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Un monstruo viene a verme
Un monstruo viene a verme

A monster calls (2016) * España / Gran Bretaña / USA

Duración: 100 min.

Música: Fernando Velázquez

Fotografía: Óscar Faura

Guión: Patrick Ness (Novela: Patrick Ness / Idea original: Siobhan Dowd)

Dirección: Juan Antonio Bayona

Intérpretes: Lewis MacDougall (como Conor O'Malley), Sigourney Weaver (Abuela), Felicity Jones (Lizzie Clayton), Toby Kebbell (Padre), Ben Moor (Mr. Clark), James Melville (Harry), Oliver Steer (Sully), Dominic Boyle (Anton), Geraldine Chaplin (Directora), Jennifer Lim (Señorita Kwan), Liam Neeson Voz del Monstruo).

Un niño, Conor, sueña de forma agitada porque tiene una pesadilla en la que está en un cementerio y la capilla del mismo comienza a derrumbarse hundiéndose al hacerlo y junto a ella comienza a hundirse el resto de las tumbas.

Una mujer va a caer también al precipicio abierto y Conor le sujeta la mano aunque las fuerzas comienzan a fallarle, despertándose entonces angustiado.

Se pregunta luego cómo empieza la historia, respondiéndole una voz profunda que como tantas historias, con un chico demasiado mayor para ser un niño y demasiado joven para ser un hombre y con una pesadilla.

Por la mañana Conor se levanta y tras vestirse hace su cama, se pone el desayuno y pone la lavadora, sacando luego de un armario lleno de medicamentos, entre ellos Domperidona, recetada a Elizabeth Clayton, un frasco la mermelada para la tostada.

Se asoma luego a la habitación de su madre, Lizzy, a la que ve dormida antes de salir.

Durante la clase apenas atiende. Mientras colorea una página encuentra una nota en la que un compañero le dice que se verán tras las clases como siempre.

El profesor le pregunta a Conor si se encuentra bien, pues tiene cara de cansado y le dice que si necesita hablar con alguien lo haga.

A la salida tres compañeros, liderados por Harry lo golpean y se burlan de él diciéndole que tendrá que defenderlo y darle un beso la calvita de su madre y le preguntan qué hay tan interesante en su mundo en el que está siempre.

Cuando llega a su casa, su madre ha montado un antiguo proyector del abuelo, diciéndole que lamenta que no lo conociera, pues hasta la abuela era un encanto cuando él estaba, lo que Conor no cree, tras lo que ven King Kong.

El niño se pregunta durante la proyección por qué quieren matarlo, respondiéndole su madre que la gente no le gusta lo que no entiende, pues les da miedo.

Conor piensa que King Kong tendría que aplastarlos y acabar con todos.

Su madre se duerme justo antes de la caída de King Kong.

Luego, ya en su habitación, dibuja el paisaje de fuera, dominado por un enorme árbol, un tejo, agitado por el viento, viendo de pronto cómo el viento de fuera se cuela dentro y cómo él árbol cobra vida mientras la tierra se va abriendo saliendo las raíces del árbol entre fuego, acabando por transformarse en un gigante con figura casi humana que lo arrasa todo a su camino hasta plantarse frente a la ventana de Conor, por la que asoma sus ojos de fuego, asustándole. Diciéndole el monstruo que por qué no corre y se va con su madre, a lo que Conor reacciona diciéndole que a su madre debe dejarla en paz, asegurándole que no le tiene miedo.

El monstruo destruye la pared con su puño y lo coge en su mano asegurándole que volverá a visitarlo otras noches hasta lograr que despierte y entonces le contará tres historias y cuando termine él deberá contarle una cuarta y será la verdad que esconde y sueña.

Le pregunta qué pasará si no lo hace, viendo cómo de su boca salen ramas en llamas.

Cuando se va, se ve a Conor todavía en su habitación y frente a su dibujo, corriendo asustada a la cama con su madre, que le dice que tiene que regresar a su cama, aunque él le pide que le deje 5 minutos, y acabando por despertarse junto a ella.

Sale hacia el cementerio de sus sueños, pero no llega a entrar.

Cuando regresa, ve que su madre habla con su abuela, que se niega a que su hijo se vaya con su padre a Estados Unidos con su pareja, que es una extraña para él.

La abuela le ha llevado varias pelucas para probarse

Desde la cocina, y mientras les prepara un té a su madre y a su abuela las escucha discutir, apareciendo poco después su abuela en la cocina para decirle que tienen que hablar, aunque él no quiere escucharla, diciéndole la abuela que ha ido allí a ayudar a su madre y que ha ido porque un chico de 12 años no debería ponerse a limpiar la cocina sin que se lo manden.

Conor le dice que siempre empeora tras los tratamientos, pero verá cómo al día siguiente estará mejor, aunque su abuela le dice que solo lo parecerá.

Le dice también que su madre debe hablar con él sobre la necesidad de irse a vivir con ella, algo que Conor asegura que no hará, pues su madre se pondrá bien.

Pero mientras hablan Lizzy se cae y deben darle la medicina para que mejore.

Mientras su abuela se instala en su habitación y le dice que su conversación no ha terminado, él asegura que sí, debiendo dormir en el sofá.

Vuelve a soñar con el derrumbamiento de la iglesia y en que no consigue salvar a su madre y se despierta angustiado, viendo que son las 12:07 y que todas las cosas se caen y ruedan por el piso y van hasta la puerta, que se mueve, observando al abrirla que le está esperando el monstruo que le dice que le va a contar la primera historia.

Le dice antes que él es tan viejo como el mundo y lo sabe todo de él.

Conor no cree que un árbol pueda contarle nada pues no es más que un sueño, preguntándole el árbol si no será un sueño todo lo demás.

Él le dice que creía que podría ayudarle a derrotar a sus enemigos o al menos a ayudarle con su abuela y lo único que quiere es contarle historias.

Sin escucharle, el monstruo le cuenta la primera historia, empezando a tejer entorno a él sus ramas, que tapan sus ojos no dejándole ver nada, pidiéndole el monstruo que use su imaginación.

Comienza viendo lo que le parece una chispa que se extiende, pensando que es agua, para luego ver que es una acuarela, viendo que se abre ante él un paisaje de árboles que terminan ante un castillo.

Le cuenta que antiguamente ese lugar era un reino próspero con un rey sabio que había conquistado la paz, aunque para ello tuvo que pagar el precio de perder a sus tres hijos luchando contra gigantes, dragones y ejércitos comandados por grandes magos.

El dolor por la muerte de sus tres hijos llevó a la reina a la muerte, por lo que el rey se quedó solo con su nieto y heredero, el cual se ganó el amor de su reino por su nobleza y buen corazón.

Unos años después, su abuelo volvió a casarse, enfermando pronto y extendiéndose el rumor de que su nueva esposa era una malvada bruja que había envenenado al rey para quedarse con el trono.

Cuando pocas semanas después el rey murió, el príncipe era todavía muy joven para ser rey, por lo que pasó a ocupar el trono hasta su mayoría de edad la reina.

Mientras tanto, el príncipe se enamoró de la bella e inteligente hija de un granjero.

Pero la reina no quería perder el trono. Era aún joven y bella y quiso casarse con el príncipe, algo que a este no le agradaba, por lo que huyó con su novia.

Pararon a descansar bajo las ramas de un tejo, el propio monstruo.

Cuando el príncipe despertó vio que alguien había matado a su novia durante la noche y acusó a la reina y pidió a los campesinos que se unieran a él para acabar con ella.

El monstruo se unió al ejército e hizo desaparecer para siempre a la reina llevándola muy lejos de allí para que no pudieran encontrarla, a un pueblo cerca del mar donde empezó una nueva vida.

Conor le pregunta por qué salvó a una asesina.

Le cuenta que no lo hizo porque en realidad esa noche el príncipe no llegó a dormirse. Esperó a que se durmiera la hija del granjero y fue él quien la asesinó para poder acusar a la reina y acabar así con ella.

Le dice que los reinos tienen los reyes que se merecen y las hijas de los granjeros mueren sin motivo y a veces las brujas merecen ser salvadas.

Le dice que la reina sí era una bruja y podría estar planeando maldades, pero no era una asesina ni había envenenado al rey, pues este murió de viejo.

Pese a todo el príncipe fue un rey muy querido y reinó felizmente hasta el fin de su vida.

Debiendo aprender Conor que no hay buenos ni malos absolutos.

Conor le pregunta cómo le ayudará a salvarse de su abuela, respondiéndole el árbol que no es de ella de quien tiene que salvarse.

Cuando al día siguiente llega a casa tras el colegio, su abuela le dice que su madre quiere hablarle y que ha llegado su padre desde Estados Unidos y le dice que debe hacer su maleta, pues se va a ir unos días a su casa con ella porque el tratamiento de su madre no está dando resultados, por lo que deben ajustárselo y probar otra cosa.

Él le dice que le puede contar lo que sea, aunque ella le dice que todo irá bien.

Según va al colegio, enfadado y rabioso tira un cubo de basura

A la salida sus acosadores vuelven a llevarlo hasta un rincón, diciéndole Harry que por qué lo está mirando siempre, algo que le es incómodo, tras lo que vuelve a golpearlo.

Ya en casa de su abuela, esta le deja solo para ir a enseñar un piso, aunque esa tarde llegará su padre, diciéndole que deben tratar de que no canse demasiado a su madre.

Conor se refugia en sus dibujos y recorre la casa, mirando por el agujero de una cerradura, aunque debe dejarlo porque llega su padre.

Este lo lleva al parque de atracciones y luego comen juntos, diciéndole su padre que parece cansado, pero él dice que está bien y que a su madre le están dando una medicación y mejorará. Le explica que va cada dos semanas a ponerse una medicación y que aunque pasa algunos días mal luego está mejor.

Su padre le dice que le gustaría que conociera a su hermana - su hermanastra, aclara Conor - y que ha hablado con su abuela para que pueda ir con él a Los Ángeles, lo que Conor dice que le gustaría, habiendo pensado en hacerlo en Navidades.

Pero Conor le dice que entonces sería solo una visita y le dice que no quiere ir a vivir con su abuela y le dice que quiere su propia habitación en su propia casa, diciéndole su padre que en su casa tampoco la tendría, pues apenas caben los tres y además todo lo suyo está allí y sería injusto cambiarlo.

Cuando lo lleva de vuelta a casa observan que aún no está su abuela, contándole Conor que hay días en que se vuelve al hospital cuando él se duerme y duerme en una silla.

Su padre le dice que el hecho de que él no le caiga bien a su abuela no la convierte en mala persona, contándole Conor que dice de él que empieza todo y no acaba nada.

Le pregunta cuánto se va a quedar, respondiéndole que lo que pueda, pues tiene poco dinero y los americanos no tienen apenas vacaciones, recordándole Conor que él no es americano, respondiéndole que ahora vive allí, pero volverá cuando sea necesario.

Conor le pregunta a qué ha ido. Y luego en casa salta sobre el sofá con rabia hasta que suena el reloj de su abuela que marca las 6. Ese reloj que esta le dijo que marcaba desde los tiempos de su abuela la hora mejor que un ordenador o que el Telediario. Y él l lo adelanta hasta las 12:07, rompiendo al hacerlo la aguja de la hora.

Se le aparece de nuevo el monstruo que le dice que va a contarle la segunda historia sobre un hombre que solo pensaba en sí mismo y no fue generoso cuando debió serlo y recibió un castigo duro.

150 años atrás llegó el futuro. Las fábricas invadieron el paisaje y se talaron los árboles y el humo lo invadió todo, aunque aún quedaba algo de verde si se sabía dónde mirar.

En las afueras de la ciudad vivía un hombre testarudo que se negaba a cambiar. Un hombre que se ocupaba de los viejos usos de la medicina con hierbas y cortezas de árboles y pócimas de hierbas y hojas, siendo conocido como el boticario.

También vivía allí un párroco joven que buscaba lo mejor para sus feligreses y predicaba contra los viejos usos del boticario, y debido a ello ya nadie quería los remedios del boticario, lo que lo convirtió en un hombre amargado.

En las tierras que rodeaban la casa del párroco también vivía un tejo, el más importante de los árboles medicinales que puede curar.

El boticario quería talar el tejo del párroco, algo que este no le permitía.

El párroco tenía dos hijas que eran la alegría de sus días y habría hecho cualquier cosa por ellas, y estas cayeron gravemente enfermas y ni sus oraciones ni los médicos lograban curarlas, por lo que acabó recurriendo al boticario, preguntándole este por qué iba a hacerlo si había alejado a sus clientes y le había negado el tejo, la mejor fuente de curación existente, diciéndole el párroco que podría quedarse con el tejo y haría sermones a su favor.

Le preguntó el boticario si estaría dispuesto a renunciar a todo aquello en lo que creía, respondiéndole el párroco que renunciaría a todo para salvar a sus hijas, a lo que el boticario le respondió que entonces no podía hacer nada por él.

Al día siguiente murieron sus dos hijas.

Y esa noche el monstruo arrancó de sus cimientos la casa del párroco.

Conor le hace ver que el malo era el boticario, no el párroco.

El monstruo le dice que el boticario era avaricioso y maleducado, pero también curaba, mientras que el párroco era un hombre de fe que no tenía fe.

Le dice que su creencia en la cura es valiosa, pero debe tener cuidado en dónde la pone y en quién.

Le pregunta tras ello qué quiere que rompa, diciendo que la chimenea, luego las camas, los muebles, las ventanas… aunque entonces el monstruo le da la oportunidad de que las rompa él mismo, lanzándose con fuerza contra estas.

De vuelta a la realidad se da cuenta de que está también golpeando, pero no las ventanas de esa casa imaginaria, sino las cosas del salón de su abuela.

Cuando vuelve en sí ve todo destrozado a su alrededor, encontrándolo así su abuela cuando llega. Mira el destrozo con dolor, y especialmente el reloj de sus antepasados.

Con rabia ella misma lanza al suelo un mueble que no había tirado él y llora, aunque no le dice nada y se retira. La escucha llorar en el cuarto cerrado, mirando él por la cerradura.

Se duerme vestido y cuando despierta y se levanta encuentra a su padre en la cocina preparándole el desayuno, contándole este que su abuela lo llamó muy temprano esa mañana y se fue al hospital a ver a su madre que ha empeorado.

Conor le dice que tiene que verla, diciéndole su padre que deben esperar y a lo mejor podrá ir por la tarde.

Le dice a su padre que no quería hacer lo que hizo, y que no sabe lo que pasó y pregunta si no van a castigarle, respondiéndole su padre que de qué serviría.

Luego comienzan a recoger, viendo entre los restos las grabaciones de él con 5 años que le mandaba su madre cuando se separaron.

Le pregunta por qué se fue de casa, respondiéndole que eran jóvenes y tenían grandes sueños, por ejemplo su madre quería estudiar Bellas Artes, pero no lo hizo porque se quedó embarazada.

Su padre le asegura que su madre nunca se arrepintió de ello y que él fue lo mejor y que de lo único que se arrepentía su madre era de haberse casado con él.

Se querían, pero el amor no era suficiente y no los sacaba adelante. No fueron felices ni comieron perdices, diciéndole su padre que así es la vida y que la mayoría no se comen las perdices, pero que está contento de que haya salido a ella le dice al ver uno de sus dibujos.

En el hospital observa a su abuela desolada. Ve que sale un hombre trajeado que habla con ella.

Conor escucha discutir a sus padres, pues su madre dice que el colegio es muy importante y él dice que no pasa nada por faltar unos días.

Cuando su padre sale él le pregunta a su madre quién era el del traje y qué pasa, contándole que ha reaccionado mal al tratamiento, pero que probarán otra cosa.

Él le recuerda que creer es la mitad de la curación.

Ella le cuenta que el medicamento se hace con ese árbol del que ella siempre le habla.

Conor mira impaciente su reloj, pero ese día a las 12:07 no aparece el monstruo y sale a la calle y grita que donde está.

Aparece tras los árboles y le pregunta si puede curar a su mamá, señalando él que si su madre se puede curar el tejo la curará.

Le dice que aún no es el momento de la tercera historia y luego le contará la suya.

Conor vuelve a su pesadilla viendo cómo se le escapa la mano de su madre, aunque él dice que esa no es su verdad, que es solo una pesadilla, aunque el monstruo le dice que sin embargo es lo que pasará después de la tercera historia.

Antes de irse le dice que malgasta el poco tiempo que le queda, gritándole Conor que si es un árbol que cura él necesita que lo haga, señalando este que eso hará.

Su padre prepara su viaje aunque le dice que volverá pronto y que irá con él en Navidad, aunque él dice que no quiere dejar sola a su madre en Navidad, diciéndole su padre que probablemente no se pondrá buena, aunque él asegura que se curará y por eso acude el monstruo cada noche a las 12:07, aunque su padre le dice que es solo un sueño y que debe ser valiente.

Cuando su padre se marcha Conor comienza a recoger los restos de su destrozo y a sacarlos a la basura.

Por la noche escucha ruidos y baja al salón. Sorprende a su abuela viendo los videos que su madre le mandaba de cuando él tenía 5 años mientras hacían un dibujo juntos, diciéndole su madre que la vida está en los ojos y si capta eso será un artista de verdad.

Conor vuelve a dibujar, en casa, en el hospital y en su cama y espera inútilmente al monstruo, mientras su madre empeora.

Un día, mientras está en el comedor del colegio solo, se acerca a él Harry que le tira el zumo sobre el cuaderno, tras lo que le dice que ahora le ha comprendido. Piensa que lo único que quiere es que alguien le dé una paliza, aunque no quiere que cuente más con él, tendiéndole la mano y diciéndole que ahora es también invisible para él, tras lo que le desea que se mejore su madre.

Mientras lo ve marcharse, rabioso, aparece en el comedor de nuevo el monstruo al que le pregunta por qué ha tardado tanto, respondiéndole este que es el momento de la tercera historia.

Esta es la de un hombre invisible cansado de que no lo vieran porque la gente se había acostumbrado a no verle y no podía soportarlo, preguntándose si nadie lo veía si existía de verdad y lo que hizo fue llamar a un monstruo.

Lo que ha hecho él, al que el monstruo anima a dejar de ser invisible, corriendo hacia Harry seguido por el monstruo que lo va destrozando todo a su paso.

Tras el ataque a Harry debe comparecer ante la directora del colegio, no comprendiendo que enviara a Harry al hospital, diciéndole que los padres de este quieren denunciarle.

Conor dice que no fue él. Pero la realidad es que lo derribó y lo golpeó duramente mientras decía que no era invisible.

La directora le dice que el reglamento del colegio exige la expulsión inmediata, aunque con él no puede hacerlo, por lo que le pide que regrese a clase y le dice que hablarán de eso algún día, pero no ese, preguntando él si no van a castigarlo, preguntando ella también que de qué serviría.

Mientras regresa a clase todos le miran por el pasillo y luego en clase, a la que van a buscarlo.

Lo recibe su abuela en el hospital y le lleva hasta la habitación de su madre, aunque le pide que pase él solo, viendo que su madre está muy mal.

Conor le dice que últimamente todos quieren hablar con él.

Ella le cuenta que ha hablado con el médico y el tratamiento no funciona

Él no entiende que no funcione y asegura que tiene que funcionar, preguntándole luego cuál es el siguiente tratamiento, señalándole ella que ya no hay otro.

Él parece enfadado y su madre le dice que lo entiende, pues ella también lo está.

Le dice que si algún día recuerda eso y se siente mal por estar tan enfadado que ni siquiera le hablaba no debe sentirse mal porque ella sabe todo lo que quiere decirle aunque no lo explique con palabras y si tiene que romper cosas que las rompa y le dice que ojalá pudiera tener 100 años para dedicárselos.

Sale corriendo de allí y se acerca hasta el cementerio acercándose hasta el tejo pidiéndole que se despierte sea la hora que sea, y golpeándolo para conseguirlo mientras le echa en cara que le ha engañado.

Lo golpea pidiéndole que despierte y diciéndole que lo necesita ya, viendo cómo en efecto surge el monstruo que le dice que si sigue así se va a hacer daño.

Vuelve a echarle en cara que le dijo que su madre se curaría y que no es verdad y le pide que haga que se cure, recordándole que fue él quien lo llamó para curarla, aunque el monstruo le dice que no fue para curar a su madre, sino a él.

Él insiste gritando en que no necesita que le curen y luego llora y le pide ayuda, diciéndole el monstruo que es la hora de que le cuente la cuarta historia, su pesadilla.

Él se excusa diciéndole que tiene que irse con su madre, pero el monstruo le dice que su madre está allí, y la ve frente a la capilla que empieza a resquebrajarse.

Él le grita que corra, aunque ella dice que no hay de qué preocuparse. Pero la capilla se derrumba y al caer se hunde el suelo a su alrededor, quedando ella al borde de ese socavón, corriendo él para auxiliarla mientras se abre la tierra haciéndole caer.

Finalmente el trozo de tierra donde estaba su madre empieza a hundirse y él se lanza a ayudarla, cogiéndole la mano mientras cuelga y ella le pide que no la suelte.

Se acerca el monstruo que con sus zancadas hace que se resquebraje más la tierra, sujetándola sola con una mano mientras ella pide ayuda, diciéndole el monstruo que esa es la cuarta historia y la verdad de Conor O'Maley.

Su madre cae y él señala que ahí es cuando se despierta siempre.

Pero el monstruo le dice que la historia no ha acabado, diciéndole Conor que su madre cayó porque no podía sujetarla más.

El monstruo le dice que debe decir la verdad o se quedará allí para siempre, insistiendo en que le cuente su pesadilla, aunque él dice que decirlo lo matará, asegurándole el monstruo que lo que le matará es no decirlo.

Debe reconocer entonces que quería que todo se acabara y que por eso la dejó caer y la dejó morir, pues podría haber resistido un poco más, dejándose tras ello caer él mismo hacia ese abismo, aunque el monstruo lo salva y le dice que ha sido valiente.

Pero él no está feliz. Pregunta por qué no ha muerto, pues necesita que lo castigue, pues, le confiesa, siempre supo que no saldría adelante pese a que ella le decía que estaba mejor porque sabía que era lo que él quería oír.

Él la quería, pero no la creía y empezó a pensar en las ganas que tenía de que se acabara, pues le hacía sentir tan solo que no lo soportaba.

Dice que la soltó, que podría haber aguantado más, pero que siempre la suelta y ahora va a morir por su culpa.

El monstruo le dice que esa no es la verdad, que él solo deseaba que se acabara el dolor, lo cual es el deseo más humano. Quería y no quería.

Se pregunta cómo pueden ser las dos cosas verdad, diciéndole el monstruo que cómo puede ser verdad que un príncipe sea un asesino y a la vez sea amado por su pueblo, o cómo un boticario puede tener mal genio, pero ser recto en sus principios y cómo pueden sentirse los hombres invisibles más solos tras hacerse ver.

Le hace ver que los humanos son complicados que se creen mentiras piadosas pese a conocer la verdad dolorosa que hacen esas mentiras necesarias y que no es importante lo que se piensa, sino lo que se hace.

Tras ello, Conor está tan cansado que se queda dormido, prometiéndole el monstruo que lo acompañará esa noche para ver a su madre, y serán los últimos pasos que dé.

Conor se queda dormido bajo el tejo y se le hace de noche.

Le despiertan las luces de un coche, el de su abuela, aliviada al encontrarle tras haberle buscado por todas partes y que le dice que no les queda ya tiempo y deben irse.

Su abuela conduce hacia el hospital en medio de la lluvia a toda velocidad mientras llora, saltándose los semáforos y maldiciendo cuando un paso con barreras le impide seguir su camino.

En ese momento Conor le dice que siente lo del salón y todo, aunque ella le dice que no tiene importancia.

Su abuela le dice que no son la pareja perfecta, pero que tendrán que aprender a serlo, pues tienen algo en común, su madre, abrazándose mientras cruza el tren.

Llegan corriendo al hospital, donde ve ya muy mal a su madre, a la que le coge la mano, apareciendo entonces el monstruo que le dice que ese es el final de la historia.

Conor le dice que tiene miedo. Y el monstruo le dice que va a ser muy duro, pero que podrá con ello y que él estará allí y que solo falta que diga la verdad más simple de todas, empujándolo hacia su madre a la que le dice llorando que no quiere que se vaya, y abrazándola.

Mientras lo hace, Lizzy ve también cómo le sonríe el monstruo, que le cuenta a Conor que la cuarta historia acaba con el niño abrazado muy fuerte a su madre, y al hacerlo por fin puede dejarla ir.

El reloj, que marcaba las 12'06 cambia a las 12'07 y ella muere.

De regreso a casa de su abuela esta le entrega una llave y le dice que es la de su nuevo cuarto, que le ha estado preparando.

Entra en el que fue cuarto de su madre, lleno de fotos de ella, y sobre la mesa su cuaderno de dibujo.

En él dibujos simples de pájaros se mezclan con imágenes de Gulliver, King-Kong, y dibujos que representan las historias que le contó el monstruo, la del rey malvado pero adorado por su pueblo, la del boticario, y también un dibujo del propio monstruo, con una niña sobre sus hombros.

Calificación: 3