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Ocho sentencias de muerte

Kind hearts and coronet (1949) * Gran Bretaña

          También conocida como:
                    - "Los ocho sentenciados" (Argentina)

Duración: 106 min.

Música: Ernest Irving

Fotografía: Douglas Slocombe

Guion: Robert Hamer, John Dighton (Novela: Roy Horniman)

Dirección: Robert Hamer

Intérpretes: Dennis Price (Louis Mazzini), Alec Guinness (Ethelred, Reverendo Henry, General Rufus, Almirante Horatio, Lord Ascoyne D'Ascoyne, Joven D'Ascoyne, Henry D'Ascoyne, Agatha D'Ascoyne), Joan Greenwood (Sibella), Valerie Hobson (Edith), Audrey Fildes (Madre), John Penrose (Lionel).

Un hombre cargado con una bolsa se acerca por la noche a las puertas de la prisión a la que llama, viendo fuera, mientras espera, un bando donde se anuncia que Louis D'Ascoyne Mazzini, Duque de Chalfont será ejecutado al día siguiente a las 8 de la madrugada al haber sido hallado culpable de asesinato.

Le cuenta al guardia que le atiende que ha estado muy ocupado, pues el lunes anterior estuvo en Manchester por un envenenador y esa mañana con un granjero, aunque el del día siguiente es algo especial, lo cual, le dice, le hace ilusión, pues ni siquiera su maestro tuvo el privilegio de ahorcar a un duque, lo cual considera un honor y un gran cierre para toda una vida en el ministerio público, antes de retirarse.

El director de la prisión le explica luego que es un hombre muy tranquilo, señalando el verdugo que hay algunos que suelen ser muy histéricos y desconsiderados, indicándole el director que al día siguiente debe dirigirse a él llamándole alteza.

Cuando el verdugo el director entra en la celda del condenado, al que le pregunta qué desea desayunar, indicando este que solo un café, unas tostadas y unas uvas, reconociendo ante él que le asombra su serenidad, diciéndole que quien sabe que morirá su mente adquiere una gran placidez, tras lo que se despiden hasta la mañana siguiente, aprovechando el Duque sus últimas horas para escribir sus memorias.

Recuerda que su madre se casó con un italiano que murió de un ataque al corazón nada más verle, por lo que lo poco que sabe de él, se lo contó su madre.

Ella le dijo que era un hombre muy guapo en el que se fijó al escucharle cantar.

Su madre era hija del séptimo Duque de Chalfont y se fugó con el cantante para vivir en el South West, en vez de en el castillo medieval de su familia.

Eran pobres, pero vivieron juntos 5 años antes de que su padre muriera y dejara a su madre más pobre aún, por lo que trató, sin éxito, de reconciliarse con su familia, aunque ni le contestaron, por lo que se vio obligada a aceptar un huésped y efectuar las tareas más humillantes.

Su madre le explicaba su árbol genealógico, contándole que Carlos II le dio el título de primer duque de Chalfont al coronel Henry D'Ascoyne por los servicios prestados durante su exilio y por los servicios prestados por la Duquesa durante su restauración, obtuvo el privilegio de transmisión tanto por vía masculina como femenina, por lo que era posible que a través de su madre pudiera heredar el ducado.

Su madre ahorró para llevarle al mejor colegio posible.

De su niñez recuerda cuando en clase le enseñaron el sexto mandamiento, no matarás, y a sus únicos amigos, Graham y Sibella, hijos de un doctor, y su amor por ella.

Cuando creció, su madre le decía que tenían que pensar en su futuro, señalando él que no creía que le fuera difícil encontrar un empleo, indicándole ella que no trabajaría como empleado, sino que debería estudiar una carrera para el cuerpo diplomático, algo que no pudo hacer, planteándose ejercer alguna profesión como otra gente de buenas familias, preguntándose a quién conocen que pudiera ayudarlos.

Su madre intentó contactar de nuevo con su familia, escribiendo a Lord D'Ascoyne para pedirle un puesto en su banco, aunque le contestan que no son conscientes de que exista en su familia su hijo, algo que ella no entiende, pues, indica, podría llegar algún día a heredar el ducado, algo que él cree imposible, ya que delante de él hay al menos 12 personas, indicando su madre que cosas más raras ocurrieron.

Finalmente asume que tendrá que trabajar en vez de estudiar una carrera, aunque su madre sembró en su cabeza unas inquietudes que con el tiempo le llevaron a realizar la tentativa criminal más grande del siglo.

El señor Perkins, su huésped, vigilante en una mercería, le encontró trabajo en esta tienda, donde trabajó durante dos años.

Un día a su madre le atropelló un tranvía y cayó herida de muerte, siendo su último deseo que la enterraran en el panteón familiar, por lo que le escribió al Duque, que respondió negativamente, jurando entonces vengar el mal que su familia le causó.

Aunque solo fue un arrebato juvenil, tuvo la fantasía de eliminar a los 12 durante una cena familiar, pudiendo ser restituido a la primogenitura y llegó a pensar cómo lo haría.

Pero entonces tenía problemas más urgentes, pues la pequeña renta que su madre percibía se fue con ella y él solo ganaba 25 chelines a la semana, por lo que el padre de Sibella, el Doctor Hallward le invitó a vivir con ellos, pudiendo ver así a esta cada día.

Ascendió a vendedor en la tienda y se fue a otra tienda nueva y grande en el West End, donde pasó a cobrar dos libras semanales.

Cada día miraba en la prensa cómo iba su herencia, y a veces encontraba buenas noticias en la sección de esquelas, aunque otras veces la sección de nacimientos las traía malas, siendo el nacimiento de los gemelos del duque, un acontecimiento terrible, aunque una epidemia de tifus restituyó el status quo y le trajo además el premio de la muerte de la duquesa.

Un día, tras una fiesta en casa de los Hallward decidió pedirle a Sibella que se casara con él, a lo que ella le respondió que por supuesto que no.

A pesar de ello la besó y ella le devolvió el beso, pese a lo cual insistió en que no quería casarse con él porque acababa de comprometerse con Lionel Holland.

Louis le dice que no puede hacerlo, pues Lionel es un zoquete y no es un caballero, recordándole ella que él es un caballero, pero le limpiaba las botas a su huésped, algo que él considera cruel, recordándole que su madre era pobre.

Ella le dice que Lionel será rico, y él le dice que él podría ser duque, algo que ella considera imposible, diciéndole que cuando lo sea vaya a verla y a enseñarle su corona y se sentirá como una tonta, insistiendo en casarse con Lionel.

En ese momento sus sueños tomaron cuerpo, pues esos familiares le privaron de todo lo que consideraba que le correspondía.

Comenzó por visitar el castillo el día de apertura de sus puertas al público, debiendo pagar para ello 6 peniques. Una experiencia humillante para él, aunque tuvo la oportunidad de ver incluso al duque.

Para entonces había 8 personas entre el ducado y él, algo que pensaba iba a ser imposible, hasta que un día el destino llegó a sus puertas con la visita a su tienda del hijo de Lord D'Ascoyne, el banquero, escuchando mientras los atendía a él y a una joven con la que iba que había reservado una habitación discreta en un hotel.

Al ver que los escuchaba, D'Ascoyne le pidió que no se inmiscuyera en su conversación y siguiera con el paquete, pidiéndole Louis que no le tocara con su bastón, haciendo que su pariente llamara a su jefe por entrometido y lo despidieran.

Decidió eliminarlo aprovechando que sabía dónde podría encontrarlo, para lo que gastó el sueldo cobrado por su despido en un traje nuevo para no llamar la atención en el hotel Cruickshanks, donde sabía que estaría ese fin de semana.

Allí localizó a su enemigo, sentándose cerca de ellos, seguro de que no le recordarían.

Se acercó incluso para pedirle fósforos y le preguntó si no se habrían visto antes, señalando que no lo cree, preguntándole Louis si no se verían en Montecarlo el año anterior, indicando que estuvo, pero un año antes, indicando que entonces se vieron allí y les pide que le acompañen, aunque lo rechazan diciéndole que están cansados.

Esperó a que bajaran toda la mañana y la tarde siguiente, pero no aparecieron en todo el día, ni a la mañana siguiente.

Ya sabía que la providencia no le iba a brindar una nueva oportunidad cuando por fin volvieron a aparecer, acabando ya el fin de semana y les siguió por el lago en su barca, viendo cómo se ocultaban en un lugar escondido para besuquearse.

Vio entonces un cartel advirtiendo de los peligros de navegar por ese tramo sin amarrar la barca cuando se abren las compuertas.

Se lanzó al agua y buceó hasta el otro lado de la barca y cuando vio la bandera roja desató la barca de su familiar y la empujó hasta verla caer tras abrirse las compuertas.

Solo lamentó lo de la muchacha y decidió posponer su siguiente golpe hasta tener los nervios calmados.

Decidió escribir una carta al padre del fallecido para darle el pésame, con la esperanza de que sintiera cierto arrepentimiento por lo hecho a su madre, y recordando además que acababa de quedar un puesto vacante en su banco, consiguiendo, en efecto, que mordiera el anzuelo y le recibiera.

Le recuerda que años atrás recibió una comunicación de su difunta madre.

Cuando poco después llegó a su casa, Sibella le contó que Lionel y ella habían fijado para dos meses más tarde la fecha de su boda.

Él, por su parte, le cuenta que su pariente le ofreció un puesto en su banco con un sueldo de 5 libras semanales y posibilidad de ascenso, algo que a ella le alegra, recordando el día que se besaron y ella le despreció tras gastarle una broma sobre su parentesco con los D'Ascoyne, pidiéndole que la bese de nuevo para demostrarle que la ha perdonado, a lo que Louis le responde que entonces se portó como un canalla, diciéndole ella que le gusta cuando se comporta como un canalla, tras lo que vuelven a besarse y bailan.

El siguiente candidato con el que acabar era el joven Henry D'Ascoyne, un recién casado de 24 años aficionado a la fotografía.

Sabiéndolo, Louis se compró de segunda mano un equipo de fotografía y estudió dicha temática, para acercarse a él, al que recuerda que vio por vez primera al revés.

Al verle con su cámara, haciendo fotos a la salida de la Taberna, el joven Henry se acercó a él diciéndole que era fotógrafo aficionado y le propuso que fuera a su casa para mostrarle su cámara.

Henry era un joven agradable que le mostró su cuarto oscuro, construido en un establo y le mostró unas placas, aprovechando para preguntarle si enviaba fotografías a los periódicos, pidiéndole finalmente que destruyera la última placa que hizo, en la que le fotografió a él saliendo de la taberna, pues es algo que a su esposa no le agrada.

Le invita a beber, viendo que esconde el licor en botellas de líquido revelador.

Henry le presentó a su esposa, Edith, que le pareció una mujer encantadora y muy bella que le invitó a un Jerez, aunque dejándole claro que ellos condenaban la bebida.

Louis le contó a la mujer que había tomado varias fotografías en la taberna, pues le pareció un lugar curioso, señalando ella que el propietario es un antiguo cochero suyo al que ha recriminado en varias ocasiones por la mala influencia que el lugar ejerce entre sus paisanos, y que se gana la vida explotando las debilidades de su prójimo.

Louis decidió atacarla en su propio terreno, le confesó que su madre perteneció a la familia de su marido hasta que se casó con un plebeyo, por lo que, le dice, entendería que al saberlo ella quisiera echarlo, aunque lo que consigue es ganarse su confianza, pues ella asegura que las ideas de su familia son muy anticuadas, y el comprobar la honradez de él la reafirma en su equivocación.

Consiguió incluso que le invitaran a pasar el siguiente fin de semana con ellos.

Cuando regresó a casa de los Hallward, la encontró muy alborotada por los preparativos de la boda de Sibella del día siguiente.

Antes de acostarse fue al cuarto de los niños a recoger un libro, encontrando allí a Sibella pensativa, recordando los buenos momentos que pasaron allí de niños, asegurando que no quiere casarse con Lionel, pues es muy aburrido.

Él le recuerda que le pidió que se casara con él, recordando ella que eso la hace todavía más infeliz, y vuelven a besarse.

Pese a todo se celebró la boda y felicitó a los novios, regocijándose en su interior por haber podido vengarse

El sábado siguiente llegó a casa de Henry antes del amanecer. Sustituyó el combustible de la lámpara del cuarto oscuro de Henry por parafina, tras lo que se fue al campo para dormir algunas horas más mientras esperaba el momento adecuado para llegar a casa.

El día se le hizo pesado, pues Henry tomaba foto tras foto de él y de su esposa disparando el arco y las flechas, pero no parecía tener prisa en visitar el cuarto oscuro.

Cuando finalmente señaló que iba a revelar las fotos, Louis se excusó diciendo que tenía una ligera jaqueca, por lo que se fue con Edith a tomar el té.

Mientras lo hacían, Edith le contó que fue ella quien convenció a su marido de ir a vivir al campo, allí se interesó por la fotografía, que se convirtió en la mayor preocupación de su vida y teme que le absorba y deje de lado las demás ocupaciones, preguntándole él si no ha mostrado interés por la política, no escuchando mientras habla una pequeña explosión. Tampoco ve el humo que sale por detrás hasta que se percata de que Louis mira algo tras ella, diciéndole aquel que deben estar quemando hojas al otro lado del jardín, algo que ella señala es imposible en esa época, dándose cuenta de que el humo procede del lugar donde Henry tiene su cuarto oscuro, por lo que sale corriendo, aunque llegó, por supuesto, tarde.

Acompañó al entierro a la viuda, pudiendo ver así a los D'Ascoyne, algo que consideraba interesante, aunque algo deprimente, al ver todo lo que le quedaba aún, pues estaba el duque, su jefe, el almirante Horatio, el general Rufus y Lady Agatha, y en el púlpito el reverendo Henry D'Ascoyne, que apenas sabía hablar, habiendo enviado la familia al tonto a la iglesia, como era tradición.

Edith le dijo que le sería difícil seguir viviendo en aquella casa tan grande, pero que seguiría haciéndolo para acallar los rumores de que Henry bebía a escondidas y que esa fue la causa de su accidente.

Pensó entonces que él debía llevar el título de duque y Edith el de duquesa y decidió comenzar a cortejarla cuando hubiera pasado un tiempo prudente.

Entretanto su jefe había observado su progreso, viendo que hizo bien en contratarle y en vista de ello, y para que pudiera tener un modo de vida digno de su apellido decidió nombrarle su secretario particular con un sueldo de 500 Libras anuales, el puesto que tenía previsto que ocupara su hijo.

Dejó la casa de los Hallward, pues además ya no estaba Sibella, a la que además le era más conveniente visitarle en su nueva casa en Saint James, algo que ella hace en efecto pese a que dice que es peligroso que una mujer casada visite a un soltero, diciéndole él que es un sitio muy discreto.

Ella insiste en que se casó con el hombre más aburrido, y se aburrió incluso en su luna de miel en Italia, pues su marido la arrastraba a ver monumentos y no la dejaba ir de compras que es lo único que a ella le interesaba.

Se besan nuevamente, aunque ella le dice que debe irse, pues Lionel cena en casa esa noche, aunque al día siguiente cenará con unos comerciantes y ella lo hará allí.

Louis decide que su siguiente objetivo será el párroco, por lo que se disfraza de obispo de las colonias que disfruta en sus vacaciones admirando las lápidas en bronce de las iglesias rurales y se acerca a visitarlo.

Al descubrirlo en su iglesia, el párroco le mostró el panteón familiar y consiguió que lo invitara a cenar, aprovechando un momento en que el párroco fue a buscar un puro para echar veneno en la botella de la bebida del pastor, el cual murió cuando este se sirvió su siguiente copa.

El médico certificó un ataque al corazón debido al exceso de Oporto, cuyos restos tiró.

De vuelta decidió eliminar metódicamente a los restantes miembros de la familia.

Lady Agatha era pionera en la lucha por el sufragio femenino, lo que le llevaba a romper escaparates entre otras cosas, por lo que a menudo acababa en prisión.

Louis decidió unirse al movimiento, que tenía previsto lanzar una lluvia de folletos sobre la población de Whitehall y el West End desde un globo aerostático.

Y mientras Lady Agatha surcaba el cielo, él, desde una ventana lanzó una flecha contra el globo y acabó con su vida.

Más difícil era el Almirante Horatio, pues casi nunca ponía pie en tierra, hasta que se vio envuelto en un desastre naval y dio una orden inconveniente que acabó haciendo chocar su barco con otro, aunque todos se salvaron excepto el almirante que insistió en hundirse con su barco.

Para el general metió dentro de un bote de caviar una potente bomba casera y envió por correo dicho caviar al general.

Este les recuerda a todos que solía comer mucho caviar en Crimea, y cuando hunde su cuchillo en el bote que le llegó, este explotó, acabando con su vida.

Lord Ascoyne D'Ascoyne, el banquero, le comenta a Louis que parece pesar una maldición sobre su familia, estando por tanto él muy cerca de ser uno de los herederos al ducado, ya que el duque no tiene herederos y él es un anciano, por lo que está convencido de que acabará siendo duque, señalando que debe dejar su puesto para convertirse en socio.

Como tal, una de sus primeras tareas fue atender a Lionel, que quería renovar su crédito, al haber ido mal el mercado, señalándole que no les gustan las transacciones arriesgadas, y pese a que le hubiera gustado denegárselo, le interesaba que pudiera seguir manteniendo a Sibella.

Llega por fin el momento que había estado esperando. Acude a consolar a Edith y le pide su mano, aunque ella, que le dice sentirse emocionada y agradecida, le dice no ha considerado la posibilidad de volver a casarse, pidiéndole él disculpas por su precipitación, aunque rogándole que tenga en cuenta su propuesta.

Encontró a Sibella al regresar a casa, diciéndole esta que ha estado reflexionando sobre el momento en que él le recomendó no casarse y ella se rio de la posibilidad de que él llegase a ser Duque, algo que ahora ve muy cerca.

Louis le dice que es mejor su situación, pues pueden verse cuando deseen, aunque ella se queja de que le ve menos de lo que le gustaría.

Le cuenta que fue a visitar a la viuda de su primo, diciéndole Sibella que todos sus primos mueren y no le extrañaría que los matase él, cayéndosele la copa al escucharla.

Él le dice entonces en tono de broma que los asesinó a todos.

Sibella le pide que le diga lo que opina de ella y le dice que el conjunto de imperfecciones de su rostro es lo que un hombre siempre sueña. Que es vanidosa, egoísta, cruel, mentirosa y adorable, un discurso que a ella le encanta y tras el que se besan.

Su jefe sufrió una embolia y el doctor le dio un mes de vida, celebrando que, ya que fue tan amable con él, no tuviera que matarle.

Su único obstáculo era por tanto el Duque y no podía planear nada, ya que el este estaba siempre entre los muros de su castillo.

De pronto un día recibe la visita en su casa de Edith, y le pregunta si es discreto visitarlo, diciéndole que es mejor que su visita sea corta para evitar murmuraciones.

Ella le dice que estuvo pensando en lo que le gustaría a Henry, que en una ocasión le dijo que había demasiada bondad en ella como para que la tuviera un solo hombre, y le dice que ha reconsiderado su oferta y decidido aceptarla con mucho gusto, aunque no deberían anunciarlo hasta tres meses más tarde.

Louis le propone notificar de ello cuanto antes al cabeza de familia, el Duque.

Poco después de marcharse la duquesa llega Sibella que le pregunta si ha empezado a utilizar esencia de rosas, y le dice que se cruzó con una mujer muy bella en la escalera, confirmándole él que era la señora D'Ascoyne.

Recibe una nota de Lionel diciendo que quiere hablar con él en su casa por un asunto delicado.

Lo encontró borracho y le pidió ayuda, pues está en bancarrota y su única salida es acabar con su vida y que su mujer reciba algo del seguro, suplicándoselo de rodillas.

Pero luego le dice que es un canalla egoísta.

Entonces Louis le recuerda que cuando era un dependiente y él rico, se reían de él, y ahora que cambiaron las tornas va gimoteando a pedirle un favor.

Lionel le dice que es solo un dependiente y que por muy altanero que sea su madre se casó con un vulgar cantante italiano, ante lo que Louis lo abofetea, aunque se niega a pelearse con un borracho estúpido.

Lionel coge entonces un cuchillo y se lanza sobre él, aunque lo esquiva fácilmente.

Volvió a su casa para intentar descansar, pero al poco apareció Sibella diciéndole que tenía una mala noticia. Le contó que Lionel se había enterado de que ella iba allí y había iniciado los trámites del divorcio, por lo que la única solución sería que ellos se casaran, ya que Lionel la seguía queriendo y aceptaría ser culpable en el juicio.

Louis le dice que es astuta, pero no lo suficiente. Sabe que la está engañando, pues estuvo con Lionel solo una hora antes e ignoraba su relación, por lo que declina su oferta, pues tiene otros planes, contándole que va a casarse con la señora D'Ascoyne.

Ella le dice que es despreciable, asegurando él que son iguales.

Finalmente su maniobra dio resultado y recibió una invitación para Edith y para él para pasar unos días en el castillo del Duque.

Tras una fiesta informal, por la tarde el Duque le mostró el castillo y vio el terreno que pronto sería suyo, aunque al acabar el día seguía sin ningún plan respecto de su anfitrión.

Pero este le habló de una de las invitadas. Una muchacha muy gorda y sin conversación interesante, diciéndole el Duque que, aunque carecía de gracia alguna, provenía de una familia muy paridora y que solía dar muchos hijos, pensando en casarse pronto. Tendrán una boda íntima, e irán de viaje de novios a la Riviera y luego a Italia, pues no desea imponer su presencia a sus amistades.

La noticia le causó a Louis gran contrariedad, temiendo que sus planes se frustraran.

Fue a cazar con él al día siguiente, viendo que ponían trampas para pillar a los cazadores furtivos, viendo cómo un criado azota a uno que cayó en la trampa, tras lo que ordena a su criado que coloque las trampas en otro lugar.

Al retirarse, y pretextando haber perdido la pitillera regresa, viendo dónde ha colocado el sirviente la trampa.

Y cuando esa tarde, y después de la comida salieron de nuevo de caza.

Louis afirmó entonces haber escuchado ruidos, haciendo pensar al Duque que debía tratarse de otro furtivo, por lo que lo llevó hacia el lugar en que vio que el sirviente colocaba la trampa, haciéndolo caer en ella.

Vio entonces el Duque cómo en vez de ayudarle a soltarse cogió la escopeta y le dijo que él será su sexta víctima D'Ascoyne y que lo hacía para vengar a su madre, a la que la familia condenó a la pobreza y esclavitud por haberse casado por amor, viendo cómo la enterraban de cualquier manera, siendo tan exiliada en muerte como en vida por haberle negado él mismo un entierro en el panteón familiar, y va a vengarla del orgullo intolerable de los D'Ascoyne.

Le dispara tras ello, simulando que cayó en la trampa y la escopeta se le disparó sola, tras lo que sale corriendo para pedir ayuda.

Pasó así a ocupar su puesto en el panteón, seguido por su jefe, que murió de un infarto al enterarse de que había heredado el ducado, convirtiéndose él en el décimo Duque De Chalfont, habiendo además el noveno Duque, su jefe, redactado su testamento antes de expirar nombrándolo heredero universal.

Varios días más tarde hubo una ceremonia para darle la bienvenida al castillo junto con la señora D'Ascoyne, su futura esposa.

Entre los asistentes, un hombre de Scotland Yard, detective inspector Burgoyne del departamento de investigación criminal que le acusa de un asesinato que él no cometió, el de Lionel Holland, pensando de inmediato que se trataba de una divertida ironía.

Fue juzgado, dados sus privilegios, por la cámara de los Lores al ser par de Inglaterra.

En el juicio, Sibella declaró que el día anterior a la muerte de su marido, este le dijo que iba a tratar con Louis, del que había descubierto era amante, el tema de su divorcio.

Cuenta que encontró el cadáver de su marido en su despacho tumbado en el suelo con una daga clavada en el pecho, no habiendo amenazado con suicidarse nunca.

Louis interrogó a Sibella personalmente, preguntándole si no es consciente de que había una vida que dependía de su declaración, tras lo que le dice que el contenido de la conversación de la noche anterior fue una pura invención y afirma que su marido se suicidó, asegurando ella que no encontró ningún mensaje, acusándola él de mentir para vengarse.

También declara Edith, con la que se casó el día anterior por la mañana en prisión para tratar esta de demostrar su inocencia ante todos pese a su debilidad con esa mujer.

El declara que el fallecido era cliente de su banco, y le llamó para hablar de negocios.

Pero la acusación señala que mató a Lionel debido a que en su proceso de divorcio habría surgido el tema por el que se producía y hubiera arruinado su matrimonio, por lo que el veredicto acaba siendo de culpabilidad.

El día anterior a su ejecución recibió la visita Sibella, a la que le dijo que su visita era inadecuada y de mal gusto, diciendo ella que no podía aguantar la mirada que le hizo al salir del juicio, diciendo él que no podía mostrarle otra ya que le había puesto la soga al cuello.

Ella le dice que quizá queda alguna esperanza, como la aparición de la nota de suicidio que ella negó que existiera, pero que podría aparecer esa misma noche, y le dice lo curioso que es que si en vez de casarse con Edith se hubiese casado con ella, Lionel seguiría vivo y él no habría sido condenado a la horca.

Le dice también que han muerto muchos D'Ascoyne, respondiéndole él que son una familia con poca salud, diciéndole ella que entonces Edith quizá no tenga una salud tan frágil, a no ser que ocurra un milagro, como el de que aparezca el escrito de Lionel, comprendiendo que Sibella le estaba pidiendo que acabara con Edith para salvarle.

Antes de acabar su visita, ella le pregunta qué ha decidido, respondiendo él que todo el asunto puede acabar con la pobre Edith, dándole así a entender que acabará con ella.

Luego decidiría con cuál de las dos acababa.

Pero pasada la noche, vio que nada ocurría pese a que solo faltaban unos minutos para las 8 y se dio cuenta de que Sibella había ido solo a provocarle y darle esperanzas.

Llegada la hora, entra el gobernador de la prisión con el verdugo, que Louis le pide le presente, leyéndole este antes de ir al patíbulo unos versos escritos por él.

Y mientras los lee, un carcelero llega corriendo y habla con el gobernador que a continuación le explica a Louis que llamaron del Ministerio del Interior, diciendo que había aparecido una nota del señor Holland anunciando su intención de suicidarse, por lo que lo que queda suspendida su ejecución.

Louis muestra su satisfacción de que el carcelero le leyera su poema, pues gracias a ello no llegó a ahorcarle.

Fuera les espera una gran multitud que le vitorea, esperándole Edith en su carroza, mientras al lado contrario está Sibella con otra.

Un periodista se acerca a él para decirle dice que le envían de su revista con la intención de pedirle que les permitan publicar sus memorias.

Solo entonces se da cuenta de que ha dejado su escrito contando sus crímenes dentro y una expresión de preocupación se dibuja en su rostro.

Calificación: 4