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Un condenado a muerte se ha escapado
Un condenado a muerte se ha escapado

Un condamné à mort s'est échappé ou Le vent souffle où il veut (1956) Francia

          También conocida como:
                    - "Un condenado a muerte se escapa" (Hispanoamérica)

Duración: 99 Min.

Música: Wolfgang Amadeus Mozart

Fotografía: Léonce-Henry Burel

Guión: Robert Bresson (Autobiografía: André Devigny)

Dirección: Robert Bresson

Intérpretes: François Leterrier (Fontaine), Charles Le Clainche (François Jost), Maurice Beerblock (Blanchet), Roland Monod (El pastor), Jacques Ertaud (Orsini), Jean-Paul Delhumeau (Hébrard), Roger Tréherne (Terry), Jean-Philippe Delamarre (El prisionero 110), César Gattegno (El prisionero X), Jacques Oerlemans (El guardián), Klaus Detlef Grevenhorst (El oficial de la Abwehr).

Una placa colocada en la prisión de Montluc recuerda que en ese lugar.10.000 hombres fueron víctimas de los nazis, 7.000 de los cuales murieron.

Lyon, 1943. Durante la ocupación alemana el teniente Fontaine es detenido por el ejército alemán por volar un puente estratégico.

Conducido a la prisión de Montluc junto con varios presos más en un coche, Fontaine trata de escapar abriendo la puerta del vehículo y corriendo, siendo detenido por los agentes que iban en el coche trasero, que lo golpean.

Encerrado en una celda de castigo por su acción, salió de esta en muy mal estado, no atreviéndose prácticamente a moverse cuando lo tiraron en el suelo de su celda, seguro de que lo vigilaban, aunque al acostarse comprobó que, aunque sangraba no tenía nada roto.

Los cargos contra él eran graves y con su actuación los había agravado, por lo que se había hecho a la idea de que moriría, asegurando que hubiera preferido una ejecución inmediata.

Durmió tan profundamente tras las palizas que los guardias tuvieron que despertarle zarandeándolo, decidiendo él simular que apenas podía levantarse, caminando a la pata coja, por lo que finalmente le volvieron a dejar en su diminuta celda en la que solo tenía un jergón y dos mantas, lo que él piensa, quizá le salvó la vida.

En su celda había una repisa en la pared, subiéndose a la cual llegaba hasta la alta ventana, desde la que podía ver un patio donde tres hombres paseaban sin vigilancia, hablando desde allí con uno de ellos, Terry, al que pregunta si se pueden enviar cartas fuera, respondiéndole que él sabe una forma, enviándole desde abajo un cordel.

Por fin le permitieron asearse y lavar sus heridas sin quitarse las esposas.

Consiguió contactar también con su vecino de celda, un fundidor de 19 años que había matado a un soldado alemán en una pelea y que esperaba que le fusilaran en cualquier momento.

Con el cordel que le pasaron y su pañuelo fabricó una bolsa que bajaba por la ventana y con la que consiguió subir lo necesario para escribir a su familia dándole unas esperanzas de las que él carecía, y tratar de avisar a sus jefes de que la emisora que usaba estaba en manos alemanas y conocían el código, arriesgándose a hacerlo pese a que sabía que si le pillaban se perdería él y sus destinatarios

Consiguió también que Terry le hiciera llegar un imperdible y una cuchilla de afeitar, pudiendo gracias al imperdible abrir las esposas como le explicó su vecino de celda.

Terry tenía una hija que le dejaban ver de vez en cuando y a través de la cual salían las cartas al exterior.

Finalmente Fontaine es llevado ante uno de los carceleros que le pide que prometa que no tratará de huir, recibiendo tras ello su primera comida en cuatro días.

Por lo demás las horas se le hacían interminables observando el patio.

El jefe de guardia fue a buscarle al día siguiente y le trasladó hasta otra celda aunque en el último piso, donde le dejaron ya sin esposas, y desde la que no podía ver ya a Terry, no recibiendo respuesta al tratar de comprobar si tenía vecinos, aunque al día siguiente al salir para asearse pudo comprobar que a su izquierda sí había un hombre pese a que este no le respondiera.

Cada día bajaban sus cubos, se aseaban y volvían a sus celdas donde pasaban el resto del día sin hacer nada, vigilándoles para que no hablen, pese a lo cual se intercambian algunas palabras, presentándosele otro de los presos, Hébrard.

Pasaba por tanto las horas mirando su puerta sin nada que hacer, pensando que habría algún modo de desmontar esa puerta.

Consiguió para ello una cuchara de hierro fuerte, al no devolverla tras una de las comidas sin que se dieran cuenta, convirtiéndola en una especie de cincel con el que pudo observar que podía separar la madera y que en varios días podría quitar un listón, pese a lo que trabajaba despacio para no hacer ruido, debiendo además recoger las briznas de madera de debajo de la puerta para no ser descubierto.

Un día Terry llegó hasta su puerta y le dijo que lo trasladaban, contándole también que habían fusilado a su vecino de la celda de abajo, por lo que quedó desamparado al ver la muerte de las únicas dos personas con las que había logrado contactar.

En sus escasos momentos de patio conoció a un nuevo preso, el pastor de Leyris, que le contó que le arrestaron en el púlpito sin poder coger siquiera su Biblia, regalándole Fontaine un lápiz para poder escribir, algo muy valioso en ese lugar.

Inquieto por el silencio de su vecino trata de hablar con él, aunque no le responde.

Una vez abiertos los agujeros en la puerta los tapaba con papel oscurecido en el suelo, lo que le llevaba más tiempo que el trabajo de separar los tablones.

Un día su vecino de celda se cae en el patio y él le ayuda a levantarse y le pone el sombrero. Y a partir de ese día Blanchet, que era su nombre, empezó a hablar con él, aunque para pedirle que deje la puerta, pues los castigarán a todos por su culpa, pese a lo cual él continúa con su tarea, consiguiendo tras tres semanas separar tres tablas verticales, aunque seguían pegadas por una espiga que doblaba su cuchara, que de hecho se rompió, por lo que necesitaba otra cuchara para poder hacer más presión.

El pastor se muestra contento en el patio por haber conseguido una Biblia, pudiendo también él contentarse al ver una cuchara que pude coger.

Con la ayuda de las dos cucharas puede hacer mayor presión, aunque esto hace que se rompa el marco más de lo que deseaba, cayendo un trozo entero de madera que debe intentar fijar con pequeñas cuñas.

Blanchet no entiende que haga eso, diciendo él que deben luchar para tratar de escapar y volver a ver a quienes les quieren, asegurando Blanchet que él no tiene amigos, y que si tuviera valor lo usaría para acabar con su vida, asegurándole que intentó ahorcarse pero el clavo cayó, escuchando entonces unos golpes en la pared, los del propio Fontaine que acababa de llegar a la celda aquel día.

Enfrente hay otro preso, Orsini, que se encarga de vigilar mientras él trabaja, contándole otros compañeros que lo detuvieron debido a que fue denunciado por su propia mujer, aunque el pastor dice que ahora es un hombre nuevo ya sin rastros de odio ni sufrimiento.

Tras un mes de paciente trabajo, Fontaine consiguió arrancar una tabla, siendo lo peor y lo que más tiempo le llevaba el volver a colocarlo todo, aunque poco después consigue salir de su celda al pasillo por el hueco abierto, recorriendo dicho pasillo hasta una celda donde habían escrito con tiza que el preso que estaba allí no podía salir ni comer, borrando él dicho mensaje, lo que le ayudó a sentirse mejor.

Idea miles de planes, aunque sin llegar a ninguna conclusión de cómo escapar, diciéndole uno de sus compañeros que es imposible hacerlo y por eso él es el único de los presos que piensa en escapar, aunque Orsini le pide que le lleve con él.

Otra noche sale y se coloca bajo la claraboya del pasillo, comenzando a trepar por las tuberías, aunque no cabe por la misma, llegando a la conclusión de que necesitaba 12 metros de cuerda.

Comienza a deshacer su somier consiguiendo con los muelles de este 40 metros de alambre ligero y sólido, realizando luego con su almohada el primer trozo de cuerda, para lo cual cortó dicha almohada, doblando en cuatro la tela con los bordes hacia dentro para que no deshilachara, enrollando el alambre a su alrededor para mantenerla fuerte y tensa.

Al igual que él, Orsini sigue intentando escapar, diciéndole que él ha descubierto otro modo, haciéndolo durante el paseo, escondiéndose en el tejado del baño al que subiría por las tuberías, debiendo disponer para ello de dos cuerdas y dos ganchos, aunque su plan no le parece a Fontaine aceptable.

Al día siguiente de ser llevado a un interrogatorio, observa que Orsini se comporta de forma extraña, adelantando a la gente, tratando él de acercarse para hablar con él, aunque está demasiado vigilado.

Lo ve que se separa del grupo y echa a correr.

Más tarde ve por la mirilla de su puerta cómo dos soldados lo llevan hasta la celda, escuchando los golpes que le propinan.

Cuando habla con él le cuenta que la cuerda se le rompió en el segundo muro y que necesita varios ganchos que puede hacer con la estructura de la lámpara de su celda.

Poco tiempo después ve cómo se llevan a Orsini, escuchando unos momentos más tarde los disparos que le indican que fusilaron a su compañero.

Pero eso no le hace desistir y descuelga, como le sugirió Orsini la lámpara.

Comienza a madurar su plan, pensando que bajar al patio y escalar el segundo muro con sus escasa fuerzas era algo difícil, por lo que planea extender una cuerda entre los dos muros para lo que necesitará tres ganchos, haciendo el tercero con las barras más cortas de la lámpara que une, haciendo además unas anillas con los alambres y las fija en los ganchos, probando que aguantan su peso.

Un compatriota les explica que ha visto cómo fusilaban a tres camaradas por escribir cartas, señalándoles que correrán la misma suerte si lo hacen ellos, por lo que quien tenga un lápiz deberá entregarlo esa misma noche, pues al día siguiente registrarán las celdas y a quien tenga alguno será fusilado, pese a lo cual Fontaine no lo entrega, aunque la idea de un registro lo paralizó.

Recibió por aquellos días un paquete, que es lo que le salvó, pues hizo tiras con toda la ropa recibida y haciendo trenzas, utilizándolo todo, atándolo con un cordel, pudiendo hacerse otra cuerda más con la manta de Blanchet.

Cada vez era mayor el número de presos y las celdas empezaban a ser ocupadas por dos presos. Aunque algunos aparecían y desaparecían rápidamente.

Blanchet le dice que está tardando demasiado en decidirse, mientras comienzan a sospechar el pastor y Hébrard que hay un soplón, por lo que el primero le dice que no espere más, aunque ante Blanchet reconoce que le cuesta decidirse.

Llevado a interrogar al Hotel Terminus, le señalan que terminaron de instruir su caso y que el cargo de espía que aceptó y el atentado que preparó se castigan con la muerte, por lo que será fusilado.

Fontaine no sabía si le devolverían a la cárcel y de ser así si le llevarían a su celda, riéndose nerviosamente al comprobar que así era.

Pero poco después volvió a temer que sus esfuerzos resultaran inútiles, al ponerle en su celda a un joven de alrededor de 16 años con un uniforme medio francés y medio alemán, que dijo llamarse François Jost temiendo que fuera un topo que infiltraron por si, desesperado por la sentencia decidía hablar y que dice fue detenido por desertor.

Fontaine piensa si debía matar a Jost - no sabiendo si tendría sangre fría para hacerlo - o llevárselo con él.

En el patio todos le hacen ver que debe darse prisa y no fiarse, pues ven que el chico habla en el patio con uno de los soldados que les vigilan.

De regreso a su puerta, y dando por hecho que Jost es espía, le dice que los alemanes perderán la guerra y que entonces nadie lo verá bien.

El chico se emociona cuando recuerda a su madre y sus hermanas, asegurando que le gustaría volver a verlas.

No se atreve a decirle nada a Jost, del que sigue dudando.

Piensa que debería escapar la noche siguiente, que será más oscura, aunque se plantea que para ello debería matar a su compañero de celda.

Finalmente decide contarle a Jost su plan de huida, diciéndole este que es imposible, mostrándole que lo ha estudiado todo y lo tiene todo a su favor, mostrándole sus herramientas y le dice que si va con él lo ayudará a defenderse, aceptando el chico ir con él, que le ayuda a convertir los jergones de ambos en cuerdas.

Tras despedirse de Blanchet se dispone a huir, preparando cuatro paquetes, uno con los zapatos, otro con las chaquetas y otro con la cuerda grande y su gancho, habiendo en el cuarto otra cuerda.

Y esa noche, cuando pasa la última ronda de los guardias comienzan su plan, subiendo por la claraboya tal como había previsto y ayudando a Jost a hacerlo, tras lo que avanzan por el tejado con sumo cuidado procurando no hacer ruido, aunque la grava crujiendo bajo sus pies les hace parar hasta que el ruido del tren les ayuda a seguir sin ser oídos, tardando más de 20 minutos en llegar a la terraza del pasillo.

Desde la terraza puede ver al guardia de abajo que va armado con su metralleta, llevando una granada en la cintura, lo que les paraliza, esperando varias horas hasta que relevan al guardia, que observa que va y viene a lo largo del muro sin parar.

Esperando a seguir, Jost se quedó dormido, decidiendo finalmente bajar aprovechando el ruido de un tren mientras el guardia fuma un cigarrillo sentado, esperando al llegar abajo la llegada del guardia hasta el final de la pared, tras la que él se oculta y a la que nunca llega, sintiendo Fontaine latir fuertemente su corazón,.

Hasta que en una de las ocasiones, y al escucharle llegar cerca de él y darse media vuelta, y aprovechando el ruido del tren sale tras él, sorprendiéndolo y acabando con su vida, tras lo que hace que baje Jost, observando que se dejó arriba la ropa y los zapatos.

Pese a todo continúan a lo largo de la muralla, subiendo Jost encima de él, enganchando la cuerda, tras lo que le ayuda a subir, reconociendo Fontaine que solo quizá no habría llegado tan lejos.

Sabía que había cuatro garitas, una en cada esquina, pero no sabía si estaban ocupadas, observando que la más cercana a ellos no lo estaba, lo que les facilitará la huida, aunque desde arriba ven que hay un guardia que hace la ronda a lo largo de la muralla en bicicleta.

Tras dudarlo mucho decide lanzar el gancho y tiende la cuerda entre los dos muros tal como había previsto, aunque comienza a dudar y les dan las 4 esperando, lo que hace que las posibilidades de escapar sean cada vez menores, por lo que finalmente se decide a cruzar el patio, haciéndolo con éxito, saltando una vez hecho al otro lado, viendo cómo poco después baja Jost tras él.

Una vez fuera del recinto caminan deprisa aunque tratando de no llamar la atención, alejándose ambos de la prisión.

Calificación: 4