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Eduardo Manostijeras
Eduardo Manostijeras

Edward Scissorhands (1990) * USA

          También conocida como:
                    - "El joven manos de tijera" (Hispanoamérica)

Duración: 98 min.

Música: Danny Elfmanky

Fotografía: Stefan Czapsky

Guion: Caroline Thompson (Historia: Tim Burton y Caroline Thompson)

Dirección: Tim Burton

Intérpretes: Johnny Depp (Edward Scissorhands), Winona Ryder (Kim Boggs), Dianne Wiest (Peg Boggs), Anthony Michael Hall (Jim), Kathy Baker (Joyce Monroe), Robert Oliveri (Kevin Boggs), Conchata Ferrell (Helen), Caroline Aaron (Marge), Alan Arkin (Bill Boggs), Dick Anthony Williams (Oficial Allen), Vincent Price (Inventor)

Una viejecita observa la persistente nevada que cae sobre una casa que hay en una colina cercana, preguntándole su nieta de dónde viene la nieve, diciéndole la anciana que es una historia muy larga, aunque la niña insiste en que se la cuente.

La abuela le dice que todo empieza por las tijeras y le habla de la mansión que está en lo alto de la montaña, donde, le cuenta, que vivía un inventor que creó a un hombre.

Le dio corazón y cerebro, pero era muy viejo y murió antes de acabar el hombre que había creado, quedando su creación, Edward, inacabado y solo.

Muy cerca de allí, en la colorida urbanización que está junto a la colina, una vendedora de Avon, Peg Boggs, trata sin éxito de vender sus productos, por lo que, se fija de pronto en la mansión de la colina y decide tratar de vender allí sus productos, entrando en el viejo edificio, cuyas verjas de entrada están derribadas.

Observa al entrar, y contrastando con la fealdad de fuera, que dentro hay un jardín lleno de setos primorosamente recortados la mayoría de los cuales representan animales, algo que le fascina y le parece precioso.

Como nadie le contesta y la puerta está abierta, decide entrar, viendo al subir al piso superior el techo destrozado, y dentro de la chimenea un camastro y recortes pegados en la pared, percatándose entonces de que hay allí una persona que trata de esconderse, asustándose al ver sus manos, aunque él le pide que no se vaya.

Peg le pregunta qué le ocurre, diciéndole él que no está terminado, mostrándole que en lugar de manos tiene tijeras.

Le pregunta qué le pasó y dónde están sus padres, contándole él que no se despertó.

Le pregunta si vive solo y qué le pasó a su cara, que tiene numerosos cortes.

Peg decide ayudarlo y le dice que le pondrá un astringente para evitar que se infecten sus heridas invitándolo a ir a su casa.

Camino de esta, y tras salir al mundo por vez primera, lo observa todo con curiosidad, las casas con colores pastel y a los vecinos del barrio, regando o jugando.

También él es observado con curiosidad por los vecinos, empezando varias vecinas a comentar su llegada, no entendiendo que Peg no les dijera nada del extraño.

Ya en casa, Peg le habla de su familia. De Bill, su marido, campeón de bolos, y de sus hijos Kevin y Kim, en ese momento de camping con sus amigos, quedándose él fascinado al ver su fotografía.

Le entrega ropa vieja de su marido que se pone encima de la suya.

Edward se sorprende con la cama de agua, que pincha involuntariamente.

Las llamadas de las vecinas se suceden, ansiosas por conocer a su huésped, volviendo todas a sus casas al llegar la noche, momento en que empiezan a llegar los maridos.

Kevin observa a Edward tratando de cenar, sin apañarse con sus tijeras, aunque Peg trata de disimular como si no lo viera, diciendo Kevin que lo llevará al cole.

Le alojan en la habitación de Kim.

Por la mañana Peg trata de maquillar su pálida tez con bases y maquillajes, tratando también de cubrir sus cicatrices.

Luego sale al jardín, donde ve a Bill podando, decidiendo Edward ayudarlo haciendo lo mismo con los setos, a toda velocidad, convirtiendo el seto en un dinosaurio, esculpiendo luego en otro a toda la familia.

Pero Esmeralda, otra de las vecinas asegura que ha llegado del infierno para tentarlos y que es una perversión de la naturaleza, pese a lo cual todas las mujeres se concentran ante la puerta de Peg deseando conocer a su invitado y pregunta a qué hora harán la barbacoa para presentarlo, asegurando cada una de ellas que llevará algo.

Edward colabora en casa cortando la lechuga, diciéndole Peg que no debe ponerse nervioso, pues Esmeralda no irá, y los demás vecinos son muy cariñosos.

Al ver funcionando un abrelatas, recuerda las máquinas que inventó su creador para fabricar galletas.

La barbacoa en casa de los Boggs es todo un éxito, ayudando él a abrir las latas o colocándose en sus tijeras las cosas que luego harán en la barbacoa, comentando todas las mujeres que Edward es misterioso y muy diferente, deseando todas invitarlo a sus casas, y le ayudan con la comida.

Edward recuerda las lecciones de educación que le daba el profesor por si le invitaban a tomar té. Y recuerda que también le leía poesía.

Kim, y su novio Jim y sus amigos, regresan antes de lo esperado, sin que en su casa sepan nada, por lo que se asusta enormemente, cuando, tras haber comenzado a desvestirse, ignorante de su presencia, repara de pronto en su presencia, por lo que grita fuertemente, asustando sus gritos a Edward, que acaba pinchando el colchón.

Sale corriendo tras ello gritando que hay un asesino en su habitación, debiendo calmarla sus padres.

Al haber pinchado el colchón de agua deben poner a Edward en el sofá cama y a Kim en la habitación de Kevin.

Las vecinas se disputan a Edward, que empieza a recortar los setos de toda la urbanización, convirtiendo a todo el vecindario en un museo, siendo muy popular, llevándolo Kevin a su clase donde realiza recortes para sus compañeros.

Pero durante una cena Bill le sugiere que cobre por sus trabajos de jardinero, ya que solo obtiene galletas y limonada, comentando Jim durante la cena que su padre es muy rico, pero lo guarda todo en un cuarto blindado para que él no lo use.

Un día, además del seto, Edward le corta el pelo a un perrito, quedando su dueña muy contenta con el cambio, llevando pronto todas las vecinas a sus perros para que él les corte el pelo de formas originales, preguntándole Joyce, fascinada con su perrito, si cortó alguna vez el pelo de una mujer, pidiéndole que lo haga con el suyo, teniendo una experiencia casi orgásmica mientras se lo hace, asegurando que es la experiencia más excitante de su vida.

Pronto todas las mujeres querrán que practique con ellas, dejando a Peg para el final.

Todo el vecindario está contento con él, y un día, cuando una de las vecinas lo lleva al centro comercial para que le afilen las manos, ve a Kim que se besa con su novio y se queda mirándola, celoso.

Cuando regresa, encuentra a la pareja en la puerta sin llaves, consiguiendo él abrirles con sus manos sin problemas.

La popularidad de Edward es tal, que incluso lo llevan a televisión para contar su historia, mostrando en ella sus peinados y sus setos.

Le preguntan si ha pensado en colocarse unas prótesis, diciendo una de las espectadoras que conoce a un médico que podría ayudarle, diciendo él que le gustaría conocerlo, aunque otra espectadora le recuerda que si tuviera manos normales sería como todo el mundo y no le considerarían especial, aunque él es lo que desea, diciéndole Peg que con independencia de lo que ocurra, él siempre será especial.

Le preguntan también si ha pensado en abrir su propio salón de belleza y si tiene novia, a lo que no responde, aunque en casa Jim bromea diciéndole a Kim que está enamorado de ella, enfadándose la chica por esas bromas.

Provoca un cortocircuito con sus tijeras al tocar un cable, recibiendo un calambrazo que le deja sin sentido riéndose de él Jim y Kevin, aunque a Kim le da pena.

Unos días más tarde Joyce Monroe lo lleva hasta un local donde espera abrir un salón de belleza para él, con ella como encargada de recibir a la clientela.

Lo lleva luego hasta la trastienda, donde le muestra sus batas de forma sugerente, para acabar colocándose sobre él, y le dice que ha esperado ese momento durante mucho tiempo, cortando un botón con las tijeras para empezar a desvestirse, para lanzarse luego sobre él, aunque la silla cae y él, asustado se marcha sin atender sus protestas.

Mientras cena luego con los Boggs, les cuenta que Joyce le enseñó el salón y luego se quitó la ropa en el cuarto de atrás.

Bill le dice que debe ir al banco para pedir el crédito para poder abrir el salón, pero la carencia de documentación alguna, hace que no se lo concedan, aunque Peg trata de animarlo y le dice que lo conseguirán de alguna manera.

Recordando cómo Edward abrió con facilidad la puerta de la casa, Jim decide que les abra la habitación blindada de su padre para conseguir dinero con el comprar una furgoneta donde podrán acostarse poniendo un colchón, aunque Kim no desea que lo haga, pues cree que sería un allanamiento de morada, aunque Jim insiste, sabiendo que Edward hará cualquier cosa por ella.

A este le dicen que les ayude para recuperar algo que les robaron.

Edward consigue abrir las puertas con gran facilidad, aunque al entrar en la sala saltan las alarmas y se cierra la puerta dejándolo encerrado y sin posibilidad de abrir, huyendo todos dejándolo allí, no permitiendo Jim a Kim que regrese para ayudarlo, para lo que decide llevársela en brazos.

Poco después llega la policía, que le pide que salga con las manos en alto, tomando sus manos por armas, que le piden que suelte sin oponer resistencia, amenazando con disparar si no lo hace, aunque la llegada de las vecinas evita que acaben con él, ya que les explican que no tiene armas, que son sus manos.

Peg se echa la culpa. Cree que Edward lo hizo porque ella le dio mal ejemplo al envidiar a los padres de Jim por su dinero y cree que intentó robar el dinero para su salón de belleza, no contando él nada pese a que le preguntan si le incitó alguien a hacerlo.

En comisaría, un psiquiatra señala que, debido a los años de aislamiento, Edward no sabe discernir entre el bien y el mal, aunque es muy creativo, tal como muestran sus trabajos de jardinería y peluquería, y que no supondrá ningún peligro fuera, por lo que, finalmente le dejan en libertad.

Pero Joyce, resentida por su rechazo, afirma que algo no funciona bien en su cabeza y todas las mujeres empiezan a cuchichear y a murmurar que es peligroso, pues podría haber entrado en sus casas en vez de en la casa de los padres de Jim, diciendo Esmeralda que les advirtió, pues vio en él el signo del diablo.

Cuando llegan a su casa está la prensa esperándolos, aunque Peg no permite que le molesten.

Cuando llega Kim a casa se muestra preocupada y le pregunta si le hicieron algo malo, y le dice que intentó convencer a Jim para volver, pero no le dejó y le da las gracias por no haber contado que fueron ellos.

Él le dice que ya sabía que era la casa de Jim, pero que lo hizo porque ella se lo pidió.

Cuando ve que llega este para buscarla él rasga las cortinas y las paredes con rabia.

Jim, por su parte, dice que su padre no denunció a Edward porque piensa que es retrasado, pero Kim le reprocha que no contara la verdad.

Bill le dice que buscarán el modo de que pueda restituir lo que ha dañado, pero que les será más difícil restituir su confianza en él.

Las mujeres comienzan a hablar entre ellas por teléfono sobre lo que hizo con las cortinas de Peg, habiéndoles contado Joyce su rechazo al revés de como fue, acusándolo de haber intentado violarla, por lo que se niegan a ir a la fiesta de Navidad de Peg, no entendiendo que lo mantengan en su casa, donde vive una adolescente.

Esta le pregunta a su madre, mientras adornan el árbol de Navidad si no cree que sería mejor anular la fiesta, aunque esta le dice que deben hacerlo para conseguir que vuelvan las cosas a su estado normal.

Fuera, Edward talla un ángel sobre un bloque de hielo, haciendo que las virutas de este caigan sobre Kim, que baila bajo la nieve que forman.

La llegada de Jim distrae a Edward que le hace un pequeño corte en la mano a Kim de forma accidental, reaccionando Jim violentamente, acusándolo de haberlo hecho a propósito, diciéndole que no puede tocar nada sin destrozarlo, y le pide que se marche, llamándolo monstruo, haciendo que Edward se vaya, en efecto, enfadado y triste.

Cuando Kim sale con la mano ya vendada y pregunta por él, Jim le recuerda que la ha agredido, diciéndole ella que no es cierto y que ya no le quiere a él, preguntando Jim si prefiere a eso, que ni siquiera es humano.

Bill, que estaba colocando unas luces navideñas sobre el tejado y lo vio alejarse le dice que él se encargará de ir buscarlo, al ver a su hija asustada.

Edward se aleja y va destrozando algunos de los setos que creó, y se quita la ropa que le dieron para ser mejor aceptado, e incluso pincha los neumáticos de algún coche.

Esmeralda se lleva un susto tremendo al descubrir tras su ventana un nuevo seto moldeado por Edward que lo hizo en forma de monstruo.

El oficial Allen llega a casa de los Boggs, comprobando que Edward no está allí, por lo que empieza a buscarlo, viendo a las mujeres reunidas, escandalizadas por lo ocurrido, cuando llega el policía buscándolo.

En su casa Peg observa que no acude ningún invitado, y tanto ella como Kim muestran su preocupación por Edward, reconociendo Peg que cuando se llevó a Edward a vivir con ellos no se paró a pensar en lo que hacía ni en lo que podría ocurrirle a él o a ellos y al vecindario, y cree que es mejor que regrese a la mansión para estar a salvo y que todo vuelva a la normalidad.

Como no logró encontrarlo, Bill sale de nuevo, ahora con Peg, en el coche.

Edward está sentado en una acera, decidiendo regresar a casa de los Boggs cuando ve que se acerca el coche de la policía.

En casa encuentra a Kim sola, pidiéndole esta que la abrace, aunque él, temeroso de hacerle daño con sus brazos le dice que no puede, acercándose ella, que coloca sus brazos alrededor de su cuerpo mientras lo abraza.

En ese momento, Edward regresa que estuvo a punto de conseguir sus manos, que el profesor había creado ya, aunque entonces, y antes de colocárselas murió, dejando caer Edward las manos, que acabaron rotas.

Trató entonces de ayudar al profesor, haciéndole varios cortes al intentar acariciarlo.

Despechado, Jim, bebe en una furgoneta con sus amigos, todos ya borrachos, imaginándose lo que puede hacerle a Kim en otras partes, teniendo en cuenta lo que le hizo en la mano al cogérsela.

Decide tras ello pedirle al dueño de la furgoneta que le lleve hasta su casa pese a su borrachera, tirando por el camino debido a su estado alguno de los setos, debiendo Edward salvar a Kevin de morir atropellado, abalanzándose sobre él, aunque al hacerlo acaba haciéndole un pequeño corte en la cara.

La gente malinterpreta la situación y creen que lo está atacando, y cuando el marido de Joyce trata de apartarlo del chico, es herido también accidentalmente, por lo que empieza a decir que ha intentado matarle y pide que llamen a la policía, arremolinándose cada vez más gente.

Solo Kim trata de ir a ayudarle, pero la retiene Jim.

Los padres de Kevin lo recogen y se lo llevan a casa y le piden a Edward que vaya con ellos, aunque se lo impide Jim, abalanzándose sobre él y golpeándolo, recibiendo también un corte al tratar de defenderse, escuchándose entonces las sirenas de la policía, pidiéndole Kim que huya.

Lo hace, seguido por el coche policial, yendo tras este todos los vecinos, que no hacen caso de Peg, que trata de calmarlos diciéndole que lo de Kevin son solo rasguños y que les pide que no molesten a Edward.

Poco después se escuchan los disparos del oficial Allen, aunque los hizo al aire mientras se día a sí mismo, "corre", dejando que Edward huya hacia su mansión.

Les dice luego a todos los vecinos que regresen a su casa, pues todo ha terminado, sin dar más explicaciones, a la puerta de la mansión de la colina.

Pero no se van. Joyce, que comanda al grupo asegura que irá a buscarlo y se adentra en la casa seguida por los demás.

Antes que ellos, llegó Kim, que lo encuentra allí, preguntándole Edward si le hizo daño a Kevin, diciéndole ella que solo estaba un poco asustado.

Kim le dice que tenía miedo pensando que podría estar muerto tras escuchar los disparos, diciendo Jim, que llega en ese momento con una pistola, que lo estará, tras lo que le dispara.

Kim consigue desviar el siguiente disparo hacia el techo, ya muy deteriorado, cayendo una parte sobre Edward y sobre ellos mismos.

Mientras Edward está en el suelo todavía, Jim lo patea, golpeándolo tras ello con el atizador de la chimenea de forma inmisericorde, saliendo Kim en defensa suya, derribándolo y amenazándolo con uno de los cuchillos de Edward, que le coloca en el cuello, y le pide que pare o le matará. Aunque él consigue apartarla y la patea.

Avanza luego de nuevo hacia Edward con la barra, dispuesto a golpearlo, pero esta vez traspasó los límites al golpear a Kim, por lo que lo ataca él clavándole en el pecho uno de sus cuchillos, empujándolo luego hasta la ventana, haciendo que caiga desde lo alto al vacío.

Tras ello se despiden. Kim llora cuando Edward le dice adiós. Ella lo besa y le dice que le quiere.

Cuando llegan los vecinos de la urbanización Kim sale a su encuentro, cogiendo otro juego de manos tijeras de sobra.

Ven el cadáver de Jim y le preguntan si Edward está dentro, diciendo ella que murió al caérsele el techo encima. Que Jim y él se mataron mutuamente, invitándoles a subir para comprobarlo, mostrándoles las manos en forma de tijeras que encontró.

Poco a poco, la gente se va dando la vuelta y se marchan de regreso a sus casas.

La anciana, que descubrimos que es Kim, le cuenta a su nieta que nunca más volvió a verlo, preguntándole la niña por qué no volvió allí arriba, y le dice que aún podría ir, respondiéndole Kim que ahora es una anciana y prefiere que la siga recordando como era entonces.

Arriba Edward mantiene su jardín perfecto, con numerosas figuras de animales.

La niña le pregunta cómo sabe qué sigue vivo, diciendo ella que lo presiente, pues antes de que él llegara no nevaba nunca y que si él no estuviera vivo no estaría nevando, y le cuenta que a veces aún baila bajo la nieve.

Kim tiene razón. Edward trabaja en sus esculturas de hielo, siendo sus restos, la nieve que cae sobre el barrio.

Kim vuelve a recordar aquella primera vez que bailó bajo la nieve.

Calificación: 3
Te cuento la película