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Retrato de una mujer en llamas
Retrato de una mujer en llamas

Portrait de la jeune fille en feu (2019) * Francia

          También conocida como:
                    - "Retrato de una chica en llamas" (Argentina)

Duración: 120 min.

Música: Para One, Arthur Simonini

Fotografía: Claire Mathon

Guiony Dirección: Céline Sciamma

Intérpretes: Noémie Merlant (Marianne), Adèle Haenel (Héloïse), Luàna Bajrami (Sophie), Valeria Golino (Condesa).

Finales del Siglo XVIII.

Marianne da clases de pintura a un grupo de mujeres, posando para ellas mientras les explica la técnica.

Repara entonces en que alguien ha colocado un cuadro que no estaba allí, un cuadro suyo que una alumna subió de la bodega y que le dice se llama "Retrato de una mujer en llamas", que hizo mucho tiempo atrás y que representa a una mujer cuya parte baja del vestido está ardiendo.

Años antes, Marianne acudió a una lejana isla de Bretaña.

Poco antes de llegar se cayeron sus herramientas de pintura, por lo que no dudó en lanzarse al agua para recuperar su caja.

Al llegar a su destino está totalmente empapada, costándole llegar a la casa cargada con todo, siendo recibida por Sophie, la criada de la casa, que le dice, mientras atiza el fuego de la sala de recepciones, donde se instalará, para que se seque, que lleva tres años trabajando allí.

Luego, mientras cena le pregunta a Sophie cómo es su señora la joven, diciéndole que apenas la conoce, pues lleva allí solo unas semanas cuando la sacaron del convento de las Benedictinas a la muerte de su hermana.

La muchacha le pregunta si cree que llegará a pintarla, pues hubo antes que ella otro pintor que no lo consiguió.

Ella busca luego con curiosidad al lienzo, viendo que está terminado a falta de la cabeza, que no está pintada.

Sophie le muestra un elegante vestido verde para el cuadro, y que, le dice, es el único que tiene, pues aún lleva la ropa del convento, dando ella su visto bueno.

Recibida por la madre de la muchacha que debe pintar, la Condesa, que le muestra un cuadro en que aparece ella misma de joven, contándole que es un cuadro que pintó su padre en sus inicios en Milán para enviárselo a su pretendiente.

Ahora quiere que ella haga lo mismo con su hija Héloïse, pues tiene un pretendiente en Milán, al que, si le gusta el retrato se casará con ella, y podrá volver a dicha ciudad.

Le advierte que su hija se negó a posar para el anterior pintor, que no llegó siquiera a verla, porque se niega a casarse, por lo que deberá pintarlo sin que ella lo sepa, pues piensa que es solo una acompañante para los paseos, que deberá aprovechar para fijarse en ella y observarla, estando encantada de poder salir, pues desde que llegó no le permitió hacerlo por lo ocurrido a su hija mayor.

Cuando Sophie va a buscarla para su primer paseo con Héloïse, Marianne le pregunta qué le ocurrió a la hija mayor, diciendo que en uno de los paseos cayó por un acantilado y que, aunque no logró ver cómo sucedió, cree que saltó, pues no gritó al caer.

En ese primer paseo ve cómo Héloïse camina siempre delante de ella, llevando una capucha, por lo que no logra ver su cara, y cuando se le cae la capucha ve su cabellera rubia, observando cómo de pronto rompe a correr a toda velocidad hacia el acantilado, corriendo ella detrás por miedo a que haga lo que su hermana, aunque cuando llega al borde se para y le dice que quería hacer eso desde hacía años, preguntándole Marianne si morir, aclarándole ella que correr.

Bajan después por las rocas viendo cómo rompen las olas con gran fuerza, tratando Marianne de observarla sin que se percate de que lo hace.

De regreso a la casa, Héloïse le pregunta si tiene algún libro, y le pide que se lo preste, resultándole extraño que duerma en esa habitación.

Marianne comienza a hacer esbozos y los primeros trazos del cuadro.

En su siguiente paseo bajan hasta la playa, donde se sientan, comentando Héloïse que le gustaría bañarse, aunque le dice que ignora si sabe nadar.

Le pregunta cuánto tiempo estará, diciéndole que estará solo 6 días.

Se fija no solo en su cara, sino en la colocación de sus manos, haciendo un esbozo de la expresión de estas en un momento en que logra ocultarse.

Le comenta a Sophie que su trabajo es complicado, pues Héloïse se coloca delante de ella o se pasea sola por la playa, y no ha logrado verla sonreír, preguntándola la criada si trató de ser graciosa.

En su siguiente salida a la playa le pregunta si cree que su hermana quiso suicidarse, diciéndole Héloïse que es la única persona que no teme plantear esa pregunta, y le dice que piensa que sí, pues en su última carta se disculpaba por legarle su destino.

Marianne le dice que parece que esta le espanta, pues no sabe mas que ella. Solo que la pretende un milanés y que el convento tenía sus ventajas, pues tenía biblioteca, podía cantar, escuchar música y le gustaba la sensación de igualdad.

Marianne le cuenta que lo encontraba injusto pues la castigaban constantemente por dedicarse a pintar en el cuaderno, aunque lo dejó pronto.

Le pregunta cuándo se casará ella, a lo que le responde que no sabe si lo hará, pues a ella no la obligarán a casarse. Tomará el relevo de su padre, que tiene un negocio.

Héloïse le dice que como puede elegir no la comprende, aunque ella le dice que lo hace.

Ese día regresan tarde, por lo que no tiene ya luz para trabajar.

Su madre le dice que la retendrá a su lado ese día al mediodía, diciéndole Marianne que puede confiar en ella y dejarla salir sola, pues no siente triste, sino enfadada.

La Condesa le dice que lleva 20 años sin ver Milán y que su hija debe saber lo bello que es y que allí la vida les será más fácil. Quiere que vea mundo y allí se aburrirá menos.

Le dice que si no tiene prisa por regresar a París tiene otra amiga que quiere que la retrate, aunque le indica que es muy fea.

Héloïse va a su habitación y le pregunta si tiene tabaco.

Luego, mientras fuman, Marianne le cuenta que su madre la dejará salir sola al día siguiente, preguntando ella si estar sola es estar libre, diciendo que aprovechará para ir a misa para poder escuchar música, reconociendo que nunca ha escuchado una orquesta y que es la única música que conoce.

Marianne decide tocar para ella en un viejo clavicémbalo una parte de Las cuatro estaciones de Vivaldi, diciéndole que en Milán podrá escuchar buenos músicos, haciéndole ver, que dentro de lo malo, tiene cosas buenas, diciendo ella que lo que quiere decirle es que en ocasiones tendrá consuelo.

Continúa pintando, esta vez el vestido, utilizando a Sophie como modelo.

Cuando Héloïse regresa de la misa ella debe ocultar su mano manchada de pintura, diciéndole que encontró algo de libertad, pero que la echó de menos.

Le dice a la madre que acabó el retrato, pero le pide que, antes de mostrárselo, le deje contar la verdad a Héloïse y mostrárselo, permitiéndoselo la madre, pues su hija la quiere mucho.

Observa el retrato inacabado del anterior pintor a la luz de una vela y lo hace arder.

Al día siguiente sale de nuevo con ella a la playa y le confiesa que es pintora y que fue allí para pintarla y que la noche anterior terminó el cuadro.

Héloïse le dice que entonces entiende por qué elogiaba el exilio. Que lo hacía porque se siente culpable, tras lo que le pregunta si se marcha ya, diciéndole que lo hará con su madre.

Héloïse dice que entonces se bañará, viendo cómo se quita la ropa y se mete con su ropa interior en el mar, observando que no sabe nadar, pero sí flotar.

Cuando sale, mientras tiembla, reflexiona y le dice que ahora entiende esas miradas.

De vuelta a la casa le muestra el cuadro, preguntándole si ella la ve así, pues no se reconoce, pues no tiene vida.

Ella se defiende diciendo que lo hizo de instantes pasajeros, lo que le resta veracidad.

Héloïse le dice que no es raro que le resulte ajeno, pero sí que lo sea para Marianne.

Esta le dice que no creía que fuera crítica, respondiéndole Héloïse que ella tampoco pensaba que ella fuera pintora.

Y mientras va a buscar a su madre para que vea el retrato, Marianne borra la cara, con rabia, reconociendo ante la Condesa que no estaba a la altura, y le asegura que volverá a pintarlo, pues cree que no le habría complacido.

La Condesa le dice que si no se ve capaz, deberá marcharse, aunque su hija dice entonces que se queda, pues posará para ella, algo que extraña a su madre, que, le dice volverá en 5 días, y cuando vuelva estará terminado y ella decidirá.

Lo prepara todo para que pueda posar para ella y comienzan el cuadro.

Por la noche Marianne se despierta debido a los fuertes dolores menstruales, preparándole Sophie unos paños calientes para aliviarla, diciéndole que no tenía preparados porque lleva tres meses sin tenerla.

Marianne le pregunta si desea tener a la criatura, diciéndole ella que no y que esperaba a que se fuera la señora para ocuparse del asunto.

Al día siguiente la llevan a la playa y la hacen correr hasta cansarse, recogiendo luego algunas hiervas para hacer una infusión.

Se mantiene además colgada, hasta que, por efecto del cansancio, acaba cayendo.

Entretanto, Héloïse le pregunta a Marianne si ha conocido el amor, diciendo ella que sí, aunque es incapaz de explicarle cómo afecta.

Héloïse se queda dormida en la cocina junto a Sophie, aprovechando Marianne el momento para dibujarla en esa postura, descansando.

Siguen con el cuadro al día siguiente, aunque no consigue que le salga sonriente, bromeando ella diciendo que la cólera puede con ella.

Le muestra que la conoce muy bien, pues hace un gesto con la mano sobre su boca y le dice que cuando hace eso es porque está afectada, y que cuando se muerde los labios está enfadada y cuando está disgustada no parpadea.

Le pide perdón y le dice que no le gustaría estar en su lugar, aunque Héloïse le dice que están en el mismo lugar, y la hace ir a su lado y le pide que mire hacia donde está el cuadro y le hace ver que cuando ella la mira, ella la mira a ella y le muestra que ella también la ha observado y sabe que cuando no sabe qué decir baja la cabeza y se toca la frente, cuando pierde el control levanta las cejas y cuando está turbada respira por la boca, como lo hace en ese momento, que está junto a ella, mostrando ambas estar nerviosas al estar tan juntas.

Juegan por la noche con Sophie a las cartas y ríen.

Al día siguiente, mientras la pinta le pregunta si piensa mucho en su futuro esposo, aunque no le responde.

Le pregunta a Marianne si pinta desnudos, diciendo que de mujeres sí, pero de hombres no, pues no tienen derecho al ser una mujer y carecen de nociones de anatomía masculina, lo que les veta de las grandes exposiciones.

Le dice que lo hace en secreto, pues se tolera.

Por la noche preparan una bebida y Héloïse lee para las tres, mientras beben, la historia de Orfeo y Eurídice, debatiendo sobre la verdadera razón por la que Orfeo se dio la vuelta para mirar a su esposa, lo que hizo que regresara al inframundo.

Salen luego en medio de la noche, pues Sophie debe hablar con una mujer para solucionar lo de su embarazo, diciéndole la mujer que sigue encinta y que vaya a verla en dos días, diciéndole Marianne que la acompañará.

En el campo están también los demás lugareños frente a una hoguera y comienzan a cantar mientras Marianne y Héloïse, cada una a un lado de la hoguera, se miran y sonríen.

De pronto, el vestido de Héloïse comienza a arder por haber estado muy cerca de las llamas y unas mujeres se lanzan a apagárselo, dándole ella su mano para levantarla.

Al día siguiente bajan de nuevo a la playa tomándose de las manos, yendo Héloïse hacia una cueva natural formada por las rocas, donde se besan, aunque tras ello Héloïse regresa a casa.

Cuando lo hace ella Sophie pone la cena para las dos, pues Héloïse le dijo que se encontraba indispuesta.

Cuando sube hacia su cuarto tiene una visión de Héloïse con su traje de novia, y cuando llega a su cuarto la encuentra junto a la chimenea.

Ella se acerca y la abraza, posando la cabeza en su hombro, reconociendo Héloïse su miedo, pues conoce los gestos de los amantes y lo ha imaginado muchas veces pensando en ella.

Se besan de nuevo y luego se acuestan juntas.

Les despierta Sophie, a la que acompañan a ver a la mujer del pueblo que le ayudará a dar fin a su embarazo, que le introduce en la vagina un producto para hacerla abortar.

De regreso deben velar a Sophie por si se encuentra mal, pidiéndole Héloïse que las pinte a Sophie y a ella, como si estuviera practicándole el aborto.

Al día siguiente continúan con el cuadro, y esta vez Héloïse no para de sonreír y se mueve, acercándose Marian a besarla, tras lo que vuelven a acostarse juntas.

Pero por la noche vuelve a tener la visión de Héloïse vestida de novia.

Terminado el cuadro, Héloïse dice que ahora sí le gusta, diciendo Marianne que porque ahora la conoce mejor, diciéndole Héloïse que quizá también porque ella ha cambiado un poco, contándole Marianne que el anterior no lo destruyó por ella, sino por sí misma y que le gustaría destruir también ese porque la está entregando a otro.

Héloïse le dice que la quiere porque ahora la ha poseído y le reprocha su matrimonio y no se apiada de ella como antes y le dice que la cree sumisa e incluso cómplice y le pregunta si la imagina gozando, pidiéndole que la imagine feliz o infeliz, pero no culpable, y le pregunta si prefiere que se oponga, diciendo ella que sí, aunque no se lo puede pedir.

Sophie le cuenta a Marianne que llegaron noticias de que la señora llegará al día siguiente por la mañana.

Marianne corre hacia la playa, donde encuentra a Héloïse a la que abraza y le pide que le perdone y le cuenta que su madre llega al día siguiente, por lo que se besan mientras lloran juntas sabiendo que su vida juntas y en libertad va a llegar a su fin.

Tras dar los últimos retoques al cuadro vuelven a acostarse, tras lo que le hace un pequeño retrato, para recordarla y la verá a ella al pensar en ella.

Pero Héloïse también desea poder volver a recordarla y quiere una imagen suya, por lo que se hará un autorretrato, a petición de Héloïse, desnuda, retrato que hará en la página 28 del Libro Las Metamorfosis, de Ovidio.

Acostadas, Héloïse le dice que siente arrepentimiento. Marian le dice que no se arrepienta, que la recuerde, contándole que ella recuerda la vez que se quedó dormida en la cocina, diciéndole Héloïse que ella recordará su mirada sombría cuando le ganó a las cartas.

Marianne le dice que recordará la primera vez que la vio reír, diciéndole Héloïse es que le costó ser graciosa, lamentando haber perdido el tiempo.

Le dice luego Héloïse que recordará también la primera vez que la quiso besar, preguntándole si fue la noche junto al fuego, diciendo ella que le apetecía, pero que no fue ese día, preguntándole cuándo le ocurrió a ella, a lo que responde que lo pensó cuando le preguntó si conocía el amor y le dijo que sí y que aquel era el momento.

Cuando llega la madre, observa el cuadro satisfecha y le entrega el dinero acordado, viendo cómo un hombre se lleva el retrato para su entrega.

Sophie se entristece al despedir a Marianne, a la que abraza.

Cuando entra para despedirse de Héloïse, ve que está probándose el vestido de novia, que la madre le llevó como regalo, dándole un abrazo fugaz antes de bajar corriendo las escaleras, escuchando, antes de salir, a Héloïse que le pide que se gire como como Eurídice a Orfeo, pudiendo así verla como sus apariciones, vestida de blanco.

Marianne revisa el trabajo de sus alumnas, diciéndole a una de ellas que la ha pintado muy triste, a lo que ella le responde que lo estaba.

Marianne recuerda que volvió a ver a Héloïse en dos ocasiones.

La primera vez en una galería de arte donde exponía un cuadro de Orfeo y Eurídice que inscribió a nombre de su padre aunque era suyo.

En la misma exposición vio que había un retrato de Héloïse con su hija, observando que lleva en su mano su libro de Ovidio abierto por la página 28, lo que la emocionó.

La vio de nuevo en Milán en un palco que estaba frente al suyo para asistir a un concierto con Las cuatro estaciones de Vivaldi, en que ella no la vio, observando cómo las lágrimas brotaban de sus ojos a la vez que sonreía mientras rememoraba, al escuchar la parte de "Verano", el momento en que ella lo tocó en el clavicémbalo.

Calificación: 3
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