El cautivo
El cautivo (2025) * España Italia
Duración: 134 min.
Música: Alejandro Amenábar
Fotografía: Álex Catalá
Guion: Alejandro Amenábar (Historia: Alejandro Amenábar y Alejandro Hernández)
Dirección: Alejandro Amenábar
Intérpretes: Julio Peña (Miguel de Cervantes), Alessandro Borghi (Hasán Bajá), Miguel Rellán (Antonio de Sosa), Fernando Tejero (Juan Blanco de Paz), José Manuel Poga (Diego Castañeda), Luis Callejo (Dorador / Yusuf), Albert Salazar (Beltrán), César Sarachu (Fray Juan Gil), Luna Berroa (Zoraida), Roberto Álamo (Alonso / Abderramán), Mohamed Said (Muley).
"En el Siglo XVI el Cristianismo y el Islam luchaban por dominar el Mediterráneo.
Los corsarios árabes apresaban barcos cristianos cuyos ocupantes eran llevados a Argel como rehenes.
Esta es la historia de uno de ellos"
Un grupo de rehenes es llevado con grilletes a un lugar donde son expuestos para que quien desee los adquiera como esclavos a cambio de dinero.
Los que no desean correr esa suerte deben demostrar que son gente principal, como Blanco de Paz, que les dice que es integrante del Santo Oficio.
Miguel de Cervantes, uno de los prisioneros es rechazado por un comprador tras comprobar que es manco, ante lo que este presenta una carta que lleva de Juan de Austria por sus servicios en Lepanto y asegura que es caballero de armas y muy importante, lo que reclaman varios prisioneros más y exigen por ello, junto al religioso del Santo Oficio, un trato especial.
Separan por ello a los cuatro más especiales y siguen con la venta de los demás.
El narrador escribe luego que el infierno en la tierra existe
Argel 1575
Este, el padre Antonio de Sosa escribe que ser principal es una bendición y una condena, pues estos eran vendidos al temible Bajá y les calzaban un grillete y les encerraban hasta que se pudiera pagar su carísimo rescate.
Y Cervantes, así considerado, conoció allí a su mejor amigo, el propio padre de Sosa, que le prestaba libros que Cervantes devoraba.
Sosa era el narrador de todas las atrocidades vividas en prisión.
Allí, otro de los cautivos que llegó con él, Castañeda, protesta por el trato cruel dispensado por los moros, aunque Dorador otro de los cautivos asegura que tratos similares vio él en Castilla y Extremadura hacia los moros, ante lo que Blanco de Paz afirma que Dorador los defiende porque de niño fue moro hasta que lo adoptaron en la corte.
Unos días mas tarde Sosa recrimina a Cervantes que no se limite a pasar sus notas, sino que se las corrija y le pregunta dónde estudió, a lo que le responde que en el Estudio de la Villa, con el humanista López de Hoyos. Y Sosa no entiende que dejara las letras por las armas y le regala una pluma nueva.
Un día llegan los llamados redentores, dos religiosos, Fray Juan Gil y Fray Antón, el primero un hombre delgado y alto y con barba blanca que llega a caballo, y el segundo un hombre bajito y gordo en un asno que llevan el dinero para el rescate de los prisioneros por los que sus familiares pagaron.
Miguel de Cervantes es uno de los reclamadas por 100 escudos, que es todo lo que su familia pudo reunir, aunque el bajá pide más, y Fray Juan ofrece 150 que dice ya peleará, aunque el bajá pide por él 500 tras ver la carta de Juan de Austria, aunque Cervantes indica que en realidad era solo un permiso de ausencia para poder volver a la corte.
Los demás lo apoyan y dicen que era solo un aprendiz que no vale nada, pese a lo cual insisten en que era principal y exigen los 500 escudos, y los rescatados deben marcharse sin él y sin los demás, que comentan que no regresarán en un año.
Sosa le contó que él y su sobrino fueron capturados juntos, y no volvió a saber de él y que antes de estar Cervantes era él quien corregía sus escritos, y sabe por ello que nadie va a pagar su rescate.
Sosa le asegura a Cervantes que no ha conocido a nadie como él y que será hombre de letras.
Una noche los despiertan y les dan la oportunidad de renegar del cristianismo y convertirse al Islam para ser liberados. Lo aceptan, pese a la presión de los demás, un italiano, y Dorador, pese a que le dicen que irá al infierno.
Sosa cuenta que el cautivo nació tras mirar la ventana del bajá,
Cuenta que vio cómo se asomaba una mano con un pañuelo en esa ventana. Una mano que siempre se escondía hasta que apareció el cautivo, y entonces le lanzó un pañuelo dentro del cual había cinco piezas de oro, suficiente para comprar la libertad de un cautivo, aunque se preguntaba quién habría tras la ventana.
Al día siguiente llegó un escrito. Era de Zoraida, hija del bajá que le dice que espera que algún día perdone a su padre que los mantiene encerrados porque no conoce otro modo de tratar a los cristianos y le dice que sabe castellano porque una esclava cristiana se lo enseñó de niña y robó por ello dinero a su padre para darle la libertad.
Cada vez que contaba esa historia lo escuchaban entusiasmados y aplaudían al final.
Y tras una semana contándola, un balcón aparecía abierto.
Un día llevaron a Cervantes al palacio del bajá, donde vio a Dorador regando.
Recibido por el propio bajá, pudo ver enormes cantidades de fruta que le dice lleva Yusuf, nuevo nombre de Dorador, cada mañana
Cervantes le dice que sabe que es Hasán Bajá, señor de Argel, al que llaman el Veneciano, porque nació en Venecia, aunque se crio en Bolonia y fue capturado en Croacia por los moros y convertido en Turquía, lo que hace que hable cinco lenguas y por eso entiende todo lo que dicen abajo, y le pregunta a Cervantes por la historia de su ventana, que él dice imaginó por no aburrirse.
Él le pregunta por esa historia, pues no entiende por qué le dio ella el dinero y él dice que porque se enamoró.
Tras escucharlo, el bajá le dice que le van a cortar una oreja, pues no concibe una mora enamorada de un cristiano al que ni conocía, por lo que espera que lo sorprenda.
Debe reaccionar para evitar perder su oreja y se inventa que hubo un último mensaje en que ella le pedía que, tras comprar su libertad, fuera a los jardines de su padre, que abría sus jardines los días festivos a todo el mundo, y cuando se encontraron, le preguntó por qué lo salvó, y ella besa la cruz que le lanzó con aquel último mensaje y le pidió que la llevara a España, pues quería hacerse cristiana.
Tras escuchar la historia, con la que realmente logró sorprenderle, le da una naranja y lo deja en libertad hasta la puesta de sol.
Puede así recorrer la ciudad y comprobar por sí mismo que no era la Babilonia que dibujaba De Paz, sino una ciudad bulliciosa y con mucha vida, aunque, en efecto por ella deambulan homosexuales con sus parejas sin pudor.
A cambio de su naranja un hombre se ofrece a cortarle el pelo, Abderramán, que es castellano, pero va vestido como árabe y que le cuenta que lleva allí 12 años y que renegó porque no le quedaba otro remedio para poder vivir, y además vivir bien.
En el local no solo atienden las tareas de barbería, sino que se sirve aguardiente pese a la prohibición del alcohol y se reúnen allí grupos de homosexuales.
Cuando cuenta a los de dentro lo que vio, le dicen que saben de la existencia de ese tipo de barberías donde se citan los homosexuales y que los corsarios se pasean por la ciudad con sus mancebos tranquilamente.
De Paz advierte a Cervantes que tenga cuidado con el bajá, pues dicen que también él es un desviado y tiene un harén lleno de mancebos, y que, de hecho llegó a ser bajá porque cuando lo raptaron los moros, como era buen mozo, se dejó querer por su amo.
Castañeda le dice que el bajá es listo, pues vio dónde fallaba la historia de Miguel, ya que un cristiano jamás podría comprar allí un barco.
Se queda pensando y se le ocurre que no lo compró, sino que juntaron el dinero de los rescates y compraron un barco que llegaría desde Mallorca.
Tras dar vueltas al asunto deciden intentarlo de verdad.
Estudian la orografía de la ciudad valiéndose de los mapas de la costa de Sosa con todas sus anotaciones, aunque el sacerdote cree que es imposible que nadie escape de allí y él le dice que ninguno de los dos podrá salir de allí si no escapan, y que su obra se perderá, pese a lo cual el religioso le dice que no deben contar con él, pese a lo cual finalmente se une y buscan el mejor lugar para atracar.
En la siguiente visita de los redentores les explica su plan.
Pero cuando lo hace, Sosa no se une. Dice que no puede irse sin saber qué fue de su sobrino.
Cervantes, De Paz, Castañeda, Aguilar y Beltrán se cuelan en un carro por la noche, que cubren, y que conduce Dorador afuera de la prisión y los lleva hasta una cueva en un lugar escarpado, donde se ocultarán hasta que llegue su barco, y Dorador les dice que les llevará cada noche agua y comida a cambio de un dinero, del que le dan la mitad, y le indican que le darán el resto cuando llegue el barco en 7 días.
Pero en realidad pasaron semanas en las que él les contaba las historias que había leído y así les entretenía, ante lo que Castañeda le asegura que lo suyo son las letras y no las armas.
De Paz recuerda que en la carta que presentó se hablaba de perdón por faltas pasadas, y piensan que debió ser algo gordo y Dorador les dice que él lo sabe.
Trabajaba años atrás como jardinero del Real Alcázar y allí Cervantes se batió en duelo, cuando era estudiante, con el maestro de obras y el duelo fue debido a que aquel iba diciendo que López de Hoyos, tutor de Cervantes le daba clases de escritura a cambio de favores.
Lo sentenciaron a 10 años de destierro y a la amputación de la mano derecha por malherir a un principal, aunque entonces escapó a Italia y hasta Lepanto, donde lo redimieron, aunque en combate recibió tres trabucazos en el brazo izquierdo.
Dorador le dice al padre Blanco que quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.
Un día ven un barco en el horizonte y logran llamar su atención. Pero no es real, es la continuación de la historia de Cervantes.
El grupo se dirigió a buscar a Zoraida y se llevaron a su padre como rehén.
Cuando llega Dorador y escucha la historia los acusa de pensar que siempre los cristianos son mejores y que los moros son unos cobardes.
Y al día siguiente aparece Dorador acompañado por un grupo de soldados a los que contó dónde estaban y detienen a los cinco fugados.
Miguel se declara culpable y el bajá los interroga y les pregunta por el nombre de quien tenía que conseguir el barco, y llevan detenido a Fray Juan Gil, al que el bajá acusa de ser quien ideó todo. aunque Cervantes lo niega.
El bajá asegura a Cervantes que si lo delata, lo salvará a él, pues la muerte por empalamiento es la más cruel y él acusa al redentor, aunque mientras se lo llevan cambia su confesión y dice que quien lo ideó todo fue su jardinero, Yusuf, que es quien los ayudó a salir.
Fray Juan les dice que consiguió la barca, pero ningún remero, y se ofrece a ser él el acusado y quien pague por todos ellos, aunque Miguel le dice que no tienen ninguna prueba contra él y si se mantienen firmes no les pasará nada, algo que De Paz no cree, y dice a Cervantes que harán pagar a alguien, y no desea ser él y morir.
Van a buscar a Cervantes, al que llevan ante el bajá a una estancia donde torturan a otros hombres e indica que Dorador y él se acusan mutuamente y que morirá empalado el culpable, ante lo que Miguel insiste en que Dorador fue él el autor y lo jura por Dios.
Dorador, por su parte pide a Cervantes que cuente las faltas pasadas a las que se aludía en su carta y le habla del duelo por sodomía, y lo acusa de ser un marica.
Escucha entonces cómo ordena que lo empalen antes de perder el conocimiento.
Cuando despierta ve a dos hombres desnudos por arriba que lo lavan con esencias.
Cuando el bajá dijo "al palo" aclaró que no se refería a él, sino a Dorador.
Al despertar ve que a su lado hay ropa nueva y es llevado luego ante el bajá, que le ofrece un té de las orillas del mar negro y le dice que es osado, pues no vio nunca mentir a alguien con tal descaro, pues sabe que mintió para salvar al cura y luego para salvarse él, y antes sobre la carta, que no vale nada.
Sabe también que huyó de Madrid a Italia, su tierra.
Cervantes le pregunta por qué, si sabe que mintió, condenó a Dorador, y le explica que por haberlo acusado de sodomita, ignorando sus costumbres, y que a él lo salvó porque desea más historias, tal como le cuenta luego a Antonio de Sosa.
Y así empezó a buscar historias para el bajá, al que le lee libros, y el bajá le prometió que por cada historia que le complaciera le daría un día de libertad para recorrer las calles de Argel.
Y todo lo que veía se lo contaba cada tarde a sus compañeros para que soñaran que eran libres, lo que lo hizo cada vez más popular entre los prisioneros.
Pero el bajá era más exigente y en ocasiones se enfadaba con él si no le agradaban y empezó a cansarse de los libros de caballerías y sus disparates.
Debe buscar por ello algo nuevo, y De Sosa le da el Lazarillo de Tormes un libro donde no hay encantamientos ni hijos secretos.
Al escuchar sus historias el bajá y Muley no paran de reír y ese día le deja tomar lo que desee de su rica mesa, y puede llevar a sus amigos todo tipo de fruta, aunque el padre Blanco la rechaza, aunque ignora que las viandas las obtuvo gracias a un libro prohibido.
Discuten y Blanco se queja de que pone a todos en su contra y se pregunta qué pasa con el bajá para que se hayan hecho tan amigo.
Sigue con la historia de Zoraida, que le cuenta al bajá, junto al que descansa desnudo.
Zoraida partió hacia España y se llevaron también al padre para evitar que impidiera la fuga y al que promete que liberará una vez allí.
Al bajá no le gusta la historia del enamoramiento pues endulza el final para que la gente se conmueva y cree que el amor no existe, aunque Cervantes cree que sí existe.
El bajá le cuenta que un moro mató a su madre delante de él y él hizo lo mismo, o cosas peores, en el futuro.
Cervantes pregunta qué nos queda si no hay amor en el mundo, a lo que el bajá le responde que los placeres, como el sol o las estrellas o un buen banquete, o sus historias, o su baño o la cópula, aunque le aclara que no debe temer, pues él ya tiene a sus garzones.
Ve a los hombres disfrutando del sexo en la barbería y Abderramán le dice que vive mucho mejor allí que en Madrid, y que le va muy bien, pese a lo cual Cervantes le propone que vuelva a ser cristiano y escapar juntos a España, pues está seguro que echará de menos muchas de las cosas de allí, como él, que echa de menos las librerías y las comedias de las plazas y los aplausos, o los titiriteros, así como los molinos de la Mancha, que son como gigantes que saludan con sus aspas a todo el que pasa.
Abderramán le dice que lo que de verdad echa de menos es su nombre, Alonso.
Cuando regresa a prisión los ve a todos muy serios y ve que no está Beltrán.
Le cuentan que cuando le dejaron salir por la mañana se dejaron la puerta abierta y Beltrán trató de escapar y le cortaron media oreja y el bajá le pidió que se la comiera ante el resto de los prisioneros y a pesar de cumplir su deseo hizo que lo degollaran.
Se queja luego ante Sosa de que todos parecen culparle, como si fuera culpa suya lo que hace Hasan, y Sosa le dice que se les pasará, aunque debe tener cuidado del padre Blanco, pues se muere de envidia y de celos y le recuerda que no debe meterse con él, pues es comisario del Santo Oficio.
En su siguiente reunión Hasán le dice que sabía que Beltrán era amigo suyo, pero no podía perdonarlo, pues si no le temen, otros intentarían escapar y el gran sultán se lo hará pagar.
Cervantes le sugiere que los deje salir de cuando en cuando como otros amos, pero le responde que esos otros cristianos trabajan, pero los que están allí no hacen nada.
Una noche, cuenta Sosa, Cervantes dio con una gran idea, que fue también la peor.
Dice a los prisioneros que el bajá permitirá salir a 30 personas a trabajar, aunque la mayoría le dicen que no desean aprender un oficio pues son hidalgos y eso es rebajarse, aunque él les dice que cada día que estén fuera se librarán de castigos,
Finalmente levanta la mano Sosa que dice que así podrá tratar de encontrar a su sobrino, y se punta Castañeda para poder salir y tras ellos muchos otros.
Al día siguiente salen los que eligieron el trabajo para trabajar en diferentes oficios.
Sosa estaba contento con su trabajo, pero le dijeron que mientras estaba fuera el padre Blanco ocupaba su mesa para denunciar cosas viciosas y feas.
Y cada día, Cervantes acude a entregar al bajá el dinero obtenido por el trabajo y él le exige su historia y se bañan juntos y Hasan está feliz, pues le hace reír, le entretiene y le hace más rico, por lo que le pregunta qué quiere de él, pues sabe que es astuto y ambicioso, aunque le advierte que no puede liberarlo.
Le asegura que no conoce a nadie con su talento para las historias y que debería escribir la del cautivo y terminarla y le dice que si reniega él podrá ayudarle a llegar a lo más alto, incluso a bajá, como él, tras lo que lo besa, y aunque Miguel lo rechaza, el bajá nota que tiembla y le pregunta si es por rechazo o por temor, tras lo que acepta su proposición y se besan.
Sosa le dice que no diga nada a nadie, pues no debe enterarse Blanco.
Él reconoce que lo que se decía de él y su maestro no fue así, aunque Sosa le dice que allí todos son pecadores.
Un día, durante la salida, de pronto Sosa ve a su sobrino y se dispone a seguirlo, y debe disuadirlo Cervantes para que no tenga problemas y le dice que irán más tarde, aunque el religioso le confiesa entonces que es su hijo, y Cervantes le dice que él sabe dónde encontrarlo, ya que se dirige a la barbería.
Lo lleva luego a esta donde encuentran en efecto a Bernardo, que está vestido de mujer y besa a otro hombre, por lo que le escupe a la cara tras quitarle el velo, aunque luego, y antes de marcharse, le dice que le perdona, aunque Abderramán le dice que no quiere problemas y les obliga a marcharse sin poder volver a hablar con él.
Fuera le dice a Cervantes que es un castigo por sus pecados.
Miguel le dice que ser garzón allí no está mal visto y podrá prosperar, aunque Sosa le dice indignado que es como ellos pues es amigo de moros y garzones y del bajá.
Miguel trata de explicarle que tiene un plan, aunque se niega a escucharlo.
Una noche Blanco le pregunta cuánto roba al bajá del dinero que recauda, pues está convencido de que trama algo y quiere que lo lleve con él, aunque Miguel le asegura que aunque estuviera tramando una fuga él sería el último en enterarse, aunque luego lo piensa y le pide a cambio el informe que sabe que ha redactado para el Santo Oficio.
Blanco de Paz va hasta una caja y saca un escrito que ve que procede a quemar.
Le explica que ha invertido el dinero en contratar una fragata con diez bancos y con un mástil de 4 metros, y podrán escapar 30 presos.
Que en unos días el grupo que sale a trabajar escapará con él y los ha formado en secreto y solo les falta un cura que reconforte sus almas durante el viaje, y Blanco le dice que no quiere más enemigos en su vida.
Al día siguiente le pregunta cuándo será y él le dice que en dos días.
Con toda la información, De Paz acude a ver al bajá al que le cuenta todo el plan y le dice que Miguel nunca le fue fiel ni fue su amigo, aunque él si estaría dispuesto a aceptar esa vida que le ofreció a él y ser su amigo.
El bajá le da las gracias y le dice que ya le compensará.
Muley, que lo aprecia le cuenta a Miguel lo ocurrido porque no desea empalarlo.
Piensa que aún podrán escapar algunos de los que están en los talleres.
Abderramán sale a buscarlo, pues los guardias lo buscan por toda la ciudad.
Les dice que deben escapar ya. Que se escondan en la bodega y que esperen el viento y Abderramán llevará el timón, pero él no irá.
Les pide que le aten las manos, pues no desea que Blanco delate a nadie más y les dice que se las arreglará.
Castañeda le dice que él vale más que ellos antes de salir corriendo.
Es detenido y Hasan baja a verlo al calabozo y le dice que tiene que matar necesariamente a alguien del patio, y le sugiere a Sosa, aunque él dice que el autor fue Abderramán, que huyó, aunque al escucharlo, Hasán lo golpea.
Muley baja al patio y llama a Blanco de Paz y le dice ante todos, entregándole un cuenco de aceite, que el bajá le da las gracias.
Hasan le cuenta a Cervantes que en Constantinopla se cuenta que es preso de un cautivo que lo ha embrujado y vuelve a pedirle que le dé un nombre, y le da el suyo.
El bajá le dice que puede tenerlo todo, pero necesita su ayuda.
Él le dice que ya tiene un final para su historia.
En el barco el padre de Zoraida le pregunta por qué lo ha traicionado y la maldice y ella se quita el velo y se limpia el escupitajo de él y lo lanzó tras ello al agua, mientras el padre grita que le perdona como hizo en su momento De Sosa con Bernardo y devuelven al bajá a su tierra, pues padre e hija eligieron su destino.
Hasán le dice que tendrá que matarle, pero será en la horca para ahorrarle el tormento.
Los demás presos ven cómo es sacado al patíbulo, situado en el patio, aunque Sosa sale hacia él y lo absuelve y le pide que le perdone a él.
Camina hacia la horca y Muley le coloca el lazo al cuello mientras él repite "Los pequeños placeres" en italiano.
Le cuelgan, aunque cuando deja de moverse el bajá pide que suelten la cuerda y lo dejan caer, aunque Muley cree que ya murió, de pronto tose.
Llegan de nuevo los redentores, y los presos comentan que cada año hay menos bolsas.
Sosa le cuenta al padre Gil que ya nadie tiene tratos con Blanco de Paz, y que Cervantes lleva encerrado más de cuatro meses en los que no pronunció una sola palabra.
El bajá regresará a Constantinopla y quiere llevarse a Miguel con él y de allí no saldrá.
Gil le muestra que consiguió el dinero para su rescate.
El bajá dice que no entiende ese empeño en rescatar a Cervantes, pues no es nadie, aunque Gil dice que no ha visto a nadie luchar por su libertad como él y por eso darán por él los 500 escudos que pedía, aunque el bajá les recuerda que los pidió en oro.
Gil le pide dos días, aunque el bajá le dice que su barco partirá antes de la puesta de sol.
Deben recorrer la ciudad tratando de encontrar oro, que consiguen gracias a que en la ciudad después de tanto tiempo muchos conocían ya a Cervantes.
Hasan le explica a Cervantes que vivirá en su casa como un igual leyendo y escribiendo aunque no reniegue, y que si rechaza a los frailes le dará la libertad y acepta.
Los frailes llevan el dinero de rescate en oro, pero el bajá les dice que queda un requisito. Les dice que si el cautivo quiere irse debe pedirlo, tras lo que pide a Cervantes que hable, y aunque este llevaba tiempo sin hacerlo, de pronto dice que sí, que desea marcharse porque desea que la gente de su tierra le lea y no solo él.
El bajá debe secarse las lágrimas y le dice, "Adiós, cautivo".
19 de septiembre de 1580
Cervantes es liberado de los grilletes y se despide de Sosa y le dice que debe salir de allí, aunque él dice que debe terminar su obra y quizás después intente escapar.
Blanco llama a los redentores y les dice que antes de que partan para España debe entregarles algo. Muestra que no quemó el escrito que hizo para el Santo Oficio, sino otro, aunque Sosa les entrega otro de 12 reclusos en que indican que Cervantes siempre fue persona honrada y cristiano ejemplar y lo juran.
Gil dice que llevará ambos documentos para que sean estudiados, aunque cuando Blanco se da la vuelta lanza el de este a las llamas.
Sosa dice que tiene fe en que algún día alguien conocerá la mejor historia de Cervantes.
"Sosa escapó dos años después.
Su paternidad secreta provocó un escándalo religioso por el que fue encarcelado y luego perdonado.
Blanco de Paz fue liberado 12 años después y su denuncia nunca vio la luz.
Ya libre, Cervantes no dejó de escribir hasta su muerte a los 68 años.
Su obra "Don Quijote de la Mancha" se convirtió en la novela más leída de todos los tiempos.
Con los otros liberados, Miguel sonríe al llegar a la Mancha y ver sus molinos."