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Siete novias para siete hermanos


Seven brides for seven brothers (1954) * USA

Duración: 102 Min.

Música: Gene de Paul (Canciones: Johnny Mercer)

Fotografía: George Folsey

Guión: Albert Hackett, Frances Goodrich, Dorothy Kingsley (H.: Stephen Vincent Benét)

Dirección: Stanley Donen

Intérpretes: Howard Keel (Adam Pontipee), Jane Powell (Milly), Jeff Richards (Benjamin Pontipee), Russ Tamblyn (Gideon Pontipee), Tommy Rall (Frank Pontipee), Howard Petrie (Pete Perkins), Virginia Gibson (Liza), ), Ian Wolfe (Reverendo Elcott), Marc Platt (Daniel Pontipee), Matt Mattox (Caleb Pontipee), Jacques d'Amboise (Ephraim Pontipee), Julie Newmar (Dorcas), Nancy Kilgas (Alice), Betty Carr (Sarah), Ruta Lee (Ruth), Norma Doggett (Martha).

Oregón, 1850. Adam Pontipee baja desde la montaña para vender pieles de castor y para comprar provisiones, decidido además a encontrar a una esposa que guise, limpie y lave para él y sus seis hermanos.

Descubrirá a la mujer ideal al ver a una muchacha cortando leña que cocina y sirve en el bar, y tras probar su exquisita comida y verla ordeñando a una vaca le pide que se case con él, pues, aunque es consciente que no ha habido noviazgo ni cortejo no volverá a bajar hasta cinco meses más tarde.

Y Milly, la muchacha accede a casarse sin escuchar las recomendaciones del párroco, que la acogió en su casa por carecer de familia.

Pero cuando llegan a la montaña Milly se encuentra con la sorpresa de que no tendrá que cocinar, limpiar y fregar solo para su marido, sino para seis personas más, los seis hermanos de Adam, que, como él tienen nombres bíblicos, excepto el penúltimo, Frank, dado que no existían nombres bíblicos con tal letra.

Milly no tiene tiempo para disfrutar de su matrimonio, pues debe preparar la cena para siete varones maleducados que la hacen indignarse por sus malos modales, por lo que vuelca la mesa, quejándose ante Adam de que no buscara una esposa, sino una fregona, diciéndole que trabajará a su lado, pero no dormirá a su lado, aunque finalmente lo perdonará.

Pero no está dispuesta a permitir que los Pontipee vivan como salvajes y al día siguiente cuando se levantan se encuentran con que ella les ha lavado la ropa, exigiéndoles la ropa interior y pidiéndoles que se afeiten si quieren probar su comida.

Mas adelante, y tras observar que no saben tratar a las muchachas se afanará por enseñarles a conquistarlas de forma educada, enseñándoles también a bailar, para que, llegado el día de la fiesta puedan hacerlo, observando el atónito Adam cómo las lecciones fueron provechosas habiéndose convertido sus hermanos en unos seductores.

Cuando el baile da comienzo las muchachas a las que ellos tan galantemente habían cortejado son requeridas por otros muchachos del pueblo, con los que ellos deberán competir en habilidad y sin necesidad de llegar a las manos.

Durante la fiesta montarán el granero de un vecino, compitiendo varios equipos, dedicándose el resto de los muchachos, temerosos de su competencia, a molestar y obstruir el trabajo de los Pontipee, y, aunque le prometieron a Milly que no se pelearían al final, hartos de aguantar los golpes, acaban peleándose y haciendo que todo lo construido acabe destrozado.

Pero la experiencia les cambia, mostrándose, a partir de ese día melancólicos pensando en las muchachas mientras comienzan a caer las primeras nieves.

Vista su actitud Adam les conmina a hacer algo práctico, e inspirándose en el rapto de las Sabinas por los romanos, les pide que ellos rapten a sus enamoradas.

Bajan por ello al pueblo y raptan a las chicas, regresando tras ello a las montañas, mientras los hombres del pueblo, tras darse cuenta de lo ocurrido los persiguen, aunque, tras llegar al desfiladero que lleva hasta su casa provocan un alud, dejando la montaña incomunicada.

Pero cuando llegan a su casa Milly se muestra horrorizada y se enfada con Adam, acogiendo a las temerosas muchachas y enviando a los hombres a vivir en el establo.

Adam, dolido por las palabras de Milly decide aislarse en la cabaña de caza, dejando Milly que lo haga para que aprenda a valorarla.

Aunque las muchachas se sienten indignadas, tras dos meses de encierro están hartas y se pasan el día frente a la ventana tratando de ver a los muchachos, que por su parte inventan diferentes excusas para entrar a verlas. Anunciando entonces Milly que está embarazada.

Cuando llega mayo y la nieve empieza a derretirse, los chicos y las chicas comienzan a pasar buena parte del tiempo juntos, y cuando nace el hijo de Milly, Gideon sube a buscar a Adam, indignándose cuando, tras contarle que es padre, este parece no inmutarse.

Al derretirse la nieve el puerto se abre y los hombres del pueblo se disponen a acudir al rescate de las muchachas.

Baja entonces Adam llega a su casa donde ve por vez primera a su hija, reconociendo que desde que supo que la tenía ha reflexionado y pensado que si alguien se la llevase acabaría con él, y reconoce haber pensado mucho en Milly a la que ama de verdad.

Decide por ello que deben devolver las chicas a sus familias ante la negativa de sus hermanos, a los que les hace ver que si luchan contra los familiares de ellas y alguien resulta herido o muerto no se casarán con ellos.

Pero entonces son las muchachas las que se rebelan y deciden esconderse para no regresar, debiendo secuestrarlas de nuevo, esta vez para poder devolverlas.

Llegan entonces los hombres del pueblo y consiguen retener a los hermanos, disponiéndose a colgarlos, aunque, cuando escuchan el llanto de un bebé, el párroco pregunta de quién es, respondiendo todas las muchachas al unísono que suyo, por lo que en vez de la venganza, los padres los obligan a casarse con ellas.

Calificación: 4