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Repulsión
Repulsión

Repulsion (1965) * Gran Bretaña

Duración: 105 min.

Música: Chico Hamilton

Fotografía: Gilbert Taylor

Guion: Gerard Brach, Roman Polanski

Dirección: Roman Polanski

Intérpretes: Catherine Deneuve (Carol Ledoux), Yvonne Furneaux (Helen Ledoux), Ian Hendry (Michael), John Fraser (Colin), Patrick Wymark (Propietario), Valerie Taylor (Madame Denise), James Villiers (John), Helen Fraser (Bridget), Hugh Futcher (Reggie).

Carol Ledoux es una joven belga que trabaja haciendo la manicura en un salón de belleza en Londres, donde vive en casa de su hermana Helen.

En el salón la ven cansada y con sueño mientras atiende a una paciente.

Durante el descanso del mediodía, va a comer a un restaurante barato hasta el que la sigue Colin, un conocido que la acompaña durante la comida, y que se empeña en pedirle que le acompañe a otro lugar, ya que allí la comida no es buena, aunque ella le dice que debe regresar a trabajar y se le haría tarde.

Colina la acompaña tras la comida al trabajo, preguntándole él si pueden salir esa noche, diciéndole ella que tiene un compromiso, pues va a cenar conejo con su hermana, citándola para el día siguiente en un pub, a las 7.

Cuando llega a su casa, su hermana le cuenta que se irá unos días de viaje.

Carol se queja de que Michael, su amante deje su cepillo de dientes y su navaja de afeitar en su vaso del baño.

Poco después llega Michael, y, como todavía no tiene preparada la cena, le propone salir a cenar.

Al ver la actitud de Carol, Michael le dice a Helen que le parece que no le cae bien a su hermana, y le dice que cree que debe verla un médico, no entendiendo ella por qué.

Sola en casa, recorre la casa con aburrimiento.

Observa por la mirilla a la anciana de enfrente cuando regresa con su perro y luego mira las fotos.

Ya en la cama, observa las sombras mientras escucha a su hermana y a su novio haciendo el amor, no pudiendo dormirse.

Por la mañana, al ir al baño encuentra en él a Michael afeitándose y ve cómo luego se marcha corriendo sin desayunar y le dice a Helen que se coja un taxi, pues no puede llevarla, ya que tiene que pasarse a recoger algo por casa.

Le pregunta Carol si se va a quedar todas las noches, pues, le recuerda que está casado.

Llama por teléfono el casero a Helen para exigirle que pague el alquiler, pues lleva 15 días esperando, diciéndole Helen que le llevará el dinero al día siguiente su hermana.

Antes de ir al trabajo se peina en la habitación de su hermana, observando las sábanas revueltas tras una noche de amor.

En el trabajo encuentra a Bridget, su compañera, llorando y quejándose de su novio, diciéndole que luego le contará todo con detalle.

Limpia luego la silla donde estuvo su compañera como si hubiera suciedad en ella.

Cuando sale de trabajar recorre el camino del día anterior, pero ese día no están los obreros que la piropearon.

Entretanto Colin la espera sin que ella aparezca, preguntándole sus amigos sobre su cena con Carol, contándoles que finalmente no cenó con ella porque tenía que ir con su hermana, observando que tampoco va a ir a la cita de esa tarde.

Pero cuando sale del pub, pensando que ya no llegará, ve de pronto a Carol sentada en un banco cercano, y observando una grieta de la acera, por lo que se dirige a ella y le echa en cara que no fuera a su cita ni lo avisara.

Él le dice que deben ir a comer, diciendo ella que es muy tarde, proponiéndole él llevarla a su casa, aunque la encuentra muy rara.

Al llegar a su portal, Colin trata de besarla, pero no la encuentra receptiva. Poco después le parece, sin embargo que lo está y la besa, aunque ella parece distraída y sale del coche y se marcha a su casa, corriendo y dejando a Colin desconcertado, limpiándose ella los labios en el ascensor, y lavándose luego los dientes compulsivamente, tras lo que tira a la basura el vaso de su cepillo al ver la navaja del novio de su hermana en él.

A Helen le extraña su actitud al verla en la cama y le pregunta si no se encuentra bien.

Hay una llamada y su hermana coge el teléfono, que no contesta nadie.

Por la noche no consigue dormir, volviendo escuchar a su hermana mientras hace el amor, aunque poco después entra y le pregunta por qué tiró las cosas de Michael, respondiéndole que no le gusta verlas allí.

A la mañana siguiente Helen la despierta para despedirse, pues va a pasar unos día en Pisa con Michael, recordándole que le ha dejado allí el dinero del alquiler para que se lo lleve al casero.

Carol le pide que no se marche, aunque le dice que no esté tan triste, pues el tiempo pasa enseguida, tras lo que se marchan con sus maletas, viéndolos desde la ventana subir al coche.

En el trabajo, y mientras atienden a una clienta, esta les aconseja, a su compañera y a ella no hacer caso a los hombres, pues solo quieren sexo y cuanto más te haces de rogar más contentos están, algo que su compañera confirma, pues indica que tras no hacer caso a su novio este la llamó por la mañana y solo le faltó arrodillarse.

De nuevo Carol parece ausente en el trabajo, y la dueña del salón de belleza nota también que está mal y se muerde las uñas, por lo que la manda a su casa.

Llaman al teléfono, y, como en otras ocasiones, nadie contesta.

En el baño ve, de nuevo la navaja de afeitar del novio de su hermana, que ahora ya no está en su vaso, encontrando, tirada en el suelo su camiseta, que coge con aprensión para llevarla al cubo de la basura, aunque antes de hacerlo la huele, lo que le provoca fuertes náuseas.

Escucha un ruido que le lleva a fijarse en una grieta de la pared de la cocina.

Se acerca al armario de su hermana y coge un vestido, viendo reflejado en el espejo del mismo, al cerrarlo, a un hombre, aunque cuando mira hacia atrás ve que no hay nadie.

Por la noche le cuesta dormirse y escucha pasos tras la puerta de la habitación, y un haz de luz que se cuela por la puerta, por lo que, asustada, se tapa los ojos, observando, al abrirlos, que desapareció la luz y cesaron los ruidos, durmiéndose al fin.

Al día siguiente decide darse un baño, pero se le olvida que dejó el grifo abierto y, cuando llega, con los tacones puestos, se resbala, pues está el suelo lleno de agua.

Sale a la calle y va sacudiéndose como si estuviera su ropa manchada.

De nuevo en casa, al dar la luz ve que se abre una grieta en la pared junto a ella, por lo que, asustada, se encierra en su habitación, donde vuelven sus ensoñaciones. Escucha de nuevo pasos mientras está en la cama y ve la luz por encima de la puerta, que esta vez se abre, entrando un hombre que se dirige a ella, la coge por el pelo, la tumba boca abajo, le sube el vestido y la viola, mientras ella grita, aunque ningún sonido sale realmente de su boca.

Al día siguiente recibe una llamada de Colin, aunque es ella esta vez quien no contesta.

Cuando regresa al trabajo, la dueña del salón de belleza le pide explicaciones, y le dice que no puede desaparecer tres días sin más y le pregunta si está enferma, diciendo ella que no, que no pudo ir porque se presentaron de repente en su casa unas tías, algo que, su jefa no entiende que sea motivo suficiente para no ir a trabajar.

Carol es incapaz de concentrarse, y, mientras le hace la manicura a una clienta le acaba haciendo un corte, sintiéndose horrorizada al ver la sangre, por lo que es, de nuevo, enviada a su casa.

Su amiga le pregunta si es por un hombre, diciendo ella que no está enamorada y que se quedó en casa esos tres días sin más, recomendándole su amiga que trate de entretenerse yendo al cine, recordando lo mucho que se rio ella viendo La quimera del oro de Chaplin.

Pero cuando le acerca el bolso ve que tiene en el mismo la cabeza del conejo que compró su hermana.

Regresa a su casa, pasando junto a una cabina desde la que trataba de llamarla Colin, aunque ninguno de los dos se ve.

Sus amigos aconsejan a este que la olvide y no se deje manipular o que la lleve una noche a casa de Reggie para que él le prepare el ambiente, aunque a él no le hacen gracia las bromas de estos, pues está de verdad enamorado de ella.

Carol camina como una autómata hacia su casa, sin fijarse en nada.

El conejo continúa fuera de la nevera, cada vez en peor estado, y las patatas tienen cada vez las raíces más grandes, mientras ella se sienta frente al televisor sin hacer apenas caso de este.

Ve cómo las paredes de la cocina se agrietan totalmente y asustada corre hacia otra pared en la que trata de esconderse, viendo cómo en la misma quedan grabadas las formas de sus manos.

Escucha el timbre de la puerta, viendo por la mirilla que es Colin, que le dice que la ha escuchado y visto que está allí, por lo que le insiste en que le abra, amenazando, si no lo hace, con echar la puerta abajo a golpes.

Cuando escucha los golpes coge un candelabro, asustado, viendo cómo sus cargas tienen éxito y consigue abrir la puerta al romper la cerradura, coincidiendo con la salida de la vecina de enfrente, que sale con sus perritos, y que se queda curioseando.

Él se excusa por lo dicho, y le dice que lo siente, pero que no la entiende y que tenía que verla, pues estaba muy preocupado por ella, después de llamarla muchas veces, preguntándole si es por algo malo que hizo, pues, le asegura, solo quiere estar con ella todo el tiempo.

Al darse cuenta de que la vecina sigue en el rellano escuchándolo, Colin decide cerrar la puerta, momento en que Carol aprovecha que está de espaldas para golpearle en la cabeza con el candelabro repetidamente, saltando la sangre del muchacho a la puerta.

Ve luego que no se puede cerrar, al estar rota la cerradura, por lo que coge una estantería y la clava atravesada para que no se pueda abrir, tras lo que se pone a limpiar la sangre, arrastrando a Colin hasta el baño y lo hunden la bañera, que se tiñe de rojo.

Se pone tras ello a coser, como si nada hubiera ocurrido.

Se acuesta de nuevo y vuelve a soñar con que es violada.

Al día siguiente alguien vuelve a llamar al timbre de la puerta, viendo ella desde el suelo, donde duerme desnuda, que le pasan una postal bajo la puerta, que observa le envió su hermana, de la torre de Pisa, donde le pide que sea buena, preguntándole si pagó ya el alquiler.

La casa le parece amenazadora, y se siente como si de las paredes surgieran manos que la manosean.

Recibe otra llamada de teléfono, comprobando que se trata de una mujer que la llama ramera y le dice que sabe que él está con ella, adivinando que se trata de la mujer de Michael, por lo que cuelga, y, cuando vuelve a sonar, al momento, decide cortar al cable.

Vuelve a sonar el timbre de la puerta, escuchando la voz del casero pidiéndole que abra la puerta, insistiendo en hacer sonar el timbre, diciendo que si no abre llamará a la policía, aunque, al no obtener respuesta, decide sacar una llave de su cartera, percatándose de que no está cerrada con llave, por lo que la empuja y arranca el tablón.

Encuentra a Carol con un camisón semitransparente y le pregunta por la señorita Ledoux, diciendo que es ella, aunque él pregunta por su hermana.

Le pregunta por qué clavó la puerta para que no pudiera entrar dañando su propiedad, dándole ella el dinero que él trata de contar, para lo que decide abrir la ventana ya que no hay casi luz, pidiéndole ella que no lo haga.

Pero al guardar el dinero se fija en las piernas de ella.

Él se queja del estado en que tienen la casa y le pregunta si siempre está así en casa, con su camisón transparente, diciendo que tiene mucho calor, ofreciéndose a llevarle un vaso de agua, pues está muy pálida, fijándose entonces en el conejo medio podrido que lleva a la basura.

Entretanto, ella ve la navaja de afeitar de Michael en el suelo y la recoge.

El hombre le coloca una bata encima y le propone llevarle una taza de té caliente tratando de ganarse su afecto, preguntándole si su hermana está fuera, tras lo que le indica que debe sentirse muy sola sin ella, tras lo que, añade, no es necesario que esté sola y asustada y, le dice, mientras observa una foto con su familia en Bruselas, que no debe asustarse de él, pues podría ser un buen amigo suyo, asegurándole que si se ocupa de él, se olvidará del alquiler, pidiéndole que le dé un besito y abalanzándose sobre ella, que se revuelve, por lo que caen al suelo.

Cuando se levantan, él vuelve a acercarse a ella que, abre la navaja y cuando él se acerca a besarla de nuevo le raja el cuello por detrás y luego se la clava una y otra vez con saña mientras él se revuelve, hasta que, finalmente muere.

Vuelve a sentir que las paredes se resquebrajan, mientras las patatas están cada vez más podridas en la cocina.

Como si nada hubiera pasado, plancha mientras canta, aunque con la plancha desenchufada.

Se pinta los labios antes de acostarse y sonríe en la cama antes de tener de nuevo la ensoñación de la violación.

Al día siguiente, cuando se levanta, ve que a lo largo del pasillo surgen decenas de manos, de las que no puede escapar, mientras que su lámpara le parece amenazante.

Cuando llegan su hermana y Michael de regreso llueve fuertemente, subiendo Helen a casa mientras Michael va a aparcar su coche

Cuando llega al piso, se fija en la puerta rota.

Entra llamando a Carol, que no le contesta, observando que todo está patas arriba, y, en el salón, el sofá boca abajo, ya que ocultó el cuerpo del casero debajo.

Cuando llega Michael, escucha a Helen gritando y muy asustada, notando el mal olor que hay en la casa, mientras trata de calmarla abofeteándola ya que es incapaz de hablar, optando finalmente por señalar al baño, donde se encuentra el cuerpo de Colin.

Michael va corriendo al salón para llamar por teléfono a la policía, observando que no tienen línea, por lo que opta por ir a casa de la vecina, que no se fía de él y no le abre, ante lo que decide bajar a la portería.

En su habitación, Helen ve cómo sale la mano de su hermana bajo la cama, entrando en ese momento varios vecinos que, tras levantar la cama, ven a Carol allí, aunque no se atreven a tocarla hasta que llega Michael de regreso y la coge en brazos, observando que tiene sus ojos abiertos, pero sin expresión, llevándola hasta su cama a la espera de que llegue la ambulancia que llamó.

Por el suelo de la habitación hay cosas tiradas. Entre ellas la postal que ellos le enviaron desde Pisa y la foto familiar que miraba el casero, donde ella, aun una niña, aparece ya con la mirada perdida.

Calificación: 3
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