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Que Dios nos perdone
Que Dios nos perdone

España (2015) *

Duración: 125 min.

Música: Olivier Arson

Fotografía: Alejandro de Pablo

Guion: Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen

Dirección: Rodrigo Sorogoyen

Intérpretes: Antonio de la Torre (Luis Velarde), Roberto Álamo (Javier Alfaro), Javier Pereira (Andrés Bosque), Luis Zahera (Alonso), Raúl Prieto (Bermejo), María de Nati (Elena), María Ballesteros (Rosario), José Luis García Pérez (Sancho), Mónica López (Amparo), Rocío Muñoz-Cobo (Juana), Teresa Lozano (Amalia), Fran Nortes (Rafael).

Un hombre permanece ante un nicho en el cementerio mientras observa a una mujer que está limpiando un nicho cercano.

Céspedes, el psicólogo policial visiona junto a su paciente, el Inspector Alfaro un video grabado por la cámara de su comisaría en el que se ve al propio Alfaro golpeando brutalmente a otro compañero hasta que consiguen separarlos, tras lo que le pregunta si ha notado algún cambio desde que sucedió aquello tres meses antes.

Le pregunta también si fue a ver a su compañero al hospital, excusándose Alfaro diciendo que ha estado muy ocupado, preguntándole tras ello si se arrepiente, asegurando que mucho y que le han ayudado los dos meses de terapia y el mes que estuvo sin empleo y sueldo.

Pese a todo Céspedes le dice que ya no basta con eso, que tienen otra política, pues hizo que su compañero perdiera el 85% de visión en un ojo, preguntándole por qué discutieron, a lo que responde que no se caían bien.

Él y su nuevo compañero, el Inspector Velarde van a atender un aviso. La muerte de una anciana tras un intento de robo.

Cuando llegan ven que la anciana está muerta en la escalera, indicando el juez de guardia, que ya está allí, que tiene signos de estrangulamiento, aventurando que alguien llamó a su casa y cuando abrió la cogieron por el cuello. Ella intentó defenderse y acabó cayendo y rodando por la escalera.

Velarde, que es tartamudo empieza a investigar, adoptando la postura de la muerta primero y entrando luego en la vivienda, donde otro policía le va explicando su teoría a medida que avanza. Cree que al abrir y ver que iban a robarle, la anciana intentó cerrar, pero el ladrón empujó la puerta y la mujer le dijo que tenía el bolso en su cuarto y cuando el ladrón fue a buscarlo ella intentó escapar, ante lo que el ladrón la siguió y hubo un forcejeo, debido al cual la mujer cayó por la escalera y murió.

Pero aunque todos parece que lo tienen muy claro Velarde pregunta si la anciana lleva ropa interior y examina el cadáver, tras lo que concluye que la han violado.

Una de sus vecinas les cuenta que la muerta era viuda y sin hijos, pero que desde el mes de mayo recibía visitas de un hombre y unos días antes le dijo que estaba enamorada como una colegiala

Los policías vieron que había un gato en su piso al que le habían puesto comida, asegurando la vecina que no era de ella, pues odiaba a los animales.

Ahora la teoría es que tras violarla y estrangularla intentó simular un robo, llevándose su cartera, pero ella no estaba muerta y al salir tras él se cayó y se mató.

Es el caluroso verano de 2011 y en la tele ven que la ciudad se prepara para la Semana Mundial de la Juventud con la llegada de Benedicto XVI.

Velarde al salir de su casa se resbala y cae debido a que el suelo estaba muy mojado.

Acuden a hablar con la forense, que señala que la anciana fue violada por un tipo con un pene muy grande y que entre sus uñas encontraron restos de piel en la que había a su vez restos de una crema para la queratosis seborreica.

Y entre los efectos personales de la víctima encuentran entradas de teatro de 8 semanas seguidas que la anciana tenía como si se tratara de una colegiala.

Deciden por ello ir al teatro donde se representaba la obra, aunque la taquillera no recuerda a la anciana, por lo que se llevan las cintas de la cámara de seguridad, que tampoco les sirve de nada, pues no ven a la anciana.

Alfaro va a la máquina de café, donde encuentra a dos compañeros, Alonso y Bermejo a los que les pregunta si tienen 20 céntimos, contestándole Alonso que no, a lo que les replica que ni siquiera han mirado si los tenían, diciendo Bermejo que a lo mejor tiene, pero que no va a mirar, preguntándole Alfaro si quiere que le meta él la mano en el bolsillo, ante lo Alonso se lleva a su compañero para evitar peleas.

Son avisados para atender otra emergencia, aunque cuando llegan ven que ya se están llevando el cuerpo de otra anciana, pidiendo Velarde que no se la lleven, pues es él el encargado de homicidios con violación, a lo que Alonso le replica que el caso es de quien llega primero y le impide inspeccionar el cadáver, preguntándole Velarde si comprobó si la habían violado, señalando el otro que no puede saberlo, llamándolo Velarde inútil.

Al escucharlo, Alonso pregunta qué le llamó, siendo Alfaro quien le contesta que inútil, ante lo que Bermejo le dice a su compañero que es mejor irse, pues a lo mejor les da una paliza, lo que hace que Alfaro se subleve y se lance contra él, debiendo intervenir los compañeros para sujetar tanto a uno como a otro, poniendo fin a la pelea finalmente Amparo, una compañera que aprecia a Alfaro y consigue calmarlo.

Entretanto Velarde, sin implicarse en la pelea va a la casa a investigar, hasta el sótano, donde la mataron, aunque esta vez no se llevaron la cartera.

Como vio que llevaban a un detenido pregunta por este, contándole Amparo que es un vecino que llegaba de fiesta a las 7 de la mañana y vio a la anciana en el suelo, pensando que habría sido un accidente, por lo que llamó a la policía.

Velarde concluye que el asesino es el mismo que el de la otra, no creyendo que sea el detenido, que indica no es un violador de ancianas.

Habla con el dueño de varios trasteros del sótano que aquel alquila como viviendas a gente sin recursos por 300 Euros.

Hablan también con el hijo de la víctima, que indica que antes de que la mataran, dejó a su madre unas calle antes debido a que la calle estaba cortada por una manifestación.

Juana, la mujer de Alfaro se va de vacaciones con Nico, quedándose su marido en Madrid solo con su hija.

Velarde escucha fados en su casa mientras observa a través de la mirilla a la mujer de la limpieza, viendo que esta se para ante su puerta para escuchar. Sale entonces y, para no pisar lo fregado se queda en la puerta, diciendo que no tiene prisa, aprovechando para preguntarle a la chica si trabaja solo allí, diciéndole la chica que por las noches sí, pero que por la mañana limpia otro portal, y le dice que se llama Rosario.

Velarde y Alfaro vuelven al depósito, confirmándoles la forense que la anciana también fue violada como la anterior.

Sancho, su jefe, reúne en un restaurante a los cuatro Inspectores de Homicidios, Alfaro, Velarde, Alonso y Bermejo y les pide discreción, pues no desea que trascienda que hay un violador de ancianas, y menos ante la inminente visita de Benedicto XVI.

Velarde y Alfaro se reúnen con un psicólogo amigo de este y que sale con la exnovia de aquel, para que les haga un perfil psicológico del asesino, concluyendo que tuvo trauma con alguna mujer mayor de su entorno, y que su enorme pene debió ser un problema de pequeño, pero que ahora es su orgullo y su instrumento de venganza devolviéndole el dolor que aquella le produjo y ya no le basta con violar, pues empieza a disfrutar matando, aunque es compasivo con otros seres más débiles, como niños o animales.

De vuelta a su casa Velarde se dispone a poner música cuando llaman a su puerta, observando que se trata de Rosario, la limpiadora, que lleva un gazpacho para disculparse por lo del resbalón que tuvo unos días antes, invitándola él a pasar para tomarlo juntos, aunque ella le dice que ya cenó.

Rosario le dice que cuando limpia escucha su música desde el pasillo y es muy triste, mientras mira su gran cantidad de discos.

Él se abalanza entonces sobre ella tratando de cogerla y abrazarla, y ella forcejea, dándose un golpe debido a ello, tras lo que se marcha.

Alfaro, por su parte no puede dormir y empieza a buscar cosas en el ordenador sobre la primera víctima, escuchando a su hija discutiendo con alguien por teléfono.

Alfaro se muestra extrañado ante Velarde de que no saliera ninguna referencia en la prensa respecto de la primera víctima, algo muy extraño, pues sabe que siempre hay alguien que lo filtra.

Por su parte, Velarde, que estuvo estudiando expedientes similares encontró uno incompleto, precisamente firmado por Alonso, un asunto referido a la muerte de una anciana, supuestamente debido a un infarto, habiendo cerrado el caso en dos días

Van a hablar con Alonso, que está comiendo en un bar, reconociendo que el forense dictaminó que la habían violado y que estaba destrozada.

Deciden ir a ver el piso donde fue asesinada, que no es el piso en que vivía.

El piso era suyo, pero siempre lo tuvo alquilado, hasta que un año antes de morir dejó el alquiler y comenzó a ir a menudo ella por allí.

Velarde observa que hay un ramo igual al que encontró en casa de Bernarda.

Van a hablar con la sobrina de la asesinada y su heredera, que es quien ahora vive en el piso de la fallecida, aunque no está dispuesta a colaborar ni a dejarlos entrar diciendo que la policía envió a su novio a un hospital por ir a una manifestación, aunque les dice que su tía era muy religiosa, consiguiendo que les diga cuál era su parroquia.

Van a hablar con el párroco, que les confirma que la mujer era muy religiosa y tenía a cuatro amigas inseparables desde niñas.

Van a hablar con ellas a la cafetería a que van siempre tras la misa, contándoles las ancianas que su amiga Antonia nunca tuvo un novio, pero que en los últimos tiempos se ausentaba porque tenía líos en el piso de Carretas con unos estudiantes que le estaban destrozando la casa, pese a lo cual la vieron más risueña.

Velarde y Alfaro concluyen que Antonia debió ser la primera víctima.

La mujer murió de un infarto y él, para disimular se llevó la cartera. Y al ver que la noticia no tuvo repercusión en los medios repitió, viendo que tampoco trascendía a los medios, por lo que repitió con la tercera, con la que en esta ocasión se ensañó.

Empiezan a investigar por la zona centro, aunque sin resultados.

Llega entretanto Benedicto XVI a Madrid y con él miles de personas, habiendo algunos disturbios también.

Velarde vuelve a su casa y se cruza con Rosario que se marcha, aunque esta vez ni siquiera se saludan.

Por su parte Alfaro saca a pasear a su perro.

Llega a comisaría un compañero al que llaman "el Polaco", el policía que perdió la visión de su ojo por culpa de Alfaro, que todavía lleva muletas.

En sus pesquisas Velarde se fija en un hombre que da de comer a un gatito y lo sigue hasta un portal, sin lograr verle la cara.

Él y Alfaro deciden investigar, subiendo el primero por las escaleras y Alfaro por el ascensor, viendo al llegar al último piso una puerta abierta, saliendo una anciana con un vaso de agua para alguien, ante lo que Alfaro la obliga a entrar en el piso de su vecina de enfrente mientras él se interna en el piso avanzando con cautela, con su arma.

Entretanto Velarde llega andando hasta el mismo piso, y al ver la puerta abierta se dispone a entrar también con su arma cuando de pronto, bajando desde arriba, un joven le empuja contra la puerta y baja corriendo.

Alfaro sale tras él, arrollando a varias personas en su persecución debido a que las calles están abarrotadas de gente que desea ver al Papa.

Se le une poco después Velarde mientras él pide refuerzos, llegando hasta el metro, donde arrinconan a todos los que están allí.

Al día siguiente son convocados por Sancho, que les dice que debido a su actuación tienen 96 denuncias, 21 atendidos por el SAMUR, 2 lesiones cervicales, 567.000 Euros de pérdidas y quejas de 7 embajadas y un señor con rotura de cadera.

Pero ellos piensan que todo mereció la pena, pues están convencidos de tener al asesino, aunque su jefe les dice que los tuvieron que poner en libertad, pues eran 103 personas y no podían retenerlos hasta comprobar sus 103 coartadas, pues muchos de ellos eran peregrinos de diversos países, cuyas embajadas protestaron.

Se burla de Velarde por su tartamudez y Alfaro insulta a su jefe, que aprovecha para mostrarle el informe de la comisión disciplinaria y le dice que no desea verlo más, y no solo por el informe del comisionado, sino por lo que opina el 90% de sus compañeros de la oficina, incluyendo su compañero Velarde.

Alfaro en un ataque de furia lanza una silla contra un mueble antes de marcharse.

Luego el jefe le dice a Velarde que también le gustaría mandarle a él a su casa, pero cree que se suicidaría y no desea cargar con ello y ya se les ocurrirá donde reubicarlo, pues Alfaro al menos tiene una esposa guapa y dos hijos.

Alfaro decide ir al pueblo llevándose a su hija pese a sus protestas, encontrando al llegar en la casa de la playa a su mujer en la cocina haciendo la comida mientras a su lado espera un hombre medio desnudo sentado en la camilla.

Alfaro, sin inmutarse pregunta por su hijo, diciéndole Juana que están todos en el pantano, pidiéndole ella que esté tranquilo, dándose él la vuelta y regresando con su perro a Madrid.

Velarde entretanto es reubicado en el servicio de escuchas de teléfonos pinchados.

Al volver a su casa suena el timbre, viendo por la mirilla que se trata de Rosario, aunque no le abre.

Alfaro regresa a su casa muy borracho y con la cara llena de magulladuras y la camiseta llena de sangre, diciéndole un vecino que lleva dos días oyendo ladrar a su perro, viendo al llegar a su casa que el perro ha muerto.

Desolado, lo saca en una bolsa y comienza a cavar en el jardín para enterrarlo, apareciendo dos municipales, ante los que se muestra agresivo, pues no desea que toquen a su perro, volviendo a su casa con él y durmiéndose con él abrazado.

Mientras está en su nuevo puesto de escuchas, Velarde es reclamado por Alonso para atender un nuevo homicidio.

Allí coincide con Amparo, que le pregunta por Alfaro, al que ha llamado varias veces, sin conseguir dar con él, señalando Velarde que no sabe nada tampoco.

Cuando entra en el piso del nuevo homicidio comprueba que esta vez la violación es evidente, ya que la anciana asesinada está inclinada sobre una mesa con su sexo al aire, diciéndole Alonso que el asunto se les está yendo de las manos, y consciente de que él es el quien más sabe de esos casos, le ofrece volver a trabajar en el asunto dejando las escuchas, facilitándoles ellos toda la documentación y su colaboración, aunque para todos los demás seguiría formalmente en escuchas, pues el cambio sería confidencial. Llevaría toda la operación pero nadie lo sabría, diciéndole que la idea es de Sancho aunque no quiere que sepa que es cosa suya.

Alfaro se despierta en muy mal estado y su hija le dice que ya se ha ocupado del perro.

Velarde habla con el psicólogo que les ayudaba y le entrega varias muestras de pelo del asesino, que ven siempre tienen el mismo tamaño, concluyendo que es un presumido y un seductor que tiene una relación difícil con la feminidad a la que adora, pero a la vez odia, y por eso clavó un cuchillo en el sexo de la anciana y cada vez que mata, asesina a su madre.

Velarde observa que cambiaron a la mujer de la limpieza y que ya no va Rosario.

Va a hablar con Rafael March, el hijo de Bernarda, y cuando llegan al trastero recibe Velarde una llamada en que le dicen que aunque Rafael dijo que no pudo aparcar tenía una multa de estacionamiento en la misma zona y cuando lo ve darse una crema en las manos empieza a sospechar que es el asesino, pero al sacar su arma está tan nervioso que se le cae, apagándose además la luz, al estar la bombilla un poco suelta.

Cuando se enciende, Rafael le dice que recoja su pistola, haciéndole sentirse ridículo, contándole más tarde su compañero que una amante confirmó su coartada.

Se celebra una misa funeral por Antonia, la primera víctima, a los 7 meses de su muerte, habiendo detrás de sus amigas, un joven al que las ancianas dan la paz.

Luego el joven las acompaña a la cafetería y les lleva las consumiciones y besa a una de ellas, su madre, que va en una silla de ruedas y que es la que peor está, despidiéndose de la chica sudamericana que la cuida mientras él va a la peluquería y luego ayuda por la noche a la muchacha a bañar a su madre, tras lo que le da una crema hidratante.

Le da luego la cena, diciéndole la chica que debe obligarla, señalando él que si alguna vez le hace daño a su madre, la matará.

Luego y tras acostarla, le lee un libro, para más tarde hacer ejercicio corriendo sobre una máquina de gimnasio.

Velarde habla con Alfaro tras estudiar todos los datos de que dispone, habiendo concluido que se trata de un varón caucásico de entre 30 y 35 años que tiene relación con ancianos y una relación traumática con su madre, mujer de fuerte carácter, que ataca en el centro, pero que vive en otro sitio.

Sentado en un banco del centro, el asesino ve a una anciana a la que se le caen las naranjas y la ayuda a recogerlas y la ayuda a llevar la compra hasta su casa, y la halaga diciéndole que debió ser muy guapa y que se la ve muy vital.

Al llegar al portal le propone ayudarle con el carro a cambio de un vaso de agua, diciendo que tras ello irá a buscar a su novia, pero la mujer se muestra recelosa, por lo que el joven sube el carro y vuelve a bajar sin esperar el agua, quedándose la mujer mirando hasta que lo ve salir, aunque, no lo hace. Se queda escondido en el portal y observa cómo sube la anciana.

Corre entonces por las escaleras hasta llegar al tercero justo mientras la anciana termina de abrir la puerta y entonces la golpea y vuelve a golpearla con saña una vez dentro, llevándola luego hasta la cama.

Alonso y Bermejo se reúnen con Velarde y Alfaro en casa del primero para planificar sus actuaciones. Quieren ver la casa de la mujer muerta, pero no puede enterarse Sancho, por lo que les proponen ir a primera hora y salir antes de las 8 de la mañana.

Alfaro propone volver a hablar con las ancianas amigas de la primera víctima, pues presume que las conocía y antes de que se marche Velarde le pide perdón y le dice que es un buen policía.

Cuando este vuelve a su casa ve a su hija sentada en la piscina y le ofrece un pitillo mientras fuma él también, diciéndole Elena que habló con su madre y le preguntó si podía ir, diciéndole que ella prefiere que vuelvan, pero solo si no van a estar mal y le pregunta si está bien como para que vuelvan, diciéndole él que puede volver y que tiene que comprarse otro perro, dejándose luego caer a la piscina vestido.

El violador, Andrés, visita a su madre, ya en la cama, para desearle buenas noches, señalándose ella el cuello, dándose cuenta Andrés entonces de que perdió su medalla.

Velarde acude esa noche a casa de Rosario.

A la mañana siguiente, Alfaro es el primero en llegar, diciéndole Bermejo mientras va a aparcar que espere a que lleguen los demás.

Pero Alfaro está inquieto y aprovechando la salida de unos vecinos se cuela en el portal y sube hasta arriba y empieza a examinar el escenario del crimen.

Decide actuar como Velarde, tirándose al suelo como él, en el sitio donde apareció la anciana muerta, viendo mientras está tumbado que hay bajo el frigorífico, sacando la cadena del asesino.

Trata de llamar a sus compañeros para que se den prisa, pero mientras lo hace sale desde detrás de una puerta Andrés, que lo sorprende golpeándolo en la cabeza con un ventilador, y, aunque Alfaro se resiste, está tan débil que no puede evitar que el asesino se abalance sobre él, tratando de encontrar algo en sus bolsillos, aunque mientras lo hace escucha cómo sus compañeros llaman a Alfaro, que se desangra en el suelo, aunque debe huir al escuchar que suben los demás agentes, saltando desde el balcón, haciéndose daño en una pierna al hacerlo, aunque logra huir.

Entretanto, Velarde despierta junto a Rosario en el piso de esta, tras haberse acostado con ella, preocupándose tras leer un mensaje.

Encuentra a Alfaro ya en la morgue, donde sus compañeros lamentan que se les escapara el asesino por 30 segundos.

Sancho va a dar el pésame a Velarde, tras dárselo a su mujer y a su hija, a las que va a ver también Velarde, diciéndole Elena que su padre hablaba mucho de él.

Le pregunta a su mujer, que lleva una cajita si son los objetos personales de Alfaro, observando Elena que hay algo, una cadena, que no le pertenece, por lo que Velarde la coge, viendo que en la misma figura: "La Concepción 16/05/1987".

Acude con ella a la iglesia del mismo nombre, de la que era feligresa Antonia a interrogar al párroco, al que le muestra la cadena, señalando este que se les entrega cada año a los chicos que hacen la comunión y le pide que le deje ver el registro de los niños que hicieron la comunión aquel año.

El antiguo párroco, ya jubilado, y que es quien ejercía en el 87 les señala a Andrés Bosque, cuya madre, profesora, fue quien dio la catequesis aquel año, señalando el cura ya retirado que en el caso de este y su madre lo de relación era más que especial.

Un nutrido grupo de policías irrumpe en casa del asesino, donde encuentran a su madre muerta en la cama, viendo que acabó también con la empleada de hogar.

Se celebra la misa por Javier Alfaro, glosando Sancho su figura y su profesionalidad frente a la cara de todos sus compañeros que saben lo que realmente pensaba de él.

Velarde vuelve a acostarse con Rosario, aunque no puede dormir y se marcha.

3 años más tarde

Un hombre conduce una furgoneta por Galicia. Es Andrés Bosque, que repara calderas.

Tras arreglar una de ellas se detiene en medio de un descampado, mientras fuera llueve con fuerza, para comer un bocadillo.

Ve entonces cómo se le acerca un hombre bajo la lluvia. Es Velarde, ahora también con barba, que le pregunta si sabe si hay cerca una parada de autobús, respondiéndole Rafael que lo ignora, pidiéndole Velarde que le lleve hasta el pueblo.

Y aunque él dice que no bajará hasta más tarde, Velarde le dice que no tiene prisa, y al ver que la lluvia es tan intensa le deja subir.

Aprovechando el momento, Velarde le cuenta que la tartamudez le vino de crío tras una paliza de su madre y es algo que las chicas no soportan, diciéndole que tuvo una novia que de hecho no lo soportaba, aunque no se lo dijo.

Le pregunta luego a Andrés si es de allí, señalando que le suena, aventurando que a lo mejor de Madrid, aunque Andrés le dice que no y que pregunta demasiado, tras lo que se dispone a arrancar para marcharse ya.

Velarde, que antes vio un libro de Andrés en la guantera, que Rafael no le dejó tocar, señala lo difícil que es rastrear una colección como esa.

Le dice tras ello que van a parar, pues se hace daño, y lo llama por su nombre, Andrés.

Este, sintiéndose descubierto trata de golpearlo, pero Velarde parecía preparado para ello y le coge el cuello con el cinturón, mientras Andrés patea, consiguiendo darle en la cara y así bajar del coche, aunque muy débil.

Andrés le empieza entonces a patear inmisericordemente mientras Andrés le pide compasión señalando que ya no hace daño a nadie, aunque Velarde lo golpea más fuerte hasta acabar con él, metiéndolo luego en la parte trasera de la furgoneta.

Velarde se queda al volante hasta que se hace de noche.

Calificación: 3