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El silencio de la ciudad blanca
El silencio de la ciudad blanca

España (2019) *

Duración: 110 min.

Música: Fernando Velázquez

Fotografía: Josu Inchaustegui

Guion: Roger Danès, Alfred Pérez Fargas (Novela: Eva García Sáenz de Urturi)

Dirección: Daniel Calparsoro

Intérpretes: Javier Rey (Unai López de Ayala), Aura Garrido (Estíbaliz Ruiz de Gauna), Belén Rueda (Alba Díaz de Salvatierra), Manolo Solo (Mario Santos), Álex Brendemühl (Tasio / Ignacio Ortiz de Zárate), Itziar Ituño (Dra. Guevara), Ramón Barea (Abuelo), Sergio Dorado (Germán López de Ayala), Allende Blanco (Martina), Rubén Ochandiano (Eneko).

El 24 de julio de 1999 apareció una pareja de recién nacidos muertos bajo un dolmen.

El 1 de agosto del mismo año fueron dos niños de 5 años en los restos de un poblado celtíbero.

El día 5 del mismo mes fueron dos niños de 10 años en el Valle Salado, del Siglo I a.C.

El día 8 fueron una pareja de jóvenes de 15 años en la Muralla Medieval del Siglo XI.

Todos ellos, yacentes como amantes y con un eguzkilore cada uno en su pubis.

20 años más tarde, y mientras Vitoria se prepara para las fiestas de la Blanca, el asesino se prepara para cometer un nuevo crimen, manteniendo atada a una pareja en una superficie a los que colocó en su cara una máscara de cuero a la que acopla un tubo lleno de abejas.

Unai López de Ayala, Inspector de la Brigada de Investigación Criminal corre de madrugada, cruzándose con una mujer con la que entabla conversación porque se cruzaron haciéndolo durante varios días, diciéndole que se llama Ismael, y ella, Blanca.

Unai se acerca por la mañana hasta la Catedral Vieja, donde ha aparecido una nueva parejas de durmientes, esta vez de 20 años.

Unai, experto en perfiles criminales ve que, como en los asesinatos de 20 años antes se trata de una pareja de niños pijos y huele a gasolina, escuchando además un zumbido, viendo al abrirle la boca a la chica cómo sale una abeja.

La forense les informa que les introdujo abejas en la boca, los amordazó y los roció con gasolina para enfurecerlas.

Les inyectó algo para dejarlos inconscientes, pero esperó a que recuperaran la consciencia para introducírselas y que fuera más doloroso.

Unai y Esti, su compañera, llegan al coche donde encuentran una foto de él entrando en la catedral en el parabrisas.

Cuando llega a comisaría le presenta a la nueva subcomisaria, Alba Díaz de Salvatierra, que Unai ve que es la mujer que le dijo que se llamaba Blanca y que les indica que puede ser que hayan tenido a un inocente encarcelado 20 años, pues el asesinato es una réplica de los anteriores y sus edades aumentan cinco años en cada nuevo crimen.

Comentan que Tasio Ortiz de Zárate, el sospechoso encerrado y arqueólogo, ha escrito durante su tiempo en la cárcel varios bestsellers en la cárcel, teniendo muchos seguidores pese a que no tiene Internet, habiéndose tatuado de hecho muchos de ellos el eguzkilore, símbolo solar protector contra los malos espíritus.

Ven que los muertos ni se conocían ni compartían amigos, siendo ambos hijos de reputadas familias con apellidos compuestos alaveses.

Ven un mensaje de Tasio diciendo que la rueda ha vuelta a girar y pregunta "¿Te atreverás a pararla, Kraken?

Unai cree que deben alertar a la población, pero la subcomisaria cree que no deben crear alarmismo, ya que hay tenido un periodo de enfriamiento muy largo, por lo que piensa que debe tratarse de un imitador.

Unai y Esti acuden a la cárcel para hablar con Tasio, cruzándose allí con un periodista, Mario Santos, que fue a entrevistar a Tasio, aunque dice que casi no pudo sacarle nada.

Tasio pide que se marche la subinspectora, negándose a hablar delante de ella.

Unai ve que Tasio sabe que Kraken es él y fue él quien lo llamó. Pronto saldrá con un permiso y desea proponerle un trato. Quiere que le ayude a atrapar al asesino para volver a ser aceptado.

Le habla del eguzkilore que lleva tatuado en el cuello y que llevan sus seguidores, aunque él no cree tener el poder de convicción para convencer a alguien de que mate por él no habría esperado tanto.

Le pregunta qué pasos cree que seguirá el asesino, explicándole que ya que los últimos asesinatos se produjeron en la catedral vieja, del Siglo XII, los siguientes pasarán por los símbolos de la ciudad desde la Edad Media, e irán evolucionando en el tiempo: la casa de los Anda, la antigua judería, las calles gremiales o la Casa del Cordón.

Esti le cuenta que llamaron de comisaría porque fue el novio de la víctima acusando al padre de la chica de su asesinato y de hecho este no denunció aún su desaparición.

Acuden a ver al óptico, al que encuentran trasladando su colección de ojos de vertebrados a la que era la habitación de su hija, que, señala, ya no la necesita, y cuando le dicen que tiene que acompañarlos a comisaría, el hombre derriba a Esti y sale corriendo, saltando por una ventana al patio, aunque Unai consigue atraparlo.

Lo interrogan y le preguntan dónde estuvo el día anterior y si era cierto que su hija pensaba mudarse con su exmujer.

Fuera, Blanca y Unai hablan. Ella le dice que ha leído los informes de su psicóloga, asegurando él que no va a tener que preocuparse, diciéndole ella que no es profesional dejar llevarse por una corazonada.

Unai va hasta el caserío de su abuelo, que se ocupó de él y de su hermano Germán cuando murieron sus padres, y rebusca entre sus cosas hasta encontrar una cinta con Tasio hablando de los crímenes de los durmientes cuando era joven y toma notas que escribe en la mesa de ping-pong.

Germán y Martina le dicen que los de la cuadrilla quieren hacer algo por su cumpleaños, diciendo él que tiene mucho trabajo, diciéndole su hermano que esconderse bajo una montaña de trabajo no hará que Paula vuelva.

Unai está corriendo cuando lo avisan, llegando a toda velocidad hasta el escenario del siguiente asesinato, en la casa del Cordón.

Acude a ver de nuevo a Tasio, que le habla de lo curioso del escenario elegido, la Casa del Cordón, de un judío obligado a convertirse.

Unai le pregunta por qué utilizó veneno de tejo en los primeros crímenes, diciéndole este que el tejo ha vivido miles de años y en uno de sus programas grabados hablaba de la capacidad del tejo para envenenar, y lo utilizaron para incriminarle a él, por lo que piensa que al cambiar el modo del crimen pueden buscar un nuevo inocente al que acusar.

Esti y Unai acuden a ver a Ignacio, el hermano gemelo de Tasio, y que fue el que lo entregó tras encontrar hojas de tejo escondidas en su apartamento.

Le piden un listado con los amigos de su hermano, indicando Unai que deben comenzar por los últimos de la lista, que son los que no hablarán bien de él.

Vuelve a toparse con Alba corriendo, sabiendo ella que de adolescente le llamaban Kraken y le dice que no cree que sus visitas a la cárcel sean buenas para él.

De regreso a su casa, Unai encuentra un sobre con una foto suya corriendo.

Esti le regala un móvil de última generación por su cumpleaños, pese a que él siempre se había negado a cambiarlo.

Duda en ir a la fiesta de sus amigos, aunque Martina consigue convencerlo, aunque a él le vienen los recuerdos de un año atrás, cuando todavía estaban todos.

Poco después le cantan todos el cumpleaños feliz y apaga las velas de los 40, no dándose cuenta de que un joven le hace fotos con sus amigos.

El periodista Mario Santos, recibe al joven que hizo las fotos y que le muestra que Unai es Kraken, enseñándole sus fotos en la que se observa que pone Kraken en la tarta y le pide más dinero, por sus investigaciones, aunque Santos le hace ver que la investigación policial podría verse afectada si revelan la identidad de Kraken, pues con la presión que tendría encima no podría concentrarse en el caso, algo que al chico no le importa, sorprendiéndole Santos inyectándole un anestésico en el cuello.

Unai lee otro mensaje de Tasio advirtiéndole que el asesino es presumido.

Unai escribe que el asesino recuperó el patrón numérico en los nuevos crímenes 20, 25 y se pregunta hasta dónde podrá llegar y su relación con Tasio, y qué trata de decir con los crímenes, señalando que tiene conocimientos en apicultura, botánica, historia y anatomía y que posiblemente esté bien integrado en la sociedad.

Entretanto el asesino, Santos, somete al joven periodista y a otra mujer a la tortura de las abejas.

También Santos escribe. Él un artículo en que descubre la identidad de Kraken, viendo de pronto Unai cómo en una pastelería una dependienta le entrega un listado de conocidos de 30 años y grita mientras lo miran todos que es Kraken.

Acude con su compañera al entierro de la hija del óptico, ahora sí, destrozado.

Va luego con Esti por el cementerio hasta la tumba de Blanca, la madre de Tasio, comentándole Esti que habló con Aitana, que fue novia de Tasio, que le contó que los dos gemelos adoraban a sus padres.

Blanca murió con solo 45 años, y Aitana le contó que tras el entierro un chico se acercó a los gemelos y les dijo algo que les hizo reaccionar violentamente y lo golpearon.

Vuelve a encontrarse con Alba mientras corre, contándole que comenzó a correr para recuperar la forma tras su embarazo, aunque perdió a su criatura.

Le cuenta también que volvió de Francia por insistencia de su marido.

Alba sabe que Unai perdió a su mujer embarazada en un accidente, aunque él asegura que no fue un accidente.

Ve luego, cuando se separan, cómo ella se besa en la puerta con Santos.

Recuerda luego, en su coche, el "accidente" en que falleció su mujer.

Viajaban él y su mujer con un amigo en el coche, conduciendo este como poseído, sin escuchar sus gritos, para acabar lanzando el coche colina hacia una pendiente.

Pasa en ese momento por un punto donde hay un ramo de flores.

Tras visionar uno de los antiguos videos de Tasio, acude a la iglesia románica de San Vicentejo, en el Condado de Treviño.

Allí, le muestra la iglesia el encargado de sus llaves, que le muestra cómo en sus paredes se representan las diferentes edades de Adán y Eva, apareciendo con sus genitales cubiertos por eguzkilores, que adornan toda la iglesia, y que, le explica el hombre, representaban el Jardín del Edén antes del destierro, siendo la abeja un mensajero entre los vivos y el mundo de los muertos, que representan también el alma humana por su laboriosidad y trabajo en equipo.

Le muestra luego el momento en que comieron del fruto prohibido, que se dice era una manzana o higos, aunque él cree que es un tejo, pues todo menos el fruto es venenoso.

Entretanto, Santos termina de colocar a la nueva pareja bajo las andas de la Virgen.

Unai le pregunta al anciano si hay alguien que sepa tanto como él de la iglesia, asegurando que no, a no ser que alguno de los peones que trabajaron allí, y que iban desde Izarra.

Santos llega hasta el balcón, donde le espera Alba, pudiendo observar desde allí a todos los que están en la plaza dando inicio a las fiestas.

Esti va a la discoteca con su hermano Eneko, uno de los seguidores de Tasio y que lleva tatuado un eguzkilore en su nuca.

Unai queda con Alba para mostrarle las fotos y hablarle de sus avances, sugiriendo que busquen en Izarra, pues cree que si encuentran el por qué, les llevará al quien, aunque ella le dice que no tienen tantos medios y que no debe ser obsesivo.

Le cuenta que el que mató a su mujer se llamaba Sergio y era un amigo de la cuadrilla que no vertió ni una lágrima cuando perdió a su mujer y no lo supo ver. Fue un asesinato.

Comienza la procesión de los faroles y salen para verla, diciendo Alba que le encanta, invitándola Unai a verla desde arriba, subiendo hasta lo alto de la catedral nueva, desde donde dice, podrá verlo todo, sin ser vistos.

Se equivoca. Santos, con una cámara les fotografía desde arriba cuando se van a besar, aunque por descuido tira unas piedras y le oyen, comenzando entonces una persecución por los tejados de la catedral, siguiéndolo Unai mientras Alba baja para cortarle la salida, pese a lo cual le pierden de vista ambos.

Ya en la calle se dirigen hasta el paso de la virgen, bajo la que encuentran los dos nuevos cadáveres ocultos.

Llega también Esti, muy borracha y drogada, y que le dice a Unai que no le engañan, y que sabe que él y Alba están juntos, aunque él la oculta para que no la vean así.

Alba descansa ya en casa cuando llega su marido supuestamente de la redacción y acaban haciendo el amor pese a que él la vio antes besando a Unai.

Este vuelve a recibir otra fotografía. Con Alba en el tejado de la catedral, y un nuevo mensaje de Tasio, que le dice que la motivación del asesino siempre es personal.

Revisando con Esti antiguos archivos sobre casos de Izarra encuentran uno sobre el incendio del caserío Lopidana, yendo a investigarlo.

Años atrás, el dueño del caserío recibió una llamada, diciéndole a su interlocutor que no tendrían que volver a preocuparse ni él ni su hermano.

Se dirige luego a su hijo, el chico al que dieron la paliza Tasio e Ignacio durante el entierro de su madre y Venancio lo golpea con su cinturón mientras le dice que enfrentarse a unos señoritos no le hará ser como ellos, y lo llama bastardo y que se le secó el cerebro de tanto leer.

Pero su madre dice que a lo mejor tiene razón y que todo comenzó con la visita de la señora, y que podrían sacar dinero, diciendo Venancio que la mujer ya murió y no quiere acabar como el doctor Urbina.

La madre le dice luego al chico que le mandarán a trabajar fuera reparando tejados.

Muy enfadado con ellos, el chico arranca unas ramas del tejo y las echa en la olla, y cuando esa noche su familia cena, él los observa, viendo cómo poco después tanto sus padres como sus hermanos caen sobre la mesa, muertos.

Los lleva luego a sus camas y tras recoger sus cosas lo rocía todo con varios bidones de gasolina y prende fuego al caserío.

Un policía local lleva a Unai y a Esti a los restos del caserío y les cuenta que en el incendio falleció toda la familia menos el mozo pelirrojo del que no recuerda el nombre.

Mario Santos se tiñe el pelo para ocultar que es pelirrojo, mientras Unai y Alba corren de nuevo por la ciudad.

Ella le dice que deben dejar de verse, pues su marido lo sabe, aunque él le dice que no pasó nada, colocándose ella la capucha y colocándosela a él para besarse, tras lo cual corren hasta el portal de él, donde vuelven a besarse y donde hacen el amor, aunque luego ella le pregunta si la invitará a subir, aunque enseguida comprende que no.

Santos examina algunas fotos de su archivo y las mete en un sobre que hace llegar a Lutxo Artxanko, un periodista del Diario Alavés.

Ignacio Ortiz de Zárate va a realizar la presentación de su nueva fábrica de miel, a la que acuden personas de la alta sociedad alavesa y periodistas, aunque estos no parecen tan interesados en cubrir el acontecimiento como en hablar sobre los nuevos asesinatos de la ciudad, mostrando Artxanko a todos la foto que recibió de la chica muerta años antes de 15 años, Lidia García de Vicuña, con los dos hermanos gemelos.

Ignacio huye, siendo perseguido por Unai y Esti, aunque consigue escapar.

Escuchan en la radio hablar de la misteriosa huida de Ignacio justo dos días antes de que su hermano Tasio disfrute de su primer permiso, indicando que hay numerosas mujeres que denunciaron a los dos gemelos por haber sido víctimas del intercambio sexual entre ellos.

Unai acude a ver de nuevo a Tasio, que se excusa diciendo que Lidia era muy madura para su edad, y que, aunque Ignacio y él tienen cuerpos distintos, son una sola persona, aunque Unai le recuerda que fue Ignacio quien lo denunció, aunque Tasio asegura que Ignacio no tendría el valor de matarle, no entendiendo Unai que le defienda pese a que en 20 años no fue a verle nunca.

Tasio le dice que sintió lo de su mujer y que le eligió porque necesitaba a alguien que le mostrase los caminos por los que aún no había transitado y le habla de un sospechoso, uno de sus seguidores, que se hace llamar el Hierbas, al que sabe que conoce.

Va por ello a ver a Eneko, el hermano de Esti, que tiene un herbolario, y le pregunta por Tasio, recordando que le dio una pócima 20 años antes dejándolo sin voluntad.

Le dice que Tasio nunca entendió la importancia de volver a sus costumbres.

Lo acusa de haber vuelto a adicta a Esti, y se pelean, tratando Eneko de huir, aunque lo alcanza y lo golpea, preguntando Eneko si estaba él cuando su padre les daba palizas, consiguiendo huir tras golpearlo con una barra.

Alba reúne a los ertzainas. Es el último día de las fiestas y creen que el siguiente escenario puede ser la Plaza del Arca, y les pide que busquen a Eneko.

Durante el fin de fiesta, está todo muy vigilado y controlado.

De pronto Unai se fija en un furgón policial en un callejón, por lo que avisa a Esti, que va a examinarlo, seguida por otros compañeros, viendo al abrirlo a una nueva pareja, tratándose de Eneko y de Martina, debiendo sacar Unai a Esti, muy afectada, mientras Santos los fotografía, oculto.

Alba le dice luego que Esti y él están muy involucrados y no deben seguir en el caso.

Pero se niegan a hacerlo y van a casa de Ignacio Ortiz de Zárate, avisados por su abogado, que les dice, una vez allí que Ignacio se sometió voluntariamente a vigilancia, teniendo la casa llena de cámaras, por lo que puede demostrar que no estuvo detrás de los asesinatos del día anterior.

Le preguntan por Lidia, la chica muerta años antes, aunque les dicen que no responderán a sus preguntas porque las imágenes de por sí no demuestran nada y los padres de la chica no denunciaron.

Esti le pregunta si fue el descubrir que su novia y su hermano adolescente le traicionaban lo que le llevó a denunciarlo y hacer que lo detuvieran, no respondiendo nada al respecto, diciendo tan solo que lamenta mucho la muerte de su hermano, notando ella cierta burla por lo que acaba enfadándose y sacando su arma.

Tras ver las grabaciones de ese momento, el comisario les obliga a devolver sus armas y sus placas.

Su abuelo le dice cuando le muestra una de las abejas que sobrevivió del cuerpo de los muertos, que las abejas siempre regresan a su colmena, y le dice que debe seguir.

Le habla de Blanca, la madre de los gemelos, a la que, recuerda, llamaban la Virgen Blanca, corriendo rumores de que se había casado con su marido embarazada de otro.

Tras esparcir las cenizas de Eneko, Unai le pide a Esti que le ayude, y se pregunta por qué los gemelos golpearon al muchacho pelirrojo y se plantea que quizá no sean Ortiz de Zárate, pese a estar tan orgullosos de serlo, y cree que deben regresar al lugar donde empezó todo.

Tasio sale finalmente con permiso, yendo a recogerlo Mario Santos, al que le agradece haberle facilitado una salida discreta a cambio de su primera entrevista.

Se reúne con los dos hermanos, que recuerdan que de pequeños siempre jugaban a intercambiarse la ropa pero su madre siempre los pillaba, y era porque siempre se sentaban en el mismo sillón.

Santos les pide que le hablen del incidente del cementerio y de la paliza que dieron a un chico pelirrojo, preguntándoles ellos cómo sabe eso, diciendo él que hay cosas que nunca se olvidan, y los llama "hermanos", cayendo ambos, debido a algo que Santos les puso en la bebida.

Cuando Blanca dio a luz, su marido golpeaba la puerta del paritorio pidiendo que le dejaran ver a su hijo, viendo, cuando finalmente le permitieron entrar, a los dos gemelos en sus cunas, pero no al verdadero hijo de Blanca, un niño pelirrojo que esconden.

Una monja les cuenta a los policías que al hijo lo dieron en adopción a un matrimonio de Izarra que vendía miel en las ferias y al que llamaron Nancho Lopidana.

Les dicen que Nancho murió en un incendio en una pensión de estudiantes en Pamplona sin que nadie reclamara su cadáver, acudiendo a la pensión, donde les atiende el hijo del antiguo dueño, que recuerda que el incendio se produjo por culpa de una lámpara.

Les muestra varias fotos del fallecido, que estaba siempre con su compañero de habitación con el que estudió periodismo, y se parecían tanto que incluso los confundían, recordando que su compañero se llamaba Mario Santos.

Desde el coche, y mientras regresan a toda velocidad a la ciudad, Unai llama a Alba, que en ese momento está comiendo con su marido y le pide que se marche si está con Mario, pues es él.

Alba le dice que eso es absurdo, pero cuando regresa a la cocina y no ve a Mario se asusta y coge un cuchillo, aunque él la sorprende por detrás y le pone un anestésico en el cuello, aunque antes de perder el sentido ella consigue clavarle el cuchillo en la pierna.

Antes de desvanecerse le escucha cómo él le cuenta que estuvo a punto de abandonar por ella y por su hijo.

Como no encuentran ya a Alba en su casa, Unai señala que deben volver al origen, a Izarra, y al caserío quemado, y una vez allí suelta a la abeja que sobrevivió y que llevaba en un bote, viendo al hacerlo cómo va hacia una colmena cercana a un caserío, en el que se cuelan, tratando de detener al asesino,

Unai se cuela por una pequeña puerta que descerraja de un disparo, mientras que Esti, al pisar unas maderas en mal estado cae a un cuarto donde Santos tiene encerrados a los gemelos y a otra mujer.

Unai consigue llegar a la sala donde Santos tortura a sus víctimas, viendo que tiene atada a Alba, aunque también él es sorprendido por Santos, que le inyecta, como a ella en el cuello el líquido que lo dejará sin sentido.

Desde una puerta blindada que da a la sala donde tiene a Unai y a Alba, Esti puede verlo todo, sin poder abrir la puerta, viendo cómo Santos se dispone a introducir las abejas en la boca de Alba mientras le dice a Unai que tenía a la pareja perfecta para él, de su misma edad, pero que no todo el mundo está capacitado para apreciar la perfección y que, en cierto modo él y Alba son la mejor pareja que ha unido, mientras le dice a Alba, a la vez que le coloca en la boca el tubo con las abejas, que él es solo un cuchillo, que otros le forjaron.

Mientras lo hace, Unai consigue desatarse, aunque está muy débil.

Esti logra trepar y consigue salir de nuevo al piso de arriba y recupera el arma.

Unai dispara a Santos, aunque no le hiere, llegando Santos hacia él, a la vez que Alba consigue quitarse el tubo de las abejas haciendo que estas salgan por su boca.

Santos consigue dominarlo y volver el arma hacia él, disparándole en la barbilla y haciendo que la sangre que brota de su cabeza lo llene todo, aunque justo en ese momento llega Esti, que dispara a Santos, también a la cabeza, mientras Alba consigue terminar de desatarse.

Observa a los dos hombres en el suelo con las cabezas sangrando.

Unos días más tarde, Unai se recupera en el hospital, ya que el disparo no fue mortal, yendo Esti y Alba a visitarlo.

Su abuelo y su hermano entierran unas manzanas esperando que se pudran y que así sane Unai, que acaba abriendo los ojos.

Calificación: 2
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