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La reina Kelly
La reina Kelly

Queen Kelly (1931) * USA

Duración: 95 min.

Música: Adolf Tandler

Fotografía: Gordon Pollock, Paul Ivano y Ben Reynolds

Guion y Dirección: Erich von Stroheim

Intérpretes: Gloria Swanson (Patricia Kelly / "Kitty"), Walter Byron (Príncipe Wolfram), Seena Owen (Reina Regina V), Wilson Benge (Ayuda de cámara del príncipe), Sidney Bracey (Lacayo del príncipe), Florence Gibson (Señora Donovan, tía de Kelly), Madge Hunt (Madre Superiora), Tully Marshall (Jan Vryheid), Madame Sul-Te-Wan (Kali Sana), Rae Daggett (Coughdrops).

Kronberg, capital de un antiguo reino centroeuropeo, esconde tras sus muros grises, extraños secretos.

Gobernado desde épocas feudales por una violenta dinastía, la actual regente, Regina V, es una reina loca. Última de su linaje, heredó su sed de sangre.

Vanidosa, cruel y caprichosa desconoce toda ley excepto la de sus propios deseos, abrigando una pasión morbosa y enfermiza hacia su prometido, el príncipe Wolfram, Capitán de la Guardia Real.

En su lujosa cama, toma champán junto con sus animalitos y lee tanto El Decamerón de Boccaccio, como las Sagradas Escrituras y fuma cigarrillos y puros.

Entretanto, el príncipe aprovecha al máximo cualquier oportunidad para escapar de una mujer a la que no ama.

Llega borracho de madrugada al Palacio Real en una carreta llena de mujeres con las que se estuvo divirtiendo, llegando tras una carrera que ganó, siendo su trofeo el camisón de una de sus acompañante.

La reina observa su llegada desde el balcón, aún desnuda, viendo cómo Wolfram dice a sus acompañantes que no puede invitarlos a desayunar pues aún no los presentó a la reina, que lo escucha celosa, cayendo él del caballo borracho, pidiendo que le avisen a las 12 para comer con la reina.

Las chicas que le acompañaban ríen al verle en ese estado y se burlan de él y de su relación con la reina, mientras, incapaz de sujetarse solo es llevado arriba, bromeando él porque cree que la reina piensa que está en su cama.

Cuando se marchan sus acompañantes, deben llevarle a dormir entre cuatro hombres, llegando poco después la reina para visitarlo, echando a todos los sirvientes que trataban de lograr que comiera algo.

La risa del príncipe se congela al ver a la reina frente a él, que trata de seguir durmiendo, siendo abofeteado por ella, reprochándole él que se comporte más como una esposa que como una prometida pese a que ni eso es oficial.

Ella le dice que le ha preparado una sorpresa para esa noche y para asegurarse de que estará en condiciones ordenará que vaya con su escuadrón al camino de Kambach.

Camino de Kambach en primavera

Es el paseo preferido de las huérfanas del convento cercano.

El príncipe, al mando de su escuadrón se cruza con las muchachas que pasean y que le saludan con una reverencia, no pudiendo él evitar fijarse en una de ellas. Muy bella y que le sonríe.

Esta, Patricia Kelly, era hija de un artista ambulante irlandés que solo dejó a su hija su encanto y su carácter.

El príncipe se fija entonces en que la muchacha ha perdido sus enaguas y ríe, haciendo que lo hagan también todos los soldados, lo que provoca la vergüenza de la joven, que acaba tirándole la prenda a la cara, ante el enfado de las monjas a su cargo, que la regañan por maleducada, aunque el príncipe se guarda la prenda

Se marchan luego, avergonzadas por la actitud de Patricia, siguiéndola el príncipe con su caballo, sonriéndole ella pese al azoramiento inicial, y pidiéndole coquetamente que le devuelva sus enaguas, consiguiendo que este lo haga sin que nadie lo vea, al ordenar a sus hombres que vuelvan la vista hacia la derecha, tras lo que le sonríe agradecida.

Se cruzan entonces con unos campesinos que llevan un carro cargado, y al observar que llevan heno recién cortado, el príncipe le indica que deben pedir un deseo.

Ambos cogen un puñado del carro y formulan su deseo tras olerlo. Sonriéndole ella pícaramente.

En el convento, Patricia es sometida a un interrogatorio ante todas, preguntándole si tiene alguna excusa para su indecorosa conducta, pretextando que cuando rió de ella, perdió los estribos.

Al escuchar hablar de sus enaguas las religiosas no pueden evitar reír.

La castigan prohibiéndole abandonar el convento en un mes, dejándola además sin cenar esa noche, obligándola a arrodillarse ante la cruz, rezando para librarse de todo pensamiento mundano.

Ella lo hace, pero después reza también a la Virgen, a la que pide perdón y que haga que se cumpla su deseo de ver nuevamente al príncipe, colocándole una gran vela.

Entretanto, la reina celebra una gran cena, indicándole al príncipe que allí le hará saber su sorpresa, diciendo él que debe ser algo desagradable, pues de lo contrario no estaría tan contenta.

Anuncian a continuación que la boda entre su Majestad la reina Regina V y el príncipe Wolfram von Hohenberg-Falsenheim, que debería celebrarse en otoño, tendrá lugar al día siguiente, brindando todos por ello.

Medianoche

Ríen algunos militares indicando que el salvaje Wolfram ha sido domado y que a partir del día siguiente el príncipe pasará las noches en casa muy ocupado, enfadándose él al escucharlos bromear.

Pero su asistente le muestra el heno recién cortado, que encuentra al lado y se lo acerca al príncipe para que pueda olerlo por última vez.

Dice entonces él que no será la última, pues es imposible olvidarla, ya que era encantadora, y al recordarla asegura que no la olvidará y que la verá esa noche, diciéndole su asistente que cree que se ha vuelto loco, pues un hombre soltero no visita conventos por la noche, diciendo él que solo irán a presentar sus respetos.

El ayudante le pregunta cómo piensa verla, indicando que no lo sabe, pero que si lo acompaña lo averiguará.

Trepan por una escalera hasta una ventana del primer piso que da a los aseos, aunque allí ven que hay varios dormitorios, por lo que es muy difícil saber dónde verla.

Ven entonces la alarma contra incendios y decide hacerla saltar, encendiendo unas antorchas improvisadas para provocar una fuerte humareda y que salte la alarma.

En efecto al hacerlo, monjas y muchachas salen corriendo, mientras las observan escondidos hasta que logran ver a la chica, a la que él recoge en sus brazos cuando pierde el conocimiento por el humo y la saca cubierta con su capote, saliendo así con ella por la escalera por la que subieron, hasta su coche y luego hasta palacio.

Allí hace que cierren todas las ventanas con las cortinas y le coloca su abrigo y su gorra a su amigo para que salga y se haga pasar por él, aunque antes de marcharse su asistente le pide que recuerde que está en el palacio de la reina.

Zarandea luego a la chica para hacer que vuelva en sí, asustándose al verlo, por lo que debe tranquilizarla diciéndole que el resto de las chicas y las monjitas están a salvo.

Le dice que no escapará, pues incendió el convento para poder volver a verla, aunque le asegura que nadie resultó herido, creando humo sin fuego.

Tras enterarse del desenlace feliz, ella ríe por lo ingenioso de su actuación, aunque entonces piensa en qué dirá la Reverenda Madre.

Él le pide que se quede a cenar con él, mostrándole que lo tiene preparada una lujosa cena, lo que ella agradece, pues esa noche la enviaron a la cama sin cenar, observando que hay cosas deliciosas y bebidas de todo tipo.

Le sirve champán y brindan, provocándole las burbujas picores en la nariz, afirmando que es como beber fuegos artificiales.

Entonces él le dice que después de todo, aún no sabe su nombre, diciéndole ella que su nombre es Kelly, aunque ella sí sabe que él es el Príncipe Wolfram. Incluso que le llaman el salvaje Wolfram y le cuenta que hay muchas chicas que tienen un retrato suyo bajo la almohada.

Le pregunta si ella lo tiene, diciendo ella que no, y cuando él muestra su cara de decepción ella le confiesa que tiene dos.

Ella asegura que nunca pensó que cenaría con el príncipe, pues ella no es nadie, diciéndole él que solo por esa noche harán como si fuera la reina, brindando de nuevo, esta vez por la Reina Kelly.

También Regina V toma champán mientras se baña.

Kelly, que tiene el fuego detrás, empieza a sentir calor, y cuando se quita el abrigo de él se da cuenta de que está en camisón, sintiéndose avergonzada, por lo que le pide a él, que se resiste a hacerlo, que le devuelva el abrigo.

Ella recuerda que salió con su ropa y trata de encontrarla, aunque no lo consigue.

Él le entrega unas flores y le pregunta si alguna vez ha amado, diciendo ella que no, tras lo que se besan, aunque tras hacerlo se asusta, abre la ventana y sale a la terraza, donde se muestra arrepentida.

Él se arrodilla frente a ella y le dice que su hermoso deseo pronto se desvanecerá y nunca la volverá a ver, y le dice que no la puede dejar marchar, que esa mañana tuvo el deseo de volverla a ver, pero ahora quiere verla para siempre, pues la ama, y le pide que le diga que ella lo ama también.

Ella se lo dice y vuelven a besarse, pidiéndole que la abrace fuerte y no la despierte, y le dice, "Cántame y bésame hasta la muerte. Tómame en corazón, cuerpo y alma".

Vestida elegantemente, la reina sale por la terraza hacia la del príncipe, pudiendo ver, tras el cristal, a la pareja besándose, por lo que entra furiosa y comienza a golpearlos con un látigo.

Él debe pararla, preguntando ella cómo se atreve a levantarle la mano a su reina, que no entiende que haya llevado allí a esa mujer justo la noche anterior a su boda.

Kelly le pregunta entonces sorprendida a Wolfram si es cierto que va a casarse con ella, y cuando la reina se lo confirma ella llora decepcionada.

Él le dice que lo siente, observando cómo la reina sonríe.

Kelly le pide permiso a la reina para retirarse, pidiéndole esta que le espere en la antecámara.

Al ver que va a obedecerla y salir, Wolfram la llama, pero la reina le pide a él que no se mueva o no saldrá viva del palacio, gritándole a Kelly que no la puede ayudar, pero que la quiere.

La reina pide a los guardias que no permitan salir al príncipe, mientras ella va a hablar con Kelly, a la que, tras arrancarle el abrigo de él la golpea con el látigo mientras le pregunta si cree que puede compartir la cama de la reina, asegurándole que no lo compartirá con nadie y la sigue golpeando mientras baja las escaleras y hasta la salida, mientras grita que es solo suyo.

Su majestad y el Gran Mariscal van a ver de nuevo al príncipe, exigiendo ella una disculpa y pidiéndole que ese asunto no interfiera en su boda, respondiendo él que ama a Kelly y es con ella con quien desea casarse.

Furiosa, la reina le asegura que cambiará de opinión incomunicado en la prisión militar.

Kelly, muy triste, y mientras recuerda lo que ha vivido, con la reina golpeándola, mientras los soldados reían, y su frustrado amor por el príncipe, decide lanzarse al río.

Pero un policía la ve y pide ayuda y se lanza a su rescate.

Tras ser rescatada del río, Kelly es llevada al convento, donde la espera un telegrama.

En él le indican que la señorita Donovan su tía sufrió un derrame cerebral, siendo precisa la presencia de la señorita Kelly, enviando 1.500 marcos a un banco de los que deben deducir su tarifa habitual para que ayuden a la señorita Kelly, dándole las gracias por todo, y firmando Jan Vryheid.

A la mañana siguiente.

Un soldado monta guardia frente a la celda del príncipe, al que visita el militar asistente, que le dice que no puede hablar en serio, pues la conoció el día anterior, diciendo él que a veces una vida entera se puede vivir en un solo día y sin Kelly su vida no tiene sentido.

Entre las pertenencias que le llevan a la celda el príncipe encuentra el vestido negro de Kelly.

Toca con su violín una serenata, como si ella estuviera dentro de ese vestido.

Kelly embarca con destino a Dar-es Salaam, en el África Oriental alemán en un gigantesco transatlántico.

A su llegada encuentra a Kali Sana, cocinera de su tía, que lleva a Kelly a su nuevo hogar, la casa de Poto-Poto, 69, el mejor sitio de allí.

La casa está llena de gente que bebe y se divierte y elegantemente vestidas.

Allí está Coughdrops, otra empleada del establecimiento, una rubia despeinada y sucia vestida con un kimono, sin duda una señorita de "profesión horizontal".

Le cuentan que su tía está cada vez peor, por lo que llamaron al sacerdote.

En efecto la encuentra muy enferma, escribiéndole la mujer en una pizarra que hay un buen hombre, Jan, que quiere casarse con ella y pagó su colegio, asegurándole que será el mejor amigo del mundo y su futuro estará asegurado, pudiendo ella morir en paz.

Pero en realidad Jan, que llega en ese momento es un hombre mayor que se vale de dos muletas para andar debido a la sífilis, que abraza a Coughdrops y a Kali Sana, diciéndole la primera que seguro que se lo ha olido y ha salido de su sucia ciénaga, preguntando él si murió la vieja bruja.

Le dicen que no tardará mucho, pero que le hablan de su pequeña inocente, que acaba de llegar y que aún lleva la ropa del convento, dulce y es pura como el día que nació.

Él se muestra feliz de la noticia y saca una botella de ron que lleva en un bolsillo y brinda "por el delito", brindando Coughdrops por que haya muchos más.

El hombre se acerca como antes lo hicieron las dos mujeres para verla escondido tras la cortina, relamiéndose al verla, mientras ella llora junto a su tía.

Entra entonces en el cuarto, valiéndose de sus muletas y fumando un cigarrillo, momento en que Kelly repara en él, mostrándose asustada y espantada al verlo pese a que él trata de mostrarse educado con su tía a la que muestra sus respetos, volviendo a mirar a Kelly lujuriosamente, mientras que a ella le espanta cada detalle de él, por lo que mira suplicante a su tía esperando que no sea ese su pretendiente, aunque esta contesta afirmativamente con la cabeza.

Luego toma su mano y la acerca a la de Jan, que la manosea lujuriosamente para espanto de la muchacha.

Las dos mujeres visten a Kelly de novia, con un velo lleno de polvo, en un cuarto contiguo al de su tía, donde el sacerdote le da la extremaunción, tras lo que hace que entre Kelly con el vestido de novia, llorando por su tía y por la situación.

El sacerdote les advierte que van a proceder a la unión más sagrada e importante, y le pregunta si acepta a Jan Vryheid como esposo, viendo en su mente al sacerdote como si fuera el príncipe que le pide, llamándola "mi dama de las orquídeas", que le espere.

El sacerdote vuelve a preguntarle si lo acepta, y al ver los ojos suplicantes de su tía, lo hace, confirmando el sacerdote su matrimonio.

Ella grita triste por lo sucedido, muriendo entonces su tía.

Epílogo

Tras la muerte de su tía, Kitty se niega a vivir con Jan.

Sin esperar, es presentada a la clientela como la nueva madame y acatarán sus órdenes desde ese momento.

Repartirá la bebida, contará las toallas y administrará el dinero.

A su salida de prisión, el príncipe regresó al convento preguntando por Kitty.

Decidido a volver a verla, Wolfram es destinado al Batallón Imperial, que, a bordo del Panther llega al África Oriental Alemán.

A su llegada a Dar-es-Salaam encuentra a Kitty como madame del próspero burdel, donde debido a su porte real, todos la llaman reina Kelly.

En una pelea por ella, Jan fue asesinado en una cantina.

El príncipe regresa y promete casarse con ella.

La reina Regina es asesinada y Wolfram debe regresar a Cobourg-Nassau para convertirse en rey.

En la ceremonia nupcial Kitty exclama, "Nada de Majestad. Simplemente Reina Kelly".

Calificación: 4
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