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Stockholm
Stockholm

España (2013) *

Duración: 92 min.

Música: Peter Memmer, Lucas Bolaño

Fotografía: Alejandro de Pablo

Guión: Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen

Dirección: Rodrigo Sorogoyen

Intérpretes: Javier Pereira (Él), Aura Garrido (Ella), Jesús Caba (Amigo), Susana Abiatua (Amiga 1), Lorena Mateo (Amiga 2), Miriam Marco (Amiga 3), Daniel Jiménez (Borracho), Javier Santiago (Chico), Helena Sanchís-Guarner (Chica).

Dos amigos hablan durante una fiesta de una amiga común, Laura, que se ha ido a vivir a Estocolmo.

Cuando dejan de hablar se cruza con una chica a la que se queda mirando, viendo que ella también lo mira, por lo que recorre todas las habitaciones tratando de encontrarla, viéndola finalmente charlando con un grupo de amigos, pese a lo cual se acerca a ella, la saluda y le dice que acaba de cruzarse con ella y se ha enamorado.

Ella no le hace caso, ante lo que él opta por darle las llaves de su casa, diciéndole que si no va a dormir con él no las quiere para nada.

A la salida de la fiesta ve que el muchacho que intentaba ligar con ella está con sus amigas con las que trata de planear a dónde ir, aunque ella no quiere apuntarse a ninguno de los planes, pues asegura que está cansada y que se marchará a casa en un taxi, rechazando las ofertas de ellas de acompañarla.

Y mientras comienza a caminar tratando de encontrar el taxi, se le une el chico que le asegura que va junto a ella porque van camino a su casa, aunque luego le dice que ha citado a sus amigas en su casa y que ha ido a buscarla para tratar de convencerla para que también vaya, aunque ella le asegura que no tiene ninguna posibilidad con ella pues no le caen bien las personas como él, tan creídas y tan seguras de sí mismas.

Él le confiesa entonces que lo de sus amigos era una broma, pues las dejó tras decirles que se retiraba y que se iba a su casa.

Ante la insistencia de ella en pedirle que la deje, él finalmente da su brazo a torcer y se marcha, aunque unos segundos después lo ve aparecer de nuevo por otra calle, habiendo dado una vuelta a la manzana, no pudiendo ella evitar reírse al volver a verlo, habiendo conseguido así él por fin romper el hielo, no pareciendo ya ella molesta por su compañía, y acabando por aceptar su invitación para cenar, llevándola a una tienda de 24 horas, donde ella ve que un tipo se dirige a él de forma amenazante, aunque no puede escuchar su conversación.

A la salida ella lo interroga sobre el asunto, contándole él que el tipo con el que se encontró está enfadado con él debido a que se lió con una amiga suya, encontrándoselo constantemente desde entonces.

Ella no lo cree. Su teoría es que él le quitó a la chica que no volvió a verla, reconociendo él que no volvió a verla porque tras su primer día el tuvo que irse de viaje, y cuando regresó ella ya salía con otro.

Comprueba no obstante que no todo era mentira, y que, en efecto, él vivía muy cerca de allí, continuando la conversación en las escaleras del portal, ya que ella no desea subir a su casa.

Ella le pregunta si alguna vez se ha acostado con desconocidas y él le dice que varias veces, a lo que ella le dice que ella no es de las que se acuestan con desconocidos, diciéndole él que puede estar tranquila pues no es su tipo.

Le pregunta él entonces con cuántos se ha acostado ella, que le responde que con menos de los que él se imagina.

Él insiste en su primera estrategia, preguntándole qué puede hacer para que se crea que es cierto que se ha enamorado de ella, diciéndole ella que lo primero que debe hacer es decirle su nombre a lo que él se resiste, para finalmente decirle que se llama Bartolo, no pudiendo ella parar de reír.

Pero él insiste en que le ponga a prueba y hará lo que sea para demostrarle su amor, asegurándole que si quiere saldrá afuera y lo gritará, ante lo que ella le pide una prueba mayor: deberá hacerlo, pero desnudo, pintándole además los labios.

Y él no dudará ni un momento antes de salir desnudo a la calle, saliendo ella tras él para ver que se lo ha contado a una pareja, que le preguntan a ella por qué piensa que no es cierto que la quiere después de haber realizado esa prueba.

Ella admite solo entonces subir a su casa, pues tiene sed y estarán más a gusto, mostrándole él su magnífica terraza, que tiene unas vistas preciosas.

Se sirven gin-tonics, y él intenta besarla, sin que ella se lo permita, por lo que él decide cambiar de estrategia, preguntándole por qué sus amigas parecía que trataban de protegerla, respondiéndole ella que hacía mucho que no salía de noche debido a que pasó un año muy malo, y que justo ese día había salido por primera vez, aunque cuando ella parece dispuesta a abrirse suena el móvil de él, que, aunque no lo coge, hace que se rompa el momento y se corte la conversación.

Propone ella entonces un juego, consistente en que cada uno de ellos podrá hacer tres preguntas al otro, que debe responderlas sinceramente.

Le pregunta si tiene novia y él dice que no

Él le pregunta si le queda bien el pelo como lo lleva y ella le dice que sí.

Ella le pregunta si su novia sabe que ella está allí y le dice que no.

Le pregunta si cree que es un mentiroso y ella le dice que sí.

Ella le pregunta si puede ver su móvil y él le dice que no.

Él le pregunta si quiere besarlo y ella dice que no, pese a lo cual y sin su permiso él le da un pico ante el enfado de ella, empezando él también a sentirse molesto por la actitud de ella, asegurándole que él no aguanta a nadie más de una hora y lleva con ella toda la noche, y que lo ha hecho porque le gusta, ante lo que ella le dice que le gusta para meterla en su cama y que aunque estaba a gusto con él, ha dejado de estarlo cuando él ha tratado de obligarla a hacer cosas que no desea como besarla o acostarse con él, por lo que decide marcharse, sin atender a la petición de él, al que le hace ver que, en cuanto vio que no iba a conseguir su objetivo él ya no es tan encantador, demostrándole que tal como había pensado, él está acostumbrado a conseguir lo que quiere, al contrario que ella, que está acostumbrada a no conseguirlo, respondiéndole él que por eso tiene esa cara tan triste.

Ella se abraza entonces a él, que tras unos instantes intenta besarla reprendiéndole ella de nuevo y preguntándole si no se ha dado cuenta de que no quiere besarlo, a lo que él le replica que qué hace entonces en su salón, decidiendo ella marcharse.

Baja las escaleras de la casa, aunque, coincide su llegada al portal, con la de él, que bajó en el ascensor, y que, tras tomar su mano, la sube al ascensor, al que ella se deja guiar mansamente, besándose apasionadamente mientras este sube.

Cuando se despierta a la mañana llama a su madre contándole que se quedó a dormir con una amiga y que comerá con ella, recordándole su madre que no debe dejar de tomar sus pastillas.

Aprovecha que él no está para revisar algunos de sus cajones, viendo fotos de él con otras chicas.

Él está ya vestido y le dice que tiene que salir a hacer algunas gestiones, pese a que ella le dice que le gustaría volver a acostarse con él, a lo que le responde que las mañanas no son su fuerte y que la defraudaría, diciéndole también que mejor que no fume allí, pese a que por la noche le dijo que no le importaba, excusándose en que no le gustaría a su compañera de piso.

Ella le dice que lo pasó muy bien por la noche, diciéndole él que también lo pasó muy bien, pero que tiene prisa y que además ha quedado para comer.

Ella pasa al baño, dándose un cabezazo contra el espejo.

Cuando sale le dice a él que pensaba que le apetecería que se quedara, a lo que él dice que así es, pero que se tiene que ir, aunque le dice que puede ducharse con calma y marcharse luego dando un portazo, aunque antes de marcharse se vuelve y le dice que prefiere esperar a que se duche, pidiéndole que lo haga deprisa.

Tras comprobar que él desea que se marche ella se dice que no sabe por qué se sorprende, pues sabía que eso iba a pasar, aunque, pese a todo le dice a él que no se va a marchar, porque no le apetece hacerlo y está harta de hacer cosas que no quiere hacer y que se va a quedar allí aunque él se marche.

Ante su actitud él decide pedirle que se vaya, a lo que ella se niega nuevamente, diciéndole él que la casa es suya y que si le pide que se vaya debe hacerlo si le queda un poco de orgullo.

Le da tras ello un manotazo tirándole el cigarrillo al ver que se dispone a fumar.

Trata de contemporizar un poco tras ello, ante su actitud violenta, diciéndole que cuando se levantó le apetecía estar solo, preguntándole ella si eso le ocurrió a pesar de estar enamorado, ante lo que vuelven a discutir, asegurando ella no estar dispuesta a hacer cosas que no le apetecen, y que no le apetece marcharse.

Ella le dice que, a pesar de lo que él pensaba, el día anterior no le apetecía acostarse con él, y fue entonces él quien insistió para que ocurriera, asegurando él que por la noche se dicen cosas que no se piensan por el día, y que evidentemente no está enamorado de ella, y menos después de su numerito.

Viendo que ella no parece dispuesta a marcharse decide hacerlo él, aunque cuando decide hacerlo observa que la puerta está cerrada, no encontrando las llaves, por lo que le pide a ella que se las devuelva, respondiendo ella que no es justo que el juego se acabe cuando quiere él, que es quien comenzó el juego, mostrándose él violento, llegando a amenazarla con pegarle, por lo que ella le dice que con lo divertido que parecía de noche y lo aburrido que es de día, por lo que le propone volver a jugar al juego de las tres preguntas para que él pueda averiguar dónde están las llaves.

Pero él no tiene ganas de jugar y tiene solo una pregunta: ¿dónde están las llaves?, mientras ella le pregunta desde cuándo sabía que no quería que se quedara, debiendo reconocer él que desde la noche anterior.

Le pregunta también si cree que tiene motivos para estar triste, y por último que si se quedaría con ella si lo necesitara, a lo que responde negativamente, tras lo cual se dirige hacia él e intenta besarlo, igual que hacía él la noche anterior, siendo esta vez ella la rechazada, pese a lo cual vuelve a intentarlo, agarrándose a él, aunque la empuja violentamente tirándola al suelo.

Ella no puede evitar llorar, y le dice que cree que se siente mal porque está esperando a su novia con la que la noche anterior no pudo hablar porque estaba con ella y está por ello tan violento, lanzándole tras ello un viejo muñeco en que están las llaves.

Escucha entonces él por fin el grifo del baño.

Cuando ella sale del baño va hasta la terraza, donde está él, que le ha llevado otro café y que parece más relajado, disculpándose por su modo de actuar hasta ese momento.

Le cuenta ella entonces que ya se había fijado en él en la fiesta y había pensado en ir a hablar con él, aunque no se atrevió, aunque secretamente esperaba que fuera él quien se dirigiera a ella, aunque cuando lo hizo y le dijo que se había enamorado de ella no lo creyó, porque nunca nadie se había enamorado de ella.

Él le dice que pese a todo le gusta cómo es y que le gustaría quedar con ella luego, aunque entiende que después de haberse comportado de ese modo ella se lo quiera poner más difícil, preguntándole qué quiere, diciéndole que a él, que es ahora el que no la cree a ella.

Él entra para buscar café, aprovechando ella ese momento para lanzarse al vacío.

Cuando regresa él y no la ve casi ni se atreve a mirar, saliendo corriendo hacia abajo cuando finalmente lo hace.

Calificación: 2