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Nueve cartas a Berta
Nueve cartas a Berta

España (1965) *

Duración: 92 min.

Música: Carmelo Bernaola

Fotografía: Luis Enrique Torán

Guión y Dirección: Basilio Martín Patino

Intérpretes: Emilio Gutiérrez Caba (Lorenzo), Mary Carrillo (Laura), Elsa Baeza (Mary Tere), José María Resel (Benito), Nicolás D. Perchicot (Viejo profesor), Lepe (Teodoro), Miguel Palenzuela (Astudillo), Yelena Samarina (Trini), Concha Gómez Conde (Andrea), Iván Tubau (Jacques), Fernando Sánchez Polack (Padre Echarri).

Esta es la historia de un español que quiere vivir y a vivir empieza…

También Berta había nacido después de la guerra, pero fuera de su país.

Al regresar Lorenzo de Londres, donde la conoció, vio que en su ciudad todo continuaba igual.

Pero allí Lorenzo tenía a sus padres, a sus amigos y a su novia.

En su primera carta a Berta lamenta no haberse quedado unos días más en Londres aunque fuera como lavaplatos, al haber valorado en exceso el sol, la comida y los amigos, aunque señala que en el fondo tampoco acababa de creerla.

Su madre entretanto habla con los tíos del muchacho que se quejan de que no hay ido a saludarlos tras regresar del viaje.

Lorenzo reflexiona sobre la fastidiosa manía de comparar con lo de allí todas las cosas de España como si todo lo de aquí no tuviera sentido, como si solo estuviera ella.

Pero mientras reflexiona y la recuerda a ella, Lorenzo se besa con Mary Tere, su novia, que se queja de su forma de tratarla.

Y en su carta sigue diciendo que le gustaría poder abrazarla y que está contento de poder hablarle ya de todo abiertamente sin miedos y sin tabús, sin ser un hipocritilla como le llamaba ella, preguntándose si lo habrá tomado solo como una aventura o lo echa de menos de verdad o si solo le interesaba tener a alguien con quien hablar de sus cosas.

Paralelamente a estas palabras Lorenzo se besa con Mary Tere.

Poco después llega a su casa donde encuentra a su madre rezando el rosario con otras mujeres.

2. El rosario en familia

En su segunda carta le dice a Berta que tiene miedo de que cuando le conozca de verdad piense de otro modo, y por ello quiere que lo sepa todo de él y viceversa.

Recuerda que cuando lo invitó a la fiesta que dieron sus padres se comportó estúpidamente porque los amigos de su padre lo miraban como un bicho raro y le hacían preguntas malintencionadas sobre el país.

Recibe en su casa la visita de su prima Trini, deseosa de que le cuente todo lo que vivió en Londres, mientras su madre se queja de que a ellos no les cuenta nada.

Trata luego de defender a su padre, del que dice se quedó en periodista porque no pudo terminar medicina por culpa de la guerra, y aunque trabaja en un banco, por las tardes escribe en un periódico crónicas de deporte, realizando además para sí mismo una revista.

De hecho su padre logra que publiquen en el diario un escrito que hizo Lorenzo.

Le cuenta que su padre quería que estudiara una carrera en Madrid, aunque tuvo que conformarse con estudiar en Salamanca y gracias a las becas del banco y a las obtenidas por él gracias a sus buenas notas.

Pero paralelamente a los elogios que hace hacia su padre, vemos a este en reuniones de antiguos militares.

Le cuenta que su madre padece de los nervios y es muy esclava, no atreviéndose a decirle que en el campo de trabajo era mixto de hombres y mujeres.

Llegan a su casa para visitarlo el Padre Echarri, y otro profesor, echándole en cara de nuevo su madre que fuera el sacerdote a visitarlo a él en vez de al contrario.

Sale a bailar tras ello con sus amigos y con su novia bailes modernos, llegando por ello su novia tarde a la residencia en la que vive.

Por su parte su padre está preocupado al ver que su hijo llevó un libro, un ensayo sobre poetas españoles que le dedicó su autor, José Caballeira, el padre de Berta, que además le escribió el poema de Machado de "Españolito", temiendo su padre que su hijo tenga contactos con gente de izquierdas.

3 A la sombra de las piedras doradas

Lorenzo decide hacer fotos de la ciudad para enviárselas a Berta para que pueda ver cómo es en realidad su ciudad, esas calles llenas de historia y que se conservan como siglos antes, y tal como la refleja su padre en sus libros.

El domingo va a recoger a su novia a la salida de misa, habiéndose permitido él la osadía de no ir a la misma, yendo con su novia hasta el río, donde se besan entre los chopos, mientras en la carta le dice a Berta que desea hacerlo con ella.

Le dice que ha leído un ensayo de su padre sobre el siglo de oro, afirmando que existen aun muchos de aquellos lugares mencionados en el libro.

Lorenzo afirma tener la necesidad de salir de allí, pues no espera nada de un lugar que ya no le ofrece alicientes y del que no le interesa nada, y donde, lamenta, ni siquiera tiene a alguien con quien poder hablar de ella y de lo increíble de que no haya conocido su tierra.

Entretanto él recorre esas típicas calles de la ciudad, viendo su gente y sus costumbres y bebiendo.

4. La noche

Un viejo profesor llegado del extranjero da una charla en la universidad, tras lo cual salen con él a cenar, estando los alumnos muy interesarse por sus historias, observando que acude al mismo restaurante en que están ellos, su novia con sus padres, que fueron a verla a la ciudad, aunque deben simular no conocerse.

Los muchachos deben reconocer que no se han atrevido a hablar con el profesor de otras cosas, dejando que el buen hombre les hable de la suerte que tienen de poder gozar a diario de esa ciudad, lamentando estar desconectado de esa tierra de verdad.

En su carta Lorenzo lamenta que aquellos amigos de su padre de Londres no quieran creer que las cosas no están ya como las dejaron.

Habla en la carta de su padre, que le dice parece estar alerta y tratando de provocarle dejándole las pruebas de sus escritos por todas partes tratando de que él le diga algo sobre ella.

Durante el paseo nocturno, en el que el viejo profesor vuelve a ver los rincones más bonitos de la ciudad, Lorenzo le pregunta por Caballeira, afirmando el profesor conocerlo y admirar sus trabajos, y en especial su ensayo sobre "La Celestina".

Le puede contar así a Berta que el profesor recuerda que de niña ella era feílla pero muy simpática.

De regreso a su casa su padre le espera despierto y pregunta si se acuestan a esas horas los catedráticos.

5. Un domingo por la tarde

Recuerda que sus tíos, a los que él quiere y admira por su bondad le llevaban a veranear a la sierra con su tío cura, un buen hombre también.

Paralelamente sus tíos van a comer a su casa, diciéndole su tía que a su madre la tiene preocupada.

En la carta se e pregunta también cómo tardó tanto en descubrir la música y fantasea con tener una casa con biblioteca propia y con discos, donde recibir a sus amigos, aunque peor que él está su amigo Benito, que debe cambiarse continuamente de pensión

Dice que a veces piensa que no lo entiende, porque desde allí se ven las cosas de otro modo, y que ella piensa que adaptarse a ese tipo de vida es como quedarse un poco muerto, pero él a veces dice que también debe ser bonito dejarse llevar y acostumbrarse a la partidita con café y puro y a comer y beber bien y ver el partido del domingo, aunque sabe que deben aspirar a otra cosa.

Un día su padre le pregunta quién es Caballeira y él dice que es solo el padre de una chica que conoció en Londres, sin explicarle nada, aunque su padre le pide que no se mezcle en jaleos, pues no quiere ver su nombre en los periódicos.

Va tras ello a ver a Benito a su nueva pensión, contándole que en su última carta Berta le contó que han contratado a su padre en una universidad de Puerto Rico.

Lorenzo comienza a tener problemas de estómago mientras le cuenta a Benito que su padre está con la mosca detrás de la oreja pese a que pareció contento con el artículo que publicó.

Benito le manifiesta que cuando termine sus estudios hará unas oposiciones y tras ello se dedicará a vivir felizmente con Julita.

Lorenzo se siente inquieto y acaba convenciendo a su amigo para salir pese a que fuera hay tormenta y llueve fuertemente.

6. La excursión

Lorenzo acude con su prima Trini a un pueblo para ayudarle en uno de sus proyectos culturales, accediendo a ayudarle con el proyector a poner una película, aunque no acepta vestirse de tuno ni recitar una poesía de Gabriel y Galán.

Pero debido al mal tiempo se va la luz, y deben rellenar el tiempo tras la muestra de un baile regional, con las actuaciones de la tuna, haciendo además que los lugareños les hablen de sus costumbres, grabando también sus viejos romances que tratan de recopilar para un archivo.

Su prima lo invita a tomar un vino pidiéndole que quiera más a su novia, que es muy buena chica y de muy buena familia, y le dice que no juegue con ella y que deje de tontear con la otra.

Llegan poco después varias amigas de Trini y entre ellas está Mary Tere, que le explica a Lorenzo que la idea de que fuera fue de Trini, sintiendo que esta trata de manipularlos y de actuar como Celestina, lamentando la chica haberse dejado embaucar sin saber a qué hora volverán a Salamanca de donde se fue sin permiso.

Mientras los aldeanos se divierten, ellos pasean por la desolada y mísera población, siendo encontrados poco después tras una tapia donde se besaban por su prima que lo buscaba para que haga funcionar el proyector tras haber vuelto la luz.

En su carta recuerda las regañinas de su padre por llegar tarde como tantas otras veces y de vivir como un príncipe.

Mientras se acuesta recuerda su carta en que le dice a Berta que la quiere mucho, que le gustaría besarla y que siente que solo la tiene a ella.

7. Pretérito imperfecto

El padre Echarri organiza una excursión a Madrid para hacer unos ejercicios espirituales en un colegio de la congregación.

Esta circunstancia lleva a Lorenzo a reflexionar en su siguiente carta sobre la religión, excusándose por ir al viaje que dice haber hecho porque admiraba mucho al sacerdote que organizó la salida y que le ayudó mucho desde pequeño.

Lorenzo le cuenta a Berta que le gustaría hablar con Dios, pero sin retórica y de poder comunicarse a través de él con ella.

Pese a su religiosidad afirma estar extrañado de no sentir ya miedo del infierno, y le recuerda que le gustó que ella hablara de Juan XXIII y del Concilio.

Lorenzo mezcla los temas religiosos con los mundanos, y tras decirle que él es católico no solo por haber estudiado en un colegio religioso, le dice lamentar que ella no esté cerca para poder hablar, aunque solo fuera por teléfono.

Tras pasar una mala noche debido a sus dolores de estómago, debe pasar el día reflexionando y escuchando las reflexiones del padre Echarri, que reivindica la fe y las creencias sin necesidad de indagar más allá.

Pero al día siguiente, y tras coger su petate, Lorenzo se va hasta Madrid, contándole a Berta en su carta que durante sus paseos por la ciudad se hizo la ilusión de encontrársela en esa casa donde ella podría haber vivido de estar en España.

Visitó el portal donde vivió su familia, diciéndole que todo sigue igual, y sin señales de metralla y que ya no pasan tranvías, estando su piso ocupado por unas oficinas.

Y tras un paseo por la Gran Vía fue a ver a Jacques, un joven al que conoció en Londres y al que le daba clases de español, que ahora tiene un estudio en Madrid.

Jacques le dice que por un momento se creyó que Berta iba a cazarlo, presentándole poco después a Simone, una muchacha rusa amiga suya con la que luego salen para reunirse con un nutrido grupo de amigos que tienen charlas intelectuales de café, donde plantean cuestiones políticas, de las que él se siente distanciado.

Esa noche no regresa al colegio, durmiendo en el apartamento donde duerme su amigo con Simone y adonde algo más tarde va también a dormir una azafata con la que comparte el apartamento.

En su carta le dice estar muy feliz de haber podido hablar con Jacques de ella, de la que, le dijo, que era una de las chicas más inteligentes que conocía.

Dice también que saber que los tenía al lado no pudo evitar envidiar su suerte, sintiendo a la vez una sensación molesta como de pecado.

Regresa tras ello a Madrid con Jacques y Simone en el coche de este, viendo sus padres desde la ventana indignados su llegada, diciéndole su madre que no piensa salir a saludar a esa gente, recriminándole la tontería que ha hecho y llamándolo ridículo, no pudiendo entender cómo pudo escaparse de la residencia sin avisar para luego volver haciéndose el existencialista, sin pensar en lo preocupados que estarían, no permitiéndole que acoja a sus amigos en su casa ni siquiera por una noche.

8. Tiempo de silencio

Su padre le echa en cara que fueron todos los becados al banco a felicitar al director, excepto él, que fice que está harto de tener que estar agradeciendo siempre todo y quejándose de que le roban sus cartas.

Se queja además de que debe vivir callado, y si dice algo, es que tiene la cabeza a pájaros.

En la universidad se encuentra con un profesor ante el que se excusa diciéndole que no pudo presentarse a su parcial porque se sentía mal, encontrándolo el profesor realmente mal, por lo que lo invita a una copa.

Finalmente debe acabar en la cama donde su madre le da leche y le pone la bolsa de agua caliente, y diciéndole que irán al médico.

Su tío le dice que lo que debe hacer es olvidarse de los libros y que él se lo llevará por ahí a vivir sin preocupaciones unos días mientras su madre se siente preocupada tanto por la enfermedad como por lo que pasa por su cabeza, lamentando que no vaya a misa o que por su actitud pueda perder la beca.

Él dice que ha cambiado y que está haciendo que su padre esté muy preocupado.

9. Un mundo feliz

Para tratar de recuperarse, Lorenzo va a pasar la Semana Santa al pueblo, con su tío el sacerdote, viéndole este y la tía que vive con él muy desmejorado, echándole en cara los ancianos que ya no le guste ir allí en los veranos.

Durante su estancia ayuda a su tío, acudiendo a todos los actos de la Semana Santa, como el domingo de Ramos, y varias procesiones.

Lorenzo en su última carta se pregunta por qué tiene que arreglar él el mundo mientras reflexiona sobre si vale la pena seguir enviándole cartas sin saber si a ella le interesan.

Ve también cómo las chicas del pueblo van tras él con la curiosidad de ver al señorito de la capital.

Aprovecha también para repicar las campanas como cuando era pequeño, aunque su tío le regaña, por no saber el toque que procede en cada momento y alarmar a la gente del pueblo.

En la carta presume de que duerme en la misma cama que le dan al obispo cuando va por allí.

Pasea además con su tío por el campo, mientras este le habla de la paz de esa vida en el campo, que piensa que les vendría muy bien a quienes desgobiernan el mundo, pues por cualquier parte del mundo a la que se mire se ven problemas y conflictos.

Luego por la noche acude al baile del pueblo y saca a algunas chicas del pueblo a bailar, aunque sin gran entusiasmo.

Acabadas esas mini vacaciones y de regreso a Salamanca, va a esperarlo su padre al coche de línea, mostrándose feliz de ver que ha mejorado su salud tras su paso por el pueblo, gracias según él al aire de la sierra.

Tras haber pasado fuera la Semana Santa regresa al mundo de siempre, donde nada ha cambiado.

Y mientras caminan de regreso a casa su padre le habla y le aconseja y él le cuenta a Berta que su padre le ha dicho que se dedique a su carrera y que trabaje honestamente, estando bien tener ideales y ser exigente.

Su padre le dice que él mismo se dará cuenta con el tiempo de que todo es distinto, pues con los años verá las cosas con más tranquilidad, diciéndole que no puede seguir haciéndole la jugarreta a su novia.

Cuando llegan a casa se encuentra con la sorpresa de que sus padres ha comprado una televisión, asegurando en su carta a Berta que parece que por esa compra se sienten más modernos y avanzados.

Su madre y su abuela parecen también contentas de ver que está mejor que cuando se marchó, aunque su madre incide en que espera que también haya cambiado en cuanto a su salud interior, que es la que a ella le preocupa más.

Él le pregunta a Berta qué piensa ella que es ser bueno,

Va a visitar a Ricardo Astudillo, un profesor del que le hablaron en Madrid los amigos de Jacques en Madrid, viendo que tiene un cartel de un homenaje a Machado, aunque el hombre no está y no puede llegar a verlo.

Y tras hacer las paces con sus padres se ve con su novia. De nuevo van a la orilla del río, donde ella se muestra contenta porque lo ve mejor, diciéndole que parece otro, estando Lorenzo de hecho más contento y sonriendo con ella, pareciendo que con la llegada de la primavera lo viera todo de otro color tras haberse dejado llevar hacia esa vida cómoda y sin necesidades de lucha de su capital provinciana.

Calificación: 3