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Verónica

España (2017) *

Duración: 105 min.

Música: Chucky Namanera

Fotografía: Pablo Rosso

Guion: Fernando Navarro, Paco Plaza

Dirección: Paco Plaza

Intérpretes: Sandra Escacena (Verónica), Bruna González (Lucía), Claudia Placer (Irene), Iván Chavero (Antoñito), Ana Torrent (Ana), Consuelo Trujillo (Hermana Muerte), Ángela Fabián (Rosa), Carla Campra (Diana), Chema Adeva (Romero).

15 de junio de 1991. 01'35, Madrid

Una llamada a emergencias de la Comisaría 02-12 pone en marcha a las fuerzas del orden. Al otro lado del teléfono la voz desesperada de una chica dice que está allí, aunque no es capaz de explicar qué sucede.

Da su dirección, Gerardo Núñez, 8, enviando la policía a una patrulla.

Cuando los policías entran en la casa, la encuentran destrozada, y siguen un reguero de sangre.

Los policías informan que se trata de 4 hermanos y quedan dos arriba y se quedan paralizados al entrar en una de las habitaciones de las que salen gritos.

Jueves, 12 de junio de 1991. Tres días antes

Verónica se despierta con el canto del gallo y va a despertar a sus hermanas, las mellizas Irene y Lucía y a su hermano, el pequeño Antoñito, que se despierta empapado por el pis.

Mientras Irene se ducha ella pone la lavadora y pide a Lucía que ponga el desayuno.

Entra a la habitación de su madre para tratar de encontrar unos negativos que tienen que llevar sus hermanas al colegio para ver un eclipse, estando la madre durmiendo, aunque la oye y le dice que tuvo que cerrar a las dos por un cumpleaños y está agotada.

Salen tras ello los cuatro hermanos hacia el colegio.

Mientras en clase les hablan del eclipse su amiga Rosa le envía una bola de papel preguntándole por algo que ella señala que lleva en la mochila.

La profesora, monja, les explica que en las culturas primitivas pensaban que el eclipse era un buen momento para realizar cualquier tipo de sacrificios antes de hacerlas salir a la azotea para ver el eclipse.

Verónica y Rosa se retrasan y la segunda le dice que tienen que esperar a Diana, la repetidora, a la que le contó lo que iban a hacer y se apuntó, diciéndole que es una chica maja y además su novio se mató con la moto y cree que lo que van a hacer funciona mejor con impares, ante las objeciones de Verónica.

Aprovechando que tanto alumnas como profesoras están en la azotea y nadie las vigila van hasta el sótano del colegio.

Están nerviosas, advirtiendo Diana que el hecho de que estén muertos no significa que lo sepan todo.

Rosa dice que necesitan un objeto personal de la persona con la que se quiere contactar, habiendo llevado Verónica una foto de su padre, aunque Diana dice no haber llevado nada de Manolo.

Despliegan un tablero de ouija con la foto y colocan cada una de ellas su dedo índice sobre el vaso, tras lo que cierran los ojos para contactar antes, tras lo que preguntan si hay alguien allí con ellas, viendo cómo tras preguntarlo una segunda vez el vaso se mueve, preguntándole entonces quién es y si quiere hablar con alguna de ellas, volviendo a moverse, preguntando si es el padre de Verónica, cuya foto tienen, escribiendo veo, empezando entonces el vaso a moverse alocadamente, estando solo el dedo de Vero sobre él.

Vuelven a preguntar quién es, yendo el vaso hacia el sol del tablero, debiendo Rosa y Diana quitar sus dedos al notar que se queman, menos Vero, que mantiene el dedo sobre el vaso, que se mueve, preguntándole sus compañeras qué pasa, hasta que de pronto el vaso se rompe y cae una vela que deben apagar enseguida para evitar que el fuego se propague.

Diana y Rosa gritan y cuando consiguen encender la linterna ven que el tablero está roto y Vero está en el suelo y sin sentido, por lo que la primera va a buscar ayuda.

Rosa ve asustada que su amiga mueve los labios y parece querer decir algo, aunque no la entiende y de pronto se incorpora y grita, empezando las luces a encenderse y apagarse.

Cuando despierta en la enfermería del colegio la doctora le dice que se ha desmayado y que han intentado localizar a su madre, pero no lo consiguieron.

Le preguntan si se había desmayado antes y si había tomado algo, respondiendo que no, no teniendo tampoco la menstruación, que aún no ha tenido pese a tener 15 años.

Sus hermanas la esperan a la salida, diciéndoles Verónica que no pueden decirle a su madre que se ha cortado.

Van tras ello al bar de su madre donde recogen los tupper con la comida.

Ya en casa, saca de su mochila el tablero roto, que guarda encima del armario, aunque al salir escucha un golpe, por lo que regresa, viendo que la bosa está en el suelo, por lo que la vuelve a subir al armario, aunque al salir ve que cae de nuevo, por lo que la coloca debajo de la cama

Mientras comen, Verónica ve cómo su mano se mueve sin su voluntad y casi no puede llevarse el tenedor a la boca, viendo cómo se le cae la comida de esta, lo que asusta a sus hermanas, preguntándoles cuando vuelve en sí qué ha pasado, diciéndole sus hermanas que no se movía y vomitó, no pareciendo ser consciente de lo ocurrido.

Mientras lava su ropa observa que en el hombro tiene unas marcas como de arañazos, habiendo una llamada mientras está allí, diciéndole su hermana que era Rosa que llamaba para decir que no podía ir porque tenía que ir con su madre de compras.

Extrañada de que no le pidiera que se pusiera, su madre le dice que se fue con Diana.

Por la noche, mientras baña a su hermano escucha un fuerte golpe que cree hicieron sus hermanas, aunque el ruido viene de su cuarto y las mellizas están en el contrario.

Va a su habitación, observando que la luz parpadea, entonces su hermano, al que dejó en el baño grita y la puerta de su habitación se cierra de golpe sin que pueda abrirla, por lo que grita.

Cuando consigue salir mientras el niño grita, ve que sale mucho humo del baño y cuando saca al pequeño ve que está quemado, aunque asegura que no ha tocado el grifo.

Ella dice que no debería haberle puesto el agua tan caliente, aunque el niño le dice que no fue ella.

Tras cenas y mientras friega parece sentir atracción hacia un vaso y lo toca, viendo cómo al hacerlo se enciende la televisión donde hay un anuncio cuya canción cantaba antes Antonio en el baño.

Al acostarse saca la mochila de debajo de la cama y la mete en el armario, tras lo que se pone los cascos para escuchar música.

Enciende también la linterna y apunta al techo, adornado con la luna y estrellas.

Pero a pesar de los cascos se despierta por un golpe. Se abre la puerta del armario, que tiene un espejo.

Se levanta con la linterna y abre la otra puerta, viendo que están en el armario las dos mellizas asustadas, y cuando les pregunta qué hacen allí escucha una voz masculina que la llama, viendo que se trata de su padre desnudo que se va acercando hacia ella mientras repite su nombre una y otra vez, mientras otras manos la sujetan a la cama y le impiden moverse, viendo cómo se ahoga.

Despierta en ese momento angustiada y con sensación de ahogo.

Viernes, 13 de junio de 1991. 8'29

Se da entonces cuenta de que el niño está allí y le dice que se le ha escapado el pis.

Se da cuenta de que no ha sonado el despertador y se les ha hecho tarde, por lo que deben salir corriendo hacia el cole al que llegan justo antes del cierre de las puertas.

En clase mira a Rosa, pero esta parece ignorarla. La ve que como siempre preparara una bola de papel para comunicarse, pero esta vez no es para ella, sino para Diana.

Verónica pide permiso para ir al baño, aunque en vez de a este acude al desván donde estuvieron el día anterior y rescata la fotografía de su padre.

Escucha entonces cómo alguien le habla. Es una monja ciega que le cuenta que ella fue también profesora de lengua y literatura.

Verónica le cuenta que la llaman la Hermana Muerte, diciendo ella que lo sabe y le gusta, porque suena mejor que Sor Narcisa.

La monja le pregunta qué tiene en la mano, preguntando ella cómo sabe que tiene algo, dejándole la foto de su padre, diciéndole la religiosa que lo que han hecho allí es muy peligroso, defendiéndose Verónica diciendo que solo quería hablar con su padre, indicándole la monja de que no se trata de con quién quiere hablar, sino de con quién habla, tras lo que le dice que tiene que proteger a sus hermanos, preguntando de qué.

La Hermana Muerte se acerca entonces a la pared frente a ella y empieza a pedir que no se muevan, diciéndole Verónica que está ella sola, diciéndole la religiosa que no lo está, que alguien respondió a su llamada y ahora camina con ella.

De pronto comienza a hablar en otro idioma y luego, blandiendo su crucifijo, pide a las sombras en nombre de Jesucristo se separen de ese cuerpo que no es el suyo, lanzando el humo de su cigarro sobre ella y oliéndola.

Suena entonces el timbre y mientras se marcha le dice que corra a ver si se libra.

Al salir, ve en la calla a Rosa y a Diana hablando con un chico que va en moto y cuando le pregunta a Rosa quién era le dice que Felipe, un compañero de F.P. de su primo.

Verónica le pregunta si está enfadada con ella, diciéndole ella que no, y le pregunta si ella también notó algo con la ouija.

Diana le pregunta entonces si va a ir, enterándose en ese momento de que los padres de Rosa se van ese fin de semana y harán una fiesta en su casa.

Se muestra extrañada de que no se lo hubiera dicho antes a ella, y aunque Rosa le dice que se pase si puede, ya Diana le dice que no se lo dijo porque no creen que pueda ir, pues tendrá que cuidar de sus hermanos.

De regreso a su casa lee una revista de ocultismo. De ella copia una figura que cuelga luego en la habitación de sus hermanas a las que les dice que es un trabajo que hicieron en clase, recordando que la monja le dijo que tendría que cuidar de sus hermanos.

Llama entonces la vecina de abajo para preguntar si están bailando, pues parece que se le va a caer el techo encima y que no paran de moverse las lámparas, habiéndole salido un manchurrón justo debajo de la habitación de Vero, por lo que le pregunta si tienen alguna fuga de agua.

Se distrae observando a la vecina de enfrente mientras tiende y se le cae la sábana al patio, escuchando entonces cómo suena el walkie-talkie de sus hermanas y les dice que deberían estar dormidas, pero una voz baja le dice por el aparato que las ayude y no deje que les haga daño, pues fue ella quien los llamó.

Ve entonces luces de colores en la habitación de sus hermanas al encenderse el Simón, viendo cómo se le acerca una figura humana.

Sale corriendo hacia la habitación donde duermen sus hermanos, pero ve que están dormidas no habiendo ningún problema, pero cuando se va a marchar empieza a sonar de nuevo el Simón y a encenderse sus luces. Reflejándose sombras humanas en las paredes, viendo cómo de pronto arde el dibujo que colgó, por lo que grita llamando a sus hermanas, sin poder moverse, viendo cómo una mano aprieta el cuello de su hermana, aunque cuando esta se despierta, ve que es Verónica la que le aprieta.

Les dice que hay alguien que no pueden ver y les pide que lleven sus colchones al salón y que dormirán allí juntos.

Lucía le pregunta por qué la estaba ahogando, diciendo ella que no la estaba ahogando, sino protegiendo, y mientras sus hermanos duermen ella ve la tele. Vigilante.

Se queda dormida hasta que la despierta un ruido, viendo una sombra tras los cristales de la puerta del salón, por lo que tras poner su abrebotellas como si fuera una cruz y la coloca por delante, aunque cuando la puerta se abre ve que se trata de su madre que regresa de trabajar y se asusta al ver los colchones en el salón, diciéndole las pequeñas que entró un espíritu en su casa.

Le pide que no meta ideas raras en la cabeza a sus hermanas, pues les cuesta luego dormir, diciéndole ella que no sabe si les cuesta o no, pues nunca está allí para verlo.

Debe contarle que entró en contacto con un espíritu jugando a la ouija porque quería entrar en contacto con su padre, diciéndole su madre que necesita que crezca, pues cuenta con ella, ya que está sola, diciéndole Verónica que ella sí está sola.

La despiertan sus hermanas al día siguiente diciéndole que tienen hambre y de pronto empiezan a morderla y a comer sus brazos mientras ella grita, apretando su hermano el cuello, mientras grita y pide ayuda a su madre inútilmente.

Se despierta asustada y jadeando

Sábado 14 de junio de 1991. 10'40

Se da cuenta de que tiene el pantalón manchado de sangre por la menstruación y que también se manchó la cama, por lo que trata de limpiar, inútilmente el colchón, al que decide dar la vuelta, viendo que tiene una extraña mancha debajo.

Ve que Antoñito tiene un cuento al lado y le pregunta qué hace con el libro, pues no sabe leer, a lo que el niño le responde que se lo lee su padre, que volvió esa noche para hacerlo y que le dijo que le iba a llevar donde está él.

Verónica le pide que si vuelve se tape los oídos y no le escuche y grite fuerte su nombre.

Levanta tras ello el colchón del niño, viendo que tiene una especie de mancha de humedad que parece un hombre, levantando también los colchones de sus hermanas, que ve también tienen manchas.

Lleva a sus hermanos al bar, aun cerrado y deja allí a sus hermanos, diciéndole que tiene que ir a casa de Rosa, aunque en realidad va al colegio para hablar con Sor Narcisa, a la que le dice que está loca, preguntando la monja por qué ha vuelto entonces, respondiendo ella que porque es capaz de ver las sombras, como ella.

La monja le dice que hace mucho que intentó dejar de verlas y se sacó los ojos ella misma, dándose cuenta demasiado tarde que no se necesitan los ojos para ver.

Verónica le dice que está asustada pues las sombras no tienen miedo a las cruces y los amuletos no funcionan, diciéndole la monja que la cruz no tiene nada que ver y que no meta a Dios en eso, que tendrá que hacerle irse por la misma puerta que ella abrió y luego tendrá que destruirla haciendo bien lo que se hizo mal, destruyendo la puerta, no la ouija.

Vuelve a decirle que la respuesta está en los libros y que hay que hacer bien lo que se hizo mal.

Vuelve por ello a leer la revista en que se inspiró, pero justo la hoja donde explica cómo debe cerrarse la sesión se quemó y no puede leerla, por lo que compra en el quiosco de nuevo la revista con el tablero, y lee la parte donde explican que deben despedirse de la sesión iniciada, pues aquello de lo que no te despides se queda contigo y si no acaba con éxito debe intentarlo nuevamente en otra ocasión.

Visita luego a Rosa, que está en medio de fiesta llevando el tablero y explicándole que deben volver a hacer la sesión para despedirse, aunque su amiga le dice que eso son tonterías, insistiendo ella en ir a su cuarto y volver a hacerlo, llamando a Diana a gritos para que vaya con ellas también, encontrándola con un chico, pese a lo cual le pide volver a hacerlo, debiendo ante su estado y su insistencia casi violenta, ser sacada de la casa por varios chicos.

Una vez fuera, Rosa le dice que el día anterior le dijo al oído que iba a morir ese día, y por eso se asustó, observando además que tienen mordeduras en las manos, aunque entonces sale un chico de la fiesta y vuelve a meterla en la casa.

Verónica regresa a su casa, teniendo la impresión de que la gente anda al revés.

Vuelve al bar, ahora lleno de gente ya que está viendo el fútbol, pidiéndole su madre que se lleve a los niños, aunque ella le pide que cierre el bar y se vayan juntos a algún sitio, pues cuando ella está, los espíritus no van.

Su madre le dice que no puede cerrar, pero le propone a cambio ir al Retiro a comer al día siguiente.

Obsesionada con lo que le dijo la monja de hacer bien lo que se hizo mal saca el tablero partido y lo vuelve a juntar, diciéndoles luego a sus hermanas que van a jugar a un juego mientras le pide a Antoñito que pinte en las paredes del pasillo el amuleto vikingo de protección que venía en la revista de parapsicología.

Sábado 14 de junio de 1991. 23'45

Con el tablero recompuesto y las paredes de la casa llenas de los dibujos de protección de los vikingos, se disponen a jugar.

Pero Antoñito, cansado ya de dibujar lo mismo decide cambiar de página y pinta el símbolo de invocación de los seres malignos

Las niñas preparan las velas como les dijo su hermana, viendo Antonio que se cae el crucifijo de la pared, que recoge y juega con él.

Es noche de relámpagos cuando Verónica y sus hermanas se disponen a jugar a la ouija poniendo sus dedos sobre el vaso, tras lo que pregunta si hay alguien con ellas, aunque sus hermanas no parecen tomárselo muy en serio, hasta que hay una ráfaga de aire, por lo que pregunta si está con ellas, apareciendo que sí.

Verónica dice tras ello que se han reunido para despedirlo, aunque responde que no, repitiendo ellas que se lo ordenan, y le piden que se vaya, pues no es su casa.

En la revista pone que para despedir la sesión deben entonar una canción suave, ocurriéndoseles cantar juntas la canción del anuncio de Centella, escuchando entonces ruidos y rechinar de puertas, aunque siguen cantando pese a estar asustadas.

Observan también cómo se mueven algunas cosas y huele mal, insistiendo Verónica en que no paren pese a los ruidos, siendo los ruidos cada vez más fuertes hasta que se abre la puerta y apagan las velas, volviendo a romperse el tablero mientras el vaso sale rodando.

Verónica sigue el vaso hasta la habitación golpeando insistentemente la puerta, que al llegar ella se abre, siguiendo el vaso rodando hasta la habitación.

Una vez en esta, Verónica coge su linterna y enfoca el colchón manchado y cuando acerca su mano sale otra del colchón que la agarra e intenta salir de este.

Sale corriendo mientras todas las bombillas estallan y vuelve con sus hermanas, decidiendo llamar a la policía para decirles que ha entrado, aunque no responde cuando le preguntan quién.

Ve cómo el niño se aleja y una mano lo atrapa, gritando Verónica al teléfono que está en el baño, hasta donde sale corriendo para proteger a su hermano, viendo cómo la ventana del baño estalla, cayendo tras ello como sin sentido.

Con la boca sangrando por el golpe ve que el niño está en la bañera bien y sale para ayudar a las niñas, a las que les pide que salgan a la calle con ella.

En el bar los clientes escuchan las sirenas policiales, asustándose también Ana.

Las chicas bajan corriendo por la escalera y salen, pero le gritan a Verónica que dónde está Antoñito, y ella que creía que lo llevaba en brazos ve que no lleva nada en estos.

Domingo 1 de junio de 1991. 1'50

Ana sale corriendo bajo la lluvia presintiendo algo, viendo a la policía a la puerta de su casa y preguntándole a las gemelas qué ocurrió y dónde está Vero.

Esta, de nuevo en casa ve cómo todo se cae.

Regresa al baño donde está Antoñito, aunque al tratar de recogerlo ve que una sombra lo agarra y la golpea a ella enviándola contra el espejo, que rompe.

Con un trozo de este a modo de cuchillo en la mano avanza, siendo seguida por un ser terrorífico hasta su habitación.

Encuentra al niño en el armario con los oídos tapados como le dijo ella y llamándola.

Ella teme haber sido ella quien haga hecho daño a sus hermanos por todo lo que leyó y piensa que no es su padre, sino ella, viéndose a sí misma desdoblada, por lo que para no seguir haciéndoles daño se corta el cuello y grita mientras ve que la extraña mano se acerca a su boca y se introduce en ella.

Los policías, que llegan en ese momento, se quedan parados al ver a la muchacha casi levitando hasta caer.

Uno de los policías recoge al niño mientras otro llama a los sanitarios para atender a la muchacha.

Mientras tanto, abajo, las niñas lloran asustadas y la madre corre al ver a los sanitarios llevándose a su hija.

El inspector a cargo de la investigación recoge un marco con una foto de Vero del suelo y este parece quemarle, por lo que debe soltarlo, mientras ve que arde.

Domingo 15 de junio de 1991. 02'00

Se encienden las luces entonces y todo parece normal en la casa menos el retrato de la muchacha cuya cara va desapareciendo mientras por radio comunican al inspector que la niña acaba de morir.

Esa misma noche, en su despacho, el inspector se dispone a redactar su informe.

El 15 de junio de 1991 el inspector José Ramón Romero acudió al domicilio situado en la calle Gerardo Núñez, 8 de Madrid, respondiendo a una llamada al servicio de emergencia.

En su declaración, los familiares de la niña explicaron que a partir de haber asistido a una sesión de ouija, la joven había empezado a tener extraños síntomas, habiendo tenido lugar en su domicilio fenómenos paranormales.

Dos de los agentes que inspeccionaron el inmueble tuvieron que abandonarlo súbitamente tras sufrir fuertes náuseas, mareos, temblores y pérdida de visión y permanecieron dos semanas ausentes del servicio, solicitando el inspector Romero al mes siguiente su traslado a otro distrito.

En su informe testificaba la existencia de fenómenos inexplicables, siendo el único informe policial en España donde un oficial certifica haber sido testigo de actividad paranormal.

Calificación: 3