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El árbol, el alcalde y la mediateca

L'arbre, le maire et la médiathèque (1993) * Francia

Duración: 105 Min.

Música: Sebastien Erms

Fotografía: Diane Baratier

Guion y Dirección: Eric Rohmer

Intérpretes: Pascal Greggory (Julien Dechaumes), Arielle Dombasle (Bérénice Beaurivage), Fabrice Luchini (Marc Rossignol), Clémentine Amouroux (Blandine Lenoir), François-Marie Banier (Régis Lebrun-Blondet), Michel Jaouën (Antoine Pergola), Françoise Etchegaray (Madame Rossignol), Galaxie Barbouth (Zoé Rossignol).

Marc Rossignol, profesor de una escuela rural, explica en clase de lengua las frases condicionales, que, indica, comienzan por la expresión "si".

Capítulo I

"Si antes de las elecciones regionales de marzo del 92 la mayoría presidencial no se hubiera convertido en minoría…"

El alcalde de Saint-Juire, el socialista Julien Deschaumes llega a su oficina tras haber perdido las elecciones regionales.

Capítulo II

"Si Julien tras su derrota no se hubiera enamorado de la novelista Bérénice Beaurivage…"

Mientras descansa y lee la prensa, Bérénice le dice que no es solo en su pueblo donde debe actuar para lograr ser diputado regional, pues lo importante es París, diciendo él que es vital situarse a escala nacional, y antes a escala local, como ya hizo, aunque ella insiste en que debe moverse a escala de París, aunque él dice que prefiere convencer a la gente antes a los de su partido y que si el partido no le quiere se hará fuerte allí, pues consiguió aprender a conseguir aliados como los ecologistas.

Él indica que prefiere luchar haciendo lo que le gusta viviendo donde y con quién le gusta a hacer cosas aburridas con las que no simpatiza y quiere ser un político diferente.

Ella le pregunta si nunca se dejó barba, pues esta al canalla le hace parecer peor y al idealista le hace parecer Jesucristo.

Bérénice parece entusiasmarse con todo cuando salen a recorrer el campo. Con los pavos, con los árboles frutales, aunque no es capaz de entender que no tengan fruta, ya que no es temporada, pues ella las ve en cualquier época en las tiendas, viendo por vez primera las lechugas sin celofán.

Ven también en el establo las vacas, a las que les da el perejil que llevaba y luego ve llegar las ovejas.

No puede entender, cuando ve unas flores silvestres, las fritillarias o coronas imperiales, que no pueda hacer un ramo con ellas, pues, según le indica Julien, están protegidas pues solo hay tres sitios en Francia con esa tierra.

Ella dice que le gusta el campo, pero piensa que de estar allí más de cuatro días se aburriría, diciendo él que porque no hace nada, a lo que le responde que en la playa tampoco hace nada y no se aburre, y ni siquiera puede escribir, pues necesita el ruido, el movimiento y el caos, y que él mismo

Le dice que también se aburre su hija y preferiría la playa y que él mismo es parisino de la cabeza a los pies tanto en la voz como en los gestos, la actitud o la ropa.

Él defiende que es terrateniente, como sus ascendientes, diciendo ella que el apego a las raíces es de espíritus reaccionarios, y el hombre moderno debe ampliar sus horizontes y ser cosmopolita, aunque para él ese tipo de personas es aséptico y su antítesis, y que muchas personas viven en la capital pero conservan las raíces rurales de sus abuelos.

Ella le dice que para olvidarlas, pues en cuanto tienen dinero se van de vacaciones a la otra punta del mundo. A Grecia o al Caribe y él debería vender sus tierras y comprarse una casa en la costa bretona o normanda, diciendo él que eso es el colmo de la vulgaridad, ante lo que ella le llama snob.

Julien lamenta los cambios acontecidos, pues a principios del siglo XX Francia era un país rural y decidió convertirse en industrial y se pregunta qué será del campo, asegurando ella que en el futuro todos tendrán una casa en el campo.

Julien la rebate y le dice que ya no hay tanta segunda residencia, que, por el contrario, mucha gente ha vuelto a instalarse en el campo para vivir y en el futuro se dedicarán a realizar allí las tareas de la ciudad, asegurando que la población rural ya no es agrícola y en el futuro el trabajo de oficina se hará en casa y se frenará la masificación urbana y se evitará la desertificación rural, algo que no cree Bérénice, que cree que la ciudad atrae mucho, diciendo él que la gente va a la ciudad porque allí encuentran trabajo.

Bérénice le dice que en la ciudad existen infinitas posibilidades de conocer gente y les fascina ver la variedad de gente que hay, mientras que en el campo tienen que ir al único café que hay y hacer siempre lo mismo, con los mismos amigos, mientras que en París hay múltiples cines, restaurantes, fiestas y todo es posible.

Julien cree que los jóvenes están felices allí y no quieren irse, pues en París hay más soledad, aunque Bérénice dice que en el pueblo siempre vería a la misma gente y se sentiría observada, diciendo él que en París su círculo es más restringido, pues en el campo es más fácil conocer gente, pues se mueven a las fiestas de otros pueblos y se conocen más y que ya en el pasado muchos autores indicaban que era más fácil conocer a alguien con quien casarse, por las ferias, etc. y asegura que saben divertirse.

Beben con algunos vecinos a pesar de la derrota electoral y brindan por la victoria futura.

Le cuenta que prevén una construcción respetuosa con el medio ambiente, que creará empleos en la región, con materiales y técnicas tradicionales, mostrándole el terreno en que la harán, indicándole que será una mediateca, junto con un teatro y una piscina.

Ella le dice que tapará las vistas, aunque él dice que no será muy alta y conservará el estilo de la zona, aunque ella cree que quedará artificial y parecerá falsa.

Capítulo III

"Si el sauce blanco comunal no hubiera resistido el paso del tiempo…"

Un pregonero convoca con su tambor a los vecinos para informar de que el jurado encargado de examinar las candidaturas para la construcción del centro cultural y deportivo falló a favor del proyecto de Antoine Pergola.

El maestro, Marc Rossignol, se queja de que quieran construir el centro en un lugar con esas bonitas vistas, y con un árbol precioso y asegura que mataría a los arquitectos, aunque su mujer le dice que serán respetuosos con el entorno, lo que no le convence y lamenta que destruyan un paisaje maravilloso y lo vendan como respetuoso, pues si construyeran una mole de cemento todos protestarían, pero como les dicen que es respetuoso lo acatan como un mal menor sin darse cuenta de que un paisaje bello es por sí mismo una obra de arte.

La mujer dice que el árbol no lo talarán, aunque él dice que siempre acaban talándolos, aunque, para él, lo peor no es el edificio, sino los accesos, pues construirán aparcamiento para 200 coches y querrán hacerlo subterráneo y talarán el árbol, o, si lo hacen en superficie plantarán unos ridículas hileras de arbustos y asegura que si no puede ver el árbol por la mañana se irá de allí.

Su hija, Zoé le pide que en vez de gritar actúe, preguntando él qué puede hacer un maestro, diciéndole la niña que puede presentarse a las elecciones, aunque él dice que solo tendría su propio voto.

Él fue de los que nació en la ciudad y quería campo y piensa que en 10 años el campo será como la ciudad con todo lo negativo de esta.

Julien y Bérénice hablan con el arquitecto. Observan la maqueta y los planos, en los que se han proyectado un aparcamiento y un teatro al aire libre.

Bérénice indica que el teatro solo se podrá utilizar si hace buen tiempo, igual que la piscina, que solo se podrá utilizar tres meses al año, poniendo objeciones también al aparcamiento, lo que lo hará feo, diciendo ella que es mejor que sea subterráneo, aunque le dicen es complejo por el presupuesto, insistiendo ella en que el aparcamiento estropea todo el proyecto y deben buscar otra solución.

Capítulo IV

"Si Blandine Lenoir redactora del mensual "Pasado mañana" no hubiera desconectado sin querer el contestador al querer grabar un programa de radio…"

Tras llevar a su hijo al colegio, y antes de salir, Blandine trata de grabar un programa cultural radiofónico, desenchufando el contestador para enchufar un reproductor de cintas y encontrar una virgen.

Acude tras ello a la redacción de la revista mensual "Pasado mañana", donde estaba citada con el director, que le dice que no puede recibirla y trataron de avisarla, aunque no se enteró porque desenchufó el contestador.

El director se queja porque citó a unas personas por un favor y llegan tarde, explicándole que se trata de un primo de su cuñada que quiere presentarle a su novia, la novelista Bérénice Beaurivage deseosa de escribir sobre el mundo periodístico.

Como tardan en llegar le pide a Blandine que espere y que se quede para la reunión aunque no hable, pues odia las entrevistas con dos personas.

Le cuenta que él pertenece al grupo de jóvenes reformistas y tiene ambición, pero poca fuerza. Que es alcalde de su pueblo en la Vendée, que perdió en las regionales, pero se presenta a las legislativas.

Cuando llegan, les presenta a Blandine, que dice, es su mejor redactora y experta en sociología política y hablan de la candidatura de Julien, aunque no tiene mucha confianza, pues los que dominan el partido reniegan de los nombres propuestos por la federación vendeana y no se dan cuenta de que si quieren conservar ese feudo socialistas deben confiar en gente de allí.

El director le dice que en esa región son monárquicos, diciendo él que quizá en el norte, pero no en el sur, de donde es él.

Régis, el director, lamenta que con el poder que han adquirido los alcaldes y con el apoyo de los ingenieros, están acabando con los pueblos como eran, contándole él que van a realizar una gran construcción, pero respetuosa con el entorno y con el apoyo de los ecologistas, diciéndole Régis que el ecologismo puede ser muy reaccionario, pues su plan es que no haya avances ni evolución.

Bérénice dice que se debe evolucionar, aunque haya que morir, pues si la vida no avanza no merece la pena vivir y que el mundo se desarrollará y el hombre se adaptará al entorno como hizo siempre.

Blandine le dice que confunde la evolución natural del universo y los daños causados por el hombre.

Bérénice dice que el remedio a la tecnología es crear más tecnología, pues, asegura que un desastre natural puede ser más contaminante que uno causado por el hombre, aunque Blandine indica que la naturaleza crea sus propias defensas, mientras que el hombre arrasa los bosques.

Tras la charla, Blandine se ofrece a mostrarles la redacción.

Luego recibe una llamada del director, al que le cuenta que fue todo muy bien y que ya tiene un representante de la nueva clase política. Que escribirá sobre Julien, aunque Régis le dice que no da la talla, diciendo ella que lo encuentra interesante, que ya hay muchos oradores que saben de todo y que Julien no habla demasiado bien y lo que dice no parece contundente, pero es meditado. La mayoría de los políticos tienen discursos sin contenido y él es persuasivo, por lo que le apetece visitar su pueblo, diciéndole además que no cree que la escritora sea su tipo.

Acude en efecto al pueblo.

Le pregunta primero si no debería utilizar el dinero previsto para la construcción de la mediateca en otra cosa, pues la animación cultural no parece necesaria para un pueblo tan pequeño y les generará problemas más graves, explicando él que en el ministerio le dieron el dinero para eso, pues esperan que haya un tipo de cultura menos tradicional y más abierta para contrarrestar el conservadurismo de la zona norte. Algo más que folclore para turistas.

Le pregunta qué opinan los contribuyentes, pues también financian el proyecto, diciendo él que no costará nada gracias a una buena operación, vendiendo a una empresa un terreno que se había regalado al municipio y espera que la gente de la ciudad acuda allí a ver los espectáculos y servirá para enraizar a la población y atraer a otros tratando de salvar el campo de la desertización.

Discuten luego sobre la diferenciación entre derecha e izquierda y cómo se mezclan muchos conceptos de unos en los otros.

Blandine entrevista tras ello a algunos vecinos sobre sus problemas y su futuro.

Entrevista finalmente al profesor, que indica que la biblioteca que hay en el pueblo sería suficiente para los pocos lectores que hay, y que, si hubiera más, bastaría con comprar una de las granjas baratas que se venden, pero en realidad no quieren satisfacer las necesidades culturales de la gente del pueblo, sino de atraer a otra gente y esa es la política del alcalde apoyada por el ministro del Cultura y por el Gobierno para crear animación en el campo, pues creen que el campo está muerto. Y toman decisiones sobreprotegiéndolos tomando decisiones por ellos.

Cree que el alcalde piensa que en 50 años no habrá agricultores y el pueblo será una zona urbana, suburbio de Lugon, que a su vez lo será de Nantes, que ya lo es de París.

Ella dice que el alcalde no obliga a huir a los agricultores, diciendo Marc que quizá sí.

Le dice que se importan peras de países lejanos, pese a que don mejores de las de allí porque el transporte funciona trayéndolo trenes y aviones que contaminan y se construyen más carreteras.

Dice que el campo debe cultivarse y a quienes les atrae el campo es por eso, y si se urbaniza no atraerá a nadie, asegurando que si construyen la mediateca, se irá.

Defiende que el alcalde, aunque no lo crea, es un hombre de ciudad y su castillo es su segunda residencia

Tras las entrevistas va a hacer una fotografía del lugar donde se hará la mediateca.

Capítulo V

"Si en el momento de imprimirse la revista Blandine no hubiera estado acompañando a una misión de UNICEF en Somalia…"

Cuando regresa de Somalia y lee la revista y llama al director enfadada, pues cortaron demasiado, diciéndole Régis que el artículo era demasiado largo y tuvo que decidir por ella, diciéndole ella que dejó solo lo irrelevante, pues iba sobre los nuevos políticos, diciendo el director que era más interesante el profesor que el alcalde, diciendo ella que el profesor era un payaso, aunque él dice que era más gracioso y le encanta su árbol.

Este, de hecho, figura en la portada, pues lo encontró atrevido y le dice que ya se lo explicará él a su primo, al que dice, le hizo un favor, pues lo que dijo le habría perjudicado en su partido.

Bérénice recoge la revista y despierta a Julien para mostrarle el artículo, que titulan: "El maestro prefiere el árbol a la biblioteca", diciéndole ella que él ni sale en el artículo, y observan que este ocupa solo dos páginas.

Ve que hablan de él y de su aire de hacendado colonial que parece salido de una novela, que dará su nombre a un centro sociocultural y deportivo, viendo que a partir de ahí solo hablan del director de la escuela, al que no gusta el proyecto y del árbol, que Julien indica está podrido y no durará ni tres años.

Bérénice dice que el director es el típico periodista manipulador y sensacionalista capaz de todo por una primicia y asegura que lo usará para su novela.

Julien se pregunta por las razones, diciendo que puede haber varias teorías, como que Régis esté al servicio del partido haciéndose pasar por ecologista, lo que ella cree inverosímil, o que ante la esperable derrota del partido quiera estar con los ecologistas por intereses personales, ya que dijo, veía amenazada su granja por la construcción de una autopista, teniendo una tercera hipótesis. La de que decidió que él no servía para la política, aunque piensa que al final lo del maestro le favorecerá, pues es tan reaccionario, que a su lado él parece de verdad de izquierdas.

Capítulo VI

"Si Vega, la hija del alcalde no hubiera lanzado su pelota al camino por donde pasaba Zoé, la hija del profesor…"

Vega juega con un balón que salta la balla, recogiéndoselo Zoé, que pasaba por allí con su bicicleta.

Vega le cuenta que sus padres están divorciados y que fue a pasar el verano con su padre, pero pronto volverá con su madre a Bretaña y que no conoce a nadie allí, ofreciéndose Zoé a jugar con ella.

Al día siguiente, las niñas juegan juntas y Julien va a despedirse de su hija, conociendo a Zoé, que dice, quiere hablarle del proyecto de la mediateca, diciéndole Julien que conoce la opinión de su padre y la respeta y que si quiere hablar con él, podrá hacerlo, diciéndole la niña que su padre no quiere hablar, pero ella sí quiere hablar.

La niña le dice que no está de acuerdo con su padre, pues él es muy pesimista, pero ella apoya el proyecto aún menos que él, a lo que Julien le dice que eso es difícil, diciendo la niña que su padre no hace nada y ella lucha, pues cree que el proyecto es innecesario.

Julien le hace ver que así tendrá una piscina cerca y no tendrá que recorrer 5 kilómetros, diciendo la niña que en bici eso es un paseo y la mediateca es demasiado grande y fea, y que es idiota destruir un prado para poner una videoteca que podría ponerse en cualquiera de las casas que se venden, aunque el alcalde le dice que es más fácil conseguir dinero para construir que para restaurar y obtuvo el dinero para ese proyecto, pero no para algo puntual, pues al Ministerio de Cultura le interesó el proyecto porque reagrupa actividades.

La niña le dice que lo del teatro es absurdo teniendo un salón de fiestas, que Julien le dice, es una nave, diciendo la niña que se puede arreglar, diciéndole Julien que sería muy caro y las compañías teatrales no querrían ir a un sitio incómodo y sin acústica, preguntando ella si es mejor al aire libre, diciendo él que no hay eco, aunque ella dice que allí llueve a menudo, indicándole el alcalde que es muy pesimista también.

Finalmente la niña le dice que podría hacerse en otro sitio, en vez de en el prado y que hay cosas que el pueblo necesita más: zonas verdes, haciéndole ver Julien que están en el campo rodeados de zonas verdes, diciéndole Zoé que en la ciudad hay parques, y él tiene uno en su castillo, pero el resto de habitantes del pueblo no lo tienen.

Que antes los niños jugaban en los prados y ahora todo está cercado y la gente con hijos no querrá ir al campo si ya no quedan prados ni bosques, diciéndole él que tienen bosques cerca, diciendo ella que a 5 kilómetros, devolviéndole la respuesta de antes Julien al decirle que eso es solo un paseo en bicicleta.

Le dice que la mediateca se hará, pero le da las gracias por pensar en algo que la gente no suele pensar y reconoce que él con 10 años no habría pensado eso.

Capítulo VII

"Si un funcionario, por rutina o por una orden no hubiese sido tan celoso…"

Julien se encuentra en la capital con Blandine, que se disculpa por el artículo, diciendo él que sabe que fue culpa de Régis.

Ella le cuenta que se despidió y ahora trabaja en la UNESCO y le pregunta por su proyecto, diciendo él que va muy mal, pues el proceso se paralizó porque un funcionario de Equipamientos dijo que el terreno no era fiable al haber una capa freática agotada por el riego y que no se recuperará en 1.000 años.

Reforzar los cimientos no supondría más de un 5%, pero no consigue ese dinero, asegurando que en el Ministerio ya estaban arrepentidos de haberle dado tanto y preferían que no se hiciera.

Pensó en vender algunas de sus tierras y hacer un préstamo al ayuntamiento, pero solo encontró un comprador, un inglés que deseaba hacer un campo de golf y no quiso.

Rossignol recibe una carta del alcalde en la que le informa que el Consejo Municipal renunció al proyecto cultural y deportivo por falta de financiación, aplaudiendo al leerlo, diciendo Zoé que es porque habló con él, aplaudiéndole su padre y haciendo que le aplaudan sus compañeros, augurándole que llegará a diputada.

Comienza a cantar tras ello feliz de que el campo siga impoluto y sin contaminación ni centrales atómicas y la mediateca podrá instalarse en edificios que ya existen.

El alcalde por su parte abre sus jardines y celebra una fiesta con todos sus vecinos y también canta, previendo su futuro trabajando en una oficina como contable o informático en el campo.

Bérénice, en París indica que los fines de semana y los festivos en vez de ir a la India, Caracas, Tánger o Dauville la gente del campo irá a la ciudad a saborear sus placeres, y ese será su descanso.

Calificación: 3
Te cuento la película