hombre, a Peary, enfadándose mucho Josephine al escucharla, echándola del refugio al comprender lo que le decía.

En su siguiente salida es sorprendida por una fortísima tormenta por lo que cae y pierde el conocimiento, siendo Allaka quien al encontrarla y arrastrarla hasta la cabaña le salve así la vida. Haciéndola entrar en calor, contándole cuando se despierta que tuvo que cortarle parte del pelo que se quedó pegado al suelo.

Pese a todo rechaza su presencia y su comida, aunque empieza a sentirse harta de esperar a su marido, diciéndole Allaka que Peary siempre vuelve, aunque no sabe cuánto tardará aún.

Arrepentida por su rechazo, Josephine decide ir al iglú de Allaka para invitarla a cenar para darle las gracias por haberla salvado.

Durante la cena Josephine se pone uno de sus más lujosos vestidos y trata de enseñarle a Allaka a usar el tenedor, tratando de explicarle además que Peary es su marido desde hace 20 años y que le pertenece a ella.

Allaka le dice que pese a que Peary estuvo allí muchas veces nunca aprendió su idioma, y ella, en un solo verano consiguió aprender el de él.

Tras cenar, Josephine le pide que recoja los regalos que le va a dar para ella y su gente, pidiéndole que se marche al día siguiente, acabando esa noche mareada y durmiéndose por el vino tomado, aunque cuando se despierta le vuelve a repetir que se marche con sus regalos.

Allaka se desnuda y solo en ese momento se da cuenta Josephine de que está embarazada, por lo que sale a caminar y llora desconsolada.

Al día siguiente cuando sale ve a un perro comiendo los restos de otro y se pregunta si Robert volvió, colándose en el iglú de Allaka para ver si lo tiene allí, aunque lo único que encuentra es el retrato que tiene la muchacha ante la que llora.

Allaka le dice que no es posible seguir viajando pues se acerca ya el invierno, aunque Josephine le dice que deben marcharse antes de que llegue el invierno, pues quedarse allí durante este es un suicidio, diciéndole Allaka que ya es demasiado tarde y que no pueden salir ya, y que lo mejor que pueden hacer es cazar para acumular comida, aunque por mucha que logren piensa Josephine que no durarán.

Pero en efecto es ya demasiado tarde y comienza el invierno polar.

2 semanas de invierno polar.

El carbón se acaba y deben utilizar madera, negándose Josephine a comer carne cruda, algo que Allaka recuerda le pasa también a Peary.

Allaka se siente molesta con Josephine. Le dice que no entiende del todo su idioma, pero que sí entiende el idioma de sus ojos y nota que la mira con malos ojos.

Allaka le pregunta si nunca ha estado con otros hombres y ella dice que no, afirmando Allaka que tampoco ella, recordando que Peary le dice "Osita caliéntame la cama".

6 semanas de invierno polar

El pelo comienza a caérsele a mechones. Tiene mal la boca y enferma, ante lo que Allaka mata al perro para tener carne que ella misma mastica antes de metérsela a Josephine en la boca para conseguir que sane.

10 semanas de invierno polar

Se les acaba también la madera.

Para entonces Josephine se ha acostumbrado ya a comer carne cruda, aunque se entera de que ya no come foca, sino perro.

Recuerda, ante el inminente nacimiento del hijo de Allaka que Marie, su hija, nació también en la nieve, y los esquimales le llevaron regalos de marfil y hueso, llamándola la niña de nieve.

Se da cuenta en ese momento de que apenas había pensado en ella en todo ese tiempo.

Allaka le dice que esta vez no habrá regalos, solo hambre y miedo, afirmando no entender qué busca la gente como ella y Peary que lo tienen todo.

La tormenta arrecia y rompe los cristales y la cabaña queda prácticamente destruida, por lo que debe coger a Allaka y llevarla al iglú, pese a que Allaka cree que el iglú es también peligroso, pese a lo cual este resiste y en él aguantan hasta que deja de oírse la tormenta, aunque no pueden salir, poniéndose además Allaka de parto.

14 semanas de invierno polar

Pasan hambre y Josephine le dice a Allaka que se encargará de todo, pues su leche es muy valiosa para el bebé. Saliendo afuera para tratar de encontrar algo para calentarse o para comer, aunque el clima es demasiado hostil.

Como apenas queda carne del perro decide hacer caldos con las pieles para evitar morir de hambre.

18 semanas de invierno polar

Josephine cree que está delirando al escuchar ladridos, tardando algún tiempo en darse cuenta de que no soñaba, apareciendo en medio de la noche polar Mathew Henson, uno de los hombres que acompañaron a su marido en todas sus expediciones y que le explica que lo ha enviado Robert a rescatarla, llevando un trineo y carne de foca.

Henson le explica que Robert consiguió plantar la bandera en el Polo y que está camino de Ellesmere, contándole que se encontraron a Ninq muy enfermo y fue él quien les dijo que ella estaba ella antes de morir.

Robert lo mandó con tres perros y algo de carne a buscarla, insistiendo en que deben partir antes de que lleguen los vientos del sur, esperándoles un viaje muy duro.

Ella pide comida para el bebé y para su madre, aunque Henson le dice que les espera un viaje muy duro y necesitan toda la que llevan.

Se da cuenta entonces de que el bebé ha muerto ya, preguntándose cuántos días llevaban dormidas y cómo pudo pasar.

También Allaka se encuentra mal y un tanto alocada por el dolor, diciendo que el niño dormirá hasta que el sol salga.

Henson insiste en partir, pues de lo contrario los perros no aguantarán y se comerán los unos a los otros, no habiendo espacio ni comida suficiente en el trineo para los tres, por lo que deberán dejar a Allaka allí, pues su marido la espera, asegurándole que no se irá sin ella.

Allaka, que entiende la situación la despide, llorando Josephine y gritando el nombre de Allaka mientras Henson se la lleva.

Recuerda que Allaka le puso a su hijo Tchikua, que significaba "Hijo de dos madres", un niño que no pudo ver el sol, como tampoco pudo volver a verlo Allaka.

Josephine no volvió a pronunciar su nombre ni pudo contarle esta historia a nadie, y menos a Robert, aunque no pasó ningún día sin acordarse del ser más puro y generoso sobre la tierra.

Dejaron atrás la oscuridad y volvieron a la luz y a la vida, pero cruzando el enorme glaciar de vuelta a su casa supo que nunca encontraría refugio para la larga noche a la que su alma se asomaba.

Calificación: 2