Te cuento la película Te cuento la película
Portada Películas Años Directores Novedades
Por un puñado de dólares

Per un pugno di dollari (1964) Italia / España / Alemania

Duración: 99 min.

Música: Ennio Morricone

Fotografía: Massimo Dallamano

Guion: Sergio Leone, Víctor Andrés Catena, Jaime Comas Gil (Historia: Adriano Bolzoni, Sergio Leone, Víctor Andrés Catena y Mark Lowell)

Dirección: Sergio Leone

Intérpretes: Clint Eastwood (Joe), Gian Maria Volonté (Ramón Rojo), Marianne Koch (Marisol), Antonio Prieto Puerto (Benito Rojo), José Calvo (Silvanito), Wolfgang Lukschy (John Baxter), Sieghardt Rupp (Esteban Rojo), Margarita Lozano (Consuelo Baxter), Joe Edger (Piripero), Bruno Carotenuto (Antonio Baxter).

Un extraño con un poncho llega en su mula llega a las afueras de San Miguel, y se detiene frente a un pozo del que saca agua y beben él y su mula.

Frente al pozo hay dos casas, de una de las cuales sale un niño pequeño que corre hacia la casa de enfrente, vigilada por un tipo armado que le impide entrar y le dispara luego a los pies para asustarlo, golpeando luego a otro hombre que va a recogerlo.

Continúa su camino hasta San Miguel, donde suenan las campanas, viendo cómo toda la gente corre a ocultarse en su casa, cruzándose con un jinete muerto y que lleva escrito en la espalda, "Adiós amiga".

Sale a su encuentro el campanero que le dice que en el pueblo podrá comprar lo que quiera, pues en ese pueblo todos son ricos o están muertos.

Se cruza luego con un grupo de hombres armados que salen a su paso y le dicen que no es prudente salir de casa y empiezan a disparar haciendo que se espante su mula, consiguiendo él bajarse agarrándose del palo que sujeta el farol de la cantina donde se repone, y le indica al cantinero, Silvanito, que no podrá pagarle, diciéndole que si es capaz de matar encontrará el modo de ganar dinero, contándole que hay muchos muertos y que es un pueblo de viudas donde no hay ocupación para quien no sabe disparar, excepto él y Pripero, el sepulturero.

Desde la terraza ve a un grupo de hombres que el cantinero le dice son contrabandistas y forajidos que vienen de Texas y pasan la frontera para comprar armas y aguardiente porque son más baratos y luego regresan y se lo venden a los indios.

Le cuenta que en el pueblo están los Rojo, que venden alcohol y los Baxter, que venden las armas y que fueron quienes le recibieron con los disparos, aunque son más fuertes los Rojo, sobre todo cuando está Ramón.

Habla con Benito Rojo, al que le dice que está disponible, aunque es caro.

Le pide a Piripero que prepare tres cajas y se dirige luego a los Baxter y les dice que su mulo se ofendió de que le dispararan entre las patas y por eso quiere que le pidan perdón, aunque ellos se ríen, diciendo él que a su mula le molesta la gente que se ríe, pues piensa que quieren burlarse de él, pero que si le piden perdón solo se llevarán un par de coces en la boca.

Ellos le responden sacando sus armas, aunque él acaba con los cuatro hombres.

Sale entonces uno de los Baxter, John, que le indica que lo vio todo y no se librará fácilmente, pues es el sheriff.

Rojo le da 100 dólares por su trabajo y dice que le dará el resto cuando termine el trabajo, diciendo él que es un buen momento, ya que los Baxter tienen cuatro hombres menos, aunque Rojo le dice que en unos días pasará por allí un escuadrón de caballería y no quiere que los soldados investiguen sus asuntos.

Ve que tienen una armadura llena de agujeros, indicando Benito que es uno de los blancos preferidos de Ramón cuando practica el tiro.

Le lleva luego a su habitación Chico, el hombre al que vio maltratando al niño el día que llegó, y que es uno de los hombres de confianza de Rojo.

Al subir, se topa con una bella mujer a la que ya vislumbró en la casa a la que iba corriendo el niño, y le pregunta a Chico quién es, diciéndole él que Marisol, y que se olvide de ella.

Abajo escucha discutir a Benito con otro hermano, Esteban que no entiende que le diera 100 dólares a un yanqui, diciendo Benito que no pueden dejar suelto a un hombre así, pues quiere que el pueblo esté tranquilo, diciéndole Esteba que sería más barato quitarlo de en medio matándolo por la espalda y recuperarán además el dinero, recordándole Benito que están al llegar los soldados y no es el momento para eso, con lo que llevan encima, por lo que le pide que se ocupe del americano y se hagan amigos y le recuerda que ese es un pueblo tranquilo.

No saben que el yanqui les está escuchando, y por ello, cuando sube para tratar de confraternizar ve que Joe está recogiendo su equipaje y dice que no le gusta la compañía.

Llegan en efecto los soldados que custodian una diligencia, preguntándose él que llevarán allí, aunque está demasiado vigilada y no permiten mirar a nadie.

Él se aloja con el tabernero, al que le pregunta también por Marisol, contándole él que Ramón está enamorado de ella, por lo que no le conviene ni mirarla.

Como todos hablan de Ramón piensa que debe hacerse su amigo, diciéndole Silvanito que si es listo, le conviene alejarse de Ramón.

Ven cómo el ejército va con la diligencia hacia a la frontera, decidiendo seguirlos, viendo cómo van hacia el Río Bravo, que hace frontera con Estados Unidos, viendo cómo desde allí cruza un grupo de soldados norteamericanos a los que entregan un baúl de oro, a cambio de armas, aunque, observan que se trata de una trampa, pues de pronto suben los toldos de las carretas de los americanos y comienzan a disparar a los soldados mexicanos con una ametralladora.

Tras acabar con todos, los falsos soldados se quitan los uniformes, escuchando al que parece mandar, que la versión oficial será que murieron combatiendo entre ellos.

Silvanito le indica que el jefe de la banda, y que manejaba la ametralladora es Ramón.

Se lo presentan luego oficialmente en la hacienda de los Rojo, diciendo Ramón, que ya oyó hablar del yanqui y que Benito le dijo que desea entrar pronto en acción, pero que no va a ser así, pues esa noche invitaron a los Baxter a cenar y tendrán una tregua, pues ha pensado que es una tontería seguir matándose entre ellos para nada.

Joe les dice que se marcha, y le devuelve a Benito el dinero que le dio, excepto algunos centavos, pues, le dice, no le gusta quedarse con dinero que no ha ganado, aunque le piden que se quede al menos hasta la cena de esa noche, aunque les recuerda que los Baxter tienen a cuatro hombres en el cementerio por su culpa.

Ramón dice luego que no le gusta el americano, pues es demasiado listo para ser un pistolero a sueldo, diciéndole Benito que es un gran pistolero, diciendo Ramón que lo sabe, y que cuando un hombre con su expresión se dedica a ese oficio es que es rápido e inteligente, lo que le hace muy peligroso.

Esteban no entiende que confraternicen con los Baxter, explicándole Ramón que tanto el gobierno mexicano como el norteamericano investigarán, por lo que les conviene estar tranquilos y simular que no saben nada de lo sucedido en Río Bravo, y le cuenta que tras la matanza situó los cadáveres de tal modo que pareciera un tiroteo entre ellos

El tabernero le indica a Joe que le conviene desaparecer de San Miguel, aunque entonces aparece Piripero, que dice que preparó el carro con dos féretros como le pidió.

Joe le indica a Silvanito que regresan al río, pues necesita un par de esos cadáveres.

Los Baxter se preparan para acudir a la cena aunque Doña Consuelo, la matriarca, indica que no le gusta pese a que les dieron las garantías que les pidieron, y les pide a los suyos que no coman ni beban, y que disparen a la primera sospecha.

Joe y Silvanitoo llegan al cementerio con los dos ataúdes, en que metieron a dos de los soldados muertos, los sacan y los sientan junto a una tumba como si estuvieran vivos.

Joe se cuela tras ello en la habitación de doña Consuelo y la sorprende tapándole la boca, aunque le advierte que no desea hacerle daño, sino explicarle la razón por la que los Rojo de repente decidieron hacer las paces con ellos.

Llaman tras ello a John, el esposo de Doña Consuelo, al que esta le pide que le dé 500 dólares al yanqui, que regresa tras ello a la hacienda de los Rojo y les cuenta que hay dos de los soldados que escoltaban el oro que escaparon y se refugiaron en el cementerio y se enteró de que los Baxter van a capturarlos.

Ramón se muestra escéptico y le extraña su lealtad, pidiéndoles él 500 dólares a cambio.

En efecto los Baxter se dirigen al cementerio, pues saben que si los dos heridos testifican, el gobierno hará desaparecer a los Rojo y habrá un solo amo en el pueblo.

También los Rojo parten hacia el cementerio, aprovechando Joe su ausencia para colarse en la hacienda, donde dejaron a Chico haciendo guardia, comenzando él a disparar, haciéndole creer que son varios los atacantes, haciendo finalmente que sea golpeado por una puerta, que lo deja sin conocimiento.

Entretanto los Baxter llegan al cementerio observando muy quietos a los soldados, lo que les extraña, pues, dice, parecen muñecos, aunque ven que también llegan los Rojo, interesados por los dos hombres, comenzando un tiroteo entre las dos familias.

Tanto John Baxter como Ramón tratan de llegar hasta los heridos, consiguiendo Ramón disparar a los muertos, tras lo que les indica a los Baxter que ya pueden cogerlos.

Joe entretanto llega a la bodega de los Rojo y consigue encontrar el barril con el oro.

Pero entonces escucha un ruido, y, pensando que será Chico le sorprende con un puñetazo, descubriendo entonces que golpeó a Marisol, a la que debe llevarse en brazos, mientras escucha el regreso de los Rojo, que consiguieron detener a uno de los Baxter, Antonio, estando contentos, pues piensan que con ese trofeo los Baxter tendrán que rendirse y marcharse de San Miguel.

Pero aparece entonces Chico, que cuenta que alguien lo atacó por la espalda, descubriendo entonces que desapareció Marisol.

Esta se encuentra ahora con Doña consuelo, ya que Joe la llevó a casa de los Baxter.

Llega John diciendo que habló con los Rojo y les devolverán a Antonio a cambio de Marisol, señalando que harán el canje por la mañana.

Joe lo observará todo desde la taberna, tras haber obtenido otra importante cantidad

Pero de pronto, y mientras se está llevando a cambio el intercambio sale de la taberna Jesús, el niño al que vio el primer día, y que llama a Marisol, al verla, "mamá", por lo que ella baja del caballo y corre a abrazar al niño.

Otro hombre, Julio, se suma al abrazo con Jesús, pidiéndole Ramón a uno de sus hombres que se libre de él, aunque cuando se dispone a matarlo sale el tabernero con su arma y pide que lo deje en paz y junto a él sale Joe, que le dice a Marisol que es mejor que se vaya, pues la espera Ramón, y le pide a Julio que se lleve al niño a casa, evitando así más muertes.

Entretanto Antonio Baxter llega hasta su madre, que tras abrazarlo, lo abofetea.

Joe le pregunta luego al tabernero por la situación, explicándole este que Ramón acusó a Julio de hacer trampas en el juego y se quedó con la mujer como prenda, coaccionándola con el niño, no pudiendo hacer nada el marido, pues los Rojo le amenazaron con matar a su hijo.

Joe regresa con los Rojo para trabajar con ellos.

Tras una cena que acaban casi todos muy borrachos, Ramón se va con varios de sus hombres, mientras los demás siguen emborrachándose, simulando Joe estar borracho también, por lo que deben llevarlo a rastras a la cama.

Pero una vez en esta se lava y cabalga hasta las casas donde vio a Jesús y a Marisol el primer día, viendo que hay guardias custodiando la de ella, pudiendo ver Jesús desde la casa de enfrente cómo Joe acaba con los guardianes.

Pero los disparos se escuchan desde la haciendo de los Rojo, saliendo estos hacia allí.

Joe lo destroza todo, siendo salvado por Marisol que le advierte sobre uno de los hombres que no había muerto y con el que puede acabar.

Va luego hasta la casa de enfrente y coge al niño y se lo entrega a su madre junto con el dinero que ganó y le pide a ella y a Julio que se marchen y crucen la frontera, pues con ese dinero podrán vivir una temporada.

Ve cómo llegan luego Benito y Esteban con algunos hombres y les escucha especulando con que debieron ser los Baxter, que raptaron a Marisol

Mientras regresan a la hacienda él debe buscar atajos para llegar antes.

Observa, ya en la hacienda cómo disponen todo para defenderse, y les oye comentar que, del modo en que acabaron con sus compañeros deben ser bastantes hombres.

Tras escucharlos, Joe regresa a su habitación satisfecho, viendo entonces cómo un hombre apunta a su cabeza, estando esperándole en la habitación Ramón, que le dice que uno de sus carros perdió una rueda y tuvieron que regresar a pedir ayuda y les contaron una vez allí que los Baxter atacaron la caseta, preguntándole cómo ocurrió.

Lo golpean sin piedad preguntándole dónde escondió a Marisol.

Benito le dice que debe hablar, pues si lo hace en una semana estará bien y podrá irse, encargando de su vigilancia a Chico, al que le piden que procure que no se muera, aunque les dan libertad para hacer con él lo que deseen.

Los dos vigilantes deciden que podrán divertirse con él, aunque cuando entran en la bodega, donde lo tienen retenido, ven cómo rueda hasta ellos un enorme barril, tras lo que, aunque a gatas, y con todo el cuerpo dolorido, consigue salir.

Pero el ruido alerta a los demás, bajando Ramón y Esteban a la bodega, a la que Joe lanza una cerilla, haciendo que el alcohol comience a arder en la entrada.

Todos se afanan en apagar el fuego mientras el americano, arrastrándose se oculta, escuchando cómo Ramón pide que vigilen todos los caminos de salida y le busquen por todo el pueblo, no sabiendo que está bajo el porche en que él se encuentra, oyendo cómo ordena acabar con cualquiera que le ayuda, aunque pide que lo lleven vivo.

Consigue llegar arrastrándose hasta la taberna, donde pude ver cómo golpean duramente a Silvanito, que asegura no saber nada y no haberle escondido.

Joe consigue ocultarse en uno de los ataúdes de Piripero, y pide a este que le lleve fuera del pueblo allí oculto.

Pensando que estará en casa de los Baxter, Ramón decide ir a buscarlo allí, colocando un reguero de pólvora hasta la casa y haciendo luego rodar varios barriles contra sus puertas, tras lo que provoca una explosión y el consiguiente incendio, y cuando los pistoleros de los Baxter salen con las manos en alto ellos acaban con ellos fácilmente.

El enterrador, entretanto lleva a Joe en su carro, desde el que Joe ve la matanza y cómo los Rojo ríen contentos por acabar con sus enemigos tan fácilmente.

Salen por último los Baxter que dicen que se rinden y se irán del pueblo, aunque Ramón le pregunta si pidieron permiso a Consuelo, acabando con ellos, y cuando finalmente sale esta y ve a su marido y a su hijo muertos, les llama cobardes, pues los mataron pese a estar desarmados, muriendo también ella por los disparos de Esteban.

Mientras el sepulturero se lo lleva, escucha cómo Ramón ordena que busquen al americano entre los muertos.

Se oculta en una vieja mina, donde empieza a recuperarse y a practicar el tiro, esperando que Silvanito le lleve provisiones, aunque quien llega es Piripero, pues a su amigo lo sorprendieron los hombres de Ramón cuando iba de camino y sabe que le torturarán, aunque está seguro de que no hablará, entregándole su revólver y algo de dinamita que robó a los Rojo.

En efecto, estos torturan a Silvanito sin piedad, colgándolo mientras lo golpean, pese a lo cual se niega a hablar.

De pronto escuchan una explosión, viendo cómo aparece Joe tras la estela de humo, riendo los Rojo al verlo mientras se acerca, apuntándolo Ramón con su rifle, pidiendo él que deje libre al tabernero, aunque, como respuesta, Ramón le dispara.

Ve cómo cae, aunque se levanta de nuevo, preguntándole si le tiembla el pulso, ante lo que vuelve a dispararle, viendo que no muere, mientras le reta a dispararle al corazón.

Los disparos hacen que caiga varias veces, mostrándole cómo cubrió su corazón con un escudo metálico, viendo que, en efecto, apuntó bien.

Y cuando deja caer el escudo echa mano a su revólver y acaba con todos, excepto con Ramón, al que desarma y le recuerda que un día le dijo que cuando un hombre armado con un revólver se enfrenta a un hombre con un rifle es hombre muerto y le reta a que lo compruebe, triando él su revólver a la misma distancia que Ramón tenía el rifle.

Él debe recoger su revólver del suelo y Ramón su rifle y cargarlo, viendo que fue más rápido Joe, pese a lo cual intenta dispararle, siendo herido por este, más rápido que él.

Oculto tras una ventana, Esteban le apunta, pero acaba con él Silvanito.

Se dirige tras ello a la cantina, mientras Juan de Dios hace sonar la campana contento.

Joe le dice al tabernero que su gobierno estará contento de recuperar su oro y él no quiere estar presente en ese momento, por lo que se despide del cantinero y reemprende su camino mientras el enterrador toma medidas a los fallecidos.

Calificación: 2
Te cuento la película