Te cuento la película

El 47

España (2024) *

Género: Drama / Cine social

Duración: 110 min.

Música:Arnau Bataller

Fotografía: Isaac Vila

Guion: Marcel Barrena y Alberto Marini

Dirección: Marcel Barrena

Intérpretes: Eduard Fernández (Manolo Vital), Clara Segura (Carme Vila), Zoe Bonafonte (Joana), Salva Reina (Felipín), Óscar de la Fuente (Antonio), Betsy Túrnez (Aurora), Vicente Romero (Ortega), David Verdaguer (Miguel Serra), Borja Espinosa (El Rubio), Carlos Cuevas (Pasqual).

Durante las décadas de los años 50 y 60 milles de inmigrantes de Extremadura y Andalucía dejaron su tierra huyendo de la miseria del hambre de la posguerra, el trato de los señoritos y la asfixia moral de los cortijos buscando una vida más digna en zonas industrializadas como Euskadi, Madrid y Cataluña.

Algunos podían comprar parcelas en el extrarradio de grandes ciudades, donde construían sus hogares.

El chabolismo y el subarriendo eran la única opción para la mayoría y los barrios de chabolas y barracas empezaron a crecer alrededor de las capitales.

La ley del Suelo, de aplicación estatal decía que, si al salir el sol una construcción tenía techo la autoridad no podía tocarla, pero si no lo tenía podría ser derribada.

En Barcelona, en los terrenos alrededor del Castillo de la Torre del Baró, concebidos como futura zona residencial de clase acomodada se convirtieron en uno de esos barrios chabolistas y el castillo dio nombre al barrio. Torre Baró.

Manolo Vital cuenta la historia de su barrio y de su familia.

Cada mañana llegaba al barrio un pequeño camión que vendía material de construcción

1958. Barcelona

Por la noche, los vecinos tratan de construir a toda velocidad chabolas y cubrirlas antes de amanecer, aunque, cuando comienza a salir el sol, llegan hasta el barrio los policías a caballo acompañados de los equipos de demolición.

Uno de los policías, Ortega, pide los papeles a Manolo, que le cuenta que es de Valencia de Alcántara, en Cáceres y el policía le pregunta si no cabían todos allí, y Manolo le hace ver que tampoco él es de allí, a lo que le responde que un poco más que ellos.

Tiran tras ello las chabolas que no están techadas, siendo el propio Ortega quien da los primeros mazados sin atender las protestas de los vecinos, entre los que hay una monja.

Cuando se van, Manolo reúne a todos los vecinos para decirles que, aunque no los quieran allí, compraron las parcelas y no se irán, y les propone que, en vez de que cada uno construya su casa, cada noche harán la de uno de ellos y así tendrán una casa techada al amanecer.

Esa misma noche se ponen manos a la obra, y la monja reparte comida a los trabajadores.

Se dirige a una mujer que cuida a una niña y le dice que tiene una hija muy bonita y la mujer le explica que no es de ella, sino de Manolo, al que pregunta por la madre, y él le dice que se lo pregunte a su Dios.

La religiosa se ofrece a cuidar de la niña, aunque Manolo le dice que no es muy de curas, pero que puede cuidarla si no le habla mucho de Jesucristo y le dice que la niña se llama Juana.

Cuando al día siguiente llega la policía con los obreros encargados de las demoliciones los esperan todos juntos para ver cómo se retiran al ver que no tienen ninguna chabola que derribar.

Así, poco a poco, el barrio va creciendo y Carmen, la monja comienza a dar clase a los niños en la calle mientras Manolo la observa.

1978

Carmen ya no es monja. Le recorta el pelo a Manolo, que le comenta que está preocupado por el trabajo y se besan tras ello.

El barrio en ese tiempo cambió notablemente Las chabolas se transformaron en casas, y hay incluso una cabina telefónica y la asociación de vecinos pelea por obtener mejoras para el barrio, pero los repartidores se niegan a subir hasta allí porque no está asfaltada la entrada y hay baches enormes, por lo que Felipe, que tiene un colmado con su mujer debe cargar con la mercancía desde la parte de abajo.

Manolo para entonces se ha convertido en conductor de un autobús articulado, el 47.

Conoce ya a algunos de los pasajeros habituales, con los que entabla conversación, como Pasqual, un joven abogado que le cuenta que hizo una tesis doctoral en economía urbana, pero al que no escuchan en el ayuntamiento.

Son tiempos difíciles y en las cocheras les informan de que expulsaron a dos compañeros más y su encargado les dice que no aceptan sus propuestas y que habrá más despidos.

En la asamblea de la asociación se preocupan porque nadie sube allí y se sienten abandonados y no les asfaltan las calles y a Carmen le preocupa que no les hagan una escuela, y debe seguir dando clases en un barracón sin electricidad, con goteras y con las ventanas rotas y además deben andar dos kilómetros hasta el consultorio más cercano y deben andar dos kilómetros en cuesta para ir a buscar agua y las alcantarillas se revientan.

Vital no habla ese día. Dice que no tiene nada que decir.

Dice que tienen agua y luz, pero hicieron todo eso para que los jóvenes tuvieran un futuro y no están allí.

Joana participa en el coro del colegio y le dice la directora que será ella la solista, aunque la que siempre lo hizo hasta entonces le pregunta si le presta algo de ropa, pues todos van elegantes menos Joana.

En casa, Carmen le reprocha que no dijera nada, aunque él le dice que está cansado. Que fue presidente de la asociación de vecinos muchos años y ahora debe hacerlo otro, y recuerda que le llamaban el rojo que se casó con la monja.

Joana llega ya muy tarde y recuerda a su padre que está todo muy lejos.

Manolo le pregunta por qué no fue a la reunión y ella le dice que porque no sirve de nada, ante lo que su padre le recuerda que ese barrio lo construyeron por ella, que le dice que debían haberlo construido más cerca de cualquier cosa, pues le da vergüenza vivir allí.

Más tarde, en la cama, él pregunta a Carmen si está bien allí y le dice que sí, pero que es normal que Joana quiera cosas mejores y tiene sueños.

Más tarde, Manolo ve a su hija en la terraza ensayando la canción del coro.

Tienen un momento de intimidad y Manolo enseña a su hija a beber en porrón.

Le pregunta luego si se acuerda de su madre y cuando llegaron allí con la burra, pero era demasiado pequeña.

Él le cuenta que se acuerda los cerezos en flor del valle del Jerte, pero también de los que les hicieron sufrir cuando vivían allí, tras lo que pide a su hija que no sienta vergüenza de ser quien es.

Llega entonces Aurora, la mujer de Felipe, preocupada porque este se fue con un bote de pintura hacia el ayuntamiento, por lo que Manolo sale tras él.

Al llegar abajo cogen el autobús y Felipe le dice que sería bueno que ellos tuvieran un autobús también y le pide a Manolo que pregunte por qué no tienen un autobús, pues el barrio cambiaría mucho con uno.

Llegan a la Plaza de Cataluña, aunque Felipe no pensó qué quería escribir y Manolo le dice que tiene que ser algo simple y deciden poner "Torre Baró es Barcelona".

Deben esperar a que se meta el guardia para hacer la pintada.

Cuando va a trabajar ve que algunos compañeros se han movilizado y destrozaron el autobús de Manolo, que se enfada mucho con su compañero, que le recuerda la necesidad de la lucha.

Manolo le dice que ellos pararon la meridiana para que les pusieran el agua, aunque su compañero le dice que parece que ya no se acuerda y le pregunta si está con los trabajadores o con los patronos.

Carmen va a casa de Helena, una niña, para ver por qué no va a clase y el padre le dice que tiene que ayudar a su madre en casa y le pregunta para qué le van a servir los estudios cuando vaya a la fábrica y le pregunta si ha visto dónde viven.

Llega la policía al barrio y comienzan a preguntar por los autores de la pintada, aunque los autores le dicen que debieron ser algunos gamberros.

De cuando en cuando proyectan en el barrio "Esa voz es una mina".

Carmen tiene mal los pies de tanto subir y bajar, y Manolo le sugiere que se jubile, aunque ella le dice que no quiere renunciar a su vocación, que ya lo hizo una vez.

De pronto comienzan a oler a quemado y ven que está ardiendo la casa de Felipe.

Todos los vecinos corren a tratar de apagarlo tirando cubos de agua, pero nadie sabe dónde está Felipe.

Escuchan las sirenas de los bomberos, pero no pueden subir por el mal estado del camino, y, aunque Manolo estaba dispuesto a entrar cubierto con una manta a buscar a Felipe, el techo se derrumba y no puede hacer nada ya.

Frente a la viuda, Aurora, a la que acogen en su casa, señalan que están allí arriba abandonados como ratas y Manolo llora destrozado.

El superior de los conductores les informa que las reparaciones de los coches destrozados saldrán de sus pagas extras salvo que el autor confiese, en cuyo caso no habrá denuncias ni represalias hacia los demás, ante lo que el compañero de autobús de Manolo decide confesar para librar a los demás.

Manolo aprovecha para preguntarle por el transporte a Torre Baró, un barrio que le cuenta, construyeron ellos e hicieron las calles, y el encargado le dice que ellos no pueden decidir a dónde van los autobuses, pues son rutas establecidas por el ayuntamiento, ante lo que le pide que hable con algún superior, a lo que le responde que ya avanzaron y no es el momento de pedir más.

Decide ir él en persona al ayuntamiento.

Le envían a una sala repleta de gente que va a pedir diferentes cosas y presenta una solicitud, aunque el que la recoge no tiene ni idea de a dónde llevarlo.

Pero no se da por vencido y se queda en la oficina hasta que, tras varios días, lo envían a una oficina, donde un funcionario anota su petición, aunque de esa oficina es enviado a otra y de allí a otra y a otra y a otra.

Un día, el chico que trabaja en el ayuntamiento, Pasqual, lo ve preocupado y le pregunta si está bien y le explica su problema. Pasqual le dice que debe hablar con Transporte Metropolitano, que es quien lo gestiona y él le dice que ya lo hizo y no le hacen caso, ante lo que el chico le dice que él conoce a la persona que se ocupa de eso.

Carmen, entretanto, y por su cuenta, acude a ver un piso en un barrio muy bien conectado y donde al abrir el agua caliente sale caliente.

Manolo acude con Pasqual al ayuntamiento y mientras esperan al concejal encargado de transporte, Pasqual le dice que habla muy bien catalán, a lo que Manolo le responde que lo habla por amor y le cuenta que su mujer era monja.

El concejal, Miguel Serra, le asegura que llevará su solicitud a a la comisión.

Joana sigue entretanto ensayando en el coro, aunque le dice la directora que canta sin carácter y sin sentimiento, y la hace llorar.

Por la noche, Carmen le cuenta que fue a ver un piso en el centro y cerca de todo, pues está cansada, aunque Manolo le dice que está a punto de conseguir que llegue allí el autobús y le pide que confíe en él y que le dé un tiempo.

Vuelve al ayuntamiento para ver a Miguel, que, aunque molesto, lo recibe de nuevo.

Carmen, por su parte decide ir a dar clases en su casa a la niña que no va al cole. Y cuando la niña le dice que su madre no sabe leer, Carmen dice que hay que arreglarlo y que le dará clase una vez por semana.

Serra le cuenta que llevó su petición a la junta, pero le dijeron que, aunque era una gran idea, la revocaron, pues las calles de Torre Baró son demasiado estrechas y empinadas para que pase un autobús y no están asfaltadas y le pide que espere a las elecciones.

Manolo le dice que se compromete personalmente a llevar el autobús y le pide que le deje hablar con el alcalde, a lo que Serra le responde que no, que hizo una propuesta y se votó que no y le pide que se busque otro pasatiempo.

Manolo, antes de marcharse va a la sala de plenos, en ese momento vacía, y da un discurso como si estuviera llena.

Un día se encuentra con que Aurora y Antonio prepararon todo para regresar a Extremadura, y Aurora deja las llaves del colmado a Joana.

Manolo trata de evitar su marcha, pero Antonio le dice que no pueden considerarse que son de un lugar donde no les quieren.

Cuando Carmen se dispone a dar la clase a la madre de su alumna ve que esta llevó a otras mujeres que, como ella, son analfabetas, y se siente contenta al verlas.

Joana comienza a hacer pan y hacerse cargo del colmado.

Un día, el sargento Ortega le lleva a Joana a casa por hacer pintadas en las paredes del ayuntamiento.

Carmen se enfrenta a él, que le pide que hable en cristiano, y luego pide a Manolo que mande a su mujer adentro y luego le dice a Manolo que es una vergüenza que sea su mujer la que lleva los pantalones en casa y le dice que ha tenido suerte de que le llevara él a su hija, pues podría haber caído por la ventana en comisaría.

Le dice luego que ahora su casa parece menos una pocilga.

De pronto, Manolo se da cuenta de que ha perdido el reloj de su padre, lo único que le quedaba de él al que pegaron cuatro tiros los de Falange delante de él.

Le dice luego a Carmen que no se pueda ir de allí, pues ya le echaron una vez de su casa y construyeron esa, a lo que ella le responde que no necesita una escuela para ser maestra.

Manolo le dice tras ello que lo va a reventar todo y que la va a liar.

Al día siguiente sale con su autobús para hacer su ruta.

Suben varios de sus clientes habituales, como Angelines o Pasqual, que lamenta no poder ayudarlo, ante lo que Manolo le pide que se presente a la alcaldía de Barcelona.

Después de algunas paradas, Manolo pide a sus pasajeros que se bajen y que cojan el siguiente autobús, pues él se va a la cochera.

Desde el lugar en que paró llama a Carmen por teléfono y ella dice que avisará a todos.

Pide a su compañero que vaya a ver al encargado para que le diga que Manolo se llevó el autobús a Torre Baró.

Él dice que ese autobús está secuestrado, pese a lo cual algunos de los pasajeros deciden quedarse, como Angelines y Pasqual, y Manolo ve que también llega Joana.

Se dirige con el vehículo hacia su barrio y comienza su camino, esperándolo algunos de sus vecinos en la parte de abajo, por donde nadie sube.

Maniobra para poder coger el camino, y, pasado el primer bache, gracias a unas maderas, se suben sus vecinos.

Encara las calles del barrio subiendo hasta arriba pese a las dificultades, siendo recibido por sus vecinos, que llevan pancartas reivindicativas y con aplausos, una banda, e incluso gigantes, como si se tratara de una fiesta.

Una vez arriba él dice que le dijeron que era imposible que subiera el autobús hasta Torre Baró y él les ha demostrado que no es verdad.

Sube un furgón policial que pide que desalojen el autobús, y al mando, el sargento Ortega que le pregunta que todo eso que hizo para qué es y se lo lleva detenido.

Se celebra la fiesta de fin de curso en que actúa el coro del colegio, que canta el Rossinyol, aunque no es, finalmente, Joana, la solista.

Pero cuando el coro se retira, Joana permanece en el centro del escenario y canta ella sola la canción que su padre escucha constantemente: "Gallo rojo, gallo negro".

Su madre, entre el público rompe a llorar, igual que la propia Joana cuando canta que nunca se rinde un gallo rojo hasta que ya está muerto.

Manuel Vital fue juzgado y condenado por el secuestro del autobús 47.

Declaró que llevó el 47 hasta el barrio y que pese a que decían que es un secuestro, él dice que es una necesidad.

Gracias a la presión popular Manolo fue readmitido en su trabajo con la condición de no volver a secuestrar un autobús.

Tras el secuestro y las reclamaciones vecinales, el Ayuntamiento de Barcelona aprobó que Torre Baró y otros barrios del extrarradio tuvieran línea de autobús y Barcelona cambió para siempre.

Cuando Pasqual Maragall se convirtió en alcalde de Barcelona vivió unos días en casa de Manolo y Carmen para conocer el barrio de cerca.

El 16 de enero de 1998, el Ayuntamiento entregó la Medalla de Oro de la ciudad a Manolo Vital.

Carme Vila Olivé falleció en 2010. Pocos meses más tarde lo hizo Manolo Vital.

Nunca dejaron Torre Baró.

Calificación: 3