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Las hermanas alemanas

Die bleierne zeit (1981) * Alemania

Duración: 106 min.

Música: Nicolas Economou

Fotografía: Franz Rath

Guion y Dirección: Margarethe von Trotta

Intérpretes: Jutta Lampe (Juliane), Barbara Sukowa (Marianne), Rüdiger Vogler (Wolfgang), Doris Schade (Madre), Vérénice Rudolph (Sabine), Julia Biedermann (Marianne, 16 años), Ina Robinski (Juliane, 17 años), Luc Bondy (Werner), Franz Rudnick (Padre), Patrick Estrada-Pox (Jan)

Juliane revisa sus archivos del año 1978, en un despacho en cuyo panel destaca una fotografía de su hermana Marianne.

Un niño, Jan, observa la carretera por la que avanza el coche de Werner, su padre, hasta quedarse dormido.

Poco después lo sube en brazos a casa de Juliane, a la que le pide que cuide de él, pues consiguió trabajo en Bali, para escribir sobre religiones animistas por un año, aunque Juliane le dice que solo se puede quedar con ella unos días por su trabajo, sugiriéndole él que se lo lleve a sus padres o le busque un hogar adoptivo.

Dice que lo ha intentado dos años, pero necesita volver a trabajar y no puede llevarlo con él, pues carece de ahorros.

Ella insiste en que sus padres son demasiado viejos para cuidarlo y ella trabaja.

Werner trata de convencerla recordando que ella es quien le presentó a Marianne, respondiéndole que no fue ella la que los separó, de hecho, él recuerda, ella se opuso.

Juliane le dice que ella decidió no tener hijos, recordando él que Marianne quería tres y si no hubiera aparecido aquel semental los habrían tenido, diciéndole Juliane que Karl no es la única razón.

Él dice que descuidó su trabajo para criar al chico y dejó que se perdieran trabajos hasta que llegaron casi a desfallecer de hambre.

Ella le insiste en que solo puede quedarse allí unos días, diciéndole él que así le dará tiempo a buscar otro sitio, aunque vuelve a intentar convencerla preguntándole si no podría ocuparse de él Wolfang, su novio, que a lo mejor piensa diferente, diciendo ella que sobre los niños sí, pero no sobre Marianne.

Le vuelve a preguntar si el de Bali es el único trabajo que puede conseguir o es una huida, diciéndole que huida es lo que hace Marianne.

Ella cree que su hermana no debería haberse casado, pero cuando empezaba a llevar una vida normal se excluyó, diciéndole Werner que sus ideas están también dentro de ellos, pero son demasiado cobardes o sensibles.

Jan se despierta y lo abraza, despidiéndose.

Cuando se marcha se cruza con Wofgang, al que le dice que volverá pronto.

Pero no lo hará. Se suicida en su coche en medio del bosque.

En la unidad de neonatología una doctora, Sabine examina a algunos de los bebés, mientras la observa Juliane.

Le cuenta luego a Sabine, que es amiga suya, que Marianne dejó a su hijo a los dos años y no quiere darlo en adopción y los padres de Werner murieron, animándolo la pediatra a hacerse cargo de él, diciéndole que son unas hermanas raras, pues ella no quiere tener hijos y Marianne abandonó al suyo para salvar a la humanidad.

Juntas, Juliane y Sabine luchan para conseguir el derecho legal a la interrupción del embarazo y recopila firmas para derogar el Acta contra el aborto, promoviendo manifestaciones y trabaja como redactora en una revista que aboga por la emancipación de la mujer.

Un día, mientras debaten en la revista, recibe una llamada y se ausenta para ir a un encuentro con Marianne en el Lapidarium, un lugar donde no cree que la busquen.

Le explica que la revista en que trabaja no es una revista femenina común y que con ella también ayuda.

En la cafetería, y mientras toman un café, le cuenta que Werner se suicidó, diciéndole Marianne que siempre tuvo esa tendencia y no tiene tiempo para lamentar la muerte de un intelectual neurótico.

Le pregunta qué hacen con Jan, extrañándole a Marianne que Werner no lo arreglara, pero le dice que no conoce a nadie y no puede llevarlo con ella, reprochándole Juliane que la obligue a tener la vida que ella ya no quiere llevar.

Marianne lamenta que aún no entiendan por qué se fue, diciéndole Juliane que está de acuerdo con algunas de sus ideas, aunque Marianne cree las ideas no cambian nada y que no podrá hacer la revolución cuando envejezca.

Juliane le cuenta que pidió a Sabine que busque un hogar adoptivo a Jan, pidiéndole su hermana que se encargue de comprobar que son personas adecuadas.

LE dice que creyó que Jan ayudaría a Werner y lamenta que acabara con su vida antes de darle un sentido.

Hablando se les olvidan los cafés y ven que se creó nata y ríen recordando que les pasaba ya de niñas.

Mientras lo lleva en el tren a un internado le pregunta si recuerda a Marianne, diciéndole él que no, pues era demasiado pequeño.

Juliane continúa con su trabajo, investigando para su proyecto, sobre la época de Hitler y los premios a las madres prolíficas.

Recibe una carta de su hermana desde un campamento en Beirut. Le cuenta que dejó todas las ropas que llevó de Europa y su maquillaje. Allí, le cuenta, Al Fatah está muy interesado en las mujeres árabes y les explican que también ellas pueden trabajar para la revolución y la respetan como representante de esta y los niños tocan su pelo rubio, extraño para ellos.

Una noche, a las 3, llaman a la puerta mientras duerme con Wolf, comprobando que se trata de Marianne, que le dice que ahora debe llamarla Chris, con dos compañeros.

Marianne prepara café para todos, pero como notan que no son bien recibidos, deciden marcharse, tratando Marianne de encontrar algo de ropa de su hermana que poder usar, aunque no le gusta nada.

Algún tiempo después Juliane acude a una prisión para visitar a su hermana, viendo cómo revisan cada una de sus prendas y rebuscan entre su pelo, no dejando que lleve más que la cartera.

Mientras la espera recuerda sus juegos con ella cuando eran niñas.

La carcelera le dice que su hermana no quiere verla, aunque no sabe las razones, pues no les puede hablar ni ellas tampoco le hablan.

De vuelta ve a dos hombres en un coche frente a su casa.

Wolf sabía que no la recibiría, pues cuando se vive como su hermana no hay lugar para los sentimientos y le sugiere que le escriba una carta.

Cuando baja a echarla les dice a los hombres del coche que no hace falta que la vigilen, pues su hermana lleva ya varias semanas encarcelada.

Recuerda su adolescencia, leyendo a Sartre mientras su hermana practicaba con el contrabajo, soñando ya entonces Marianne con ser útil, y hablaba de ir a África.

Su padre, un pastor protestante era muy estricto.

Ella recuerda que en una ocasión su padre la castigó a no ir a un baile de la escuela de danza, pese a tener ya el vestido listo, debido a que por su rebeldía Juliane en vez de ir con falda fue con unos jeans negros al colegio, enfrentándose a él, asegurando que seguirá llevando pantalones.

Pero Marianne que por el contrario era muy dulce con su padre consiguió que le levantara el castigo y la dejara ir.

Entonces Juliane decidió salir a la pista sola y bailar en medio de todas las parejas, que pronto dejaron de hacerlo, llamando la atención de todos.

En la revista le preguntan si no va a escribir sobre su hermana, diciendo ella que sigue con su artículo sobre África y no quiere escribir sobre Marianne, pese a que Helga, su jefa le insiste en que deben hablar sobre sus vidas para que sus lectoras confíen en ellas y además pueden dar un enfoque diferente al del resto de la prensa que ha lanzado una campaña de odio generalizada contra Marianne.

Regresa a prisión y esta vez su hermana accede a hablar con ella, supervisadas por varias personas.

Hablan de sus recuerdos de niñez, y Marianne le pide que visite también a Klein y le lleve historietas, aunque Juliane le dice que solo admiten la visita de familiares.

Le dice luego que con sus artículos obtuvieron pequeños éxitos, pero que sus bombas los destruyeron y dañaron su trabajo.

Tras discutir, Juliane, tras dejarle el paquete de tabaco se marcha.

Juliane en el colegio era rebelde y repitió, por eso estaba en la misma clase que su hermana y amenazan con hacerle repetir un año más si no cambia su actitud.

Vuelve otro día a visitarla, observando sus párpados rojos por el neón y que ha perdido 5 kilos y le pregunta por qué se debilita deliberadamente, diciendo que llevan 25 día en huelga y seguirán así hasta que les pongan juntos a todos.

Juliane le dice que hablan de que son una élite pero desean que les traten como presos comunes, recordándole Marianne que solo la ve a ella y a su abogado una vez por mes y no recibe cartas más que las suyas y las de su madre y no escucha nada. Las celdas de al lado están vacías y no sabe ni en qué hora vive, pues dejan las luces encendidas siempre y pierde el sentido del tiempo y de sí misma.

La mandan a la celda de aislamiento y camina de un lado para otro y habla de lo primero que le viene a la cabeza, surgiendo siempre las lecturas bíblicas.

Se intercambian sus jerséis antes de despedirse.

Juliane encuentra luego en el de su hermana una nota en que le pide que hable con sus amigos los escritores, liberales y celebridades para que hagan algo por ellos, observando que no pide, sino que ordena.

Recuerda también cuando bajaban con su madre y todos los vecinos a un refugio cuando había ataques aéreos.

Juliane trata de probar la alimentación a través de un cable para ver cómo se siente su hermana, que es alimentada a través de la nariz por su huelga, pues siempre fue sensible al dolor, incluso hipocondriaca.

Helga, vuelve a hablarle del tratamiento que los diarios dan a su hermana, insistiéndole en que ella puede dar una imagen distinta, pues para su juicio necesitará simpatías posibles, aunque Juliane le dice que ella desprecia su trabajo y su periódico, diciéndole su jefa que tendrá que ayudarla aun en contra de sus deseos.

Vuelve a visitar a su madre, que le cuenta que tanto ella como su padre se sintieron aliviados al ver que no disparó cuando la arrestaron, pero no lo admite y le dice que a veces piensa que podría amarla de nuevo si estuviera muerta.

Juliane le pide que la visite en secreto con ella, pero, aunque lo llama el Egoísta, asegura que nunca le ha mentido a su padre.

Pero accede a hacerlo, viendo desde una ventana cómo su hija da vueltas y vueltas en el patio mientras esperan para verla, sintiéndose impresionada al hacerlo por su mal aspecto.

Vuelve a discutir con Wolf por Marianne, confesándole él que sus padres le dijeron que la dejara, y que piensa que quizá debería haberlo hecho, aunque a continuación le dice que le gustaría que se casaran, aunque ella dice que llevan mucho tiempo juntos y debían seguir así, proponiéndole él ir de vacaciones, aunque ella dice que ya las gastó todas y que además debe estar allí para el juicio.

Vuelve a visitar a su hermana y le entrega un pañuelo perfumado.

Marianne le pide que le diga a su madre que no vuelva, pues no quiere más melodrama y le dice que no contestó la carta de su padre.

Le cuenta ella que no le dejan ver a Jan, que ahora tiene otro nombre, Thomas, pero se muestra dura, pues dice que Jan tiene todo lo que necesita mientras que los chicos del Tercer Mundo mueren cada día.

Juliane le dice que podría haber ido a uno de esos países y haberse llevado a Jan, pero que eso habría sido arduo y poco espectacular.

Marianne le dice que antes era inconformista, pero ahora se engaña a sí misma, preguntándole su hermana a quién puede ayudar ella en la cárcel.

Le pregunta luego qué quería la noche que se presentó en su casa, diciéndole Marianne que era su última oportunidad de unirse a ellos.

Le dice luego que nunca les podrán destruir porque no tienen poder sobre sus almas y que en 10 o 20 años podrá juzgar cuál de las dos tenía razón.

Wolfgang no entiende que le dedique tanto tiempo a su hermana, pues la maltrata, y nunca pide las cosas por favor, sino exigiendo, pidiéndole que le lleve maquillaje, mientras que ella no se maquilla, y todo lo que está haciendo por ella cuesta mucho dinero y le preocupa que se arruine por ella, y le dice que él no se hubiera opuesto a que se ocupara un poco más de Jan.

Juliane acude por la noche a la redacción, donde la encuentra Helga, a la que le enseña lo que ha escrito, diciéndole esta que es muy bueno.

Pero en su siguiente visita, su hermana le echa en cara que la utilizara escribiendo sobre ella, asegurándole que su carácter no viene de sus vivencias juntas, sino que comenzó con sus camaradas, aunque Juliane le dice que no pueden borrar su pasado y que dado su carácter, una generación antes habría sido fan de Hitler, abofeteándola Marianne.

Pero unos días más tarde le envía una carta diciendo que entiende que es un ser social y que entiende lo que significa ser un producto, y concluye pidiéndole que vuelva a verla.

Lo hace. A una penitenciaría nueva, sin rejas, pero con vidrios especiales, viéndose de nuevo supervisados por cuatro personas, pero cada una a un lado del vidrio y con un micrófono para poder comunicarse.

La visitó, escribió cartas, habló con sus abogados y cumplió con todos sus pedidos y siguió preguntándole cada vez que la visitaba qué necesitaba.

Durante un viaje con Wolf a Italia, ven, mientras comen en un restaurante, en la televisión, la imagen de Marianne, aunque como hablan en italiano no comprenden qué han dicho sobre ella.

No pudiendo hacerse entender con nadie, decide regresar al hotel, desde donde llama por teléfono enterándose así de que la noticia decía que la terrorista fue hallada muerta, tras colgarse, aunque su padre no cree que fuera un suicidio.

Su dolor es profundo y aumenta cuando les permiten a ella y a sus padres ver su desfigurado rostro en el ataúd, una imagen que la perseguirá desde ese momento.

Su madre reza ante el ataúd, pero ella sufre un ataque de ansiedad y Sabine la seda.

Le dice a Wolf que debe seguir por su hermana, pues ella, como su padre, no cree que se suicidara.

Habla por ello con el abogado de su hermana para que lo sea también de ella. Desea ver los informes oficiales y revisarlos y le pregunta si la mañana del día de su muerte, que la visitó, observó algún detalle que pudiera refutar la versión oficial.

También la ayuda Sabine, con sus conocimientos médicos.

Estudiando la documentación ve que ni siquiera revisaron sus uñas, por si pudo haber resistencia.

Acude con el abogado a recoger sus enseres, revisando detalladamente cada uno, para enfado de Wolf, que le asegura que nadie la creerá aunque muestre las pruebas, además de ser morboso y no la resucitará, mientras que ella se esta autodestruyendo y espera que él mire.

Ella le dice que quizá deberían separarse por un tiempo hasta que junte todas las pruebas, lo que hace que se enfade él asegurando que no la entiende, pues tira por la borda de ese modo sus 10 años juntos y la llama monstruo, abofeteándola, asegurando que no la entenderá nunca.

Pero ella continúa con sus estudios. Examina los lazos con el cordón utilizado y rellena bolsas, para recrear el cuerpo de su hermana con su peso y lo cuelga, viendo cómo después de un rato el cordón cede y el cuerpo cae, no soportando el peso.

Habla con un periodista para informarle de sus conclusiones, pero este le dice que, aunque se ha tomado un gran trabajo, el asunto fue años atrás y que, asesinato o suicidio ya no le interesa a nadie.

Que su hermana y el movimiento que representó pertenece a los últimos 60 y primeros 70 y las noticias de ahora son el Tercer Mundo, el Islam o la crisis energética.

Ella dice que su hermana luchaba por el Tercer Mundo, diciéndole él que importa la noticia exacta en el momento exacto.

Acude con Sabine al internado donde esta Jan, y le dicen que este no les habla, quizá por el dolor, advirtiéndoles que está mejor, por lo que no deben dejarse impresionar.

Pero al entrar en la enfermería y ver sus numerosas quemaduras se revuelve.

Les informan que estará bien después de tres trasplantes más y como es piel joven no le quedarán cicatrices.

Les explican que Jan se construyó un refugio en el bosque y a menudo pasaba allí todo el día, no sabiendo quién lo hizo, aunque creen que fue alguien que descubrió que era hijo de Marianne.

Mientras él dormía le echaron nafta y le prendieron fuego.

Igual que un tiempo antes lo llevó con la maleta al internado, ahora se lo lleva, instalándola en una habitación de su caso, observando que el chico continúa sin hablar, hasta que le pregunta si lo tapa, diciendo él que puede hacerlo solo.

Acude debido a que tiene pesadillas con el incendio.

Le pregunta por qué su madre arrojaba bombas, preguntando ella quién dice todo eso, respondiendo él que todos.

Ve un día cómo el niño arranca la foto que tenía de Marianne en su panel, la hace pedazos, y la tira a la basura.

Ella le dice que está equivocado y le dice que le contará todo lo que sabe de ella, diciendo él que quiere saberlo todo y que empiece ya.

Calificación: 3
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