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El último duelo
El último duelo

The last duel (2021) * Gran Bretaña / USA

Duración: 152 min.

Música: Harry Gregson-Williams

Fotografía: Dariusz Wolski

Guion: Ben Affleck, Matt Damon, Nicole Holofcener (Libro: Eric Jager)

Dirección: Ridley Scott

Intérpretes: Matt Damon (Jean de Carrouges), Adam Driver (Jacques Le Gris), Jodie Comer (Marguerite de Carrouges), Ben Affleck (Conde Pierre d'Alençon), Alex Lawther (Carlos VI), Harriet Walter (Nicole de Buchard), Nathaniel Parker (Robert de Thibouville), Tallulah Haddon (Marie), Marton Csokas (Crespin).

París, 29 de diciembre de 1386

Un pregonero advierte, antes del duelo, la prohibición de que nadie vaya armado.

Los caballeros Jean de Carrouges y Jacques Le Gris se preparan para combatir, colocándose sus armaduras, tras lo que presentan sus respetos al rey antes de iniciar el duelo, lanzándose luego uno contra el otro con sus lanzas.

Capítulo Uno. La verdad según Jean de Carrouges

Durante la Batalla de Limoges, el 19 de septiembre de 1370, un grupo de soldados entre los que están Jacques Le Gris, Jean de Carrouges y su padre, observan cómo, al otro lado del río, los soldados enemigos degüellan a 10 mujeres, algo que a Jean le parece indignante y decide contravenir las órdenes recibidas de limitarse a defender el puente, y lanzarse contra los asesinos, siguiéndole Jacques y el resto de los hombres.

Luchan bravamente, debiendo Jean salvar la vida de Jacques del ataque de un soldado enemigo tras caer del caballo.

Cae Limoges y además sus aliados no tomaron el puerto de Brest, por lo que su nuevo señor, el Conde Pierre D'Alençon renuncia a seguir la campaña y regresan a casa.

Antes de retirarse, Le Gris le da las gracias por haberle salvado la vida.

Fuerte Bellême. 1377

Unos años antes, los dos escuderos acudieron al Fuerte cuya capitanía ostentaba el padre de Jean, para prestar sus respetos al Conde

Años después del fracaso de Limoges, Le Gris visita a Carrouges. Le explica que trabaja para Pierre, que le encargó el cobro de sus tributos, y tras visitar al resto de los deudores de sus dominios, le tocó a él.

Jean le dice que no tiene el dinero, pues la peste se llevó a la mitad de sus hombres, recauda menos rentas y sus campos rinden la mitad y la mano de obra es más cara, preguntando cómo pagan los demás, diciendo Jacques que pagan porque él insiste.

Jacques se ofrece a hablar con Pierre para explicarle su situación, aunque no puede volver de vacío, decidiendo Jean buscar algo para que se lleve.

Le cuenta que irá a combatir contra los ingleses, recordándole Jacques que la peste mató a su mujer y a su hijo y carece de herederos, por lo que si muere todo pasará a manos de Pierre y tiene mucho que perder, como su apellido, demasiado grande e importante para que no lo cuide, pues cuando su padre muera heredará la capitanía de Bellême y la guarnición, por lo que debe seguir vivo, aunque él le dice que ha reflexionado, pero está arruinado y necesita dinero.

Normandía. 1380

Tras combatir fieramente y triunfar, los soldados, ya de regreso, son recibidos en el castillo de Robert de Thibouville, que les proporciona comida y alojamiento.

Jean recuerda a Crespin que estuvo aliado con los ingleses en Poitiers, aunque, le dicen, fue perdonado y ahora está con ellos, y le hace fijarse en Marguerite, la única hija de Thibouville y por tanto poseedora de una gran dote, aunque sabe que quien se case con ella deberá cargar con la deshonra de su padre.

Jean se muestra reticente con el padre, que les presenta a la bella Marguerite y les habla de las posesiones que irían incluidas en la dote de la muchacha, fijándose Jean especialmente en una parcela al norte, Aunou-le-Faucon, que desea incluya.

Poco tiempo después se celebra la boda con una gran fiesta, diciéndole Jean a Marguerite que es muy celoso y que quiere que esa noche baile solo con él.

Algún tiempo después su amigo Le Gris le muestra las tierras de Aunou-le-Faucon, que Pierre le entregó a él en agradecimiento por sus servicios, pues puso al día sus cuentas y gracias a ello su fortuna cambió.

Marguerite recuerda sus veranos en aquellas tierras que Pierre arrebató a su padre, que solo así pudo saldar sus deudas con él, asegurando Jean que intentará recuperar la finca hablando directamente con el rey, para el que luchó.

Pero el rey le deniega la devolución y ni siquiera le recibe.

Durante el viaje a París muere además su padre, contándole su madre que murió en paz, mientras dormía y que debe dejar la fortaleza en un mes, asegurándole Jean que no tiene que hacerlo, ya que él asumirá la capitanía y conservará todo, informándole entonces su la madre de que no será capitán en Bellême por haber demandado al conde por aquel pedazo de tierra, habiéndose ganado con ello un poderoso enemigo.

Se entera además de que asumirá la capitanía Le Gris.

Carrouges interrumpe las celebraciones del nombramiento compareciendo ante el conde y ante el nuevo capitán.

Le cuenta luego a Marguerite que preguntó a Pierre si no le consideraba capaz de asumir la capitanía, observando cómo Le Gris ni siquiera le miraba, y dijo que envenenaba con sus comentarios los oídos de Pierre, comentando que tras haber hablado ya no es bienvenido en la corte.

Un año después

Marguerite le cuenta a su marido que su amigo Crespin les invitó a su casa para celebrar el nacimiento de su primer hijo y que, pasado un año de lo de Bellême, ya pueden dejar que vean que prosperan a pesar de la injusticia.

Él accede y le indica que encargue un vestido nuevo.

Acuden, en efecto a la fiesta, a la fortaleza de su amigo.

Lo primero que ve al llegar es a Jacques, al que se dirige frente a las miradas de todos, haciendo las paces, lo que todos aplauden, pidiendo Jean a Marguerite que bese a su amigo como buena fe de la casa Carrouges.

Unos días después sale Jean, de nuevo en campaña, tras ser nombrado caballero.

Escocia. 1385

Jean y sus hombres se ven sorprendidos por una lluvia de flechas, lo que hace que muchos se retiren, aunque él les anima a lanzarse a la lucha por el rey.

Algún tiempo después, anuncian el regreso del señor, por lo que todos en su fortaleza salen a recibirle, y en especial su esposa y su madre.

Llega con fiebre, pero a pesar de todo dice que partirá al día siguiente hacia París, de donde regresará en una semana, pues le deben dinero.

Su mujer no está de acuerdo, pues llegar a París le supone ir 3 días a caballo.

París. 1386

Cobra las 300 piezas de oro por la campaña

Cuando regresa nota cierta tirantez, por lo que pregunta a su mujer si discutió con su madre, diciendo ella que no, y cuando ve que él desea acostarse con ella, asegurando haberla echado de menos, ella le dice que deben hablar.

Le cuenta que durante su viaje a París, hubo un día en que su madre se marchó a solucionar ciertos asuntos a Saint Pierre y se llevó a la servidumbre, dejándola sola.

Llegó entonces un hombre, y como lo conocía, lo dejó pasar, viendo al hacerlo que no iba solo. Que iba con otro hombre que la atacó. La sujetó por la fuerza y ella gritó, pero no había nadie y la violó.

Él pregunta quién fue, contándole ella que Jacques Le Gris, y le dice que quiere que responda por lo hecho, diciéndole él que lo hará.

Jean recibe a los caballeros de su zona para pedir ayuda por la humillación a su mujer, diciéndole que la única vía es acudir a Pierre, aunque dudan que le escuche, decidiendo Jean forzar que lo haga haciendo que cuenten lo ocurrido a todo el mundo, sin hacer caso a su madre, que le dice que entonces serán objeto de habladurías, aunque su hijo le dice que si la historia se conoce en Normandía Pierre tendrá que darles audiencia.

Solicita un duelo a muerte ante el rey, que le recuerda que esa costumbre se prohibió años atrás y requeriría convocar a la asamblea parlamentaria de París, además de advertirle que si pierde el duelo quedará demostrado que las acusaciones son falsas y su esposa sufrirá terribles consecuencias, aunque él asegura que Dios salva a quien dice la verdad y cree que esta prevalecerá, por lo que no tiene miedo.

Algún tiempo después comparecen en el Palacio de Justicia ante el rey para la vista, donde acusa a Le Gris por la violación de su esposa, e indica que si este niega su crimen está dispuesto a defender su acusación en un enfrentamiento contra él, lanzando su guante en señal de desafío.

Capítulo Dos. La verdad según Jacques Le Gris

Recuerda también la batalla de Limoges y que Jean quería intervenir, mientras que él le advertía que era una trampa para alejarlos del puente y tomar la ciudad, pese a lo cual, ignorando sus consejos y los de su propio padre, que dice que es un necio y no deben seguirle, Jacques no quiso dejarlo solo y le apoyó con sus hombres.

Se quejaba luego el conde de Carrouges, diciendo que es impulsivo y terco. Que le desobedeció y dejó caer Limoges, aunque Jacques le defiende, diciendo que es su amigo y que es leal, y por ello le permite visitarlo.

Casa de Pierre D'Alençon

Durante uno de los frecuentes banquetes, Pierre anuncia que la vizcondesa, su esposa, debe retirarse, pues está embarazada de su octavo hijo y debe retirarse, aunque los demás comensales continúan con la fiesta, comprobando, al hacer leer a Jacques en latín, que es un hombre culto, aunque la lectura es de un texto pícaro y en ella se señala la posibilidad de que una mujer pueda ser amada por dos hombres o dos hombres por una mujer.

Luego juegan, persiguiendo Jacques a una mujer en un juego, lanzando a la mujer sobre una cama con ayuda de otras mujeres, haciendo el amor ante todos, como un juego, haciendo luego lo propio Pierre.

Al día siguiente Pierre encuentra a Jacques ya levantando y le pregunta cómo un escudero es tan docto, explicándole que nació sin apellido ni riquezas y le esperaba una vida en la iglesia, pero es un libertino, como el propio Pierre, que le pregunta si su conocimiento alcanza también a los números, diciéndole que sí.

Pierre le dice que sus cuentas son un caos y le pregunta si le gustaría llevárselas.

Jacques le dice que los nobles retienen el dinero que deberían darle a él, aunque Pierre le dice que la peste diezmó la mano de obra, replicándole Jacques que necesita el dinero para poder reunir un ejército en cualquier momento.

Pierre señala que se excusan diciendo que carecen del dinero, diciéndole Jacques que ahora tendrán que decírselo a él.

En efecto, sus expeditivos métodos hacen que los súbditos paguen sus rentas.

Uno de los afectados fue Thibouville, al que exigió, como pago de sus impuestos, la finca de Aunou-le-Faucon, una de sus fincas más valiosas y que formaba parte de la dote de su hija, y que vale más del doble de lo que debe.

Durante una cacería, Pierre informa a Jacques que hay un hombre del norte tan desesperado que casará a su hija con Jean de Carrouges, indicando Jacques que Carrouges necesita un heredero y dinero.

Cuando Jacques tiene conocimiento de la demanda de Carrouges del terreno que ahora le pertenece, se enoja, indicándole a Pierre que también le demanda a él, que no pierde la tranquilidad pese a que les demande ante el rey, pues este es primo suyo.

Le dice además que Carrouges no será el nuevo capitán de Bellême. Que lo será él.

Cuando celebran el nombramiento, llega Carrouges para manifestar su disgusto por que le arrebataran lo que en justicia le correspondía para dársela a un adulador, asegurando que les demandará.

Pierre le dice que en un periodo de tres años se casó con la hija de un traidor, le demandó por unas tierras que nunca fueron suyas y le amenaza de nuevo con litigios, preguntando si así le sirve, respondiendo Carrouges que él sirve al rey.

Una noche, mientras trabaja, Jacques recibe la visita del conde, que le dice que no le acompañará a la fiesta de Crespin, pues es demasiado lejos y hace frío, respondiéndole Jacques que él irá, pues sabe que va a acudir Carrouges y cree que llegó el momento de cerrar la herida, pues una lucha entre vasallos no aporta nada y fue además padrino de su difunto hijo y le tenía afecto.

Pierre le dice que es la primera vez que Carrouges dejará salir a su esposa del encierro, sorprendiéndose Le Gris de que la mujer de Carrouges sepa leer, asegurándole Pierre que además lo hace en tantas lenguas como él.

El día de la fiesta, y cuando llegaron Carrouges y su esposa, salió a su encuentro y le ofreció su mano, recordando que él lo aceptó y el beso a su bella esposa.

Habló con ella durante la fiesta, alabando su belleza y diciéndole que tienen muchas en común, preguntándole si le gusta leer, comenzando a hablar en francés, comentando algunos libros, diciendo él que las grandes mentes deberían estar juntas, diciéndole ella que no debe hacerse ilusiones.

Cuando llega Jean le dice que su mujer le tiene cautivado y les observa luego mientras bailan, viendo cómo ella le sonríe en alguna ocasión.

Adam Louvel que acompaña a Le Gris le dice que pensar en ello es pecar también, diciendo él que el que le desee ella no es menos pecaminoso y le pregunta de qué hablaran Jean y su mujer, ya que él es analfabeto.

En la siguiente visita que Carrouges hace a Pierre, tras una campaña en Escocia, le informa del fracaso de la misión, volviendo sin botín ni prisioneros y sin 5 de los 9 escuderos a su mando.

Pierre había tenido ya noticia de tan calamitosa campaña, aunque Le Gris dice que está convencido de que no fue culpa de su mando.

Carrouges se queja ante Pierre de que, pese a regresar como caballero, Jacques no le ha llamado Sir por dos veces, asegurando que no habrá una tercera.

Jacques le dice que no pretendía ofenderlo y lo llama Sir Jean, pidiendo Jean que no sea condescendiente, quejándose de que Le Gris recibe un regalo tras otro sin arriesgar nada, exigiéndole que le llame señor, diciendo Le Gris que así será, deseándole buen viaje a París.

Durante ese viaje, Louvel, acompañado por Le Gris va hasta la casa de Carrouges. El segundo se esconde y Adam le dice a la señora que perdió una herradura y le pide cobijo para no helarse, diciendo ella que no hay nadie y tiene prohibido abrir, aunque tras su insistencia decide abrirle, viendo cómo tras él entra Le Gris que, tras pedirle perdón por importunarle le dice que la ama por encima de todo y no puede evitarlo, recordándole ella, ya sin la presencia de Louvel, que está casada, diciéndole él que lleva la carga de un hombre distante y frío que no sabe valorarla, asegurando que él solo quiere su felicidad y no soporta verla pasar por esas penurias, pues sabe que las finanzas de su casa son frágiles, aunque ella asegura que Jean la abastece de todo.

Jacques le dice que Jean no sabe que es la mujer más exquisita y cautivadora y que él le dedicaría toda su vida y le dice que sabe que ella también le ama.

Marguerite le pide que se vaya y ella misma trata de retirarse, aunque él la sigue escaleras arriba hasta su habitación, que trata de cerrar, aunque él llega antes de que lo consiga, comenzando ella a gritar, aunque Jacques sabe que no hay nadie.

Trata de huir, pero él la persigue hasta alcanzarla, cogiéndola y besándola y luego cargando con ella sobre sus hombros hasta el lecho, donde la tumba y, desoyendo sus objeciones, la viola tras tumbarla boja abajo.

Al acabar le pide que por su propia seguridad no se lo cuente a nadie, pues su propio marido podría matarla, asegurando que él tampoco hablará y le pide que no se sienta mal, diciéndole que no pudieron evitarlo.

Jacques se confiesa de regreso al castillo, declarando que cometió una falta de adulterio contra un amigo por amor, aunque el sacerdote le dice que no lo es y que Dios no dejaría que tuviera tentaciones superiores a las que pueda soportar.

Habla luego con Pierre, que le dice, le han acusado de violación, pues Jean de Carrouges contó a todo el mundo que tomó a su esposa en contra de su voluntad.

Él asegura que la acusación es falsa, que la mujer protestó como cualquier dama, pero que no fue contra su voluntad, asegurando no necesitarla, pues no le faltan mujeres.

Reconoce que tiene un sentimiento hasta ese momento desconocido e indica que le costó mucho no volver a ella, pero se confesó por el adulterio, asegurando que la acusación de violación es falsa, pero debe defenderse por honor.

Pierre le pide que niegue siempre, que no diga siquiera que cometió adulterio, pues siempre será su palabra contra la de Carrouges, aunque deberá someterse a juicio, contándole tras ello para tranquilizarlo que le designaron a él para resolverlo, por lo que ríen con ganas.

Le declara en efecto, inocente pidiendo que se elimine del registro la acusación penal, asegurando que Marguerite lo debió soñar, y pide también que envíen el veredicto a París para que no importunen al rey, aunque un mensajero que llega en ese momento informa que Jean de Carrouges está ya en París, apelando ante el rey.

El sacerdote tranquiliza luego a Le Gris, indicando que ya fue absuelto por la jurisdicción civil y la de la iglesia es más favorable, pues el número de acusaciones por violación es enorme y evitan castigos serios si reclama el privilegio del clero, asegurando que si le juzga la iglesia se acabará el problema, pero Le Gris dice que le preocupe que su nombre quede en entredicho, pues toda Francia habla de ello pese a que es inocente.

Le explica el sacerdote que, formalmente la violación no es un delito contra la mujer, sino contra la propiedad de su guardián, en ese caso, Jean de Carrouges, y cree que debería resolverse discretamente, por lo que le pide que se acoja al privilegio del clero sin tener que dirimirlo en un duelo, aunque Le Gris asegura que no es un cobarde.

Se presenta por ello para el juicio ante el rey, negando las acusaciones y acusando a Carrouges de mentir, tras lo que recoge el guante.

El rey da un plazo de 15 días para examinar las declaraciones, no pudiendo salir de París en ese plazo, pues dicho acto será considerado como una declaración de culpabilidad y ahorcarán a quien lo haga, y él debe decidir si se librará el duelo.

Capítulo Tres: La verdad según Lady Marguerite

Sus recuerdos comienzan en el momento en que se señala la dote que percibirá el marido de Marguerite, aunque Jean protesta por no disponer de las tierras de Aunou-le-Faucon, que Thibouville indica no le pertenecen al haber tenido que venderlas debido a sus deudas, aunque asegura que su hija será madre pronto y le dará un heredero, aceptando él continuar con la boda.

Recuerda la noche de bodas haciendo el amor Jean con ella, asegurando que para él fue muy placentero.

Recuerda también el momento en que conoció a Le Gris y cuando su marido le pidió que lo besara, haciéndolo tímidamente y viendo cómo él la besaba con deseo.

Durante la boda las damas hablaban entre ellas, diciendo Marguerite que no puede negar la belleza de Le Gris, pero que su marido no se fía de él.

Luego, mientras bailaba con Jean le dijo que se sentía orgullosa de cómo actuó, pues sabe que para él la reconciliación fue difícil, diciéndole él que le aconsejó bien, diciéndole ella que sea amable con Jacques, pues es vanidoso y una sonrisa y una palabra amable llegan más lejos que una amenaza, sonriendo a Le Gris para adularle.

De regreso a su casa, y antes de partir, Jean le dice que su futuro económico depende de las cosechas que deben recogerse en su ausencia, del cobro de rentas y de la cría de caballos, mostrándole una yegua que proviene de un linaje de caballos de guerra que espera que le dé muchos potros.

Como esta está en celo, aparece el semental y la monta, que no quiere que sea quien la preñe, por lo que golpea al caballo para que no siga, hiriendo al hacerlo a la yegua.

Por la noche hace el amor con su mujer, que le manifiesta su preocupación por no quedarse embarazada, recordando él que no tuvo problemas con su primera esposa.

Antes de partir le indica que no debe estar sola nunca, y la deja con su madre y le pide que se encargue de la finca.

De hecho, Margarite se ocupa personalmente de los caballos, y le indica al encargado de estos que permita que la yegua vague libre pese a que su marido le dijo que no la dejara salir, sabiendo que será mejor para esta y para su potrillo.

Se ocupa también del cobro de rentas, que su marido había descuidado por su falta de preparación, consiguiendo cobrar algunas atrasadas.

Observa que los bueyes aran muy lentos y no podrán sembrar la avena a tiempo, por lo que pide al encargado que use los caballos, pues, aunque su marido los considere muy valiosos, si no tienen que comer, morirán.

Tiene algún encontronazo con su suegra, que también le reprocha el que no se quede embarazada, poniendo en duda que cumpla con sus deberes conyugales, insinuando que quizá no se siente complacida.

Llaman a un doctor que le dice que necesita sentir una conclusión placentera similar a la de su marido para concebir, diciendo ella que sus relaciones son placenteras, aunque no está segura de sentir la llamada "pequeña muerte".

Un día va con su amiga Marie al pueblo y hablan de comprarse vestidos nuevos, diciéndole su amiga que cada vez le repele más besar a su marido y está aliviada de que a él no le guste besarla, pues su marido no es guapo como Jean, diciendo ella que también ellos tienen problemas.

Y mientras están en la sastrería, ven desde una ventana, y en el mercado de venta de caballos, a Le Gris, que al verla le hace una ostentosa reverencia, comentando a su amiga que a pesar de sus numerosas deficiencias, Le Gris es atractivo.

Cuando Jean regresa de la guerra, todos salen a recibirle, aunque este entra en la casa sin saludar a nadie, enfadado al ver el nuevo vestido de su esposa, demasiado escotado, preguntándole luego si ha perdido la decencia, pidiéndole que se cambie antes de que piensen que es una ramera, recordándole ella que es su esposa.

La madre dice que de haberlo sabido lo habría impedido, preguntando Marguerite cómo lo habría hecho, allí en su casa, diciéndole la madre a Jean que no debe permitir que su esposa le hable en ese tono, aunque él la defiende y dice que es adulta y toma sus propias decisiones.

Les anuncia que debe partir a París y estará fuera una semana y le prohíbe salir en su ausencia pese a que ella le dice que le gustaría ver a sus amigas.

El día que salió su suegra para sus asuntos y se llevó a toda la servidumbre, Marguerite le recordó, sin éxito, que Jean insistió en que no la dejaran sola.

Fue entonces cuando llamaron a la puerta y abrió a Adam Louvel, que al entrar le dijo que no estaba solo, viendo cómo Le Gris le declaraba su amor.

Tras alabar sus cualidades le dijo que la amaba y sabía que ella le amaba a él.

Trató de huir y la persiguió hasta su cuarto, donde tuvo lugar la violación.

Tras ella le pidió que no le contara nada a nadie por su propia seguridad.

Mientras su suegra le hablaba de su salida, ella apenas podía atenderla, encontrándola rara su amiga Marie cuando la visitó para comunicarle su embarazo.

Cuando su marido, de vuelta le dijo que tenían que ir a la cama ella le dijo que no podía y le contó lo ocurrido, pudiendo ver cómo él dudó de ella y le preguntó si la forzó, diciendo ella que gritó y trato de huir, preguntando él si está seguro de que no lo provocó, diciendo ella que la tenía sujeta y no podía respirar.

Le dice luego que quiere decir la verdad y que no se callará, aunque sabe que no tiene derecho legal sin su apoyo, diciéndole Jean que lo tendrá, aunque a continuación le pide que se acueste con él, pues no quiere que Le Gris sea el último que la tuvo.

Ante su familia, iglesia y amigos jura que es cierta su acusación, anunciando su marido que lucharán, pues les han agraviado.

Le dicen que debe hacerlo a través de Pierre y no creen que les dé audiencia, pidiendo Jean que su historia se escuche en toda Normandía para que Pierre tenga que hacerlo.

Marie, que también estaba en la reunión, ahora no la cree, pues en alguna ocasión le oyó decir que Le Gris era guapo.

Marguerite le dice a Jean que no desea que apele ante el rey, pues se pondrá de parte de Pierre como en el pasado, diciendo él que no apelará al rey, sino a Dios.

Su suegra le pregunta también por qué lo ha hecho, diciendo que porque le ocurrió y está mal, diciéndole la suegra que los hombres como Le Gris poseen a las mujeres cuando quieren y le pregunta quién se cree, pues por su culpa su hijo podría morir, diciendo ella que es él quien lo eligió, diciéndole la madre que ella no es distinta que las campesinas que los soldados poseen cuando están en guerra y ellas no se quejan.

Marguerite insiste en que no puede guardar silencio, diciéndole la anciana que lo que ha hecho es deshonrar a su familia, pues la verdad no importa, y le cuenta que también a ella la violaron cuando era joven y se levantó y siguió con su vida.

Marguerite le pregunta a qué precio, respondiéndole que está viva, diciéndole Marguerite que ha pagado muy caro ese privilegio.

Durante el juicio le echan en cara que varias fuentes confirmaron que dijo que Le Gris era guapo y que quizá soñó el suceso deseando que fuera verdad.

Ella recuerda que lo habló con otras amigas que estaban de acuerdo en que era guapo, pero también dijo entonces que sabía que no era de fiar.

Le dicen luego que lleva 5 años casada con Jean de Carrouges y no le dio ningún hijo, apareciendo en el juicio, y después de 6 meses del incidente, embarazada de 6 meses y le dicen que a lo mejor tiene a otro amante y acusa a Le Gris para ocultarlo.

Le preguntan luego si disfruta de las relaciones con su marido, diciendo ella que por supuesto y le recuerdan que no puede concebir si no siente placer al final, diciendo ella que lo siente.

El acusador asegura que una violación no puede provocar un embarazo, por lo que le pregunta si en realidad, de ser cierto el acto, si no lo disfrutó, asegurando ella que es imposible disfrutar una violación.

El rey informa a Marguerite de que, si su marido pierde el duelo, demostrará el juicio de Dios y se la acusará a ella de falso testimonio, siendo la pena para una mujer por dar falso testimonio contra un hombre que la desnuden y la rapen y le pongan un collar de hierro, la aten a un poste de madera y que arda en una hoguera, y le recuerdan que puede arder 20 o 30 minutos antes de morir, pese a lo cual ella insiste en que dice la verdad, indicando el rey que procederán con el duelo.

A la salida Jean se acerca a ella y le regaña por haber dicho que Le Gris era guapo, deshonrándolo ante el rey y ante toda Francia, aunque ella le reprende a él porque, pese a que sabía lo que le pasaría en caso de perder el duelo, no se lo contó, diciendo él que Dios no castigará a quien dice la verdad, respondiéndole ella que su suerte y la de su hijo no depende de la voluntad de Dios, sino de qué carcamal se canse antes y le dice que le suplicó que buscara otra vía y él prefirió someterla a la posibilidad de arder viva, diciendo él que arriesga su vida por ella, que le responde que en realidad arriesga la vida de ella para enfrentarse a su enemigo y salvar su orgullo y le acusa de ser un hipócrita al que le ciega su vanidad.

28 de diciembre de 1386

Marguerite cuida de su hijo, cuando va a buscarla su marido, que le pide que tenga fe en él, aunque ella le dice que, de haber sabido que el decir la verdad le privaría del amor de su hijo, al que puede que no vea crecer, habría hecho lo que muchas mujeres hicieron antes, nada.

Su marido le dice que hizo lo correcto, diciendo ella que no si muere y que un hijo necesita más de su madre que una mujer hacer lo correcto.

Llega el momento del duelo.

Subidos cada uno en su caballo deben saludarse antes del enfrentamiento.

Luego, Jean se dirige a su mujer, que está en lo alto de una plataforma rodeada de leña y con los pies atados con grilletes.

En el primer encontronazo ambos pierden sus lanzas.

Con el segundo están a punto de caer del caballo.

En el tercero Carrouges es alcanzado y Le Gris trata de rematarlo aprovechando el mal momento, aunque consigue esquivarlo.

En el siguiente encontronazo Le Gris clava la lanza al caballo de Carrouges, que cae, aunque también cae Le Gris, cuya pierna queda atrapada por el caballo.

Carrouges corre con su hacha hacia él tratando de acabar con él, consiguiendo quitarle el escudo, aunque una coz del caballo le hace caer, logrando además salir Le Gris de debajo del caballo y se lanza hacia él con su espada, defendiéndose Carrouges con el hacha, aunque es alcanzado por la espada de Le Gris.

La inquietud es grande en Marguerite al ver que Le Gris toma ventaja y hace caer a Jean al empujarlo contra el caballo caído, corriendo a rematarlo, aunque Jean consigue levantarse y continuar peleando y partir la espada de Le Gris, empezando a dominar el duelo, aunque Le Gris le clava un cuchillo en la pierna.

Con la capacidad disminuida, comienza a dominarlo para alivio de Pierre, que, al igual que el rey, animan a Le Gris a acabar con él.

Pero cuando se acerca a él, que está de espaldas y se dispone a rematarlo, Jean le golpea en la pierna con su hacha y con su enemigo a su merced, y antes de acabar con él, le pide que confiese, diciendo Le Gris que no hubo violación y que es inocente, clavándole Carrouges la daga a través de la boca y acabando con él.

Quitan los grilletes de los pies de Marguerite, que quedará libre.

El rey le dice que Dios habló y demostró que su causa es veraz y justa

Marguerite puede bajar de su atalaya y salir al encuentro de su marido, al que abraza, mientras todos sus partidarios aplauden, pidiendo él que la aplaudan a ella.

El matrimonio sale a caballo, vitoreados por la gente que llena las calles, mientras al fondo destacan las obras de Notre Dame.

Entretanto, Le Gris es arrastrado por caballos y luego su cuerpo colgado boca abajo a la vista del público.

Tiempo después Marguerite observa a su hijo, que ya comienza a andar.

Sir Jean de Carrouges luchó y murió en las Cruzadas pocos años después.

Marguerite vivió 30 años de prosperidad y felicidad como señora de la finca Carrouges y nunca se volvió a casar.

Calificación: 3
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