La luna se levanta
Tsuki wa noborinu (1955) * Japón
Duración: 102 min.
Música: Takanobu Saitô
Fotografía: Shigeyoshi Mine
Guion: Yasujirô Ozu, Ryôsuke Saitô
Dirección: Kinuyo Tanaka
Intérpretes: Chishû Ryû (Mokichi Asai), Mie Kitahara (Setsuko), Shôji Yasui (Shôji Yasui), Ko Mishima (Wataru Amamiya), Yôko Sugi (Ayako), Shûji Sano (Shunsuke Takasu), Hisako Yamane (Chizuru), Kinuyo Tanaka (Yoneya), Junji Masuda (Tanaka), Miki Odagiri (Fumiya).
En Nara, la familia Asai y sus amigos entonan un cántico religioso junto al sacerdote.
Un sirviente pasa una nota a Shôji Yasui para avisarle que llegó Amamiya.
Sale para recibirlo y le pregunta si ha ido a Osaka por negocios y el recién llegado le dice que es por las microondas, las ondas cortas de radio, y fue a buscar datos de las llamadas entre Tokio y Osaka, pues las microondas reducen los retrasos en las llamadas de larga distancia y para retransmisiones televisivas.
Le pregunta a Shôji por qué dejó el trabajo, a lo que le responde que lo despidieron por pelearse con un cliente de Kobe y no encuentra trabajo, y entretanto, hace traducciones.
Cuando aparece Setsuko, hija menor del señor Asai, Shôji le presenta a Amamiya, amigo suyo del instituto, que, le explica, trabaja en Nippon Electric.
Mientras la muchacha va a comprar, Shôji le explica a su amigo que Setsuko tiene 21 años y que el señor Asai asesora a varias empresas y cada semana se va a Osaka.
Además de Setsuko, le cuenta tiene otras dos hijas, Chizuru, viuda de su hermano, y Ayako, que aún no está casada.
Recuerdan luego los Asai que Amamiya estuvo un verano cuando Shôji todavía estudiaba, y que Shôji, y sus amigos estaban prácticamente sin ropa y la madre les regañó, y Amamiya, que era de Takanawa era el único que siempre llevaba camiseta.
Cuando llega Setsuko avisa a su hermana Chizuru de que llegó el señor Takasu para ofrecer incienso por Koichi y que se disculpa con ella por no haber podido ir al aniversario de su muerte, pues estaba en Tokio.
En efecto, rinde homenaje en un pequeño altar, al fallecido, que murió dos años atrás.
Amamiya y Shôji van al monte Mikasa, donde almorzaban durante aquel viaje de secundaria.
Se presenta allí Setsuko con su bicicleta para decirles que cenarán con el señor Takasu.
Setsuko recuerda con nostalgia lo bien que se lo pasaban en Tokio y sueña con volver a ver su antiguo barrio.
Takasu debe ir al día siguiente a Horyuji con unos alumnos, e invita a Amamiya a ir, invitación que extiende luego a todos, que acuerdan ir, menos Asai, que debe ir a Osaka.
Al final solo va Setsuko, que fotografía a los hombres con los alumnos.
Comienza a llover y se quedan en la posada Daikokuya, y Setsuko lamenta que no fuera con ellos Ayako, que tuvo que ir con una tía que llegó desde Tokio, hasta Kioto.
Amamiya recuerda cuando estuvo en su casa de Kegenumay y que Ayako odiaba la sandía. Ellos se pasaban el día nadando y luego comían sandía y ella se quedaba mirando el mar, y recuerda que llevaba un kimono estampado y un cinturón amarillo.
Cuando regresa a su casa, Ayako le cuenta a Chizuru que la tía la llevó directamente a un teatro y había un hombre esperando con el que deseaba emparejarla, aunque ella apenas lo miró, y Chizuru adivina que era el hijo del presidente del banco de Miyazu.
Setsuko le cuenta a su hermana, cuando llega, que Amamiya se acuerda mucho de ella.
Que de hecho le sorprendió que se acordara de tantas cosas.
Shôji recibe la visita de su amigo Tanaka, que le regala cebollas y él le entrega varios libros en inglés para que los traduzca, pese a que ello le suponga no trabajar a él.
Setsuko le dice a Shôji que Ayako haría muy buena pareja con Amamiya y cree que a él le gusta, pues recordaba muchas cosas de ella.
Shôji visita con Amamiya la estación de radio de Hiei y aprovecha para preguntar a su amigo si le gusta Ayako, aunque le responde que no le gusta Ayako y que no está preparado para casarse, y que una buena memoria no es una prueba de amor.
Pero Setsuko cree que miente y pide a su amigo que le pregunte otra vez, a lo que se niega y le dice que lo haga ella, a la que se le ocurre pedir a Yoneya, una sirvienta que llame a Amamiya y se haga pasar por Ayako y le cite diciéndole que le gustaría verlo para hablar de una cosa y que lo cite en Nigatsudo.
Al día siguiente, Shôji y Setsuko van a Nigatsudo y se ocultan para ver si va Amamiya, y cuando aparece, Setsuko lo ve como prueba de que le gusta su hermana, aunque empieza a sentirse mal por él por la mentira, y se preguntan cuánto esperará.
Pide por ello a Yoneya que vaya y le diga que Ayako tuvo que irse y que se disculpa.
Luego pide a Shôji que siga presionando a Amamiya para que proponga matrimonio a Ayako.
Amamiya les cuenta que fue a ver a Tanaka y que en dos días regresará a Tokio, aunque dice que se lo pasó muy bien y regresará el otoño del año siguiente.
Ella se plantea qué van a hacer, pues cree que no deben dejarlo marchar, y Shôji propone hacer que se encuentren a solas, lo que a Setsuko le parece magnífico y propone que lo hagan la noche siguiente, que hay luna llena.
Observan sin embargo que Ayako no parece reaccionar cuando la sirvienta le dijo que llamó Amamiya y le pidió que fuera al estanque de Yukige al salir la luna, algo que comunicaron también a Amamiya.
Observan que cuando sale la luna ella sigue en casa leyendo y Setsuko se pone nerviosa y va a verla para contarle que Amamiya se va al día siguiente, pese a lo que no se inmuta y le pide que se calle cuando le insiste en que se va a ir y no volverá y puede que encuentre en Tokio otra mujer.
Pero poco después la sirvienta les cuenta que Ayako salió por la puerta trasera a toda prisa.
Llega corriendo, en efecto, al estanque Yukige cuando la luna está ya muy arriba y ve por fin que Amamiya está allí.
Se dirigen el uno hacia la otra y se saludan y comentan lo bonita que está la luna.
Ella le pregunta de qué le quería hablar, pues le dijo que tenía algo que decirle, aunque él le dice que fue porque lo llamó ella.
Se dan cuenta de que ninguno de ellos llamó al otro y ella decide marcharse, aunque se para de pronto y él también se da la vuelta y va hacia ella.
Vuelve a repetir lo hermosa que está la luna, y luego comienza a caminar y ella lo hace tras él y le pregunta si se va al día siguiente.
Él recuerda que hicieron eso mismo en Kugenuma cuando volvían a casa desde Enoshima. Y ella recuerda que el sol se puso y una luna enorme salió del mar, y que fue también la noche anterior a que él se marchara, al final del verano.
Caminan juntos bajo la luna.
Shôji se imagina que estarán cogidos de la mano como en "Claro de luna" de Maupassant, y se pregunta si se habrán besado.
También el señor Asai y Chizuru observan la luna cuando regresa Ayako, que llama a Fumiya a la que pregunta quién le pidió que le dijera que el señor Amamiya había llamado, y confiesa que fue Setsuko.
Luego Fumiya le cuenta a Setsuko que su hermana está enfadada y que le regañó.
Setsuko va a verla y la ve sentada frente a su mesa y ve que sonríe, por lo que se va tranquila, aunque recuerda que Amamiya se va al día siguiente.
Pero al día siguiente llaman desde la oficina de telegramas por un mensaje que llegó desde Tokio en que solo dan unos números, 3755, que no entienden qué significan.
Setsuko piensa que debe ser un código numérico, y al escucharla Ayako sonríe, aunque dice que no sabe qué significa.
Fumiya le dice luego a Setsuko que fue a la oficina de telégrafos con Ayako y respondió con otro número, el 666.
Shôji va a ver al sacerdote para ver si sabe qué significa y le dice al escucharlo que parece que van a sonar campanas de boda.
Ayako pide permiso a su padre para ir a Tokio. Le dice que es para rechazar la propuesta de su tía y visitar a la señora de San Rafael para repasar el francés.
Setsuko llama a Ayako a Tokio desde la pensión Ebisu, de Osaka, donde se hospeda el señor Takasu, hasta la casa de su tía y le dice que descifró los telegramas y le cuenta luego a Takasu que los primeros son los números de un poema del Manyoshu que habla de la añoranza de alguien que está lejos y el 666 indica que solo piensa en lo mucho que le ama, en el de Lady Otomo de Sakanoue, y lo descubrió porque, al irse a Tokio, Ayako dejó una copia del Manyoshu en su escritorio con marcas rojas en los números.
Le cuenta luego que Shôji está en Osaka en una entrevista de trabajo.
Setsuko va luego a ver a Shôji y le dice que le había esperado en Osaka para ver una película y le pregunta por su entrevista.
Él le cuenta que el trabajo era para ser relaciones públicas en Tokio, pero dejó que se lo quedara Tanaka pese a que le gustaba el trabajo porque Tanaka lo necesitaba y él cree que encontrará otra cosa.
Ella se entristece al ver que lo dejó pasar, aunque él le dice que su situación es menos urgente que la de Tanaka, pues tiene a su cargo a su madre anciana y lo pasó mal en el extranjero.
Ella le pregunta si va a estar todo el día sin hacer nada y llora, aunque él le dice que está bien y que hizo lo correcto y se siente bien consigo mismo
Ella le dice que con un trabajo en Tokio podrían haber ido juntos, a lo que él le responde que no buscaba un trabajo para ir a Tokio con ella y le pide que no fije sus esperanzas en él y le reprocha que haya pensado solo en ella misma y él odia a la gente egoísta y le dice que él seguirá su propio camino.
Mientras ella llora, él le dice, de forma insensible que se vaya a su casa.
Cuando llega, Chizuru la encuentra llorando y le pregunta si se peleó con Shôji, y aunque no habla le pregunta por qué discutieron y ella le dice que no lo sabe y su hermana le dice que es normal. Que los jóvenes discuten y se reconcilian, aunque ella no se calma.
Vuelve a reunirse el grupo de personas ante el sacerdote y cantan de nuevo, aunque Setsuko solo llora y el señor Asai se fija en el asiento vacío de Shôji.
Este recibe la visita del sacerdote, que le pregunta si no se ha reconciliado con Setsuko y le dice que no puede seguir así, sin hacer nada, aunque reconoce que hizo una buena obra y le indica que tiene una oferta de trabajo modesta para enseñar en una escuela de monjes en Tokio, pues el director es un viejo amigo. Se trataría de dar clases de inglés, aunque, si encuentra algo mejor puede renunciar.
Decide aceptar el trabajo y se lo va contar al señor Asai, al que le indica que se irá al día siguiente. Y Setsuko no se sienta con ellos.
Su hermana le pide que vaya a hacer las paces con Shôji, pues se va al día siguiente y le dice que le diga lo que siente, pues si deja que se vaya no sabe cuándo se podrán reconciliar, aunque ella solo llora y deja que se vaya.
Shôji va a despedirse también de Takasu en Osaka, y él le pregunta si no va con él Setsuko y le pide que la lleve, pues ella siempre quiso ir a Toko, aunque él le dice que ella ya irá por su cuenta, aunque Takasu le dice que no lo hará, pues quería ir con él.
Setsuko descansa sobre un balancín, aunque debe ir a coger el teléfono, y ve que se trata de Takasu desde Osaka para hablar con Chizuru, aunque antes le pregunta por qué discutieron y si no se van juntos.
Tras hablar con él y darle las gracias por preocuparse le pide a Setsuko que vaya al templo por ella, pues le prestó a Shôji unos libros de caligrafía y quiere que se los lleve.
Va en efecto a recoger los libros y se sorprende al ver que está allí Shôji, que la saluda y sonríe al verla, y cuando ve que decide marcharse le pide que espere y le pregunta si sigue enfadada y le dice que volvió a por ella y le pregunta si quiere irse a Tokio con él.
Le pide que vaya con él, aunque le vida no será fácil, pues tendrá que cocinar y lavar la ropa ella sola, pero estarán juntos y él la amará.
Sabe que las cosas no serán tan fáciles como allí, pues serán pobres y pasarán hambre, y aun así tendrá que sonreír, pero estará con ella y la amará y construirán una nueva vida juntos.
Ella le dice que lo ha entendido y acepta, pero no puede dejar de llorar por la emoción.
Le dice que ellos también estuvieron a punto de perder su oportunidad, y, si se hubiera ido a Tokio, todo hubiera acabado.
Que hablaron mucho de Ayako y del señor Amamiya, pero nunca han hablado de ellos, pues no podía decirle lo que estaba sintiendo, y él le dice que tampoco podía
Le dice que a partir de ese momento le dirá las cosas directamente, aunque él le dice que basta con decirlo una vez
Comen juntos. Él le pregunta si le ama y ella le dice que sí. y recuesta su cabeza sobre él y, ahora, sí, sonríe.
La luna llena está en el cielo y ellos pasean juntos y la observan unidos un mes después de que su hermana mirara la luna con Amamiya y se pregunta cuántos novios habrán mirado la luna y asegura que siempre recordará la luna en Nara sobre el monte Mikasa.
Se dan la mano y caminan juntos.
Chizuru atiende a su padre. Le dice que ya estarán en Tokio y le pregunta si no se siente solo sin sus hijas, aunque él dice que ya son adultas y los jóvenes prefieren Tokio aunque sea un lugar caótico y polvoriento, lo que, dice Chizuru, es parte de su encanto.
Le pregunta si no está también ella harta de Nara, pues es joven y no debería desperdiciar su vida. Y le pregunta si no le gustaría volver a casarse, pues aún le aguardan muchas maravillas en la vida y es su turno.
Le pide que busque un hombre fuerte que no se le muera, y le sugiere al señor Takasu, pues cree que le gusta, y que habla de los demás, pero no de sí misma, y le pregunta si le da vergüenza.
Luego se arrodillan para que él cante.