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Juegos prohibidos

Jeux interdits (1952) * Francia

Duración: 86 min.

Música: Varios

Fotografía: Robert Juillard

Guion: François Boyer, Jean Aurenche, Pierre Bost, René Clément (Novela: François Boyer)

Dirección: René Clément

Intérpretes: Georges Poujouly (Michel Dollé), Brigitte Fossey (Paulette), Lucien Hubert (Joseph Dollé), Laurence Badie (Berthe Dollé), Amédée (Francis Gouard), Suzanne Courtal (Señora Dollé), Jacques Marin (Georges Dollé), Marcel Mérovée (Raymond Dollé), André Wasley (Señor Gouard), Louis Saintève (Sacerdote).

Junio de 1940

Millares de personas huyen de París, cargados con sus pertenencias mientras los aviones alemanes bombardean las carreteras, debiendo por ello detenerse y ponerse cuerpo a tierra de cuando en cuando antes de reanudar su trayecto.

Una de las familias que huye trata de arrancar su coche sin éxito, haciendo que los que van tras ellos se pongan nerviosos y lancen el coche fuera de la carretera, debiendo recoger sus maletas para continuar su trayecto, mientras su hija pequeña, Paulette, recoge a Jock, su perrito.

Cuando se produce el siguiente ataque de la aviación, y mientras todos permanecen cuerpo a tierra, Paulette sale a buscar a su perrito, Jock, que salió corriendo, asustado por el bombardeo.

Los padres corren para rescatarla, tirándose al suelo cuando lo logran, aunque un avión ametralla el puente, alcanzando sus balas a los dos padres.

Terminado el bombardeo, la niña ve que ni sus padres ni su perro responden, acariciando la pequeña a su perrito mientras los supervivientes continúan su camino, recogiendo un hombre a la niña al verla sola, subiéndola al carro del que tira él mismo.

Pero la mujer del hombre que la recogió observa que el perro está muerto y lo lanza al río, para enfado de la niña, que, durante una discusión entre la familia que la lleva y otro coche, se escapa y baja hasta el río, siguiendo la corriente que lleva a su perro, al que recoge cuando se queda encallado en la orilla.

A su lado pasa un caballo asustado por el bombardeo que arrastra un carro al que le falta una rueda.

Cerca de allí, una familia de campesinos ven llegar al caballo, al que el hijo mayor, Georges, se acerca, asustándose el caballo de nuevo al pasar otro avión, por lo que lo cocea y vuelve a escapar.

También se asusta una vaca de la familia y sale corriendo, por lo que el hijo pequeño; Michel, de 10 años, corre tras ella.

La niña, con su perrito en brazos, sigue el curso del río, pero cuando ve llegar a la vaca se asusta y llora, llegando entonces Michel, que le recrimina que no detuviera a la vaca, aunque a ella le asusta el animal.

La niña le cuenta que sus padres murieron.

El niño le pide que le ayude a coger a la vaca y llevarla a casa, diciéndole que le dará otro perro, convenciéndola así para que deje el suyo.

El niño le cuenta que no se hablan con sus vecinos, algo que comprueba Paulette por sí misma, ya que les ve discutir porque el perro del vecino se coló en su casa, recordándole el vecino, el señor Gouard que él salvó a la abuela de los Dollé de morir ahogada y eso le valió una medalla.

Solo al terminar la discusión, Joseph Dollé repara en la niña, contándole Michel que llegó de la carretera, y que mataron a sus padres, diciéndole su padre que no puede hacer nada y que no puede quedarse con ellos, diciendo Michel que entonces irá a casa de los Gouard, no estando el hombre dispuesto a que le den otra medalla por lo que decide quedarse con ella.

Dentro, las hermanas y la madre deben ayudar a Georges a desnudarse, muy dolorido.

Luego, al ver a la niña, la rodean, interesados en que les hable de la guerra, aunque la muchacha, vestida con un traje elegante, parece asustada, negándose a beber la leche que le daban al ver que el vaso está sucio.

La niña se adormila recostada sobre Joseph, mientras este lee las noticas de la guerra en el periódico.

Mientras Michel hace los deberes, ellos comentan que murieron 18 personas en el puente y alrededores y ni siquiera quedan ataúdes, debiendo enterrarlos en hoyos cavados en la tierra, como a los perros.

Como Paulette se queda dormida van a acostarla, observando lo limpia que está, aunque le da miedo quedarse sola a oscuras, no parando de llamar por ello a Michel, al que le dice que no quiere quedarse allí, preguntando el niño dónde quiere ir, diciendo que al puente con su madre y su padre, contándole el niño que sus padres no están ya en el puente, sino en un hoyo.

Ella pregunta si como los perros, aunque luego dice que lo harían para que no se mojen si llueve.

Aunque se duerme, por la noche tiene pesadillas y grita llamando a su madre, debiendo subir nuevamente Michel, que luego le lee para su hermano Georges, que no puede dormir.

Al día siguiente la despiertan para desayunar, sorprendiéndoles cuando les pregunta qué es el crucifijo que tienen en la pared, viendo que no sabe quién es Dios.

La madre dice que deben notificar al alcalde que esta con ellos para que no les acusen de haberla robado.

Llega el otro hermano, Raymond, que fue a buscar al médico, pero dice que fue movilizado y llevado al hospital por los bombardeos.

La niña decide que debe enterrar a su perro para que no se moje si llueve y empieza a cavar en la tierra, viendo mientras lo hace, cómo se acerca un cura, al que le cuenta que vive en casa de los Dollé porque sus padres murieron, preguntándole el sacerdote si rezó por ellos, diciéndole la niña que no sabe hacerlo, diciéndole él que debe juntar sus manos y decir "Que Dios los acoja en su paraíso" y le enseña a hacer la señal de la cruz.

Decidida a enterrar a su perro, empieza a cavar en un viejo molino, diciéndole el niño que ha tenido una gran idea y que van a tener un cementerio precioso, y cuando ella pregunta qué es un cementerio, Michel le dice que es un lugar al que llevan a todos los muertos para que no se aburran, pensando entonces la niña que su perro se aburrirá, pues está solo, y deben buscar otro perro que le haga compañía.

La niña lo entierra en el agujero y pronuncia repetidamente las palabras que antes le enseñó el sacerdote para sus padres, pidiendo que Dios lo acoja en su paraíso.

El niño le lleva un topo que cazó un búho que duerme allí para que acompañe al perro, diciendo la niña que necesitarán más, y también gatos, erizos, lagartijas, caballos, vacas, serpientes, leones, e incluso personas, diciendo él que les pondrán cruces, algo que la niña no entiende, creando él una cruz con unos palos, a la que ella pone un collar roto, diciendo el niño que le hará una cruz mejor.

Se la hace luego en su casa, mientras le enseña el Ave María y el Padre Nuestro a Paulette.

Pero los golpes dados con el martillo para hacer la cruz hacen que su padre se enfade, ya que hay un enfermo abajo y castiga a Michel sin cenar.

Pero cuando Georges empieza a escupir sangre, lo llaman para que rece por él, pues es el único de la familia que sabe hacerlo, aunque enfadado por el castigo mezcla el Padre Nuestro con el Ave María.

No sabiendo qué hacer para que mejore tratan de darle aceite de ricino, aunque enseguida ven que ha muerto.

Michel reza entonces de verdad, diciendo la niña dice "Que Dios lo acoja en el Paraíso", aunque luego le pregunta a Michel si le hará un hoyo, diciéndole él que es su hermano.

Lloran, lamentando la mujer no haberle dado antes el aceite, aunque su marido le dice que ni siquiera saben si le habría ido bien.

El padre acondiciona el carro donde llevarán el ataúd.

Fuera, la niña ayuda dando de comer a los polluelos y Michel le dice que ha encontrado tres cruces (las que hay sobre el coche mortuorio), diciendo ella que solo necesitan dos, una para su perro y otra para el topo.

A la mañana siguiente llega un soldado al pueblo y comienza a tocar la trompeta asustando a los de dentro, imaginándose que se trata del hijo de los Gouard, lo que les extraña, pues la guerra no acabó, pidiéndole a Michel que vaya a comprobarlo.

El recién llegado, Francis, explica a su familia que ya no hay jefes ni ingleses y pensó que ya no valía la pena seguir caminando y se fue.

Mientras habla el niño simula cortar hierba, pero le roba algunos pollos.

Les confirma a sus padres que es Francis, advirtiendo Joseph a su hija Berthe que no quiere verla con él.

Despierta luego a Paulette, y le muestra, feliz, al pollito muerto, estando ella contenta, aunque le pregunta si lo mató, diciendo él que no.

La niña recoge flores por el campo, cuando se topa con Francis y Berthe, la hermana de Michel besándose sobre la hierba.

La encontró gracias a Michel, que fue quien le contó que era ella la que sacaba las vacas, y por ello fue a su encuentro.

El niño le muestra orgulloso las cruces del carro fúnebre a Paulette, aunque a ella no le gustan, diciendo él que nunca está contenta.

Tiene lugar el funeral, al que llega una prima en bicicleta, llevando un ramo.

Durante el mismo los niños se fijan en las cruces que hay sobre los cuadros que marcan el Via Crucis, viendo que hay muchas.

El padre se queda apuntalando el carro, dándose cuenta entonces de que faltan las cruces, dudando el padre si las perdieron o si alguien las robó, apuntando el niño a los Gouard.

Durante la consagración se fija la niña en la cruz de oro, que es la que más le gusta.

El señor Gouard comenta a su hijo que hubiera ido al funeral si se hubiera enterado, aunque Francis cree que lo sabía.

El hombre le pregunta qué será de ellos sin el más trabajador, diciendo Francis que tienen a Berthe, que su padre dice que es una puta, defendiéndola él, diciendo su padre que mejor era que hubiera defendido a Francia, ante lo que Francis le dice que con Francia no se puede casar, abofeteándole el padre, tras lo que acaban discutiendo, asegurando Francis que se casará con Berthe.

En el cementerio, Michel le muestra a Paulette todas las cruces, que califican según el tamaño, para un caballo o para una paloma o un gato o, incluso una jirafa.

Mientras entierra a su hijo, Joseph acusa ante el párroco a su vecino de robar las cruces, diciendo que lo hace porque los odia, indicando el cura que ese no es motivo, no creyendo en su culpabilidad.

Michel se confiesa, contándole al sacerdote que robó él las cruces, pidiendo él que se las devuelva.

Luego, mientras se confiesa, Berthe, y él reza su penitencia, se fija en la cruz del altar, que es la que más le gustó a Paulette, y decide robarla aprovechando que el cura está en el confesionario con su hermana.

Esta, le habla de su relación con Francis y le dice que se van a casar, aunque no se atreven a contarlo por la relación con sus padres, pidiéndole al sacerdote que trate él de reconciliarlos.

Michel trata de coger la cruz y se le acaba cayendo, alertando el ruido al sacerdote, que le regaña y le dice que sin haber terminado su penitencia cometió un pecado aún más grave y lo abofetea.

Joseph le cuenta a su familia que habló con Gouard y le preguntó si ahora robaba las cruces de los coches fúnebres, jurando él sobre la tumba de su mujer que no sabía de qué cruces le hablaba.

Pero él cree que el no ir al entierro es como una confesión, diciendo Berthe que no fueron porque no se lo dijeron.

Escuchan entonces a Francis tocando la trompeta, mientras los niños escriben unas notas con el nombre de los animales.

Ven a una cucaracha y Michel la mata, llorando la niña, que dice que no hay que matarlas, aunque Michel le dice que para enterrarlas tienen que estar muertas.

Paulette le dice que tenía que haberle llevado la cruz del cura, diciendo él que lo intentó y le valió una bofetada, besándola ella donde le pegó el cura.

Le dice luego que sabe dónde hay cruces, en el cementerio, preguntando él si no le da miedo, diciendo él que los muertos pueden cogerle por los pies.

Berthe y Francis se acuestan en el pajar, al que bajan los niños para coger una carretilla, por lo que deben ocultarse, aunque pese a todo los ven.

Roban un montón de cruces, incluida la de Georges, aunque mientras regresan del cementerio se ponen a cantar para espantar el miedo, al ver cómo el cielo se ilumina por los bombardeos.

Al día siguiente va toda la familia al cementerio para plantar margaritas sobre la tumba de su hijo, y, aunque Michel le dice que no quiere ir al cementerio, le obligan.

El señor Gouard, al verlos, pide a su hija que vaya también a recoger flores, pues sus vecinos no son los únicos que tienen difuntos.

Camino del cementerio ven una cruz caída, la pequeña de Georges, que se les cayó la noche anterior, pensando Joseph que es una prueba.

Ven en efecto, al llegar al cementerio que no está la cruz de su hijo, dando por hecho que es obra de los Gouard, por lo que arranca la cruz de la mujer de este y la rompe.

No se da cuenta de que este y su familia lo han presenciado todo, lanzándose el agraviado sobre él y golpeándolo, mientras lo llama vampiro, iniciándose una pelea entre ambos, que acaban cayendo a una tumba abierta y todavía vacía.

Fuera, Raymond insulta a Francis llamándolo desertor, ante lo que le responde, pues él ni siquiera fue a la guerra, diciendo que fue porque no era apto por la albúmina.

Berthe va a buscar al cura, que les llama la atención, afirmando Joseph ante él, que su vecino robó la cruz de su hijo, diciéndole el cura que él sabe quién se divierte robándolas, pues incluso intentó robar la del altar, viendo todos cómo Michel sale corriendo al verse descubierto.

Corre a esconderse en el viejo molino, ahora convertido en cementerio, lleno de cruces, y junto a cada una de ellas el nombre del animal que yace bajo estas, ya sea el perro, una lombriz, un petirrojo o un pollo.

Para entonces su padre sabe ya que faltan 14 cruces, preguntándose qué pudo hacer con ellas, aunque Michel no aparece por casa temiendo la paliza que le espera.

Decide pasar la noche en el granero, pudiendo ver y escuchar a todos desde arriba, observando cómo Berthe interroga a Paulette, tratando de conseguir que confiese, pues, le dice, las cruces no son juguetes, y le dice que el señor Dollé le dará una paliza, pero que si se lo dice a ella irá a buscar las cruces y no le hará nada.

Pero ella sigue diciendo que no sabe dónde están, amenazando ella con decírselo al señor Dollé, ante lo que Michel le dice que si habla, él también contará lo que hacía ella con Francis en el granero.

Michel está muy satisfecho con su cementerio, pero la niña le dice que irán mejor al día siguiente para no ir de noche, explicándole el muchacho que está muy bonito, pues están todas las cruces y los carteles y puso piedras y flores, platos rotos y caracoles.

Al día siguiente llegan unos gendarmes, escondiéndose Francis, pensando que le buscan a él, pensando los Dollé que les han denunciado por el robo de las cruces, ante lo que Joseph trata de encontrar al niño.

Cuando lo hace, le pregunta dónde están las cruces, negándose él a contárselo, diciéndole el padre que irá a la cárcel, a lo que le responde que lo prefiere.

La niña ve aterrorizada cómo golpea a Michel y llora, aunque entonces entra su mujer, que le pide que lo deje, pues no han ido por las cruces, sino por Paulette.

Él grita que no quiere que se la lleven, diciendo la madre que la llevarán al orfanato con otras niñas y estará bien, pero él les dice que si se queda con ellos les dirá dónde están las cruces, diciéndole el padre que son dos cosas distintas, asegurando el niño que entonces nunca las encontrará.

Les dice luego, que si se queda Paulette además de decirle donde están las cruces irá al catecismo, a la escuela y ayudará en casa.

Cuando se lo prometen, les dice que están en el molino.

Los gendarmes le preguntan a la niña si murieron sus padres en el bombardeo, diciendo la niña que no, y cuando le preguntan cómo se apellida ella dice que Dollé, pues quiere apellidarse como Michel.

Les dicen que la entregarán a la Cruz Roja, pidiéndole a Joseph que firme, llamándolo Michel mentiroso, recordándole que le prometió que se quedaría, y asegurando que no le dará las cruces, tras lo que sale corriendo hacia el molino, y empieza a arrancarlas y a tirarlas al río.

Se queda solo con el collar que colocó ella en la de su perro, y lo cuelga junto al búho, al que le pide que lo guarde.

Llevada al orfanato, a la niña le colocan un cartel con su nombre "Paulette Dollé".

Allí algunas personas tratan de encontrar a sus familiares, y oye a una mujer llamar a una amiga que se llama Michel y ella empieza a gritar también Michel y llora.

Ella comienza a seguirlas y a llorar y a gritar llamando a su madre y a Michel, perdiéndose mientras corre, entre la gente.

Calificación: 4
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