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Gente que viene y bah
Gente que viene y bah

España (2018) *

Duración: 97 min.

Música: Arnau Bataller

Fotografía: David Valldepérez

Guion: Dario Madrona, Carlos Montero (Novela: Laura Norton)

Dirección: Patricia Font

Intérpretes: Clara Lago (Bea), Álex García (Diego), Alexandra Jiménez (Irene), Paula Malia (Débora), Fernando Guallar (Víctor), Carlos Cuevas (León), Carmen Maura (Ángela), Eduardo Ferrés (Juan), Nuria Gago (Chavela), Marta Belmonte Rebeca), Ferran Vilajosana (Manel), Leon Martinez (Fin), Sergio Donado (Teodoro).

Una muchacha, Bea, lee en el tejado de su casa.

Dice que los adultos preguntan qué quieres ser de mayor y a ella le preguntan si quiere ser como su madre, pero no sabe qué es su madre, pues es rara y especial, pues sabe qué enfermedad tiene una persona solo con tocarla, aunque no puede curar, manda al enfermo al especialista de la enfermedad que tenga, y como no quiere sacar el dinero a sus pacientes, estos le pagan con táperes de comida y por eso siempre comen croquetas, empanadas, lentejas y sanjacobos, pero nunca tienen dinero para nada.

Ella a veces piensa que le gustaría ser marinero como su padre, que se pasa nueve meses al año en un barco, despidiéndole tristes sus hijos cada vez que se marcha, aunque les consuela saber que no tiene que comer sanjacobos cada día ni aguantar los cambio de humor de su madre.

Otras veces piensa que lo que le gusta es construir cosas y algún día construirá casas que no se caigan.

Y, en efecto, años más tarde Bea trabaja como arquitecta y recibe con alegría la noticia de que son finalistas con su proyecto para la construcción de un hotel.

Víctor, que es su compañero, pero también su novio, la abraza y la besa con amor, aunque el jefe cambia algunas de sus ideas, sobre todo en lo relacionado con las ventanas, por lo que no está tan feliz, y bebe con su amiga Chavela.

Llega al bar donde lo celebran Rebeca Ramos, una presentadora del Telediario, que tiene un Ondas, mostrando ella su desagrado al verlo. Luego mira a Víctor y ríe, acercándose a ella, y diciéndole él que pese al discurso de novia liberal, cuando llega la hora de la verdad se raja, lo que ella niega, y, de hecho, y para demostrarle que no es así, se dirige a la presentadora a la que le cuenta que hizo con su novio una lista de las cinco famosas con las que le podría poner los cuernos sin que se enfadaran y le cuenta que su novio la tiene en la suya de número dos.

Llama por ello a Víctor para presentársela y le anima diciéndole que si fuera ella la que se encontrara en dicha situación no se lo pensaría.

Chavela le dice luego que está loca, pues en esa lista solo deben ponerse mujeres imposibles, y, aunque ella no cree que lleguen a nada, observa que han congeniado.

Cuando despierta al día siguiente, ve que Víctor no está en la cama, aunque ve que está ya levantado y le dice que no la espera, pues quiere llegar pronto al trabajo, aunque mientras se ducha le pregunta por qué no formalizan lo suyo y se casan.

Ella le dice que están bien juntos y que además justo ese día presentan su proyecto, aunque al ver sus reticencias le dice que es una locura, y que lo olvide, diciendo ella que sí, que es una locura, pero que acepta y le dice que sí quiere.

Llega con la alegría todavía en la cara a la oficina, aunque allí, y pese a que ese día presentan su proyecto, ve que sus compañeros parecen esquivos y la miran.

Chavela le pregunta dónde estaba, pues lleva toda la mañana llamándola y le pregunta cómo está, contándole ella la petición de matrimonio de Víctor, y al verla tan feliz, Chavela le dice que ve que no se ha enterado, acercándose entonces hasta un ordenador donde todos se arremolinan y en el que puede ver la noticia de que Rebeca Ramos fue sorprendida besándose y haciendo el amor con un desconocido - Víctor - en un coche.

Acude luego a la sala donde todo está listo para la presentación del proyecto por parte de Víctor, y ella, en vez de sentarse en la mesa, se acerca a él y lo abofetea, diciendo luego a todos que el sistema hermético de cristal doble es una mierda, dejando de paso clara así su opinión sobre los cambios en su proyecto y lanza al suelo la maqueta.

Unos minutos más tarde sale con una caja con sus cosas, de la empresa, saliendo Víctor tras ella y le dice que deben hablar, diciéndole ella que no hay nada de qué hablar.

Él se excusa diciéndole que no sabe por qué lo hizo, pero que ella le pidió que la llevase a casa, asegurando que nunca pensó que una mujer así podría fijarse en él y le pudo el ego, pero que se arrepiente mucho.

Ella le pregunta si le pidió matrimonio porque se sentía culpable, diciendo él que no.

Ella se dice que la culpa es suya, diciéndole él que en efecto es así, pues le insistió para que hablara con ella, pese a que él no quería y que si le pidió que se casara con él es por amor, no por remordimiento y que no pueden mandarlo todo a la mierda por un error.

Ella se ablanda y le dice que no lo sabe, pues la lía al hablarle y necesita pensar y le pide que le dé espacio.

Cuando llega a su pueblo, Santa Clara, pide una cerveza en la estación, a la que llega poco después otro cliente que pide otra, diciéndoles la camarera que solo le queda una, diciendo Bea que entonces debe ser para ella que la pidió antes.

Pero el chico mirando sonriente a la chica le pregunta qué opina ella, diciéndole Bea que no se deje engañar, pues solo quiere la cerveza y no quiere nada con ella, lo que hace que la camarera se enfade y le dé la cerveza a él, provocando la indignación de Bea, que afirma que así les va a las mujeres, pues todos mienten y les creen, ante lo que el hombre le da la cerveza y le dice que a ella le hace más falta que a él, aunque ella, prefiere marcharse.

Fuera la espera su hermana Irene y su sobrino Fin, y le dice que prefiere no hablar del tema de Víctor, pues ha ido a desconectar.

Observa que Fin, su sobrino, es muy pesimista, pues dice que nada sirve de nada, aunque él dice que no es pesimista, sino nihilista porque no le ve sentido a nada.

Cuando llegan al pueblo ve en la plaza carteles de las candidaturas a la alcaldía, viendo a su hermana como candidata con el lema "Por un pueblo con futuro", pues defiende que es por la central eléctrica de biomasa que quieren construir.

Encuentra en casa de su madre también a su hermana Débora con su bebé, Óscar, y a León, preguntándoles todos por Víctor, tratando ella de evitar el tema pese a que hasta los clientes de su madre comentan que el novio le puso los cuernos con lo de la tele.

Aprovechan que están juntos para celebrar el cumpleaños de su madre, a la que regalan un traje de neopreno porque quiere probar cosas nuevas.

Se les une Manel, del que la madre dice, es el "fabadi" de León, aclarando sus hermanas que quiere decir fuck buddy o "follamigos" y que es policía.

Y cuando Manel le pregunta por Víctor, Bea le pide que cambien de tema, algo en lo que su madre está de acuerdo, sorprendiéndolos a todos diciéndoles en ese momento que le queda un año de vida.

Bea sube al tejado de la casa, donde ya están Irene y Débora, tratando de digerir el bombazo.

Bea, que no consigue dormirse escucha ruidos fuera y sale, viendo a su madre, que está tirando cosas, pues dice que no quiere dejarlo todo hecho un desastre, mostrándole entre lo encontrado su primer proyecto de construcción, que llamó Microtopía, señalando ella que ha acabado haciendo edificios enormes y sosísimos, indicando su madre que lo que tiene que hacer es ponerse con su Microtopía, ya que no tiene otra cosa mejor que hacer.

Ella le dice que estar con ella y cuidarla, aunque su madre le dice que no es inválida y es ella la que tiene pinta de estar perdida, a lo que le responde que no sabe si quiere seguir siendo arquitecta y que incluso se le está cayendo el pelo, diciéndole su madre que es del estrés y que por eso debe dedicarse a algo que le haga feliz.

Mientras pasea con León y con Débora, ven un Mercedes de color de rosa y comentan que han de tener muchas ganas de que te miren para comprarlo con ese color, diciéndole León que es el de Diego, el del aserradero, observando que se trata del joven con el que se peleó por la cerveza en el bar de la estación y le cuentan que se casó con Diana y tuvieron una hija, y su suegro le dio un puestazo, pero poco después ella murió en un accidente de coche y él se quedará con el negocio cuando los suegros mueran, animándola a que se olvide de Víctor y se case con Diego.

De regreso a su casa vuelve a ver la maqueta y decide seguir adelante.

Van al centro del bosque toda la familia llevando maderas y herramientas, aunque ven que Débora no para de llorar, contándoles a sus hermanos que Óscar, su hijo, es enano.

Tratan de animarla diciéndole que lo importante es que esté sano y que tenga una familia que le quiera y le pregunta qué opina Juan, diciendo que no lo sabe porque él sueña con que su hijo sea bombero.

Ellos le dicen que no debe sentirse mal, pues no es culpa suya, hasta que de pronto Bea reflexiona y le pregunta si se acostó con el enano estríper de su despedida, reconociendo que aquel día estaba muy excitada por algo que le dieron sus amigas Y les pide que no se lo cuenten ni a Juan ni a Irene.

Comienzan tras ello a construir su casa del árbol, haciendo una plataforma.

Ve luego en casa cómo cuchichean todos, observando que están viendo una entrevista a Rebeca en que sale con Víctor, no pudiendo entender nada Bea, pues creía que él no quería dejarlo y solo se estaban dando un tiempo para reflexionar.

Juan le dice que algo así él no lo perdonaba en la vida.

Bea bebe mucho tras ello y va luego al cajero para sacar la mitad del dinero de su cuenta conjunta, topándose con Diego, que le pregunta si lo está siguiendo, diciendo ella que el pueblo es pequeño y que debe estar acostumbrado a que lo miren, pues, según ella, solo un tipo que se cree irresistible se atreve a ir con un coche como como ese.

Al verla en ese estado le dice que ahora entiende su fijación por la cerveza, defendiéndose ella diciéndole que no es una alcohólica, que es arquitecta.

Cuando llegan al día siguiente al bosque ven que están unas personas cortando árboles, diciéndoles Bea que no pueden hacer eso, pues están en una propiedad privada y esos árboles son suyos, diciendo ellos que tienen orden de cortarlo todo.

Ellos llaman a Irene y a Manel, mientras el encargado de la tala llama a su jefe, mientras Débora sube a la plataforma para no permitir que corten el árbol.

Poco después llega el Mercedes rosa, y en él el jefe, Diego, que les dice que ese terreno es ahora de su propiedad, mostrándole un contrato de compraventa a nombre firmado por Antonio Vélez, su padre, corroborando Manel que el contrato es correcto, amenazando León con dejar de acostarse con él si se pone de su parte, ante lo que Manel, al ver menoscabada su autoridad y expuesta su condición sexual decide esposarlo, llegando entonces Irene que les explica que su padre vendió ese terreno y que además pronto presentarán la concesión de la central de biomasa y no pueden enterarse de que hasta sus hermanos la boicotean.

Deben por ello marcharse y permitir que continúen su trabajo.

Ángela, la madre concluye que su marido debió comprarse su nueva barca con la venta del terreno, y no le contó nada.

León ve que su madre consultó en su ordenador el nombre del enano estríper, pues cree que el padre de Óscar tiene derecho a saber que tiene un hijo y el niño también debe conocer a su padre, pues ver que tiene a alguien parecido puede servirle para no sentirse tan solo, pero ella no quiere contárselo a Juan.

Al día siguiente toda la familia posa frente al mar, llegando Diego, al que se dirige Irene, aunque él le dice que con quiere hablar es con su hermana.

Le dice a Bea que le encanta su casa del árbol y le devuelve los planos, que se dejó allí y le pide que haga una para su hija.

Bea dice, orgullosa, que no, aunque Irene le pide que acepte después de la que liaron en el bosque, pues se están jugando el futuro del pueblo, y si no quiere hacerlo por el pueblo debe hacerlo por ella, pues es arquitecta y quiere hacer una casa en un árbol.

Acaban convenciéndola, diciendo ella que pondrá sus condiciones, aunque cuando la cita en su casa a las 10 ella acepta sin más.

Le muestra al día siguiente él un árbol enorme y le pregunta qué cosas le gustan a su hija, diciendo que el color rosa, el pangolín, los dragones y tirarse en tobogán.

Luego, en casa de los suegros de Diego habla con Diana, su hija, y le muestra su maqueta, aunque la niña no dice nada, preguntando ella si es muda, diciendo él que no, que dejó de hablar dos años antes, cuando tuvieron un accidente con el coche y su mujer murió y espera animarla con su casa del árbol.

Ven en televisión a Rebeca informando de que prepara un nuevo programa de investigación, apareciendo Víctor a su lado, diciendo que es el hombre de su vida.

Bea vuelve a emborracharse y baila con su madre y con su hermano, encontrándolos así Irene que va a recoger a su hijo, al que trataban de animar a beber pero se negó.

Irene dice a su madre que le buscó un médico chino con terapias que la puedan ayudar, aunque Ángela dice que prefiere disfrutar lo que pueda.

Con ayuda de algunos de los obreros de Diego, comienza la construcción de la casa del árbol, cuyo tejado tiene forma de dragón, y que tendrá un tobogán, y que le encanta a la niña, aunque no dice nada.

En su siguiente visita le llevan comida japonesa y comen los tres en la casita, pese a que no está terminada.

Al regresar encuentra a Débora discutiendo con Juan. Le explican sus hermanos que Juan llevó al niño al pediatra a escondidas de ella y se enteró de todo, dándose cuenta Irene de que todos estaban al tanto del asunto menos ella.

En su siguiente encuentro, Diego le pregunta qué hace ella en un pueblo así, devolviéndole ella la pregunta, diciendo él que no puede irse porque el aserradero depende de él y por sus suegros, pues ya perdieron a una hija.

La lleva de regreso a su casa, deteniéndose frente a un mirador desde el que se ve el mar y le cuenta que descubrió ese lugar la noche en que murió su mujer, pues cogió el coche y se puso a conducir.

Previamente, su mujer estuvo cuatro meses entre la vida y la muerte y estuvo sentado junto a ella y se olvidó de su hija, de su vida y de todo.

Ella le cuenta entonces que su madre se está muriendo por una fibrosis pulmonar y no sabe qué va a hacer, siendo la primera persona a la que se lo cuenta.

Tras esa confesión se besan y hacen el amor en el coche y se les hace de noche.

Ella dice que eso no puede volver a pasar porque es su jefe y además trabaja con su hermana y están sus suegros que se lo tomarían mal.

Pero acto seguido lo repiten.

Bea y Débora salen con su madre a navegar, llevando Ángela un traje de neopreno. Débora dice que no le ha dicho a su marido que el niño no es suyo, insistiendo su madre que el estríper tiene derecho a saber que es padre, aunque Débora dice que el hombre vivirá feliz sin saber nada.

Pese a tener el traje de neopreno, la madre dice que lo de aprender a bucear lo tachará de su lista de cosas a hacer, tratando Bea de animarla, para lo que acaba lanzándose vestida como está, animando a su madre a hacerlo, nadando juntas.

Cuando llegan de regreso a tierra, Bea observa que se acerca Ricky, el enano con un ramo de flores, enfadándose Débora con su madre y optando por marcharse sin escucharlo, aunque él la sigue y pregunta quién le dijo que estaba allí, respondiendo él que su hermano, diciendo ella que lo que los dos tuvieron fue un polvo absurdo y no quiere que su marido se entere.

Él le dice que quiere asumir las responsabilidades de tener un hijo, aunque ella le dice que no le ha pedido responsabilidades, por lo que debe olvidarse.

El enano le dice que, aunque Ricky es su nombre artístico, en realidad se llama Teodoro, pero ella se marcha sin querer seguir escuchándole.

Hablando con Imanol, Bea se entera de que Rebeca va a realizar un programa como periodista incisiva y está allí, en el pueblo para realizar su primer reportaje sobre la planta eléctrica, y ve que está hablando con Irene.

Irene se justifica diciéndole que la está usando para su planta y es una gran oportunidad, pues la oposición ha convocado una manifestación, aunque a Bea le parece raro que de todos los pueblos existentes haya elegido ese.

Se va a la cabaña, donde aparece Diego con una botella de cava, contándole que sus suegros se van con la niña a un balneario y no regresan hasta el día siguiente.

Vuelven a besarse. Y se acuestan pese a que dijeron que no volvería a pasar, diciéndole ella que no sabe si está preparada para empezar algo, diciéndole él que tampoco está preparado.

Van luego hasta la casa de sus suegros para ducharse juntos, aunque cuando Diego sale para buscar toallas, Bea escucha desde la ducha que regresaron sus suegros, llevándose además su suegro su ropa que encontró en el suelo.

Sale cubriéndose con la cortina tratando de encontrar a Diego.

Pero al llegar al salón tropieza con algo, siendo descubierta por los dueños de la casa así desnuda, tras un cuadro de su hija fallecida y que parece sacar la lengua, al sobresalir el pie de Bea por la boca de la joven.

Al llegar a su casa encuentra allí a Víctor esperándola.

Le confiesa que fue él quien vio el nombre del pueblo y le sugirió a Rebeca el programa y le contó todo lo que sabía del lugar, por lo que le pide que diga a Rebeca que se marche y los deje en paz, aunque él le cuenta que ya no siguen juntos, pues se cansó de ella y la dejó y ha regresado a por ella, pues la echa de menos a ella y la vida que tenían juntos, y le pide perdón por todo.

Ke cuenta además que dijo en la oficina que solo aceptaba seguir si estaba ella en el equipo al mismo nivel y aceptaron, asegurándole estar dispuesto a empezar de cero, por lo que le pide que regrese a casa, tras lo que la besa.

Rebeca entrevista, en efecto, a Irene en su programa, donde le pregunta por qué si es tan buena idea la central, el constructor, el Sr. Andrada piensa en abandonar el proyecto y la acusa de tener una relación con él por la que le consiguió un trabajo a su hermana.

Pone tras ello una grabación del día en que su familia se oponía a que talaran el bosque, y en que ella reivindicaba que era la única autoridad del pueblo para hacer que soltaran a su familia, acusándola Rebeca de abusar de su posición con las fuerzas del orden.

Al día siguiente se celebra la manifestación contra la biomasa.

Irene le pregunta a Diego si tiene un contrato firmado, contando él que los Andrada se echan atrás pese a que hizo todo lo que pudo.

Ella se pone entonces en la tribuna de los manifestantes y coge el megáfono para decir a los manifestantes que no habrá central ni 114 puestos y les dice además que dimite, entre los aplausos de sus convecinos.

Le dice a su madre, satisfecha por haberlo dejado, que total, si no dimitía la echarían.

Débora ve entonces cómo de entre los manifestantes sale Teodoro, por lo que corre a ocultarlo, aunque a Juan, que le da tiempo a verlo, le pregunta quién era ese.

Pero pese a que trató de ocultarlo él sube también a la tribuna y coge el megáfono para decirle a Débora que no le ha dejado otro remedio, prometiendo que va a ser un buen padre y le pide que le permita conocer a su hijo, saliendo Débora, avergonzada, corriendo, mientras Bea obliga a Ricky a bajarse, observando que Rebeca lo grabó todo, por lo que coge el megáfono para decirles a todos que a Rebeca ese pueblo y la central de biomasa no le importan en absoluto y que solo quiere dejar a su familia en ridículo para vengarse porque le robó a su novio y él quiere ahora volver con ella.

Rebeca le recuerda que fue ella quien se lo presentó y que ella misma le dijo que si fuera ella ni se lo pensaría.

Mira entonces a Diego y ve que se marcha tras escuchar esa confesión pública.

De regreso a su casa empieza a hacer su maleta, diciéndole a su madre que ha arruinado la vida a todos sus hermanos, aunque su madre le dice que todo se acabará solucionando y que dé tiempo al tiempo, aunque ella le dice que desde que llegó solo ha dado problemas, por lo que es mejor que se vaya.

Su madre le pregunta si está segura de que se quiere marchar, pues la ve muy bien allí, aunque Bea dice que necesita recuperar su vida.

Regresa a su apartamento, donde la recibe Víctor, y también a su trabajo, donde la espera contenta Chavela.

Todo vuelve a ser como antes y Víctor se esfuerza, pero se le sigue cayendo el pelo.

Víctor le regala un anillo, aunque justo al abrirlo recibe una llamada de Irene para avisarle de la muerte de su madre.

Los cuatro hermanos se abrazan como una piña.

Luego, en su cuarto encuentra un cuaderno de su madre con notas para todos y en él la foto que se hicieron poco tiempo antes frente a la playa.

En el cuaderno escribió que Irene siempre cuida de los demás y cuando se hartó de ellos decidió cuidar al pueblo entero y le pide que se cuide ahora de sí misma.

A Débora le dice que será mejor madre que ella por su enorme corazón.

Débora ve que Juan vuelve a verla admitiendo lo ocurrido.

A León le dejó escrito que lleva mucho tiempo con su "fabadi", por lo que ella cree que ya es algo más que eso y la casa se le va a hacer muy grande si está solo, por lo que, mientras entierran a su madre le pregunta a Manel si quiere vivir con él, viendo que este se muestra feliz con la propuesta.

A Fin, su abuela le dice que la muerte no es para tanto, así que lo que debe hacer es vivir, y, de hecho, durante el entierro, Fin asegura que está siendo demasiado serio y eso no le hubiera gustado a su abuela.

Después del entierro vuelven todos los asistentes a la casa, sacándoles los túperes, llegando también Ricky con un ramo de flores, dejándole Débora que coja a su hijo en brazos y pueda verlo.

Mientras reciben las condolencias de los convecinos, Fin decide poner el disco de Baccara "Yes, Sir, I Can Boogie", tras lo que trata de obligar a bailar a su madre, que se resiste, aunque finalmente cede.

Tras ellos se anima también León a bailar, y con ellos Manel, sumándose luego Débora y Juan, diciéndole Víctor a Bea que su familia está un poco loca, diciendo ella que sí, mientras se acerca a sus hermanos y baila ella también.

Mientras lo hace ve que se ha acercado Diego con su Mercedes rosa y va a hablar con él, que le dice que se esperaba otro ambiente, diciéndole ella que en su familia son así.

Diego l cuenta él que dejó el aserradero, pero está bien, confesándole Bea que se va a casar, felicitándola él, tras lo que sube al coche y se marcha.

Para ella, su madre dejó escrito que a lo largo de los años se cruzará con mucha gente. Gente que viene y va. Y luego están los que quiere que se queden a su lado para siempre y le pide que no se separe de ellos.

Mientras recuerda sus palabras, ve alejarse el coche de Diego y decide salir corriendo tras él, parándose al ver que no la ve. Aunque entonces ve que el coche se para y Diego baja, yendo el uno hacia la otra, hasta juntarse, tras lo que se besan.

Algún tiempo después Débora habla con Irene, tumbada disfrutando de una playa paradisiaca, aunque Débora le reprocha que, pese a haber ido para descansar siga pensando cosas, diciendo Irene que no es culpa suya que no haya ninguna escuela en la isla, por lo que tiene que ayudar a construirla.

Por su parte, Rin le cuenta a Ricky, que está con ellos, que ha conocido a una chica.

Bea le pregunta a Diana si de verdad quiere que toda la casa sea en rosa, diciendo ella, ya con su voz, que le gusta el rosa, preguntándole Diego, con quien ahora forma una familia, quién cree que eligió el color del coche.

Calificación: 2
Te cuento la película