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Toni Erdmann
Toni Erdmann

Toni Erdmann (2016) * Alemania / Austria / Rumanía / Suiza

Duración: 162 Min.

Música: Patrick Veigel

Fotografía: Patrick Orth

Guión y Dirección: Maren Ade

Intérpretes: Sandra Hüller (Ines Conradi), Peter Simonischek (Winfried Conradi / Toni Erdmann), Michael Wittenborn (Henneberg), Thomas Loibl (Gerald), Trystan Pütter (Tim), Ingrid Bisu (Anca), Hadewych Minis (Tatjana), Lucy Russell (Steph), Victoria Cocias (Flavia), Alexandru Papadopol (Dascalu), Vlad Ivanov (Illiescu).

Winfried Conradi recibe un paquete en su casa, contándole al cartero que él no espera nada y que irá a hablar con su hermano, recién salido de la cárcel, donde estuvo por mandar paquetes bomba.

Poco después sale su supuesto hermano. Él mismo pero disfrazado con unas gafas, dientes postizos, unas esposas puestas y cables alrededor del cuerpo, asegurando que tiene muchas ganas de desactivarlo, aunque luego le dice al cartero que no tenga miedo, pues lo que lleva no es una bomba, sino un holter para la tensión.

Le encuentra así un muchacho que le dice que va a tener que dejar sus clases de piano, diciéndole Winfried que es una faena, pues compró el piano por él, aunque le reconoce que es una broma.

Se maquilla luego de forma terrorífica y acude así a casa de su madre, a la que le lleva comida y a la que le dice que al día siguiente irá a visitarla con Ines, que está de paso.

Acude tras ello al colegio en que trabaja como profesor, participando con su maquillaje en la función de despedida de un profesor en que canta para él con sus alumnos.

Acude tras ello a casa de su ex mujer, que se asusta al verlo maquillado y les dice que tiene un segundo trabajo en una residencia de ancianos.

Le dicen que Ines, su hija, que está hablando por teléfono en el jardín ha llegado de Shanghái, adonde desea ir cuando acabe su trabajo en Bucarest como consultora de una empresa petrolera.

Observa que tienen todo preparado para un cumpleaños, diciéndole su ex esposa que van a celebrar por adelantado el cumpleaños de Ines, sintiéndose mal por no haber sido avisado y no poder haberle comprado un regalo, por lo que cuando entra su hija y tras saludarla le explica que no sabía que lo celebraban, pero que pronto irá a una reunión en Bucarest y le llevará su regalo.

Desafortunadamente al besarla le mancha la chaqueta, debiendo explicarle que viene de una fiesta de niños y por eso está así.

Tras la fiesta regresa a buscar a su perro a casa de su madre, diciéndole su hija que no puede ir a ver a la abuela porque su vuelo sale pronto al día siguiente.

Al llegar a casa ve que Willi, su perro está muy mal y no quiere moverse, por lo que pasa la noche durmiendo el jardín junto a él, observando al levantarse que ha muerto.

Libre ya de esa obligación, viaja hasta Rumanía, esperando en el hall durante horas hasta que finalmente la ve aparecer junto a varias personas, poniéndose a su lado con sus dientes postizos, simulando ella no conocerlo.

Luego, cuando se va a marchar sale una muchacha, la secretaria de su hija, Anca Pavelescu a buscarla, la cual le indica un hotel de 5 estrellas, donde instalarse y le pregunta si le gustaría acompañar a su hija esa noche a una recepción en la embajada de Estados Unidos.

Le pregunta a la chica cómo es su hija como jefa, diciéndole que es muy sincera y que su trabajo consiste en convencer al cliente de lo que quiere.

Por la tarde la recoge a ella, contándole que estuvo esperándola en la recepción 3 horas, señalando ella que le reconoció, pero estaba con los directivos de Dacoil.

Le advierte que habrá charlas y canapés, pero que si se tercia ir a tomar algo con su jefe, el señor Henneberg lo hará sola, pues está peleando la renovación de su contrato, debiendo decir que está cansado tras su visita cultural.

En la reunión se pone los dientes falsos, aunque debe quitárselos al ver cómo le mira su hija, presentándole su jefe

Le informa que tendrán para el lunes su estudio de viabilidad, presentándole entonces a Natalia, su pareja, a la que desea que acompañe de compras por Bucarest.

El padre se presenta a Henneberg al que le dice que como nunca va por su casa ha contratado a una persona como hija sustituta para que le corte las uñas de los pies, haciéndole a Henneberg una pregunta incómoda sobre si Natalia es su hija.

A la salida les invitan a una copa y él se excusa, tal como le pidió su hija, aunque al final esta le pide que les acompañe ante la insistencia de Henneberg.

Mientras toman sus copas hablan de negocios y de las oportunidades de Rumanía y de los nuevos directivos de este país, que señalan están muy preparados.

Otros de los reunidos le preguntan a Ines qué trabajo está realizando, señalando que es consultora y estudian una externalización de servicios de Dacoil, señalando Henneberg al escucharla que esa es su última opción, y que lo que hace es estudiar la optimización de sus servicios.

Debe explicarle luego a su padre que la externalización supone despedir a mucha gente, algo que es impopular, y por eso Henneberg no quiso reconocerlo ante los demás.

Winfried le cuenta que se ha cogido un mes libre, y ya en casa le entrega su regalo de cumpleaños pese a que todavía no ha sido, señalando que lo adelantó porque encontró un vuelo muy barato.

Ve al abrirlo que se trata de un rallador de queso y de dinero.

Le cuenta tras ello que murió Willi, su perro.

Al día siguiente van a una sauna donde les dan masajes, quejándose Ines de lo mal que se lo estaban dando y pidiendo que se lo haga otro y haciendo que les inviten a tomar algo para disculparse por el mal servicio.

Su padre le pregunta si además de trabajar hace algo que le divierta y le haga feliz.

Y aunque se había cogido libre el día para estar con su padre tiene que marcharse para salir de compras con Natalia, debiendo dejar a su padre solo.

Cuando vuelve se acuesta un rato, pues tendrá que ir a una discoteca con sus jefes a medianoche.

Cuando se despierta ve que es demasiado tarde y se queja de que no la llamara, viendo que tiene cuatro llamadas perdidas de sus jefes, diciéndole su padre al verla así que cree que no le va tan bien como dice estar.

Ella le pregunta si tiene otro plan que no sea poner un cojín tirapedos debajo de la gente y que conoce a otros hombres de su edad con ambiciones y no como él.

Winfried decide que ha llegado el momento de marcharse, diciéndole Ines que la próxima vez quedarán y tendrá más tiempo.

Lo ve poco después cogiendo un taxi desde la ventana de su casa, pues se hizo daño en un pie al recoger el sofá cama, y llora al verlo marchase.

La recogen sus jefes de la consultora para la presentación que van a realizar y hablan durante el camino de la nueva estrategia a seguir con la empresa, pues le explica que piensa que Henneberg no quiere la externalización y deben tratar de ser más agresivos, pues cree que él espera que sean ellos los que tomen la decisión por él, por lo que le propondrán tres alternativas, una de ellas muy agresiva para que la suya les parezca casi inofensiva y otra minimalista.

Antes de salir va al baño, pues sigue con el pie mal y al apretarse sale un chorro de sangre con el que se mancha, debiendo pedirle prestada la suya a Anca.

Ines hace su exposición, aunque los directivos de la compañía petrolera observan que les falta por concretar muchos puntos, señalando Dascalu que si externalizan necesitarían mucho tiempo para formar a las empresas externalizadas y no han calculado el precio que les supondría la supervisión y la enseñanza.

Henneberg, ve, cómo esperaban demasiado exagerada la primera propuesta, pareciéndole más realista la segunda, aunque deben estudiar su legalidad, pues los sindicatos se lo pondrán difícil.

El jefe señala que a final de mes tendrán los números, a lo que Ines alega que no pueden comprometerse sin la colaboración de Bozau.

Terminada la presentación llama a su padre y le deja un mensaje diciéndole que espera que llegara bien, y recordándole que se llevó sus llaves.

Por la noche va a una reunión de mujeres empresarias.

Les dice a sus amigas que ha tenido el peor fin de semana que recordaba tratando de hablar con su padre, que se presentó de improviso, del sentido de la vida.

De pronto se levanta un hombre que estaba detrás de ellas, el propio Winfried, con una peluca y dientes postizos, que les invita a champán, asustando a su hija al verlo, mostrándose muy incómoda, diciendo él que lleva dos horas esperando al señor Tiriac y ya se cansó, presentándose como Toni Erdmann.

Señala que ha ido de compras y al spa y por un dentista famoso, afirmando que se cambió los dientes porque los que tenía eran muy pequeños, aunque luego dice que bromeaba y son suyos.

Les cuenta que era la pareja de Tiriac de tenis y les cuenta que está muy mal porque se murió su tortuga.

Le dice que es consultor y coach.

Las avisan de que tienen ya su mesa y les ofrecen cenar juntos, aunque Ines se niega, mostrándose muy nerviosa e inquieta todo el rato.

Cuando se sientan en la mesa Tatjana no puede sujetarse la risa, señalando que no entiende los dientes de ese tipo y su historia con la tortuga.

Al momento pasa junto a su mesa y se despide diciendo que le espera su limusina, entregándole Steph la tarjeta de su marido y suya por si necesitan él o Tiriac su ayuda.

Ines sale afuera, cómo en realidad le espera una limusina Hummer.

Sigue una terapia de un coach por ordenador, preocupada por su lenguaje corporal.

Va a buscarla Gerald, su jefe, que le dice que necesitan cohesionar el equipo y levantarles la moral a los rumanos, señalando ella que celebrará un brunch por su cumpleaños y los invitará a todos.

Le señala que Henneberg parece haber optado por la opción más radical pese a que era una pura especulación sin fundamento para la que necesitan muchos más datos.

Él le dice que Henneberg quiere que trabaje ella, habiéndole dicho él que ella acabará el proyecto, algo que ella no preveía, pues le gustaría ir a Shanghái, como le había propuesto y es su aspiración, diciéndole él que es un máximo de un año y luego ascenderá a otro nivel, aunque ella le dice que puede llevar Bucarest desde Shanghái, diciéndole Gerald que no es realista y que debe ver que esa es su puerta para ser socia de la empresa.

Mientras hablan, ve a su padre merodeando mientras habla por teléfono con su madre, sentándose tras ello en un cojín tirapedos, llamando así la atención de Gerald.

Cuando se van a ir él se presenta, diciéndole que tiene una reunión con Henneberg, mostrándose al escuchar ese nombre Gerald interesado, aunque cuando le da la mano "Erdmann" se queja de que se dé crema en las manos.

Ella explica que es un coach, y que le llamarán para algún taller, mostrándose "Erdmann" como un hombre con muchos tics, lo que hace incómoda su presencia.

Vuelve luego para hablar con él y le pregunta si quiere arruinarle la vida, aunque él se presenta como si fuera un profesional que le pide que le llame si quiere mejorar su carisma o si empieza a simular que habla por teléfono sin que nadie la llame.

Ella queda en la habitación de un hotel con Tim, su compañero y amante, aunque en vez de acostarse ella le dice que prefiere mirarle, masturbándose él sobre un pastel que ella luego se come.

Llama luego a su amiga Steph para darle el teléfono del supuesto coach de Tiriac.

Van luego a una fiesta donde vuelve a encontrarse con su padre al que le presenta a Tim, del que también se queja de que se dé crema en las manos y al que Erdmann le pregunta por el trabajo de su familia, contándoles que tienen un concesionario de BMW.

Él presume que en su familia se pasan de padres a hijos el arte de manejar un rallador

Para simular ser asesor de Henneberg, cuando llega le dice que va de incógnito.

Ve a su padre hablando con unas mujeres. Les cuenta que es uno de los mejores decoradores de huevos de su país, diciéndoles que es el embajador de Alemania, presentando a su hija, que va a buscarlo para que les acompañe a la discoteca como su secretaria.

Le dice a su novio que llevan a ese tío porque es gracioso.

En la discoteca ve que tanto su hija como Tatjana toman cocaína, que él rechaza, por su corazón, aunque se pone un poco en sus falsos dientes.

En la discoteca hay demasiado ruido y Tim baila borracho y descamisado, viendo a su hija también ya muy puesta, tomando incluso pastillas, marchándose antes que los demás, viendo su padre cómo toma un taxi sin esperarlo.

Al día siguiente entra en su casa aprovechando que tiene sus llaves, asustándola.

Le dice luego que debe detenerla por consumo de drogas con unas esposas que cierra, poniéndose la peluca de Toni Erdmann, diciéndole tras ponérselas que no tiene la llave, pese a que ella le indica que tiene una reunión y le vienen a recoger, debiendo ir su padre esposado a ella en el coche cuando la recogen, llevándolas antes de ir al trabajo hasta un profesional que consigue que se las quiten con una ganzúa.

Van a reunirse con Iliescu, del que espera colabore con ellos para poder tener cifras más fiables para realizar su trabajo, alegando que las que le entregó previamente no eran demasiado completas para la complejidad del proyecto.

Iliescu les lleva a visitar un pozo, viendo cómo Erdmann habla con un obrero observando por culpa suya Iliescu que ese obrero trabaja sin guantes pese a que eran necesarios, por lo que decide despedirlo, sin que sirvan de nada las peticiones de Erdmann de que no lo haga.

Poco después se retira del grupo para hacer sus necesidades, siendo visto por otro trabajador que lo lleva hasta su servicio.

Ella, de regreso le pregunta cómo podrán modernizar la empresa si se mea solo con despedir a un trabajador, no ayudándole su actitud "verde", a lo que él le responde que ella lo hace todo genial, haciéndola llorar.

Ines se duerme durante la vuelta a Bucarest, aprovechando su padre para pedirle al chófer que le lleve a la dirección de la mujer que conoció en la fiesta y con la que habló sobre la pintura de huevos de pascua a la que le regalan las manzanas que les dieron a ellos en los pozos, y que asegura son del jardín de la embajada.

Les muestran los huevos, poniendo a Ines a pintar uno, aunque a ella no se le da demasiado bien y lo deja enseguida, señalando que tienen prisa.

Pero su padre le dice que deben hacer las cosas bien y despedirse amablemente, anunciando que él y su secretaria cantarán para ellos, tocando él el piano mientras su hija canta "The greatest love of all", marchándose tras cantar la canción.

Winfried sale tras ella, pero se queda sentado en la escalera.

La dueña de la casa lo encuentra allí y le dice que toca muy bien y le invita a cenar.

Él le confiesa entonces que no es el embajador alemán, diciendo la mujer que lo sabe, pues conoce al embajador alemán, diciendo él que lo hizo todo para divertirse y que es el padre de la chica y ha estado tratando de ver cómo vive.

Cuando Ines llega a su casa ve que la están esperando los del cáterin que contrató para preparar la fiesta de su cumpleaños del día siguiente.

Llegada la fiesta, ella se prepara para esta poniéndose un vestido nuevo, aunque luego decide cambiarse, llamando alguien a la puerta mientras lo hace, por lo que sale, recibiendo desnuda a Steph.

Vuelven a llamar y decide abrir de nuevo, pese a ofrecerse Steph a hacerlo, quitándose además las bragas, que es lo único que le quedaba, viendo que se trata de Gerald, al que le dice que es una fiesta nudista para tratar de hacer equipo, aunque Gerald le entrega el regalo y se marcha, diciéndole Ines que puede volver si se lo piensa mejor.

Le dice luego a Steph que si no se desnuda tendrá que irse, lo que esta hace.

Llega luego Tim, que cuando se lo dicen se lo toma como una broma. Cree que quiere que entre desnudo y que los demás se reirán de él cuando entre sin nada, y se va.

Se tumba luego en la cama y aunque escucha el móvil no lo coge.

La siguiente en llegar es Anca, que llega directamente desnuda, aunque ahora ella la recibe en bata.

Cuando vuelven a llamar y abre ve una especia de monstruo. Alguien disfrazado con un disfraz de monstruo gigantesco, y poco después Gerald, ahora sí desnudo, al que asusta el monstruo.

Acaban poniéndose Gerald el calzoncillo y Anca sus bragas, mientras ella se coloca la bata y sale tras el monstruo, cruzándose en la puerta con dos trabajadores rumanos a los que no les comenta nada de la ropa.

Ella, así en bata y descalza, sale tras el monstruo al que todos se quedan mirando.

Lo sigue hasta un parque donde ve que se sienta en un banco antes de seguir su camino, llamándola ella papá y abrazándolo con fuerza.

Él no dice nada y le pide con gestos que se vaya, espantándola.

Cuando ella se va él empieza a sentirse mal y se tumba en el suelo, aunque luego se levanta y consigue regresar al hotel, donde la recepcionista debe ayudarle a quitarse el disfraz.

Algún tiempo después Ines regresa a Remchingen con motivo del fallecimiento de su abuela, siendo recibida por su padre.

Durante la reunión posterior le dicen a ella que si hay algo de la casa que le guste lo apuntarán.

Ve a su padre hablando con otro hombre que le pregunta si está en Budapest, señalando ella que en Bucarest, pero que se va a ir por dos años a Singapur con su nueva empresa.

El padre se siente mal, recorriendo el sótano, donde su madre guardaba un montón de cosas, incluido un armario lleno de sombreros.

Él recuerda cuando salen al jardín que ella le preguntó en Bucarest si merece la pena vivir, diciendo él que el problema es que hay que hacer demasiadas cosas y mientras tanto la vida va pasando y se pregunta cómo atrapar algunos momentos, cosas como cuando la enseñó a andar en bici, o la recogió en la parada del autobús, señalando que uno se da cuenta después de esos instantes, pero que en el momento en que los vives no es posible.

Ella retoma ahora el papel de él. Le coge su dentadura postiza y se la coloca, junto con un gorro que cogió de su abuela, decidiendo él ir a por la cámara para hacerle una foto.

Calificación: 1