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Zama

España / Argentina / Brasil (2017) *

Duración: 115 min.

Fotografía: Rui Poças

Guion: Lucrecia Martel (Novela: Antonio Di Benedetto)

Dirección: Lucrecia Martel

Intérpretes: Daniel Giménez Cacho (Diego de Zama), Lola Dueñas (Luciana Piñares de Luenga), Matheus Nachtergaele (Vicuña Porto / "Gaspar Toledo"), Juan Minujín (Ventura Prieto), Nahuel Cano (Fernández), Daniel Veronese (Gobernador), Rafael Spregelburd (Capitán Hipólito Parrilla), Mariana Nunes (Malemba), Carlos Defeo (El Oriental)

Diego de Zama camina por la playa mientras observa a lo lejos a un grupo de niños que juegan, ocultándose más tarde para observar a un grupo de nativas desnudas mientras se embadurnan de barro y hablan en su idioma nativo, aunque ellas le descubren y lo llaman mirón, persiguiéndolo una de las mujeres la que él abofetea.

Zama es letrado y trabaja cerca de la frontera entre Paraguay y Argentina a finales del Siglo XVIII, mientras espera que le releven y poder regresar a Argentina, donde viven su mujer y sus hijos, auxiliado por Ventura Prieto.

Zama reflexiona sobre unos peces que se pasan la vida luchando para que el agua no les expulse de la misma. Están tan apegados al elemento que les repele y emplean todas sus energías en la conquista de la permanencia.

Diego está preocupado porque no tiene noticas de su mujer desde hace 14 meses, aunque el gobernador le anima y le dice que no falta mucho para que pueda volver.

Un amigo, Indalecio le pide que hable con el ministro de Hacienda en favor suyo, pues necesitan poner el cargamento de brandy del Oriental en el puerto, contándole que este, el Oriental, hizo una fortuna en Montevideo y desea extender el negocio río arriba, prometiendo él hacer las gestiones necesarias, pues, asegura, todos están dispuestos a negociar pues hace un año que no llegan pagas.

Indalecio le trae noticias de su mujer y le dice que está sacrificándose y se ocupa de sus hijos.

Cuando llega a la posada de Domingo Gallegos, donde vive, va cómo huye un hombre desnudo, y encuentra a Rita, una de las hijas del posadero desnuda, preguntándole Zama si está bien, aprovechando mientras la ayuda a vestirse para tocarla.

Él les asegura a las tres hermanas que no les ocurrirá nada.

Cuando regresa a su cuarto oye ruidos y busca su dinero, viendo que no le falta nada, temiendo que le fueran a robar, asegurándole el posadero que es el espíritu del Niño muerto y luego le dice que teme por sus hijas, pues le dijeron que Vicuña Porto y sus hombres entran en las casa y violan a las mujeres, y aunque él los espantara ese día, el hombre teme que regresen al día siguiente aunque Zama le asegura que Vicuña Porto fue ajusticiado.

Rita les cuenta a sus hermanas que su visitante le dijo que regresaría al día siguiente.

Acude a una fiesta de la alta sociedad local, a la que también va Ventura Prieto, que se burla de él por el suceso de la posada, diciendo que la hija del posadero contó en el mercado que Don Diego se enfrentó a Vicuña Porto.

Le cuenta también que el Oriental puede tener cólera, aunque él no le da importancia.

También acude a la fiesta Luciana Piñares, la mujer del ministro de hacienda, a la que Diego ve en las cuadras acariciando un caballo, sintiéndose atraído por ella.

Al día siguiente va con su amigo el Oriental a ver al médico Palos, pero lo encuentra muy mal, viendo cómo en la casa se realiza un extraño ritual por mujeres nativas.

Acude con el enfermo pese a todo a casa de Honorio Piñares, para tratar de los asuntos de su amigo, aunque como no está el ministro hablan con Luciana, su esposa, a la que el Oriental le habla de su licor, aunque Luciana parece más interesada en que le hable de la vida social de Buenos Aires.

Diego le dice que probablemente le trasladarán a Lerma

El Oriental debe retirarse al sentirse muy mal, diciéndole Luciana que estará encantada de poder interceder por su amigo en los negocios y le pide que en cuanto su amigo esté bien vuelva a visitarla y le asegura que escribirá a su esposo para ponerle al tanto.

Ella le cuenta que no recuerda ya nada de Europa y que el matrimonio la obligó a olvidar.

Diego siente unos impulsos irrefrenables hacia ella, pero Luciana le dice que no deben ser imprudentes, ya que hay varias personas del servicio observándolos.

Ventura le dice que el gobernador le envía como asistente suyo para un asunto en el que tiene intereses, pues quiere cuidar su puesto, atendiendo a una familia que señalan que fueron de los que lucharon con los indios y ahora desean que les otorguen 40 indios para trabajar en sus tierras, comprometiendo Zama la palabra del gobernador en elevar sus peticiones al rey, algo que Ventura le reprocha, pues no cree que los antiguos méritos deban hacerse valer, algo que parece reprocharle a él mismo, que se enfada con él, burlándose tras ello de él y de su supuesta pelea en la posada contra Vicuña Porto, por lo que acaban peleándose.

En la posada Rita le cura las heridas, viendo que ella está también herida, y le cuenta que el responsable es el oficial Bermúdez, dándole las gracias por haberla vengado, aunque Zama le aclara que no ha matado a nadie, pidiéndole la muchacha que la vengue él, pues no quiere que su padre se bata en duelo, y pidiéndole que lo haga él, que no tiene nada que perder, aunque se niega a ello diciéndole que si tiene qué perder, pues tiene esposa e hijos y es asesor letrado de la Corona.

Entretanto muere el Oriental y sus negocios permanecen retenidos en la aduana, pagándose los gastos funerarios con la venta de dos de sus barricas.

Va a ver a Luciana para hablarle del suceso, aunque a ella lo que parece importarle más es que podrán preparar un gran velorio que les llevará unos días, aclarándole Zama que no lo habrá, pues el Oriental era muy austero.

Luciana le pide que arregle los papeles para que su criada Malemba pueda casarse, asegurándole a Diego que eso merece un beso, pero no en ese instante.

Recibe una llamada del gobernador para avisarle de que llegó un correo real aprobando su trasladado a España, aunque en ese correo, no se especifica nada del suyo.

Le dice también que llegaron a él las noticias de su pelea con Ventura, algo que, dice, no es tolerable en dos funcionarios, por lo que decidió deportar a Ventura por ser el que tiene un rango inferior, aunque, al ser español, con una carta de recomendación.

Zama le asegura que fue una simple riña, pero algo intolerable, le aclara el gobernador, en un hombre de su posición y le dice que Ventura eligió la ciudad de Lerma, que era el destino pedido por Diego, que no entiende que el deportado pueda elegir destino y además obtenga una carta de recomendación.

Zama va tras ello a ver a Luciana de nuevo, pudiendo ver cómo Luciana tiene un amante, el oficial Bermúdez.

Al marcharse, el gobernador se llevó todos los muebles, monturas y arreos de valor.

Zama va a visitar al nuevo gobernador al que encuentra jugando y compitiendo para ganar lo que se supone son las orejas de Vicuña Porto, cortadas antes de su ejecución.

Diego se presenta para pedirle de nuevo que escriba una carta al rey procurando por él, comprobando que se le había olvidado el asunto, aunque asegura que le ayudará.

Pero el gobernador parece más preocupado por otras cosas, y cuando descubre que el escribiente se dedica a escribir un libro, se siente muy ofendido, pues, señala, allí solo se puede trabajar a mayor gloria del rey y no entiende que Zama no supiera nada de ese libro, pidiéndole el gobernador un informe sobre este.

El gobernador decide hacer un inventario de todos los bienes, y deben sacarlos para ello afuera y como Zama quiere mantener algunas de sus cosas hace que se las lleven a Emilia, una nativa con la que tiene un hijo, aunque esta no le encuentra otra utilidad que utilizarla para tender la ropa.

Debido a su precaria situación económica debe trasladarse a una nueva pensión que tiene fama de maldita entre los nativos y que está en malas condiciones, dándoles miedo a los porteadores llevar los muebles hasta allí.

Fernández, el escribiente, le deja su libro, pero Zama le dice que nada sabe de él y que nadie le pidió un informe, pero que el gobernador piensa que en las horas de trabajo debe dedicarlas a servir al rey y le pide que esconda el libro hasta que se olvide todo.

Pero al gobernador no se le ha olvidado y le dice que no habrá carta al rey mientras no haya informe sobre el libro, debiendo ser un informe implacable y demoledor.

Zama comienza a tener extrañas visiones, pues observa a un grupo de mujeres y va a pedirle a la posadera que se las presente, aunque le dicen que esta murió y que además él es el único huésped.

Contrae fiebres muy altas que le mantienen postrado en cama durante un tiempo, recibiendo los cuidados de Emilia y de Fernández.

Cuando se reincorpora al trabajo ve que cambiaron el orden de su despacho por orden del gobernador y le dicen que no se encuentra bien por lo insana que es la casa,

Debe terminar su informe sobre este, aunque intercede por él ante el gobernador para que la pena que le impongan no sea muy elevada. Algo como su traslado a Lerma.

Vuelve a pedir tras ello al gobernador que redacte la carta con su petición, preguntando el gobernador de qué carta la habla, y cuando se lo recuerda este le dice que lo hará, que escribirá la primera carta, algo muy muy importante, y que en un par de años escribirán la segunda, pues el rey nunca atiende la primera, lo que hace que pierda totalmente la fe.

Algún tiempo después se presenta para una misión ante el nuevo gobernador. Lleva ahora una larga barba y se une a la expedición del capitán Parrilla para acabar con Vicuña Porto y sus asaltos, para activar el comercio en la zona, asegurándoles el gobernador que serán recibidos con gran pompa si regresan triunfantes, pudiendo ver cumplido su deseo.

En la comitiva son acompañados por algunos nativos, que acaban desertando.

Una noche, mientras descansan, Zama se despierta al escuchar ruidos y se dispone a sacar su espada cuando su compañero, Gaspar de Toledo le dice que es mejor que se quede quieto, pues quienes se acercan son más de 500 y se trata de un grupo de ciegos guiados por sus hijos, que cruzan como un ejército fantasmal, castigados tras perder una batalla contra otra tribu y viajan por la noche porque se sienten más seguros, llevándose al pasar sus caballos.

Ve que Gaspar cogió su espada y entonces este le confiesa que su verdadero nombre es Vicuña Porto, y él, asustado pide piedad. Le responde que vivirá si no dice su nombre.

El grupo, ya muy mermado y con un solo caballo, el del capitán, sigue su camino, cuando se topan con una tribu de indios que van disfrazados y que les piden su caballo, continuando su camino, viéndose de pronto emboscados y cazados por la tribu de los indios que les abordaron antes, y que tras cubrir sus cuerpos con una pigmentación roja les preguntan sus nombres y les obligan a participar en sus rituales.

Tras ello les dejan en libertad y les devuelven el caballo.

La expedición está formada ahora por media docena de personas y el capitán, que está exhausto, pero que, señala, no puede regresar sin Vicuña Porto, diciéndole entonces Zama quién es Vicuña Porto.

Parrilla, pese a su debilidad, y tras llamar traidor a Zama por no haberle dicho antes esto, se dirige a Vicuña Porto, que con varios de sus hombres lograron capturar una tortuga para comer, y tras quitarle la espada le pide que depongan las armas, llamando Vicuña Porto a Zama también traidor.

Aunque tiene la espada, solo el capitán y Zama no pertenecen al grupo de Vicuña Porto, y uno de los hombres del grupo, que estaba en el caballo los aborda por detrás y los hace prisioneros.

Al día siguiente les permiten bañarse, aunque atados como los perros con una cuerda por el cuello, contándole Vicuña Porto a Zama que tiene muchos pecados, pero no tantos como se cuentan y que no existe el Vicuña Porto que cuentan, pues es solo un hombre como tantos otros, y sus hombres quieren ser ricos y él les prometió que así sería y le necesitan para conseguir los cocos.

El capitán le dice que tiene un plan y que si le ayuda el rey le compensará, aunque antes de que se lo explique el hombre que lleva atado al capitán, y que va sobre el caballo tira de la cuerda y lo lleva hasta dentro del mar hasta ahogarlo.

Luego Vicuña le pide que los lleve al lugar donde están los cocos llenos de piedras preciosas, diciéndoles él que esas piedras no valen nada y aunque ellos le gritan que miente él se mantiene e insiste en que no vale nada, ante lo que los hombres de Vicuña Porto gritan que mienten y dicen que hay que matarlo.

Zama les dice que está haciendo por ellos lo que nadie hizo por él, y es decirle que no a sus esperanzas.

Entonces le cogen entre todos y estiran sus brazos. Al oído Vicuña Porto le dice que hunda sus muñones en la arena y que si no se desangra, vivirá, tras lo que le corta las manos.

Despierta sobre una barca que lleva un nativo. El niño que ha visto en varias ocasiones antes y que siempre se escabullía. El niño muerto del que hablaban tantos le pregunta si quiere vivir, mientras navega, con los muñones cubiertos por hojas con las que parecen haber taponado sus heridas.

Calificación: 2