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Serpico

Serpico (1973) * USA

Duración: 129 min.

Música: Mikis Theodorakis

Fotografía: J. Ornitz

Guión: Waldo Salt, Norman Wexler (N.: Peter Maas)

Dirección: Sidney Lumet

Intérpretes: Al Pacino (Frank Serpico), John Randolph (Sidney Green), Jack Kehoe (Tom Keough), Biff McGuire (Capitán Inspector McClain), Barbara Eda-Young (Laurie), Cornelia Sharpe (Leslie Lane), Tony Roberts (Bob Blair), John Medici (Pasquale Serpico), Allan Rich (Herman Tauber), Norman Ornellas (Don Rubello), Edward Grover (Inspector Lombardo), Joseph Bova (Potts), Gene Gross (Capitán Tolkin), Charles White (Comisionado Delaney)

Mientras convalece tras recibir un disparo, Frank Serpico recuerda lo felices que estaban él y su familia cuando se graduó en la academia de policía años antes.

En cuanto comenzó a ejercer su profesión se dio cuenta de la corrupción existente en el cuerpo, aunque se trataba tan solo de pequeños sobornos, como poder comer gratis en un restaurante a cambio de hacer la vista gorda para que su dueño pueda aparcar en segunda fila, observando también los maltratos infligidos a los prisioneros.

Él tratará de demostrarles que no son necesario tales métodos, para lo que, tras la detención de un individuo acusado de violación, él se hace cargo de él y lo convence para que le dé el nombre de los verdaderos culpables a los que detiene sin ayuda de nadie, viendo entonces cómo pese a haber realizado él todo el trabajo sus compañeros más antiguos le piden que deje el caso en sus manos, llevándose ellos el mérito de la operación.

Deseoso de prosperar, hace un curso de identificación de huellas, lo que le llevará a la OIC (Oficina de Investigación Criminal), un buen camino para conseguir la placa de detective.

Un día su madre le da una cartilla con todo el dinero que él le había mandado a lo largo de los años, y que ella le guardó, para que se haga con una nueva casa que se comprará junto con un perrito que le venden unos niños del vecindario, acudiendo además a clases de español donde conoce a Leslie Lane, una muchacha con la que empieza a salir aunque a los amigos de esta no parece gustarles que sea policía.

Su nuevo jefe, el capitán Tolkin acepta su nueva forma de pensar permitiéndole que vaya vestido como desee para poder pasar inadvertido y utilizar su propio coche, aunque eso también le genera problemas, ya que en una ocasión, y mientras persigue a un sospechoso se ve envuelto en un tiroteo entre unos malhechores y otros policías que no le reconocen como uno de ellos, estando a punto de caer herido o muerto.

Poco después Leslie le cuenta que va a casarse en dos meses con un millonario, ya que con él no ve perspectivas de futuro.

Un día un compañero le entrega un sobre con dinero no sabiendo cómo reaccionar ante ello, hablando con un detective, Bob Blair al que conoció en una clase sobre drogas, el cual le pone en contacto con un superior, que le dice que solo tiene dos alternativas, o permitir que lleve el caso ante el gran jurado, lo que acabaría con su carrera, u olvidarlo.

Sin saber qué hacer, opta por entregarle el siguiente sobre a su sargento, que afirma, lo enviará a una asociación benéfica.

No deseando continuar con ese juego recurre al capitán McClain, consiguiendo que le envíen al Bronx como agente encubierto..

Conoce entonces a su vecina, Laurie, con la que comienza a salir comenzando también a grabar sus conversaciones telefónicas.

Enseguida se dará cuenta de que los usos en su nuevo destino son los mismos que en el anterior, advirtiéndole un antiguo compañero destinado allí que llamaron desde su anterior destino para advertirles que no era de fiar, asegurándole este que ellos no hacen nada malo, pues el dinero que obtienen ellos y que sube hasta los 800 dólares al mes no es dinero sucio, pues proviene de las apuestas, no de la droga.

Serpico se niega pese a todo a aceptar el dinero, sintiéndose como si fuera él el malo por no hacerlo.

Su nuevo compañero, Don Rubello decide guardar su parte cada mes para, si algún día cambia de opinión, entregárselo.

Pero la corrupción existente le parece inaceptable, por lo que vuelve a hablar con McClain, el cual le pide que continúe acumulando pruebas, prometiendo ponerle en contacto con el comisionado Delaney.

Cuando le cambian de compañero, este, que es más mayor le hace ver lo duro que sería para él y su familia si todo saliera a la luz, pese a lo cual se niega a aceptar su parte también de él.

Como comienza a inquietarse ante la falta de contacto de Delaney, Bob Blair le dice que intente ir por otra vía: la del alcalde, saliéndose así del departamento de policía, poniéndole en contacto con un colaborador del alcalde que parece entusiasmado ante el trabajo de Serpico, el cual le promete que verá al alcalde, viendo unos días más tarde cómo su contacto se desdice, señalándole que el alcalde no desea ganarse la antipatía de la policía, quedando todo en papel mojado.

Sus compañeros deciden reunirse en un parque con él para hablar sobre el asunto asegurándose de que no los graban, decidiendo repartirse su parte y que ocuparse cada uno de recaudar su parte.

Un día Serpico detiene a uno de los que les pagan, en contra de la opinión de todos sus compañeros, que le piden que lo suelte, descubriendo él al estudiar sus antecedentes que años atrás asesinó a un policía.

Finalmente consigue que le reciban policías de asuntos internos, ninguno de los cuales había oído hablar nunca de sus denuncias pese a que entre los designados para la investigación hay un inspector de la oficina del comisionado, considerando él que la división no puede investigarse a sí misma, y, aunque colaboran con él le ponen pegas constantes mientras sus compañeros parecen estar al tanto de las investigaciones, por lo que lo cachean cada día para evitar que los grave.

Finalmente toma cartas en el asunto Tauber, fiscal del distrito, que le dice que convocará a un gran jurado, negándose él a testificar, al pensar que se trata de una cortina de humo para simular que hacen algo, pero que todo sigue igual sin que nadie haya hecho nada en años pese a estar al tanto del asunto el comisionado.

Su novia Laurie acaba cansada de sus modales y de su falta de compromiso y decide abandonarle pese a que él le ruega que no lo haga y que le dice que desea que sea la madre de sus hijos.

El fiscal le pide que testifique, aunque será la insistencia del jefe Green, de asuntos internos la que le anime a hacerlo pese a que su antiguo amigo le advierte lo que le puede suponer el declarar, diciéndole que no es necesario dispararle, y que basta con no auxiliarle.

Finalmente declara ante el gran jurado, viendo cómo el fiscal dirige las preguntas de tal modo que todo se queda en una acusación a sus compañeros exculpando a los mandos que nada hicieron por atajar el problema.

Lo único que consigue es que le trasladen sin conseguir la placa de detective que el comisionado asegura que nunca le entregará mientras esté en el cargo.

En su nuevo destino es recibido con tanto recelo por sus compañeros que debe trabajar como pareja de su jefe, al no quererle nadie con ellos.

Juntos hacen una redada en un local donde el propietario les dice que no pueden entrar allí, pues pagaron esa misma mañana su comisión a los agentes, descubriendo de ese modo que los cobros en su distrito los hacen policías jubilados para no involucrar así a ningún policía en activo.

Dado que sus superiores vuelven a ignorar la corrupción, vuelve a llamar a Bob, al que le dice que está dispuesto a contarlo todo al New York Times, siendo apoyados por el inspector de su distrito con el que trabajaba, consiguiendo que la noticia salga en el periódico, viéndose el alcalde obligado a nombrar un comité especial para investigar la corrupción policial.

Su "recompensa" será el trasladado a narcóticos en Brooklyn Sur.

Allí es también mal recibido, diciéndole uno de sus compañeros que allí no van a permitirle ningún tipo de tontería, pues allí se maneja mucho más dinero, no son los 800 dólares de sus anteriores compañeros, pues pueden llegar a 30.000 dólares.

Poco después, y durante una operación contra unos traficantes observa cómo sus compañeros no le ayudan cuando intenta entrar en la vivienda de estos, recibiendo finalmente un disparo.

Dado que la bala era de bajo calibre y no dañó la médula espinal consigue salvar su vida, aunque ni así le respetan los policías que custodian su habitación, que lo consideran un enemigo.

El inspector Green le visita y le entrega la placa de oro, que él tanto persiguió y que asegura ya no le importa ni la quiere.

Le dan de alta, aunque deberá convalecer durante dos meses, siendo muy probable que no recupere nunca la audición de su oído izquierdo, quedándole varias astillas, pudiendo experimentar cierta rigidez y vértigos, aunque irá mejorando.

Se crea una comisión permanente contra la corrupción y participa en la misma, explicando que su deseo es que ningún policía sufra lo que tuvo que pasar él por tratar de denunciar la corrupción policial y que los policías honrados se sientan apoyados.

En junio de 1972 presentó su dimisión al departamento de policía, y, aunque obtuvo una medalla al valor por méritos extraordinarios prefirió irse a vivir a Suiza.

Calificación: 3