Te cuento la película Te cuento la película
Portada Películas Años Directores Novedades
Adú
Adú

España (2019) *

Duración: 119 min.

Música: Roque Baños

Fotografía: Sergi Vilanova

Guion: Alejandro Hernández

Dirección: Salvador Calvo

Intérpretes: Moustapha Oumarou (Adú), Luis Tosar (Gonzalo), Álvaro Cervantes (Mateo), Anna Castillo (Sandra), Adam Nourou (Massar), Miquel Fernández (Miguel), Jesús Carroza (Javi), Zayiddiya Dissou (Alika), Ana Wagener (Paloma), Nora Navas (Carmen).

Melilla, frontera Europea con Marruecos

Las cámaras de vigilancia de la guardia civil detectan una columna de inmigrantes dispuestos a saltar la valla de la ciudad desde Marruecos.

A tratar de impedirlo acuden tres guardias civiles, claramente insuficientes para evitar el asalto, complicándose todo más cuando llegan los emigrantes que ya están en territorio español, y llegados del CETI, que los animan y gritan contra los guardias.

Sube para evitar el asalto Miguel, el cabo a cargo del grupo, que golpea a uno de los asaltantes que acaba cayendo, cayendo posteriormente él mismo.

Miguel logra levantarse, pero el inmigrante no consigue respirar pese a que Mateo, uno de los guardias trata de reanimarlo.

Reserva Natural de Du Dja. Camerún

Gonzalo, un español que trabaja como miembro de una organización no gubernamental que lucha contra la caza furtiva de elefantes, se desespera al ver que los colaboradores locales no trabajan con la implicación que a él le gustaría.

En su última misión muere un elefante debido a que llegan demasiado tarde al lugar donde los cazadores furtivos actúan, debido a que se niegan a atravesar un terreno sagrado, perdiendo media hora en el rodeo que deben dar.

Dos niños que pasean por el bosque con su bici, Adú, de 6 años y su hermana Alika y ríen, se asustan al escuchar varios disparos, seguidos del ruido de una motosierra.

Se asoman, pudiendo ver a los furtivos cortando los colmillos a un elefante abatido.

Uno de los hombres armados descubre la bicicleta de los chicos, que deben esconderse y salir corriendo para evitar ser descubiertos.

Poco después llega Gonzalo con sus hombres, que nada pueden hacer ya por el elefante, sugiriendo el jefe del grupo dar su carne a los lugareños, algo a lo que se niega Gonzalo, que prefiere quemarlo.

Ellos también ven la bicicleta y se la llevan.

Mboumá. Camerún

En su casa, tanto los niños como su madre están asustados sin saber qué hacer, tras la muerte del elefante que el niño indica que era Kimba.

Los guardias ven un video que les llegó al móvil de lo ocurrido en la valla de Melilla donde se ve a Mateo tratando de reanimar al inmigrante muerto, preguntándose qué harán si los llama el juez, diciendo Miguel que tienen que decir que pasó lo que pone en el informe oficial. Que el inmigrante murió a consecuencia de una caída, temiendo Mateo que pueda haber algún video más donde se vea que lo golpearon con la defensa.

Adú juega con sus amigos cuando lo llama un hombre, Neko, amigo de la familia, que le pregunta por la bicicleta, pues dice, se la quiere comprar otro amigo por un buen precio, diciéndole él niño que no puede venderla, porque la perdió.

Gonzalo recibe el aviso de la llegada de su hija Sandra a Yaundé.

Va luego a ver a los guardias locales, a los que encuentra celebrando el cumpleaños de un compañero, no entendiendo él que estén de celebración después de haber perdido a cuatro elefantes en dos meses.

El encargado del grupo, Kabila, le dice que él no es su jefe aunque ponga dinero, recordándole Gonzalo que él paga su salario, diciéndole Kabila que le indica que si se portara mejor con la gente, a lo mejor le ayudarían con los furtivos y que se cree que es el salvador de los elefantes, pero no lo es. Es solo un egoísta que llora por los animales y por eso es solo un hombre triste.

Gonzalo golpea a uno de ellos y acaban amenazándolo con un arma, aunque finalmente le dejan marcharse.

Por la noche llega una canoa cargada de hombres armados al poblado, dirigiéndose a casa de Adú, atrapando a la madre, que pide a los niños que salgan corriendo, mientras la patean a ella, escuchando los niños, escondidos en el agua, varios disparos.

Al día siguiente Kabila habla con Gonzalo antes de su partida al aeropuerto, diciéndole que no le quieren allí ninguno de los guardias y que no puede seguir trabajando allí, contándole que habló con la oficina de Protección de la Naturaleza y su permiso será revocado, pues no cae bien a nadie.

Adú y Ali se alejan de la población, preguntando el niño si su madre estará bien, aunque ella le dice que pensar en su madre no les ayudará y le dice que irán a casa de su tía Leke y que ella llamará a su padre y les llevará a España.

Se ponen a hacer autostop, cruzándose Gonzalo, que no los recoge.

Yaundé. Camerún

A su llegada, Sandra, la hija de Gonzalo observa el bullicio y la pobreza del lugar.

Hablan de la matanza de elefantes y de lo bien que les vendría tener drones para controlar a los furtivos, pero necesitarían muchos, recordándole su hija que él es rico, pues su abuelo era conde, replicando él que en realidad se casó con la viuda de un conde y él no tiene que ver con ello, recordándole Sandra que tiene un piso enorme en Madrid, otro en Londres y un chalet en Marruecos.

Él le pide que no le genere problemas mientras está allí, diciendo ella que no fue idea suya ir, pues estaba muy a gusto en Madrid y tenía trabajo en el parque de atracciones.

Él le dice que aproveche el viaje para cambiar.

Agotado, Adú se desmaya a medio camino, por lo que su hermana debe bajarlo hasta el río y mojarle la cara hasta despertarlo.

Gonzalo piensa en ir a la policía con la bicicleta para que traten de localizar a sus dueños, aunque la funcionaria de la ONU encargada de la coordinación de las organizaciones no gubernamentales le dice que no perderían el tiempo en investigarlo, y además le dice que no le van a renovar el permiso, pues trata mal a la gente y le recuerda que no es su jefe, que es solo asesor y que los nativos están hartos de que vayan los blancos a decirles lo que deben hacer.

Le dice, ya que no desea regresar a España, que le dará un contacto en la reserva de Samburu, en Kenia, diciendo él que Samburu es solo un zoo.

Un camión se queda atascado en el barro y los que viajaban en él deben empujarlo, aprovechando el momento Adú y Ali para subir y seguir así su camino.

En las cabañas donde se instalan, Gonzalo ve a su hija hablando con un joven nativo encargado de la limpieza de la piscina y al verla fumando le pregunta qué es, diciendo ella que tabaco, recordándole su padre que allí por un porro pueden encerrarla 15 años.

Le pide a su padre que le dé la bici, diciéndole que si hace una donación de 50 Euros a la reserva de Du Dja se la dará.

Los guardias civiles declaran ante el Comandante encargado de la investigación, viendo que tanto su declaración como la del cabo son iguales, diciéndole él lo que quiere oír, que no hubo ningún error en su actuación.

Adú y su hermana llegan a la ciudad y su tía les lleva a ver al tipo que debe encargarse de ayudarles a salir del país, tras haberle pagado su padre.

El hombre ve sin embargo cuando llegan al camión, que la policía los ha descubierto, y este ya no saldrá, por lo que deben cambiar de planes.

Tras una llamada, el tipo les dice que viajarán en avión a París. Les lleva hasta el aeropuerto y les explica que deben trepar por las ruedas del avión, que están llenas de cables para agarrarse y una vez dentro ir a la zona donde viajan los perros, explicándoles que los europeos viajan en avión con sus perros y que deben abrigarse bien, pues hace mucho frío allí, entregándole ropa de abrigo.

Les explica que deben coger uno grande que sale cada noche hacia París, y aunque su padre le pagó para que llegaran a Marruecos, irán mejor, pues van a París.

Y aunque tienen miedo, les da más miedo volver, por lo que esa noche se cuelan en el avión, viendo cómo las ruedas comienzan a avanzar, por lo que se asustan, al ver además el estruendo al arrancar.

Se sientan y se abrigan, aunque a pesar de todo lo que se colocan no entran en calor, sentándose juntos para darse calor, mientras se cubren con una manta.

Al amanecer Adú se despierta y trata de despertar a Ali, pero esta ha muerto de frío.

El niño ve cómo las ruedas del avión comienzan a bajar de nuevo y Alika acaba cayendo por el hueco, viéndola por el aire.

Dakar. Senegal

El aterrizaje en Dakar es duro para el niño, que acaba cayendo cuando el avión para, al perder el conocimiento, debiendo ser recogido por los operarios del aeropuerto.

Sandra se hace con la réplica de un pequeño colmillo, de plástico, aunque a su padre la regaña por tener que estar siempre detrás de ella, diciéndole ella que desde cuándo está, a lo que le responde que desde que se le fue la cabeza, preguntando ella dónde estaba antes, diciéndole él que con él no hará lo mismo que con su madre, a lo que le replica que no puede saber lo que hacía, porque él no estaba.

Paloma, abogada de una organización de defensa de los emigrantes va a ver a Mateo para hablarle del caso de Tatu, pues, señala, los inmigrantes cuentan que golpearon a Tatu con una porra, recordando él que Tatu le pegó una patada en la cabeza al cabo y que les echan cal viva, sangre o heces y a veces son tres para detener a 100, diciendo ella que lo sabe, pues sus compañeros se lo cuentan para que lo filtre a la prensa.

Le advierte luego que llevarán a declarar a los compañeros de Tatu y le pide a Mateo que se plantee si quiere que vuelva a pasar.

Cuando Adú despierta, ve frente a él a un joven que trata de ganárselo haciendo trucos de magia, sacándose bolas por la boca.

Le cuenta que se llama Massar, y como habla en inglés tratan de hacerse entender, contándole que es ilegal y lo detuvieron con un pasaporte falso para Bruselas.

Adú le cuenta que él viajaba con su hermana Alika en el avión, pero que murió.

Cuando el furgón que les lleva es detenido ante un control, Massar consigue abrir la puerta y escapan.

Gonzalo lleva a Sandra a un cochambroso hospital, donde trabaja Carmen, una amiga suya para que le haga un análisis.

Sandra le cuenta a la doctora que no tiene ningún problemas con las drogas mientras toman un café, aunque en el pasado consumió porros y cristal.

Le pregunta luego cuándo habló con su padre de ella. Y si es porque se acuestan, reconociendo Carmen que tuvieron una historia en el pasado, diciendo Sandra que se le da muy bien acabar bien con sus ex, pues con su madre también le pasó pese a que la dejó cuando ella tenía seis años.

Le dice luego que debe hacerlo porque da dinero para mantener el hospital, aunque le dice que lleva 15 años sin ir a España por problemas con Hacienda.

Antes del análisis le confiesa que el día anterior se metió un par de rayas.

Massar y Adú hacen autostop tratando de conseguir salir de allí, aunque con escaso éxito, pues todos los conductores les piden dinero para llevarlos hasta Marruecos, y tienen hambre.

Massar decide entonces conseguir dinero, para la que va hasta la zona de los camioneros, entrando en el camión de uno de ellos.

Adú se asusta al no ver a Massar cuando se despierta, pero lo ve bajar del camión, mostrándole que consiguió dinero, diciéndole que hizo magia. Podrán comer y viajar.

Nuakchot. Mauritania

Massar trata de robar para poder seguir, y aunque es alcanzado y golpeado, le muestra a Adú que logró ocultar algo de comida que consumen luego en una cueva junto al mar.

Mateo les plantea contar que intentaron bajar al inmigrante para que no se hiriera y no accedió, diciéndoles Miguel que no pueden tener contradicciones y que solo tienen la palabra de los testigos de él, contra la suya.

Adú y Massar van a bañarse, fijándose el niño en que Massar tiene mal la espalda, contándole este que es del sol, pues salió de Somalia un mes atrás caminando.

El niño le pide que le promete que no se morirá.

Sandra y Gonzalo viajan a Marruecos.

Ella le dice que los delitos fiscales prescriben a los 10 años, y podrían ir a España en vez de a Marruecos, diciéndole él que no tiene ningún problema con España y que salieron de Camerún por un conflicto con la dirección de la reserva debido a su carácter, que, le dice, ella heredó y también le traerá problemas.

Alhucemas. Norte de Marruecos

Llegan hasta la casa de Gonzalo en Marruecos, una casa enorme de estilo africano.

Allí le da un test de drogas a su hija, para que orine cada mañana.

Massar y Adú tratan de conseguir dinero, haciendo malabarismos el primero y limpiando cristales de coches el segundo.

Un hombre, al ver al niño le dice que le dará dinero, y luego le ofrece chocolate, si sube con él al coche, lo que hace esperando hacer magia como Massar y conseguir dinero.

El hombre le dice al niño que van a jugar, y trata de abusar de él, ante lo que trata de huir, aunque el hombre paró el coche de modo que no puede abrir, pues hay una pared.

Cuando Massar se da cuenta corre a buscarlo, peleándose con el taxista que se lo llevó, quitándole el dinero antes de marcharse.

Por la noche, en las cuevas y frente al fuego, Adú canta, baila y ríe contento, aunque Massar le pide que no vuelva a subir con nadie, diciéndole Adú que él lo hace, aunque Massar le dice que él no es un niño, diciendo Adú que también quiere hacer magia.

Massar le cuenta que en Somalia le maquillaban y le hacían bailar como a una chica.

Consiguen continuar su viaje por una zona desértica hacia Marruecos.

Sandra acude a una discoteca, y mientras se besa con varios hombres a la vez llega Gonzalo y se la lleva, pues le cuenta que aquello está lleno de traficantes.

Ella, enfadada, le dice que para ser un buen padre no basta con pagarle un abogado y hacerla mear en una tira, negándose a subir en el coche, y siguiendo con su bicicleta.

Al día siguiente su padre le dice que tiene que ir a Nador a una entrevista y que a lo mejor se va a trabajar en un parque natural en Mozambique y que la dejará a ella en Melilla para que coja un avión para Madrid.

Ella no cree que sea tan fácil, diciendo él que se rinde, que no puede, o no sabe hacerlo mejor.

Palacio de justicia. Melilla

Mateo se reencuentra allí con sus compañeros, aunque también ve a Paloma.

Monte Gurugú

Adú y Massar consiguen llegar al campamento donde están por los inmigrantes, donde ellos mismos deben improvisar una tienda donde descansar, viendo cómo regresan heridos algunos de los que intentaron saltar la valla, preguntando Adú cuándo les tocará.

Massar tose a menudo, lo que preocupa a Adú.

Examinado por una voluntaria de la cruz Roja, observa que tiene el cuerpo lleno de ampollas y llagas, por lo que le dice que tiene que ir al hospital, pues su sistema inmunológico es muy débil y deben hacerle análisis, aunque él se niega.

Un día Massar le dice a Adú que tienen que irse ya, pero que no saltarán la valla.

Al cargar el equipaje de su hija Gonzalo ve cómo se abre el colmillo falso, viendo que dentro lleva droga escondida.

En el juicio por la muerte de Tatu, los guardias civiles son absueltos, aunque Mateo no se siente feliz.

Cargados con neumáticos a modo de salvavidas, Massar y Adú tratarán de llegar a Melilla por el mar, esperando a la puesta de sol para partir.

Se adentran en el mar, cuya agua está muy fría y comienzan su trayecto, atados entre sí para no separarse.

En la ciudad, entretanto, los guardias civiles brindan por la noche por haber salido libres, aunque a Miguel lo trasladarán a Málaga, pese a todo.

Mateo no bebe. No está tan contento. Investigó la vida de Tatu y le cuenta a Miguel que este fue preso político en el Congo, aunque Miguel es de la opinión de que el problema de los países de los que vienen es que todos se van de allí en vez de arreglar sus problemas, y que la valla les dice que lo hagan.

Adú tiene frío y le duelen los pies, pero Massar le anima a seguir, cuando de pronto se rompe la cuerda que los unía y lo pierde de vista entre el oleaje y la oscuridad.

Sin fuerzas, Adú se deja llevar, por el viento, y cuando despierta oye voces a lo lejos de la patrullera de la guardia civil, siendo recogido por Mateo, y viendo que antes recogieron a Massar, que les pidió que lo buscaran.

Se abrazan contentos tras haber conseguido su objetivo, llegando poco después al puerto de Melilla, donde Mateo les desea buena suerte cuando se los lleva la policía.

Gonzalo lleva a Sandra hasta la aduana de Melilla, donde se despiden, llevándose Sandra su maleta y la bicicleta.

Al pasar la aduana una policía le pide que lo acompañe y revisan su equipaje, mostrándose Sandra nerviosa cuando la agente saca el colmillo y lo revisa.

Pero entonces ve que dentro, en vez de la droga, hay un pañuelo con el logo de la ONG de su padre.

Aún nerviosa y emocionada llama a su padre, que se preocupa y le pregunta si está todo bien, diciéndole ella que sí, con lágrimas en los ojos, no pudiendo apenas hablar.

Massar y Adú viajan en el coche policial, cruzándose con Sandra, que va en sentido contrario.

Llegados a la frontera obligan a Massar a bajar del coche policial, pese a que él dice que van al centro de menores. No será así. Él es devuelto a Marruecos pese a su resistencia, mientras Adú grita su nombre, costándole separarse.

Centro de menores. Melilla

Adú despierta allí.

Ve al otro lado de la frontera a los que tratan de sobrevivir en una zona fuertemente vigilada por cámaras, helicópteros y patrullas, frente a una valla que trata de impedir el paso.

En 2018 más de 70 millones de personas abandonaron su hogar en busca de un mundo mejor. La mitad de ellos eran niños.

Calificación: 2
Te cuento la película