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Viajo sola
Viajo sola

Viaggio sola (2013) * Italia

Duración: 79 min.

Música: Gabriele Roberto

Fotografía: Arnaldo Catinari

Guión: Maria Sole Tognazzi, Ivan Cotroneo y Francesca Marciano

Dirección: Maria Sole Tognazzi

Intérpretes: Margherita Buy (Irene), Stefano Accorsi (Andrea), Fabrizia Sacchi (Silvia), Gian Marco Tognazzi (Tommaso), Alessia Barela (Fabiana), Lesley Manville (Kate), Fausto Maria Sciarappa (Fabrizio), Henry Arnold (Director), Bruno Wolkowitch (Huesped del hotel en Marrakech), Diletta Gradia (Claudia), Carolina Signore (Eleonora).

Al llegar a su habitación del Hotel Crillon de París, una mujer, Irene, se coloca unos guantes blancos con los que repasa todos los muebles para ver si hay polvo, observando papeleras, deshaciendo la cama u oliendo los albornoces, antes de descubrir una zapatilla bajo la cama.

Cuando se marcha un mozo la acompaña con su paraguas hasta un taxi, observando cómo lo cierra tras subirse, por lo que su maleta se moja.

Un momento después el taxi da marcha atrás y ella vuelve a entrar en el hotel entregando al recepcionista una tarjeta, llamando este al director para decirle que tiene allí al cliente misterioso.

Regresa tras el viaje a su casa de Roma donde solo dispone de comida congelada.

Al día siguiente acude a la oficina y entrega su informe del viaje a París, sin pararse a hablar con su jefe porque afirma tener mucha prisa tras dos semanas fuera pese a que su jefe insiste en que espere a que termine su videoconferencia, observando la secretaria que la nota que le ha puesto al hotel es bastante baja, asegurándole ella que para los precios que cobran fue benévola.

Andrea, propietario de una tienda de comida ecológica, amigo de Irene, recibe a una bella clienta disgustada porque el queso que le enviaron estaba en mal estado, pidiéndole él disculpas y ofreciéndose a entregarle un pedido gratis por las molestias.

Mientras lleva la ropa al tinte, Irene recibe la llamada de su jefe, que le explica que ha tenido varias bajas de compañeras, una debido a su embarazo y la otra porque se casa, quedando solo ella como inspectora, por lo que deberá asumir el trabajo de sus compañeras, aunque se lo compensará subiéndole el sueldo, afirmando ella que es su inspectora de hoteles ideal porque no tiene vida social.

Irene pasa la tarde con Andrea al que le ve preparar una gran cena, y al que le plantea la posibilidad de instalarse con él a su regreso de sus viajes, a lo que él se niega, marchándose de casa de su amigo cuando llaman al portero automático, observando desde la escalera a la mujer que va a cenar con Andrea, a la que conoció en su tienda.

Su siguiente viaje la lleva hasta el Gstaad Palace, en Gstaad, donde recuerda que el trabajo del inspector de incógnito comienza nada más entrar en el hotel, observando cómo actúa el recepcionista y controlando si el tiempo de espera es inferior a dos minutos y si el personal lleva limpio y planchado su uniforme, o si utilizan fragancias distintivas en el hall y en las habitaciones, comprobando si le explican bien el funcionamiento de luces y aire acondicionado, estando al tanto del trabajo de todos los empleados y controlando el tiempo que tardan en atenderla en su desayuno.

A su regreso acude a un concierto con sus dos sobrinas, aunque llegan tarde y no les permiten la entrada, perdiéndose por ello las actuaciones de su padre, al que ven a la salida, yendo a cenar con él y con su madre, la hermana de Irene, cuyo coche se llevó la grúa, por lo que antes de ir a cenar deben pasar a recoger el coche en el depósito.

En San Casciano dei Bagni acude al Fonteverde Tuscan Resort & Spa.

Allí observa a una joven pareja dispuesta para usar el spa, escuchando a la chica que le pregunta a su novio si cogió dinero, debiendo ser ella quien les explique que el spa es gratuito para todos los clientes del hotel, y no un camarero que está junto a ellos.

En el hotel disfruta de la piscina, observando cómo el encargado de las toallas pasa de largo de la pareja de jóvenes debido a que ella lleva un pareo, algo de poca clase.

Pide la cena en su habitación y mientras cronometra el periodo de espera llega su amigo Andrea, que habla con ella de sus preocupaciones, pues su novia, la chica que conoció gracias a su tienda lo está presionando porque quiere tener un hijo con él, asegurándole que lo tendrá de todos modos y que no le exigirá nada.

Mientras hablan les suben la cena, anotando que el camarero no le sirvió una copa de vino, que observa que está dos grados más alto de lo que debería estando la sopa sin embargo a menos de 40 grados.

Se acuestan tras ellos en la misma cama, aunque mientras él ve la televisión ella escribe su informe en el ordenador.

A la mañana siguiente mientras desayunan, Andrea le dice que su novia se llama Fabiana y que posee un local que es cafetería, librería y galería de fotos.

Él le pregunta si cuando estaban juntos ella habría deseado tener un hijo, a lo que ella le responde negativamente, recordando él que de haberlo tenido tendría ya 15 años.

Cuando Andrea se va, un camarero le pide disculpas por el retraso, explicándole que están un poco revolucionados porque al parecer hay un cliente misterioso en el hotel, un inspector, que, le asegura es un hombre que está fumando un puro tras ella y al que otro camarero colma de atenciones, mientras que a la pareja de jóvenes no les hacen apenas caso ni les sonríen ni atienden adecuadamente.

Y es por ello que cuando habla con el director del hotel le expone el caso de la joven pareja, informándole que ha bajado su calificación de forma notable por no tratar con igual diligencia a todos los clientes aunque estos no sean tan chics.

Mientras pela espinacas con su hermana Silvia, esta le dice que Tommaso, su marido está obsesionado con un juego en Internet sobre una granja en la que cultivan y cuidan de animales, pudiendo hacerse trueques, aunque ella no le ve el sentido.

Silvia le dice que se siente preocupada por ella, ya que debe pasarse la vida tratando de fingir que es rica aunque es solo una trabajadora especializada, y no tiene hijos ni marido, preocupándole su futuro, y quién se ocupará de ella cuando sea mayor, a lo que Irene le responde que la cuidará ella, o sus hijas si ella no está, a lo que Silvia le dice que debe implicarse más con sus hijas si espera algo de ellas, a lo que Irene le dice que ella vive muy bien viajando constantemente y viviendo en hoteles de lujo, y que de quien debe preocuparse es del cretino de su marido y de su granja.

Unos días después despierta en la cama del Palais Namaskar en Marrakech.

Y mientras ella visita la ciudad, en Roma, Andrea acude con Fabiana a ver la primera ecografía de su bebé, diciéndole a ella que le avise para la siguiente revisión, a lo que ella le dice que no es necesario que vaya, aunque él insiste en hacerlo.

Y mientras ella disfruta del fabuloso hotel árabe su cuñado se impaciente porque no llega para la cena, descubriendo al llamarla que no está operativa y no les ha avisado.

Ella en Marrakech acude a una representación de una danza árabe típica, entablando amistad con otro cliente del hotel que le pregunta por su ocupación, diciendo ella que trabaja en la industria de las baldosas, comprando a los mayoristas y vendiéndoselas a una empresa italiana especializada en restauración.

Él le dice entonces que está reformando su casa y ella podría ayudarle con las baldosas de su patio, ante lo que debe improvisar y decirle que le recomienda la terracota y que evite los colores vivos que se estropean con el sol, para luego decir lo contrario, señalando que la porosidad de la terracota está sobrevalorada.

Él le dice que no cree lo de las baldosas y le pregunta si no será una espía, diciéndole ella que es una especie de espía.

Tras las copas vuelven al hotel, yendo cada uno a su habitación, pues él le asegura que aunque es preciosa, él es casado.

Termina su informe en que debe valorar si el hotel está más pensado para personas mayores o para jóvenes, y si está pensado para la familia o para personas solas.

Cuando vuelve a ver a Andrea le propone que al finalizar el verano se vaya con ella a Brasil aprovechando que tiene ya 300.000 millas, aunque él le dice que para entonces nacerá el bebé y no podrá ir.

Y tras investigar por Internet a Fabiana, se presenta un día en su tienda para conocerla, aunque sin presentarse.

Finalmente contrata una suite con dos habitaciones contiguas en el hotel Borgo Egnazia, de Savelletri di Fasano, adonde acude con sus sobrinas, diciéndoles que deben hacerse pasar por su madre ya que están en misión secreta, visitando con ellas la región y disfrutan con el cochecito del golf, pero por la noche se enfada mucho con ellas al ver su mala educación, tras meter todas las toallas y albornoces en la bañera.

Solos en su casa, Silvia y Tommaso se acuestan, mostrándose ella preocupada porque nunca hacen ya el amor, pidiéndole que le diga si es algo temporal o permanente, aunque él le dice que no lo echa de menos.

Ella le cuenta que a menudo tiene sueños eróticos con personas con las que en la vida real no se acostaría, como el contable del propio Tommaso, preguntándole tras ello con quién sueña él, contándole que con una flautista gorda de su orquesta

Ambos se ríen, pero tras ello Silvia concluye diciendo que deben hablar con alguien.

Unos días después Tommaso la abraza y le pregunta preocupado si lo va a dejar.

Entretanto, en el hotel su sobrina pequeña llora echando de menos a su madre, ante lo que Irene debe disculparse por haberles levantado la voz.

Regresan al día siguiente, corriendo la niña a abrazar a su madre al verla.

Irene acude por su parte con Andrea a ver un piso al que desea cambiarse porque podrá estar así más cerca de Fabiana cuando nazca el niño, poniéndole ella pegas a todo, diciendo que en el baño hay una bañera que él no va a usar, que la cocina es diminuta para él, que cocina tanto, que la habitación principal tiene unas vistas horribles y la otra habitación es muy pequeña.

Acompaña después a su hermana a comprarse ropa, y cuando se prueba uno de los vestidos que eligió le dice que así no es ella, proponiéndole que se compre otro.

De regreso a casa Silvia le pregunta qué quería decir con que con el otro vestido no era ella, pensando en que la llama aburrida, tras lo que le echa en cara que sus su trabajo, sus viajes, sus compromisos son siempre lo más importantes, y no entiende cómo sin tener familia ni hijos nunca tenga tiempo, a lo que Irene le responde que ella tiene tiempo para todo, pero siempre está juzgando a los demás.

Le responde que si por tener marido e hijas debe vestir como una monja a lo que Irene le dice antes de bajar del coche que el vestido le quedaba fatal, pero que si va a estar más contenta, que se lo compre. Y mientras Silvia la ve alejarse la llama estúpida.

Al día siguiente Irene llega al hotel Hotel Adlon Kempinski en Berlín, donde ocupará la suite presidencial, valorando si le atienden adecuadamente aunque sin excederse y atendiendo todas sus exigencias.

En el baño turco coincide con otra mujer algo mayor, y al ver que se asoma un hombre pero no llega a entrar ella le dice que los hombres se acobardan si ven a más de una mujer mayor que dice llamarse Kate y con la que entabla conversación, observando al salir del baño, y cuando se viste, que la mujer, pese a su edad viste ropa moderna.

Le explica que es antropóloga y que esa tarde presenta un libro sobre sexualidad.

Le pregunta por qué cree que todas las mujeres operadas se parecen, ante lo que ella le responde que porque la mayoría de los cirujanos son hombres, diciéndole Kate que ella cree que reflejan en sus pacientes lo que ellos consideran su ideal de belleza.

Luego en el bar Kate le dice que se sentía agobiada por su mayordomo personal y le dio 100 Euros para que la dejara, asegurándole que toda esa opulencia refleja algo que no es real, y que el verdadero lujo es una vida llena de imperfecciones, ante lo que Irene se lamenta de pasar la mayor parte de su tiempo en hoteles de lujo en que debe aparentar lo que no es.

Kate le pide que la acompañe al día siguiente a un pequeño restaurante en el barrio turco antiguo.

Por la noche ve en la televisión la charla de Kate sobre sexo, en que defiende que a la mayoría de las personas les agrada que el sexo vaya acompañado de algo de afecto y de intimidad, dejándole una nota por debajo de la puerta en la que le dice que tiene razón y que intimidad es una bella palabra.

Al día siguiente espera a Kate en la recepción, y, como se retrasa le pregunta al recepcionista, informándole el director del hotel que Kate falleció debido a un infarto a las 3 de la madrugada.

De pronto Irene se siente sola, y mientras prepara la maleta llama a Silvia para pedirle que la recoja en el aeropuerto, pues necesita verla, respondiéndole su hermana que no puede ir porque está muy atareada.

Pasea sola por las calles de Berlín y come en una pequeña terraza antes de regresar, acudiendo Andrea al aeropuerto para recogerla.

Ya en casa de este le cuenta lo afectada que está por esa muerte, ya que tuvieron que avisar a su ex marido pese a que hacía 15 años que se habían separado porque no había otra persona que pudiera legalmente hacerse cargo de su cuerpo, pensando que la situación de esa mujer es similar a la suya, que también está sola, y que hasta ese momento se sentía feliz con esa vida que le permitía sentirse libre, pero que ahora piensa que no es cierto, teniendo miedo de perderlo a él y que cuando nazca el niño deje de verla, pidiendo que no la deje nunca, tras lo que se besan y hacen el amor.

Se despierta a la maña siguiente junto a él, aunque ambos parecen nerviosos.

Regresa tras ello a su casa, donde sus plantas están secas, recordando parte del cuestionario que utiliza para sus encuestas, el referido a si el ambiente es cómodo y acogedor y de si en el hotel se siente como en casa.

Vuelve a casa de Andrea al que le dice que lo ocurrido la noche anterior fue un error, no haciéndole caso cuando él trata de aplazar la conversación para otro momento, viendo entonces que el motivo es que está Fabiana en casa, que se marcha diciéndole que lo verá en otro momento.

Irene sale tras ella y la aborda en la calle, subiendo a su coche y contándole que Andrea y ella estuvieron juntos en el pasado, pero que nunca les fue bien y que no hay nada importante entre ellos y que Andrea está muy emocionado con el bebé y le dice que aunque se acostaron la noche anterior, tanto Andrea como ella, lamentan haberlo hecho pues eso no significa nada para ellos, consiguiendo que al final de su charla Fabiana la abrace emocionada.

Silvia permanece junto a la puerta de su casa debido a que se le olvidaron las llaves, como en otras ocasiones, cuando llega un mensajero para llevarle un paquete, descubriendo al abrirlo que se trata del vestido que se probó el día en que fue con su hermana de compras y por el que acabaron discutiendo.

Irene recibe la llamada de su hermana mientras espera para embarcar para otro viaje, diciéndole esta que lamenta haber discutido con ella e invitándola a comer, aunque le dice que no puede hacerlo, pues va a salir de viaje, diciéndole que esta vez va a Tanzania, aunque no lo hace por trabajo, sino para enseñar en una escuela, pues quiere dar un cambio radical a su vida.

Reconoce entonces que es todo una broma y que se va de vacaciones aprovechando sus millas, y que la llamará a su regreso.

Mientras va a embarcar recuerda parte de su cuestionario. Cuando le piden que evalúe su experiencia, y si estuvo a la altura de sus expectativas aunque en algún momento se sintiera sola, debiendo tener en cuenta que el bienestar y la felicidad son conceptos estrictamente personales, y que para algunos la sensación de libertad es un elemento esencial de esta experiencia, aunque cada uno debe seguir sus instintos.

Finalmente podrá disfrutar de un lujoso hotel, el The Puli Hotel & Spa, de Shanghai y de la ciudad y sus gentes sin tener que pensar en el trabajo.

Calificación: 3