Haz clic aquí para volver a la página de inicio




Bienvenido a mi página de cine

Tristana
Tristana

España / Francia / Italia (1970) *

Duración: 96 Min.

Fotografía: José Aguayo

Guión: Luis Buñuel, Julio Alejandro (N.: Benito Pérez Galdós)

Dirección: Luis Buñuel

Intérpretes: Catherine Deneuve (Tristana), Fernando Rey (Don Lope), Franco Nero (Horacio), Lola Gaos (Saturna), Antonio Casas (Don Cosme), Jesús Fernández (Saturno), Denise Menace (Armanda), Vicente Solar (Don Ambrosio), José Calvo (Campanero), Fernando Cebrián (Dr. Miquis), Antonio Ferrandis (Comprador).

Toledo, 1929.

Dos mujeres la madura Saturna y la adolescente Tristana, ambas vestidas de negro se acercan hasta un grupo de muchachos sordomudos que juegan al fútbol, viendo cómo uno de ellos le pone la zancadilla a otro que cae haciéndose daño, tras lo que ambos se pelean, quejándose Saturna al muchacho, que es su hijo Saturno de que siempre lo encuentra haciendo maldades.

Su profesor le dice que el muchacho no es malo y que es listo aunque a veces tiene extrañas ideas, asegurando ella que es igual que su difunto marido "que en el infierno esté", presentándole a Tristana como la protegida de Don Lope Garrido a la que le pidió que la acompañara porque llevaba varias semanas sin salir.

El profesor le dice a Saturna que su hijo cumplió ya la edad reglamentaria y no puede seguir en la escuela y que aunque es distraído y vago podrá ser un buen artesano, contando ella que Don Lope le consiguió trabajo en un taller.

Entretanto Tristana se dirige a Saturno, que mediante señas le pregunta por qué va vestida de luto, respondiéndole ella que es por su madre, que acaba de morir.

El ya anciano Don Lope va piropeando a todas las muchachas jóvenes con las que se cruza por la calle, que lo consideran demasiado viejo, dirigiéndose a la casa de la madre de Tristana, donde esta y Saturna se afanan en recogerlo todo, ordenando a la criada que venda todo a un ropavejero, excepto lo que Tristana desee quedarse, apenas un crucifijo y algunas partituras, ya que el piano lo vendieron tiempo atrás, recordando Don Lope que ella no conoció los buenos tiempos de su familia.

Saturna le cuenta a Don Lope que Tristana comentó su deseo de seguir viviendo en casa de su madre, diciéndole él que no puede mantener dos casas y ella no puede vivir sola, habiéndole encomendado su madre su cuidado y si vive con él nadie se atreverá a ofenderla.

De regreso hacia su casa ven cómo pasa junto a ellos un chico corriendo con un bolso robado en la mano, siendo perseguido por dos hombres, a los que Don Lope dirige hacia una dirección diferente a la que el chico se fue, diciendo él que debe protegerse al débil, pues la policía representa la fuerza.

En casa de su tutor, Saturna le cuenta que la mujer de Don Lope estaba casada con un marqués, aunque cuando apareció Don Lope se enamoró de él, que retó a un duelo al marido, asegurándole que aunque el señor es muy bueno, en cuanto ve unas faldas se convierte en un diablo.

Al ver a Tristana limpiando, don Lope le dice que no la ha llevado allí para servir, que es la dueña de la casa y que es Saturna quien debe servirla a ella, y aunque lamenta que tenga que estar encerrada por su luto, se muestra dispuesto a llevarla al teatro cuando quiera, esperando que lo quiera como a un padre.

Don Lope recibe la visita de dos amigos con los que debaten sobre un duelo en el que esperan participe como padrino al día siguiente y que será con sable, pareciendo muy interesado en su cometido hasta que se entera de que será a primera sangre, momento en que declina su participación como testigo en una cuestión de honor de tan poco peso.

Un día Saturno invita a Tristana a visitar el campanario, ya que es amigo del hijo del campanero, el cual la invita a comer migas, mientras se lamenta de que su oficio haya perdido la importancia que tuvo en el pasado, cuando todo el mundo se enteraba de lo que ocurría en la ciudad por el modo de tocar las campanas, mientras que ahora se quejan de que les despiertan cuando tocan para la misa.

Sube tras ello al campanario con Saturno y con su amigo, los cuales aprovechan cualquier momento para tocarle el culo o para levantarle la falda y mirar sus piernas pese a que ella se muestra enfadada y los abofetea.

Tristana observa las campanas, y mientras mira el badajo de la campana mayor ve cómo este se convierte en la cabeza de Don Lope.

Tristana se despierta entonces, pues tenía una pesadilla, alarmando a Saturna y a Don Lope, que se despiertan ante sus gritos, recordando este que cuando era pequeña chillaba cada vez que la veía, fijándose entonces en el escote demasiado abierto de la muchacha, que procede a cubrir al sentirse tentado por el mismo.

Don Lope acude a la tertulia del café, donde ve cómo sus amigos se callan cuando llega, pidiendo él que le sigan criticando, aunque le dicen que ya han agotado todos los temas, pues han hablado ya de todo menos de él, aunque reconocen que hablaban de su renuncia a mediar en lances de honor, ante lo que él reconoce que ya no quedan hombres como los de su tiempo, y que, aunque es un hombre de honor, en los temas de mujeres tiene gran laxitud, diciendo él que para él eso no es un pecado y que respeta todos los mandamientos excepto los referidos al sexo, que cree que los añadió Moisés por asuntos políticos, pero que Dios no se los inspiró, diciendo que pueden intentar conquistar a cualquier mujer si esta lo consiente, a salvo de las mujeres de los amigos y los raros casos de mujeres inocentes.

Tristana se dedica a practicar el piano aunque con teclas imaginarias, escuchando cómo su madre le grita a Saturno para que salga del baño donde ha estado demasiado tiempo, pidiéndole Tristana que no lo abofetee.

Cada noche Tristana le pone las pantuflas a su tío cuando este llega a casa, donde la comida comienza a escasear cuando llega fin de mes, lamentando Don Lope que las rentas no le den para mantener los gastos, diciendo que debe poner remedio a ello.

Tristana lloriquea, diciéndole Saturna a Don Lope que es por la muerte de su madre y por la falta de aire, diciéndole él que va a misa, y que no necesita salir más, pues para él la mujer honrada "con la pata quebrada y en casa" ha de estar, aunque le dice también que está harta de verla siempre con el mismo vestido y asegurándole que renovará su vestuario y hará que se quite el luto, pues le da grima verla, asegurando que este es una costumbre de salvajes.

Al día siguiente Don Lope recibe a un hombre al que le va a vender sus objetos de plata y un cuadro que él afirma que es auténtico y cuya documentación posee para corroborarlo, aunque sin firma, obteniendo por todo ello 5.000 pesetas porque odia el regateo y no le gusta discutir pese a que podría haber conseguido mucho más, asegurándole uno de sus amigos, presentes durante la transacción que si lo hubiera sabido podría habérselo comprado él mismo, asegurándole Don Lope que él que no comercia con amigos.

Finalmente decide salir a pasear él con Tristana a la que le dice que no debe casarse nunca, haciendo que se fije en las parejas que dice tienen cara de resignación una vez se les ha acabado el amor, odiando él las bendiciones.

Le dice que a veces le parece que lo estima un poco, y otras que no, teniendo la impresión en ocasiones de que incluso le provoca un poco de asco, lo que ella niega, diciéndole que le quiere, pidiéndole él entonces que le dé un beso, besándole ella en la mejilla, aunque él rechaza ese beso y la besa en la boca, riéndose ella tras ello.

Un día que Saturna tiene que salir a visitar a su hermano, y aprovechando que están solos, le pide a Tristana que lo bese de nuevo, haciendo tras ello que lo acompañe a su habitación, donde ella comienza a desnudarse.

Don Lope coge un resfriado que le impide salir, sintiéndose molesto de necesitar la ayuda de ella, y recordándole a ella que ambos son libres y que si ella deseara irse puede hacerlo sin problemas.

Todo parece ir bien, pero cuando Saturna le dice a Tristana que da gusto ver cómo la quiere el señor ella le dice que ojalá la quisiera menos.

Son tiempos convulsos y en la calle hay disturbios, preguntándole a Saturno que va a visitarlo si ha habido palos fuera, lamentando la situación de los trabajadores y asegurando que el trabajo es una maldición, excepto el que se realiza por gusto, pues ese ennoblece al hombre, diciendo que él vive mal, pero al menos vive sin trabajar.

Ya recuperado, Don Lope regresa a sus tertulias, aprovechando Tristana para salir a pasear con Saturna, pese a que esta tiene miedo de que descubra Don Lope sus salidas, diciendo Tristana que él no para en casa y ya no lo aguanta pues cada día es más viejo y más ridículo, contándole que tuvo de nuevo el sueño de las campanas, mostrándole su deseo de poder marcharse y no volver a verlo.

Mientras pasean, Saturna se acerca a ver cómo acaba un guardia civil a tiros con un perro con rabia, Tristana se asoma a un patio donde ve que hay un hombre pintando a un catalán vestido de forma tradicional.

Al verla, el pintor, Horacio, le dice que le parece muy interesante su cara y que le gustaría pintarla, y cuando va Saturna a buscarla Tristana le cuenta que está avergonzada de haberle dicho al pintor a todo que sí, reconociendo que no podía apartar sus ojos de él, habiéndole dado incluso su dirección.

Un día, al volver a casa, Don Lope descubre a Saturna haciendo la cama donde antes dormía Tristana y le pregunta por qué la hace, diciéndole que ella le pidió que se la hiciera, pues quería dormir sola.

Va a verla y le pide que se arregle y salen a pasear por el parque, diciéndole ella que está muy contenta, ante lo que él le dice que sus escapadas le dan que pensar que hay algún galán por medio, diciéndole ella que es libre tal como él le dijo, ante lo que Don Lope le dice que si la sorprende en algún mal paso la mata, pues prefiere una tragedia a ser ridículo en su decadencia y le recuerda que es su padre y su marido y actúa como uno u otro según le conviene.

Se cruzan de pronto con otra mujer y se insultan, llamándole ella "majadero" a lo que él responde "estúpida", aunque luego la sigue y le pide 10.000 pesetas prestadas, respondiendo ella que no alimenta herejes, decidiendo él no rebajarse más, señalando ella ante su acompañante que es un castigo tener ese hermano.

Saturna acude con Tristana a la fragua de Don Dimas, donde trabaja su hijo, quejándose el dueño del negocio de que el muchacho no cumple y no es disciplinado, pasándose buena parte del tiempo en el servicio, ante lo que Saturna, enfadada le dice que le va a llevar a trabajar al tajo con su tío.

Tristana aprovecha la salida y le dice a Saturna que va a ir a ver a Horacio sin hacer caso de las recomendaciones de la criada.

Una vez en casa del pintor se abrazan y se besan, diciéndole él que no sabe por qué tiene tanto miedo a su tutor, pidiéndole que se lo presente para hablar con él, debiendo ella confesarle que no es solo su tutor, sino que es además su marido aunque no esté casada con él y que está deshonrada, aunque es libre para quererle.

Pero Horacio no reacciona bien en principio llamándolo viejo asqueroso y no entendiendo cómo ella llegó a acostarse con él, pidiéndole a ella que se vaya, aunque cuando va a hacerlo la llama de nuevo y la besa apasionadamente.

Cuando llega a casa Don Lope le pregunta de dónde viene tan tarde y sola, respondiendo ella que no es tan tarde y que no viene sola.

Saturna la felicita extrañada de que no la regañara Don Lope, diciendo ella que no se atrevió porque estaba medio desnudo y sin sus "plumas", diciendo que si le diera el trato de hija lo querría, pero no como marido.

Antes de salir, y ahora vestido de lujo, Don Lope le dice que ya arreglarán cuentas cuando regrese, pues no está bien que salga y entre cuando lo desee, haciéndole ver a Saturna que cuando se pone sus "plumas" vuelve a ser el de siempre.

Por la noche Tristana vuelve a verse con Horacio, que le dice que tiene que marcharse ya, pues fue solo por dos meses y tiene que irse y quiere hacerlo con ella, que le pide paciencia, pues querría trabajar dando clases de piano mientras él pinta.

Se besan en la calle siendo recriminados por un hombre que los ve y que va con dos mujeres, y que les recrimina por su falta de decencia, discutiendo por ello.

Ya en casa Don Lope se queja de que cada día regresa más tarde y le pregunta a Saturna por sus salidas, aunque ella se niega a contar nada, abroncando a Tristana cuando llega recordándole que su madre se la confió a él y como padre se ve obligado a defender su honra, echándole ella en cara que la ha perdido por culpa de él, llamándole hipócrita, diciéndole él que no le prohíbe que salga, aunque no le gusta que lo haga, pidiéndole perdón y rogándole que le cuente sus amoríos mientras trata de besarla de nuevo, negándose ella a seguir, por lo que él no insiste aunque se siente ofendido.

Tristana le pide a Saturna que vaya a ver a Horacio y le diga que lo verá en el estudio, estando dispuesta a irse con él aunque Don Lope la mate, tal como amenazó, ayudándole en efecto a preparar la maleta a Horacio unas horas después, recordando él que saldrán a las 3'30 y que estarán muy bien en su estudio es el doble de grande, diciéndole que quiere casarse con ella, aunque ella le dice que prefiere ser su amante y que sean libres por si se cansa de ella.

Mientras están juntos un niño corre a avisarles de que hay un hombre que desea hablar con Horacio, el cual acepta bajar, pidiéndole Don Lope una vez en la calle que le diga a Tristana que baje, ya que es su tutor, ante lo que Horacio le pide que se marche, pues ya le contó ella el tipo de viejo verde que es, ante lo que, ofendido, Don Lope le abofetea con sus guantes y le dice que al día siguiente recibirá la visita de dos amigos, aunque en vez de aceptar su guante Horacio le da un puñetazo.

Parten, tal como habían previsto al día siguiente en el tren de las 3'30 hacia Madrid, aunque Don Lope que le dice a Saturna que está seguro de que volverá.

Algún tiempo después muere Josefina, la hermana de Don Lope, que es felicitado por su amigo, que sabe que por fin dejará de pasar privaciones.

De hecho, poco después vuelve a comprar los objetos de plata que tuvo que vender unos años antes, imaginándose que comparte el champán con Tristana con la que habla aunque no esté presente.

Saturna le informa entonces de que Tristana está de nuevo en Toledo con Horacio y que este desea hablar con él, señalando que Tristana no puede ir porque está enferma, y que tras dos años sin verla está muy cambiada.

Él accede a ir a ver a Horacio, que al verlo se disculpa por su comportamiento anterior, estando dispuesto a darle cualquier satisfacción e informándole que, aunque le insistió en muchas ocasiones para que se casara con él, Tristana siempre se negó, y ahora está enferma, pues tiene un tumor en una pierna y tiene muchos dolores y que ella se empeñó en volver a Toledo pues sigue considerándolo un padre, e insiste en ir a su casa, asegurándole Horacio que si acepta él no irá con ellos, aunque se quedará en la ciudad esperándola y viendo cómo evoluciona su enfermedad.

Don Lope vuelve a su casa eufórico, diciéndole a Saturna que ahora no se le escapará y que si entra en su casa no volverá a salir de ella.

Hace que le lleven un piano y lo prepara todo para que ella esté a gusto pese a sus dolores, tratando Don Lope de animarla y mimarla.

Cuando la visita el doctor ella le dice que prefiere morirse a aguantar esos dolores y le informa luego a Don Lope que debido a que hay reabsorción y envenenamiento de la sangre es preciso operar y cortarle la pierna, debiendo hacerlo cuanto antes, diciéndole que seguramente si amputan podrá salvarse, aunque no es seguro, recomendándole que llame a un confesor, aunque Don Lope le asegura que nunca entrarán en su casa.

Va a ver luego a Horacio a la cafetería para decirle que quiere que vaya a verla, pues cree que a ella le gustará verlo, pidiéndole que vaya a su casa de 4 a 6, cuando él sale a pasear.

Con su pierna amputada, ella se vuelca en el piano que toca mientras Horacio la visita, no pareciendo interesada en verlo, preguntándole de hecho cuándo regresará a Madrid, diciéndole él que en un mes, diciéndole ella que si la hubiera querido no la habría llevado a esa casa, recordándole él que fue ella quien lo pidió y que Don Lope no la hubiera llevado a casa de otro hombre.

Don Lope la mima y le lleva marrón glacé, aunque ella parece siempre enfadada y a menudo pasea sin su pierna ortopédica por la casa pese a que Saturna le pide que se la ponga, a lo que ella arguye que le hace daño.

Sale a pasear y a misa con su silla de ruedas, recibiendo también los consejos de su confesor que trata de convencerla de que le conviene casarse con Don Lope, ahora que se porta tan bien con ella, afirmando ella que cuanto mejor es con ella menos lo quiere, insistiéndole el sacerdote en que arreglen su pecaminosa situación, pues con la edad Don Lope se ha suavizado y no le impide ir a misa e incluso la acompaña.

Pero ella sigue rechazando sus muestras de cariño y sus besos.

Un día Saturno entra en su habitación mientras ella se arregla queriendo relaciones con ella, aunque Tristana se niega, aunque poco después, y mientras el muchacho está en el patio ella sale al balcón y el chico le pide que se abra la ropa, haciéndole ella caso, observándola el muchacho desnuda con gran placer.

Finalmente, y siguiendo los consejos de su confesor, Tristana accede a casarse, pese a lo cual muestra una actitud distante y fría durante la ceremonia y la noche de bodas ella se despide de él para irse a su habitación, tras burlarse de él diciéndole que le parece increíble que a su edad tenga todavía ilusiones de que se acostarán juntos.

Algunos días la saca a pasear Saturno en su silla de ruedas, fijándose ella en los bebés que ve pasear en sus cochecitos.

Ya muy decrépito, el otrora anticlerical Don Lope, pasa las tardes con varios sacerdotes a los que les comenta que ya no va a la tertulia del café, pues ya solo quedan dos de su edad, debiendo ahora conformarse con la tertulio de los curas tomando chocolate.

Y después de mucho tiempo Tristana vuelve a soñar con la cabeza de Don Lope como un badajo, escuchando cómo este la llama entonces desde su cama ya que tiene muchos dolores, pidiéndole a su mujer que llame al médico.

Ella coge el teléfono y simula llamarlo, aunque no lo hace, informando a su marido de que llegará enseguida, aunque este no parece escucharla ya.

Abre entonces la ventana aprovechando que está nevando y que fuera hiela, para cerrarla después de un rato, comprobando que él ha fallecido ya.

Recuerda entonces todo lo vivido con él en retrospectiva hasta el momento en que llegó a la casa tras la muerte de su madre y la visita con Saturna al colegio de su hijo.

Calificación: 4