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Un cuento chino

Argentina / España (2011) *

Duración: 90 min.

Música: Lucio Godoy

Fotografía: Rodrigo Pulpeiro

Guión y Dirección: Sebastián Borensztein

Intérpretes: Ricardo Darín (Roberto), Huang Sheng Huang (Jun Quian), Muriel Santa Ana (Mari), Enric Rodríguez (Roberto joven), Iván Romanelli (Leonel).

Roberto, es un misántropo que vive una rutinaria vida sin desear contacto con nadie más allá de los clientes de su ferretería y sin permitirse grandes lujos, pues conserva su viejo coche o su primer teléfono.

Un día es testigo de cómo un taxista arroja a un chino de su vehículo tras robarle, por lo que lo recoge con la intención de llevarlo hasta una dirección que el muchacho, que no habla nada de español, lleva tatuada en su brazo.

Y aunque lo expulsa de su coche cuando el chico vomita, vuelve a recogerlo dado que el remordimiento le impide dormir y lo lleva hasta la dirección tatuada en su brazo, encontrándose con que los anteriores inquilinos se mudaron sin dejar ninguna dirección, por lo que lo lleva a comisaría, donde el policía que les atiende decide encarcelarlo. Roberto se niega, pues no es un delincuente. Y cuando el policía lo insulta a él lo noquea.

Al día siguiente acude a la embajada china, donde le dicen que intentarán encontrar a la familia de Jun, el joven chino, aunque no se hacen cargo de él, por lo que intentará buscarlos él acudiendo el barrio chino de la ciudad, aunque sin obtener resultado alguno.

Mientras espera que aparezcan los familiares, Roberto le hace limpiar y pintar su patio.

Entretanto llega a la ciudad Mari, cuñada de su proveedor, que vive en el campo y con la que Roberto tuvo unos meses antes una fugaz aventura que no quiso continuar, encontrándose ahora con un Roberto frío y distante, pese a lo cual le fascina lo que Roberto hizo por Jun y ella misma sale con él para conocer juntos la ciudad.

La llamada de la embajada señalando la aparición de los familiares de Jun llena de alegría a Roberto, que verá cómo esta se desvanece dado que no es la familia real del muchacho.

Lo expulsará de su casa cuando Jun tira accidentalmente un mueble-mausoleo en el que Roberto conservaba junto a la foto de su madre un montón de figuritas de cristal que él le "regalaba" en cada cumpleaños y que se rompen.

Arrepentido regresa al barrio chino para buscarlo, siendo visto por el policía al que golpeó en la comisaría, el cual, deseoso de venganza, lo lleva hasta un descampado, aunque Jun, que lo vio todo lo salvará golpeando él al policía.

Lo lleva de nuevo a su casa pidiéndole a través de un repartidor de comida china que aprenda español y busque un trabajo. Se entera así además de que Jun dejó su país tras perder dolorosamente a la mujer de sus sueños.

Por su parte Jun le pregunta por qué recibe tantos periódicos, su único capricho, pues se los hace llegar de varios países.

Roberto le cuenta que le gusta coleccionar noticias curiosas desde que regresó de la traumática guerra de Las Malvinas. Salió una foto suya en el periódico y al verla, su padre tuvo tal impresión, que murió sin volver a verlo.

Desde entonces Roberto vive encerrado en sí mismo y se ríe de lo absurdo de la vida, que se refleja en las historias que colecciona, como una ocurrida en China en que un hombre perdió a su novia cuando una vaca cayó desde un avión que las había robado y la mató.

Jun llora al escuchar la historia y le cuenta que él es el protagonista de esa noticia.

Y al día siguiente llama el verdadero tío de Jun y la última juntos, este no duerme. Y cuando Ricardo regresa del aeropuerto que lo lleva a Mendoza descubre que dibujó una gran vaca en la pared. Jun olvida así el dolor que le causaba ese animal y a la vez indica el camino a seguir a Ricardo, el cual entiende el mensaje y decide ir a buscar a Mari olvidándose un poco de los muertos y atreviéndose a vivir su vida.

Calificación: 3