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Sentimental
Sentimental

España (2020) *

Duración: 82 min.

Fotografía: Andreu Rebés

Guion: Cesc Gay (Sobre su obra)

Dirección: Cesc Gay

Intérpretes: Javier Cámara (Julio), Griselda Siciliani (Ana), Belén Cuesta (Laura), Alberto San Juan (Salva)

Ana recibe una alfombra nueva.

Julio, su marido, está entretanto en clase de música, y cuando acaba, regresa a su casa en bicicleta, observando al llegar que su mujer ha preparado un picoteo, que le pregunta si esperan a alguien, diciéndole ella que a sus vecinos y que se lo dijo el día anterior, a lo que le responde que le dijo que quería invitarlos, no que ya los había invitado y que debería pedirles que fueran otro día porque tiene que corregir todavía 50 exámenes, diciéndole ella que ya es tarde y siempre pone excusas y que hace tiempo que debieron invitarlos, preguntando él por qué, recordándole ella que les ayudaron mientras hacían las obras y les prometieron que les enseñarían el piso y que les invitarían a algo, haciendo ya medio año de eso.

Él dice que los vecinos son unos pesados, pues siempre saludan y eso les obliga a hablar con ellos, diciendo ella que es lo que hace la gente normal.

Julio le reprocha que no se lo comentara antes, diciendo ella que no lo hizo porque sabía que le diría que no como siempre que propone algo.

Él se fija entonces en la alfombra nueva y le pregunta si la ha comprado porque van los vecinos, diciendo ella que la compró porque la otra estaba ya vieja y le pregunta si le gusta, diciendo él que depende de lo que costara.

Ella le pide que salga y que vuelvan a empezar la conversación.

Él lo hace y dice al ver el picoteo que recuerda que le dijo que quería invitar a los vecinos, y viendo su ironía ella le pide hacer un pacto para intentar estar de buen humor una noche.

Él dice que lo primero que hará es darle las gracias por todas las veces que les sujetaron la puerta del ascensor y por la vez que les dejaron el martillo.

Ella le dice que no se preocupe, que intentará que se vayan pronto para que él pueda subir a la azotea para mirar las estrellas con su telescopio, diciendo él que le gusta mirar las estrellas, diciendo ella que lo que le gusta es estar fuera de casa.

Él dice que le gusta mirar las estrellas, pero también va porque no le deja fumar en su casa por no ensuciar la alfombra, diciendo ella que lo hacen por su hija que es asmática.

Pregunta luego si era necesario comprar jabugo del bueno, pues para una picadita bastaba con unos ganchitos y unos cacahuetes, diciendo ella que no es una cutre.

Le dice luego, que, ya que van los vecinos podrían sacar el tema, recordando Ana que ya hablaron del asunto y acordaron no decirles nada, diciendo él que su hija sufre con eso, y ya estuvieron a punto de decírselo en el ascensor y acordaron callarse pensando que no iría a más, pero que el sábado anterior los cuadros temblaban.

Ella dice que a veces hay que hacer esfuerzos para poder convivir y aceptar la forma de ser de los demás aunque pueda ser molesta.

Ella le dice que piensa que en el fondo lo que les pasa es que les envidian, pues cada vez que la oye chillar, siente envidia y por eso no quiere decirles nada, porque se alegra por ellos y porque se lo pasan bien, recordando él que era ella la que estaba preocupada por su hija.

Ella dice que si se lo comentan, cada vez que se acuesten se les aparecerán sus caras y quizá ella no vuelva a tener esos orgasmos tan buenos, y le suplica que no se lo diga ese día.

Él le dice que son unos exhibicionistas porque saben que los oyen y que gritan porque no les importan nada y les gusta que les oigan.

Él le dice que ella antes no se preocupaba tanto por la opinión de los demás, diciéndole ella que ha ganado y que les va a llamar para decirles que no vayan porque se están peleando como siempre.

Pero suena entonces el timbre, diciendo Julio que si en 10 minutos no se han ido, él va a recibir una llamada muy urgente y se va a tener que marchar.

Antes de abrir ella le pide hacer las paces y que la toque de vez en cuando, pues está nerviosa.

Laura, la vecina, le pregunta si interrumpieron algo, y que si prefieren vuelven más tarde.

Salva dice que Laura creía que estaban haciendo el amor, aunque a él le da más pinta de que estaban en medio de una bronca, aclarando Laura que Salva siempre dice lo que se le pasa por la cabeza.

Les muestran el piso y ellos dice que les ha quedado muy bien, diciendo Ana que está muy orgullosa, soltando unas lágrimas, diciendo Salva que la entiende, pues él es también de llorar, diciéndole Julio que también de gritar.

Salva le muestra a Laura que en efecto tienen un piano, pues, dicen, lo escuchan a menudo, preguntando Julio si les molesta, diciendo ellos que no, y Laura dice que le encanta, y que lo tocan Martina, su hija y Julio, que es músico.

Le preguntan si da conciertos, pues les gusta la música y podrían ir a verlo, aclarando Ana que da clases en el conservatorio.

Laura les entrega un túper, diciendo que es una receta india picante y afrodisiaca y Salva se fija en la alfombra y dice que es muy bonita y que le encantan, incluso para hacer el amor sobre ellas.

Salva pregunta si pueden fumar, diciéndole Ana que sí, ante lo que Julio les dice que deberían ir más por allí, y que pueden tirar la ceniza en la alfombra, diciendo Laura que si la alfombra arde Salva les ayudaría, pues es bombero, aclarando él que jefe de brigada, diciendo Julio que así está más tranquilo por si hay algún incendio o algún daño en el edificio por vibraciones.

Ana se pone muy nerviosa y trata de cambiar de tema, diciéndole a Laura que debe pasarse por la tienda, tirando luego el vino accidentalmente por lo que les dice que se pone nerviosa cuando tienen invitados, diciéndole Laura que es normal, pues todos somos vulnerables ante el juicio de los demás, aclarando Salva que ella es psicóloga.

Le dan una taza a Salva aclarándole que solo tienen un cenicero y está en la azotea, diciendo Ana, que es muy amigo de Julio, pues sube a verlo continuamente.

Cuando les ofrecen jamón, Laura les dice que es vegana, proponiendo Ana mostrarles el resto del piso, aunque Laura, como está fumando se queda con Julio.

Ana cuenta que era el piso de los abuelos de Julio.

Salva se sienta sobre su cama, que, dice, es muy grande, y cabría mucha gente, observando que no hace ruido.

Le ofrece otra copa, diciendo él que se emborracha enseguida y luego no hay quien le pare, diciendo que a ella también, pero que Julio puede beber mucho sin perder el control, diciendo Salva que a él le gusta perder el control de cuando en cuando.

Ella dice que le encanta bailar, pero a Julio no, diciendo Salva que a él también y que así ligó a Laura.

Entretanto, Julio sale al balcón con Laura que le dice que notó que tenía algo muy importante que hacer esa noche, aunque él le dice que no importa y que así pueden conocerse mejor, diciendo ella que sí, porque en el ascensor, tan cerca es incómodo.

Le cuenta que lleva dos años con Salva y que antes estuvo casada con otro.

Salva le dice a Ana que parece que se conocen más de lo que se conocen y le dice que hay personas con las que conectas con solo una mirada, diciendo ella, nerviosa, que le apetece fumar un cigarrillo pese a que no fuma, encendiéndose uno, cogiéndola Salva en brazos para que llegue a un cenicero que está muy alto.

Ana corta otra conversación incómoda sobre unos vecinos nuevos, pidiéndole que ponga música, preguntando él qué música les gusta, diciendo ellos que el country y que van a bailar a veces, proponiéndoles que les acompañen, diciendo Salva que a Julio no le gusta bailar.

Sirven la comida que llevó Laura, que les dice que tenían algo importante que decirles, diciendo Julio que ellos también, insistiendo vivamente Ana, nerviosa, en que hablen ellos primero, pues son los invitados.

Les dicen que quieren pedirles disculpas, pues son conscientes de que en ocasiones les pueden haber molestado, haciéndose Ana la sorprendida, preguntando cuándo, diciendo él que cuando practican sexo. Que intentan ser discretos, pero que son momentos que cuesta mucho no perder el control y sienten si alguna vez les molestaron, diciendo Ana que para nada, y que a todos les pasa, aunque Salva dice, que, sin embargo, a ellos no los oyen nunca, diciendo ellos que porque viven debajo.

Ellos piden disculpas, aunque Ana dice que no escucharon nada, aunque Salva les dice que miente, pues saben que una noche les llamaron tres veces y el número se quedó grabado en la memoria y cuando llamó para invitarlos vieron que era el mismo número.

Ana, sorprendida le pregunta por qué no la avisó de que iba a llamar, diciendo él que esa noche estuvo a punto de llamar a los antidisturbios y le pide a su mujer que deje ya de fingir, recordándole que hace meses que hablan de ellos y de sus orgasmos.

Laura pregunta si es verdad que hablan de sus orgasmos, diciendo ella que alguna vez, aunque él le dice que cada noche, aunque ella no quería decírselo, diciendo Salva que no pasa nada, pues se puede hablar de todo entre vecinos, diciendo ellos que así es, diciendo Julio que Ana no quería decírselo porque ella podría dejar de tener esos orgasmos tan atómicos, riendo ellos al escucharlo y les aclaran que la de los orgasmos atómicos no es Laura, sino Carolina, una amiga que vive en la sierra con Santiago, un tipo muy grande que respira muy fuerte.

Laura les explica que si alguna noche oyeron un poco más de ruido del habitual es porque de vez en cuando practica sexo en grupo.

Julio dice que tienen que fumar, y bromea diciendo que la siguiente reunión de la comunidad podrían hacerlo en su piso, diciendo Salva que tienen un sofá que se transforma en cama redonda, pues antes lo hacían en la alfombra, indicando Julio que le pueden prestar la suya que es nueva, aunque Salva indica que a veces y para algunas posturas es incómoda.

Les cuentan que Santiago, Carolina y ellos son los fijos y a veces van otras parejas, siempre gente conocida y de confianza. Que prueban cosas y aprenden mientras se lo pasan bien.

Ana dice que son cosas que no hacen por prejuicios pero que si las probaran les gustarían y quedarían enganchados.

Al escucharla, Julio le dice que cree que le está haciendo efecto el pastel afrodisiaco.

Laura les cuenta que también hacen intercambio de parejas o tríos, aunque a veces llegan a hacer orgías, aunque, dice, nunca son más de ocho, aunque una vez llegaron a ser diez, el día del cumpleaños de Carolina.

Dicen que intentan no hacer ruido pero son momentos en los que cuesta y además Carolina es muy exagerada cuando tiene un orgasmo y entienden que eso, contado así, de sopetón, les puede sonar un poco raro, diciendo Ana que no, que cada uno con su cuerpo hace lo que quiere, aunque Salva le dice que el sexo no está en el cuerpo, sino en la mente.

Laura les dice que no quieren que se sientan incómodos, diciendo ellos que también son liberales, preguntándoles Salva si ellos también han tenido experiencias de ese tipo, diciendo Julio que le gustaría, pero el piano es muy celoso y no le deja.

Les cuentan que empezaron por casualidad y poco a poco se fueron abriendo a nuevas experiencias aunque son adultos responsables y lo hacen desde el respeto y el amor y no todas las parejas están preparadas, debiendo ser parejas muy sólidas.

Le dice que cuando la conoció, salía con otra chica e iba alternando con las dos y de pronto un día, sin saber cómo, acabaron los tres en la cama y se fueron acostumbrando.

Julio dice que ellos no están preparados porque es para parejas sólidas.

Ellos le dicen que se divierten, pero sin drogas, aunque, Salva dice que algún porrito han fumado y algún éxtasis y le recomienda que lo pruebe, pues de vez en cuando es bueno perder el control.

Laura les dice que a veces toman champán para relajarse, pues a veces da vergüenza desnudarse, pues todo el mundo está inseguro con su cuerpo, aunque Salva dice que a él no le da vergüenza ir desnudo, diciendo Julio que a ellos tampoco, a lo que Salva afirma que ya lo sabe, mientras se gira para mirar a Ana.

Les cuentan que ponen luces rojas y música, diciendo Julio que no se preocupen, pues la música no la escuchan.

Laura continúa, diciendo que todo hay que preguntarlo tanto las felaciones como el sexo anal, apuntando Salva que a Laura le gusta mucho el sexo anal, diciendo Ana tratando de hacerlo natural que quien más quien menos, eso le gusta, lo que provoca la sorpresa de Julio que le pregunta si a ella también y le dice que últimamente no le cuenta nada, diciéndole ella que debe ser porque nunca está en casa.

Laura les dice que se atreven a hablarles abiertamente de eso porque les parecen una pareja moderna y liberal y conectaron desde que llegaron.

Ellos dicen que son liberales y de izquierdas, diciendo Salva que sabía que eran iguales, porque a Ana también le gusta que la mire cuando se pasea en pelotas por el pasillo.

Julio, sorprendido le pregunta por dónde ve a su mujer en pelotas, diciendo él que por la ventana del patio, acercándose Julio hasta dicha ventana, y cuando manifiesta su sorpresa, ella dice que quizá ocurrió una vez, diciéndole Salva que fueron varias. Que la primera vez fue por casualidad, pero que desde entonces, si sabe que él está en la cocina se pasea desnuda para que él la vea.

Julio indica que ahora entiende por qué no le gustan las cortinas y les dice que se va a la azotea, diciéndole Laura que es normal y que a todos les gusta andar desnudos por casa, diciendo Julio que a él no, y menos si sabe que le miran.

Le pregunta a Ana si piensa justificarse de alguna manera, diciendo ella que no, que a veces lo hace y que no necesita excusas como él.

Salva dice que en eso se parecen, como en lo de que a los dos les gusta el baile y que como él es un soso y no le gustan las discotecas a ella no le queda otro remedio que pasearse en pelotas por casa.

Julio dice que es una reflexión interesante viniendo de un bombero estrella del porno, pidiéndole Ana que sea respetuoso, pues son sus invitados, diciéndole él que son los invitados de ella y le dice que se merece alguna explicación.

Ella le dice que se la va a dar, contándole que la primera vez fue saliendo de la ducha. Iba a la cocina y, al mirar por la ventana alzó la mirada y lo vio. La miró y ella siguió caminando y desde entonces tiene la costumbre después de ducharse de pasar por allí sabiendo que a lo mejor la estará mirando, concluyendo él que es ya una costumbre, diciendo ella que es como un ritual que le relaja y le hace sentir bien con ella misma, aunque, dice, nunca le mira a los ojos, preguntando él que importancia tiene eso, diciendo ella, al ver sus celos, que, a partir de ese momento a lo mejor sí lo va a mirar.

Laura le dice que eso está bien, que le provoca celos y los celos implican afecto.

Julio dice que la próxima vez le avise, graban un video y lo suben a Internet.

Laura le dice que son fantasías y momentos de intimidad que cada uno vive como quiere, añadiendo Salva que no tiene que hacerla sentir culpable, pues seguro que él después de mirarle las tetas a Laura en el ascensor se hace una paja al llegar a casa.

Ana le pregunta si de verdad le mira las tetas, diciendo Laura que siempre, pero que a ella no le importa y que a veces incluso lo favorece, pero que es un juego y le dice a Julio que a ella le encanta que le mire las tetas.

Ana le pregunta por qué no le contó que cuando se encierra en el baño está pensando en las tetas de Laura y no en las suyas, diciendo él que las de Laura le gustan más y pensó que era mejor no decírselo, diciendo ella que hace bien, no sea que ella también se ponga a comparar.

Salva le dice que seguro que con el telescopio de la azotea se pasa el rato espiando a las vecinas, diciendo él que le gusta mirar las estrellas, estar solo y pensar en sus cosas, aunque si está nublado mira a los vecinos y que hay un par de lesbianas en el piso de enfrente que están todo el día haciendo el amor y son muy guapas.

Laura indica que deben irse, aunque Salva dice que se lo han pasado muy bien, dándole un golpe de camaradería a Julio, ahora por segunda vez y que este no se toma como tal indicando que si vuelve hacerlo tendrá que pegarle.

Se despiden, diciendo que lo tienen que repetir, indicando ellos que la próxima vez será en su casa y pueden organizar una de sus camas redondas.

Ya en el rellano les dice que para eso fueron, preguntando Ana si no fueron para ver el piso, indicando Salva que eso era una excusa para invitarlos a tener sexo con ellos.

Julio sonríe, preguntándole Ana si oyó, diciendo él que sí, pero que hace como que no.

Laura, al ver la incomodidad insiste en marcharse y hablar otro día, diciendo Salva que no debe tener vergüenza, pues llevan mucho tiempo hablando de ello, accediendo Laura a hablarles, diciéndoles que les parecen una pareja muy atractiva y les gustaría tener algún tipo de experiencia sexual con ellos. El que prefieran, un intercambio, o los cuatro juntos, pidiéndoles que lo piensen con calma.

Ana pregunta cuándo sería, pues los fines de semana están muy ocupados con las extraescolares de su hija.

Ellos dicen que lo piensen y que si deciden que no, como si no hubieran dicho nada, dándole Ana las gracias por la invitación y les dice que esas cosas hay que pensarlas, diciendo Salva que al contrario, que es mejor no pensar, proponiendo hacerlo ya mismo, aunque Laura le dice que es precipitado, no entendiendo él por qué, pues están los cuatro, están relajados y han bebido, se gustan y él llevó condones.

Julio suelta una broma, diciendo que hace unos días que no se depiló.

Salva le dice que se deje llevar y no tener miedo.

Les interrumpe una llamada de la hermana de Julio.

Se despiden, pero entonces Salva se da cuenta de que se han dejado el táper.

Mientras Ana se lo limpia, Salva vuelve a insistir, diciéndoles que total, si no, van a sentarse en el sofá a ver la tele o a discutir, llamando Julio a su vecino capullo y "Mangueras" y cuando Ana le llama la atención él insiste en que es un capullo y les está vacilando desde que entró por la puerta.

Salva les hace ver que ya están discutiendo, reconociendo Ana que a veces discuten, diciendo Salva que además gritan, porque los oyen, diciendo Julio que posiblemente cuando ella se pone histérica, como en ese momento.

Ana se defiende y señala que ella no se pone histérica.

Salva pide perdón y dice que ya ha entendido que no es el momento, señalando Julio que, comparados con ellos, seguro que no están preparados porque no hicieron el cursillo para depravados de la secta de la Cama Redonda.

Laura trata de explicarle a Salva que lo que Julio quiere decir es que son momentos especiales para la pareja, preguntándole Julio si de verdad es psicóloga, pidiéndole Salva respeto, decidiendo ella que llegó el momento de marcharse, advirtiéndoles Juan que la próxima vez que escuche sus gemidos llamará a la policía, porque está seguro de que encontrarán allí alguna menor, asegurándoles ellos que nunca con menores.

Ana les pide perdón, diciéndole Julio que recuerde que ella va con él.

Ya en el ascensor Laura le dice a Ana que siente si les ofendieron, pero que al día siguiente será otro día y podrán seguir siendo tan buenos vecinos como siempre, aunque Julio remata diciendo que hará todo lo posible por echarlos del edificio, pues no quiere coincidir en el ascensor con su hija y con todos los depravados de su secta.

Ana le dice que no es para tanto, que solo les invitaron a una orgía y le pide que se lo tome como algo divertido.

Pero Julio le dice que han ido dándoles lecciones de modernidad y diciéndoles que son unos acojonados porque no se drogan y que su vida es tan gris y aburrida porque solo ven la tele y discuten y ella les da la razón, diciendo él que siempre lo hace y le pregunta si ahora va de moderna liberal a la que le pone el sexo anal.

Ella le dice que dan pena y les indica a sus vecinos que normalmente no son así, diciéndole Laura que por ellos no se preocupe, pues hay confianza y que le sabe mal irse y dejarlos así.

Julio les dice que sigan allí, porque a lo mejor incluso mojan, diciendo Ana que le da vergüenza su forma de actuar, aunque él continúa diciendo que si quiere que se pongan a follar allí los cuatro, aunque, le dice, igual prefiere irse ella sola con el bombero, diciendo ella que igual sí, que de hecho no le iría mal, porque necesita un buen polvo, sugiriéndole que lo hagan en la alfombra nueva, diciéndole Ana que están haciendo el ridículo y que le da mucha vergüenza y que se siente muy triste.

Laura le dice que no pasa nada, que discutir es bueno y que las parejas deben hacerlo de vez en cuando, pues sin confrontación no se curan las heridas y les anima a seguir y Ana le dice a Julio que a él tampoco le vendría mal, pues a lo mejor así se relajaría un poco y sacaría toda la mala leche con la que se levanta cada mañana y con la que se va a dormir cada noche porque se cree con el derecho de restregarlo en la cara a los demás y no lo tiene, pues nadie tiene el derecho de amargarle la vida a nadie y ya ni se acuerdo de la última vez que hicieron el amor, y mucho menos de su último orgasmo.

Laura les dice que es muy importante lo que está pasando esa noche entre ellos y que hay que tener cuidado con lo que se dice, porque a veces ya no hay marcha atrás y que llevan mucho tiempo acumulando tensiones y reproches y deberían poder sentarse y hablarlo con serenidad.

Ana le echa en cara que se defienda con su sarcasmo que es lo único que sabe hacer con su inteligencia y le pregunta si no puede ser un poco más amable.

Él le dice entonces que le recuerda que es ella la que le evita cada vez que se acerca para hacer el amor, diciéndole ella que porque no se acerca de verdad y no quiere entregarse a alguien que no la trata bien.

Él le dice que está dispuesta a acostarse con el bombero y lo ha conocido esa noche.

Ana vuelve a excusarse diciendo que ellos no son así, diciéndole Julio que no se preocupe, que así se van calentando para la cama redonda, diciéndole Ana que él es incapaz, que habla mucho, pero no hace nada. Que ella sí se apuntaría a una orgía o lo que fuera porque no es cobarde como él, que no hace nunca nada de lo que dice.

Llega entonces Salva con los wiskis que le pidió antes Julio y Ana se abalanza sobre él y lo besa en la boca, tras lo que se toma el whisky de un trago.

Julio entonces hace lo mismo. Besa a Salva también, tras lo que se toma el whisky.

Laura le dice a Salva, que está desconcertado, que se tendrán que quedar un poco más porque en parte son culpables de lo que está pasando.

Le pide al matrimonio que se sienten para hablar, diciendo Julio que no quiere hacer terapia, que antes preferiría el sexo anal.

Le pregunta a Ana en qué piensa, diciendo ella que en David, un amante que no tuvo, preguntándole ella qué relación tenía, diciendo ella que trabajaban y comían juntos y estaba enamorada de él.

Le pregunta si se lo contó a Julio, diciendo que no, aunque lo conocía y sabía que eran amigos

Le pregunta luego a Julio qué recuerdos le vienen de aquel momento, diciendo él que David estaba siempre mariposeando alrededor de ella, aunque no fue el único, y recuerda que Ana tenía la necesidad de hacerle saber que siempre había algún hombre loco por ella y que le podría dejar en cualquier momento.

Le pregunta luego si sigue enamorada de David, diciendo ella que no, preguntándole por qué ha pensado en él ahora, diciendo que pensaba si con él habría sido más feliz.

Julio le dice que le llame y hacen un trío.

Ella recuerda que David quería tener un hijo y ella también, diciéndole Laura que ya tienen una hija, diciendo que ella quería más y Julio no y si alguna vez se despistaban él salía corriendo a por la píldora del día después.

Le pregunta si está enfadada, diciendo que sí, pero que ya no está enfadada con Julio.

Que está enfadada porque tiene 40 años y no puede comprarse ni una alfombra sin que le caiga una bronca y que le gustan los gatos y a él no, y el hecho es que no los tienen.

Julio hace ademán de marcharse a la azotea, y dice que va a ver si todavía pilla a las lesbianas, aunque Laura lo retiene y le pregunta si siempre quiso ser músico.

Se gana la vida como profesor, y le pregunta qué le pasó si le faltó suerte o talento y está enfadado por no haberlo conseguido y por eso no quiso tener más hijos porque eso le alejaba de su sueño y por eso le gusta subir a ver las estrellas, porque estar en casa le enfrenta a todo eso.

Él dice que sube porque le gusta pelársela mientras mira las lesbianas, diciendo Ana que nunca hablará en serio, diciendo él que no lo hará con una psicóloga aficionada al country, diciéndole Ana que no lo hará porque no quiere afrontar las cosas por si le afectan.

Él dice que, sin embargo a ella le afecta todo. Que en una comida contó un chiste y no le hizo gracia y ella estuvo dos semanas sin hablarle, diciendo ella que se enfadó porque se rio de ella con toda la gente y la puso más en ridículo y lamenta que no la defendiera, diciendo él que le hizo sentir vergüenza, diciendo ella que no se puede vivir con alguien que se avergüenza de su pareja, diciendo Julio que en eso están de acuerdo.

Laura les pregunta cómo son sus relaciones sexuales y cuándo fue la última vez que las tuvieron, reconociendo ella que hace casi un año.

Salva al escucharlo hace que se le caigan las tazas que llevaba.

Les pregunta también cuándo fue la última vez que fueron juntos a algún sitio, diciendo ella que cada uno lleva su vida y por las noches se organizan para coincidir lo menos posible. Que los días que ella va al gimnasio él se queda en casa con la niña. Los demás días sube a la azotea y luego se van a la cama en horarios diferentes y asegura que si se fuera de casa él no se daría ni cuenta.

Julio pregunta irónicamente a Laura qué deben hacer, diciendo ella que separarse antes de que se sigan haciendo daño, pues llevan mucho tiempo acumulando conflictos no resueltos, pues se han peleado mucho y han sabido perdonarse.

Ana le dice a Julio que sabe que tiene razón aunque no quiera hablar nunca de eso.

Él le dice que hacen lo que pueden, pues vivir es difícil y aguantarse uno mismo también, pues las cosas no son nunca como uno las imaginó.

Ana dice que esa noche han tocado fondo y pregunta cómo hacerlo.

Laura le dice que ahora se les hará duro, pero que pronto aprenderán a estar el uno sin el otro y que ahora viene lo más difícil, despedirse, pues han estado mucho tiempo juntos y deben estar agradecidos el uno con el otro por todo lo compartido y todo lo que se dieron, pues tienen una hija estupenda y estuvieron muy enamorados y fueron una buena pareja y deben estar orgullosos, por lo que, les pide que se den un abrazo, diciendo Ana que hace mucho que no lo hacen.

Se abrazan, en efecto, melancólicamente.

Por fin se despide la pareja, comentando ellos que ahora preferiría que no se fueran, porque no saben qué van a decirse.

Ya en el ascensor Salva les dice que deberían haber tomado un éxtasis de vez en cuando.

En efecto, cuando cierran la puerta no saben qué hacer.

Empiezan a recoger, aunque Ana indica que está muy cansada y ya lo hará al día siguiente y hablarán de cómo actuar.

Él indica que igual es mejor que duerma en el sofá, diciéndole ella que lo que prefiera.

Se acerca luego al baño, donde está Ana y le dice que siente ser como es a veces y que no tengan un gato y que es cierto que esa noche han tocado fondo.

Que se han dicho muchas cosas, pero que no se quiere rendir y le pregunta si ella quiere hacerlo. Como respuesta le entrega la vela con la que salía del baño y entran juntos en la habitación, donde apaga la luz y deja la vela antes de cerrar la puerta.

Calificación: 3
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