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Novecento (1900)

Novecento (1976) * Italia / Francia / Alemania

          También conocida como:
                    - "1900" (Hispanoamérica)

Duración: 314 min.

Música: Ennio Morricone

Fotografía: Vittorio Storaro

Guión: Franco Arcalli, Bernardo Bertolucci, Giuseppe Bertolucci

Dirección: Bernardo Bertolucci

Intérpretes: Robert De Niro (Alfredo Berlinghieri), Gérard Depardieu (Olmo Dalcò), Dominique Sanda (Ada Chiostri Polan), Donald Sutherland (Attila Mellanchini), Alida Valli (Ida Canta Elli), Burt Lancaster (Alfredo Berlinghieri Abuelo), Francesca Bertini (Hermana Desolata), Laura Betti (Regina), Werner Bruhns (Ottavio Berlinghieri), Stefania Casini (Neve), Sterling Hayden (Leo Dalcò), Stefania Sandrelli (Anita Foschi), Anna Henkel-Grönemeyer (Anita), Ellen Schwiers (Amelia), Romolo Valli (Giovanni Berlinghieri), Bianca Magliacca (Campesino).

El resumen se ha creado como si de una sola película se tratara, pese a que en la mayoría de los países se estrenó en dos partes, figurando por ello dividida en dos actos, tal como figura originalmente.


PRIMER ACTO

25 de abril de 1945. Día de la liberación. Un joven camina cantando, feliz de regresar a su casa, cuando un soldado fascista surge de entre los árboles y le dispara.

Mientras los campesinos salen para acabar con los fascistas escondidos, las mujeres persiguen a Attila y a Regina que trataban de huir.

Leonida, un niño, tras hacerse con un fusil acude a casa del amo dispuesto a acabar con él, diciendo que su nombre de partisano es Olmo, como el más valiente de ellos.

Muchos años antes, el 27 de enero de 1901, coincidiendo con la muerte de Verdi, nacen dos niños dentro de la hacienda de los Berlinghieri, uno de los cuales recibirá el nombre de Alfredo, como su abuelo, el dueño de la hacienda, llamándose el otro Olmo Dalcò, nieto de Leo, capataz de los trabajadores de la hacienda, y del que ni siquiera se sabe quién es su verdadero padre.

Alfredo, contento con el nacimiento de su nieto invita a beber a todos los campesinos, aunque Leo se niega a hacerlo, secundado por todos los demás, que no beberán hasta que Leo lo haga.

A pesar de su diferente origen social, Alfredo y Olmo se convierten en amigos, tratando el primero de imitar al segundo, envidiando su libertad, aunque no se atreve a ponerse debajo del tren como él.

Olmo es demasiado travieso, por lo que se plantean enviarlo al seminario, ante lo que su abuelo decide que debe aprender a leer y a escribir, pero no dejará de ser uno de ellos, un campesino, pues no quiere curas en su familia.

Mientras todos los campesinos comen juntos cada día, los Berlinghieri tienen acogidas a la hermana de la madre de Alfredo, y su hija Regina, abandonadas por su marido que se arruinó y se marchó a Sudamérica.

Aunque el primogénito de los Berlinghieri es Ottavio, este se pasa el tiempo viajando, asegurando Giovanni que él está allí porque desea hacerse con la hacienda, aunque según afirma también envidia a Ottavio y su vida disoluta.

Obligado a comer las ancas de rana que su padre compró a Olmo, Alfredo acaba vomitando, tras lo que se escapa de casa y se esconde mientras sueña con escaparse con su tío Ottavio.

Un día de fiesta, mientras todos bailan, Alfredo, el patrón, le pide a una niña que lo acompañe hasta el establo, pidiéndole una vez allí que ordeñe una vaca mientras él la observa y hunde sus pies descalzos en el estiércol, tras lo cual le pide a la muchacha que lo toque a él, que se lamenta de que ya no le levante, por lo que le pide a la chica que cuando la fiesta esté a punto de acabar les diga a todos que ha muerto, pero que sigan bailando.

Y será Leo quien lo encuentre colgado en el establo, lamentándose de que antes soltara a todas las vacas para hacerlo trabajar más.

Giovanni, su hijo, que no está dispuesto a perderlo todo, simula que su padre está enfermo y llama al notario, redactando él un testamento a su medida, en el que él es el heredero universal, dejando a su hermano mayor, Ottavio solo una renta vitalicia y un piso, observando Alfredo la trampa y llorando al ver a su abuelo muerto.

Un día Olmo y Alfredo discuten cuando el segundo le quita uno de sus gusanos de seda, asegurando Alfredo que todo lo que tiene es suyo

Como tiene la ropa mojada, Olmo se desnuda, observando Alfredo que su pene es diferente al de él, diciéndole Olmo que tiene que estirarlo para tenerlo igual, tras lo que ambos observan que desde lo alto se ve la ciudad, en la que Olmo nunca estuvo.

Una terrible tormenta hace que se pierda la mitad de la cosecha, por lo que el patrón les dice que les pagará solo la mitad de su salario, protestando los campesinos porque cuando la cosecha es doble no les da paga doble, ante lo que el patrón le dice a Montanaro que a pesar de tener las orejas muy grandes no le escucha, procediendo el bracero entonces a cortarse una oreja, que le pone al patrón en la mano.

La Liga propone entonces una huelga, mostrándose los agricultores dispuestos a secundarla aun sabiendo que la falta de trabajo hará que la tierra se muera y que pasarán más hambre.

Pero mientras ellos se ponen en huelga surgen los esquiroles, gente aun más pobre que ellos que trabajan junto con los hacendados, no acostumbrados a hacerlo, siendo feliz Leo de haber visto por primera vez en su vida trabajando a un patrón, tras lo que muere.

Tres meses después, el socorro rojo debe ayudar a las familias de los huelguistas llevándose a sus hijos a Génova, pues no tienen ya nada para comer.

Alfredo tratará de demostrarle a Olmo que no es un cobarde tumbándose en la vía por la que pasará el tren que se lleva a su amigo entre otros muchos niños.

Otro tren será el que le traiga de vuelta en 1917 tras haber participado como soldado en la I Guerra Mundial, para volver a trabajar como un bracero más.

Se reencuentra también con Alfredo, que va vestido como teniente aunque se pasó la guerra en casa, tal como le recuerda su padre, que tuvo que pagar para conseguirlo, en contra de los deseos de Alfredo que deseaba ir al frente.

Para entonces el patrón, obligado por la falta de braceros, ya que estos fueron a la guerra compró máquinas para facilitar su trabajo y ya no divide los beneficios por la mitad como antes, sino que les paga menos, lo que provoca el enfado de Olmo, que empieza a rajar los sacos del grano.

Anita, una muchacha que vive allí acogida tras haber perdido a su familia y que es maestra lo apoya, y les dice que el patrón les echa en cara que hubieran ido a la guerra como si fuera algo voluntario, y que enfermen, como si sus males fueran en realidad un castigo para él, instando a las mujeres a que se queden con algo de grano ya que el patrón no lo notará.

Testigo de su arenga, Attila Mellanchini, el nuevo administrador del patrón le recrimina sus palabras, ante lo que Anita le dice que se cree el gallo del corral y empieza a tirarle granos, siendo seguida su actuación por los demás.

Llegado el invierno muchos patronos, con apoyo de la Liga empiezan a despedir a sus trabajadores pese a no haber terminado sus contratos, negándose algunos de ellos a abandonar unas casas que han ocupado durante décadas, como Oreste, que obtiene el apoyo de los demás campesinos cuando trata de obligarle a abandonar la casa la guardia real.

Olmo lleva a los hombres a coger palos mientras las mujeres cantan y se dirigen hacia los caballos asegurando Anita que tendrán que matarlas a todas para pasar, sentándose en el suelo y haciendo que las demás mujeres se sienten también, para luego tumbarse mientras los caballos se lanzan hacia ellas, sin atreverse a pasar por encima.

Los patronos se reúnen entonces en la iglesia para determinar las acciones a llevar a cabo, recaudando dinero para ello, contratando para sus fine a Attila.

Alfredo y Olmo continúan siendo amigos pese a todo, viéndose juntos en la ciudad, donde ven que Montanaro tocando junto a varios acróbatas a cambio de limosnas.

Allí ayudan a una joven, Neve, con su barreño de ropa y la chica les invita a vino, aceptando la muchacha acostarse con ambos a la vez, aunque no acaban de consumar el acto debido a que la muchacha sufre un ataque de epilepsia por culpa de la bebida

Asustado, Alfredo se marcha a ver a su tío Ottavio, aunque ante la ausencia de este le recibe Ada, una joven amiga de él.

Llevará a la muchacha a su casa, mostrándole ella sus poesías futuristas que tira tras leer, adelantando por el camino a un camión lleno de hombres armados dirigidos por Attila

Arrepentido de lo ocurrido en la ciudad, Olmo va a ver a Anita, que está dando clases a unos ancianos en la Casa del pueblo, echándole ella en cara que no hubiera ido a buscarla antes para ir al baile, aunque él le dice que dónde puede ir a bailar con su prominente barriga, aunque luego bailan sin música ellos solos antes de ir al baile con los demás.

También acude a este, que se celebra en el granero, Alfredo, junto con Ada, la cual simula de pronto que no ve, como hizo antes en el coche.

Simulando ser ciega se coge a Olmo y baila con él, mientras Ana hace lo propio con Alfredo, llegando Ada a besar a Olmo simulando creer que es Alfredo, aunque cuando descubren que no es ciega Anita se enfada, pues piensa que ha ido allí para reírse de ellos, ante lo que Ada le pide perdón a todos por su broma.

Llega entonces a la fiesta una persona avisando que la Casa del Pueblo, donde tan solo unos minutos antes estaba Ana dando clases a los ancianos está ardiendo, acudiendo todos los campesinos hasta allí mientras Alfredo y Ada se acuestan en el granero, sorprendiéndose Alfredo al comprobar que ella era virgen y que no era, como él pensaba, amante de su tío Ottavio.

A la mañana siguiente Anita recorre el pueblo junto a Olmo coreando el nombre de los ancianos calcinados en el incendio del granero, mientras pasean sus cadáveres, desesperándose al ver que nadie acude a su llamada, para ver poco después cómo se acercan cientos de personas vestidos de negro y con pañuelos rojos, para acudir al funeral de los suyos.

Algunos de los autores del crimen se sienten temerosos al verlos juntos, pero no Attila, al que le están haciendo su traje fascista y que dice que los comunistas son como el pequeño gatito que está allí, al que ata a una columna y aplasta de un cabezazo.

SEGUNDO ACTO

Alfreddo y Ada están juntos y ella le hace jurar que no se convertirá en un patrón gordo y vulgar, mientras ven cómo Ottavio se dedica a hacer fotografías "artísticas" de jóvenes desnudos tras lo que los invita a consumir cocaína.

Tras ello él y Ada deciden viajar hacia el sur durante un tiempo mientras los fascistas preparan la marcha sobre Roma.

Tras pasar fuera seis meses, Alfredo debe regresar, llegando a la casa de sus padres cuando esta se encuentra vacía, descubriendo allí a Olmo que está robando la pistola de su padre, que murió mientras ellos estaban fuera, contándole Olmo que murió en el establo, como su abuelo, sin apenas sufrimiento. Le cuenta también que tuvo una hija con Anita, aunque esta murió en el parto.

Poco después llega toda la familia del entierro, contándole entonces Alfredo a su madre que va a casarse con Ada.

Poco después se celebra, en efecto, la boda, ante la rabia de Regina que le dice a Ada que debía ser ella quien estuviera en su lugar, ante lo que Ada le coloca su velo.

También se encuentra en la boda Attila que presume de sus bravuconadas ante sus compañeros Camisas Negras, pidiéndole Ada a Alfredo que los mantenga lejos, recriminando Alfredo a Attila que permitiera el robo del arma de su padre, pidiéndole que mantenga a Regina alejada de su esposa.

Ottavio llega tarde a la boda, pero les regala un precioso caballo blanco con el que Ada sale a cabalgar, siendo atrapada por una red tendida por Olmo para cazar

Poco después los Pioppi buscan a su hijo Patrizio, un niño admirador de Attila, que sorprendió a este con Regina cuando fue a llevarle sus guantes, siendo retenido por la pareja que les obligan a observarlos mientras se acuestan.

El niño trata de escapar y entonces Attila lo coge por las piernas y comienza a voltearlo hasta que la cabeza del niño acaba golpeándose contra la pared.

Como el niño sigue sin aparecer empiezan a buscarlo todas las personas de la hacienda, llegando Ada y Olmo hasta el grupo, para ser testigos del momento en que lo encuentra su madre, y de su desconsolado llanto, acusando Attila a Olmo de ser el autor del crimen, por lo que los Camisas Negras empiezan a golpearlo ante la pasividad de Alfredo pese a que Ada le asegura que él no pudo ser ya que estaba con ella, no dejando de golpearlo hasta que aparece un hombre que se acusa a sí mismo de haber sido el asesino, y que luego, tras ser detenido niega haberlo hecho.

Ottavio recrimina a Alfredo no haberlos detenido cuando golpeaban a Olmo, acusándolo de haberse convertido en un fascista más, tras lo cual decide marcharse asegurando que no volverá nunca allí pese al ruego de Ada de que se quede.

Durante la matanza aparece el hombre que se acusó de haber acabado con el niño, que cuenta que lo dejaron libre ante la falta de pruebas, asegurándole a Olmo que decidió auto inculparse para evitar que le siguieran pegando, pues sabía que él no era el culpable, ya que vio que quien lo hizo fue uno de los Camisas Negras.

Ada lleva a Anita, la hija de Olmo a su casa para enseñarle a escribir, lo que molesta a Olmo, que no quiere que haga de madre con ella.

Ada se siente cada vez peor y empieza a beber, aunque Regina que tiene las llaves de la bodega se la cierra para hacerla sufrir, mientras continúa sus relaciones con Attila, aunque cada vez se siente más cansada de tener que esconderse para acostarse a lo que este le responde que no tendrían que ir al granero si ella quisiera ya que es ella quien tiene las llaves de la casa, y a Alfredo le faltan agallas y Ada está siempre borracha, diciéndole Regina que lo que ella quiere es tener su propia casa, a lo que Attila le responde que en breve la tendrán, pues pronto vencerá la hipoteca de los Pioppi, y no podrán pagar.

Un día Ada va a casa de Olmo para ver a Anita diciéndole a Olmo que le envidia, pues en su casa ve una familia feliz pese a la pobreza, tras ello beben juntos, siendo vistos por Alfredo.

Llegado el día de Noche Buena, Ada desaparece, encontrándole finalmente Alfredo en una taberna, ya que no puede beber en su casa, por estar las botellas bajo llave, ni en el café del centro, donde dio órdenes Alfredo de que no la sirvieran.

Ella le acusa de rodearse de asesinos, diciendo que es peor que ellos, ante lo que él la llama puta, recordándole que la vio en casa de Olmo, replicándole ella que si cree que Olmo es tan estúpido para liarse con la mujer de un fascista, ofendiéndose él, que niega serlo.

Entra entonces en el bar Neve, de la que Alfredo aun se acuerda y que les cuenta que se casó con un obrero, que un día desapareció, lamentando no haber tenido hijos.

Ada le dice entonces a Alfredo que quiere un hijo y finalmente hacen las paces.

Mientras todos van a misa, Regina y Attila se quedan observando la casa de los Pioppi, que piensa que pronto será suya.

Vistos por Ida Canta Elli, viuda de Pioppi, les invita a pasar, para, mientras ven la casa, encerrarlo en el salón, diciéndoles que si quieren salir tienen que firmarle un documento reconociendo que la casa es suya, tras lo que los insulta llamándolos concubinos, por lo que Attila le dice a Regina que deben casarse para no estar en boca de todo el pueblo.

Mientras Alfredo y Ada regresan a su casa, ven a la gente, que a la salida de misa se reúne en torno a la casa de los Pioppi, viendo al acercarse que Ida Canta Elli está muerta, clavada en la verja de la puerta de entrada a su villa.

Fuera, Attila afirma ante la gente que es un crimen sexual de algún amante al que atrajo y luego rechazó y él la violó, al comprobar que ella va sin bragas.

Ada, horrorizada, se marcha, acudiendo Alfredo a buscarla a casa de Olmo, esperando encontrarla allí, para descubrir que la mujer que está en su casa es una invitada que está pasando con ellos la Navidad porque su marido está en la cárcel.

Hablan después de mucho tiempo, y Alfredo le dice que si él no está en la cárcel como muchos de sus amigos es gracias a que siempre le paró los pies a Attila.

Alfredo recuerda los bonitos recuerdos del pasado cuando eran niños, ante lo que Olmo le recuerda que el día de su boda dejó que lo golpearan sin hacer nada.

De vuelta a su casa ve que está ya allí el coche de Ada y su ropa tirada por toda la casa, aunque cerró con llave la puerta de su habitación.

Algunos años después, Regina y Attila tienen ya su propia casa y sus hijos, llegando ya el primer tractor al pueblo, que Attila presenta como el gran logro del fascismo, vendiendo sus caballos, y junto a estos a su cuidador, Olmo, a otro terrateniente.

Anita, la hija de este, indignada al ver que el fascista ha vendido a su padre como si de un animal se tratara, empieza a lanzarle a Attila las boñigas de los caballos, siendo seguida su acción por el resto de los jornaleros.

Olmo debe huir tras ello, debiendo para ello dejar a su hija, no pudiendo ver cómo Attila y sus hombres destrozan su casa.

Alfredo decide por fin despedir a Attila como administrador, yendo a contárselo a Ada, que siempre se lo pedía, para descubrir que ella se marchó.

Ya sin ninguna cortapisa, Attila y sus hombres empiezan a maltratar a los que acusan de comunistas, con total impunidad, matando a varios, a todos los que se rebelan, aunque cada vez son más los que se atreven a proclamar sus ideas comunistas

25 de abril de 1945. Día de la liberación.

Un hombre busca gente para enfrentarse y perseguir a los fascistas antes de que se les escapen, y mientras los hombres van tras ellos las mujeres se afanan en las tareas de la siega y gritan animando a sus hombres hasta que ven cómo Attila y Regina tratan de escapar y las mujeres lo persiguen sin temer su pistola hasta detenerlos, llevándolos detenidos de vuelta a la hacienda sobre un buey.

Cuando regresan los hombres los encuentran heridos tras haber sido golpeados, llevándolos hasta las pocilgas dejándolos entre los cerdos.

Hasta la hacienda llega un grupo de personas, que bajaron de las montañas, tras perder sus casas, quemadas por los alemanes y los fascistas, que les robaron todo, siendo recibidos como hermanos, ofreciéndoles sus casas.

Attila y Regina son llevados hasta el cementerio, donde le cortan el pelo a ella, proclamando Attila todos sus crímenes antes de que acaben con él, pidiéndole a Regina que la maten también a ella, aunque no le hacen caso.

Ven entonces que está en el cementerio Olmo, al que ya creían muerto y en cuyo nombre Leonida retiene a Alfredo a la espera de la llegada de los partisanos.

Los campesinos, felices tras la caída del fascismo derriban las alambradas y proclaman la llegada del socialismo y de la comida para todos.

Leonida lleva a Alfredo ante Olmo, al que le entrega al prisionero, al que varios de sus trabajadores golpean, y que en un aparte le cuenta que Ada no regresó nunca.

Olmo propone abrir un juicio popular contra Alfredo, que, como patrono es declarado enemigo del pueblo, empezando todos a bailar en torno a una gran bandera roja formada por todas las banderas de los campesinos, que habían mantenido enterrada.

Luego uno a uno van a exponerle sus quejas por todo lo padecido a Alfredo.

Olmo acusa en su persona a todos los patronos de haber aupado a los fascistas, de los que se sirvieron para ganar más dinero, condenándolo a muerte pese a que él afirma que nunca hizo daño a nadie.

Olmo proclama que "el patrón ha muerto", aunque Berlinghieri siga vivo, aunque pide que no lo maten para que sirva de ejemplo de la muerte del patrón.

Poco después llegan los partisanos, que son recibidos como héroes, los cuales, en nombre del Comité de Liberación Nacional les piden la entrega de las armas.

Corren luego todos tras la bandera roja excepto Leonida, que llora amargamente tras haber tenido que haber entregado su arma, y Olmo, que se queda con Alfredo que les asegura que "el patrón está vivo", peleándose Olmo con él por ello.

Muchos años después, ya ancianos, Alfredo y Olmo continúan peleándose como cuando eran jóvenes, llegando hasta la vía del tren, donde Alfredo se tumba recordando aquel viejo tren en el que viajaba Olmo, y que adornado con banderas rojas pasó por encima de él que pretendía demostrarle de ese modo a su amigo que no era un cobarde.

Calificación: 4