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Nymphomaniac. Volumen 2
Nymphomaniac. Volumen 2

Nymphomaniac. Vol. 2 (2013) * Dinamarca / Francia / Alemania / Bélgica

Duración: 123 min.

Música: Varios

Fotografía: Manuel Alberto Claro

Guión y Dirección: Lars von Trier

Intérpretes: Charlotte Gainsbourg (Joe), Stellan Skarsgård (Seligman), Stacy Martin (Joe adolescente), Shia LaBeouf (Jérôme), Jamie Bell (K), Willem Dafoe (L), Mia Goth (P), Michaël Pas (Jerôme Mayor), Christian Slater (padre de Joe).

Joe está en la cama desnuda y Jerôme a su lado parece nervioso, debiendo lidiar con sus anteriores amantes que llaman a su puerta o al teléfono, que acaba desenchufando sin cogerlo.

Poco después él y Joe hacen el amor.

Joe hace en ese momento un parón en su historia para retroceder en ella hasta un momento en que con 12 años, y durante una excursión escolar a la montaña se tumbó en la hierba y estaba mirando hacia el sol cuando de pronto comienza a temblar sintiéndose de pronto como flotando en el aire en una especie de éxtasis, viendo a cada uno de sus lados a dos mujeres, una de ellas con un velo y otra con un niño.

Seligman concluye ante esa historia que tuvo un orgasmo espontáneo, y frente a la idea que tiene ella de que vio a la virgen, Seligman le explica que, por lo que le explica, las visiones que tuvo representaban a la ninfómana Mesalina y a la gran puta de Babilonia, habiendo vivido una forma blasfema de la transfiguración de Cristo.

Entonces a ella le diagnosticaron una epilepsia.

Y tras la rememoración de aquel orgasmo espontáneo, llegó al momento actual, en que ha perdido la capacidad de tener orgasmos.

Joe hacía el amor con Jerôme y se masturbaba por la noche, desesperándose por no poder tener orgasmos.

Seligman le explica que lo suyo con los orgasmos era equiparable a la paradoja de Zenón y la tortuga, y que como Aquiles perseguía a la tortuga, ella perseguía el orgasmo, no siendo capaz de alcanzarlo.

Joe le dice que de todas sus historias esta es la más aburrida y duda siquiera que la esté escuchando, y que no se la toma en serio, preguntándose qué clase de persona es si no se excita con sus historias, llegando a la conclusión de que no ha debido estar nunca con una mujer y por eso no se identifica con sus historias

Seligman reconoce que nunca ha estado con una mujer ni con un hombre, y lo lamenta por curiosidad, no por lascivia, pues se considera asexual, y aunque experimentó con la masturbación de adolescente, no le llenaba.

Le dice que ha leído mucho sobre ello y por ello es el mejor juez para su historia, pues no tiene ideas preconcebidas ya que es virgen.

Buscando algo que pueda inspirar su siguiente historia se fija en un icono ruso que él tiene en la pared que representa a la virgen.

Él le explica las diferencias entre las iglesias cristianas, la católica y la ortodoxa, explicándole que la iglesia occidental es la iglesia del sufrimiento y la del este la de la satisfacción, y que en un viaje desde Roma hacia el este, se va aleando de la culpa hacia la alegría.

Ella le dice que su viaje es justamente al contrario, de la alegría al sufrimiento.

Capitulo 6: La iglesia oriental y la iglesia occidental (El pato silencioso)

Joe le cuenta que, a pesar del problema que tenía, se divertía viviendo con Jerôme, recordando un día en que mientras comían en un restaurante él la retó a meterse una cuchara en la vagina a cambio de un billete de 5 dólares, levantándose ella hasta el lugar en que están los cubiertos, donde coge 6 cucharas más, metiéndose una a una, ante el asombro de los clientes que se dan cuenta.

Y cuando se levantan para marcharse, y mientras el camarero le ayuda a ponerse el abrigo comienzan a caer cucharas, cayendo otras mientras camina hacia la salida, llamando la atención de todo el restaurante el tintineo en el suelo.

Y fue durante dicho periodo, cuando, debido a un descuido con los anticonceptivos quedó embarazada, decidiendo que prefería que su hijo naciera mediante una cesárea para no dañar su sexo, que esperaba que volviera a funcionar, y recuerda que mientras le sacaban al bebé ella vio su imagen deformada en la lámpara y le pareció que el bebé - al que puso el nombre de Marcel, por Marte, el dios de la guerra - reía, lo que para Seligman era otro presagio satánico.

Ella jugaba con el niño, aunque le parecía que su amor no era correspondido por este.

A pesar del problema siguió exigiéndole sexo a Jerôme cada día hasta que este se lo toma como algo demasiado laborioso y un día le dice que se ha dado cuenta de que no la satisface como le gustaría, por lo que necesita ayuda, sugiriendo que debe volver a tener amantes para saciar su apetito sexual.

Y para regresar a su actividad sexual, decide vestirse como una inocente profesora de piano, deteniendo su coche en una calle de un solo sentido y abriendo el capó para luego quitar los capuchones de las bujías, provocando que los conductores / hombres detengan sus coches y traten de ayudarla, tratando de conectar, sin éxito, las bujías.

Cuando regresa a su casa Jerôme le pregunta si fue un buen día, y cuando ella le dice que sí. Él da un golpe en la pared, enfadado.

Tras contar esa historia Joe da un salto delante de tres años, para explicar la historia de "Los hombres tenebrosos".

Recuerda que entonces pasaba mucho tiempo sola con Marcel ya que Jerôme salía a menudo de viaje

Pensó que necesitaba un cambio, ya que seguía sin alcanzar el orgasmo, y se le ocurrió que quizá le iría mejor si no había un intercambio oral, por lo que contrata a un intérprete para que hable con un hombre africano que hay debajo, en su parque y le diga que desea acostarse con él.

El hombre negro le apunta la dirección de un hotel barato y una hora.

Joe acude al hotel, al que el negro llega con otro hombre de su raza, desnudándose ambos y comenzando a discutir en su idioma sobre quién la penetrará por el ano y quién lo hará por la vagina y una vez que parece que se han puesto de acuerdo continúan discutiendo, por lo que decide no seguir adelante, habiéndose enterado más tarde de que lo que se llama un sándwich supone que ambos hombres pueden sentir sus miembros a través del tejido.

Reconoce que los "negros", expresión que Seligman considera políticamente incorrecta, lo que ella le rebate, no la satisficieron, pero le mostraron que había otro mundo para explorar.

Joe está en una sala de espera junto con varias mujeres más, cuando sale un hombre que al verla le pregunta quiénes, respondiéndole ella que sabe lo que hace y que desea ser una de las mujeres a las que ve, respondiéndole el hombre que no le interesa.

Pero cuando entra con otra de las mujeres ella sigue allí sentada, viendo cómo aparece otra mujer con las piernas llenas de cicatrices

Cuando vuelve a salir el hombre le dice a la mujer de las cicatrices que no han pasado aun 5 días desde su última visita y que debe marcharse.

Se dirige tras ello de nuevo a Joe a la que le dice que no cree que aquello sea para ella, pese a lo cual continúa esperando cuando entra con la siguiente.

Le cuenta a Seligman que lo que había oído de ese hombre, K, es que era violento y, aunque la violencia era contraria a su forma de pensar ella decidió probar aquello como un último intento de intentar alcanzar un orgasmo.

K vuelve a la sala de espera y le dice a Joe que está empezando a irritarlo, tras lo que le pide que se siente relajada mientras él la abofetea, haciéndolo violentamente.

Tras ello le dice las reglas por las que se regirán sus relaciones:

1ª: No la follará.

2ª: No hay palabras de seguridad, por lo que si decide entrar él seguirá adelante y no se detendrá, pidiéndole que lleve una fusta.

3ª: Tendrá que esperar en la sala de espera entre las 2 y las 6 de la madrugada sin saber cuándo la llamará, ante lo que ella le dice que su niñera no es de fiar y que no puede estar a esas horas, sin que él la escuche.

Ella le dice su nombre, diciéndole K que allí se llamará Fido.

El día indicado, y tras haber dejado a Marcel con su canguro, entra con K, que le pide que se recline sobre un sillón, donde la ata por las muñecas y pies, y una banda sobre la espalda para que no pueda moverse, tras lo que le sube la falda, pidiéndole que en adelante acuda sin bragas, y cuando parece que la va a golpear ya con la fusta introduce sus dedos en la vagina de ella observando que está poco lubricada, diciéndole que deben esperar hasta el jueves.

El jueves le falla la niñera, pese a lo cual se marcha mientras Marcel duerme.

La ata, esta vez a un sofá, y para que tenga más alto su trasero le pone debajo una gruesa guía telefónica, tras lo que introduce sus dedos en la vagina y observa que ha lubricado más.

K le cuenta que la golpeará 12 veces y antes de que lo haga ella grita, diciéndole él que lo normal es que grite cuando la golpee, aunque cuando la golpea ella no grita pese al dolor.

Joe le dice que ese tipo de tendencias deben proceder de una perversión infantil que no se manifestó antes, diciéndole Seligman que según Freud un niño es sexualmente polimórfico, para manifestar su extrañeza por el hecho de que lubricara, pues la lubricación es una respuesta del cuerpo que se prepara para la penetración, siendo extraño que lubricara pese a que sabía que no iba a producirse tal penetración.

Joe descubrió que los nudos con los que K la ató se apretaban más si ella se resistía, relajándose si lo hacía ella.

Seligman le habla sobre el nudo Prusik, inventado por un escalador cuando un compañero y él sufrieron un accidente mientras escalaban, muriendo su compañero y quedando él suspendido en el abismo sin posibilidad de subir, por lo que utilizó los cordones de sus zapatos con los que consiguió subir al librar la tensión de la cuerda con ellos.

Joe continúa su historia, contando que K se colocó un guante lleno de monedas con el que golpeó su cara fuertemente.

Luego le enseña a hacer lo que llama nudos de sangre, debiendo ella hacer nueve cuerdas con varios nudos cada una.

Cuando regresa a su casa Marcel duerme y ella respira aliviada.

Durante su siguiente salida sin embargo Marcel se despierta debido al ruido que hace la máquina quitanieves y salta de la cuna, dirigiéndose hacia la puerta del balcón, que está abierta.

Poco después llega Jerôme que lo encuentra allí, asustándose al verlo.

Llega Navida y Jerôme habla con Joe y le pregunta si le sigue gustando y le pregunta si piensa marcharse y dejarlos solos en Noche Buena, asegurándole que si se va esa no volverá a verlos ni a Marcel ni a él en toda su vida.

Poco después Joe llora frente a la cuna de su hijo, preguntándole Jerôme si eso es una despedida, y le pide que reconozca que no es una madre, despertando tras ello a Marcel para que le diga adiós a su madre, que pese a su dolor acaba marchándose para acudir a su sesión con K.

Y cuando llega a esta entra sin esperar a que este la llame pese a que está con otra mujer, a la que hace salir, tras lo que se abalanza sobre K y lo besa, retirándose él, diciéndole que debería mandarla a casa, pero por el contrario, le da un regalo de Navidad, que descubre es un flagelo hecho con las nueve cuerdas con nudos de sangre.

Ella se tumba como siempre y le dice a K que quiere su polla, aunque este le dice que como regalo de fiesta le dará 40 latigazos, el castigo romano máximo, viendo cómo se le van abriendo heridas t se le rompe incluso el vestido, consiguiendo ella estimular su clítoris contra la guía telefónica sobre la que se apoya, teniendo un orgasmo, recordando aquel momento en que comenzó a levitar siendo niña.

Cuando llegó a su casa, efectivamente Jerôme y su hijo se habían marchado, contándole que nunca más volvió a ver a su hijo al que Jerôme dio en adopción algún tiempo después, contando que ella ingresa 1.000 libras cada mes de forma anónima en una cuenta a su nombre, un acto de "penitencia" según Seligman.

Este le pregunta por el pato silencioso, que Joe había olvidado, contándole que una noche K le dijo que iba a introducirla en el concepto del pato silencioso, chupando sus dedos, colocados como formando un pato para sombras chinescas, para luego introducirlos en su ano.

Joe se fija en el espejo de Seligman que le lleva a otro recuerdo y a un nuevo capítulo.

Capitulo 7: El espejo

Unos años después, y mientras se masturba en el servicio, Joe observa que sangra su clítoris, comentando que comenzó a tener hemorragias frecuentes debido a los abusos físicos cometidos.

En el trabajo es recibida por su jefa que le dice que hay rumores de que ve a hombres todas las tardes y que pasa la noche con ellos, y aunque sospecha que lo que dicen es por miedo a que no pueda mantenerse lejos de sus hombres, le dice que tiene que hacer una terapia, pues le pasará lo mismo en cada empleo.

Joe acude en efecto a terapia, donde le dicen que no debe decir que es ninfómana, sino adicta al sexo.

Le piden que corte cualquier estímulo que le haga pensar en el sexo, que en su caso son demasiadas cosas, por lo que corta el teléfono, tira sus libros, pinta los espejos, tapa las ventanas para no ver a los hombres y cubre todos los muebles

Tras más de tres semanas sin haber tenido relaciones sexuales, ella está dispuesta a hablar ante el grupo, habiendo escrito lo que va a decir, aunque cuando comienza a hacerlo mira un espejo cercano y se ve a sí misma con 10 años, por lo que decide romper su discurso para improvisar otro en el que les va diciendo a cada una de las personas del grupo de terapia que no son todos iguales, diciéndole a la psicóloga que ella está actuando como una policía de la moral que quiere eliminar la obscenidad de Joe de la faz de la tierra, afirmando que ella es ninfómana, antes de marcharse.

De pronto Joe le habla de cómo quemaba un coche ante una mansión, preguntándole Seligman qué significa lo del coche, disculpándose ella pues tiene prisa por pasar al último capítulo.

Comienza a mirar a su alrededor sin poder encontrar ningún elemento que utilizar para el último capítulo de la historia.

Seligman le sugiere que cambie el punto de vista, pues las cosas vistas desde otro ángulo pueden tener un significado diferente.

Joe se fija en una mancha de té que le recuerda a una pistola, igual que la Walther PPK de las películas de James Bond.

Capitulo 8: La pistola

Joe vuelve a hablarle del coche en llamas.

Ella habla de un tipo, L, un hombre que dice que conocía desde hacía tiempo y al que acudió tratando de encontrar un trabajo, reconociendo ante él que nunca se le dio muy bien el trabajo de oficina, diciéndole él que conoce sus aptitudes y sugiriéndole que monte su propia empresa, aprovechando que conoce a una gran variedad de hombres.

L se dedica al cobro de morosos y necesita subcontratistas que le ayuden a extorsionar a los deudores.

Joe reconoce que sus habilidades con el sexo le fueron muy prácticas, incluidas las del masoquismo, en su nuevo negocio, que realiza con la ayuda de varios ayudantes que causaban destrozos con sus barras de hierro, si bien los destrozos materiales no siempre funcionaban.

Se recuerda a sí misma contándole historias sobre sus desviaciones sexuales a un hombre sin que este, atado a una silla y con su sexo al aire, reaccione, hasta que mientras habla, y por casualidad le habla de un parque y de niños, comprobando que el hombre comienza a excitarse mientras ella le habla de los pequeños, comprometiéndose el hombre a pagar mientras le pide que no siga adelante, llorando avergonzado, haciéndole ella entonces una felación porque, cuenta, que le dio pena.

Seligman no entiende que sintiera piedad por un hombre así, contándole ella que había descubierto su secreto, pues el hombre había vivido durante toda su vida reprimiendo su deseo sin llevarlo a cabo y sin hacer daño a nadie, y le dice a Seligman que él piensa en el 5% de los pedófilos que hacen daño a los niños y no en el 95% restante que no realiza sus fantasías y que merecen una medalla.

El negocio de Joe es próspero, pero tras varios años, L le dice que debe empezar a pensar, dada su edad, en una sucesora que pueda ayudarle y heredar su negocio.

Le señala que lo mejor es buscar a familias que estén en prisión, debiendo acercarse a su hija, de la que debe hacerse amiga y educarla hasta conseguir que le sea fiel.

Joe no parece animada con la idea, pero L le da ya el nombre de una candidata. Una niña de 15 años cuya madre murió de sobredosis y cuyo padre está encarcelado, habiendo pasado ella dos años en un centro de menores.

La muchacha juega al baloncesto porque se siente sola y lo hace muy mal, teniendo la oreja derecha un poco deforme, lo que le hace aislarse más, por lo que le será más fácil empatizar con ella.

Joe va a ver uno de sus partidos de baloncesto pese a que no termina de gustarle el plan, pero conocer a P la llenó de pena y emoción y comenzó a ir cada fin de semana a ver sus partidos y a animarla, consiguiendo ganarse su amistad.

La introducirá tras ello en el mundo de los árboles como su padre la introdujo a ella, haciéndole conocer y respetar la naturaleza, y animándole a encontrar su árbol alma, como lo encontró su padre en un roble, y a pesar de que ella aun no lo logró.

Y cuando P llegó a la mayoría de edad se la llevó a vivir con ella.

Para entonces Joe había interrumpido su actividad sexual, teniendo sus partes muy dañadas tras los abusos cometidos, impidiéndole las llagas incluso la masturbación, empezando a notar los síntomas de la abstinencia, como fiebre y calambres.

Y P insiste entonces en ver su vagina, que tanto dolor la causa, a lo que Joe se resiste, debido a sus llagas, haciéndole ver que ella también tiene deformidades, tras lo que P se desnuda, preguntándole a Joe si le gusta su cuerpo, respondiéndole esta que es hermosa, tras lo cual se acuesta junto a ella y empieza a besar su cuerpo y sus pezones mientras Joe llora.

Un día, durante su paseo por el parque, P le preguntó por qué comenzó a ver sus partidos de baloncesto, debiendo reconocer que no fue por casualidad, y explicándole que lo hizo porque su trabajo no es legal y su jefe le sugirió que fuera a verla por si podía instruirla para realizar en el futuro su trabajo, respondiéndole la muchacha que no lo ve mal y le dice que si no lo hubiera hecho no se habrían conocido, mostrándole su deseo de comenzar a trabajar con ella.

Poco después P comienza en efecto a trabajar con Joe y con sus secuaces, aunque se muestra demasiado violenta, llegando a amenazar a uno de los morosos con una pistola que Joe debe quitarle, explicándole que ellos no usan armas, alegando la joven que no pensaba dispararle y que consiguieron que el moroso pagara gracias a ella.

Pese a todo Joe le exige que le entregue el arma, diciéndole P que es mala.

Continúan trabajando, hasta que por una extraña coincidencia se encuentran en su camino como moroso a Jerôme, decidiendo al ver el cartel con su nombre en la puerta pedirle a P que haga el trabajo ella sola, aunque pidiéndole que no rompa nada y que evite que haya heridos, imponiéndole a su objetivo un plan de pagos razonable.

Mientras sus compañeros entran en la casa ella observa a Jerôme desde lejos, reconociendo haber tenido un sentimiento demasiado fuerte.

Joe los dejó trabajando y regresó a su casa por el callejón donde Seligman la encontró, contándole P cuando llega a casa que el trabajo fue muy bien y que le propuso un plan de pagos razonable tal como ella le pidió, concediéndole 6 pagos, y cada vez que P iba a realizar un cobro ella estaba inquieta hasta su vuelta.

La noche del último plazo ella no le dio un beso al despedirla como hacía siempre, lo que Joe achacó a un despiste, aunque según pasaban las horas y veía que no volvía comenzño a ponerse nerviosa, decidiendo finalmente ir hasta la casa de Jerôme, encontrando a sus secuaces dormidos en el coche, viendo a través de la ventana a P desnuda mientras va al frigorífico, viendo cómo aparece Jerôme poco después que la besa y se la lleva con él.

Joe decide entonces huir hacia el sur, dejando atrás todo, sintiendo un fuerte impulso que le lleva a trepar hacia la cima de una colina, desde la que descubre un roble totalmente torcido, comprendiendo que ha descubierto su árbol alma gemela.

Joe le cuenta a Seligman que para un ser humano es natural matar.

Regresa a la ciudad y recoge en su apartamento la pistola que le quitó a P, yendo hasta la casa de Jerôme por el callejón, donde escucha las risas de este y de P acercándose, y observando poco después a la pareja que, borrachos, se besan apasionadamente, y cuando se acerca Jerôme, Joe saca su arma y aprieta el gatillo, sin que ocurra nada entonces ni cuando vuelve a intentarlo más tarde.

Jerôme se da cuenta entonces de que ha tratado de matarlo y le propina un fuerte puñetazo ante los atónitos ojos de P, que ve cómo cae al suelo, comenzando a darle patadas y puñetazos mientras permanece tumbada.

Va luego hacia P, que se quita los pantalones, penetrándola Jerôme delante de ella igual que la primera vez que se acostaron, tres veces por delante, y 5 por detrás.

Tras ello P se acerca a ella y se pone a horcajadas orinando sobre ella antes de marcharse con Jerôme, sin que la escuche cuando le dice: "Llena todos mis agujeros".

Así la encontró Seligman, al que le dice que no sabe por qué no funcionó la pistola, ya que se aseguró de que tuviera balas, haciéndole ver Seligman que no la amartilló

Seligman se asoma a la ventana y observa que ya es de día gracias al único rayo de sol que llega hasta el callejón al que da su ventana, recordando que al principio Joe dijo que su único pecado fue pedirle algo más a la puesta de sol, lo que Seligman entiende como una exigencia de sus derechos, pidiéndole más a la vida, lo cual, según ella no lo disculpa todo.

Pero Seligman le hace ver que si hubiera sido un hombre el que hubiera vivido como ella o hubiera dejado a su hijo, su historia hubiera sido banal, y en su caso ella tuvo que cargar con el peso de la culpa por ser mujer, lo que le llevó a reaccionar violentamente, casi como un hombre, quemando coches o extorsionando personas.

Ella le dice que quiso matar un ser humano y él le dice que no lo hizo, alegando ella que por un hecho fortuito, a lo que Seligman le dice que aparentemente quería matar, pero que su subconsciente le hizo olvidar que debía accionar el percutor pese a que ella conoce muy bien las películas de James Bond.

Joe le dice que está muy cansada y Seligman le dice que se acueste, reconociendo ella que contar su historia la ha calmado y ve su adicción con mucha claridad y ha decidido, que aunque solo una persona entre un millón es asexual, esa será su meta, preguntándole Seligman si merecerá la pena vivir esa vida, a lo que ella le responde que es su única manera de sobrevivir, igual que lo hace el árbol deforme en la colina, contra todo pronóstico, controlando su testarudez y su agresividad masculina, tras lo que le da las gracias a su nuevo y quizá primer amigo, alegrándose de no haber llegado a disparar y de no haberse convertido en una asesina.

Seligman sale para dejarla dormir, asegurándole que no dejará que nada se lo impida.

Pero algunas horas después Seligman entra en la habitación sin pantalones y tocándose el pene, dispuesto a acostarse con ella, que se despierta y al verlo le dice, "¡no!", tras lo que saca la pistola.

Él le dice: "Si has follado con miles de hombres" antes de escucharse un disparo, oyéndose luego a Joe saliendo de prisa de la casa tras vestirse.

Calificación: 2