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Ran

Ran (1985) * Japón / Francia

Duración: 160 min.

Música:Tôru Takemitsu

Fotografía: Takao Saito, Masaharu Ueda

Guion: Akira Kurosawa, Hideo Oguni, Masato Ide (Basado en El Rey Lear de William Shakespeare)

Dirección: Akira Kurosawa

Intérpretes: Tatsuya Nakadai (Hidetora Ichimonji), Akira Terao (Taro), Jinpachi Nezu (Jiro), Daisuke Ryu (Saburo), Mieko Harada (Kaede), Yoshiko Myazaki (Sué), Masayuki Yui (Tango Hirayama), Kazuo Kato (Kageyu Ikoma), Peter (Kyoami), Hisashi Ikawa (Kurogane), Hitoshi Ueki (Nobuhiro Fujimaki), Jun Tazaki (Seiji Ayabe), Mansai Nomura (Tsurumaru), Norio Matsui (Ogura).

Un grupo de guerreros a caballo otea el horizonte hasta que aparece un gran jabalí, momento en que se ponen en marcha y lo rodeen hasta acabar con él.

Luego se sientan a reposar y comentan la cacería, señalando el que parece el cabeza del plan que no deben cocinarlo, pues estaría demasiado duro, casi tanto como él, que es ya un anciano, recalca.

Junto al gran patriarca hay dos invitados, habiendo sido de echo uno de ellos el jefe del clan Ayabe, quien acabó con el animal, señalando ambos que participaron en la cacería para tratar de estrechar lazos entre sus clanes, estando ambos interesados en casar a sus hijas con Saburo, el único hijo soltero de los Ichimonji.

Mientras Kyoami, el bufón Kyoami trata de entretenerlos, Hidetora, el jefe de los Ichimonji se queda dormido, algo por lo que se muestran preocupados sus tres hijos, pues nunca antes se habría dormido ante unos huéspedes, ni siquiera tras una batalla.

Se despierta alterado debido a una pesadilla en que se veía solo en el mundo, señalando que desea comunicar algo aprovechando la presencia de Nobuhiro Fujimaki y de Seiji Ayabe, proclamando delante de sus hombres y de sus rivales que lleva luchando desde que a los 17 años se hizo con el fortín donde nació, habiendo combatido durante 50 años hasta conquistar la llanura donde están y continuó luchando contra los señores que ahora comparten cacería con él y cree que llegó el momento de dejar descansar a sus caballos, pues tiene ya 70 años. Por lo que ha decidido dejar la dirección de su clan a su hijo mayor, Taro, retirándose él a su bastión con 30 guardias y conservando el rango de Gran Señor.

Jiro, su segundo hijo, indica que obedecerá, pero quiere saber cuál será su destino y el de Saburo, diciendo Hidetora que a ellos les confía el segundo y el tercer castillo con las tierras colindantes y él irá de uno a otro castillo durante los años que viva.

Taro le pide que lo reconsidere, pues regir esas tierras es demasiado complicado para él, que siempre pensó en que su padre viviría por lo menos hasta los 100 años, algo que Jiro dice compartir con Taro.

Pero Saburo se burla de ellos pensando que sus hermanos tratan de adularlo, pero que no son sinceros.

Hidetora da una flecha a cada hijo y les pide que las partan, lo que hacen fácilmente, entregándoles tras ello un haz con tres flechas, que tratan de partir sin éxito, diciéndoles su padre que partir una flecha es fácil, pero tres es casi imposible, y si permanecen juntos será complicado, pero entonces Saburo las parte contra su rodilla y les dice que sí es posible, diciéndole su padre que es un necio.

Pero Saburo cree que su padre dice necedades debido a su estado senil. Le dice que ha vivido derramando demasiada sangre y ellos son hijos de esa época decadente y envilecida por la guerra y espera su fidelidad solo por el hecho de que son sus hijos, pero las tres flechas pueden romperse.

Su padre se indigna ante sus palabras y decide romper sus lazos con él desheredándolo mientras asegura lamentar haberlo mimado demasiado por ser su preferido.

Tango Hirayama, lugarteniente de Saburo le pide al anciano que reconsidere sus palabras, pues su hijo ha sido sincero, pero le quiere, aunque Hidetora, lleno de ira va a por su espada y les pide que se marchen ambos, lamentando Saburo que se haya echo expulsar dejando solo a su padre.

Mientras descansan escuchan el ruido de caballos persiguiéndoles, por lo que deben partir de su descanso hasta acabar acorralados, comprobando entonces que quien les ha seguido es Fujimaki, que le dice que sigue interesado en convertirlo en su yerno ya que ha visto que posee carácter y encanto, señalando Saburo que, ya que carece de otros bienes no le queda más remedio que aceptar su propuesta.

Pero Tango no lo hace, les dice que su deber es cuidar y defender a Hidetora y seguir sus pasos, disfrazándose si es preciso.

Kaede, la esposa de Taro hace que las favoritas de Hidetora se arrodillen ante ella en su traslado al bastión, ya que es ahora la señora del castillo, algo que Hidetora no ve bien, aunque le indican que debe aceptar que el nuevo jefe del clan es su hijo.

Cuando Kaede observa que no está el estandarte le pide que exija su permanencia, pues cree que las apariencias son importantes, pues no solo es, sino que además debe actuar como jefe del clan, provocando así el primer enfrentamiento entre los hombres del padre y del hijo por ello.

Kyoami, el bufón, se ríe ante los soldados de Hidetora de los cambios de opinión, de Taro, lo que hace que uno de sus guardias trate de acabar con él por difamar a su señor, aunque es él quien muere por una flecha lanzada por Hidetora.

Taro convoca a su padre a una reunión para celebrar el cambio del clan, viendo Hidetora al acudir cómo debe permanecer en un lugar inferior al de Taro y al de Kaede, que le dice que es el honorable padre de su esposo, pero nada más, pese a que él reivindica que es también es el Patriarca del clan, cuyo título dijo que dijo que conservaría.

Taro le dice que el comportamiento de sus guardias y la canción en que se burlan de su volubilidad le parecen intolerables.

El padre le dice que cantan para divertirse, aunque Tora cree que así no puede mostrar autoridad y no puede consentir que mate a un hombre de su guardia, por lo que le pide que no vuelva a comportarse del mismo modo, exigiéndole que firme un documento jurando la cesión de tierras, castillo y casa, y que se someterá a la autoridad de su hijo.

Hidetora se niega a hacerlo, pero le dicen que firmar o no, carece de importancia, pues lo que figura en el escrito lo dijo ante Fujimaki y Ayabe, por lo que accede a firmar, aunque se pregunta si esa es la actitud de un hijo hacia su padre, quejándose de que la gallina, refiriéndose a Kaede, haga cantar al gallo, y le dice que no se quedará, pues tiene otro hijo.

Cuando se marcha, Kaede le recuerda a Taro que su padre y sus hermanos fueron asesinados por Hidetora, y ese castillo, que fue arrebatado a su familia, ahora vuelve a ser suyo, algo que esperaba desde que salió de allí, recordando que en esa misma habitación se suicidó su madre.

En el segundo castillo, Jiro recibe una carta de Taro, diciéndole que expulsó a su padre amablemente de su castillo y está camino del suyo y considera peligroso que lo aloje.

Kurogane y el resto de consejeros de Jiro creen que debería ser él quien asumiera el mando de esas tierras, pues Taro carece de capacidad, asegurando Jiro que es lo que estaba pensando y que así ocurrirá, asegurando que su hermano no es un problema, pero sí Kaede, sugiriéndole uno de sus hombres que sería una esposa perfecta para él.

Cuando Hidetora llega al castillo de Jiro, va a ver a su nuera, Sue, y le dice que sigue teniendo el rostro triste y cuando la ve se entristece, recordando que fue él quien quemó su castillo con toda su familia dentro, lamentando que pese a ello no lo mire con odio, lo que le haría sentirse mejor, señalando ella que todo está predestinado y en el corazón de Buda.

Cuando ve a Jiro, le dice que Taro le ha decepcionado, confesándole Jiro que recibió una carta de Taro en que explicaba que sus guardias fueron groseros e insensatos y que no debe dejar a su guardia instalarse en su castillo y como es el jefe de la casa familiar debe obedecer sus órdenes o regresar al primer castillo y pedir disculpas a Taro.

Mientras hablan, el séquito de Hidetora es expulsado del castillo, dándose cuenta Hidetora de que Jiro es como Taro y que también le estorba.

Jiro le dice que estaría encantado de recibirlo, pero a él solo, pues cree que no necesita escolta estando con sus hijos, por lo que decide marcharse también.

Hidetora y sus hombres vagan sin destino, comunicándole sus hombres que no consiguen encontrar comida, pues todos los pueblos fueron abandonados por los vecinos que se llevaron incluso el arroz.

Su hombre de confianza, Ikoma, le proponen ir al tercer castillo, del que salió la primera vez con su bandera, pero él cree que no le recibirían, pues persiguió a su dueño.

A este tercer castillo llegan los hombres de Tora al mando de Ogura para tomar posesión del mismo, encontrándose con que sus habitantes no oponen resistencia alguna señalando que están de acuerdo, pues sin Saburo nada significa ese castillo para ellos, por lo que parten hacia las tierras de Fujimaki, donde saben que está ahora.

Hambrientos, los hombres de Hidetora ven que llega Tango, que les lleva comida, postrándose ante Hidetora, al que dice ha estado siguiendo camuflado para ver qué le sucedía y se ofrece para servirle.

Pero Ikoma le dice que un samurái no puede aceptar limosna de los campesinos aunque se muera de hambre, estando Hidetora de acuerdo y ordenando que quemen los pueblos de los campesinos por su comportamiento, diciéndole Tango que ellos no son los culpables, pues no podían desobedecer las órdenes de su señor Taro, que dijo que su padre está desterrado y que cualquiera que le ayude morirá.

Hidetora comprende ahora las advertencias de Saburo y de Tango, pues Taro trata de ese modo de demostrar su poder, y le pide que se ría de él, pues no tiene ni dónde ir, diciéndole Tango que debería ir con Saburo, que sabe que siempre piensa en el bienestar de su padre, y que fue él quien le ordenó que le ayudara y le protegiera.

Reciben entonces la noticia del abandono de los guerreros de Saburo del tercer castillo, señalando Ikoma que esa es la jugada de Fujimaki. Al conseguir que Saburo sea su yerno, consigue a sus soldados, atiza la guerra entre los Ichimonji y luego consigue hacerse con todo el poder.

Tango dice que Fujimaki no es así y que no puede ir al tercer castillo, pero Ikoma cree que con sus hombres podrán vencer fácilmente a las tropas de Ogura, optando Hidetora por este consejo, dejando solos a Tango y al bufón Kyoami.

No necesita pelear. Son recibidos en el castillo, donde descansa hasta que al día siguiente le despierta un gran alboroto, pudiendo ver desde la torre que se ha desatado la guerra, pidiendo que llamen a Ikoma y a Ogura, aunque le dice que fueron ellos los que los traicionaron, habiéndose unido las tropas de Taro y Jiro contra su padre, y aunque los guardias de este son muy bravos, su número es muy inferior al ejército de los dos hermanos, debiendo Hidetora y su séquito refugiarse en la torre, donde algunas de sus concubinas se suicidan.

El resultado es una gran carnicería a la que solo sobrevive Hidetora.

Cuando taro llega para tomar posesión de la torre, un soldado acaba con él, comunicándole sus hombres a Jiro que él pasará a ser el líder del clan.

Este pregunta por su padre, que piensan, se habrá suicidado.

Pero, aunque los disparos y las flechas con fuego rondan a su alrededor, Hidetora aún vive, junto a alguno de sus hombres.

Cuando sus tres últimos hombres le dicen que debe morir, pues es el fin, Hidetora trata, en efecto de poner fin a su vida, pero entonces se da cuenta de que no tiene espada y no pude hacerlo.

Rodeado por el fuego trata de buscar un arma con la que acabar con su vida, sin éxito.

Solo, rodeado por el fuego y alocado comienza a bajar las escaleras, viendo todos los soldados de Jiro y de Taro aparecer su fantasmagórica figura ante ellos, que asustados se retiran a su paso dejándole un pasillo por el que camina hasta salir del castillo sin que nadie se atreva a hacer nada contra él.

Tango y Kyoami se acercan hacia el castillo en llamas, encontrándose con Hidetora, que con la cabeza totalmente perdida está en medio del campo recogiendo flores.

De pronto parece horrorizado y pide perdón, apuntando Kyoami que se ha dado cuenta de pronto de todos los crímenes cometidos y está viento a todos los fantasmas de los clanes con los que acabó.

Como se les hace de noche buscan refugio en una cabaña, aunque el dueño de esta les dice que no puede dejarles entrar por motivos personales, si bien cuando le dicen que es el jefe del clan de los Ichimonji les permite entrar.

Ya dentro, Hidetora recupera el conocimiento y reconoce a Tango, recordando que fue atacado por sus propios hijos y que Ikoma lo traicionó, habiendo muerto todos los que le fueron leales, no habiendo querido el destino que muriera él.

Como su anfitrión carece de luz le preguntan por ello, señalando este que no la necesita, dándose cuenta entonces de que se trata de Tsuru Maru, el hermano pequeño de Sue.

Este recuerda que era solo un niño, pero no ha podido olvidar a quien ordenó sacarle los ojos a cambio de que viviera el mismo día en que tomó e incendió el castillo de su padre, y que no fue otro que el propio Hidetora, asegurándoles que ha tratado de seguir el ejemplo de su hermana rezando a Buda y liberándose del odio, pero que no ha logrado vivir en paz y olvidar ni un solo día, pese a lo cual les ofrece su hospitalidad y toca la flauta para ellos, volviendo a Hidetora sus fantasmas y sufriendo otro ataque de nervios.

Entretanto, Jiro se presenta ante Kaede llevándole los cabellos de su hermano como prueba de su muerte en combate, contándole que debieron quemarlo e improvisar su funeral en un templo cercano debido al calor.

Ella pregunta por su armadura y su casco, que dice Jiro lleva él como homenaje a su hermano, recriminándole la viuda que se lo pusiera recién muerto su hermano, reconociendo que creyó que su hermano se sentiría orgulloso de que lo hiciera, aunque piensa que fue un error, por lo que hace que le quiten la armadura.

Jiro recibe a Ogura y a Ikoma para agradecerles sus servicios, diciendo que va a hacerles un regalo. No desea tenerlos a su servicio ya que demostraron ser capaces de traicionar a su señor, pero les permitirá conservar la vida.

A su salida llega Kaede, que le lleva el casco de Taro, que coloca ante él, asegurando estar avergonzada de sus palabras anteriores.

Le dice que ha escuchado que su padre se volvió loco, pensando él que debe estar alegre por ello, ya que su padre era enemigo de su familia, con la que acabó, aunque ella cree que también él se alegra, pues está ahora a la cabeza de la casa de los Ichimonji, entregándole por ello el casco que lo representa, aunque al acercarse lo golpea con él sobre el que se abalanza, diciéndole que ha visto cómo ha vuelto loco a su padre y acabó con su hermano para usurpar sus dominios, mostrándose dispuesta a acabar con él con su daga.

Jiro dice que no fue él quien mató a Taro, sino Kurogane, aunque ella cree que él lo ordenó y no quiere asumir la responsabilidad, sorprendiéndose de lo fácilmente que ha confesado, riendo al verlo tan asustado, tras lo que cierra todas las puertas y se acerca a él, daga en mano, asegurándole que no le ha afectado nada la muerte de su marido, pero se pregunta qué será de ella, pues no quiere vivir como una monja ni como una viuda y no quiere marcharse de allí, por lo que hace una propuesta. No dirá nada de sus crímenes para no romper el reino en pedazos. Tira tras ello la daga y se abalanza sobre él para besarlo y lamerle las heridas que le hizo antes en el cuello con la daga.

Tras acostarse con él, le dice que ya no debería ser su cuñada, sino su esposa, aunque él indica que ya tiene a Sue, asegurando Kaede que no se conformará con ser su concubina, pues no quiere que nadie más lo posea, pues es suyo y finge llorar.

Jiro le dice que nunca pensó en hacer de ella una simple concubina y que repudiará a Sue, aunque ella le dice que ella no quiere que viva al mismo tiempo que ella otra mujer que se haya acostado con él.

Ocultos en los restos del castillo que Hidetora ordenó incendiar con los padres de Sue y Tsurumaru, Kyoami y Tango ven a Ogura e Ikoma, saliendo Tango tras ellos a caballo acusándolos de traidores.

Antes de morir Ikoma confiesa que Jiro mató a Taro y quería matar a su padre, pero no lo hizo porque se volvió loco, pero que si recobra la razón lo matará.

Tras ello Ikoma se suicida antes de que lo maten.

Solo cuando piensa en Saburo parece recobrar la razón Hidetora, y Tango le propone llevarlo a casa de este, a lo que Hidetora no se atreve.

Tango decide ir a buscar a Saburo, para que vaya a recoger a su padre, dejándolo solo con Kyoami para que lo cuide.

El lugarteniente de Jiro, Kurogane, no comparte su idea de acabar con Sue, y le dice que Kaede le ha embrujado, entendiendo que matar gratuitamente es innecesario, aunque Kaede se lo pide personalmente a Kurogane, indicándole que debe ir al segundo castillo y conservar la cabeza de Sue en sal para llevársela y que no se descomponga.

Entretanto Kyoami se pregunta si no está también loco él permaneciendo sobre una roca que se desploma, y decide marcharse, aunque entonces Hidetora despierta y pregunta dónde está, corriendo de nuevo hacia él acostándolo y tapándolo, para luego acostarse junto a él llorando mientras recuerda que casi desde niño ha sido su niñera.

Kurogane regresa con paquete que muestra a Jiro y Kaede, que se apresta a abrirlo, viendo que lo que hay dentro no es la cabeza de Sue, sino una cabeza de la estatua de un zorro, diciendo él que se ha convertido en piedra, y cuando Kaede le dice que si cree que es tonta él le dice que en absoluto, que hay muchos zorros que toman el aspecto de personas y le dice a Jiro que también hay zorros que toman la apariencia de mujeres para cometer sus crímenes y recuerda varios casos de mujeres bajo cuya influencia se cometieron miles de crímenes.

Cuando se va, ella le dice a Jiro que ha conspirado con Kurogane para humillarla, y le pregunta si no hay más hombres que Kurogane, asegurándole que no volverá a mirarlo hasta que no vea la cabeza de Sue.

Esta, por su parte, huye gracias a Kurogane junto con su hermano, aunque este no quiere irse sin su flauta, por lo que envían a recogerla a la mujer de confianza de Sue, mientras ellos llegan a las ruinas del castillo familiar donde están Hidetora y Kyoami.

Mientras descansan algunos de los hombres de Jiro junto al río ven como lo atraviesan los hombres de Saburo, por lo que deben esconderse e informar a Jiro, desconociendo qué desea hacer, ya que ha salido solo con su guardia personal.

Pronto tendrá la respuesta, pues Saburo le envía un mensaje en que señala que ha ido a recoger a su padre y que cuando lo tenga se retirará, aunque a continuación otro mensajero anuncia que las tropas de Fujimaki están en sus fronteras.

Saburo piensa que su suegro le ha enviado las tropas para apoyarlos, pero teme que su hermano piense que se trata de un ataque y comiencen una batalla que no desea.

Kurogane le pide a Jiro que evite el combate, enviando a su hermano un mensaje permitiéndole llevarse a su padre pese a que teme que Saburo acaba alzándose contra él por su traición.

Kurogane le dice que el pueblo está confundido por esos cambios de poder, y eso va en provecho de Fujimaki y Ayabe, decidiendo mostrar Jiro su fuerza sacando a sus tropas con intenciones defensivas.

Un mensajero avisa a Jiro de que Kaede quiere despedirlo antes de partir, aunque Kurogane le dice que cuando un jefe va a partir hacia el combate no debe ver a su mujer, aunque él hace caso omiso de la recomendación y acude a la llamada.

Kaede le dice que no debe evitar la batalla y que el resultado de estas dependen de la calidad de los jefes, preguntándole si teme a Fujimaki o Ayabe y le dice que fue un grave error dejar libre a Hidetora y que debería acabar con él.

Pero Jiro no sabe dónde está su padre, diciéndole Kaede que Saburo sí debe saberlo y que si lo siguen darán con el anciano y podrán acabar con él.

Kyoami sale a pasear con Hidetora, que se pregunta dónde está, bromeando el bufón con él y diciéndole que si no quiere seguir por el camino puede saltar, viendo cómo el anciano se lo toma en serio y salta desde cierta altura, aunque por fortuna cae sobre un banco de arena.

Desde allí ve que arriba hay una mujer, reconociendo a Sue y dándose cuenta de que están en las ruinas del castillo de sus padres que él destruyó, viendo que está también Tsurumaru, pensando al verlos que está en el infierno, por lo que sale corriendo a toda velocidad, debiendo correr Kyoami tras él, aunque lo pierde.

Saburo recibe una misiva de su hermano en la que dice que no se opone, aunque le pide que se repliegue en cuanto recojan al anciano.

Pero Saburo no desea desvelar el lugar en que está su padre y decide esperar.

Pero mientras esperan, confundiendo a los hombres de Jiro, ven cómo se acerca también y se sitúa en la frontera, el ejército de Ayabe.

Kurogane le pide a Jiro que no dé ocasión a los ejércitos de sus enemigos, que los observan, para que entren en batalla, aunque Jiro está nervioso.

Sue y Tsurumaru están también nerviosos, pues no regresa la anciana que fue a recoger su flauta, por lo que Sue decide ir a buscarla, pese a las objeciones de su hermano.

Llega entonces Kyoami que le dice a Saburo que el señor se perdió en la llanura de Azusa, por lo que no pueden esperar hasta la noche para ir a recogerlo.

Tango y Saburo parten con 10 de sus hombres a buscar al viejo, quedándose los demás a esperar para evitar que el enemigo avance.

Al ver el movimiento, Jiro ordena que algunos de sus hombres partan también hacia la llanura y preparen una emboscada, añadiendo que será recompensado quien acabe con Saburo.

Kurogane le dice que si rompe su promesa, la guerra será inevitable, aunque Jiro cree que lo es de todos modos y si atacan Ayabe o Fujimaki tendrán una excusa para entrar en sus tierras y arrebatárselas, lamentando Kurogane que Kaede siga influyendo en él.

Los hombres de Saburo que se quedaron atrás se internan en el bosque.

Saburo y Kyoami logran encontrar al anciano, que está tumbado entre unas piedras mirando al cielo alocado, preguntando si está en el paraíso, viendo Saburo que no lo reconoce hasta que escucha varias veces cómo lo llama padre y finalmente reacciona y recuerda que tenía tres hijos, preguntándole si él es uno de ellos, respondiendo él que es Saburo, preguntando el anciano cómo puede presentarse ante él y que si quiere envenenarlo lo aceptará gustoso, pidiéndole Tango que mire las lágrimas de su hijo para ver que salen del fondo del corazón, diciendo el viejo que espera que le perdone.

Entretanto Jiro ordena a sus guerreros que ataquen, aunque desde los flancos del bosque los hombres de Saburo los sorprenden fácilmente y aunque son menos, les es más fácil defenderse, pidiendo Jiro que quemen el bosque.

Jiro recibe entonces a un mensajero que le anuncia que los hombres de Ayabe están atacando el primer castillo, observando Jiro que los hombres de este siguen arriba, en la montaña, comprendiendo entonces que les han tendido una trampa, ordenando el repliegue de las tropas, ya mermadas por el ataque de los hombres de Saburo, que celebran el triunfo, siendo aclamados desde la montaña por las de Fujimaki.

Saburo lleva a su padre a caballo de regreso al castillo, siendo ambos felices, diciéndole Hidetora que solo desea poder hablar con él a solas, cuando de repente se escucha un disparo, de uno de los hombres de Jiro, que alcanza a Saburo y acaba con él.

Hidetora le pide que no se muera, pues tiene que hablarle y pedirle perdón, y llora abrazado a él, tras lo que empieza él mismo a sentirse mal para acabar muriendo sobre su hijo mientras Kyoami llora.

Llegan sus tropas felices, anunciando su victoria, viendo que murió su jefe.

Por su parte, Jiro llega a su castillo, viendo que las tropas de Ayabe superan a las suyas.

Llega entonces uno de sus guerreros con un paquete, preguntando Kurogane si en él va la cabeza de Saburo o la de su padre, observando al abrirlo que es la de Sue, por lo que corre a ver a Jiro y le dice que él no sirve a Kaede, que es quien parece tomar todas las decisiones, subiendo tras ello hasta las estancias de esta, acusándola de haber tramado complots hasta destruir con sus intrigas la casa de los Ichimonji.

Kaede le dice que no ha actuado por estupidez, pues quería ver a los Ichimonji aniquilados y su castillo ardiendo para vengar a su familia, cortándole Kurogane la cabeza, tras lo que le dice que se prepare para morir y que él le seguirá hasta el fin.

Las tropas de Ayabe rodean el castillo, algunas de cuyas partes ya arden.

Los soldados de Saburo cargan con los cadáveres de este y de su padre.

Entretanto Tsurumaru, solo se acerca hasta el borde del precipicio y está a punto de caer, perdiendo el pergamino con Buda que le dejó su hermana.

Calificación: 4