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Perdición
Perdición

Double indemnity (1944) * USA

          También conocida como:
                    - "Pacto de sangre" (Argentina, Perú)
                    - "Doble indemnización" (Chile)

Duración: 107 min.

Música: Miklós Rózsa

Fotografía: John F. Seitz

Guión: Billy Wilder, Raymond Chandler (N.: James M. Cain)

Dirección: Billy Wilder

Intérpretes: Fred MacMurray (Walter Neff), Barbara Stanwyck (Phyllis Dietrichson), Edward G. Robinson (Barton Keyes), Porter Hall (Mr. Jackson), Jean Heather (Lola), Tom Powers (Mr. Dietrichson), Byron Barr (Nino Zachetti), Richard Gaines (Edward S. Norton, Jr.), Fortunio Bonanova (Sam Garlopis), John Philliber (Joe Peters).

Un coche avanza a toda velocidad de madrugada por Los Angeles estando a punto de provocar varios accidentes hasta llegar a un edificio de oficinas, acompañando el ascensorista a su ocupante, Walter Neff, hasta el piso donde están las oficinas de la empresa Seguros Pacific, observando mientras suben que está en muy mal estado.

A esas horas están solo los empleados de la limpieza, dirigiéndose al despacho donde, tras encender un cigarrillo se dispone a grabar una nota interna en el dictáfono para su compañero Barton Keyes, jefe de siniestros de la compañía.

Tras señalar la fecha: Los Angeles, 16 de julio de 1938, señala que va a hacer una confesión, señalándole a Keyes que se cree el mejor jefe de siniestros que va a hablarle del asunto Dietrichson, el expediente por accidente con doble indemnización.

Le señala que tal como él había dicho no se trataba de un accidente ni de un suicidio, sino un asesinato, aunque se equivocó de asesino, pues el asesino fue él mismo, Walter Neff, de 35 años y soltero, reconociendo que lo mató por dinero y por una mujer, no consiguiendo ni el dinero ni a la mujer.

Comienza tras ello a recordar los hechos desde el principio, cuando a finales del mes de mayo fue a Glendale para la firma de la póliza de unos camiones y a la vuelta paró en casa de Dietrichson, que debía firmar la renovación de la póliza de sus automóviles, encontrándose con que este no se encontraba en su casa, siendo recibido por la esposa de este, cubierta solo por una toalla, pues le dice estaba tomando baños de sol y por la cual se quedó prendado de inmediato.

Le informa de que su esposo tiene que renovar el seguro de los automóviles.

Mientras ella se viste, Walter se fija en las fotos de Dietrichson y de su hija Lola, fruto de su primer matrimonio.

Luego, y mientras la mujer baja la escalera Walter se fija en sus piernas y en especial en la pulsera que lleva en su tobillo izquierdo.

Le explica luego que la póliza de los automóviles de su marido venció el día 15 del mes y que debe renovarlas, aunque ella le explica que su marido está siempre demasiado ocupado con sus negocios petrolíferos en Long Beach.

La mujer le pregunta si además de autos se dedica a otro tipo de seguros, como los de accidentes, diciéndole él que sí.

Walter le pregunta qué pone en la pulsera, diciendo ella que su nombre, Phyllis, la cual lo cita para el día siguiente a las 8'30, asegurándole que estará su marido, aunque Walter le dice que no tiene ya ningún deseo de verlo, preguntándole si estará también ella, que le dice que va demasiado deprisa y debe frenar.

Neff recuerda que salió muy contento. Fuera olían las flores, asegurando que no sabía que el asesinato oliera a madreselva.

Piensa que él, Keyes, se hubiera dado cuenta en cuanto ella mencionó lo del asunto del seguro de accidentes de lo que le esperaba, pero él no se percató.

De regreso a la oficina acude a ver a Keyes, que le dicen lo estuvo buscando toda la tarde y al que encuentra interrogando a un cliente de la compañía al que se le quemó el camión, y al que Keyes se niega a pagar asegurando estar seguro de que ha cometido un fraude, pues así se lo dice su enanito, algo en su interior que hace que se le haga un nudo en el estómago cada vez que detecta una reclamación falsa.

Le explica que envió una grúa a coger su camión y consiguió encontrar los restos de virutas que roció con petróleo para que el camión ardiera, por lo que le pide que ya que ha sido descubierto firme la retirada de su reclamación, consiguiéndolo.

De regreso a su despacho, Neff encuentra un recado de la señora Dietrichson, citándolo para el jueves a las 15'30 en vez de al día siguiente, y aunque tenía previsto un viaje a Santa Mónica para ese día, lo aplaza todo al no poder dejar de pensar en esa mujer.

Acude el jueves a la hora fijada a casa de los Dietrichson, aunque ella se excusa diciendo que no está su marido como esperaba, siendo además el día libre de su asistenta.

Ella le pregunta entonces qué comisión obtiene de sus seguros, diciéndole él que un 20%, asegurándole ella que podría proporcionarle algún beneficio pues está preocupada por su marido, ya que trabaja con las perforadoras y teme que le ocurra algo, por lo que le pregunta qué tipo de póliza de accidentes le convendría, explicándole él que una que le cubra en caso de enfermedad y suponga una importante indemnización en caso de muerte, ofreciéndose Walter a hablar con él aunque Phyllis le advierte que será reacio a hacerlo pues solo le gusta el béisbol y a veces se pasan días sin hablarse mientras ella hace punto, ante lo que Walter le asegura que si se cansa puede asegurarle que con él no hará punto.

Ella le pregunta si podría ella hacer un seguro para su marido sin tener que molestarle, pagando ella la prima sin que él se enterara, pues es muy supersticioso y no le agradaría.

Es entonces cuando comprende sus pretensiones y se despide de ella, asegurándole que no conseguirá librarse de su marido y cobrar la indemnización, llamándolo ella canalla haciéndose la ofendida.

Inquieto, desde allí se fue a tomar una cerveza y luego a jugar a los bolos en vez de regresar a la oficina, fumando de vuelta en su casa mientras pasea inquieto, no extrañándose cuando a las 8 sonó el timbre de su puerta en la que aparece, tal como esperaba, Phyllis, que le dice que ha ido a llevarle su sombrero que dejó olvidado, aunque no lleva nada, pues Walter lo llevaba puesto cuando se fue de allí.

Le pregunta cómo supo dónde vivía, diciéndole ella que viene en la guía telefónica, contándole que su marido está en Long Beach y regresará tarde, diciéndole lamentar que esa tarde se llevara una impresión equivocada, asegurándole que ella solo desea que sea amable con ella como el día que se conocieron, diciendo él que no puede serlo, pues ha ocurrido algo, afirmando ella que en efecto, entre ellos.

Le dice tras ello que quizá fuera mejor no haber ido, diciéndole él lo mismo, besándose entonces apasionadamente, asegurándole él que está loco por ella.

Le cuenta mientras le sirve un whisky que conoce varios casos de maridos asesinados y cuyas viudas no lograron cobrar y fueron además condenadas.

Ella se lamenta y le dice que no sabe lo que es tener que sentarse con él y sonreírles a él y a su hija, a la que quiere más que a ella, negándose a concederle el divorcio.

Phyllis le cuenta que fue la enfermera de la señora Dietrichson durante mucho tiempo, y cuando esta murió, su marido se quedó muy abatido, sintiendo ella compasión por él con el que se casó, aunque ahora, le cuenta, es malo con ella, y le forma un escándalo cada vez que se compra algo y no la deja ir a ningún sitio y hasta de su seguro de vida tiene como beneficiaria a su hija, asegurando que pese a ello nunca pensó en matarlo, ni siquiera cuando se emborracha y le pega, aunque, termina él, a veces sueña que se muere y que es por accidente diciéndole él que si eso ocurriera acabaría ahorcada.

Pero aun sabiendo eso él sigue pensando en el asunto, como el crupier que maneja la ruleta y acaba sabiendo cada trampa que pueden hacer los clientes y piensa que él mismo podría hacerlo, y de pronto alguien se lo pone en bandeja.

Le dice entonces que le ayudará y no la ahorcarán, pues él sabe cómo podrán hacerlo sin cometer fallos ni errores.

Antes de que se marche le pide que lo llame al día siguiente pero no desde su casa, pues todo debe ser perfecto.

Un par de noches más tarde regresó a casa de los Dietrichson. Le había dicho que les convenía que hubiera un testigo cuando hablaran de la propuesta del seguro y con ellos está Lola, la hija del marido, que los escucha distraída cuando Walter le habla a su padre de la necesidad de hacerse un seguro, aunque Dietrichson asegura estar muy cansado, por lo que le dice que firmarán el seguro de los coches y de lo demás hablarán otro día.

Y cuando van a hacerlo Lola les dice que se tiene que marchar, pues ha quedado con una amiga, despidiéndose antes de que su padre firme la póliza de los coches y lo que él cree una copia para el agente de seguros.

Cuando el hombre se retira Phyllis sale a despedir a Walter y hablan un momento del asunto, contándole ella que su marido irá a Palo Alto en un mes, pidiéndole Walter que lo convenza para que vaya en tren, ya que lo tiene todo previsto para que su muerte ocurra en un tren, pues hay una cláusula de doble indemnización para aquellos casos de accidentes que casi nunca ocurren y con las que las compañías de seguros tratan de atraer clientes, y si muere en un tren le pagan 100.000 en vez de 50.000 dólares.

Cuando Walter llega a su coche encuentra dentro a Lola esperándole, pidiéndole que la lleve a la ciudad, contándole por el camino que en su casa se siente mal, pues su padre no la entiende y Phyllis la odia, confesándole que les mintió al decidir marcharse, pues no va a ver a una amiga, sino a un amigo, Nino Zachetti.

Cuando lo deja con él, ve cómo Zachetti se muestra desagradable con él pese a que la chica le dijo que era un amigo y que la llevó hasta allí.

Desde ese momento Walter y Phyllis se ven en un supermercado en Los Feliz, adonde ella acude cada mañana a las 11 y donde tratan de pasar desapercibidos.

En su siguiente encuentro él le cuenta que tiene ya la póliza de accidentes y el cheque que le dio su marido y con el que creía que le pagaba el seguro de los coches, pidiéndole que guarde la póliza en la caja fuerte junto con el resto de papeles.

Phyllis le cuenta entonces que su marido no va a realizar el viaje porque tiene una pierna escayolada debido a un accidente, por lo que deberán esperar a su curación.

Pasaron tras ello una semana sin verse hasta que el 15 de junio Keyes fue a visitar a Walter a su despacho al mediodía para felicitarlo por ser nuevamente el mejor vendedor, preguntándole si le interesa un aumento de 50 dólares, pues necesita un ayudante, aunque Walter le asegura que no le gusta el trabajo de oficina.

Y mientras hablan, Walter recibe una llamada de Phyllis para contarle que su marido se va esa noche en el tren.

Walter se prepara a conciencia para evitar que nada falle. Hace por ello que alguien esté al tanto de sus movimientos, dejándose su agenda en la oficina.

Luego llevó el coche al garaje donde encargó a Charlie que se lo lavara diciéndole que no iba a salir esa noche.

Luego, y ya desde su casa llamó a la oficina para preguntar algo de su agenda, haciendo que constara así su llamada como conferencia.

Vestido como Dietrichson sale sin ser visto y va andando hasta la casa de este para que nadie pudiera verlo en el autobús.

Recuerda que olía de nuevo a madreselvas, ahora más fuerte por ser de noche cuando se coló en el garaje de Dietrichson.

Diez minutos después llegó ella para sacar el coche en el que él estaba ya escondido y en el que se sube Dietrichson que al rato de salir observa que ella se ha equivocado de dirección y ha entrado por una calle que no lleva a la estación, dando tras ellos los tres pitidos con que quedó que avisaría a Walter, que desde detrás acaba con él.

Llegados a la estación, será Walter quien salga cojeando del coche con la pierna vendada y con las muletas, dándole a Phyllis las últimas instrucciones antes de subirse al tren, donde pide que le hagan la cama mientras él sale a fumar a la plataforma.

Pero al llegar se topa con un imprevisto. En la plataforma hay otro viajero fumando y además con ganas de cháchara, que se presenta como Jackson, de Oregón, debiendo decir él que se le olvidó la pitillera, y rechazando el tabaco que le ofrece el otro pasajero, que se ofrece a buscársela en su departamento, aprovechando su salida para tirarse del tren que en ese momento va muy lento, observando las luces del coche de Phyllis cerca.

Tras arrastrar el cuerpo hasta la vía regresan felices por el resultado de su actuación hacia el coche, que comprueban no arranca, provocando el miedo en Walter que intenta arrancarlo él, consiguiéndolo tras varias intentonas.

Durante el regreso repasaron lo que debía ella declarar en el juzgado y a la compañía de seguros, y aunque temía que ella se viniera abajo, la vio muy serena, debiendo ser ella la que le reclame el beso de despedida.

Para las 11 Walter estaba de nuevo en su casa sin que lo hubiera visto nadie y tras cambiarse de ropa y comprobar que no lo había llamado nadie, bajó al garaje para que lo viera Charlie al que le dice que va a comer algo en el bar, y, aunque todo había salido bien, de repente empezó a pensar que todo iba a salir mal, asegurando que no oía sus propios pasos, que eran los de un hombre muerto.

Al día siguiente se publicó la noticia en los periódicos y se empezó a hablar del asunto en la oficina, estando muy nervioso a la espera de la reacción de Keyes, que le dice que la autopsia les indica que no había fallos del corazón ni enfermedad. Solo un golpe en la cabeza, opinando la policía que debió trabarse con las muletas y se cayó del tren.

Norton, el presidente de la compañía los llama a él y a Keyes, contando este que habló con Jackson, de Oregón, el último hombre que habló con Dietrichson en la plataforma, que le contó que lo envió a su departamento a buscar tabaco.

Sobre la póliza, la secretaria de Dietrichson asegura que ignoraba su existencia, y que la hija dice que sí escuchó a Neff hablando del asunto con su padre, afirmando Neff que le costó convencerlo porque al principio su mujer se oponía.

Norton dice estar seguro de que no fue un accidente, aunque Keyes dice que no tiene ninguno de sus presentimientos.

Recibe tras ello a la viuda en su despacho con ellos dos como testigos.

Norton acepta que ella ignoraba que se firmó el seguro, pues no lo hicieron en su casa, sino en la plataforma petrolífera (donde Dietrichson le pagó el seguro del coche) y no pudieron abrir aun su caja fuerte. Pero le asegura que no cree que fuera un accidente, sospechando que fue un suicidio ya que cree que su esposo suscribió la póliza en secreto porque no quería que su familia sospechara lo que pensaba hacer, indicando todo que quería suicidarse, ya que se fue solo al viaje y recorrió todo el tren para ir hasta la plataforma, librándose además de Jackson.

Phyllis se siente indignada cuando Norton le dice que podrían ir a los tribunales, aunque el hombre le dice que no necesariamente lo harán, sugiriendo un arreglo, indignándose ella de que quiera regatear con ella en esos momentos sobre algo que ella ignoraba que le correspondía, asegurándole que no le agradan ni sus insinuaciones ni sus métodos, tras lo que se marcha furiosa.

Keyes le dice entonces a su jefe que su conclusión es absurda, pues nadie en su sano juicio intentaría suicidarse lanzándose desde un tren que va a 20 kilómetros por hora.

Walter sale feliz de la reunión pues era a Keyes a quien más miedo tenía y este parecía estar de su parte, por lo que pasó esa noche más tranquilo, estando convencido de que cobrarían los 100.000 dólares, diciéndole a Phyllis cuando lo llama desde la tienda de abajo para subir a su casa que estuvo perfecta.

Pero mientras la espera llaman al timbre y aparece Keyes, que le asegura que es todo muy extraño, no explicándose por qué Dietrichson no pidió ninguna indemnización pese a tener la pierna rota, asegurándole que algo huele mal en ese caso. Y si no reclamó pudo ser porque no supiera que no tenía póliza, algo que rechaza, pues sabe que Walter se la entregó personalmente, o que alguien lo preparó, pues es casi imposible que dos semanas después de firmar una póliza por 100.000 por muerte en un tren muriera en un tren.

Cuando llega Phyllis escucha tras la puerta a Keyes diciendo estar seguro de que la beneficiaria tuvo algo que ver, asegurándole que le gustaría hacerla hablar.

Phyllis debe esconderse tras la puerta cuando sale Keyes, y una vez a solas Walter le dice que deben dejar de verse durante un tiempo, quejándose ella de que lo hicieron todo para poder estar juntos y ahora a él no parece importarle que no puedan verse.

Un día, al llegar a la oficina encuentra a Lola esperándole, contándole la joven que tiene la sensación de que algo va mal y que es la misma sensación que tuvo cuando murió su madre en el Lago de la Flecha seis años antes en un refugio que tenían allí.

Era invierno entonces y su madre estaba enferma con una fuerte pulmonía, encargándose una enfermera de cuidarla, descubriendo ella una noche todas las ventanas del cuarto de su madre abiertas y las mantas en el suelo, muriendo su madre dos días después.

Le dice que la enfermera era Phyllis, y su padre no escuchó su historia entonces porque era una niña y acabó casándose con ella. Aceptó la situación y llegó a creerse que lo que vivió no debió ser tan grave hasta que murió también su padre.

Walter le dice que su padre se cayó del tren, asegurando la muchacha que dos días antes de que eso ocurriera sorprendió a Phyllis probándose un sombrero y un velo negro y con la misma mirada que cuando murió su madre, por lo que está convencida de que tuvo algo que ver en la muerte, asegurando que si van a juicio lo contará todo.

Walter le pregunta si le ha contado eso a alguien más, diciéndole ella que no se lo ha contado ni siquiera a Zachetti, con el que regañó, no viviendo ya con su madrastra, pues alquiló un apartamento en la ciudad.

Walter comprende que la muchacha se siente muy sola y la lleva a cenar a un restaurante y al día siguiente a la playa a pasear, viendo cómo se relajaba, aunque él no podía hablar con Phyllis, a la que Keyes vigilaba y temía que hubiera intervenido sus líneas.

Un día Keyes lo convocó en su despacho, comprobando con temor Walter que en su puerta estaba Jackson, el hombre de Oregón con el que coincidió en el tren, contándole Keyes que está seguro de que lo de Dietrichson fue un crimen preparado de una forma casi perfecta.

Afirma que Dietrichson no llegó ni siquiera a subir al tren, pues cree que tirarlo del tren con la esperanza de que se matara a 25 por hora era arriesgado, y lo más lógico es pensar que lo mataron antes y lo lanzaron después a la vía, describiendo el crimen tal como sucedió realmente, afirmando que al ser de noche nadie se fijó en Dietrichson, sino en sus muletas.

Hace pasar tras ello a Jackson y le pregunta si estudió ya las fotografías de Dietrichson que le mostró, asegurando el hombre que las fotografías no se corresponden con el hombre que vio en el tren, pues aunque no lo vio bien del todo ya que el hombre procuraba mantenerse de espaldas si comprobó que era más joven.

Mientras Keyes arregla el pago a Jackson este se fija mejor en Neff y le empieza a preguntar dónde puede haberlo visto, aunque sin relacionarlo con el tren.

Cuando se marcha, Keyes afirma que tarde o temprano el crimen quedará al descubierto, pues hay dos personas implicadas, Phyllis y otro hombre, que tarde o temprano querrán verse y además el asesinato los liga de por vida.

Walter llama a Phyllis desde el mercado simulando que es un vendedor para hacer que ella vaya, diciéndole una vez allí que no presente de momento la reclamación, aunque ella afirma estar dispuesta a ir al tribunal, diciendo él que si van saldrán otras cosas como su relación con la primera señora Dietrichson, diciendo ella que Lola se ha inventado esas cosas y que él teme quedar ante la muchacha como un canalla.

Ella le dice que deben seguir adelante juntos, mientras que él cree que es mejor que abandonen el plan, pues les salió mal, recordándole Phyllis que aunque ella deseaba ver muerto a su marido fue él el que le habló del seguro y lo planeó todo, diciéndole ella que lo hicieron todo juntos y deben seguir así.

Empieza entonces a plantearse que todo se solucionaría si Phyllis muriese.

Walter salió con Lola varias veces afirmando que solo junto a ella podía descansar y tranquilizarse. Contándole esta un día mientras paseaban por las colinas que cree que Phyllis acabó con su padre de acuerdo con Zachetti, con el que se ve cada noche, creyendo que solo salió con ella era para utilizarla como tapadera, pues la noche del crimen él debía recogerla a la salida de una conferencia y no apareció, diciéndole que estaba enfermo.

Walter trata de tranquilizarla diciéndole que todo es imaginación suya y asegurándole que Zachetti todavía lo quiere, aunque él se queda rumiando la información sin ser capaz de llegar a ninguna conclusión.

Al día siguiente al cruzarse con Keyes en el hall este le dijo que se había aclarado por completo el caso Dietrichson pues ya apareció el tipo que ayudó a Phyllis en el crimen y que ella los ha demandado, afirmando él que la machacará en los tribunales.

Lo invita a un Martini, aunque Walter declina la invitación, diciendo que tiene una cita, aunque en realidad lo que hace es subir al despacho del propio Keyes donde trata de encontrar las pistas que guarda, escuchando sus notas de voz, en las que informa a su jefe, Norton, que cree absurdo que Neff hiciera nada, pues el día de los hechos estuvo en su casa toda la tarde, asegurando que responde por él, pero que hay otro hombre, Nino Zachetti que la visitó durante varias noches seguidas, careciendo de coartada, afirmando tener pruebas suficientes para justificar una intervención de la policía y recomendando que informen al fiscal.

Llama tras ello desde su despacho a Phyllis con la que queda para esa noche en su casa, pidiéndole que apague las luces a las 11 para que no lo vean los vecinos.

Había llegado a la conclusión de que el único modo de salir con bien de todo era acabar con Phyllis, aunque no contaba con los planes de ella, que tras apagar las luces como él le pidió esconde una pistola bajo el cojín del sofá.

Cuando llega Walter le explica que ha ido a decirle adiós, aunque no es él quien se va.

Le explica la teoría de Keyes de que cuando dos personas participan en un asesinato es como si fueran en un tranvía en el que irán siempre juntos hasta el final de las vías, que es la muerte, aunque él quiere apearse y que sea otro el que ocupe su lugar.

Phyllis le dice que a ella no le gusta ese final y que quizá prefiera hablar, diciéndole él que cuando se está a dos metros bajo tierra no se puede hablar, y además le achacarán esa muerte también a Zachetti que irá hasta allí en 15 minutos con la policía tras él, ya que él lo ha preparado así.

Ella le pregunta si no ha pensado que tal vez utilizó a Zachetti para evitar las sospechas sobre él y que le metió en la cabeza que Lola estaba con otro.

Walter piensa que le hizo matar a su marido y que tenía la esperanza de que Zachetti los matara a Lola y a él y que luego buscaría a otro que la librara de Zachetti.

Walter se acerca a cerrar la ventana para acabar con ella, que lo sorprende disparando antes ella, aunque solo lo hiere.

Él se acerca a ella y le pregunta por qué no le volvió a disparar, preguntándole que si es que acaso está enamorada de él, afirmando ella que ni de él ni de nadie, reconociendo que lo utilizó y que no significaba nada para ella hasta ese instante en que se dio cuenta de que no podía hacer un segundo disparo, aunque él le dice que no le cree, pidiéndole ella que la abrace, haciéndolo él que le dice "Adiós, nena", mientras le dispara, acabando con ella.

Sale tras ello a la calle y se esconde entre los arbustos de la entrada hasta que ve llegar a Zachetti, al que llama y le entrega una moneda, pidiéndole que baje a llamar con ella a Lola, pues le asegura que ella le sigue queriendo pese a lo que Phyllis le haya dicho, evitando que entre y le sorprenda la policía.

Son casi las 4'30 de la madrugada y Walter se pregunta si ella seguirá sola o la habrán encontrado ya y le pide a Keyes que sea él quien le cuente todo a Lola de forma delicada y que cuide de ella y de Zachetti para que no les molesten mucho.

Se abre en ese momento la puerta y aparece Keyes junto con el conserje, que dice que fue quien lo llamó al descubrir que estaba herido.

Walter le dice que espera su discurso, pero Keyes solo le dice que ha dado un mal paso, tras lo que va a avisar a un médico, aunque Walter le pide que no lo haga, pues lo único que harán será curarlo para que pueda entrar por su propio pie en la cámara de gas de San Quintín, por lo que le pide que vuelva a la cama y haga como que no ha escuchado la grabación hasta el día siguiente, pues necesita 4 horas para cruzar la frontera, aunque Keyes le dice que no llegará siquiera al ascensor.

Y tal como le dijo Keyes, Walter cae al llegar a la puerta de la oficina oyendo cómo aquel llama y pide una ambulancia diciendo que avisen también a la policía.

Walter le dice a su compañero que esta vez no lo vio porque lo tenía a su lado, diciendo Keyes que más cerca, ante lo que Walter le dice que él también le quiere mientras fuma el cigarrillo que le enciende Keyes a la espera de la ambulancia.

Calificación: 4