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Network. Un mundo implacable

Network (1976) * USA

          También conocida como:
                    - "Poder que mata" (Hispanoamérica)

Duración: 121 min.

Música: Elliot Lawrence

Fotografía: Owen Roizman

Guion: Paddy Chayefsky

Dirección: Sidney Lumet

Intérpretes: Faye Dunaway (Diana Christensen), William Holden (Max Schumacher), Peter Finch (Howard Beale), Robert Duvall (Frank Hackett), Wesley Addy (Nelson Chaney), Ned Beatty (Arthur Jensen), Beatrice Straight (Louise Schumacher), Jordan Charney (Harry Hunter), Lane Smith (Robert McDonough), Marlene Warfield (Laureen Hobbs).

Howard Beale fue uno de los mejores locutores de noticiarios de la cadena UBS, llegando a tener un índice de popularidad no superado hasta entonces.

Pero en 1969, su noticiario sufrió un declive. Su fama descendió notablemente y al año siguiente enviudó quedándose solo y sin hijos.

Casi hundido profesionalmente, se volvió taciturno y solitario y comenzó a beber demasiado, lo que llevó a que Max Schumacher, jefe de noticiarios y amigo personal suyo tuviera que comunicarle, su despido el 22 de septiembre de 1975 con dos semanas de antelación, yendo tras ello juntos a tomar unas copas, hasta acabar borrachos, mientras recuerdan los viejos tiempos, diciéndole de pronto Howard que se saltará la tapa de los sesos delante de toda la audiencia, asegurando Max que si lo hiciera su audiencia aumentaría al menos un 50%.

En su siguiente telediario, y al final de las noticias, Howard informa a los telespectadores que en dos semanas se retirará del programa debido a su bajada de audiencia, diciéndoles que ese trabajo era para él lo más importante de su vida y por ello ha decidido quitársela, saltándose la tapa de los sesos en 8 días en pantalla, señalando que será emocionante y divertido, aunque los técnicos ni siquiera le escuchan, hasta que otros compañeros se lo advierten, debiendo cortar la emisión mientras lo sacan a la fuerza del plató.

Enseguida empiezan a arremolinarse los periodistas en la entrada de la cadena, no parando de sonar los teléfonos en protesta por el espectáculo, aunque reciben también solicitudes de las demás cadenas de la emisión, saliendo en todas la noticia.

El director de la cadena le dice que no volverá a emitir y preparan una declaración en la que dirán que Howard padecía una gran tensión nerviosa por problemas personales.

Frank, el jefe, anuncia que habrá una junta de accionistas al día siguiente y anunciarán la reestructuración de la empresa y no quiere que el incidente enturbie la sesión.

Max decide llevarse a su amigo a su casa saliendo con él por una puerta trasera para esquivar a los periodistas de la entrada.

Al día siguiente, mientras Schumacher y Diana Christensen, directora de programas de entretenimiento de la cadena visionan un reportaje tratando de encontrar nuevo material, cuando él recibe una llamada de Howard pidiéndole que le den la oportunidad de dar un pequeño discurso de despedida para mantener su reputación y dar paso al nuevo presentador, pues no quiere acabar como un payaso.

Max está de acuerdo, aunque le pide que no beba ni una copa más.

Entretanto, Diana se reúne con su equipo y les habla del reportaje de uno de ellos sobre revolucionarios clandestinos, teniendo la filmación del atraco a un banco realizado por los propios atracadores, el Ejército Ecuménico de Liberación, y cree que podrían convertirlo en una serie si filman secuestros de herederas o de aviones, bombardean puentes o chantajean a embajadores. Eso lo harían contratando a guionistas para que escriban esas escenas basadas en las imágenes reales para hacer una serie, pues cree que la cadena necesita programas fuertes y contracultura y no tienen ningún programa clasificado, por lo que les pide ideas.

En la reunión de accionistas, en el Hilton, Frank Hackett, representante de CCA, ahora accionista mayoritaria de la cadena, expone que los noticiarios dan pérdidas y por ello desea reducir ese espacio, señalando Max que no entiende por qué no se lo dijeron antes y tuvieron que hacer ese anuncio humillándolo públicamente.

Esa noche, Beale vuelve a los informativos donde anuncia que es su última actuación y se disculpa diciendo que tuvo un acto de locura. Que se quedó viudo y no tiene hijos y ya agotó todas sus majaderías.

El jefe de la cadena, Edward Ruddy, que desconocía que iba a emitirse recibe a Max, como responsable de lo ocurrido, quejándose Max a su vez de que siempre le dijo que apoyaría su autonomía contra cualquier injerencia, pero no le avisó de que iban a humillarle en la junta de accionistas, quejándose de que, desde que CCA adquirió el control de UBS, Hackett se hizo con el control de todo y es quien dirige la cadena.

Ruddy le acusa de no haber tenido paciencia, pues le habría explicado que la reorganización de los informativos anunciada no se realizaría hasta que todos hubieran sido consultados y estuvieran conformes, pero que, tras haber generado con su forma de actuar el bochornoso espectáculo de esa tarde, su posición ya no es defendible, por lo que le pide su dimisión.

Entretanto, Beale está rodeado de periodistas a los que les cuenta que cada día, durante 15 años presentó las noticias y por solo una vez, quiso expresar lo que sentía.

Diana lo escucha desnuda en su apartamento mientras la besa un joven, a su lado.

Al día siguiente Diana observa que, pese a las importantes noticias existentes en el mundo, la portada de los periódicos está dedicada a Howard Beale.

Llama por ello a Hackett al que le muestra los controles de audiencia, comprobando que aumentaron las audiencias del informativo de Beale, estando convencida de que si le permiten volver a salir, esa noche serán superiores, por lo que sugiere la conveniencia de que Beale continúe en antena, pues los grandes periódicos les han proporcionado una publicidad que no podrían pagar ni con varios millones, ya que el programa subió 5 puntos en una noche y si vuelve subirá 15 y aumentarán su público en 20 millones, al liderar un clima de ira popular, proponiendo convertir a Beale en profeta de la actualidad, y, aunque Hackett le recuerda que se trata de un noticiario y que no es su departamento, ella piensa que podrá venderlo como un mesías que se rebela contra la hipocresía de su tiempo, en un programa que presentaría de lunes a viernes, siendo además un programa de coste reducido al que pueden sacar un gran provecho, unos 130.000 dólares por minuto que les sacaría del pozo financiero.

Hackett le pide que le deje pensarlo, pidiéndole Diana que no los someta al comité, pues es casi la hora del programa, diciendo Frank que no pueden poner en pantalla a un hombre que se ha comportado como un irresponsable, aunque tras repensarlo le dice que se lo consultará al departamento jurídico y a Ruddy.

Se plantean el tema mientras comen, manifestando su temor a que les ahoguen las querellas, aunque valorando la posibilidad de sacar su cadena del pozo en que están, pues tienen pérdidas por valor de 150 millones.

Solo uno de los ejecutivos pone pegas, sugiriéndole Hackett que dimita si no le gusta, acordando permitir a Beale hacer su comentario.

Mientras Schumacher recoge sus cosas, Robert McDonough, su sustituto les informa de la decisión que tomaron los directivos de hacer que Beale siga representando su papel de hombre iracundo y que siga desahogándose espontáneamente y convertirlo en el profeta de esos días, no entendiendo por qué decide Christensen sobre ese asunto, pues nada tiene que ver con los informativos.

Schumacher va a hablar con Ruddy. No entiende que permanezca impasible ante la noticia, diciéndole este que Hackett se sobrepasó y cree que trama alguna maniobra y no desea forzar un enfrentamiento, porque cree que está equivocándose con lo de Beale, lo que molestará a la CCA y al señor Jensen y la dejará que actúe, esperando que tropiece y poder así deshacerse de él.

Le ofrece, entretanto a Schumacher que reconsidere su dimisión, pues quiere que esté él y no un secuaz de Hackett en los puestos de mando, aceptando seguir.

La primera reacción al nuevo programa de Beale no fue muy favorable. La prensa fue hostil y la actitud del público negativa, bajando la audiencia considerablemente del viernes al lunes, empezando la novedad a cansar a los espectadores, que esperaban un profeta, no un cascarrabias.

Christensen habla con Schumacher y le propone que contrate a una adivina para que trate de adivinar las noticias de la semana siguiente, y que llamarán Sybil la adivina que saldría los viernes al final del programa y tendrían garantizada la audiencia del siguiente viernes para ver si acertó, pues su programa necesita un aliciente y Beale no es muy bueno haciendo el papel de profeta airado, pues es demasiado quisquilloso e irascible y debería hacerlo más apocalíptico, sugiriendo incluso contratar guionistas.

Schumacher cree que, en efecto, Howard se está convirtiendo en un hazmerreír, por lo que anima a Diana burlonamente a presentar sus sugerencias en la reunión que habrá el día siguiente, pues para él lo mejor sería volver al formato de antes.

Diana reconoce que le admiraba desde que era estudiante en Missouri, aunque cree que acabará tomando las riendas de su programa en algún momento, y le gustaría comenzar cuanto antes.

Él le propone salir a cenar esa noche, aunque diciéndole que no hace nada la primera noche que sale con una mujer, diciéndole ella que ya se verá.

Durante la cena, Diana le cuenta que su marido se lio con una amiga y ella con su psicoanalista y que se dedica sobre todo a su trabajo, pues en lo demás es una inepta, pero con el trabajo muy eficiente.

Schumacher le dice que se rumorea que es la amante de Hackett, lo que ella dice es una tontería, pues este solo ama su trabajo y su ambición es ser directivo compañía.

Ella le sugiere ir a su casa, ya que él, está casado y su mujer está en la ciudad.

Al día siguiente, cuando llega a la emisora él dice que quiere acabar con el ridículo asunto del profeta loco y volver a la normalidad.

Schumacher recibe tras el programa de ese día a Howard que le dice que está poseído de un espíritu especial. Que por la noche le despertó una voz que le dijo que había sido elegido para contar la verdad, diciéndole Max que cree que sufre una depresión nerviosa y necesita tratamiento, y por ello le quitará del programa, aunque Howard le dice que se siente muy bien y con energía y que nunca se había sentido tan tranquilo y cuerdo, tras lo que cae al suelo sin sentido, decidiendo Schumacher llevarlo a su casa a dormir.

Pero a media noche se despierta debido a una tormenta, obsesionado con contar la verdad, como si alguien se lo estuviera pidiendo y se marcha en la noche.

Al día siguiente, en televisión, se desesperan porque nadie sabe dónde está Beale, algo que desespera a Hackett tras ver que su programa de la noche anterior fue todo un éxito, habiendo conseguido incluso un artículo en el New York Times.

Pero Schumacher está preocupado, pues cree que en realidad Beale está loco y necesita unos cuidados especiales, no estando dispuesto a permitir que vuelva al programa pese a que tanto Hackett como Diana le dicen que es la persona más famosa en ese momento y Diana le anuncia que ya no es su programa, sino el de ella, al que se lo dio Hackett, ya que Ruddy sufrió un ataque cardiaco y no puede recibir llamadas, por lo que, durante su ausencia, es él quien toma las decisiones, incluido su despido.

Max le dice que cuando Ruddy se reincorpore le echará a él, pero Hackett le dice que Ruddy ya no es importante, pues creyó en que se estrellaría con Beale, pero por el contrario ha conseguido que sea el programa más rentable y no podrá retirar su único éxito en antena y conseguirán un balance favorable por vez primera en 5 años.

Diana le dice que trató de llegar a un acuerdo con él y no la escuchó, aunque él no puede evitar sentirse traicionado por ella y le asegura que no permitirá que sea explotado su amigo como un monstruo y asegura que originará un gran escándalo hablando con todos los medio y contándoles la verdad.

Llega entonces Beale empapado tras caminar bajo la lluvia en pijama y con una gabardina, y asegurando que debe retransmitir la verdad, pasando de inmediato a plató, incluso empapado, con pijama y con su gabardina.

Habla de la locura del mundo, que hace que la gente no salga por temor, pero él quiere que se irriten con él y monten en cólera, pidiéndoles que se levanten todos, salgan a la ventana y griten: "Estoy más que harto, y no quiero seguir soportándolo".

Diana se asoma a la ventana y comprueba cómo la gente le hace caso y sale a las ventanas y grita comprobando también la hija de Schumacher al abrir la ventana que hay varios vecinos gritando tal como pedía Howard que están hartos y no quieren seguir soportándolo, pese a la tormenta.

A mediados de octubre, el programa de Beale había conseguido una audiencia que superaba a todos los informativos y era el cuarto programa más visto.

Diana, entretanto se reúne en Los Angeles con los ejecutivos de la Costa del Oeste, y con Laureen Hobbs, directiva del Partido Comunista para preparar la serie sobre los sabotajes realizados por el Ejército Ecuménico de Liberación,, queriendo poner al principio de cada programa de la serie un auténtico acto de terrorismo político filmado en directo, debiendo Hobbs hacer de intermediaria, ya que la cadena no puede tratar directamente con ellos, al ser criminales, y, aunque Hobbs protesta, pues, dice, su partido rechaza el terrorismo, aunque Diana le dice que podrá emitir por televisión sus ideas, a millones de personas, algo mejor que repartir propaganda.

Hobbs visita al Gran Ahmed Kahn, líder de la secta, en una granja a las afueras de Los Angeles y le ofrece hacerse famoso gracias a sus actuaciones revolucionarias.

Entretanto Beale sigue con su programa al que incorporan además de la adivina, a otra mujer que habla de trapos sucios, y a un periodista amarillista.

Muere Ruddy por un ataque cardiaco y Beale lo cuenta y denuncia que la mayoría de la gente no lee apenas y que su información se realiza gracias a la televisión, que dice es un carnaval y que en televisión mienten y les dicen lo que quieren oír, por lo que pide a la gente que apague los televisores, sufriendo mientras lo dice un ataque, y cayendo.

Hackett indica que gracias a Beale tendrán unos beneficios importantes, los que esperaban, pero con un año de antelación.

Tras el funeral de Ruddy, Max y Diana se reencuentran y la invita a un café.

Le cuenta que no se encuentra bien, pues es el tercer entierro al que acude en dos semanas y tiene varios amigos en el hospital. Sus amigos se mueren o son abuelos y él espera también un nieto.

Le confiesa que estuvo a punto de llamarla varias veces, diciéndole ella que ojalá lo hubiera hecho, y le dice que se cruzó con Sybil, la adivina, y le recordó que predijo que mantendría una relación amorosa con un hombre tosco y de mediana edad y que solo tuvieron una maravillosa noche, diciéndole la adivina que ocurriría, por lo que le propone seguir con su amor, diciendo él que sí.

Ella le confiesa que también estuvo a punto de llamarlo en muchas ocasiones y no lo hizo porque estaba segura de que la odiaba por haberle quitado el programa.

Él le dice que ya no y que no puede dejar de pensar en ella.

Van juntos a pasar el fin de semana en la playa, y mientras hacen el amor ella no para de hablar de "La hora de Mao-Tse-Tung", su nuevo programa.

Schumacher le cuenta a su mujer que lleva un mes con Diana y está obsesionado, y no es, como esperaba, una pasión otoñal y le pregunta si quiere que se marche a un hotel

Ella le pregunta si quiere a Diana, y él le dice que no sabe lo que siente, pero está contento de sentir algo, para acabar reconociendo que la quiere.

Caroline, su esposa, le pide que se marche y no vuelva, pues no quiere escucharle mientras le cuenta que ama a otra, y no quiere que guarde su pasión para esa mujer y que a ella le quede solo la vejez y le exige respeto y lealtad ya que no siente deseo.

Le dice luego que no se dará por vencida tan fácilmente y le pide que se marche y le dice que sufrirá mucho, pues lo ve todo a través de la televisión como si fuera un programa y no sabe qué final habrá ideado para ellos.

"La hora de Mao Tse-Tung" comienza con buena acogida. Habían previsto 15 programas con una posible prórroga de 10 más, habiendo una fuerte discusión con Hobbs y con los ultraizquierdistas.

Beale brama contra la forma de hacerse con el control de las cadenas. CCA se hizo con la empresa propietaria de esa cadena, y a su vez está siendo adquirida por la Corporación de Fondos del Mundo Oeste, un consorcio de bancos y compañías de seguros que lo compran para otra entidad estando tras ellos la Corporación de Inversiones de Arabia Saudí.

Diana augura en una reunión en el Oeste que en un años ocuparán el primer lugar en la televisión con la programación prevista, pasando a ese, desde el cuarto puesto.

Hackett que estaba con ella recibe una llamada preocupante, pues le preguntan si ha visto el programa, diciendo que allí acaba de empezar, pues lo emiten tres horas después que en Nueva York.

Beale denuncia que los árabes controlan 16.000 millones en su país, poseyendo una parte de la Quinta Avenida, 20 edificios del centro de Boston, parte del puerto de Nueva Orleans, u polígono industrial en Salt Lake City, buen parte del Atlanta Hilton, el Security National Bank, ARAMCO y con ello están en Exxon, Texaco y Mobil Oil entre otras e ignora qué desean hacer con la CCA, por lo que pide a sus televidentes que corten la marcha a los árabes y que llamen o manden un telegrama en la Casa Blanca, y que haya un millón de estos allí para evitar que se hagan con la cadena.

Hackett reconoce ante Amundsen, el asesor jurídico, que, en efecto existe el pacto, pues les dieron un préstamo por 2.000 millones para lo que les exigieron el máximo de garantías y están en sus manos, pues están arruinados, lamentando haber pasado de ser, cuatro horas de ser el segundo de abordo, en la CCA elegido por el Sr. Jensen, a estar acabado.

Diana le dice que no debe pensar en quitar a Beale del programa, pero Hackett le dice que Jensen desea que deje de emitir, señalando Diana que si le despiden cualquier otra emisora le acogerá con los brazos abiertos.

Suena entonces el teléfono citándolos a él y a Beale para el día siguiente en el despacho de Jensen a las 10 de la mañana.

Jensen habla con Beale en el mismo tono apocalíptico que utiliza él en su programa. Le dice, que, en efecto los árabes sacaron miles de millones de su país y deben devolverlo, pidiéndole que no piense en términos de naciones, que solo existe el sistema internacional de divisas que es el que domina el mundo

Jensen le dice que no existen los Estados Unidos y la Democracia, que existen las corporaciones, que son las nuevas naciones y el mundo es un negocio y que en el futuro todos serán felices y no habrá guerras ni abusos y todos tendrán sus partes de acciones, y, sus necesidades cubiertas, y, le dice, le ha elegido a él para que difunda su mensaje, respondiéndole Bale cuando le pregunta por qué a él, para responderle Jensen que porque sale en televisión.

Esa noche, Beale salió a predicar la economía cosmológica de Jensen.

Cuenta que el día anterior llegaron 6 millones de telegramas a la Casa Blanca y se suspendió la transacción de los árabes con la CCA.

El pueblo habló, pero, señala, la democracia es un gigante moribundo pues no está dedicada a la libertad del individuo ni a la dependencia, que el mundo se está volviendo inhumano y la gente parecen objetos fabricados en serie.

Su mensaje era muy deprimente y tras la primera semana de junio descendió la audiencia a su registro más bajo desde el noviembre anterior.

Diana llama a su agente para pedirle que cambie el discurso, pues no es el Beale que contrataron y si sigue así rescindirán su contrato, pues los patrocinadores no contratan.

Mientras habla con él por teléfono llega Schumacher con el que también discute, pues le dice que cada vez que llega de estar con su familia regresa de mal humor, diciendo él que cada vez que llega la encuentra telefoneando, asegurando estar harto de ser un accesorio en su vida y de fingir que está escribiendo un libro sobre los inicios de la televisión, algo que a nadie le interesa.

Tras vivir con ella 6 meses, le dice, parece formar parte de uno de sus guiones.

Le dice que fue a ver a su mujer porque padece una depresión terrible por su culpa, por lo que se siente culpable y avergonzado y arrepentido y echa de menos su hogar, y cada vez ve más cerca la muerte y está llegando al final.

Le dice que él es real, forma parte de su vida y no puede cambiar de emisora, y le dice que solo quiere que le ame, aunque ella asegura que no sabe cómo hacerlo.

En julio, el programa de Beale siguió su carrera descendente cayendo once puntos y cundió la histeria en la empresa, quejándose incluso Hobbs al emitirse su programa justo después del de Beale.

Tratan de buscar un sustituto ante la falta de programas con gancho, aunque, reconocen, no les es fácil encontrar a otro tipo mesiánico como Beale y no pueden permitirse que la audiencia siga bajando, por lo que Diana propone despedirlo, respondiéndole Hackett que Jensen se interesó personalmente por el programa.

Al llegar a su casa, Diana le dice a Max que cree que llegó el momento de reconsiderar sus relaciones, pues no le gusta cómo transcurre su guion, pues él es hombre de familia y a ella no le gusta esa vida, aunque, no ha sido el peor amante que ha tenido.

Él le asegura que no le afectan sus críticas a su sexualidad, mientras recoge su maleta, diciéndole que intentará regresar con su mujer, aunque sabe que le será difícil.

Ella le dice que no le necesita, aunque él le dice que sí lo necesita, pues es su único contacto con la realidad humana, pues le quiere y ese amor es lo único que le queda después del terrible vacío en el que vive el resto del día.

Ella le pide entonces que no la deje, diciéndole él que es demasiado tarde, pues no hay nada de ella que le atraiga, y es como uno de los robots de Howard y si se queda a su lado se destruirá igual que Howard Beale o Hobbs, y todo lo que ella y la televisión tocan, que es el aspecto negativo de la televisión pues es indiferente al sufrimiento e insensible a la alegría y le dice que ella es la locura y todo lo que toca muere con ella, excepto él, que no lo hará mientras pueda sentir el dolor, el placer y el amor.

La besa por última vez y se marcha.

Hackett va a informarles de su reunión con Jensen, y señala que no desea quitar a Beale del programa, pues lleva un importante mensaje al pueblo americano, por lo que desea que siga, no estando demasiado interesado en los negocios volátiles como la televisión en que éxito y fracaso cambian en una semana, y refleja es una mala administración, siendo inflexible respecto a la continuidad de Beale.

Los otros espacios del show tienen su propio público, pero Beale hace que baje el programa 10 puntos, bajando la publicidad en 80.000 dólares cercana la campaña de Navidad y podrían perder 45.000 millones, por lo que se preguntan qué hacer con Beale.

Hackett apunta que deberían matarlo, indicando Diana que iría bien un asesinato y podría convencer a los de La hora de Mao Tse-Tung para que acaben con él como parte del espectáculo, y sería un punto fuerte para el estreno del programa.

Pese a lo duro de la propuesta ninguno de los ejecutivos parece escandalizarse, preocupándoles solo que, al tratarse de un crimen, la cadena no debe verse implicada, insistiendo Diana en que la única opción es acabar con él.

En el siguiente programa de Beale, y cuando este va a hablar para sus espectadores, se levantan de entre el público dos tipos que disparan sobre él, acabando con su vida.

Todas las cadenas informan del asesinato, realizado ante millones de espectadores, del llamado Profeta Loco y de la detención de sus asesinos, aunque el Gran Ahmed Khan, escapó.

Concluye el narrador: esta fue la historia de Howard Beale, el primer hombre que fue asesinado porque bajó su índice de popularidad.

Calificación: 3