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Barry Lyndon
Barry Lyndon

Barry Lyndon (1975) * Gran Bretaña / USA

Duración: 183 min.

Música: Varios

Fotografía: John Alcott

Guion: Stanley Kubrick (Novela: William Makepeace Thackeray)

Dirección: Stanley Kubrick

Intérpretes: Ryan O'Neal (Redmond Barry Lyndon), Marisa Berenson (Lady Honoria Lyndon), Patrick Magee (Chevalier de Balibari), Hardy Krüger (Capitán Potzdorf), Gay Hamilton (Nora Brady), Godfrey Quigley (Capitán Grogan), Marie Kean (Belle Barry), Murray Melvin (Reverendo Samuel Runt), Frank Middlemass (Charles Reginald Lyndon), Leon Vitali (Lord Bullingdon), Dominic Savage (Joven Bullingdon), Steven Berkoff (Lord Ludd), Leonard Rossiter (Capitán John Quin), Philip Stone (Graham), David Morley (Bryan Patrick Lyndon).

Parte I: De cómo Redmond Barry adquirió la condición y el título de Barry Lyndon

Al padre de Barry le educaron como a otros jóvenes de familias nobles para ejercer las leyes, pero murió en un duelo motivado por la compra de unos caballos.

Tras la muerte de su marido, la madre de Barry fue tan virtuosa que, aunque algunos trataron de renovar su amor, ella los rechazó, y se dedicó a su hijo y a la memoria de su difunto esposo

Siendo un adolescente, Barry se enamoró de su prima Nora Brady, con la que jugaba a las cartas, exigiéndole ella una prenda cuando perdía, aprovechando para provocarle escondiendo la cinta del cuello en su escote para pedirle que la busque.

Él se rinde nada más empezar, diciéndole ella que no miró donde debía, decidiendo ayudarle ella llevando su mano a su pecho, temblando él al hacerlo, tras lo que lo besa.

Se produjo la amenaza de una invasión francesa y comenzó el reclutamiento de soldados, llegando a su población una compañía a mando del capitán John Quin.

Hubo luego un baile al son de la música de la banda militar, viendo Barry a Nora bailando con el capitán, lo que le sienta muy mal y piensa en retar al militar a un duelo, diciéndole su prima que él es todavía muy joven y es su primo, decidiendo él no volver a verla.

Barry, pese a su promesa vuelve a aparecer una semana más tarde mientras ella está con el capitán y le devuelve su cinta, lo que provoca los celos del capitán, diciéndole Nora que su primo es solo un muchacho que no significa más que su perro, aunque para él que le diera una prenda intima, la cinta del cuello, como se la dio a él supone un motivo de ruptura, y le dice a los hermanos de ella, Mick y Ulick a quienes más beneficiaba su relación con el capitán, que no se adapta a las costumbres irlandesas, y pide que le devuelvan lo que le deben y renuncia a su pretensión sobre su hermana.

Se enfadan con él por provocar a Quin, y romper tan ventajoso matrimonio, ya que gana 1.500 libras anuales.

Lo convencen para volver y brinda durante la comida y se besa con Nora, aunque Redmond en vez de brindar por la pareja, le lanza la copa a la cara a él, retándolo.

El Capitán Grogan, amigo de Barry lo acompaña a la salida y le hace ver lo estúpido de su comportamiento, pues su tío necesita el dinero del capitán, que prometió pagar las 4.000 libras que necesitan pese a llevarse a una mujer sin dote y que se había lanzado a los brazos de cualquier hombre que apareció por allí.

Le recuerda además que su tío lo cobijó en su casa y dejó que él y su madre vivieran en una de sus propiedades sin pagar y debería estar agradecido, señalando él que lo está, pero que peleará con cualquier hombre que pretenda a Nora.

Ante su determinación, Grogan se ofrece a ser su padrino y concertar el duelo.

Reunidos para el duelo, tratan de disuadirle justo antes de su celebración, ya que Quin se casará de todos modos con su prima y se olvidará de ella, por lo que si acepta irse a Dublín y dice que lo siente le perdonará, pero él dice que ni lo siente ni se disculpará.

Debido a los disparos acaba muerto el capitán, por lo que uno de sus primos le pide que se marche antes de que llegue la policía.

Enamorarse de Nora no lo convirtió así en un hombre errante, pues le aconsejan irse a Dublín, donde no le conoce nadie, mientras que si se queda allí y le encuentran morirá, debiendo partir, en efecto, con 20 guineas, dejando sola a su madre.

Al pasar junto a una posada, unos caballeros lo invitan a comer y beber con ellos, aunque rechaza la invitación, topándoselos más adelante, frente a un árbol que cortó el camino, viendo cómo los dos tipos le apuntan con armas, presentándose como Capitán Feeney y su hijo Seamus, que encuentra su dinero y se lo roba.

Trata de ablandarles diciendo que ese dinero es cuanto su madre poseía y que también él está al margen de la ley, como ellos.

Solo le dejan sus botas, pero se llevan su caballo, indicándole que puede llegar andando hasta el siguiente pueblo, que está a 5 millas.

Allí, el regimiento Gale trata de reclutar jóvenes, ofreciéndoles una guinea y media además de traje, por lo que, para poder ocultarse de la policía y ante su falta de recursos se alista.

Ignorante de esa vida, ve cómo todos se ríen de él cuando pide un nuevo cuenco para su comida, alegando que el que le dieron está lleno de grasa, habiendo un soldado que se toma lo de su cuenco, provocándole él al preguntarle por su mujer, tal como le sugiere otro soldado, tras lo que realizan una pelea a puñetazos, jaleados por el resto de los soldados, y aunque el otro es más fuerte, Barry es ágil. Esquiva sus golpes y le encaja varios, consiguiendo acabar con su rival en el suelo, venciendo la pelea.

Un mes más tarde ya se había convertido en un verdadero soldado.

Volvió a encontrarse con el Capitán Grogan, que le echa en cara que no escribiera a su madre, aunque él dice que la vergüenza de haber perdido el dinero, la espada y las pistolas de su padre no le dejaron hacerlo, diciéndole el capitán que a su madre solo le importa él y que le obliga a escribirle diciéndole que está vivo y sirviendo a su patria.

Le pregunta por Nora, contándole el capitán que finalmente se casó con John Quin, que se recuperó de su herida, pues, en realidad le pusieron una bala de fogueo. El duelo estaba amañado de antemano porque los Brady no podían perder el dinero, aunque Quin estaba tan asustado que tardó una hora en volver en sí.

Le dice que él tiene dinero, pues su tío le dio 200 libras por su colaboración, señalándole que puede disponer de ellas.

La guerra de los 7 años convulsionó Europa. Inglaterra y Prusia eran aliados y luchaban contra Francia, Suecia, Rusia y Austria.

La primera experiencia en combate de Redmond fue una pequeña escaramuza con un grupo de franceses que guardaban el camino por el que pasaría más tarde su ejército.

Uno de los primeros en ser alcanzado fue el capitán Grogan, al que Barry auxilió, cargando con él hasta el bosque.

Allí, y poco antes de morir, le dice que le quedan solo 100 guineas, pues el resto lo perdió la noche anterior a las cartas, pidiéndole que le bese, pues no volverán a verse.

Barry dejó de soñar con glorias militares y empezó a pensar en el modo de librarse del ejército al que debía seguir ligado 6 años más. Y ocurrió algo que le permitió dejarlo.

Un día, al ir a buscar agua al río vio a dos soldados homosexuales bañándose, contándole uno de ellos al otro que tendría que ausentarse durante varias semanas para llevar unos despachos importantes para el Príncipe Enrique, en Bremen.

Barry le robó el uniforme y la acreditación al oficial, pudiendo así viajar sin levantar sospechas y estar lejos cuando se conociera su deserción.

Consigue llegar así al sector prusiano, lejos del territorio ocupado por sus compatriotas.

Deseaba ir a Holanda, única nación neutral de Europa y desde allí regresar a su país.

Se topa por el camino con una mujer y le pregunta por un lugar donde comer, diciendo ella que no hay ninguno cerca, preguntándole si podría darle ella algo por dinero.

La mujer acepta. Cría a su pequeño y le cuenta que su marido está luchando.

Como ambos se sienten solos ella le pide que se quede con ella unos días.

Se despide de la mujer, Lischen unos días más tarde para continuar su camino.

Durante los 5 años que había durado la guerra el rey Federico el Grande había utilizado a todos los hombres, por lo que los reclutadores recurrían incluso al secuestro para su ejército.

Se topa por el camino con un capitán prusiano, Potzdorf, que le indica que va en dirección opuesta a Bremen, pidiéndole un documento de identificación, invitándole a que les acompañe, ya que van en la misma dirección.

Mientras cenan, le preguntan cosas sobre Inglaterra, hablándoles del rey, presumiendo de que el embajador en Berlín era tío suyo, haciéndole Potzdorf beber para que hable, preguntándole a quién lleva los despachos, diciendo él que al general Williamson, momento en que el capitán ordena su detención acusándolo de ser un impostor y un desertor, ya que dice llevar mensaje para un general muerto 10 meses antes y presume de ser sobrino del embajador en Berlín, dándole la opción de alistarse a su ejército o ir al calabozo.

El ejército prusiano era más estricto que el inglés y los castigos más duros e incesantes.

Al final de la guerra de los 7 años, la oficialidad, antes compuesta por prusianos nativos famosos por su valor disciplinario, se componía en su mayor parte de hombres de baja ralea reclutados o sometidos de todas partes de Europa, cayendo Barry en la peor compañía imaginable, llegando pronto a ser un discípulo aventajado en las malas artes.

Durante una batalla, un cañonazo hizo que cayera una columna sobre Potzdorf, siendo rescatado por Barry, que cargó con él y le sacó del edificio.

Por su valentía, el cabo Redmond Barry recibirá dos Federicos de oro, indicándole que, pese a que se ve que procede de buena familia, es perezoso y carente de principios, y le pronostican que acabará mal.

Él lamenta haber caído en malas compañías y lamenta no haber tenido ningún amigo o protector para demostrar que es capaz de mejores cosas.

Terminada la guerra, el ejército de Barry quedó den guarnición en la capital y como se había ganado el afecto y la confianza de Potzdorf, este le presentó a su tío, el ministro de policía. Indicándole que habían decidido que abandonara el ejército para ser destinado a la policía y será premiado si sale airoso del encargo que le harán.

Le explican que hay un caballero llegado de Berlín y al servicio de la Emperatriz de Austria y que se hace llamar Chevalier de Balibari. Es un jugador profesional y un libertino, aunque culto y amable, del que sospechan que es en realidad irlandés y ha llegado como espía.

Le encargan que entre a sus servicio y averigüe si es un espía, para lo que debe fingir no hablar inglés y decir que es húngaro y por eso tiene acento extraño y ser sirviente de un caballero que en ese momento está en una misión en Siberia.

Acude para presentarle sus credenciales, pero al ver la magnificencia del porte de aquel hombre no fue capaz de mantener la mentira y le confesó que era irlandés, su nombre, y que le forzaron a entrar en el ejército prusiano y que ahora el ministro de policía le puso a su servicio para espiarlo.

Conmovido, y al ver a otro exiliado, Balibari lo abrazó.

A partir de ese momento entregaba sus informes, regularmente, concertados con Chevalier, decidiendo decir la verdad si era posible, viendo el ministro que la información era precisa, pero de escasa relevancia.

Barry siguió siendo mayordomo y en presencia de extraños seguía fingiendo no saber inglés y mientras servía champán y jugaban a las cartas, él observaba las cartas de los jugadores e informaba a su patrón a través de códigos acordados, como frotar la mesa o mover una silla.

Había un noble, el Príncipe de Tübingen, íntimamente relacionado con Federico el Grande y apasionado por el juego que le acusó de hacer trampas.

Le debía 15.500 Federicos de oro, y le dijo que si los quiere cobrar tendrá que batirse en duelo o tener paciencia a la espera de que le pague en otra ocasión.

Sabe que no le permitirán batirse con el príncipe, pero si se niega a hacerlo no le pagará, por lo que le indica que debe informar al ministro de que piensa exigir una satisfacción, diciéndole que no debe preocuparse, pues le ayudarán sus amigos de la embajada austriaca, por lo que, lo peor que pueden hacerle es expulsarle del país y se lo llevará.

El rey decide expulsar a Chevalier del país, y para ello dos oficiales saldrán a su encuentro durante su paseo diario y le acompañarán a la frontera y el equipaje se le enviará después.

Al día siguiente, Chevalier salió como cada día a dar su paseo, aunque no encontró a su criado, sino a dos soldados que le informan que le acompañarán a la frontera, pidiendo él que le lleven a ver al embajador de Austria, aunque le dicen que si no se resiste le darán una bolsa con 2.000 Federicos de oro de parte del Príncipe de Tübingen, por lo que accede, aunque asegurando que toda Europa se enterará.

Así, vestido y maquillado como siempre y con su parche en el ojo, los soldados se llevaron en realidad a Barry, que pudo así cruzar la frontera en dirección a Sajonia y la libertad, sin precisar pasaporte ni otra documentación.

Chevalier ya había salido del país previamente por sus propios medios la noche anterior.

Barry volvió a ser libre y comenzó su carrera como jugador profesional decidiendo vivir el resto de su vida como un caballero, viajando con Chevalier por todas las cortes de Europa, siendo admitidos entre la mejor sociedad, a los que les gustaba jugar mucho dinero, y a los que ganaban haciendo trampas.

A veces daban crédito, pero a personajes de alcurnia. No los apremiaban ni se negaban a recibir pagarés, y si alguno no respondía debía vérselas con Barry en duelo a espada, siendo tal su fama, que eran pocos los que no lo hacían.

El juego les obligaba a vivir errantes y sin raíces.

Olvidado el romanticismo juvenil, Barry comenzó a pensar en casarse con una dama de fortuna, fijando sus ojos en la Condesa de Lyndon, Vizcondesa de Bullingdon de Inglaterra y Baronesa de Castle Lyndon, de Irlanda, una mujer de inmensa fortuna y gran belleza y esposa de Sir Charles Lyndon, Caballero de la Orden del Baño y Ministro del Rey Jorge III en varias cortes europeas. Un inválido que iba en una silla de ruedas, con gota y otras dolencias.

Con ellos iba también el reverendo Runt, capellán de la condesa y preceptor de su hijo, el joven Vizconde de Bullingdon, muy apegado a su madre.

Jugando frente a ella, se fijan el uno en la otra, y cuando ella anuncia que sale a tomar el aire es seguida por Redmond, que toma sus manos y la besa sin oposición.

Seis horas después de haberse conocido la Condesa se había enamorado, siendo escasos los momentos en que estaban separados.

Una noche, mientras jugaba Chevalier con el Ministro, al llegar Barry, este le preguntó si había dejado ya a su esposa, asegurando preferir pasar por cornudo que por imbécil.

Él dice que se la presentó el Reverendo Runt para que le aconsejara en un tema de religión en que ella es experta, pero Sir Charles no le cree y dice que su esposa le ama tanto que le ha buscado un sucesor cuando va a llegar su fin, que dice no será tan pronto como espera, pues ya le dieron por desahuciado en varias ocasiones, habiendo siempre algún candidato deseoso de ocupar su puesto y se pregunta si vivirá lo suficiente para ver a Barry en la horca.

No lo hará, pues cuando Barry se despide, el Ministro sufre un ataque.

La prensa informó de la muerte en Spa, en Bélgica

Parte II: Los Desastres e infortunios que acontecieron a Barry Lyndon.

Un año después, en junio de 1773 se casó con la condesa de Lyndon, siendo la ceremonia celebrada ante su capellán.

Llegó así Barry a la cima de la prosperidad y accedió a una elevada clase social al obtener del rey permiso para añadir el apellido de su esposa al suyo, siendo conocido desde ese momento como Barry Lyndon.

Pero desde la boda ella pasó a ser un adorno en la vida de Barry

A su hijo, Lord Bullingdon, no le hace feliz la boda de su madre con ese hombre, al que cree un oportunista que no la ama y le duele que ella se ponga en ridículo.

Un año después tuvieron un hijo. Bryan Patrick Lyndon.

Pero él salía y se acostaba con otras mujeres y vivían separados, prefiriendo ella vivir en soledad cuidando de sus hijos, encargándose él de los deberes de su familia.

Su mujer raramente estaba alegre o de buen humor y además ahora se le unían los celos, pues encontraba rivales incluso entre sus doncellas, viéndolo besar a una.

Un día, mientras ella se bañaba, él entró y le dijo que lo sentía, tras lo que se besaron.

Pero Lord Bullingdon se niega a besarlo cuando le piden que lo haga, indicando él que su padre era Charles Lyndon y él no lo ha olvidado, como otros.

Su madre le da una bofetada y le dice que insultó a su padre, diciendo él que quien ha insultado a su padre es ella.

Barry se lo lleva para hablar con él en privado, azotándolo con una vara seis veces, tras lo que le dice que como le tratan a él, trata a los demás, y le pregunta si tiene algo que decir para disculparse, diciendo que no.

Aquello fue una declaración de guerra y Lord Bullingdon fue responsable de las consecuencias siguientes, pues conforme fue creciendo, aumentó su odio hacia Barry.

En el octavo cumpleaños de Bryan, la nobleza acudió a presentar sus respetos, habiendo un espectáculo de magia para él, estando ahora la madre de Barry con ellos.

A ella le gusta ver la posición de su hijo, pero le preocupa su porvenir si su mujer se cansa de él o muere, pues no tiene dinero propio y no puede hacer transacciones sin la aprobación de la princesa, pues irá todo a Lord Bullingdon, por lo que le aconseja que consiga un título.

Acudió a pedir consejo a un prestigioso abogado y exministro, Lord Hallam, al que conoció en las mesas de juego, que le recomendó al conde de Wendover, hombre de cámara de su majestad, que le asegura que si le protege estará seguro.

Su afán por obtener el título se convirtió en una obsesión con tristes consecuencias, pues hizo grandes sacrificios y derrochó dinero y diamantes. Compró tierras diez veces por encima de su valor y adquirió cuadros y objetos de arte a precios desorbitados. Dio fiestas a amigos próximos al rey que podrían ayudarle e incluso utilizó el soborno cerca de su majestad.

Le presentan a Lyndon al rey y le cuentan que reclutó una compañía de soldados para luchar en América contra los rebeldes, recomendándole el rey reclutar otra compañía e ir él con ella.

Barry podía conseguir fortunas, pero era incapaz de conservarlas.

Un día, mientras estudiaban los dos hermanos, se pelean por un lápiz y Bryan golpea a Bullingdon y este le azota, enfadado, siendo sorprendido por Barry, que le vuelve a golpear con la vara pese a su edad.

Tras ello, Bullingdon le dice que desde ese momento no se someterá a más castigos de él y que si vuelve a ponerle la mano encima lo matará.

Pocos días después interrumpe el concierto en que su madre participa, tocando el piano, entrando con Bryan, que hace un enorme ruido por llevar los zapatos de su hermano.

Le dice a Barry que es una lástima para él que esté vivó, pues los Lyndon tendrían un digno representante y gozarían de los beneficios del ilustre linaje de los Barry.

Su madre le hace ver que quiere al pequeño y eso le debería ayudar a entender cómo le querría a él de haber sido digno de su cariño.

Lord Bullingdon le dice que ha soportado hasta donde un ser humano puede aguantar, a ese irlandés insolente que ella metió en su cama, asegurando que no es solo su origen plebeyo y la brutalidad de sus modales lo que le repugna, sino su conducta hacia ella, su grosera y vulgar conducta, su infidelidad, y el pillaje, robo y estafa que realiza con su patrimonio, y ya que no le puede castigar y no soporta ser testigo del trato que le profesa y detesta su presencia, ha decidido abandonar su casa y no regresar mientras él viva.

Barry se levanta entonces y lo golpea brutalmente en presencia de toda la nobleza, hasta que le sujetan entre una docena de hombres.

A partir de ese momento, empezó a encontrar en toda la ciudad frialdad y resentimiento.

Sus amigos le abandonaron y se creó una leyenda sobre la crueldad con su hijastro.

Y todas las facturas llegaron a la vez y la fortuna de su mujer se vio muy mermada.

Barry amaba a su hijo y disfrutaba con él. Le leía historias, le contaba anécdotas y le enseñaba a luchar y no le negaba nada y soñaba con sus éxitos en el mundo.

Pero acabaría sus días pobre, solo y sin hijos.

El niño quería un caballo más que ninguna otra cosa en el mundo y se lo compró para el cumpleaños de Bryan, ordenando que lo domaran.

Pero al escuchar a un mozo, se entera antes de tiempo del regalo, aunque su madre le exige que solo lo monte en compañía de su padre.

Pese a que le prohíbe hacerlo, un día Bryan se escapa a la granja de Doolan, donde estaban domando al caballo y cuando Barry acude a buscarlo se topa con varios campesinos que llevan en unas andas a su hijo, contándole uno de ellos que vio al chico galopando sin poder contener al caballo, que estaba algo alborotado, se encabritó y lo tiró al suelo.

Nadie pudo hacer nada por él. Permaneció dos días más con ellos, a los que solo les consolaba saber que no sufría, pues no sentía más que las manos.

Les pidió que le prometieran que no volverían a pelearse para reunirse con él en el cielo.

Lo acompañan con gran dolor hasta el cementerio.

El dolor era tan grande que el único alivio lo encontraba en la bebida y solo su madre se ocupaba de él en su infortunio, mientras que Lady Lyndon se entregó a la oración.

La administración recayó sobre los hombres de la señora Barry, que con su espíritu ordenado se ocupaba de todo.

Ella habló con el Reverendo Runt para decirle que no necesitaban ya a un preceptor, pidiéndole que renuncie a su puesto dadas las dificultades económicas.

Él dice que prescindirá de su salario, pero no desea abandonar a la condesa en ese estado, diciéndole la mujer que cree que él es la causa del estado mental de la condesa, y que cuanto antes se vaya, antes se repondrá, indicando él que solo recibe órdenes de la condesa, aunque ella le dice que la condesa no está para ocuparse de nada.

El reverendo le dice que entre ella y su hijo han logrado destruir una fortuna familiar y que teniéndola prisionera le quitarán lo poco que le queda.

Abrumada por el dolor, la condesa intentó quitarse la vida tomando veneno, pero al tomarlo en poca cantidad solo consiguió caer gravemente enferma.

Eso hizo que interviniera nuevamente Lord Bullingdon, que, reunido con el reverendo Runt, indica que ha permitido por cobardía y debilidad que los Barry ejercieran una tiranía en sus vidas y que dilapidaran la cuantiosa fortuna familiar.

Sabe que sus amigos le desprecian, pero ahora sabe lo que debe hacer.

Acude a ver a Lyndon, habiendo en la casa gente jugando, y encontrando a Lyndon borracho durmiendo entre todos ellos.

Le recuerda que la última vez que se vieron le causó injuria y deshonor, por lo que ha ido para pedirle una satisfacción.

Se reúnen para celebrar el duelo, sorteando quién disparará primero a cara o cruz, acertando Lord Bullingdon, por lo que le corresponderá el primer disparo.

Pero al tratar de amartillar su pistola dispara accidentalmente, indicando que la pistola está defectuosa, aunque le indican que, como realizó el disparo, le corresponde a Lyndon hacer el suyo, ya que, además la pistola era, igual que la otra, suya.

Cuando Lyndon amartilla su pistola, Lord Bullingdon se siente indispuesto y se aleja para vomitar, aunque regresa luego a su puesto.

Lyndon dispara al suelo, tras lo que le preguntan si considera haber recibido satisfacción, lo que este niega, por lo que deberán repetir el proceso.

Lord Bullingdon dispara, y esta vez acierta, hiriéndola en la pierna.

Llevaron a Barry a una posada cercana y llamaron a un cirujano. Tenía una herida en la pierna y, dado que la bala dañó la arteria deben amputársela para contener la hemorragia.

Lord Bullingdon le pide a Graham que le cuente a su madre lo ocurrido aunque sin detallarlo, aunque le pide que se ocupe de que esté camino a Londres lo antes posible, ya que su madre querrá ir a verlo y deben evitar que lo haga ni que cause escándalo alguno antes de partir.

Con la pierna ya cortada, se entretiene jugando a las cartas con su madre cuando los visita Graham, enviado por Lord Bullingdon, que le dice que este le ofrece una pensión de 500 guineas anuales de por vida con la condición de que abandone Inglaterra y que dejará de percibir si regresa.

Pero si deciden permanecer allí, su estancia significaría la prisión, ya que surgirían numerosas denuncias contra él por las innumerables deudas contraídas.

Derrotado y solo, aceptó la pensión y regresó a Irlanda con su madre, donde permaneció hasta su recuperación.

Tiempo después, se trasladó al continente, siendo vagas las noticias de su vida allí. Se sabe que reanudó su profesión de jugador sin la fortuna de antaño y no volvió a ver a Lady Lyndon.

Esta, junto con su hijo, volvió a ocuparse de sus asuntos financieros, debiendo firmar ella la pensión de su marido entre otros muchos papeles.

Epílogo

Fue Durante el reinado de Jorge III cuando estos personajes vivieron y lucharon; buenos o malos, bellos o feos, ricos o pobres, todos son iguales ahora.

Calificación: 3
Te cuento la película