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Tiempos modernos
Tiempos modernos

Modern times (1936) * USA

Duración: 89 min.

Música: Charles Chaplin

Fotografía: Rollie Totheroth, Ira Morgan

Guión y Dirección: Charles Chaplin

Intérpretes: Charles Chaplin (Obrero), Paulette Goddard (Niña pobre), Henry Bergman (Propietario del café), Tiny Sandford (Big Bill), Chester Conklin (Mecánico), Hank Mann (Ladrón), Stanley Blystone (Padre de la chica), Al Ernest Garcia (Presidente de la Electro Steel Corp.), Richard Alexander (Compañero de celda), Cecil Reynolds (Pastor), Mira McKinney (Esposa del pastor), Murdock MacQuarrie (J. Widdecombe Billows).

Un rebaño de ovejas avanza apelotonado.

Igual que el rebaño, la boca del metro escupe a centenares de personas que se dirigen a su puesto de trabajo en la fábrica Electro Steel Corp.

Allí el Presidente lo controla todo desde su despacho al disponer de cámaras que le muestran cada rincón de la fábrica, aunque a ratos se aburre y se dedica a hacer puzles o a leer las aventuras de Tarzán, tras lo que da la orden de aumentar la velocidad en la cadena de la sección 5.

A tal velocidad, los operarios de la cadena no pueden siquiera parar para rascarse, o espantar una abeja, siendo inevitable que en algún momento deban parar porque se les pasa una pieza, ordenando el presidente que aumente más la velocidad a un fornido y musculoso encargado que va desnudo por arriba.

En la cadena uno de los operarios consigue que le releven para poder ir al servicio, aunque ni allí puede relajarse, pues es sorprendido fumando por el director gracias a una de las cámaras.

Ante el propio director se presenta J. Widdecombe Willows con un gran invento, la máquina de comer, que puede dar la comida a los obreros, pudiendo eliminar así la hora del almuerzo, para que puedan seguir trabajando mientras se alimentan.

Cuando para la cadena durante la hora del almuerzo, el Obrero no puede evitar que sus manos sigan con los movimientos de apretar tornillos que lleva tantas horas haciéndolo, tirándole por ello la sopa a su compañero.

Mientras come llega el director con los inventores de la máquina que deciden probarla con el Obrero, pareciendo ir todo bien con el primer plato, una sopa, y el segundo, compuesto de trozos de carne que empujan hacia su boca, aunque cuando llega el momento de comer la mazorca de maíz la máquina se descontrola, comenzando a hacerle daño.

Reparada la máquina, empiezan de nuevo, viendo cómo le lanza la sopa, primero al cuerpo y luego a la cara, para luego obligarle a tragar un par de tornillos que por error dejaron en el plato, para acabar con la tarta del postre en su cara, siendo luego golpeado por la servilleta, decidiendo el director que el invento no le interesa.

Por la tarde continúan con el trabajo, que el director exige hagan con más rapidez haciendo que el Obrero se vuelva loco y para evitar que se le escapen las piezas acaba colándose entre los engranajes de la maquinaria donde sigue apretando todos los tornillos que ve a su paso.

Cuando le recuperan comienza a hacer lo mismo con las narices de sus compañeros, para luego seguir a la secretaria, cuyos botones de la falda loe atraen, para luego perseguir por la calle a una mujer cuyos botones en el pecho le atraen más y a la que libra del ataque del loco un policía.

Cuando regresa a la fábrica comienza a poner en marcha todas las máquinas, para luego lanzar a todos sus compañeros aceite a los ojos, pudiendo estos defenderse cuando paran las máquinas, que él vuelve a poner en marcha para evitar que le persigan, y aunque logran atraparle, lanza el aceite también al director, siendo llevado finalmente en una ambulancia al hospital.

Recuperado de la depresión nerviosa, pero sin trabajo, abandona el hospital para comenzar una nueva vida, indicándole el médico que procure estar tranquilo y evite las emociones fuertes.

Pero es difícil en la ciudad donde todo es estresante.

Paseando por la misma ve cómo un camión pierde la bandera roja que avisa del peligro de su carga, por lo que tras recogerla trata de llamar la atención del conductor agitándola sin percatarse de que tras él aparece un grupo de manifestantes que le siguen, hasta que de pronto ve cómo llega la policía y carga contra ellos, siendo detenido como líder de las protestas.

En el muelle de la ciudad una muchacha se niega a pasar hambre y sube por ello a uno de los barcos cargado de bananas y comienza a repartir la fruta entre otros niños hambrientos, para luego escapar llevándoles fruta también a sus hermanas pequeñas.

Las muchachas, huérfanas de madre y con su padre desempleado, ven cómo este llega a su casa triste por no poder llevar nada para darles de comer, aunque su hija le consuela y le hace alegrarse mostrándole la comida que llevó.

Apresado como líder comunista, el Obrero va a la cárcel, donde tiene un compañero muy bruto, aunque en sus ratos libres hace bordados.

Mientras están en el comedor, los guardias vigilan a uno de sus compañeros de mesa tras recibir el soplo de que ha pasado cocaína, aunque este se percata de que lo vigilan y se deshace de la mercancía echándola en el salero.

Cuando los policías se lo llevan, ignorante de lo ocurrido, el Obrero se echa abundante sal en la comida, manchándose las manos con la coca que se pasa también por la nariz, por lo que a la hora de volver a la celda se encuentra muy desconcertado y no llega a entrar, dándose cuenta cuando trata de hacerlo que ya cerraron las puertas y se ha quedado fuera.

Entretanto dos bandidos consiguen acorralar a los guardias y al director de la prisión, y tras liberar al compañero de celda del Obrero encierran en ella a los guardias y al director, apareciendo entonces el Obrero, que sin miedo debido a lo que tomó se enfrenta a ellos y a golpes de puerta consigue deshacerse de los maleantes a los que logra desarmar, liberando a los policías.

En las calles los disturbios por el descontento de los desempleados, que protestan por su situación acaban en un enfrentamiento con la policía, que dispara contra ellos.

La Huérfana, que recogía leña en la playa con sus hermanas escucha el tiroteo y sale corriendo para comprobar demasiado tarde que un disparo acabó con su padre.

Sin ningún familiar que puede acogerlas, las autoridades se hacen cargo de las niñas, aunque en un descuido la mayor huye.

Entretanto, y gracias a su acción el Obrero disfruta de una confortable celda donde puede leer en el periódico lo revuelto que está el país debido a las huelgas y al desempleo, lo que lleva a la gente a asaltar las colas de comida gratuita.

Finalmente se le concede el indulto por haber logrado evitar el motín

Cuando le llama el sheriff llegan el pastor y su esposa para su visita semanal a los presos, debiendo esperar junto a la mujer viendo cómo rugen alternativamente las tripas de uno y de la otra.

Cuando se va el pastor el sheriff le comunica que es libre, aunque él le dice que prefiere quedarse allí, pues es más feliz que fuera, entregándole el sheriff una carta que le ayudará a encontrar trabajo.

Gracias a la carta consigue trabajo en el astillero, aunque su primer encargo, buscar una cuña de madera le lleva a quitar una de las que sujetaban el barco, que se adentra en el mar, perdiendo de ese modo su trabajo.

Entretanto la huérfana, hambrienta, roba una barra de pan, topándose al huir con el Obrero y cayendo ambos al suelo, siendo por ello atrapada por el panadero que la acusa ante un policía de ladrona, aunque el Obrero, deseoso de volver a la cárcel dice que la robó él, logrando que liberen a la muchacha, aunque una mujer testigo del robo les dice que fue la chica y lo dejan libre, deteniendo a la muchacha.

Él, por su parte entra en una cafetería, donde pide un montón de platos de comida haciendo que la cuenta suba mucho, avisando a un policía para que lo detenga, ya que carece de dinero para pagar su comida.

Mientras el policía llama al furgón, el detenido pide un puro en la tienda de al lado y chocolate que regala a unos niños, no pudiendo pagar tampoco esta vez, siendo subido al furgón policial, donde poco después suben a la chica, a la que él le cede su asiento, recordando ella que fue el hombre que trató de salvarla de ser detenida.

La chica no se resigna y trata de escapar, lográndolo cuando, a punto de chocar, el furgón hace un movimiento brusco haciendo que caigan del mismo el Obrero, la chica y el policía que los custodiaba.

Él le dice a la muchacha que aproveche para huir aprovechando que el policía está inconsciente, pidiéndole la muchacha que vaya con ella.

Se sientan frente a una gran casa, pidiéndole él que se imagine a ellos en esa casa, con una vaca que les da leche sin ordeñarla, fruta que no tienen más que alargar la mano para recoger y un chuletón para comer.

Al oír hablar de comida a la chica se le despierta nuevamente el hambre, asegurándole él que le conseguirá una casa igual aunque tenga que trabajar para conseguirla.

Mientras pasean por la ciudad, ven, al pasar frente a unos grandes almacenes una ambulancia que se lleva al vigilante nocturno que se rompió una pierna, pensando la chica que a lo mejor le pueden dar el trabajo a él, que corre para ver al gerente al que le enseña su carta de recomendación, obteniendo el puesto.

Conseguido el trabajo sale a buscar a la chica a la que la lleva al bar donde le sirve un montón de sándwiches y tarta, subiendo luego a la cuarta planta, la sección de juguetes, donde se colocan unos patines, asegurando él que puede patinar con los ojos vendados, lo que hace con gran arte sin percatarse de que hay una barandilla rota y puede caer al vacío, corriendo ella a buscarlo, asustándose más al verlo que cuando no sabía nada, estando a punto de caer.

Van luego al quinto piso, donde está la exposición de dormitorios, donde la muchacha se coloca una lujosa bata tras lo cual la deja que se acueste en una lujosa cama, quedando en despertarla antes de que abra la tienda.

Él sigue con su trabajo siendo sorprendido por unos ladrones, aunque como lleva los patines no puede parar pese a que le apunten, disparando uno de los ladrones para obligarle a parar, abriendo el disparo un agujero en una barrica de ron añejo frente a la que está él, que acaba borracho.

Una vez realizado el robo, los ladrones se vuelven a reunir reconociéndolo uno de ellos, Big Bill como un antiguo compañero de trabajo de la fábrica de acero, por lo que lo saluda afectuosamente, pese a que él apenas es capaz de sujetarse por la borrachera, diciéndole que no son ladrones, que solo tienen hambre, y brindan con él con champán.

A la mañana siguiente la chica se despierta asustada y corre a buscarlo.

Cuando abren sus puertas los almacenes una de las empleadas encuentra al vigilante durmiendo entre las telas, por lo que es nuevamente detenido, aunque por señas le dice a la chica que se esconda para que no la reconozcan.

10 días después es puesto nuevamente en libertad, estando esperándolo fuera la chica, que le dice que tiene una sorpresa para él, pues ha encontrado una casa.

Realmente se trata de una chabola de madera, que ella tiene muy limpia y que él dice es la gloria., aunque enseguida ve que todo está en mal estado y que cualquier cosa que toca hace que se descompongan otras.

Tras salir a bañarse entra para disfrutar del desayuno que ella le preparó, aunque entonces lee en el periódico que la fábrica de Jetson Mills va a reabrir y decide salir para encontrar trabajo en la misma.

Cuando llega la cantidad de personas que esperan para trabajar es inmensa pese a lo cual él consigue colarse siendo el último hombre en entrar, consiguiendo el puesto de asistente del mecánico, debiendo ayudarle a poner en marcha de nuevo las máquinas.

Pero con su torpeza hace que una plancha acabe con varias cosas, entre ellas el reloj del maquinista, un recuerdo de familia, colocando más tarde la caja de herramientas sobre los rodamientos de la máquina acabando con todas, haciendo más tarde que sea el propio mecánico quien acabe entre los engranajes, y aunque trata de sacarlo, como suena la alarma que indica que es la hora de comer, se pone a hacerlo dejando allí a su jefe, al que le lleva también el almuerzo y trata de darle de comer, aunque como está boca arriba debe escupirlo todo para no atragantarse, dándole el café a través de un pollo que utiliza como embudo.

Cuando consigue sacarlo sus compañeros les dicen que deben salir, pues se ha declarado una huelga, por lo que nuevamente se queda sin trabajo.

Una vez fuera pisa accidentalmente una tabla en cuyo otro extremo había un ladrillo que sale lanzado alcanzado a un policía, por lo que es detenido de nuevo.

Una semana más tarde, la chica, que baila en la calle para tratar de conseguir algún dinero, es vista por el dueño de un café que piensa que podría actuar en su local, consiguiendo un gran éxito.

Una semana después espera en la puerta de la prisión, con un traje nuevo, la salida de él que se pone muy contento, y más cuando le dice que tiene un trabajo para él.

En el café donde trabaja habla con su jefe, pidiéndole que le dé trabajo, asegurando él que sabe servir las mesas y cantar, recibiendo así una oportunidad.

En el tribunal de menores lanzan la orden de buscar a la chica como vagabunda y por haber escapado de la justicia.

Esa noche, él comienza a trabajar como camarero en bar, con todas las dificultades que conlleva, estando a punto de caer mientras sirve las mesas por culpa de la correa de un perro, aunque logra que no se le caiga nada, viendo cómo un cliente se queja de él por la tardanza en servirle su pato asado.

Tira más tarde sin querer a uno de sus compañeros con su bandeja al tratar de entrar por la puerta de salida, aunque logra disimular y que le echan la culpa a otro.

Cuando por fin sale con el pato la gente se pone a bailar y le llevan de un lado al otro del local, no logrando llegar a su destino, quedándosele además el pato enganchado a la lámpara, por lo que cuando logra llegar a la mesa el plato está vacío.

Cuando logra recuperar el pato y trata de trincharlo, un grupo de muchachos borrachos, jugadores de fútbol se lo quitan y se lo lanzan como un balón, consiguiendo él deshacerse de ellos con habilidad como si fuera un jugador más.

Las cosas no fueron muy bien, por lo que su jefe le dice que espera que sepa cantar.

Mientras los demás camareros cantan, ella trata de ensayar con él su canción, aunque cuando trata de hacerlo ve que se le olvidó la letra, por lo que ella decide escribírsela en el puño.

Llegado su turno, sale dispuesto a cantar, aunque al bailar se le escapa el puño y se queda sin letra, animándole ella a cantar sin preocuparse de la letra, por lo que improvisa una canción en un idioma inventado con la que logra hacer reír al público, quedando encantada también la chica al verlo, siendo su actuación un gran éxito, tanto que tiene que salir a saludar de nuevo, asegurando el jefe que le dará un trabajo fijo.

Cuando a continuación sale la muchacha acaba siendo detenida por dos agentes, y aunque la chica no se resigna y huye ayudada por él, que consigue retrasar a los agentes tirando todas las sillas del bar para evitar que puedan seguirlos.

Tras andar toda la noche, y al amanecer, descansan sentándose un rato, lamentando que todo se viniera abajo cuando parecía que la suerte comenzaba a sonreírles.

Ella se pregunta entonces de qué sirve continuar, diciéndole él que nunca debe darse por vencida y que se las arreglarán, haciendo que sonría mientras continúan caminando por una carretera cuyo fin no se ve.

Calificación: 4