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The Lady in the Van
The Lady in the Van

The Lady in the Van (2015) * Gran Bretaña

          También conocida como:
                    - "Una dama sobre ruedas" (Colombia)

Duración: 104 min.

Música: George Fenton

Fotografía: Andrew Dunn

Guión: Alan Bennett (Sobre sus memorias)

Dirección: Nicholas Hytner

Intérpretes: Maggie Smith (Miss Mary Shepherd / Margaret Fairchild), Alex Jennings (Alan Bennett), Clare Hammond (Joven Margaret Fairchild), Roger Allam (Rufus), Deborah Findlay (Pauline), Jim Broadbent (Underwood), Claire Foy (Lois), Cecilia Noble (Miss Briscoe), Gwen Taylor (Mum), Frances de la Tour (Ursula Vaughan Williams), Nicholas Burns (Giles Perry), Pandora Colin (Mrs. Perry).

Se escucha un fuerte golpe como si alguien fuese atropellado por un coche.

Una mujer huye en una furgoneta con el parabrisas roto y con manchas de sangre, siendo en efecto perseguida por un coche policial al que consigue esquivar escondiéndose en un camino, yendo tras despistarlos en dirección contraria.

Una furgoneta de color azul aparece aparcada junto a una vivienda.

Un hombre, el escritor Alan Bennett escribe que la dueña de la furgoneta tenía un olor dulzón, mezclado con olor a orina, a lana mojada y cebolla, que ella solía comer cruda, y a periódicos húmedos, aunque su olor se ve enmascarado por los polvos de talco aromatizados que usaba siendo el de lavanda su favorito, quedando su olor flotando en la casa mucho después de su partida.

El alter ego del escritor le dice que debe decírselo, y en efecto sale y le dice que prefiere que no use su baño y utilice los baños públicos que hay un poco más arriba, señalando ella que huelen mal y ella es muy pulcra.

Alan comenta que todo escritor tiene un doble, el que se dedica a vivir mientras el otro escribe, asegurando que escribir es hablar con uno mismo, algo que él ha hecho toda su vida.

Recuerda que compró esa casa en Gloucester Crescent, en Candem en 1970 porque tenía mucho espacio y era una zona que estaba subiendo.

Fue abordado entonces por una anciana, Miss Shepherd, que le pide que le ayude empujando su furgoneta hasta la esquina, afirmando ser una mujer enferma que busca una última morada donde descansar.

Los vecinos lo reciben amistosamente mientras la vieja avanza con su furgoneta, instalándose en otro número de la calle, viendo cómo sus vecinos, liberales la acogen sin demasiado desagrado, ofreciéndole la propietaria de la casa frente a la que aparcó, de hecho, peras, que ella rechaza, quejándose del ruido de su hijo.

Tanto que unos días más tarde decide cambiarse de lugar molesta con el ruido del niño tocando la flauta, observando expectantes los vecinos para ver a quién de ellos le tocará aguantarla ahora.

De hecho unos vecinos que iban a ir a la ópera ven que la casa elegida es la suya y regresan para pedirle que no se quede allí, sin que ella les haga caso diciendo que se lo ha indicado la Virgen María.

Un día que Bennett habla con ella amablemente ella aprovecha para pedirle que le deje usar su baño, pues tiene un apretón, debiendo él desinfectarlo tras ello.

La madre de Alan lo llama quejándose de que no vaya a verla, y ofreciéndose a ir ella, aunque él le dice que tiene demasiadas escaleras.

Otra de las vecinas, Ursula Vaughan Williams se dirige a la anciana temiendo que esté mal, reconociéndola Miss Shepherd al escuchar su nombre como la mujer del compositor de Greensleeves, la cual habla luego con Bennett, al que le cuenta que la anciana conducía ambulancias durante la guerra y que también fue monja.

Lois, la asistente social visita a la anciana para entregarle ropa, aunque ella en vez de agradecerlo gruñe porque la molestan y devuelve parte de lo que le dan, pues dice que no tiene dónde meterla, diciéndole que si quieren algo contacten con el señor Bennett, pues el resto de los vecinos no se relaciona con ella.

La asistente habla con él que le confirma que le deja usar su aseo, algo que ella cree puede darle derechos de ocupación y ella, como sus vecinos preferiría que se fuera de Candem.

Pero a pesar de todo lo que hacen, llevándole Bennett comida y bebida, ella siempre se queja y lamenta que no le den una pensión por no tener una dirección fija y le dice que pronto se mudará a Broadstirs, preguntándole él si tiene familia allí, a lo que le responde que no.

Bennett relata que un día la anciana le dijo que vio una boa cerca de la furgoneta y él pensó que era una de sus fantasías, aunque al día siguiente le dijeron que hubo un robo en la tienda de animales, y, en efecto, sus vecinos vieron en su jardín la serpiente.

De pronto Miss Shepherd desaparece.

Va en efecto, como dijo, en autobús a Broadstirs a disfrutar de la brisa del mar.

Un policía le pregunta por qué va en camisón, alegando ella que no lo es, que es un nuevo tipo de vestido cuya moda aún no llegó allí.

Visita luego a un hombre que sale para hablar con ella no dejándola entrar en la casa.

Alan recibe la visita de su madre, viendo de pronto a cuatro pavos reales posados en su muro, y aunque no la creía, ve que es cierto, como lo que dijo la otra anciana de la boa.

Su alter ego le advierte sobre su vida, señalando él que ahora está entre dos ancianas, su madre y Miss Shepherd y que está escribiendo en un diario sus vivencias, aunque le dice no piensa utilizarlo para escribir, pues va a escribir sobre espías.

Cuenta que as casas de Crescent fueron concebidas para la clase media victoriana, y ahora atraía a familias liberales que parecían incómodas con su prosperidad, lo que les llevaba a tolerar a Miss Shepherd, a la que incluso le llevaban regalos en Navidad o comida que ella nunca agradecía.

Alan es entrevistado por una periodista a la que le dice que está escribiendo sobre sexo, diciéndole que se ha documentado sobre ello cuando la periodista pone en duda sus conocimientos, asegurando que ha escrito sobre otras cosas que no ha vivido.

Un día la anciana echa a unos niños que tocaban en la calle porque le molesta el ruido y dice estar enferma.

Un día entra en casa de Alan y le dice que podrían hacer un programa de llamadas a la radio en la que ella contaría sus experiencias, observando la anciana mientras hablan que tiene una Guía Michelin y le pregunta si pasa sus vacaciones en Francia, recordando ella que estudió en Francia 35 años antes, observando que habla francés fluidamente, contándole la anciana que estudió allí de incógnito música.

Ve cómo pinta su furgoneta de amarillo y la ve feliz haciéndolo.

La policía le indica que está ilegalmente aparcada, por lo que le dan una orden de retirada, alegando ella que no tiene gasolina y rechazando que él se la compre, pues no quiere irse de allí porque otra de sus vecinas, Lady Widdin le prometió darle una nueva furgoneta, acudiendo Alan a casa de la vecina a la que le dice que si le va a comprar una furgoneta debe permitirle también que la aparque en su casa, pues tiene sitio de sobra, aunque ella se niega.

La anciana tiene otra idea, piensa que para evitar las restricciones debería aparcar en una entrada de garaje en vez de hacerlo en la calle.

Ve cómo una noche se acerca a la furgoneta un hombre que le pide a la anciana algo. Alan le llama la atención al hombre que le dice que es amigo de Margaret, la cual le da varios billetes.

Debe intervenir unos días después también cuando unos jóvenes comienzan a balancear la furgoneta mientras insultan a la anciana, logrando él ahuyentarlos.

Decide tras ello para no tener que preocuparse más de ella dejarla aparcar temporalmente en la entrada de su garaje pese a que su alter ego le dice que la bondad es la más egoísta de todas las virtudes pues casi siempre responde a la indolencia, asegurándole que la anciana sabía lo que quería desde el principio.

Esta por su parte acude a confesarse, recordando que la última vez lo hizo en Roma, recordándole el sacerdote que él la ha absuelto ya en varias ocasiones del mismo pecado y que ya está perdonada.

Alan invita a cenar a sus vecinos más próximos que comentan a sus espaldas que si acoge a la anciana la tendrán allí para siempre cuando ellos creían que ya se iban a librar de ella.

Finalmente Alan le comunica su proposición a la vieja, que se muestra reticente, asegurando que debe pensar si le conviene, pues tiene otras ofertas, y cuando acepta lo hace como si le estuviera haciendo a él un favor, aparcando su nueva furgoneta en la entrada de su garaje mientras se llevan la vieja para el desguace.

Desde su casa la ve a veces rezar con vehemencia.

Pero Alan sigue con su vida, lo que le supone recibir a menudo a amantes ocasionales que observan extrañados a la anciana acogida.

Como extrañada lo ve su también su madre en su siguiente visita, que le dice que la anciana acabará instalándose en su casa y huele como una fregona podrida, postulándose ella misma como compañera ideal, asegurándole que tendría su casa inmaculada, aunque él la disuade y le dice que está seguro de que no quiere vivir allí.

Cuando se marcha le pide que vuelva a verla pronto, diciéndole que Miss Shepherd necesita que la cuiden y debe ir a una residencia, pensando Alan en ese momento que era ella, su madre quien estaba más cerca que Miss Shepherd de ir a una residencia.

Pronto la anciana pinta también de amarillo su nueva furgoneta, sobre la que pega varias banderas británicas.

Cuando Miss Shepherd se hace con un televisor Alan debe proporcionarle una conexión de luz y de antena para que pueda verla.

Y a pesar de vivir de prestado le interroga sobre los hombres que lo visitan, asegurando saber lo que son, diciéndole que son comunistas y por eso van por la noche.

Vuelve el hombre al que en la anterior ocasión Miss Shepherd le entregó dinero, que observa que tiene una nueva furgoneta y que le pregunta cómo se llama ahora, diciendo ella que se llama Mary, y le amenaza con llamar a la policía, diciéndole él que le debe otra contribución, asegurando ella que el nombre de Margaret murió con el pecado.

Alan debe reconocer que pese a que lleva ya varios años instalada en su jardín no sabe cómo se llama realmente, estando seguro de que su nombre no es Mary, aunque no se atreve a preguntarle cuál es su verdadera identidad ni qué ocurre con ese hombre.

Un día decide ponerle música clásica a todo volumen haciendo que se ponga nerviosa y grite, preguntándole él cómo puede no gustarle pese a haber sido pianista, diciendo ella que no ha dicho que no le guste, solo que no quiere escucharla.

Su alter ego le dice que es el momento para que se explique, y en efecto ella le cuenta que una vez la dejaron sola en una sala del convento y había un piano y estaba abierto y se puso a tocar, siendo sorprendida por la madre superiora y las novicias, diciéndole la primera que la voluntad de Dios era que no tocara, y cuando ella se ofreció para tocar himnos para que cantaran le dijo que eso era discutir y que no sería monja si discutía.

La madre de Alan acabó en efecto en una residencia en Weston Super Mare mientras él tenía a la otra anciana en su jardín.

De hecho esta se hizo con un nuevo vehículo, este de tres ruedas que aparca en la zona de residentes, asegurando tener permiso para ello, lo que les lleva a discutir, llegando ella a acusarle de robarle la llave que él le demuestra que lleva ella encima, recordando que fue aquella la única vez que le puso la tocó.

Mientras él prepara el montaje de su siguiente obra ya todos sus conocidos le preguntan por "su señora", como si de su esposa se tratara.

Miss Shepherd pinta también su nuevo auto de amarillo y le pide a Mr. Bennett que le deje meterla también en su garaje para evitar a los vándalos.

Alan recibe la visita de la nueva asistente social, que le dice que debería hablar más con ella y que deberían llamarse por sus nombres, asegurando él que no se puede hablar con alguien que habla con la Virgen María y con la que solo discute, asegurándole además que no se llama Mary, sino Margaret.

Esta, con su nuevo auto regresa a Broadstirs, donde sube a la noria y come un helado, entrando luego en un club de ancianos donde puede comer, y donde ve que actúa una joven tocando el piano para los ancianos, quedándose a escucharla.

Vuelve tras ello a la casa donde estuvo la vez anterior, esperando a que se marche la mujer y viendo nuevamente al hombre que ya vio unos años antes.

De regreso para en medio de la carretera y se pone a rezar arrodillada en el lugar donde tuvo el encontronazo años antes.

Tanto los vecinos como Alan se extrañan de su ausencia que se prolonga durante varios días.

Le preguntan también los vecinos si se encuentra bien, diciéndole la mujer que leyó una crítica buena de su obra, a lo que les responde que le dijeron que todas eran buenas, diciéndole el vecino que a ellos les gustó, aunque no esperaban que solo saliera él, recordándoles él que se trata de un monólogo.

Pero cuando se marcha al teatro la mujer comenta que no se enteró de nada.

Alan está representando en efecto una obra suya en la que él mismo actúa y en la que habla de su madre.

A su regreso del teatro, llama en la furgoneta para ver si está Miss Shepherd, abriéndola por vez primera a sugerencia de su alter ego que le pregunta si tiene miedo de que esté muerta, aunque llega entonces la anciana ante la que debe disculparse por haber abierto su furgoneta, diciéndole que estaba preocupado por ella.

Con el paso de los años tanto su madre como su inquilina empezaron a decaer. A la primera se le rompió la cadera, comunicándole su doctor que no le dan antibióticos debido a su edad y su estado mental, pues podrían ser contraproducentes, por lo que solo cabía esperar.

A la vuelta Miss Shepherd le pregunta si va a escribir sobre ella, pues le escuchó por la radio y dice que debería darle vergüenza utilizar a su madre, diciendo que supone que ella será la siguiente, mientras la ve con su nueva silla de ruedas.

Pero tras ello le pide que la empuje calle arriba viendo luego cómo deja caer la silla calle abajo como si fuera una atracción.

La acompaña incluso a misa, pues dice debe rezar por alguien que tendría unos 50 años.

Alan va al convento donde le dicen que la mujer era conflictiva y que siempre quería tocar el piano y quería llevar la razón, preguntando él si alguna de las monjas podría ayudarla a hacer la compra, diciéndole la superiora que las monjas no hacen la compra y que no cree que sea inválida de verdad, pidiéndole que rellene un formulario.

La anciana acumula bolsas junto a su furgoneta y a veces se salen los excrementos y en ocasiones Alan los pisa sin querer.

Miss Briscoe, la asistente social vuelve a regañarle pues dice que Miss Shepherd le dice que él no la anima a salir y siempre le pone trabas, aunque él dice que la anima a que vaya al supermercado y asegura que no actúa por caridad ya que odia la caridad, asegurando que él no la cuida, y recordándole que la ha soportado durante 15 años y odia que vayan cada tres meses vaya ella a decirle como es, cuando él sabe ya que es intolerante, estrecha de mente, arisca, retorcida, despiadada, egoísta, maloliente, maleducada y demente, y que expulsa zurullos a más de un metro de la furgoneta.

Su alter ego le recuerda que no dijo nada de eso.

Miss Briscoe dice que le buscará un médico, aunque cuando llega este y ve que es un hombre pide una mujer, aunque él le explica que solo desea llevarla varios días al hospital para hacerle unas pruebas, diciendo ella que tiene una gran fe en las cebollas.

Miss Briscoe le dice que si no va al hospital debe ir al centro de día, asegurando él que no lo permitirá, aunque se sorprende viendo que ella acepta la propuesta, observando Alan cuando van a buscarlo que el trabajador social la toca sin los remilgos que él siente.

Muchos de los vecinos salen a ver el acontecimiento preguntándose si finalmente se va, recordando una de las vecinas el tiempo que ha pasado y diciendo que sus hijos siempre preguntan por ella, pese a que de niños le tenían miedo, recordando que uno de ellos trabaja ahora en el Banco Mundial en Washington.

Antes de irse, Miss Shepherd le explica a Alan que les dijo a los trabajadores sociales que no tiene familia, aunque le da un sobre donde figuran los nombres de esta, observando cuando se marcha que en dichos papeles pone que su familiar más cercano por si es necesario, es él mismo, Mr. Bennett.

En el centro de día la bañan y la peinan, poniéndole ropa limpia, acercándosele mientras come otra mujer que la llama Margaret.

Alan visita al hermano de la señorita Shepherd que no puede creerse que la haya acogido durante tantos años, diciéndole que debe ser un santo, pues su hermana es una mujer muy difícil y que su esposa no la deja entrar en casa.

Le cuenta que fue monja por dos veces, hasta que la echaron, pasando un tiempo en un psiquiátrico, pensando que fue culpa suya, pidiendo él que la recluyeran, aunque se escapó.

El hermano le pregunta si sigue tocando el piano, recordando que fue discípula de Alfred Cortot, el virtuoso del piano, estudiando con él en Francia, practicando desde entonces todos los días hasta que las monjas se lo impidieron en prueba de obediencia, comenzando a rezar en vez de tocar.

Le cuenta que llegó a tocar incluso para la BBC, poniéndole un disco suyo.

En la residencia Margaret ve un piano y vuelve a tocar.

Unos días más tarde observa Alan que la anciana ha regresado a la furgoneta, contándole que no podía quedarse allí, pues una mujer le dijo que le sonaba su cara de Banstead.

Él le entrega un ramo de flores que le había comprado, pues fue a la residencia a visitarla, aunque Miss Shepherd le dice que no las quiere, pues se van a morir.

Pero se pregunta cómo se puede vivir sin música, ella que la llevaba en la sangre, asegurando que le era más fácil tocar que rezar, lo que teme sea un error, pudiendo ser un hueco por el que se colase el diablo, por lo que se la prohibieron.

Antes de despedirse esa noche, ella le pide que le deje su mano, que estrecha, diciéndole antes que está limpia tras el baño.

A la mañana siguiente de esa charla llegó Miss Briscoe, la asistente social llevando ropa limpia y otras cosas como hacía habitualmente, viendo que la anciana no le respondía, y descubriendo que había muerto esa misma noche.

Alan reconoce que se sintió defraudado al no haber sido él el primero en descubrir su muerte, señalando que gran parte de su vida la descubrió una vez muerta.

Ve cómo llegan de inmediato el médico, el cura y la funeraria, haciendo algo que nadie hizo durante años, meterse en su furgoneta.

Se celebra el funeral al que acuden algunos de los vecinos de la calle y su hermano.

Aparece también el hombre que la visitaba de cuando en cuando que le cuenta a Alan que la anciana era una prófuga.

Muchos años antes un motorista se estampó contra su furgoneta, y aunque no fue culpa suya ella no llamó a la policía ni paró a nadie para que le ayudara, decidiendo huir y poniéndose por ello fuera de la ley, acusándole Alan de chantajearla, diciendo él que es policía retirado y que no lo hacía.

Sabiendo que era una prófuga y otras cosas sobre su vida, piensa que esta hacía que la suya pareciera aburrida.

Mientras, durante el entierro reflexiona en qué lleva a alguien a hacerse sepulturero, se le aparece Miss Shepherd, que le recuerda que es ella la protagonista, recordándole su alter ego que como está muerta puede hacer ya lo que desee con su historia.

Ella les pide que hagan lugar de peregrinaje su furgoneta y que les entreguen lo recaudado a las monjas para que se den cuenta de su valor.

Ella le pide que adorne su historia no dejándola morir sin más, sino que añada una ascensión.

Les presenta tras ello a su nuevo amigo, el joven que se estrelló contra su furgoneta y murió.

Le recuerda tras ello y antes de marcharse que aparcó en su puerta por tres meses y se quedó 15 años, tras lo que se ríe de él.

Alan decide regalarle una ascensión como ella deseaba, siendo recibida por Dios en el cielo.

Dice que estuvo en el margen de su vida tanto tiempo que llegó a ser algo nada marginal.

Recogió tras ello sus cosas, entre las que encontró un cartel que recogía su actuación como pianista, limpiándolo todo tras hacer que se lleven su furgoneta.

Alan piensa con su alter ego que ha llegado el momento de empezar a vivir, recordándole su nueva pareja que cree que debe dejar de hablar solo ahora que está allí él.

El verdadero Alan llega, como siempre en bicicleta al rodaje de esta historia, en la que aparece el actor que le interpreta y ve cómo en homenaje a la anciana este descubre una placa en la que recuerdan que Miss T. Shepherd, "The Lady in the Van", vivió allí entre 1974 y 1989.

Calificación: 2