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¡Que vienen los rusos!

The russians are coming, the russians are coming (1965) * USA

          También conocida como:
                    - "¡Ahí vienen los rusos, ahí vienen los rusos!" (Hispanoamérica)

Duración: 126 min.

Música: Johnny Mandel

Fotografía: Joseph F. Biroc

Guion: William Rose (Novela: Nathaniel Benchley)

Dirección: Norman Jewison

Intérpretes: Alan Arkin (Teniente Yuri Rozanov), Carl Reiner (Walt Whittaker), Eva Marie Saint (Elspeth Whittaker), Brian Keith (Jefe Link Mattocks), Jonathan Winters (Norman Jonas), Paul Ford (Fendall Hawkins), Theodore Bikel (Capitán ruso), Tessie O'Shea (Alice Foss), John Phillip Law (Alexei Kolchin), Andrea Dromm (Alison Palmer).

Un periscopio asoma en las aguas cercanas a la isla de Glocester, en Nueva Inglaterra.

El periscopio pertenece al Sprut, un submarino ruso, estando el teniente Rozanov preocupado, pues cada vez están a menor profundidad y tienen el peligro de encallar, por lo que trata de advertir al capitán, tan entretenido con el periscopio, que no le hace caso, pese a que trata de advertirle de que han llegado hasta allí basándose en un mapa antiguo y no están familiarizados con esas aguas, no reaccionando el capitán hasta que quedan ya solo 11 metros y es demasiado tarde, quedando encallados, sintiéndose el capitán avergonzado por lo ocurrido.

Envía a un grupo de 9 marineros a la costa para pedir ayuda, aunque están muy asustados de pisar territorio estadounidense.

En una casita cercana a la playa Walt Whttaker trata de dormir, aunque el ruido de la pelota de su hijo Pete en la pared se lo impide, por lo que decide levantarse.

Mientras espera el desayuno, se queja a su esposa Elspeth, de la humedad de la isla, tratando ella de tranquilizarlo diciéndole que al día siguiente regresarán ya a casa.

Entra entonces Pete para decirles que fuera hay un montón de hombres que se arrastran y llevan pistolas y una ametralladora, aunque no le hacen caso.

Walt está preocupado, pues debe terminar el segundo acto de su nueva comedia musical y aun no se le ocurrió nada, por lo que debe pasarse el día trabajando.

No escuchan a Pete cuando insiste y dice que los hombres están escondidos en el garaje, donde, en efecto, revisan todo lo que encuentran, encontrando un viejo mapa que les indica que están en la isla de Glocester.

Solo dos de ellos, Rozanov y Alexei Kolchin hablan inglés, señalando el teniente que no deben asustar a los habitantes, que no pueden enterarse de que son rusos.

Rozanov y Kolchin llaman a la puerta y le indican a la familia que desean hablar con él de barcos, pues desean encontrar uno con motor.

Walt les indica que para ello deben ir hasta la ciudad, a unos 8 kilómetros.

Pete le pide a su padre que les pregunte si son rusos, diciendo ellos que son noruegos y que están de maniobras por parte de la NATO y le piden prestado su coche.

Pero ante la insistencia del niño acaba preguntándoles si es cierto que son nueve, que son rusos y que van armados, debiendo reconocer que así es, sacando entonces su pistola, para decirles que no desean hacerles nada, pero que necesitan que les deje su automóvil prestado.

Les pregunta cuántos más hay en la casa, y le dicen que una niña, la pequeña Annie, tras lo que le preguntan cuántos habitantes hay en la isla, diciendo que alrededor de 100, interrogándolo sobre si hay algún cuerpo del ejército, respondiéndole que no, que solo hay cuatro policías.

Pete, inquieto, no teme a las armas y decide llamar por teléfono a la policía, aunque entonces ve que no hay señal.

Les dice Rozanov que, si permanecen en casa y se portan bien, no tendrán que hacerles nada, aunque para evitarles tentaciones, dejarán con ellos a Kolchin con la metralleta.

Les advierten que les queda poca gasolina, aunque creen que es para engañarles.

Una vez solos, Kolchin se asusta al escuchar un ruido y apunta hacia las escaleras, cuando aparece por ellas Annie, la niña que va a cumplir 4 años.

Alexei se excusa por todo y les cuenta que el capitán quería ver de cerca a América y el submarino encalló, necesitando por ello un barco para sacar al submarino de la arena y tienen mucho miedo de que aparezcan cientos de barcos de guerra americanos y aviones y los bombardeen.

Entretanto, sus compañeros van hacia la ciudad, cruzándose en el camino con una joven que va en bicicleta y todos observan casi babeantes, parándoseles el coche poco después debido a la falta de gasolina, tal como les advirtieron, por lo que deben continuar su camino andando, decidiendo cantar para animarse.

Pete le dice a su padre es un traidor, pues contó todo lo que querían saber, decidiendo Walt que deben quitarle la ametralladora al ruso, pese a la oposición de Elspeth.

Llega entonces Alison, la muchacha con que se cruzaron los rusos en la carretera y que les ayuda con la limpieza de la casa y cuidando a los niños.

Walt aprovecha la confusión por la llegada de Alison para lanzarse sobre Kolchin, que no quiere hacerles daño y acaba enredándose con las cortinas, consiguiendo así Walt quitarle el arma, corriendo el ruso a esconderse tras las dunas.

Walt se siente satisfecho por haber conseguido hacerle huir, pero Pete no está contento, pues esperaba que le disparara, asustándose Walt de las ideas de su hijo.

Una vez que llegan a las afueras de la población, los rusos tratan de robar el viejo sedán de la encargada de la oficina de correos, Muriel Everett, que los ve y sale pensando que son los chicos del instituto, aunque, ya con las gafas, ve que son hombres armados y adivina que son rusos, por lo que llama hasta la centralita y le pide a la encargada de esta que llame al jefe de policía y le avise del desembarco de los rusos, que entran entonces y cortan el teléfono y cuelgan a la mujer de la pared atada y en una silla.

Alice Foss, la telefonista llama y despierta a Link Mattocks, el jefe de policía por la llamada de Muriel Everett y le habla de los rusos, quejándose Mattocks por la llamada, pues la última vez que llamó Muriel porque le estaban robando, el ladrón era un caballo.

Walt decide ir al pueblo con la bicicleta de Alison para dar el aviso.

Entretanto Alice vuelve a despertar a Mattocks, pues trató de hablar de nuevo con Muriel y vio que su teléfono no funcionaba, pues los rusos cortaron, en efecto la línea.

Decide finalmente levantarse y le pide a Alice que llame a sus colaboradores y que lleven sus pistolas, aunque, le dice, no desea alarmar a nadie.

Pero Alice al llamarlos les advierte que hay un batallón de paracaidistas rusos con tanques y todo, haciendo que todos los agentes se alarmen, tratando Norman el segundo, de buscar su pistola que ni sabía dónde tenía.

La voz comienza a correrse entre los vecinos, que dan ya por hecho que los rusos ocuparon el aeropuerto y que seguramente llevaron también la flota.

En realidad, los rusos se acercan al puerto para tratar de conseguir un barco, fijándose en el que les parece que será más rápido.

Mientras Walt pasa junto al coche abandonado y sigue hacia el pueblo, Muriel es descubierta atada por una mujer que iba a la oficina de correos, no habiéndose percatado su padre, totalmente sordo, hasta ese momento, de lo ocurrido.

Los rusos avanzan, tratando de pasar desapercibidos, discutiendo al llegar a la iglesia si lo suena Hayden o Tchaikovsky, ocultándose finalmente en un taller de costura.

Walt llega al pueblo y ve a varios viejos que han decidido evacuar la isla, y aunque él trata de advertirles de que no es para tanto, nadie le escucha.

El resto de los habitantes se reúne para hacer frente al enemigo.

Los rusos, ocultos en la sastrería ven que ya se conoce su llegada, aunque el jefe de policía no cree que ocurra nada y pide que no siembren el pánico, aunque la gente está asustada y sale con rifles y escopetas, siendo un antiguo militar, Fendall Hawkins quien los aglutina en torno suyo erigiéndose como jefe de la milicia cívica, que se prepara para un ataque inminente al escucharse disparos continuados, y cuando se disponen a disparar al enemigo ven que los supuestos disparos los provocaba el motor de la moto de la mujer que descubrió a Muriel amordazada, que recorre el pueblo con la propia Muriel en el sidecar llevando un cartel de "Peligro", que deja sin visión a la conductora a menudo, por lo que van sin rumbo hasta toparse con la casa de reverendo.

Cuando llega Mattocks y ve el revuelo organizado pide a todos que regresen a sus casas, algo que Fendall no está dispuesto a acatar, asegurando que las "milicias" irán al aeropuerto igual que él, que, viéndose desbordado lo permite, dejando en el pueblo a Norman para que se organicen los que quedan allí.

Pero los que se quedan acaban enseguida en el bar cuando lo abren, olvidándoseles su objetivo enseguida, no pudiendo Norman organizarlos pese a sus esfuerzos, siendo además constantemente obstaculizado por el borrachín Luther, al que decide enviar a avisar a las familias del puerto con su caballo, para librarse de él.

Entretanto, Walt se topa con la comitiva que va hacia el aeropuerto, no entendiendo qué está pasando, viendo, al entrar en el bar a todo el mundo alocado.

Entretanto llega un hombre con su coche a casa de los Whittaker, decidiendo ella aprovechar la circunstancia para irse al pueblo, llevándose a Pete al ver su deseo de hacerse con la metralleta.

Su marido, en el bar trata de explicar a los paisanos la llegada del submarino, lo que Norman toma como que llegó, además de las fuerzas aéreas, la marina rusa, y aunque trata de explicar que se trata de solo 9 marineros, no le escuchan.

Ante la gravedad de lo ocurrido, Norman decide que debe llamar al presidente.

Entretanto, los rusos que quedaron en el submarino tratan de conseguir desencallarlo.

Walt sale afuera, siendo abordado por Rozanov, que se lo lleva por la fuerza a la sastrería y le interrogan, contándoles que lograron desarmar a Kolchin, aunque Rozanov asegura que Kolchin no huiría, pues siempre obedece las órdenes.

Le dicen tras ello que solo desean conseguir un barco sin dañar a nadie, preguntándole si la marina o los fusileros saben que están allí, diciendo él que cree que aún no, e indicándoles que la centralita de la isla está justamente en el piso de arriba, por lo que deciden inutilizarla antes de que puedan dar la voz de alarma.

Fuera, Norman deja a algunos hombres vigilando el puerto, ya que recuerda que Walt le dijo que los rusos querían buscar un barco.

Los rusos llegan hasta la centralita, encontrando a Alice desbordada, siendo retenida por los rusos, que cortan con un hacha las comunicaciones, observando desde lo alto de la centralita cómo los hombres se han apostado en el puerto.

Walt aconseja a los rusos que se disfracen con trajes de la sastrería y que distraigan a los hombres que están en el puerto para que se alejen, siendo acusado de traído pro colaborar por Alice, aunque él le explica que trata de impedir una matanza general, pues esos hombres solo quieren un barco para marcharse.

Entretanto, y aprovechando que están solas Alison y Annie, Kolchin regresa a la casa y recupera la ametralladora, con la que las sorprende, aunque la niña no tiene el menor miedo y lo saluda, pidiéndole a Alison que no tenga miedo, y entregándole incluso el arma para demostrarle que no quiere hacerle nada, aunque ella se niega a cogerla y le dice que no tiene miedo y se acerca a él para mirarle una herida de la frente.

La caravana con el jefe de policía al frente llega al aeródromo, donde Stanley, la única persona del lugar repara una vieja avioneta, siendo interrogado por Fendall Hawkins, que le pregunta dónde están los paracaidistas rusos, para asombro de Stanley, que asegura no haber visto a nadie, no pudiendo evitar Mattocks reír, ordenando que se vayan todos a casa, aunque la gente no le obedece a él, sino al militar chiflado.

Varios de los hombres de Rozanov salen vestidos de civiles, con la misión de dar la voz de alarma y pedir a la gente que regrese a su casa y despeje las calles.

Entretanto dejan a Alice y a Walt atados entre sí, y cuando tratan de desatarse la mujer acaba con todos sus kilos sobre él, aunque luego consiguen ponerse en pie y salir afuera dando saltitos, aunque entonces deben enfrentarse a unos escalones por los que acaban rodando.

Alison le da comida al ruso, que teme lo que pueda ser de él, pensando que los americanos le arrestarán, aunque Alison trata de calmarlo.

Junto a la playa, el submarino, al subir la marea, consigue desencallar y parte hacia el puerto para recoger al resto de sus camaradas.

Los rusos que se disfrazaron consiguen llegar lejos del puerto y comienzan a disparar, consiguiendo así llamar la atención de todos los del pueblo, que salen a darles caza, dejando así el puerto despejado, consiguiendo así Rozanov y otros dos soldados llegar hasta el barco que deseaban, con el que los dos soldados saldrán a rescatar al submarino, quedándose Rozanov allí para ir a recoger a Kolchin.

El barco, gracias a su velocidad consigue recoger al resto de sus compañeros antes de salir hacia el submarino.

Rozanov consigue hacerse con un coche y sale hacia la casa de los Whittaker.

Estos, por su parte vuelven a reunirse al encontrar Elspeth a su marido atado a Alice, que en ese momento está desmayada.

Norman sale entonces junto con una caravana de coches hacia el este tratando de llegar hasta el barco por tierra, ya que los rusos se llevaron el barco más rápido.

Alexei y Alison pasean por la playa con Annie, diciéndole Alexei que, aunque en la Unión Soviética todos desconfían de los americanos, él no quiere odiar a nadie, diciéndole ella que el odio no sirve para nada.

Alexei teme también que algo haya salido mal, pues no fueron a buscarle, aunque, dice, casi lo prefiere, corriendo con Alison de la mano por la playa.

En el pueblo, Walt teme que los rusos puedan tomar a Annie como rehén y salen corriendo, llevándose un coche prestado.

Mattocks y su caravana se cruzan con Rozanov, que va con el coche que requisó, en dirección contraria, seguidos por Walt y su familia, uniéndose la caravana del jefe de policía a la caravana de Norman.

Alexei le pide a Alison que, si le apresan, vaya a verlo, pues no le importará estar allí si ella es su amiga, besándolo ella antes de atreverse él a hacerlo.

El teniente Rozanov llega a casa de los Whittaker, no encontrando a su compatriota, llegando tras él Walt, Pete y su Elspeth, sacando Walt su escopeta antes de entrar a la casa, donde no encuentran a nadie.

Cuando ve al teniente le dispara mientras le pregunta dónde está su hija, tratando Rozanov de huir en el coche, aunque Walt le dispara muy enfadado mientras sigue preguntando dónde está su hija, provocando que el coche choque contra una valla, apareciendo justo entonces Annie, Alison y Alexei, comprendiendo Walt que no había ocurrido nada, por lo que se dirige hacia el coche temiendo haber acabado con el teniente, que le dice que solo está herido en su dignidad, prometiéndole Walt que nunca más disparará contra nadie.

Mattocks y Hawkins se enredan en una discusión en que el segundo acusa al primero de traición, ante lo que el policía, indignado, le arranca el sable y se lo dobla, comenzando tras ello una pelea entre ellos, unos contra otros mientras el submarino ya llega a aguas profundas y se presenta en el puerto, llevando Walt y su familia a Rozanov y a Alexei hasta el submarino.

Al ver el submarino, Mattocks dice que deben avisar a los guardacostas y a la marina, pues eso es demasiado para ellos, aunque no tienen conexión telefónica.

Todos los habitantes se plantan frente al submarino, al que el capitán pide suban Rozanov y el resto de los hombres, debiendo decir este que faltan 7 hombres, que el capitán piensa fueron arrestados, por lo que amenaza a la población con destruirla si sus hombres no aparecen en tres minutos.

Walt trata de mediar, aunque cuando el capitán se entera de que solo es un escritor de comedias musicales se burla de él, aunque Walt insiste en que si hace lo que dice acabará desencadenando una guerra.

La gente, ahora asustada de verdad al ver sus armas huye, llegando entonces Mattocks, al que le explican la situación, diciéndole el capitán que les concede un minuto, diciendo el jefe policial que queda arrestado, ante lo que el capitán se carcajea y le dice que volará la ciudad, viendo como enfocan sus armas hacia la ciudad.

Pero Mattocks insiste en decirle que quedan arrestados, pues llegan metiendo miedo a la gente, roban coches y barcos, causan daños a la propiedad privada y amenazan a todos, y no van a tolerarlo, pues, aunque tengan miedo, no es tanto como el que ellos creen, y si abren fuego verán lo que pasa, pues todos los habitantes del pueblo les apuntan también a ellos.

Las expectativas quedan en lo alto a la espera de la decisión del capitán, con unos apuntando a los otros, cuando de pronto se produce un problema.

Dos niños subieron al campanario para ver todo mejor desde allí y uno de ellos está a punto de caer, quedando colgado de un clavo.

Ante la tragedia se movilizan todos, decidiendo hacer una escalera humana en que participan rusos y americanos sin distinción, quedando todo el pueblo en suspenso a la espera de que llegue el rescate, consiguiendo Alexei recoger finalmente al pequeño, aplaudiendo todos el rescate.

Las rencillas parecen ya olvidadas por todos, llegando en ese momento Fendall Hawkins, que es el único que no se enteró de nada y que dice que ha avisado por radio a las fuerzas aéreas y a la marina.

Todos indican a los rusos que deben marcharse, pues solo tienen 5 minutos, aunque el capitán no desea irse sin sus 7 hombres, y por ello, y pensando que sería injusto que acabaran con ellos, Elspeth propone escoltarlos formando un convoy con todas las embarcaciones del puerto, diciéndoles Mattocks que él no lo impedirá.

Todo el mundo se lanza a sus botes para escoltarlos, despidiéndose Alexei de Alison diciéndole que volverán a verse y se besan antes de que él suba al submarino.

Salen tras ello hacia mar abierto con todos los botes a su alrededor, despidiéndose desde lo alto Rozanov de los Whittaker, uniéndoseles pronto los soldados del otro barco, a los que encuentran finalmente en su camino.

Aparecen entonces dos aviones de la fuerza aérea americana, que observan que el submarino va escoltado por toda la flota local, por lo que piden instrucciones, ordenándoseles regresar a la base, celebrando todos ver que los aviones se alejan sin atacarlos, despidiéndose tras ello definitivamente antes de volver al fondo del mar.

Y es entonces cuando llega Luther, que tuvo gran dificultad para subir al caballo, al otro lado de la isla, donde grita: "Que vienen los rusos, que vienen los rusos".

Calificación: 2