Te cuento la película

La cuarta ventana

España (1961) *

Género: Drama

Duración: 86 min.

Música: José Solá

Fotografía: Salvador Torres Garriga

Guion: Julio Coll, José German Huici

Dirección: Julio Coll

Intérpretes: Emma Penella (Dora García), Elisa Montes (Luisa Pau), Terele Pávez (Linda Barcala), Ángel del Pozo (David), Luis Induni (Comisario), Gloria Osuna (María Rodrigo), Montserrat Julió (Adela), Leo Anchóriz (Carlos).

Un joven toca el saxofón frente a una casa de la que sale una muchacha que se acerca a él y le hace una fotografía.

En el club de noche la Pachanga, una joven abofetea a un hombre. Un el amigo de este la empuja y la lanza contra otra mujer que se estaba pintando y se le corre la pintura, por lo que protesta y la empujan también contra otra mujer que también se pintaba.

Las tres mujeres se lanzan contra los hombres y acaban provocando una pelea.

Aparece poco después la policía que detiene a una veintena de personas, entre ellas a las tres prostitutas.

Interrogan a una de ellas, que llevaba una caja de maquillaje en la mano y la acusan de intentar pasar droga, aunque ella les dice que es una crema para la cara.

Entra el comisario para interrogarla. La mujer es Dora García, alias "la Exquisita", que pasó un tiempo ingresada en un establecimiento de regeneración de mujeres, aunque ella les asegura que ya era tarde para eso.

La segunda es Luisa Pau, que dice que es modista, que también tiene antecedentes por embriaguez y escándalo.

La tercera, Linda Barcala estuvo a disposición del tribunal tutelar por ser menor de edad.

Le dice a Dora que en su cajita hay cocaína en lugar de crema, y las tres parecen sorprenderse y aseguran que no saben nada y que todo fue culpa de un tipo que llevaba un traje a rayas.

Ordenan que las arresten durante 8 días por escándalo público.

Pero poco después un policía entra en el calabozo, donde están rodeadas de muchas más mujeres para decirles que están libres, aunque Dora dice que no saldrán todavía y piden al guardia que diga al comisario que no desea que les tiendan una trampa, pues las detuvieron por escándalo como a las demás y reivindica sus 8 días de arresto, pese a lo cual el guardia las obliga a marcharse.

El comisario indica a su ayudante que desea averiguar si hay una cuarta mujer.

Tratan de hacer autostop, pero por su vestimenta nadie las recoge.

Un coche de policías de incógnito las vigila.

En sus ratos libres, las mujeres observan con sus prismáticos el edificio de enfrente. Gente con vidas normales que parecen envidiar.

Dora observa a un hombre mayor que cuida de su mujer enferma.

Luisa observa a un joven matrimonio que acaba de estrenar dormitorio y el novio le lleva el desayuno a la cama a la mujer.

Linda, por su parte observa a una familia numerosa donde dos niños estaban enfermos, probablemente por el sarampión, pero ya se levantan, lo que le alegra mucho.

Cuando van a retirarse observan que el baño está cerrado por dentro y se escucha el agua y ven que en el tocadiscos hay girando un disco que ven que no es de ellas.

Dora se asoma, con ayuda de sus amigas al baño por el ventanuco que hay encima de la puerta y ve los pies de una mujer tirada en el suelo.

Consiguen abrir la puerta de un empujón y ven que la chica está inconsciente y hay junto a ella un charco de sangre, aunque pide a sus amigas que no griten, pues por algo así les pueden caer dos años.

Ninguna de las tres reconoce conocerla, aunque Dora cree que es cosa de Linda y le pide que le diga a quién entregó su llave.

La llevan hasta la cama entre las tres, aunque ven que no despierta, por lo que deciden llamar a David un estudiante de medicina al que conocen.

Dora insiste en preguntar a Linda a quién metió la noche anterior, pues no la creen, y finalmente reconoce que le dejó su llave a Pedro porque le habían echado de la pensión y llevaba dos noches sin dormir.

Dora acude a ver a Pedro, que está en una caseta del puerto, al que preguntan por qué lo echaron de la pensión y de dónde sacó a la chica que les dejó en casa, y aunque al principio niega conocerla, pero Dora lo abofetea y él le acaba contando que la conoció en un cabaret.

Ella preguntó si conocía a Carlos, un músico, y él le dijo que lo conocía y la llevó, engañada, hasta su casa, aunque cuando ella se dio cuenta de la mentira se encerró en el baño y no logró que saliera, por lo que decidió marcharse.

Dora le coge la chaqueta de la que saca lo que le quitó a la chica, 300 pesetas, un boleto de consigna y una fotografía de Carlos, el músico.

Dora se lo lleva todo y acude a la estación para recoger el equipaje de la chica de la consigna con el boleto que le cogió a Pedro.

David atiende entretanto a la chica, aunque se queja de que lo llamaran a él, que decide llamar a la policía, aunque Dora, que llega en ese momento, le pide que no lo haga, pues la policía ya las detuvo la noche anterior.

David le dice a Dora que han pasado muy buenos ratos juntos, pero se queja de que le vayan a estropear la carrera y trata de llamar de nuevo a la policía, pues la chica intentó suicidarse, pero Dora se lo impide, pues lo hizo en su casa y es una menor y teme que sospechen de ellas y las encierren.

Cuando insiste en llamar a la policía Dora lo golpea con un jarrón en la cabeza.

Mientras lo atiende y le pone una de sus inyecciones pide a las otras chicas que abran la maleta.

Entre la ropa de la chica encuentran un disco igual que el que había puesto y una carta en que indica que es María Rodrigo, de Puebla de Sanabria.

Ven que la carta es de su novio y en ella le dice que no puede atarla a su vida, pues acabaría no siendo feliz y merece algo más seguro que un bohemio.

Llama a la puerta el comisario, por lo que deben esconder la maleta y el maletín de David, al que rocían con alcohol para simular que está borracho.

El comisario observa desde la ventana a sus dos hombres y luego, tras ver sus prismáticos observa una de las ventanas del edificio de enfrente en que se va a un hombre con la chaqueta a cuadros, como el que buscan.

Cuando les pregunta para qué necesitan los prismáticos Dora le habla de los viejecitos, pues le enternece ver cómo el viejo cuida de su esposa enferma, pues se pregunta a quién tendrá ella a su lado cuando sea vieja.

Luisa le cuenta que ella odia a los hombres, pero le encantan los niños y allí vive una viuda que tiene 12 que ella sueña con que son suyos.

Linda le cuenta que observa a una chica con más suerte que ella, recién casada y feliz.

Observan que el comisario encuentra la ampolla vacía de lo que inyectaron a David.

Despiertan a David y le preguntan qué era lo que le inyectaron y él les dice que morfina, y Dora lamenta su mala suerte.

Tratan de hacerle creer que está así porque se emborrachó, aunque antes de marcharse recuerda a la chica y se acuerda de todo.

Llaman de Puebla de Sanabria y piden que les pongan con la familia de María Rodrigo. Se pone su hermano, pero el padre le pide que cuelgue, y que allí no vive ninguna María.

Deciden tras ello buscar al Carlos que ella buscaba y piden a David que se quede a cuidarla mientras ellas salen a investigar.

El comisario las ve salir y le extraña que dejaran al borracho solo arriba.

Este pone el disco y entra en la habitación de la chica y la observa, embelesado.

La música del disco despierta a la muchacha, que se ve de pronto en ese lugar extraño y en la cama, mientras David se preparaba algo para comer.

María sale y quita la música y mira el baño donde la encontraron.

David, que la observaba le dice que no se asuste, pues está allí para ayudarla, aunque ella asustada, le pide que no se acerque y que no le haga ningún daño, y él le asegura que no tiene nada que temer y que las chicas fueron a buscar a Carlos.

Ella le cuenta dice que intentaba huir por la ventana mientras aquel hombre gritaba, y el cristal se rompió y se cortó. No trataba de suicidarse, pues no tenía motivos.

Las tres mujeres acuden al local donde las detuvieron a preguntar al músico que toca allí si conoce a Carlos, y este les remite a otro hombre, Montes.

Lo tratan de encontrar en un edificio donde ven todo tipo de personajes. Un mago, unos luchadores, jugadores, un fotógrafo haciendo fotos a chicas y varias peleas conyugales, unos músicos que ensayan junto a un grupo de vedetes un número musical…

Llegan finalmente a la azotea, y llaman a una puerta donde les abre una mujer que dice que ella es Montes y que ya les llamó Juanito.

Le muestran la foto del músico.

Un policía informa al comisario que la ampolla contenía un sedante farmacéutico, por lo que pide a un hombre que siga vigilándolas.

Montes les echa las cartas mientras en su casa, María le cuenta a David que su pueblo era gris hasta que llegó Carlos que le hizo ver todo de otra manera. Le enseñó a vivir, y, señalando su muñeca, David le dice que también a sufrir, aunque ella le dice que él no tenía la culpa. Que su padre lo amenazó y ella le suplicó que se fuera para evitar una tragedia y le prometió reunirse allí con él.

Escuchan las tres mujeres su confesión a David, que le dice que solo tiene una carta sin remite, pero ella dice que porque las anteriores cartas no se las quiso dar su padre.

David le sugiere que regrese a su casa, pero ella dice que sabe que Carlos le espera y ella seguirá esperándolo.

Ven entonces a las tres mujeres que reconocen que aún no averiguaron nada, pero le aseguran que lo encontrarán.

Viajan hasta Puebla de Sanabria para hablar con el padre de la chica, aunque él insiste en que no conoce a ninguna María, ante lo que le cuentan que estuvo en grave peligro.

El hombre les dice que si las eligió a ellas lo hizo mal, aunque Dora le dice que María aún no es como ellas, y Juan les dice que no lo es ni lo será, pues la conoce muy bien y que tendrá abiertas las puertas de esa casa si renuncia a ese hombre.

Cuando entran en casa, el hombre observa abierta la puerta de la habitación de María que mantenía cerrada, y dentro, con sus muñecas vendadas y tirada en el suelo a Linda y comprende que es así como la encontraron, con lo que consiguen ablandarlos y les entrega una de las cartas confiscadas con la dirección del trabajo de él.

Las tres mujeres acuden a dicha dirección. Un club de jazz, donde todos los hombres las observan, incluido Carlos, que asegura que las enamora a todas, y, de hecho, al terminar su actuación se acerca a ellas para intentar seducirlas, hasta que le dicen que fueron de parte de María, a la que enamoró para luego largarse.

Ellas le preguntan qué va a hacer con ella y él dice que está dispuesto a verla, pues la quiere con toda su alma.

Que intentó olvidarla incluso con otras mujeres y terminó alcoholizado y salió por ellouna semana antes del hospital.

Le preguntan cuñando quiere verla al creer que es sincero y él dice que ya.

Pide a sus compañeros que le guarden el saxo y les cuentan que le acaban de servir a María en bandeja.

Cuando María observa que David hace cambios en la casa y pregunta por qué, le responde que por la misma razón que la obligaron a ella a cambiarse de peinado, porque encontraron a Carlos.

Ella empieza a arreglarse aunque se pregunta si irá, y David le asegura que si la quiere irá a no ser que las chicas no lo consideren digno de ella.

Llegan en efecto poco después las mujeres con Carlos.

Mientras las chicas la ayudan a arreglarse, David advierte a Carlos que María pasó una grave crisis y no soportaría otra decepción.

Él, al verla, parece emocionado y contento, como ella y se abrazan felices.

Los dejan luego a solas en la habitación.

David se marcha triste y les dice que no lo hizo por ellas, sino porque comprendió la abnegación que debe tener un médico, aunque ellas saben que se ha enamorado.

Carlos le pregunta a María si la quiere, y ella le dice que nunca desconfió de él y que la culpa fue de su familia y él le dice que ha sufrido mucho lejos de allí y que él también dudó de su amor, pero que seguirá queriéndola siempre.

Vuelve a subir el comisario, que les pregunta si hay alguien más, aunque ellas lo niegan.

Y justo entonces uno de sus hombres le hace una seña desde el edificio de enfrente.

Ven que llega una mujer rubia que ellas no conocen, y a la que siguen tres hombres.

La mujer sube al piso del hombre de la chaqueta a cuadros y se besan.

Con los prismáticos, el comisario puede ver cómo sus hombres entran en el piso y detienen al hombre de la chaqueta a cuadros.

Les dice a las chicas que sabe que en el fondo no son malas chicas, pero espera que no den un paso en falso.

Cuando María se despide de Carlos les cuenta que han hecho muchos planes y que ha pensado organizar una orquesta por su cuenta.

Carlos, entretanto llega a su casa. Allí les espera su mujer a la que le pide que le ponga la cena, pues tiene prisa. Y la mujer le dice que la niña llegó del colegio con fiebre.

La pequeña se pone muy contenta al ver a su padre, que la besa con cariño.

Carlos y María pasan juntos el día siguiente en un bosque y ella le pregunta por qué no se casan antes de que se vaya, aunque él le dice que no tienen tiempo, pues hacen falta un montón de papeles y tienen que salir con su gira la semana próxima.

Le pide que la lleve con él, aunque Carlos le dice que ir de gira es horrible, aunque ella dice que no le importa, pues eso seguirá igual si se casan, aunque él dice que si triunfa ya irán en primera y a grandes hoteles, aunque ella le dice que no necesita nada de eso y le pide que la lleve con él, que le dice que lo pensará.

Tras ese bonito día en el campo regresan en el tren, y él se baja antes, aunque se deja la cartera olvidada.

Las tres prostitutas buscan en una revista vestidos de novia mientras están acompañados por tres hombres a los que apenas hacen caso, obsesionadas con el vestido de María.

Llega entonces David que les pregunta por María y les cuenta que se ha enterado de que Carlos está casado.

Decepcionadas, se preguntan qué puede hacer.

María acuden con la cartera de Carlos al domicilio que figura en el carnet y le abre su mujer, que le confirma que Carlos vive allí, y entonces ve cómo la niña, a la que Carlos tiene en brazos lo llama papá y le pregunta quién es esa señora.

Se marcha, y él sale tras ella y le dice que no debió enamorarse de ella y pensaba decírselo, pero espera que lo perdone.

Le dice luego que nunca la creyó capaz de ir allí y montarle una escena, y ella le dice que tiene razón, que solo fue a devolverle su cartera, tras lo que se marcha indignada.

Las tres prostitutas están muy tristes en la casa mientras el padre y el hermano de María recogen sus cosas para llevársela.

Antes de irse, el hombre les dice que debe darles las gracias, y ellas dicen que deben pedirle perdón a él.

Se quedan llorando y señalan que en el fondo son solo unas tontas que se dejaron engañar una vez más por un hombre.

Dora ve a la pareja mayor con los prismáticos y observa que la mujer ya anda.

La madre viuda se despide de todos sus hijos que salen hacia el colegio, pero la pareja de recién casados tiene su primera discusión y ven que él amenaza con pegarla, aunque antes de hacerlo decide irse de casa y se preguntan cómo podrían impedirlo.

Dora llama a la mujer a la que dice que esa es su primera discusión y está cometiendo un grave error y que aproveche ese momento, pues es ella quien tiene la razón, pero le pide que no discuta con él y no permita que se vaya y que ceda antes de que el portazo se convierta en una costumbre, pues ella conoce bien a los hombres.

La mujer se queda extrañada, pero en efecto cede y trata de atraer de nuevo al marido, que la abraza.

Luisa les dice que ha decidido no salir más a la calle y cambiar de vida, aunque se muera de hambre, y Luisa dice que ella también.

María les dice que siente haberles causado tantas molestias, pero que han sido sus mejores amigas y no quiere que la olviden, y le dicen que ellas no olvidan nunca.

Se marcha tras ello con su hermano.

Dora les dice a sus amigas que si de verdad desean cambiar de vida lo harán.

Un día Dora sale al encuentro de Carlos con sus mejores galas de prostituta y le pide fuego, y ve que también están allí las otras dos, y les pregunta qué quieren.

Avanzan hacia él al que le preguntan cuánto cree que les puede costar una cosa así.

Dora dice que serán dos años romperle la cara a un tipo como ese.

Él reconoce que se portó mal con María y se arrepiente, aunque les pregunta quiénes son ellas para echárselo en cara.

Luisa mete una piedra en su bolso y lo golpea luego con él y se lo pasan de una a otra golpeándolo, y le dicen que decir lo siento no soluciona nada.

Dora personaliza en él a todos los hombres y le dice: "embusteros, engreídos. Os burláis de las mujeres, pero nunca más", mientras lo golpean con saña.

Se escucha la sirena de un coche policial, pese a lo cual no huyen. Se quedan frente al hombre, que está en el suelo y sin sentido.

El comisario pide que llamen a una ambulancia y les pregunta por qué lo hicieron, y Dora le dice que alguien tenía que pagar por todos.

Él le dice que les advirtió que pasarían una buena temporada en la cárcel, aunque ellas dicen que no le importan, pues estaban deseando cambiar de vida.

Calificación: 2