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Josefina

España / Alemania (2021) *

Duración: 90 min.

Fotografía: Santiago Racaj

Guion: Belén Sánchez-Arévalo

Dirección: Javier Marco

Intérpretes: Roberto Álamo (Juan), Emma Suárez (Berta), Miguel Bernardeau (Sergio), Manolo Solo (Rafael), Olivia Delcán (Josi), Simón Andreu (Pascual).

Juan desayuna mientras funciona su lavadora y tiende antes de salir hacia el trabajo.

Pero cuando intenta arrancar el coche este no funciona y debe coger el autobús.

Se fija allí en otra pasajera y cuando llegan al penal en que trabaja como funcionario de prisiones observa cómo la mujer va al pabellón de presos, entrando él por la puerta de los funcionarios.

Una vez se pone su uniforme, va hasta la sala de control, donde está su compañero Rafael, al que le explica que llegó tarde por culpa del coche.

A través de las cámaras puede ver a la mujer con la que coincidió en el autobús, que ve, va a visitar a un joven.

En el taller le informan que tiene problemas con el alternador y hay que cambiar una pieza que deben pedir en Suecia y eso tardará de tres a cuatro semanas.

De regreso a su casa ve a un perro, Rulo en la puerta de al lado, por lo que llama, abriéndole su vecino, Pascual, que no se había dado cuenta de que estaba fuera.

Cuando entra en su casa ve que también le da problemas el robot aspirador.

Cena la hamburguesa que compró antes de subir.

Al día siguiente vuelve a la rutina de su trabajo, y ya en casa, se sirve de un tutorial para arreglar su robot, antes de bajar a pasear a Rulo, al que su dueño no puede sacar debido a su avanzada edad.

Mientras su compañero no para de hablar, él repara en que está en recepción la mujer en la que se fijó días antes, hablando con el compañero de admisiones y sale.

Escondido, observa que la mujer lleva una fiambrera con comida que no le dejan pasar, debiendo dejar la fiambrera en recepción para poder entrar.

Pero más tarde su hijo ve que la fiambrera está en su celda y dentro una tortilla a la que le falta un pedazo.

Esa será la cena de Juan esa noche.

Una semana más tarde vuelve a coincidir en el autobús con la mujer, que se sienta en el asiento de delante suyo y a la que, debido a un frenazo, se le cae el teléfono, ayudándola él a buscarlo, aunque, como no lo encuentran, la mujer le pide que la llame para poder encontrarlo.

Cuando bajan, él le dice que va por otra puerta porque va al módulo de mujeres donde está su hija, Josefina.

Guarda luego el número de teléfono en su agenda como "Mujer del bus".

Se cruza en los pasillos con una presa joven que se queda mirándolo.

En el módulo de hombres, el hijo de la mujer del bus le dice a esta que no hace falta que vaya cada semana, que él la puede llamar, diciendo ella que no pasa nada, que se queda Vero con él, diciendo él que se alegra de que esté peor.

Le cuenta luego que a la tortilla le faltaba un trozo, sorprendiéndole a ella que la dejaran pasar pese a todas las objeciones que le pusieron.

Cuando regresa a su casa se escucha el ruido del respirador de Antonio, su marido, al que ha estado cuidando Vero mientras continúa con sus oposiciones, dándole la mujer 30 Euros por sus cuidados.

Hace ejercicio en una bicicleta estática y luego cose a máquina, yendo a llevar ropa a un sacerdote al que no encuentra.

Cuando baja con Rulo, recibe una llamada, viendo que es del teléfono de la mujer del autobús, que le dice que tiene una llamada perdida de su teléfono, recordándole él que le ayudó el día anterior a buscar el móvil llamándola desde el suyo.

De regreso a su casa pasa por un edificio donde hay un grafiti con el nombre de Josefina.

El siguiente día que la mujer coge el autobús para ver a su hijo echa la vista hacia atrás para ver si ve al hombre, pero esta vez no está él. Arreglaron ya su coche.

Ella ve que su hijo tiene un moratón en la cara, aunque le dice que se dio un golpe.

Ella le habla de Lola, que llamó varias veces preguntando por él y que le escribió varias veces pero no le contestó, diciendo él que no habría nada que contestar.

Juan, al observarla, vuelve a salir, lo que llama la atención de su compañero, que pasa a mirar sus pantallas.

No ve que Juan se quita su uniforme y va hasta el autobús, donde espera encontrarse con ella, aunque ve que no está en la parada y en el autobús. La ve salir corriendo del penal, aunque el autobús cierra sus puertas antes de que llegue, y, aunque él intenta que el conductor pare para recogerla, este le dice que no puede hacerlo.

Juan se baja en la primera parada y regresa corriendo hasta la parada de la prisión, por la carretera, llegando agotado, aunque ve que ella sigue allí esperando, y, al verlo sudando y sin resuello le ofrece agua

Le pide luego perdón por la llamada del día anterior y le pregunta por su hija, diciendo él que está bien.

Ella le cuenta que la llamarón de dirección por Sergio, su hijo. Que ella había pedido que le viera un psicólogo, pero él no quiere.

Le pregunta a él si se imaginaba que su hija acabaría en la cárcel cuando era pequeña y si esta le cuenta cosas, diciendo él que sí, comentando ella que Sergio no le cuenta nada.

Él le dice que seguro que dentro tiene amigos y charla con ellos, pero ella dice que ni siquiera sabe si tiene amigos y le dice a Juan que a lo mejor a su hija no le importaría hablar con él, diciéndole él que es difícil, al estar en módulos diferentes, aunque, le dice que hay correo interno entre los módulos y quizá puedan escribirse, ofreciéndose a comentárselo a su hija.

Ella le apunta el nombre del muchacho, Sergio López Mirador, en una tarjeta.

Al verla, Juan le pregunta si tiene una tienda, diciéndole ella que no es suya. Que hace arreglos para varias tiendas y la tarjeta es de una de ellas, contándole que hace arreglos de casullas y ropa para sacerdotes. Que antes hacía trajes para caballeros en una sastrería, hasta que cerró.

Él le cuenta que trabaja en seguridad.

Llega un autobús y ella dice que subirá aunque dé más vuelta, pero él dice que esperará al siguiente.

Antes de marcharse, ella le dice que se llama Berta, diciendo él que se llama Juan, despidiéndose hasta el domingo.

Cuando el autobús se aleja, él, tras cambiar por Berta el nombre de "Mujer del autobús" en su móvil, regresa al trabajo.

El encargado, Emilio, le llama la atención, pues ya pasó dos veces por allí y no lo vio.

Juan observa a Sergio en el patio y ve que está solo y no se relaciona.

Pascual va a su casa, como cada vez que hay partido, para verlo juntos.

Esa noche Juan escribe una carta y al día siguiente observa a Sergio, leyéndola en el patio.

En la siguiente visita, Sergio le dice a su madre que no era necesaria la carta de la chica que le escribió, sorprendiéndose ella al ver que lo hizo.

Sergio le pregunta de qué conoce a su padre, contándole ella que del autobús y le dice que a lo mejor le ayuda hablar con ella, aunque él no cree que sea así, pues es una extraña y ella solo conoce al padre de un par de veces en el autobús y que no necesita a una extraña animándole.

De regreso, Berta espera ver a Juan, pero no está.

Pero esa noche recibe una llamada de Berta que le da las gracias por la carta, aunque duda que Sergio vaya a contestar.

Él, aprovechando la llamada le dice que quería llamarla desde el otro día.

Unos días más tarde va a casa de Berta, que le toma medidas para hacerle un traje.

Escucha toser a Antonio en la habitación de al lado, explicándole ella que es su marido y le cuenta que le dio una parálisis año y medio atrás. Que pidió las ayudas de la Ley de Dependencia, pero sigue esperando.

Él le cuenta que su madre murió un año antes y que entiende las dificultades.

Tras las medidas, le dice que le tiene que hacer más pruebas en unos días.

Rafa advierte a Juan que hay más pantallas, cuando ve que no solo mira a Berta con su hijo.

A Sergio se le da bien dibujar y tiene varios retratos en su cuarto.

Finalmente se decide a escribir contestando a Josefina y lleva la carta al control, aunque como no puede especificar ni su apellido, ni dónde está. Solo sabe que está en el módulo de mujeres y que tiene una edad similar a la suya.

Juan va a la primera prueba del traje a casa de Berta, y, al ver que tiene el mando de la televisión estropeado se ofrece para tratar de arreglárselo.

Cuando va al baño para probarse el pantalón, puede ver al marido de Berta, conectado a una bomba de oxígeno en la habitación.

En prisión, Sergio recibe una nueva carta y sonríe al leerla, por lo que contesta.

Juan vuelve a casa de Berta para su siguiente prueba y cuando le pone la chaqueta, ella lo abraza, respondiendo él y estando un largo rato abrazados, pidiéndole ella tras ello que mejor se vaya.

Desde la sala de vigilancia observa cómo Sergio habla con la chica con la que se cruzó unos días antes y a la que Sergio ya había hecho un retrato.

Cuando se va el muchacho, la chica se gira y mira directamente a la cámara y sonríe.

En su siguiente visita a casa de Berta, ve que ella llega de algún sitio, diciéndole él que si no le va bien pueden verse en otro momento, aunque ella le dice que prefiere que se vean fuera de su casa.

Ve que llama al telefonillo y le dice a Vero que si puede quedarse un par de horas más.

Van a un local donde tocan jazz y toman una copa.

La lleva luego hasta su casa, que le dice que antes fue la de sus padre, llamando la atención a ella la colección de patos que guarda en una vitrina y que, le explica, eran de su madre y le dice que antes tenía toda la casa llena y quedan ya unos pocos.

Tras acostarse, él se duerme, observándolo ella mientras se viste para marcharse.

Cuando va a salir ve que está funcionando el robot aspirador y que enganchó el cordón de una de sus botas, por lo que la para, dándose cuenta al sacar la bota y ve que es del uniforme de los funcionarios de prisiones.

Se la deja en el aparador de la entrada y se marcha de regreso a su casa, pensando.

Al día siguiente él la llama, pero no da con ella.

La ve desde la sala de pantallas cuando visita a su hijo el domingo siguiente.

Este empieza a bajar al taller donde enseñan oficios.

Pocos días después muere el marido de Berta y cuando se lo llevan ella observa el traje de Juan, ya terminado.

Durante el funeral, Berta le pregunta a su hijo, al que le dieron un permiso para ir si la chica le volvió a escribir, diciéndole él que de hecho se han visto un par de veces, lo que a ella le extraña, contándole él que se escribieron y consiguieron permiso para verse.

Le pregunta si le habló de su padre, diciendo que solo que se conocieron en el autobús.

Incinerado el marido regresa a su casa y quita el protector del colchón y se tumba ocupando toda la cama.

Un día, Emilio llama a Juan a su despacho y le recrimina que no le hubiera advertido que tenía una hija en la cárcel, pues no puede trabajar en una prisión donde hay familiares, por lo que deben asignarle otro destino, jurándole Juan que él no tiene hijos, pidiéndole Emilio una explicación.

Se reúne de hecho con la chica que se hace pasar por su hija.

Al salir del trabajo, vuelve a fallarle el motor del coche, por lo que debe regresar a su casa en autobús, viendo, al llegar a la parada, que está Berta también esperando.

Se sienta a su lado y ninguno de los dos se atreve a decir nada, aunque finalmente se miran.

Calificación: 2
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