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El arco
El arco

Hwal (2005) * Corea del Sur / Japón

Duración: 90 min.

Música: Kang Eun-il

Fotografía: Jang Seung-baek

Guion y Dirección: Kim Ki-duk

Intérpretes: Han Yeo-reum (La joven), Jeon Seong-hwang (Anciano), Seo Ji-seok (Estudiante), Jeon Gook-hwan (Padre del estudiante).

Un anciano crea con su arco un instrumento musical que toca mientras lo escucha una muchacha adolescente a bordo de su barco de pesca.

Dicho barco permanece anclado mar adentro aunque no lejos de la costa, yendo el anciano a recoger en el puerto con otra embarcación más pequeña a personas que lleva a pescar en el barco grande.

Con él está una joven de 16 años, con la que a veces algunos de los pescadores tontean, comentando que la chica lleva en el barco desde los 7 años, asegurando uno de ellos que el viejo se casará con ella cuando cumpla 17 años.

Cuando el anciano observa que tratan de sobrepasarse lanza una flecha de advertencia consiguiendo que dejen de acosarla.

Además de la pesca, el anciano lee la buenaventura, pidiéndole uno de ellos lo haga.

El método de adivinanza es peculiar.

Desde el barco auxiliar el anciano lanza tres flechas sobre una imagen pintada en el otro barco de Bodhisattva, frente a la que la chica se balancea en un columpio, corriendo por ello un gran peligro de poder ser alcanzada por alguna de las flechas, aunque la chica no se inmuta pese a los lanzamientos.

Tras ello, la chica, que es muda susurra algo al oído al viejo y este se lo dice a su vez al que le consultó, viendo que lo que le dijo es que su mujer le engaña, enfadándose mucho y poniendo en duda su respuesta y acusándolo de tener a la chica secuestrada en el barco.

Terminada la jornada de pesca el anciano se lleva a sus clientes de regreso al puerto.

Cuando regresa, cada noche, el anciano baña a la muchacha, para la que, convertido de nuevo el arco en instrumento musical, toca.

Luego, mientras ella duerme tacha un día más en el calendario, observando que ya queda poco tiempo para que ella cumpla los 17 años y puedan casarse.

Él duerme en la parte de arriba de una litera, desde la que coge la mano de la chica para dormir.

Al día siguiente sale con el barco antes de que ella despierte, habiéndole dejado preparado el desayuno.

Mientras le espera toca ella también con el arco y luego se columpia, observando cuando llega con los nuevos clientes cómo se le caen unos zapatos nuevos que él se apresura a esconder en un armario bajo llave.

Los nuevos clientes fotografían a la muchacha y bromean también con ella colándole un pez por el escote que luego tratan de buscar, haciendo que el viejo salga de nuevo con el arco y los golpee.

Enfadados por su actitud, deciden vengarse cogiendo al viejo y atándolo, tras lo que salen a buscar a la chica, que, conocedora de los entresijos del barco consigue esquivarlos y coger el arco con el que les apunta, clavándole una flecha en una pierna a uno de ellos primero y luego al otro.

Un día llega, entre los clientes un chico joven y se miran, mutuamente atraídos, dirigiéndose luego a él observándolo ella, que se dirige a él y le quita los cascos para ver qué escucha.

El chico le pregunta cuántos años tiene y si ha estado en Seúl, o si va al instituto, aunque ella no habla, apareciendo el viejo, al ver la atracción, para quitarle los cascos.

Por la noche, mientras los otros duermen puede ver cómo el viejo la baña, viendo ella que la observa y le sonríe mientras el viejo la peina.

El chico pregunta a su padre si la muchacha es nieta del anciano, contándole el padre que no lo es. Que la encontró 10 años antes, cuando tenía solo 6 años y que en ese tiempo no ha puesto el pie en tierra, preguntándose el muchacho cómo ha podido hacérselo.

Cuando el padre del estudiante le pide al anciano que les prediga el futuro de su negocio, el chico no entiende que someta a la chica a ese peligro, aunque ella ni se inmuta.

Al día siguiente, y antes de marcharse, el muchacho le regala su walkman.

Pero cuando a su regreso el anciano la ve escuchando música, se lo arranca.

Ella lo ve luego desde la ventana, guardando las cosas que va comprando para la boda.

Por la noche, mientras la baña, ella se revela y no deja que lo haga, y cuando busca su mano por la noche, ella trata de rehuirle.

Cuando al día siguiente él parte para buscar nuevos clientes ella, que vio donde escondía la llave del armario lo abre y se pone el vestido y los zapatos que le compró, aunque también los cascos, pese a que no estén enganchados a nada.

Ese día el anciano regresa con un collar y se lo coloca, aunque ella se lo arranca y sale luego para tontear con el cliente, sobre el que apoya su cabeza y se coge de su brazo, decidiendo él llevársela en brazos hasta la cama, haciendo luego que el cliente recoja sus cosas y lo lleva de regreso al puerto pese a que contrató más tiempo, sonriendo la chica al verlo.

Luego simula dormir viendo cómo el viejo examina el calendario como cada noche, aunque, pensando que no lo ve, ahora tacha varios días juntos para permitirle así poder casarse antes.

Desde ese momento la chica está cada día más rebelde, e incluso amenaza al anciano con el arco.

Pero un día ve, contenta, el regreso del estudiante, y cuando el viejo los ve bromeando y haciéndose un selfie juntos, lanza una flecha de advertencia, viendo cómo ella rompen la flecha, enfadada.

Entretanto, el anciano tacha cada vez más días, observando cómo ella rehúye su mano por las noches.

El chico, ya acostado, observa las totos que hizo esa tarde, viendo cómo poco después ella se mete en la cama con él y lo acaricia, aunque cuando van a besarse aparece el viejo que notó su ausencia, por lo que se lleva al chico de vuelta, acusándole el muchacho de haber encerrado a la chica durante años por puro egoísmo y le asegura que aparecerán sus padres y se la llevarán.

Impaciente, el anciano arranca ahora varias hojas del calendario y echa a sus clientes tras asustarles con su arco, pese a sus protestas.

Cada vez más impaciente, decide deshacer la litera y prepara una cama doble, rompiendo luego el calendario, ya que no desea esperar más.

Llega de nuevo el muchacho, en otra embarcación, mostrándole al anciano un cartel donde pone que los padres de la muchacha la buscan, y aunque el viejo no hace caso alguno del papel, que arruga y tira, la muchacha lo recoge y lo mira.

El chico le dice que tiene que irse y ver mundo.

Pero el viejo no está dispuesto a permitírselo y comienza a lanzarle flechas, poniéndose ella delante para evitar que acabe con él.

Ahora el viejo y la muchacha duermen juntos, aunque la muchacha trata de evitar que coja su mano, intentando él retenerla, ante lo que la chica lo abofetea.

El viejo, que lleva mucho tiempo intentando arreglar el motor del barco grande ahora decide destrozarlo a martillazos, hiriéndose él al hacerlo.

Asustada al ver su herida, la chica trata de curarle, pero él se niega y comienza a abofetearla, corriendo el chico a defenderla, acusando al viejo de haber destruido la vida de un ser humano para satisfacer sus sucios deseos.

Le reta luego a que le diga la buenaventura y si se llevará él a la chica o por el contrario se quedará con él, se casarán y serán felices.

El viejo acepta el reto y lanza sus flechas con rabia, pese a lo cual la muchacha no se inmuta, aunque él titubea más que nunca.

Cuando lanza la última, y para evitar que alcance a la chica, el joven agarra el columpio y hace que ella caiga al agua.

Tras escuchar al oído su pronóstico, el chico le dice al anciano que se irá al día siguiente y le pide que permita a la muchacha conocer el mundo.

Él saca el ajuar y tira todo con rabia, haciendo que la chica se muestre preocupada por él, y por eso rechaza el acercamiento del estudiante, aunque al día siguiente se sube con él a la barca pequeña para marcharse juntos.

No se fijan en que hay una soga que llega hasta el otro barco y cuyo extremo el anciano se coloca en el cuello, dispuesto a morir.

Cuando la chica se da cuenta de que la cuerda les impide avanzar decide cortarla al mismo tiempo que en el otro barco, arrepentido de su decisión, el anciano trataba también de cortarla.

La chica regresa para encontrar al anciano con la cuerda al cuello y llora al verlo y lo abraza, siendo esta vez ella quien bañe al anciano.

Este la viste luego de boda y se viste él mismo ante la mirada del muchacho.

La ceremonia que él preparó durante tanto tiempo está lista para llevarse a cabo y así lo hacen, todo ante la vista del chico.

Se van luego juntos en la barca pequeña, dejando al muchacho en el barco grande, y, una vez lejos de este, el anciano le quita los adornos y la ropa de la boda y toca el arco para ella, que lo escucha complacida.

Luego desmonta el instrumento y coge la flecha con que tocaba y apunta el arco hacia ella, aunque finalmente la lanza al aire, tirándose luego él al agua mientras ella duerme y la barca navega a la deriva.

El chico ve que regresa la barca, ahora con la chica sola y dormida.

Pero de pronto la chica comienza a moverse como si estuviese haciendo el amor con alguien invisible, viendo el chico cómo disfruta del acto, hasta que la flecha que lanzó antes el anciano cae entre sus piernas, teniendo la chica un orgasmo.

El chico salta a la barca y abraza a la muchacha mientras tiene el orgasmo, tras el que vuelve a quedarse dormida, observando el muchacho que donde la flecha se clavó hay restos de sangre, como si hubiera perdido la virginidad.

Cuando la chica despierta se arranca la flecha y le sonríe.

La joven pareja regresa en el barco hacia tierra, observando cómo el barco grande arranca tras ellos antes de hundirse, diciéndole la chica adiós con su mano, sin perder su sonrisa.

Calificación: 3
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