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Una cuestión de género
Una cuestión de género

On the basis of sex (2018) * USA / China / Canadá

          También conocida como:
                    - "La voz de la igualdad" (Hispanoamérica)

Duración: 120 min.

Música: Mychael Danna

Fotografía: Michael Grady

Guion: Daniel Stiepleman

Dirección: Mimi Leder

Intérpretes: Felicity Jones (Ruth Bader Ginsburg / "Kiki"), Armie Hammer (Martin D. Ginsburg), Justin Theroux (Mel Wulf), Kathy Bates (Dorothy Kenyon), Sam Waterston (Erwin Griswold), Cailee Spaeny (Jane Ginsburg), Jack Reynor (James H. Bozarth), Stephen Root (Ernest Brown), Ronald Guttman (Gerald Gunther), Chris Mulkey (Charles Moritz), Gary Werntz (Juez Doyle), Francis X. McCarthy (Juez Daugherty).

El Decano de la escuela de Derecho de Harvard, Erwin Griswold, da la bienvenida a los estudiantes del curso de 1956, un grupo en el que hay solo nueve mujeres.

El Decano habla de lo que significa ser un hombre de Harvard, inteligente y tenaz.

Algún tiempo después acude a una cena que el Decano da a las alumnas, indicando que es el sexto año en que las mujeres han tenido el privilegio de conseguir una licenciatura de Derecho en Harvard, siendo esa velada el modo de darles la bienvenida a las 9, a las que hace que acompañen algunos profesores.

Les pide tras la bienvenida, que diga cada una su nombre y por qué ocupa una plaza en Harvard que podría haber ocupado un hombre.

Alaba a la primera, pues pasará a formar parte del bufete de su padre, pero no le parece una buena razón la de la segunda, que dice que no quería casarse ni ser profesora.

La siguiente, Ruth Ginsburg, le dice que su marido está en segundo y dice con sorna que quiere estudiar allí para saber más sobre su trabajo y poder ser una esposa más paciente y comprensiva.

Se queja luego en casa con Martin, su marido, de la necedad de la pregunta, temiendo que no la tomen en serio, pues los errores más nimios se magnifican si destacas.

Ve de hecho, cómo en clase, el profesor Brown la ignora para preguntar solo a los alumnos pese a lo cual consigue destacar y mostrar que está mejor preparada.

Un día Marty sufre un ataque y deben llevarlo al hospital, siéndole diagnosticado un cáncer de testículos, por lo que deberán darle radiaciones, confiando en su juventud para superarlo, ya que la tasa de supervivencia es de solo un 5%.

Ruth le anima y le asegura que será abogado, y que no debe rendirse.

A partir de ese momento Ruth debe acudir a las clases de Martin además de a las suyas y atender a la pequeña Jane.

Marty consigue salir adelante, consiguiente trabajo en un bufete neoyorquino, pidiendo Ruth que le permitan trasladarse a Columbia, tratando el Decano de disuadirla, señalando ella que es la primera de su clase y quiere que le permitan trasladarse, pues Marty podría recaer, lográndolo pese a las reticencias de Griswold que teme que merme el prestigio de su universidad.

1959

Ruth acabó primera de su promoción y con mención de honor en Harvard y Columbia.

Con esas credenciales trata de encontrar un trabajo, siendo rechazada en más de una docena de bufetes por ser mujer, madre y judía.

Le ofrecen una cátedra, aunque Marty le dice que no puede rendirse, aunque luego le dice que así no estará atada a ningún bufete y será libre de elegir a sus clientes.

1970

Mientras los jóvenes se manifiestan contra la guerra de Vietnam, ella se presenta a sus alumnos y les habla de la discriminación sexual y de las leyes que prohíben a las mujeres hacer horas extras o que permiten a los maridos poder retirarlas de trabajar y que, si muere, las prestaciones sociales no protegen a su familia, siendo, de hecho, la discriminación por razones de género, legal.

Jane, su hija, ya con quince años, no es conformista y falta a clase para ir a un mitin de Gloria Steinen, una escritora, porque dice, quiere participar en un movimiento de verdad y no como ella que se queja solo, pero se queda sentada.

Acude a una fiesta con su marido del que asegura su jefe que algún día los dirigirá y a ella que fue muy lista por casarse con él.

A la salida ella se queja de esos desprecios, que él minimiza y le dice que está formando a la próxima generación de abogados para que cambien el mundo, aunque ella le dice que eso es lo que ella quería hacer.

Y es Marty quien le habla de un caso tributario, que es en lo que él trabaja y al que ella no le apetece, hasta que se percata que es un caso de discriminación por razón de sexo, pero a la contra de lo habitual, ya que Hacienda le negó la deducción que se aplicó por haber contratado a una enfermera para cuidar a su madre inválida por ser un hombre, ya que el código fiscal presupone que el cuidador debe ser una mujer, siendo un caso de discriminación sexual por razón de sexo contra un hombre.

Piensa que si un tribunal federal fallara que esa ley es inconstitucional podría sentar un precedente en que basarse en el futuro, por lo que piensa en hacerse con ese caso.

Va por ello a ver a Mel Wulf, un antiguo amigo y director de la Unión de Libertades Civiles, al que le plantea el caso, una nueva guerra por derechos civiles, lo que supera sus atribuciones, diciéndole ella que ellos defienden las libertades civiles y los derechos de las mujeres son derechos civiles, pues todavía tienen que poner las tarjetas de crédito a nombre de sus maridos y una mujer policía no puede patrullar en Nueva York.

Él le dice que no son una minoría, que son el 51% y que ya lo intentaron otras sin resultados porque la moral no gana los juicios, y hubo casos más claros que no lograron cambiar la doctrina, por lo que no cree que ganen con ese.

Sale enfadada y llama a Denver, Colorado, adonde irá unos días más tarde para ver a Charles Moritz, el hombre que sigue cuidando a su madre y que le cuenta que hubo ya cuatro abogados que le dijeron que no había caso, llegando a llamarlo el juez, evasor de impuestos.

Le cuenta que se dedujo el sueldo que pagó a la enfermera que tuvo que contratar para cuidar a su madre mientras él iba a trabajar, desgravación aplicable para las mujeres, pero solo para hombres con esposas incapacitadas, fallecidas o divorciadas.

Charles es escéptico, indicándole ella que su desgravación era de 296 dólares, por lo que no ha ido por el dinero, habiendo decidido presentar gratis su apelación, ya que la Décimo Cuarta Enmienda dice que todas las personas son iguales ante la ley, y hay muchas leyes que en la práctica perpetúan la discriminación contra la mujer.

Le dice que él abriría el camino.

Entretanto, Martin habla con su jefe que le hace ver que puede llegar a ser el socio más joven en la historia del bufete y puede jugárselo por un caso descabellado y para que su mujer parezca una abogada, señalando él que lo es y que solo quiere su permiso para defender un caso ajeno, consiguiendo que lo haga aunque le advierte que cuando pierdan se dará un batacazo.

En su casa sin embargo tiene constantes encontronazos con su hija, que piensa que es una abusona y quiere que todos sepan lo lista que es, debiendo explicarle su padre que su abuela discutía todo con su madre y le enseñó a cuestionárselo todo, y no quiere intimidarla, sino que no se sienta pequeña.

Van a ver a la señora Kenyon, una abogada que defendió a Gwendolyn Hoyt que le indica que su problema es que pidieron los derechos civiles como si se tratara de un favor y deberían haber hecho lo que las jóvenes generaciones, que exigen ese cambio.

Ella defiende que está bien cambiar la cultura, pero deben cambiar las leyes, adivinando Kenyon que es profesora y tiene muchos conocimiento pero no experiencia.

Ella le cuenta el caso de Moritz, diciéndole la abogada que primero debe cambiar las mentalidades, y solo entonces cambiará las leyes.

Pero luego, y viendo como Jane se enfrenta a unos hombres le dice que Kenyon está equivocada. Que los tiempos ya cambiaron.

Piensa que argumentarán que no son aplicables los casos anteriores dados los cambios sociales que se han producido, apuntando Marty en su argumentación que los estereotipos también van contra los hombres, a los que les enseñan que no pueden ser enfermeros, secretarios o cocinar para sus familias.

Trabajan en su informe de apelación incansablemente.

Millicent, la secretaria que pasó a máquina el informe le dice que al pasarlo no paraba de escribir la palabra sexo en todo el escrito y piensa que eso servirá para distraer a los hombres, por lo que le sugiere que utilice una palabra menos agresiva, como género.

A la vez, la propia Kenyon acude a ver también a Mel para hablarle de un caso de Idaho relativo a unos padres que perdieron a su hijo y en tal situación el varón tiene preferencia sobre la administración del patrimonio, señalando el supremo de Idaho que es legal.

Le dice que deben apoyar el caso, pues es hora de retomar la lucha y le recomienda empezar por un pequeño caso, el de Ruth y defender el caso de Idaho.

Mel le dice que su alegato está bien razonado y que la Unión de Libertades Civiles le apoyará, pero no quiere abrir más frentes con el caso de Idaho y que harán un simulacro de juicio para ver cómo se defiende oralmente.

Griswold, ahora procurador general no desea que un pequeño caso pueda hacer que se cuestionen todas las leyes federales que distingan entre hombres y mujeres, por eso habla con Brown, que también fue profesor de Ruth y con un joven y ambicioso abogado, James H. Bozarth, que les pide que le asignen el caso.

Griswold recuerda que él peleó contra el claustro y contra la universidad para que las mujeres pudieran estudiar Derecho en Harvard y teme que se le haya vuelto en contra.

Brown se plantea pactar con Moritz, pero Griswold le dice que eso supondría abrir la veda de un tema que piensa que deben atajar para siempre.

Bozarth les plantea enumerar cada ley que habla de la distinción de sexos para que el tribunal sepa qué pasará si deciden aceptar la apelación y lo que supondría.

Y para poder recopilar y examinar todas esas leyes hablan con el Secretario de Defensa para que le permitan usar sus ordenadores para buscarlas en pocos días.

Le llega a Ruth un paquete del Departamento de justicia con ese informe del gobierno, que trabaja Ruth con sus alumnas.

En el Departamento de Justicia estudian a los jueces ante los que deberán defender su postura, preocupándoles uno de ellos, Doyle, pues quieren una decisión unánime en el Décimo circuito, pues no deseen que la cuestión termine en el Tribunal Supremo, pues temen que los niños crezcan en hogares donde no les esperen sus madres y que compitan por el mismo puesto que los hombres, pero con sueldos inferiores, haciendo que el hombre pierda el sueldo con que cuidar de su familia, debiendo hacer que los jueces piensen que lo que está en juego es la familia americana.

Ruth y Marty harán en su casa un simulacro de juicio, formando el tribunal Mel, Gerald Gunther, un antiguo profesor de Ruth, y otra jurista, Pauli Murray.

Mel le pide que centre el caso en un solo hombre, en Moritz, o perderá.

Discuten, pues Ruth desea seguir una línea y Mel desea que sea más práctica y le dice que años atrás era guapa e inteligente, pero se ha convertido en una arpía amargada y desagradable, pidiéndole que sonría.

Su marido le aconseja que use evasivas cuando le pregunten cosas como si pueden las mujeres ser bomberos, diciendo que su cliente no es bombero o que no se trata de bomberos, sino de contribuyentes, no habiendo nada inherentemente masculino en el pago de impuestos, o que haga algún chiste como decir que cualquiera que haya criado a un niño no se sentirá intimidado por un edificio en llamas.

Al escucharle sugieren que sea Marty quien haga el alegato, diciendo él que es el caso de Ruth, que es la experta en las leyes de género, sugiriendo Pauli que se repartan el tiempo, empezando Martin para centrar la defensa en los impuestos y Ruth en el género.

Mel defiende ante Marty que Ruth ha escrito un gran alegato y eso es lo que hacen los académicos, pero necesitan conseguir el respeto del juez.

Mientras se prepara para ir a Denver recibe una llamada de Mel, viendo al llegar que está con otro abogado, Allen Derr, que representa a Reed, ya que el Supremo aceptó la apelación de aquel contra el Supremo de Idaho y le van a ayudar, por lo que desea que le asesore utilizando su alegato, adaptado, ante el Tribunal Supremo.

Le pide a Mel, una vez a solas que le permita defender a Reed, diciéndole Mel que Allen es el abogado de Sally Reed desde hace tres años y ni siquiera le dejó a él.

Le cuenta tras ello que le llamó Brown para proponerles un pacto con Moritz, por un dólar, aconsejándole que acepte, porque la aceptación por el Supremo del caso Reed dio más peso a su caso y no pueden permitirse que el Décimo Circuito niegue el asunto, diciendo ella que, por el contrario, nada reforzaría más el argumento que una victoria.

Pero Mel le dice que ni siquiera pudo sobrevivir a un simulacro de juicio, por lo que le augura que perderá y hará con ello retroceder 10 años el movimiento de las mujeres.

Ella se siente mal, contándole a Marty que había pensado aprovechar la lista de leyes que diferencian entre los sexos y convertirla en su propia lista y atacar cada una de esas leyes en los tribunales.

Jane no entiende a Mel, diciéndole ella que cree que perderá, asegurándole su hija que no sucederá, aunque sabe que, como abogada de Moritz tiene la obligación ética de informarle de la oferta.

Moritz no entiende cómo podrá considerar que ha ganado si el gobierno no le dice que la ley es injusta y que no es un tramposo, diciéndole ella que no habrá ganado pero le darán el dinero, preguntándose él qué sucederá con los demás, indicándole Ruth que el trato es solo para él.

Él le pregunta si podrían ganar, diciéndole ella que podrían y que el impacto duraría generaciones, pero la Unión de Libertades Civiles piensa que es mejor que acepte., aunque él le pregunta qué piensa ella.

Acude a la reunión con Brown donde está también el Decano Griswold que le dice que se alegra de que encontrara un uso para la educación recibida en Harvard, diciendo ella que en realidad eso lo aprendió en Columbia.

Le dicen que tienen el papeleo listo, indicando ella que Moritz tiene algunas condiciones.

El hombre quiere que le perdonen el 100% y que el gobierno reconozca que no hizo nada malo y que conste en el acta del tribunal que el código tributario discrimina basándose en razones de género y que por lo tanto es inconstitucional.

Brown le preguntan si Wulf está enterado, concluyendo que se verán en el tribunal.

Antes de entrar al Tribunal de Apelaciones del Décimo Circuito, Marty le asegura a Ruth que está preparada y que lo ha estado toda la vida.

Brown le indica a Bozarth que tienen un siglo de jurisprudencia a su favor.

Les informan que cada uno de los alegantes tendrá 30 minutos para hacer su alegato.

Marty expone la parte que le corresponde, aunque uno de los jueces le pregunta si considera que sexo y raza son equivalentes, tratando él de pasar la palabra a Ruth, que indica es la experta, aunque el juez insiste en que conteste él, no permitiendo que se evada cuando les dice que él no habla en general, sino de su cliente.

El juez Floyd le dice que a su entender esa ley no es mala, ya que permite a las mujeres trabajar fuera de casa.

Ruth tiene poco tiempo, y cuando le indican que son los hombres quienes ganan el pan, ella señala que así es la mayoría de los hogares, preguntándole el juez si eso no sugiere que ese es el orden natural de las cosas.

Ella se reserva los últimos minutos para la réplica pero Mel siente que ha ido todo mal y que todo indica que perderán la apelación.

Bozarth indica en su turno que no cree que el señor Moritz tenga la capacidad o el instinto de una cuidadora, preguntándole uno de los jueces por qué no puede tener ese instinto un soltero y sugiere que Moritz no es una víctima del estado, sino de sus abogados que aprovecharon el caso para sus propios fines.

Brown se muestra muy satisfecho con el alegato.

Ruth dispone de 4 minutos tan solo para su réplica y parece indecisa, por lo que se dispone a salir Marty, aunque ella le retiene y sale.

Empieza diciendo que es un cambio social radical, recordando que cuando empezó a estudiar no había baño para las mujeres y le sorprende que no se quejaran, aunque no lo hicieron porque ya era increíble estar allí.

Recuerda que 100 años atrás Myra Bradwell quiso ser abogada, pero no le permitieron ejercer porque era mujer, por lo que apeló al Tribunal Supremo, estando tan convencido el estado de Illinois de su victoria que ni siquiera enviaron a un abogado, y perdió.

Eso creó un precedente que fue seguido de muchos otro y ese es el legado que el gobierno les pide que ratifiquen, instándoles a proteger las tradiciones y moralidad de una América que, ella indica, ya no existe.

Una generación atrás, a sus alumnas las habrían detenido por indecencia por su ropa y 65 años atrás sería impensable que su hija aspirase a tener una carrera y 100 años antes ella no tendría derecho a presentarse ante ellos.

Les dice que hay 178 leyes que hacen distinciones basándose en el género y que son obstáculos para las aspiraciones de sus hijos.

Doyle le pregunta si les pide que anulen casi un siglo de jurisprudencia, diciendo ella que solo pide que sienten un nuevo precedente como hicieron otros tribunales con leyes desfasadas.

Le dicen que en esos casos había implicaciones constitucionales claras, pero la palabra mujer no aparece en la Constitución, indicando ella que Libertad tampoco aparece.

Se acabó su tiempo, pese a lo cual le permiten continuar.

Habla del tema de los cuidadores, a los que considera debe la ley ayudar por igual y que Charles fue criado para ser la clase de hombre que le gustaría que fueran sus hijos, asumiendo la carga de cuidar de su madre cuando nadie lo esperaba de él, superando los obstáculos que los demás y las leyes quieren imponerles, por lo que les pide que protejan el derecho del país a cambiar, por sus hijos.

Tienen que enfrentarse a esas leyes una a una por su bien y les pide que sienten el precedente que inicie ese camino.

Marty se siente muy satisfecho tras esa intervención, e incluso Mel le dice que fue perfecto y no importa que ganen o no, indicando ella que es solo el principio.

El Tribunal del Décimo Circuito anuló la decisión del tribunal tributario y concluyó por unanimidad que Charles Moritz tenía derecho a la desgravación.

Continuaron muchos casos más, siendo el de Moritz y Reed los primeros en declarar que la discriminación basada en el sexo era inconstitucional.

Ruth Bader Ginsburg cofundó el Proyecto de Derechos de las mujeres de la ACLU y se convirtió en la principal abogada de derechos de género de su generación, ganado varios casos históricos ante el Tribunal Supremo

Martin se convirtió en uno de los mejores abogados fiscales y en un profesor muy valorado del Georgetown University Law Center.

Murió de cáncer en 2010 unos días después de su 56 aniversario de boda.

Jane se licenció en Derecho por la Universidad de Harvard en 1980 y es profesora de Derecho en Columbia.

James Ginsburg produce música clásica y es el fundador de Cedille Records.

El 14 de junio de 1993 Ruth fue nominada al Tribunal Supremo y el Senado confirmó su nominación por 96 votos a 3.

Calificación: 3
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